Dopaje: algunas de las excusas más increíbles jamás escuchadas

Dopaje excusas joanseguidor

En el recetario de excusas ante el dopaje hay innovadoras recetas

Lo cierto es que cuando surge un escándalo por dopaje, esperar la excusa es la primera parte de un trago de difícil digestión, luego viene lo otro.

La historia del ciclismo esconde todo tipo de cuentos, leyendas y otras cuestiones que preferiríamos olvidar, pero que, como el presente que golpea nuestra puerta.

Y en este cuento, los tiempos recientes nos traen dopaje e historias aledañas que a veces bien miradas nos pueden hasta levantar una sonrisa.

Eso nos pasó cuando leímos este artículo sobre las trece de las excusas más bizarras sobre dopaje, un paseo por la galería de lo absurdo que retrata que a veces algunos tomaron por idiotas esta afición que tan incondicionalmente les ha seguido, y les sigue, durante tanto tiempo.

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Leemos cómo acabó el año 2004 para Tyler Hamilton, otrora admirado ciclista que concluyó un Tour con la clavícula rota y con los años autor de un excelente libro que narra aquellos años.

Cuando pitó en la Vuelta de aquel año ante la sospecha de una transfusión, alegó que le encontraran sangre ajena a la suya con una historia sobre un gemelo desaparecido en la gestación de su madre.

Raimondas Rumsas, el lituano que apretó a Beloki para el podio del Tour 2002, dijo que la EPO, la hormona de crecimiento, testosterona y corticoides hallados al final de la competición en el coche de su mujer eran para su madrastra.

Alexander Vinokourov hizo saltar la banca en el Tour de 2007, una edición maldita, con una doble victoria, en crono y escapado, consecutiva.

Cuando pitó por transfusión alegó que sus muslos rebosaban sangre y que esa podía ser la razón.

Volvería años después para ganar una Lieja con sombra de amaño y colgarse el oro olímpico de Londres, unos juegos que se basaron en la limpieza del personal…

Alexis Greal fue otro campeón olímpico que acabó mal.

El canadiense dio positivo por opiáceos en una carrera americana, lo excusó con un muffin de opio.

La historia del filete de Alberto Contador y la intoxicación que argumentó el corredor forman parte de una galería de prosigue con Bjorn Leukemans que dio positivo por testosterona en 2007, lo justificó por hacer el amor con su mujer el día de antes pasando por alto que el sexo no generó la testosterona sintética que le encontraron.

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Gilberto Simoni tuvo que salir rápido del Giro 2002 cuando se supo que había dado un no negativo por cocaína días antes.

Fuera de la carrera el italiano se quiso agarrar a un clavo ardiendo, rindiendo visita al dentista que le dio un analgésico que contenía cocaína, una historia que no le benefició pues ya estaba fuera de carrera.

El siguiente no negativo le llegó en medio de aquel Giro, por unos caramelos peruanos que le dio su tío, una excusa que puso sobre la mesa y le dejó limpio para correr, al año siguiente, un Giro que acabaría ganando.

 

El positivazo que Floyd Landis dio en el Tour que acabaría ganando en París, pero perdiendo días después, se justificó por un par de birras y varios pelotazos de Jack Daniel´s.

Si la bebida fue la coartada de Landis, un tratamiento de fertilidad y contra la disfunción erectil alegó Mauro Santambrogio en 2014.

El papá de Mathieu, Adrie Van der Poel alegó su positivo en 1983 por un pastel de paloma.

Cuando Gianni Bugno dio positivo por cafeína en la Coppa Agostoni dijo que fue por una taza de café previa a la carrera, curiosamente ganó en su recurso y volvió a competir al año siguiente.

Jesús Rosendo en cambio pudo salir airoso del primer ciclo de chequeos surgido del pasaporte biológico exponiendo que sus valores estaban alterados por una anemia casada por la sangre de unas hemorroides.

Ese argumento le sirvió para seguir compitiendo.

Y llegamos al último, a Tiernan-Locke que días antes del mundial de Florencia, 2013, se emborrachó a tal punto, vino, ginebra y vodka, que llegó con los valores del pasaporte alteradísimos para asombro de los responsables de la selección británica.

