El día que Indurain se cobró a Pantani en Hautacam

Hautacam 1994 fue Indurain vs Pantani que marcó el Tour

En 1994 el ciclismo mundial asistía a varios actos simultáneos. Mientras Miguel Indurain, navarro él, parecía francés porque era algo así como el Rey Sol, en el Giro de Italia que vio la revolución de la chavalería, encabezada por el indescifrable Berzin, explotó un tal Marco Pantani.

Entonces ilusionaban, hoy vemos las cosas muy diferentes.

Fue en dos jornadas dolomíticas, primero en Merano y luego en Aprica, en una de las mejores etapas jamás vista, donde un joven con poco pelo, aunque lejos de ser el pelado total que seria con el tiempo, desbordaba por las cimas, realizaba descensos enormes e incluso se atrevía a ataques lejísimos como aquel del Agnelo, ya en los Alpes.

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Indurain, imbatido desde que iniciara su serial de grandes vueltas en el Tour del 91, mordió el polvo entre alocados jóvenes que le dieron lo que Chiapucci, Breukink, Alcalá, Jaskula, Rominger y Bugno no fueron capaces de darle. Sin embargo el Tour era la prueba del algodón, aquello que justificaba el año, aunque éste, en el caso del navarro, siempre ofrecía algo más que la victoria en Francia.

#DiaD 13 de julio de 1994

Tradicionalmente la primera etapa del montaña del Tour causa estragos. El cambio de desarrollo, las velocidades, el cuerpo, la postura sobre la bici, el olor de las nubes, mil teorías, cientos de excusas, pero lo cierto es que rara vez no se presencia una criba brutal.

Pasaba en tiempos de Indurain, ocurrió en los años de Lance Armstrong, que no existieron, y lo hace Froome.

En 1994 no fue diferente.

La carrera ya venía tocada por la crono de Bergerac, famosa porque fue aquella en la que Indurain doblaría a Lance Armstrong. En ella el de Villaba se puso de amarillo, tras una nueva exhibición que entroncaba con Lac de Madine y Luxemburgo.

Pero llegó Hautacam, e Indurain calló bocas.

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En una etapa monopuerto, Miguel Indurain cambió el paso. Acostumbrados a verle en perfil bajo, reventando la carrera en segunda persona, compartiendo protagonismo con otros -Chiapucci en Val Louron y Rominger en Serre Chevalier-, aunque con la idea del amarillo siempre en el filial del camino, el navarro quiso romper en primera persona la carrera.

Tony Rominger fue la gran víctima, la primera, porque además venía crecido de un inicio de campaña excepcional, luego cayeron todos, uno a uno, fruto de un ciclista que subía varios peldaños por encima del resto, incluso por delante de Marco Pantani, el semicalvo ciclista que intentó cardar la lana y salió esquilado entre la niebla.

Un par de meses después de Arpica, Indurain se cobró la cabeza del primer ciclista que había desnudado sus vergüenzas.

No siempre se podía ganar, pero Indurain lo hacía con tal naturalidad que lo demostró hasta sencillo.

Imagen tomada del FB – Grupo de Miguel Indurain 

Indurain en Isola 2000: ¿De verdad regalaba etapas?

Indurain Isola 2000 JoansEGUIDOR

Isola 2000 ¿Dejó ganar Indurain a Rominger?

Seguimos a rebufo de Miguel Indurain, sus Tours y lo que nos pone Teledeporte: este miércoles tenemos Isola 2000

Aquella etapa fue la constatación que había dos cocos en el Tour, la continuidad del Galibier pero ahora en Isola 2000, una estación más al sur, que curiosamente nunca más visitaría el Tour, pero que quedó con letras de oro por el duelo Indurain vs Rominger.

Si os acordáis de la conclusión de aquella etapa, en la recta final de Isola 2000, Pedro González narraba con pasión la más que posible victoria de Indurain.

Rominger tiraba y tiraba, lanzó el sprint, pero no… cuando parecía que le iba a pasar, Miguel mira a su izquierda y detiene la remontada.

Isola 2000 ¿Dejó ganar Indurain a Rominger?

Y es más ¿ha regalado Indurain tantas etapas como se dice?

