Mi primer julio sin Tour

Tour de Francia - Perico Delgado JoanSeguidor

Nunca habríamos imaginado un mes de julio sin Tour

Recuerdo un verano, un julio hace mucho, que me enamoré de una carrera, el Tour.

Vagos recuerdos, que mirándolo con el tiempo, comprobé que se situaban en la legendaria edición de Lemond e Hinault.

Vagos recuerdos de una contrarreloj en una televisión en un pequeño bar del barrio, una crono, que después me aseguré que fue aquella de Lac de Vassiviere que selló el éxito americano sobre ese francés que no aceptaba el peso de los años.

 

Desde entonces julio es Tour, el Tour de Francia, el Tour por Francia. 

Y aprendimos a leer prensa en sus portadas, a querer el paisaje desde el helicóptero, a saber geografía en los atlas de carretera, a medir los puertos, saber de los desniveles, de los coeficientes.

Entraron en nuestra vida nombres como Tourmalet, Aubisque, Galibier y Alpe d´ Huez, teatro de sueños, leyendas, que veíamos lejanos, que nunca pensábamos que un día los conoceríamos.

Aterrizaron nombres y sensaciones.

Aquel Tour que Perico perdió en el filo con Roche, esa crono donde la mostaza, en Dijon, días después de apreciar al irlandés ido entre la muchedumbre en la cumbre de La Plagne.

Los Tours de Perico fueron una montaña rusa por la curva de la emoción. 

Aquellas carreras corridas al albur de tórridos veranos, siempre en el filo de la sorpresa, algunas veces agradables, otras inolvidables, la edición que empezó con tres minutos de retraso en Luxemburgo.

DT-Swiss Junio-Agosto

 

No hay julio sin Tour, ni Tour que no sea en julio. 

El ciclismo que demostró que ese americano llamado Greg Lemond era mágico, que bebió de una modernidad que sigue presente…

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Un disparo mal dado en una jornada de caza casi acabó con su vida, un rival navarro, grande y fuerte acabaría con sus aspiraciones en la única gran carrera que motivaba.

Los cinco Tours de Miguel Indurain son eso calor, julio, pasión y ojos de niñez en una adolescencia que tuvo al de Villaba como un surtidor infinito de valores: precisión, poder, grandeza pero sobre todo humildad.

Aquellos Tours vistos recién levantado, con el dolorcillo de cabeza y la sequedad de las primeras resacas no nos los quitarán nunca.

Una realidad que vimos y vimos, que nadie nos estropeará, como un día nos escribieron: «No tengo ni la más remota idea si dentro de 200 años aparecerá en algún laboratorio de Francia, un doctor o un investigador con una micro muestra de un pis que dejó Induráin en no sé qué sitio, ni si ese pis tendrá un nanogramo de una sustancia que tenía uso terapéutico u otro… Me daría igual»

Pero aquella pasión de verano prendió todo el año.

Aquellas tardes de Tour completaban la frustración de no poder ver la Vuelta, cuando era en abril, porque había cole.

Pero entre julio, el Tour, la Vuelta la pasión fluyó, y llegó a la primavera, a los mundiales, incluso el lejano e inabarcable Giro entró.

Por televisiones que se volcaron con Miguel reinando en Italia, por diarios que siempre daban cuenta de lo que pasaba en la carretera, el ciclismo entró por julio y el Tour y llenó el año de ilusiones.

Un círculo, una rueda que nunca dejó de girar, nunca, hasta este maldito veinte veinte, un año que nos vino maldito, que nos quitó una primavera entera, un Giro y que ahora, hoy, 27 de julio, nos da de bruces contra un realidad que hace poco más de tres meses no podríamos haber imaginado, que este último sábado de junio no dará la salida al Tour…

Porque éste es nuestro primer julio sin Tour.

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Juan Antonio Flecha ¿por qué nunca ganó Roubaix?

Flecha Roubaix JoanSeguidor

Flecha tuvo demasiadas cosas en contra para ganar el Roubaix

En las tardes de Teledeporte durante el coronavirus el ciclismo ha sido nuestro compañero, dicen, con unas buenas audiencias, esta vez ha tocado una de las Roubaix de Flecha, la de 2006.

La carrera que acabó en manos de un magistral Fabian Cancellara, en uno de sus duelos con Boonen, tuvo a Flecha entre los contendientes de Roubaix.