Imagen: Nación

Miguel Indurain fue un excelso escalador

Miguel Indurain escalador JoanSeguidor

El poder del crono de Miguel Indurain oscurece su faceta de escalador

Uno de los grandes mantras que se ha extendido en el tiempo sobre Miguel Indurain es que no era un buen escalador, no al menos en la medida de otros finos y agonísticos ciclistas que lo ponían todo patas arriba cuando la ruta se ponía mirando al cielo.

Lo cierto es que la versatilidad que alcanzó el navarro en las aristas del oficio ciclista, ese que no se enseña en la universidad, pero se aprende en la carretera, fue tal, que a veces una oscurece otras.

Su poder para rodar, para machacar el reloj y los rivales frente a él, ocultan un poder en la escalada que pocos podrían desplegar.

En los tiempos de vatios, estadísticas y gráficos de rendimiento, como el presente, sería interesante saber cuánto movía el Miguel Indurain escalador para seguir tan tranquilo cuando alguien le asaltaba.

Ante un ataque Indurain no se inmutaba, seguía como si tal, porque sabía que a la larga volvería al redil.

Un ejemplo obvio fue Hautacam, Tour 1994, cuando dio cuerda a Marco Pantani, para devolverlo al grupo kilómetros después.

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Hasta el ciclo de Miguel Indurain, el escalador tipo era un personaje bajito, flaco y liviano, una pluma subía pendiente arriba como si el desnivel le fuera favorable, abriendo hueco con el rival.

Un corredor que en esos Tours de los ochenta y noventa sufría lo indecible para llegar con vida a la gran montaña, para ello tenía que nadar entre montoneras, abanicos, cortes e innumerables kilómetros de contrarreloj.

Miguel Indurain, por su condición nadaba mejor en río revuelto, pero ello no le quitaba un ápice de poder en la faceta de escalador.

Miguel Indurain subía como el que más, como Andrew Hampsten, Luc Leblanc, Richard Virenque, Marco Pantani, Claudio Chiapucci  y Oliverio Rincón, por citar algunos de los killers de la pendiente de la época.

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No tenía nada que envidiarles, porque en ese ciclismo se estaba imponiendo el atleta, el ciclista completo, el profesional que sacaba virtud de cada una de sus habilidades, si iba bien en el llano, pues eso, lo mismo que en una crono o en la montaña.

Algunas de las exhibiciones memorables de Miguel Indurain en el Tour son para arriba.

Hace un tiempo nos preguntamos si La Plagne, en el quinto Tour, fue la mejor exhibición que nuestra generación haya visto nunca, una demostración de poder que no ofendía pero intimidaba.

Decir que Miguel Indurain no era escalador, incluso con ese corpachón, altura y peso, es un recuerdo incompleto: sus triunfos en línea en el Tour suceden en los Pirineos, y en el Giro acabó ganando una cronoescalada eterna hacia Sestriere.

Los extremos del poder del astro navarro son tan afilados, que a veces la percepción nos confunde, y esta historia tiene capítulos brillantes también en las cumbres.

¿A dónde habría llegado el duelo Contador- Andy Schleck?

Andy Schleck Alberto Contador JoanSeguidor

El pulso Contador vs Andy Schleck fue más efímero de lo esperado

La etapa del Mont Ventoux del Tour 2009 que recuerda Teledeporte esta tarde de sábado en el que los ciclistas han vuelto a salir es una de esas fotos que, viéndola ahora, da la dimensión de lo cambiante y complicado que este esto del alto nivel del ciclismo.

Recuerdo que al año siguiente, cuando Andy Schleck y Alberto Contador se iban solos en la ascensión a la Madeleine, Carlos de Andrés acertaba a decir: «Miren esto, es el duelo del ciclismo en los próximos años».

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Todo apuntaba a una rivalidad legendaria entre Contador y Andy… 

Una rivalidad hispano-luxemburguesa que no hablaba de una «deal» automovilístico pero que hundía raíces en historias de dualidades que habían hecho grande este deporte.

Un mano a mano en la mejor carrera que quedó ahí, en esos años.

Para la siguiente vez que el Tour subió el Mont Ventoux, los capos eran otros, respondían al nombre de Chris Froome y Nairo Quintana que llevaron hasta la cima pelada uno de los duelos que mantendrían casi tantos años como Contador y Andy Schleck.

Y es que en dos años, ese pulso memorable que tomó forma en 2009, tocó cénit al año siguiente y languideció en el Tour que ganaría Cadel Evans, quedó en la memoria de los más acérrimos al madrileño.