Ayer, el autor del libro sobre Miguel Indurain de nuestros amigos de Cultura Ciclista, escribía esto…

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Hojeando su libro, si nos detenemos en la doble página dedicada a esa jornada leemos las declaraciones de Vicente Iza: «A mí Miguel no me ha mentido nunca. Miguel era muy sincero y si dijo que no pudo, eso fue lo que pasó«.

A ello añade José Miguel Echávarri: «No es una etapa que quieras que gane porque sí, sino que le sirva para redondear su palmarés, ya que nunca había vencido una etapa en línea vestido de amarillo«.

Y es cierto, eso se le extrañó a Miguel Indurain, que no tiene una foto levantando los brazos vestido de amarillo.

Viéndolo ahora, recordando la cabalgada con Chiapucci en Val Louron, esa llegada con Rominger en Isola, incluso Hautacam con Luc Leblanc… cuesta mucho creer que Miguel Indurain no ganara etapas en línea en los Tours que dominó de esa manera, y con tal solvencia.

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Y cuesta creer porque nada fue porque sí en esa época.

Ayer mi hijo, que está viendo a Miguel Indurain hasta en la sopa este confinamiento, me preguntó si el navarro era bueno físicamente y tácticamente, o una cosa o la otra y es que lo fue en los dos puntos, alcanzando un equilibrio que rara vez hemos visto en otro campeón.

Por que hubo grandes corredores que lo confiaron todo a una cosa u otra: lo que el físico no le ha dado a Nibali, lo ha conseguido la estrategia, y en el caso de Froome, quizá al revés, aunque con el añadido del equipo.

Miguel Indurain fue un fenómeno en todos los aspectos, algo que, como otros grandes de otros deportes, estoy seguro que no volveremos a ver, y no, no es que el confinamiento nos haya nublado la visión, es que fue así.

Por eso cuando,  muchas veces surge la pregunta ¿Induráis regalaba etapas? puedo pensar que fue totalmente posible, porque en esos «regalos» iban favores de vuelta, como la famosa jornada de Mende, Tour 1995, cuando Banesto no daba abasto ante el ataque de Jalabert.

Pensar en esas etapas como algo accesorio, el medio a sacrificar por un fin mayor, no lo veo descabellado, es más, entra dentro de lo normal para alguien que pudo y supo perpetuar su dominio tantos años.

Quitarse el stress de ir a por etapa y general al mismo tiempo son esos calentones que te ahorras cuando pones la mirada en largo.

Y Miguel Indurain creo que en Isola 2000 miraba mucho más allá de esa línea de meta.

Imagen: CyclingHistory

Indurain vs Rominger: una rivalidad incompleta

Indurain Rominger JoanSeguidor

No hubo tantos duelos directos entre Indurain y Rominger

Entre ayer y hoy, Teledeporte nos ha rescatado dos piezas que explican el punto de inflexión de Tony Rominger y su acceso a la primera línea de rivales de Miguel Indurain.

Si en el Galibier puso su pica en el Tour, cabe decir que en la jornada de los Lagos de Covadonga el suizo alcanzó la convicción que la Vuelta del 92 estaba a su alcance, tras Luz Ardiden en aquella jornada de primavera hostil, en la cima astur Rominger tuvo la certeza que el pequeño murciano, Jesús Montoya era asequible.

Entre ambas etapas median catorce meses, más o menos, y entre, las dos Rominger se erigió como el rival más fuerte y peligroso de Indurain.

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Sin embargo, visto hoy, lamentamos que estos dos gigantes no vivieran los duelos que muchos les presumíamos,

No en la cantidad que imaginábamos, pues si quitamos ese Tour del 93, las coincidencias de los dos astros y en plenitud de condiciones no fueron tantas.

Y lo lamentamos, viéndoles destrozar el Tour mano a mano en el Galibier, por que entre los dos sumaron once grandes vueltas en cinco años, una barbaridad de dominio al que sólo se escaparon talentos como Chioccioli, Mauri, Berzin y Jalabert.

Aunque si hiciéramos una pinza entre el primer y último Tour de Miguel Indurain, la lista sólo tendría el nombre de Eugeny Berzin, ganador del Giro del 94.