Recuerdo, poco antes de retirarse, una entrevista con Flecha sobre si colgaba la bicicleta sin ganar una «major», eso es Flandes o Roubaix.

Vino a responder que es lo que había, que poco podía hacer más si la victoria no se decantaba… que la vida sigue.

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Y es un poco triste, ciertamente, cuando vemos que en el ciclo de Flecha como profesional, resultaron ganadores en Roubaix ciclistas de perfil menor, sobre el papel, pero que se han quedado con un adoquín de por vida.

Ciclistas como Magnus Bäckstedt, Stuart O´Grady o Johan Van Summeren lograron el éxito que Flecha siempre quiso para sí en Roubaix.

Sin embargo el catalán no lo tuvo nada sencillo, le tocó bailar con la más fea, más feas para ser más preciso y eso añadido a cuestiones de estrategia y capacidades propias.

Ahí van unos motivos por los cuales tuvo a tocar la gloria de Roubaix, pero no lo consiguió…

El primero desde luego compartir generación con dos monstruos como Fabian Cancellara y Tom Boonen, entre ambos siete pedruscos en casa, un legado enorme compartido y sumado entre ambos, una barbaridad sólo al alcance de los más grandes.

Entre Boonen y Cancellara han dominado el paisaje, y cuando ellos no han podido, otros de su equipo han sacado réditos.

Segundo motivo y aunque suene muy español, Flecha nunca tuvo un equipo al cien por cien en su causa.

Sabemos de la rivalidad interna que le supuso un tipo como Sebastian Langeveld, quien miró, legítimamente, por lo suyo, estando en un equipo de casa, antes que por la suerte de ese español excéntrico que le gustaban los adoquines.

Es curioso, el mejor aliado de Flecha, Mathew Hayman sí que ganó en Roubaix en una de las mejores carreras de los últimos tiempos.

Otro argumento, las caídas, cortes, malos pasos… Flecha siempre tuvo algo que fallaba, o no estaba cuando el corte final se hacía o la avería sobrevenía en el peor momento.

Incluso la caída.

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Una vez hizo la carrera desde adelante, el podio de 2005, pero tuvo la mala suerte de arrastrar a Tom Boonen hasta meta, y eso, esos años era mortal.

Y es que el cuarto punto fue la falta de velocidad, que no le impidió derrotar a un buen sprinter a rachas como Wesemann para ser segundo tras O´Grady.

La secuencia de Flecha en Roubaix es elocuente 23-13-3-4-2-12-5-3-9-4-8, no es un código de barras, no, es la estela numérica de un corredor cuya suerte y lucha reflejan la complejidad de la gesta de ganar en ese velódromo en el obligo del infierno llamado Roubaix.

Imagen: Dorsal 51

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Lance Armstrong y el mejor homenaje a Carlos Sastre

Tour de Francia - Carlos Sastre JoanSeguidor

El desprecio de Lance Armstrong a Carlos Sastre es gratuito e innecesario

Si Lance Armstrong quería poner en el mapa a Carlos Sastre lo ha logrado, no sé si queriendo, o si sólo con la simple intención de mofa.

 

El comentario, que no es la primera vez que lo hace, se enmarca en ese documental que el americano propicia para prodigar su verdad y se replica por cientos en las redes, y deja claro que si Carlos Sastre puede ganar el Tour, él podía volver perfectamente.

A pesar de vivir en un entorno global, ser uno de los primeros padrinos de twitter y todas esas cosas, el tejano nunca ha escondido su curiosidad por el carácter mesetario en más de una ocasión, obviamente el otro actor en esta ecuación es Alberto Contador.

Carlos Sastre no es un prodigio de popularidad, a un servidor, por ejemplo, no le entusiasmaba escucharle en la televisión, pero como ciclista y persona, lo cierto es que está a años luz de Lance Armstrong.

Cinco minutos con la voz calmada del abulense, hablando de sus cadetillos, de la fundación, dedicándote su tiempo, su mirada y atención, desentrañan un cariño por el ciclismo que dudo haya tenido nunca el americano que se pica hasta con su sombra.

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Y no sólo eso, es cuestión de clase y modales, también de humildad, Lance Armstrong no ha conocido todo eso, Carlos Sastre le podría dar lecciones.