Si preguntas por el rival antagónico de Contador, seguro que Andy Schleck será la respuesta, una respuesta sin embargo que en los libros no se respalda.

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Por su forma de correr, era complicado competir a tope con el luxemburgués, un talento enorme, una clase afilada, que lo jugó todo al Tour hasta empezó su declive en 2012, con Alberto Contador sancionado por el positivo de 2010 y el Team Sky desembarcando en el Tour.

¿A dónde habrían llegado ambos juntos?

Sin duda mucho más lejos de lo que hemos visto, un dominio que no ha sido tal en el tiempo pero que sigue perenne en nuestra memoria.

Y es que esto es tan complicado que las previsiones quedan en papel mojado al capricho del destino que maneja la voluntad de esta gente.

Por eso, cabe valorar que de ese grupo de grandes que abría camino en el Ventoux hubo quien se perpetuó en el tiempo, Vincenzo Nibali, por ejemplo, imberbe en ese monte pelado y hoy ganador de cuatro grandes y muchos podios.

Estar en este negocio mucho tiempo son años de salud.

Imagen: Pinterest

Miquel Poblet , un grande en Italia y su Giro

Miquel Poblet JoanSeguidor

Miquel Poblet fue un ídolo de masas en la península itálica

Unos años después de su pérdida cabe recordar que la leyenda de Miquel Poblet fue recurrente para explicar y dimensionar muchos de los éxitos actuales del ciclismo español.

Sin embargo, no le faltaba razón a quien echa mano del genio de Montcada para situar a cada uno en su sitio.

Poblet fue, hasta las últimas consecuencias, un ídolo en Italia. “Corrí seis ediciones seguidas, en tres seguidas fui sexto de la general e incluso en una llegué a ser líder durante seis días” nos contó.

El de los años 50 era un Giro tan sentido por la gente como el de ahora, pero con un grado de imprevisión mucho más elevado: “El Giro es como el  Tour pero en Italia. Hay un gran seguimiento por parte de la afición.

Podíamos decir que a veces se pasa de la mera afición. Cada etapa era impredecible, tenías que ir improvisando sobre la marcha dependiendo de con quien te vieses en la escapada. Era algo muy diferente a lo que vemos hoy”.

Miquel debutó en el Giro en 1956 con el equipo de Girardengo, “gané cuatro etapas en un grupo totalmente italiano con la sola compañía de Miguel Chacón.

Fue una experiencia magnífica” relata.

De todos sus Giros, se queda con un momento…

La victoria del Monte Bondone fue muy bonita. Llegué solo pero no fue fácil. Fue una etapa en la que Gaul y Bobet tuvieron un encontronazo. Gaul se paró a orinar y Bobet forzó la máquina medio en broma pero tanto que Gaul para enlazar tuvo que emplearse a fondo. Una vez cazado tuvieron unas palabras y empezaron a atacarse. Al pie del Bondone llegó un grupito muy pequeño con todos fundidos. Atacó Vito Fabero al inicio de la subida y me enganché a su rueda».

«Al quinto relevo iba solo, seguí hacia arriba esperando que los buenos me cogieran pero nunca llegaban. Pregunté por lo que me faltaba y me dijeron que tres kilómetros pero una vez pasaron me volvieron a decir que quedaban otros tres. Al final llegué solo, Gaul perdió el liderato a favor de Nencini”.

“Miguel Idurain sin duda ha sido el más fuerte. Fuente anduvo cerca de ganarlo, pero fue demasiado impetuoso.

En la penúltima etapa, que tenía varios puertos, atacó en el primero por que Merckx estaba algo resfriado. Al final Merckx le cogió y le sacó un minuto. Si hubiera atacado al final podría haber ganado” concreta el catalán.

Miquel Poblet en el Giro

1956: abandono

1957, 1958 y 1959: 6º

1960: 25º

1961: 41º

20 etapas ganadas

Los muchos motivos para querer Cadel Evans

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Siempre que se habla de ciclistas conservadores, surge el nombre de Cadel Evans

Es curioso, cuando se habla de corredores conservadores, lapas, ciclistas que están ahí, sin que les dé el aire, pero sacando rédito de lo ajeno, siempre sale el nombre de Cadel Evans, incluso cuando nada tiene que ver con lo que se inquiere.