En medio, dominio total de ambos.

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Pero ¿cuántos duelos vimos Indurain vs Rominger?

Pues el Tour de 1993 y poco más.

Esa carrera pudo haber estado más igualada de no haber mediado el desastroso inicio del suizo, que llegó muy perjudicado a la gran montaña.

Hizo falta aquel prodigio hacia el Galibier entre ambos, para que Rominger entrara en aquella carrera que se le había cruzado.

Una subida en la que los dos talentos fueron en paralelo, sacando un mundo al resto, aguantaron Hampsten, Mejía, qué clase tenía, y ese polaco de la goma, Jaskula.

Fuera de esos días, poco más dio esta rivalidad.

Rominger no volvió a ser rival de Indurain en el Tour.

En los años sucesivos llegaría con Vuelta, la tercera, y Giro en el zurrón, y quizá pasado de forma.

Otra cosa fue ese particular pulso por la hora que mantuvieron en otoño de 1994, en el que el suizo voló por muy delante.

Y es que la historia, caprichosa ella, muchas veces nos pone y nos quita los grandes del mapa, con azar e improvisación, dejándonos con las ganas de lo que pudo ser y no fue.

Foto: Parlamento Ciclistahttps://forodeciclismo.mforos.com/30823/10721160-fotos-de-indurain/?pag=2

El ciclismo que narró Angel María de Pablos

Angel Maria de Pablos ciclismo JoanSeguidor

Las tardes de bicicleta en los ochenta se hacían al son de la voz de Ángel María de Pablos

Siempre voy dejando cosas para otro momento, entre ellas, el ordenar libros.

Mira por donde, ese momento ha llegado, por obligación.

En esa tarea estaba cuando tuve en mis manos un pequeño libro llamado “Manual del perfecto ciclista” de un tal Julian Merino, alias «Lapize».

Si, como aquel ciclista francés, con “c”, que ganó el Tour en 1910.

Hice lo que no hay que hacer cuando ordenas libros, ponerte a leer uno que estás pasando de un montón a otro.

Mientras lo releía, tenía de fondo la voz de Angel María de Pablos retransmitiendo una de las etapas vintage que están ofreciendo en Teledeporte a falta de eventos en directo.

Un manual que habla del compañerismo en ruta, de la diferencia entre ciclista bueno y malo, consejos práctico e, incluso un capítulo titulado “El ciclista ¿presunto tuberculoso?”, en el que desmontaba punto por punto esa falacia.

Una “fake news” en todas regla que, hablando de tuberculosis, me generaba la duda de saber en que año se había escrito este libro.

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Se me ocurre ponerlo en Twitter y preguntar por ello.

Surge la magia de las redes sociales y llego a la conclusión de que es del año 1930. Escrito hace 90 años, con parrafos que se podían firmar ahora mismo.

Entre los que me contestan veo a Miki de Pablos, contacto en privado y, efectivamente, es el hijo del narrador que estoy escuchando en la tele.

Angel María de Pablos era vicepresidente de la federación española de ciclismo cuando empezó la primera etapa de la Vuelta 83  en Almusafes.

Era primera Vuelta que se retransmitía en directo y en TVE no tenían a nadie que supiera de ciclismo para acompañar a Emilio Tamargo en las retransmisiones.

Le preguntaron a Luis Puig si sabía de alguien y este señaló a Angel que estaba a su lado: “Es periodista, escribe de deportes en El Norte de Castilla y es un apasionado del ciclismo”.

Y yo voy a añadir algo más a lo que dijo el entonces presidente de la Unión Ciclista Internacional.

Sobre todo para los que nunca le habían oído en directo y se han sorprendido, vamos a dejarlo en eso, y lo han comparado con comentaristas de ciclismo de épocas posteriores.

Desde joven era poeta y tiene varios libros de poesía, este dato os hace entender algo de su narrativa, además de ser actor de teatro y autor de algunas obras.

Otro dato para los de la “sorpresa” es, que en esos tiempos no había internet ni repartían un libro a todos los periodistas con información detallada de los monumentos, castillos y demás, que se iban a ver durante la retransmisión.