Pero no creo que lo haga, ni siquiera creo que le ofenda lo que ha dicho, él será feliz con su gente, en su entorno, sacando rédito a una, entiendo, cómoda vida que se ha granjeado en la carretera y ganando un Tour con total merecimiento, porque de los que corrieron ese año, en ese momento, fue el mejor y punto.

Dicen que el hombre es la persona que tropieza dos veces con la misma piedra, Armstrong no ha sacado nada en claro de cuán cara le costó su altanería dejando enemigos por el camino.

Pensamos que el americano no hizo cosas muy diferentes a sus contemporáneos, pero él ha sido cabeza de turco, conejillo de indias, y pagó los platos rotos, quizá no le dé el coco para pensar por qué él y no otros..

Y sí, Sastre ha corrido con Manolo Saiz, con Riis y otros ¿ha pitado? ¿tenemos pruebas de su trampa? no, pues circulen…

Lance Armstrong le ha regalado una cuota de protagonismo a Carlos Sastre que el aludido no necesita para continuar como si tal cosa, el que ofende, sin embargo, necesita el foco como quien bebe el agua de los floreros.

Ciclismo de los 80 y 90 vs ciclismo actual

Siempre miramos el ciclismo de los 80 con justificada nostalgia

Soy de una generación de amantes del ciclismo que aún creen que cualquier tiempo pasado fue mejor y claro nos viene a la mente el ciclismo de los 80 y por ende 90.

Y digo «aún», porque no he encontrado todavía ningún argumento que me indique a pensar todo lo contrario: que el ciclismo actual es mejor que el de hace 20, 30 y, ya no digo, 40 años atrás.

Es así.

Pienso que somos muchos los que opinamos de esta manera, sobre todo aquellos que ya tenemos una edad por encima de los 50 años.

Esto no significa que más jóvenes – incluso mucho más jóvenes-, también sean partidarios de esta misma idea: que los ciclistas de los 80 eran mejores que los de los 90 y éstos, a su vez, mejores que los actuales.

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Pero, ojo, quizás habría que distinguir entre «quiénes eran mejores» y «quiénes nos hicieron disfrutar más».

Eso está claro porque, por supuesto, no vamos a dudar de la profesionalidad, el carácter o la fortaleza tanto física y mental de los corredores de hoy en día.

Ni de sus mejores líderes.

Ahí están, son unos campeones, unos héroes, unos gigantes, como ya hablamos de ellos no hace mucho en este mal anillado Cuaderno.

Pero… ¡ay! cuando se trata de echar la vista atrás y recordar aquellos Tours de los 80, por poner algún ejemplo, que disfrutamos como niños, podemos recordar con añoranza que no tienen nada que ver a los más sosos y aburridos que se disputan en la actualidad.

¿No os parece? ¿Estáis de acuerdo?

Lo hemos comprobado y demostrado, además, con la feliz idea del canal Teledeporte de reemitir las mejores etapas de la historia de este sacrificado deporte -al menos del ciclismo español- para hacernos más llevadero el confinamiento en casa de estos últimos tres meses.

La mayoría de ellas han sido sacadas directamente del baúl de los recuerdos: carreras de los 80 -la mayoría-, los 90 -pocas-, y a partir del año 2000 -las que menos-.

Hemos visto que prácticamente todos los aficionados hemos suspirado por aquel épico ciclismo de esforzados de la ruta, de leyenda y épica,  de héroes que sufrían, sudaban, se desvanecían y al final solo quedaba uno.

Era un tiempo en que el ciclismo no era sinónimo de escándalos y sustancias prohibidas, en el que los corredores hacían historia engrandeciendo las carreras por donde pasaban, años del sinuoso movimiento de la serpiente multicolor camino de la sacrificada vida que habían elegido estos deportistas.

Si hasta Ibón Zugasti  el otro día opinaba, hablando con Joseba Arizaga (Orbea), que «el ciclismo de los 80, y hasta de los 90, era un deporte de mineros, de jornaleros, de pasar miserias, de sufridores, muy lejos a lo que es hoy en día: un deporte de culto, de moda, de elegancia».

Como comentamos, quizás también era un ciclismo más bisoño, más inocente, en el que casi no oíamos hablar de dopaje, muy diferente al de ahora, en el que no hace mucho, todos despertamos de golpe sabiendo que muchos habían (o han) corrido con gasolina extra.