Pero es así, un hecho claro y nítido en el imaginario del populacho ciclista que un día creció y se asentó y da igual el tiempo que pasé, que siempre surge.

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Hemos hablado con gente del pelotón sobre Cadel Evans y hay de todo, unos respiran mal, otros peor, lo dibujan como un tío introvertido, con sus rarezas poco disimuladas y un carácter complejo.

Fue tras Lance Armstrong, uno de los pocos que se pusieron seguridad en el Tour de Francia, era curioso verle con un gorila, vestido de amarillo, por las metas del Tour que acabaría ganando Carlos Sastre.

Que nadie le tocara el peluche.

Aquella edición le recuerdo también vistiendo una camiseta interior por el Tíbet, cuya bandera se le adivinada en el maillot abierto

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Sea como fuere pocos corredores, desde el punto de vista de aficionado al ciclismo, nos merecen el respeto y admiración de Cadel Evans.

A pesar de esa pose afectada, de esa mirada melancólica, de esa actitud a veces soberbia, nos pareció un extraordinadio profesional.

Y son tres

Por un lado trae hasta aquí una extensa trayectoria, iniciada en las ruedas gordas, llegó a ser subcampeón del mundo, siendo uno de los casos de transición del BTT a la carretera que podríamos tomar de éxito.

Esa habilidad de la montaña la plasmó en dos hechos en la carretera, por un lado con muy buenas cronos a lo largo del tiempo, sabiendo domar el arte de rodar por kilómetros y kilómetros…

Por otro lado, en aquella icónica etapa del sterrato, Giro de 2010, en las que los ciclistas acabaron irreconocibles.

Evans ganó aquella etapa, en arcoíris, tras dejar a los Liquigas, Basso y Nibali atrás. 

Un día para recordar de un Giro para enmarcar en el que Cadel Evans tuvo su cuota de culpa.

Y es que ese ciclista conservador, que nunca se movía, que iba a remolque sacó muy buenas actuaciones en esa y otras carreras.

Fue campeón del mundo atacando sin atacar, sacando petróleo de la empanada de Purito y Kolobnev en el momento decisivo de Mendrisio, un triunfo que le valió un arcoíris que seguro tiene en un marco en casa junto al amarillo del Tour.

Y es que el Tour que gana Cadel Evans fue de todo menos sencillo, supo estar ahí siempre, sacando provecho a la torpeza táctica y obsesión por Contador de los hermanos Schleck.

Ganó un Tour en la carretera, nadie se lo regaló, apretó cuando debía y consiguió escribir la historia del ciclismo australiano, que es la suya.

Evans ganó ese Tour porque dio lo mejor que tuvo, es decir todo, sin dejar nada, recogiendo de cada recoveco de su cuerpo, mientras otros jugaban a no sé qué.

Y no sólo eso, ese corredor lapa que muchos señalan por la calle, dejó la bicicleta hace seis años con un palmarés que incluye Tirreno y Romandía al margen de un goteo de triunfos parciales y una Flecha Valona.

Y no preguntaremos por lo que pasó esa tarde en Monachil y la eternidad que tardaron en atenderle en un pinchazo mientras Valverde volaba hacia la Vuelta 2009.

Imagen: Wikipedia

E Iban Mayo volvió a Alpe d´ Huez

Iban Mayo Alpe d´ Huez JoanSeguidor

La victoria de Iban Mayo en Alpe d´ Huez es una de esas que no se olvidan por la pasión de aquel Tour

La sobremesa de ciclismo vintage nos recupera aquella tarde de Alpe d´ Huez, Joseba Beloki atacando el amarillo que nunca tuvo lugar y la victoria de Ibán mAYO

Eran los días más naranjas del ciclismo… 

Alpe d´ Huez, cima de las cimas.

Si el otro día hablábamos de la grandeza del Mont Ventoux, Alpe d´ Huez es imaginario ciclista universal.

España, curiosamente, con la cantidad de grandes escaladores que ha tenido, sólo ha ganado tres veces en Alpe d´Huez.

Carlos Sastre coronó primero, y medio sentenció el Tour que acabaría ganando, dos vascos, dos vizcaínos, tienen su nombre también en las curvas.

En 1987 Fede Etxabe abrió el melón, aquel Tour que Perico perdió ante Roche.

