No salen todos en la foto del bidón entre Bartali y Coppi

En la foto de Bartali, Coppi y el bidón resulta que tiene truco

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Se trata de una estampa inolvidable, impresa en la memoria de cualquier aficionado ciclista al margen de su edad. Fausto Coppi y Gino Bartali en las rampas del Galibier, tostados bajo un sol de justicia.

Una vida entera les separa.

Una rivalidad de tintes mitológicos, preñada de lecturas socio-culturales, metafísicas y literatas

Nada les une.

Nada excepto un bidón de agua.

Sus manos se entrelazan fugazmente durante el Tour de Francia de 1952, ya en el ocaso de Bartali, en el último año de verdadera gloria de Coppi, cuando la ronda francesa se corría por nacionalidades y Bartali, envejecido y ufano, afrontó con pesar su rol de gregario para Coppi, quien una vez fue su teórico ayudante.

Tan poderosa imagen fue publicada por primera vez en el número 28 de la revista Calcio e Ciclismo Illustrato.

La imagen mostraba a ambos ciclistas en solitario.

La sombra incierta de un rival a rueda de Bartali es irrelevante.

La fotografía representa la disputa entrena entre las dos Italias, la agraria y urbana, la septentrional y meridional, la racional y religiosa

Desde un primer momento, se convirtió en objeto de disputa…

¿Quién entregaba el bidón a quién?

¿Qué Italia acudía al rescate de la otra?

¿Qué clave sostenía aquella bóveda caótica e incomprensible de nación?

Bartali negó en todo momento recibir nada de Coppi.

«Se lo di yo», explicaría, el ego de los dos impedía asumir cualquier vulnerabilidad.

Creció el mito y la cuestión aún hoy irresuelta en torno al bidón.

Y nos olvidamos de todos los demás. Resulta que la fotografía original incluía a otro ciclista, menos agraciado y recordado que el dúo italiano: Stan Ockers, un belga competente que terminaría aquel Tour segundo.

Estaba allí. Junto a Coppi y Bartali. Al lado.

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Pero fue borrado de la imagen.

Lo sabemos hoy gracias a que un apasionado italiano, Carlo Delfino, la ha encontrado en el inmenso archivo de Marino Vigna, leyenda de la pista y ex-olímpico.

El negativo original mostraba a Ockers y a la sombras de otros ciclistas.

Bartali siempre explicó que había más rivales junto a ellos, probablemente Bernardo Ruiz, Antonio Gelabert y Raphaël Géminiani.

Todos nos habíamos olvidado de ellos.

Como cuenta Il Corriere, la «soledad» de Coppi y Bartali se había convertido en una leyenda indisociable de su rivalidad, del relato que Italia construyó en torno a aquella imagen.

Ockers representaba un incordio.

Y se moldeó la realidad para apuntalar una leyenda que pervivirá por siempre.

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Aquella fotografía no muestra nada de lo que siempre imaginamos, pero sí es un imborrable testimonio del carácter totémico del ciclismo.

Un deporte empeñado en construir leyendas, en inventar su propia tradición, en trascender mediante la lírica a los hechos sobre la carretera, tan mundanos.

Y por todo ello tan emocionante.

Por Andrés P. Mohorte@CdelVentoux 

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