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Ciclistas sin pinganillos, sin calculadoras, dueños de su destino, más fuertes, más atléticos, que se batían en aquellas peores carreteras,  muy lejos de la aparente anorexia generalizada que «lucen» muchos corredores en la actualidad, más robotizados, que compiten en un ciclismo más monótono y aburrido, más especializado, en la que se ha perfeccionado de tal manera la preparación física que casi no existen diferencias entre ellos.

Quizás sea la edad, la que ya tenemos, pero aquellos corredores se veían más hombres, quizás vistos por nuestros ojos de niños o de adolescentes, porque los de hoy en día parecen mucho más críos al lado de aquellos fornidos ciclistas de los 80 y los 90.

Nosotros nos quedamos sin duda con aquellos, que no es que fueran mejores, o peores, simplemente nos hacían vibrar más, los que nos engancharon a la pasión por el ciclismo.

Eran días de radio, de épicas crónicas narradas en los periódicos de aquellos años.

Jornadas espectaculares, de ataques desde lejos, de fugas y escapadas,  de emoción, de pájaras y desfallecimientos, de errores y despistes

Un ciclismo «a pelo».

Cada etapa de montaña era sinónimo de lucha y de batalla, una oportunidad para el ciclismo de ataque, no como ahora que incluso en estas grandes jornadas a veces nos hacen hasta bostezar.

¿No es así, amigos?

Quizás, como decimos, no se trata de saber quienes fueron mejores sino quienes nos hicieron disfrutar más.

Por ese motivo, os invitamos a elegir entre este elenco de grandes ciclistas:

¿Con qué os quedáis? ¿Con los años 80 de Perico, Hinault, Lemond, Roche, Kelly, Herrera, Moser, Fignon…?

¿Con los 90 de Induráin, Bugno, Chiappucci, Cipollini, Jalabert, Zulle, Rominger, Pantani, Tonkov, Rijs…?

¿Con los del año 2000 como Ullrich, Basso, Vinokourov, Contador, Simoni, Heras, Armstrong -a pesar de todo- o el «eterno» Alejandro Valverde?

En vuestra mano dejamos la sentencia final.

Michele Bartoli: ¿Por qué es un ciclista de culto?

Más que la cantidad es la calidad del recuerdo de Michele Bartoli

El otro día leía, no recuerdo quién, un comentario sobre Michele Bartoli y lo sobrevalorado que estaba.

Es posible que así sea, cada uno es libre de pensarlo, incluso si miramos el legado que dejó Bartoli, veremos que el pequeño Paolo Bettini le supera en éxitos,… pero ello no quita que el pisano sea una leyenda moderna de este deporte.

Una leyenda que cumple 50 años…

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En ocasiones no es el palmarés, que también: Michele Bartoli atesora cinco monumentos ganados, y en los extremos Lieja y Flandes, una alquimia de logros que pocos pueden firmar.

Hoy en día por ejemplo ¿quién podría alinear Flandes, Lieja y Lombardía?

Pero a veces ya no es el palmarés, como decimos, es la sensación, el carisma.

Bartoli era brillo en la carretera, antes, durante y después, un tipo que dejaba huella, de mirada profunda, contundente en la expresión y sobre la bicicleta, arrimado a grandes campeones en terrenos que le eran extraños.

Ganando a Museeuw en Flandes y a Jalabert en Lieja, arrinconando sus rivales en los mundiales, dando duro en el Giro, no despreciando nunca la opción de triunfo.

 
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En la memoria siempre aquella Lieja del 97, una carrera que corrió entre Zulle y Jalabert, en amarillo, para acabar ganándoles,…

Una jornada que ya habíamos recordado…

“Jalabert is losing his wheel” bramaban en Eurosport UK. “Bartoli, a fondo” espetaban  en la RAI.

De los muchos momentos ciclísticos que entraron por mi retina, pocos se grabaron a fuego como aquella Lieja-Bastogne-Lieja de 1997. Aquello fue el coco contra todos, Michele Bartoli frente al mundo.

Aquel corredor era imposible te dejara frío, esa pose, esa espalda recta sobre la que se podía servir un desayuno continental, las manos en la parte baja del manillar y la mirada de quien sabe que te va a pasar a cuchillo.

Eso fue Michele Bartoli hasta que una caída le propinó unas secuelas que nunca más le permitieron se el mismo, ni siquiera el que hincó la rodilla frente al VDB superstar de la Lieja del 99.