Y en 2003, Iban Mayo repitió machada…

«2003 fue un gran año. Se consiguió ganar en País Vasco, además bien con Samuel haciendo podio. Las cosas empezaron a salir bien ya en casa, para Orbea fue importantísimo. Luego vino Lieja donde hice segundo. En el Dauphiné se sumaron etapas y otro segundo puesto y la guinda llegó en el Tour, en Alpe d´ Huez

Las camisetas naranjas fue un acierto increíble porque se veían desde el puerto abajo por toda la carretera. Mi victoria fue en los Alpes, pero lo de los Pirineos era una locura. Recuerdo que la etapa de Saint Lary que Pereiro perdió con Hincapie en la que a veces era complicado poder pasar por el pasillo. La marea naranja era una locura y llamaba la atención»

Esto nos contó el de Igorre, cuando hablamos para el libro de Orbea, tener un ganador de Alpe d´ Huez delante no es sencillo.

Aquel Tour fue posiblemente el último gran Tour, en términos de espectáculo, que hemos visto.

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Sí, ya sabemos cómo acabó todo y que el ganador, dieciséis años después, ya no figura.

Pero aquella carrera fue legendaria, desde el azul Bianchi de Ullrich, al descontrol de Luz Ardiden, el paso de Zubeldia y Mayo en cabeza del Tourmalet y la «curva Beloki».

Leímos en el muro de Iban Mayo que había vuelto a Alpe d´ Huez en plan cicloturista, y nos cuenta esto.

Hoy atiendo a varios negocios que tengo y luego paso todo el tiempo que puedo con mi hijo. 

De aquella época tengo buenos recuerdos de amistades, de vivencias, de lugares que conocí… fue bonito, pero ya pasó.

En cuanto a victorias, la de Alpe d´Huez es la que más ilusión me hizo, incluso con otras como País Vasco o en el Giro, que también fueron importantes.

Recuerdo que ese día hizo mucho calor, que nada más empezar Alpe d´ Huez, Triki Beltrán se puso a tope y se hizo una gran selección.

Luego ataco Beloki, salió Armstrong a por él y cuando le cogió salte yo.

Fue una subía llena de gente, muy emocionante.

No guardo ningún dato de la subida, sólo sé que se subió rápido desde abajo. 

Siempre tuve ganas de volver, y me ha costado dieciséis años volver, sin embargo subiendo la subía recordaba bien la ascensión y recordaba de aquel 2003.

La experiencia de volver fue muy bonita, la subida estaba llena de ciclistas pese a que el tiempo no acompañaba.

La verdad es que todos los Alpes son preciosos.

Es bonito ver tu nombre en una de las curvas, es historia de Alpe d´Huez. Me gustó verla.

Iban Mayo Alpe Huez JoanSeguidor

Alpe d´ Huez es un puerto con mucho nombre, no es el más duro de Alpes, pero sí de los más bonitos y de más tradición. 

 

«Lo quería ganar todo» Laurent Jalabert

Laurent Jalabert 1995 JoanSeguidor

Revisamos con Laurent Jalabert su estratosférico año 1995

En la mente existen recovecos que se mechan de recuerdos que son perennes, en ciclismo por ejemplo, siempre decimos que hasta donde alcanza la memoria no recordamos una temporada como la que firmó Laurent Jalabert en 1995.

Un prodigio de año que haciendo uso de un copa & pega de Wikipedia, nos da eso…

palmares Jalabert 1995 JoanSeguidor

Y así tenemos a Laurent Jalabert en el lado de la línea, una conversación de esas que te reconcilian con esos años que el ciclismo nos tocó, para siempre.

Laurent, lo primero en estos tiempos ¿qué tal todo?

«Estamos bien, tanto la familia como los amigos. Acusamos el coste social de todo esto, es muy raro, no puedes salir a comer con los amigos, ver a los tuyos. La situación, desde luego, es complicada»

El Tour para agosto ¿cómo lo ves?

«Buah, no lo sé, la verdad, están haciendo todo lo posible para que se celebre, pero igual no tenemos certeza alguna hasta quince días antes, es así de fuerte»

Lo es…

«Es que puede haber un problema con un ciclista, sólo uno, para que se pare todo, y el resto de equipos se niegue a correr. Y ya no es sólo el Tour, es que el estado francés puede acabar cancelándolo»

¿Cómo te defines?