Angel María de Pablos se empollaba el recorrido y se preparaba unos apuntes de todo lo que pudiera haber de interesante en la zona por la que discurría la etapa

Mientras duró su trabajo en TVE, el seguía ejerciendo de periodista en El Norte de Castilla.

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Periódico en el que empezó a trabajar a los 14 años.

Sí, 14.

Su padre era el redactor jefe y vivían encima del periódico, así que desde muy niño bajaba a ver a su padre.

Al entrar en la redacción, la primera mesa estaba ocupada por un señor con dientes prominentes y no especialmente agraciado.

El niño Angel, lo esquivaba para llegar a la mesa de su padre pero, con el tiempo, fue acostumbrándose a su cara y acabó sentado en sus rodillas escuchándole contar batallitas y ojeando las revistas que tenía.

Ese agradable señor con desafortunada cara, se llamaba Julian Merino, alias «Lapize».

Sí, el mismo que escribió este “Manual del perfecto ciclista” que he recuperado de la estantería. Las batallas que le contaba eran la de los ciclistas del Tour, y las revistas eran las de ciclismo que conseguía de Francia.

Julian Merino falleció cuando Angel María de Pablos tenía 14 años.

Entonces pasó de sentarse en sus rodillas, a ocupar su puesto cronista de ciclismo.

Por Pello Ruiz Cabestany

Imagen: Tribuna de Valladolid

Las historias más surrealistas de Stephen Roche

Stephen Roche Giro JoanSeguidor

Pocos campeones tan caricaturescos como Stephen Roche

La profusión de Tours de los ochenta y en especial aquel de 1987 que fue tremendo nos dio por pensar en un perfil de quien fue el coco en aquella edición y uno de los ciclistas más atractivos de ese ciclo: Stephen Roche…

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Los amantes del mundo Marvel conocerán a Arma XI.

Un ser creado en el laboratorio que reúne los poderes de cada mutante; capaz de teletransportarse, lanzar el láser de Cíclope y manejar la catana con la destreza de un maestro ninja.

Stephen Roche va a ser un Arma XI ciclista: el resultado de meter en una batidora a ciclistas históricos para obtener lo mejor de cada uno.

A su vez, emula a ese personaje de ficción en el sentido de que un ligero defecto de fabricación le impide dominar el planeta.

Roche va a aunar la pasión de amasar patrimonio de Van Steenbergen (aunque no le pirran tanto los pelucos poligoneros, es de cash), la precocidad para brillar en la élite y el uso de elementos aerodinámicos de LeMond, el talento innato de Perico para pegar talegadas en los contratos, los problemas iniciales de Rominger en asimilar la tercera semana de GV y por último la vena pugilística de Hinault.

Nuestro protagonista nace a finales de 1959, está por tanto encasillado en la generación del 60.

Si la del 64 (Indurain, Bugno o Breukink) pertenece a una época de ciclismo espectáculo, la del 60 con los LeMond, Fignon, Delgado y Roche se puede considerar como la última de puro ciclismo. Ésta tuvo su apogeo en los 80; un mundo del pedal más ofensivo todavía que en los 90, pero con más descontrol y con la certeza absoluta de que los ganadores eran los más talentosos. Por entonces el dopaje (más antiguo que la orilla del río) en este deporte ofrecía una ganancia residual.

Stephen Roche JoanSeguidor

El caprichoso azar decide que en Dublín, apenas con unos meses de diferencia, vengan al mundo Stephen Roche y Paul David Hewson (cuyo nombre artístico es Bono).

Ambos van a arrancar la década de los 80 a todo trapo: U2 se situará en los primeros puestos de la Billboard con su disco Boy, mientras que un Roche imberbe se impondrá en una París-Niza con participación de primerísimo nivel.

Pese a vencer en lo que es la mejor carrera de una semana -por entonces con mejor palmarés que la propia Vuelta a España- los inicios del irlandés no son un camino de rosas.

Tiene que en enrolarse en el equipo amateur ACBB y sufrir una novatada propia de Kuznetsov con Berzin (después de machacarte en el velódromo te haces unos larguitos en la piscina), en su caso le va a tocar disputar la París-Roubaix amateur.