Es que aquel Vandenbroucke jugaba en otra liga, frente a Bartoli y el resto.

Hoy nos cae bien recordar a Bartoli, un legado que no fue extenso, pero sí de calidad, de los que marcan.

No anda sobrado el ciclismo italiano actual de gente de su calibre.

Fernando Escartín era el hombre de los triunfos colectivos

Fernando Escartin JoanSeguidor

El recuerdo de Fernando Escartín es el de un ciclista que volvía con el cargador vacío a casa

Fernando Escartin tuvo algo como ciclista que lo hizo magnético, pocos dieron en la llave del corazón de la afición como él, menos aún lograron un palmarés que sin ser extenso, es de calidad.

Un corredor que manejaba lo que manejaba, un físico resilente pero no explosivo que alargaba hasta el extremo la virtud del esfuerzo y entrega.

Aún hoy, cuando hablamos de ciclistas destartalados, dicho sea con todo el cariño, sobre la bicicleta, nos viene a la mente su imagen retorcida, dejando la vida en cada pedalada, desafiando a los propios gatos y sus siete vidas, haciendo cómplice al espectador agradecido de aquellos que en cada contienda volvían con el cargador vacío a casa.

La jornada que Fernando Escartín ganó en el Tour del 99 fue icónica, por plasmar con triunfo una trayectoria que necesitaba una guinda similar a aquella que recordamos no hace tanto de Marino Lejarreta en Millau, nueve años antes.

Pero no sólo eso, también por que si una cosa tuvo la mejor versión de Fernando Escartín, el que corrió en el Kelme, fue que sacaba petróleo del equipo verde.

Ese día Pipe Gómez, Javier Pascual y Javier Otxoa pusieron las miguitas en el camino de Escartín.

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Recuerdo cuando ganó la Volta, estaba yo en esa carrera, cómo se retorcía camino de una meta en una urbanización de Platja d´ Aro, una carrera que lo aupó al Tour aquel, el del 97, en el que caminaba, remaba y hacía todo lo posible para que Ullrich y Virenque no se le fueran muy lejos.

Aquel año en la Vuelta a España pisó el podio, con una jornada mágica en la niebla de Covadonga, una jornada de trabajo impecable de Juan Carlos Domínguez.

Por que siempre fue así, Fernando Escartín fue el hombre que cuando recogía el premio lo hacía en nombre del colectivo de su equipo y la admiración de la gente que siempre apreció su sincero gesto de esfuerzo.

Como cuando casi se mete en el podio del Tour que acabaría abandonando, en la jornada de Les Deux Alpes y Marcos Serrano dejándose todo por él.

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Hoy le vemos en la Vuelta y con su marca de ropa, podríamos decir que es frío, incluso distante, por eso preferimos recordarle con el empeño de aquel ciclista que ganó corazones y conquisto cimas reservadas para los mejores de cada tiempo.

La buena estrella que tuvo entonces la conserva hoy, ocupando la plaza que anteriormente regentó Abraham Olano, a quien sacaron a empujones por algo que cuesta creer que el propio Escartín no hiciera también durante su época de ciclista.

Sin esas cosas que todos saben y nadie saca, no sea que…

Imagen: Arainfo

Randonneur: el ciclismo donde no se pone el sol

Hace unos días nos interesamos por un ciclismo poco conocido, que se corre en soledad, de noche muchas veces y entre pequeños ratos de sueño. Hablamos de esas pruebas que responden al nombre de Randonneur y se distinguen por la larguísima y extenuante distancia. Un concepto que lleva el ciclismo hasta sus últimas consecuencias, un concepto que nos explica Francesc Porta, Presidente  de Randonneur Catalunya (Club de Referencia) y representante del Audax Club Parisien en España, excepto el País Vasco.

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¿Dónde situarías el origen del concepto Randonneur y en qué momento y evento?

“Hemos de retroceder al mes de mayo del año 1921, se celebra la Polymultipliée  de Chanteloup en su 9ª edición, hasta entonces esta prueba había estado patrocinada por el periódico deportivo l’Auto que dirigía Henry Desgrange, pero en 1921 fue el periódico L’Echo des Sports (contrincante de L’Auto) quien patrocinaba esta prueba. Diversos clubes de Paris aportaban su ayuda en la realización, uno de ellos era el Audax Club Parisien, colaborando desde la primera edición.