«En este caso como un optimista realista. Veo un 50% de posibilidades»

Si Laurent Jalabert se pone en la piel de los ciclistas de ahora…

«No me gustaría nada estar en su lugar. Somos personas que trabajamos con objetivos a la vista»

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¿Es todo muy complicado?

«¿Cómo te vas a preparar, a cuidar la comida, si no tienes nada claro qué va a pasar? Todo además en un panorama de cierta psicosis»

Entonces…

«Yo consideraría 2020 un año perdido para el ciclista, ni más ni menos. Por ejemplo, cada salida de la París-Niza se hacía sin saber si habría etapa mañana, imagina un Tour en el que se salga a tope porque cunde esa misma sensación. Es todo muy surrealista…» 

Vamos por eso al meollo de nuestra conversación, consideramos que la temporada 1995 de Laurent Jalabert ha sido la mejor firmada por un ciclista en los últimos 30 años…

«Suena fuerte eso»

Si miramos desde entonces quizá se te aproximó Philippe Gilbert en 2011 y Alejandro Valverde alguna campaña, por ejemplo la de 2008, pero poco más.

Tú afrontas ese año muy condicionado por dos hechos de la campaña anterior…

¿Cómo influyó a Laurent Jalabert aquella victoria en los Lagos de Covadonga?

«A ver, yo iba escapado con muchos minutos y sin gran presión. Sin embargo esos días rebosaba confianza. Los kilómetros iban pasando y la gente se iba quedando hasta que aguantamos Roberto Torres y yo. Me atacó muchas veces, pero aguanté y gané arriba. En ese momento fue como jugar a la lotería, pero me indicó que podía hacer otras cosas»

Hasta la fecha estabas etiquetado como gran sprinter…

«Sí, pero ese triunfo cambió mi forma de ver las cosas»

Y luego la caída en la primera etapa del Tour

«Fue brutal, tras esa caída el ciclismo pasó a un segundo plano, sólo me interesaba volver a ser persona. Tenía 24 años y pasé por momentos muy difíciles. No fue fácil volver a ilusionarme, a ser ciclista, a perder el miedo a esas circunstancias, de hecho empecé a pensar en competir de otra manera, a no meterme en esas llegadas tan masivas y peligrosas, a buscar el éxito en sprints de grupos más pequeños. Hasta la fecha había disfrutado de la vida fácil de sprinter, que está todo el día a rueda y la presión aparece sólo al final, cuando hay que disputar»

¿Qué cambio experimentas?

«Paso a ser más agresivo y completo»

Primera vuelta de tu carrera deportiva, toda una París-Niza

«Fue una victoria clave. Se fraguó en una escapada larga con Vladislav Bobrik. Recuerdo que pinchó a 40 de meta y conseguí mentalizarme para llegar solo hasta el final«

Un punto de inflexión

«A partir de ese día me vi capaz de cualquier cosa»

Temporada 1995, tras la caída del Tour y su recuperación, tras el pelotazo de los Lagos ¿qué objetivo tenía Laurent Jalabert de inicio?

«Tenía la voluntad de demostrar que quería ser ciclista, tanto a mí mismo como al resto. No tenía tiempo que perder»

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¿Qué papel juega Manolo Saiz?

«Es clave, incluso siendo ciclista él me insistía que valía para otras muchas cosas. Recuerdo que siendo aún ciclista de Toshiba, se me acercó un día y me dijo que esas piernas veía una Vuelta a España«

Premonitorio

«Ya ves, creía más en mí que yo. En las primeras carreras, la ONCE trabajaba para mí y perdía su rueda, o quedaba en otra parte del grupo, Manolo me convenció que si trabajaban así era por que creían en mí, pero yo esquivaba la responsabilidad»

¿Qué papel juega la cabeza en todo esto?

«Es la clave. A veces el punto entre la derrota y la victoria reside en la cabeza. Recuerdo etapas en las que me llevaban al límite, pero sacaba un resquicio para acelerar y demostrarme que el otro iba peor que yo»

Siempre he pensado que la cabeza fue la gran baza de Laurent Jalabert

«Tuve momentos de todo, momentos en los que volaba y otros más complicados»

Tras París-Niza, apuntas a la Milán-San Remo…

«Iba con toda idea, siempre pensé que San Remo era mi clásica. Durante años, tras el final de la París-Niza me quedaba por la zona, preparando e inspeccionando el final, cuando entonces era más raro que se hiciera, planificando cada paso. Ese día Maurizio Fondriest me sacó los ojos en el Poggio, atacó justo veinte metros antes que yo lo tuviera planificado. Cuando arrancó, me pilló justo a su rueda»

¿Cómo son esos metros de Poggio y el descenso a San Remo?

«Fondriest iba nerviosísimo, mirando para atrás todo el rato. En el descenso me sentía confiado a su rueda y acabé ganando al sprint»

¿Por qué nunca te gustaron los adoquines?

«Los descubrí ya en Toshiba, siendo muy joven y fue duro, luego llego a la ONCE, un equipo en el que no había nada de cultura en esas carreras. Íbamos como obligación. Competí un año en Flandes y acabé reventado, nunca sabes dónde estás, qué te queda, es mareante y esa incertidumbre te quita fuerzas que luego necesitas»

La Flecha Valona es otra cosa…

«Era una carrera que me iba como un guante, ese final en Huy era perfecto. Llegué a la base escapado con Berzin y Fondriest»

¿Qué sucedió en aquella Lieja?

«Pequé de exceso de confianza, fui un poco prepotente. El equipo controló y controló pero a 100 kilómetros de meta estaba reventado, así que decidí jugármela yo solo. Cogí a los escapados y a ochenta de meta decidí atacar. Acabé muerto y los rivales no eran unos cualquiera, desde Armstrong, a Bugno y Bartoli hasta Gianetti que acabó ganando»

Descanso y Volta a Catalunya, otra más a la saca

«Melcior resultó clave para llevarme la carrera. Corríamos en su casa, lo conocía todo al dedillo» 

Y llega el Tour

«Curiosamente nunca se me había dado bien del todo. En 1992 conseguí el maillot verde pero siempre tenía la sensación era una carrera en la que fallaba, por lo que fuera, además estaba la caída del año anterior»

¿Para un francés el Tour no es sencillo?

«Hay una presión enorme de la prensa, no te lo puedes imaginar, y luego estaba mi confianza, que no siempre era la mejor»

Pero ese Tour del 95 salió tremendo

«Quería una etapa y el verde esos eran los objetivos»

¿Qué te pasó en la etapa de Lieja?

«Iba mal colocado. Estábamos en la una recta e Indurain hizo lo que nunca había hecho, atacar. Él no necesitaba eso, tenía un poder en las cronos que le permitía no atacar, pero aquel día lo hizo y me pilló atrás. Cuando pasé al frente del grupo ya se había ido por delante con Johan (Bruyneel)«

Sin embargo esos días volabas

«En ese Tour tenía unas piernas capaces de cualquier cosa, esa es la verdad»

Mende, dia D ¿qué te parece que llamen al lugar Montée Laurent Jalabert?

«Si te soy sincero me da bastante igual, quizá hubiera tenido sentido llamarle así al año siguiente pero…»

Tras el Tour, la Vuelta, menuda Vuelta…

«íbamos con una idea, que la ONCE ganara la Vuelta, daba igual con quién»

Dos etapas queremos comentar de una edición mil veces revisada, primero Ávila

«No fue planificado. En cierto momento dijimos a tope y nos salió bien. Fui escapado con Roberto Pistore hasta que me quedé solo, mientras el equipo vigilaba por detrás a Abraham Olano, el principal rival»

Y Sierra Nevada…

«Entonces ya llevaba varias etapas ganadas. La táctica era, llevar el grupo junto y si en los últimos mil metros me veía bien intentar sacar unos segundillos más para la general. Bert Dietz -escapado aquel día- nos llevaba tres minutos a dos de meta. Cuando arranqué al final, estaba convencido que no lo pillaba, pero…»

Lo pillaste ¿qué te hizo dejarle ganar la etapa?

«Cuando paso al coche del Telekom vi tal cara de decepción en el conductor que decidí ponerme tras él y animarle a sprintar, quedaban nada, cien metros»

Olano casi os pilla por detrás

«Sí fue de muy poco. La verdad es que no tuve tiempo de pensarlo, me salió así en ese momento»

¿Por qué no fuiste al Mundial de Colombia?

«Acabé la Vuelta fundido, nunca había mantenido ese nivel de estrés durante tres semanas. Además llevaba un dolor de rodilla desde la etapa de la Vuelta en Luz Ardiden que me había dejado muy tocado, llegué incluso a temer por perder la carrera»

¿Viste aquel Mundial?