Se dio la circunstancia de que el Audax Club Parisien tenía desde 1905 los derechos de organización de los Brevets Audax, una creación italiana introducida en Francia por parte del mismo Henry Desgrange.  Estas dos circunstancias eran incompatibles y Henry Desgrange retiró la autorización al Audax Club Parisien para la Organización de los Brevets Audax.

En el seno del Audax Club Parisien hubo una escisión que condujo una parte a continuar con la organización de los Brevets Audax  formando el Club Union Cyclistes de Paris, patrocinado por L’Auto, y que más tarde vinieron en llamarse Unión de los Audax Franceses, y otro grupo  que se las ideó para crear los Brevets  de Randonneur Franceses, que son la cara y la cruz si los comparamos con los Audax. En el mes de septiembre de 1921 se organizó el primer Brevet Randonneur de la historia con el recorrido Paris, Dreux, Chartres, Paris”

Nota 1- Los Brevets Audax también se llaman de velocidad fija establecida en 22,4 km/h, por lo tanto los participantes van en pelotón, no pueden desfallecer físicamente, no tienen que estudiarse el itinerario pues hay el jefe de grupo, mientras que los Brevets de Randonneur que también se llaman de velocidad libre, cada participante va a su aire, solo tiene que mantener una capacidad mental en todo el recorrido y si desfallece físicamente puede parar a descansar.  

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¿Que mueve a un ciclista a pasarse a la fórmula Randonneur?

Yo diría que la participación en pruebas Randonneur es una culminación de toda una trayectoria en la vida de un cicloturista. Empiezas con excursiones locales, regionales a través de un club con salidas dominicales, después te atreves en las marchas cicloturistas, cuando te vas haciendo mayor empiezas a sentirte mal porque no llegas dentro la hora establecida y es entonces que descubres la formula Randonneur, la edad media de los participantes está situada en 55 años, esto quiere decir que un 10% tendrá entre 60 y 70 años y otro 10% tendrá entre 18 y 30 años, hay participantes que con 85 años realizan un Brevet de Randonneur

¿Qué le aporta la fórmula Randonneur a un ciclista?

La aportación del deporte al practicante no difiere demasiado entre distintas especialidades, pero la participación Randonneur permite alargar muchos años la práctica del deporte. Es en esta edad que se ve las marchas cicloturistas como una auténtica locura, y  en el Movimiento Randonneur, como la posibilidad de permanecer activo en grandes pruebas

¿Que complicidades surgen en la práctica de pruebas Randonneur?

Las principales complicidades son con uno mismo. Se habla de hacer un 200 y se ve como una utopía, lo realizas y te das cuenta que el próximo reto son los 300, después 400 , te das cuenta que el cuerpo es el mismo, la forma física siempre es la misma, no se requiere una forma física súper extraordinaria, sí que percibes  que al aumentar la distancia se requiere más mente clara y te decides para afrontar los 600, los  1000, los 1200 km como si nada y te conviertes en un experto psicólogo de tu propio cuerpo

¿Qué desarrollo hay en España del mundo Randonneur respecto a otros Países?

El Audax Club Parisien como creador de la Fórmula Randonneur, tiene la misma estructura en cada país donde se establece la práctica de las pruebas Randonneur, es decir se nombra un representante del Audax Club Parisien en este país, este representante actúa a través de un Club, que se llama Club de Referencia. El representante a través de este Club determina  los Clubes Organizadores locales  que son los que organizan las pruebas Randonneur en cada Región. Los representantes de todo el mundo están asociados a través de Les Randonneurs Mondiaux que en la actualidad agrupa a 51 países de los 5 continentes”

Nota 2- Se da la circunstancia de que en 1983 cuando se creó Les Randonneurs Mondiaux en España había dos personas que organizaban Brevets de Randonneur, y como excepción España continua teniendo dos representantes del Audax Club Parisien, pero esta anomalía es temporal tendiendo a la normalización en cuanto ocurran cambios.

Nota 3- La palabra francesa randonneur significa excursionista, después de los años y en el argot cicloturista, esta palabra significa todo lo referente a esta modalidad de cicloturismo, otra acepción seria que si decimos que uno tiene aptitud Randonneur, significa que recurre a todas las soluciones posibles sin desistir, para solventar los contratiempos que se van sucediendo a lo largo de uno de los periplos emprendidos, también se aplica entre nosotros en temas de la vida misma.