«Sí, estaba de vacaciones y lo vi. En esos momentos llegué a la conclusión que mi sitio estaba ahí, en Colombia, compitiendo. Fue un error no haber ido, sin duda habría tenido mis opciones»

Han pasado ya 25 años de todo aquello…

«No soy mucho de mirar al pasado, más en días como hoy, que pienso en el futuro por delante de cualquier cosa. Cuando pienso en aquel año me vienen grandes recuerdos, fue una parte de muy emocionante de mi vida»

Ese año nadie lo ha conseguido igualar desde entonces

«Es que lo piensas y es muy difícil repetirlo. A mí me vinieron grandes temporadas tras aquella, pero ninguna a ese nivel»

Un titular para ese 1995 de Laurent Jalabert

«Lo quería ganar todo»

¿A dónde habría llegado Greg Lemond?

Greg Lemond JoanSeguidor

Es imposible no preguntarse qué habría sido de Greg Lemond

En estas jornadas de sobremesa vintage, hace ya unos días, la figura de Greg Lemond ha sido una constante.

Para quienes caminen por nuestra edad, Greg Lemond no es un ciclista más, es un tipo mágico, con don y duende.

Rubio, llegó con una mano delante, la otra detrás, a un ciclismo lejano y hostil, sin nada más a lo que agarrarse que su talento y ganas de triunfar.

Y no perdió el tiempo, desde joven dio que hablar, en un equipo donde no se lo pusieron, con un compañero que era un puñado de emociones.

Ese Greg Lemond creció rápido, fue campeón del mundo muy joven, pisó el podio del Tour, no rehuyó ni Roubaix, algo que pocos le tienen en cuenta, porque él fue, antes que Wiggins, el penúltimo ganador del Tour que rindió viaje a Roubaix y no para quemar el trámite.

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Tres años le marcan.

En 1985 corre contra la adversidad que implica ser el gregario de lujo, el campeón en ciernes.

«Hoy yo, mañana tú» le vino a decir Hinault, cuando en verdad le explicaba » hoy yo, mañana si eso, tú«. 

Pero ese Greg no leía, o no quería hacerlo, entre líneas, cargó con la promesa del bretón y se fue a por todas al año siguiente.

Qué año, qué Tour.

Le pusieron contra las cuerdas, si Contador creyó en todo lo malo que podían hacerle en Astana con Lance Armstrong, lo de Lemond debió rozar la paranoia.

Pero ese ciclista estaba llamado a dominar, mano de acero recubierta de seda, respetó y se quedó quieto ante las exhibiciones estériles de Bernard Hinault, algunas dando luz a situaciones tan increíbles como aquella etapa de Pau, con el francés desmelenado con Perico y Lemond, Lemond, ahí sólo en medio de la nada remando para seguir vivo.

Pero Lemond si una cosa tiene es un resilencia, se mantuvo a flote y salió adelante, en Granon el gran día de Eduardo Chozas arrancó el amarillo del pecho de Hinault sólo con seguir a Zimermann, aquel suizo tan curioso.

Y luego la estampa de Alpe d´ Huez.

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Pensar, ese día que el Tour 86 acaba en París, que Greg Lemond iniciaba un periodo de dominio en el Tour, creo que sería lo más extendido. 

Pero ese abandono en Tirreno que le propina unos días libre en California, año 1987, acabó con su famoso accidente de caza: días entre la vida y la muerte.

Lemond es innovador, moderno, avanzado pero sobre todo y ante todo resilente, hecho de gruesa piel por la que resbalan los problemas y los malos augurios, un tipo creado para triunfar y sacar lo mejor en cada paso.

Y volvió, ese 1989 mítico en un puñado de segundos para amargar a Laurent Fignon.

Y siguió con el segundo mundial y otro Tour, el tercero.

En ese camino el Greg Lemond brillante de los primeros años, siempre delante, viento a la cara, se había convertido en uno de los más brillantes estrategas de la historia del ciclismo, sacando petróleo de cada piedra del camino.

Su forma de caer ante el dominio de Miguel Indurain, siempre de pie, siempre delante, habla de uno de los grandes ciclistas de la historia, un privilegio haber sabido de él.

Por eso hoy nos preguntamos ¿a dónde habría llegado Greg Lemond sin ese accidente de caza?