 

El Tour de Flandes nos interesa a cuatro

Tour de Flandes Bartoli JoanSeguidor

Aunque nos parezca imposible, no somos tantos los que vemos el Tour de Flandes

Ante la insistencia del personal, las peticiones por todo tipo de medios y una presión que entiendo algo pesará, Teledeporte dio el Tour de Flandes de 1996 esta tarde de sobremesa ciclista.

No sé cuánto hace que dieron la Roubaix de aquel mismo año, con tres Mapei llegando en solitario al velódromo.

Ambas son rarezas, piezas únicas en medio de una parrilla de reposiciones que evidentemente priman los buenos tiempos de Perico, Miguel Indurain y compañía.

Una vez exprimidos los mismos, hemos ido a jornadas que nos han hecho ilusión como la de Branillín de Álvaro Pino, cuando en la Vuelta hacía un frío de cojones, o la de Millau de gran Marino.

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La audiencia de Teledeporte se ha quejado repetidamente que sólo se den glorias españolas sobre pedales, pero claro éstas son finitas y eso que alguna buena pieza les debe quedar en el armario.

Me ha hecho gracia leer este tweet…

Al respecto tenemos que decir que rivaliza con Bartoli, la arracanda sentado de Cancellara, que Michele fuera pornografía sobre la bicicleta no debe hacernos perder la perspectiva.

Pero al margen de esto, el entusiasmo y nivel de precisión que le ponía Pedro González al Tour de Flandes de 1996, una carrera disputada por Bartoli, Tchimil, Baldato, Brochard, Museeuw y Ekimov, nombres que sonaban a extraterrestres, os lo podéis imaginar.

Era el reflejo de la cultura popular ciclista, una cultura que, como entonces, era muy limitada.

Hoy tenemos redes sociales, todo tipo de soportes internacionales, Eurosport, streamings y otras sobradas que nos dejan en bandeja el 100% del ciclismo que acontece en el mundo como nunca hubiéramos imaginado, pero no os llevéis a engaño, el Tour de Flandes, por decir algo, interesa a cuatro en España.

Que estemos en burbujas sociales donde el ruido es tremendo, los comentarios infinitos, no significa que seamos legión, seremos más que hace 24 años, cuando un ciclista mágico llamado Michele Bartoli volaba en el Kapelmuur, pero tampoco muchos más.

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No queráis saber de algunas audiencias de Eurosport cuando dan la Flecha Brabançona o la Lieja, por muy alucinantes que nos parezcan, seguimos siendo nicho amigos

Nada mejor que hablar con unos y con otros para saberlo, y nada mejor que leer lo que nos comentó en su día Carlos de Andrés… 

¿Qué criterios sigue Carlos de Andrés para sacar ese material?

«De inicio hice un planteamiento de lo que queríamos, incluso le pedí ayuda a Pedro (Delgado) sobre cintas de su época. Cuando haces una selección de este estilo hay que distinguir que una cosa es lo que te gusta y otra lo que le gusta al público, por eso rescatamos triunfos españoles»

¿Cómo están funcionando las reposiciones?

«Lo cierto es que cualquier emisión de Indurain y Perico sube la audiencia por encima de la media. También funcionó muy bien la reposición de Roberto Laiseka en Luz Ardiden»

Volviendo al criterio dices que «una cosa es lo que te gusta a ti, y otra lo que le gusta al público»

«Es que yo no trabajo para mí. Mira, una de las cosas de las que estoy más orgulloso en mi trayectoria profesional es que una vez tomo las narraciones de ciclismo, en el año 2000, tardo dos o tres años en darme cuenta que yo narro para otros, no para mí. Eso parece sencillo, pero no lo es tanto, y más cuando entras en La 1 con dos millones de audiencia de lo más hetereogénea«

Entiendo que no veremos más Roubaix que aquellas de los Mapei y la de Flecha

«Posiblemente. Quizá no pasaría una criba, pero la Roubaix de Flecha me emocionó por verle en el podio y le guardo cariño. Obviamente no sólo nos mueven los resultados de audiencia, pero es que hay tantas opciones, que no resulta sencillo. Por otro lado, es increíble la cantidad de excorredores que me ha llamado para darme las gracias por recordarles»

Por eso valorad la reposición del Tour de Flandes 1996 como una joya, una concesión a la audiencia, en un ente que por cierto no se rige por los shares.

Foto: La Guía del Ciclismo