Lo más divertido de su participación es que Roche ignora por completo que es una estratagema para que le den la patada ante el vaticinio de una actuación random… pero resulta que el de Dublín se impone en la «Pascale baby».

Esta peformance le supone pasar a profesionales, nada menos que con Peugeot.

Por desgracia varios van a ser los talones de Aquiles del bueno de Stephen: al igual que su compatriota Kelly no digiere bien las elevadas temperaturas, esto te elimina prácticamente de la victoria en un Tour de Francia… o te va a hacer depender en exceso de una edición en la que pegue poco el Lorenzo.

Roche y Kelly JoanSeguidor
www.welovecycling.com

A esto hay que sumarle sus continuos problemas de espalda y rodillas.

Con estas premisas Roche apenas va a tener continuidad en su carrera profesional, irá picoteando actuaciones top, como un 2º puesto en Amstel y una medalla mundialista; también va a suponer que encuentre similitud con Juan Carlos Domínguez en cuanto a brillar en años impares (para bajar el rendimiento en los pares), sólo que en el caso del corredor de Irlanda la puja de vueltas de una semana de una tacada subirá a un montante bastante más suculento.

1985 va a ser un gran ejercicio para él, deja clarinete que Lieja es una carrera que tiene en las piernas con su tercer puesto (aunque hasta la bochornosa edición del 88 el recorrido perjudicaba a los que no tenían buen sprint).

Ya tiene continuidad de grandes resultados y por fin le pilla el punto a una GV; Roche va a ser 3º en un Tour de Francia en el que la Vie Claire inicie su monopolización de la Ronda Gala. Como guinda a su gran temporada firma un 7º puesto en el Mundial, resultado que no va a reflejar una pseudo victoria moral.

Estuvo muy cerca de vencer, pero finalmente fue atrapado al ser una rueda muy vigilada y un abuelete que pasaba por allí se llevó el arcobaleno a casa.

La temporada que viene a continuación, la 86, va entrar dentro de la maldición de las pares, un quiero y no puedo que no deparará más alegrías que levantar un hype tras su más que potable crono larga en el Tour para posteriormente fracasar en las etapas de montaña.

Y amigos, hemos llegado a la temporada de 1987.

Hablar del 87 de Roche es como hablar de Pecharromán en su mes desrtroyer.

Este año del irlandés seguramente sea por palmarés bruto la mejor temporada ciclista de la historia… excluyendo claro al Chuck Norris del ciclismo.

Dice la leyenda que el Récord Guiness en realidad es una compilación de segundas mejores marcas, ya que las primeras todas son de Chuck; en ciclismo Eddy literalmente tiene todas las mejores marcas: Tours, Giros, días de amarillo, monumentos, mundiales, carreras ganadas o comerse donuts de una tacada.

Antes de meternos de lleno en esta temporada vamos a despachar el resto para así poder centrarnos en su año mágico.

Roche terminó la temporada 87 conquistando el mundial y en el ejercicio del 88 va a vivir de lleno el gafe del arcoíris.

Por fortuna no tendrá el liderato de las maldiciones como el trágico suceso de Monseré con su fallecimiento, pero sí que va a vivir un año prácticamente en blanco, como acontecerá posteriormente con Leblanc en el 95.

Seguirá la tónica de año bueno impar-malo par (victorias en Itzulia 89 y Criterium Internacional 91) para terminar protagonizando un come back en Carrera donde nos obsequiará con una victoria de etapa en el Tour del 92.

A su vez habrá que sumarle su alta cuota de pantalla en la etapa de Mont Blanc de esa edición de la Ronda Gala.

Jornada en la que de nuevo convivió con Perico en lo que fue una fuga de supuestos gregarios que fueron a su bola.

En esta fase final de su carrera Stephen va a perpetrar bochornos como el de la CRE del Tour del 91

Celoso de Delgado quiere emularle en Luxemburgo y llega tarde a la CRE, tal es su retraso que cuando toma la salida sus compañeros están ya en Cuenca.

No le queda otra que cascarse los casi 40 kms en solitario y finalizar con el «short delay» del doble de tiempo máximo para el cierre de control.

En todas las escuadras que milita la va liar parda.

Los contratos que firmó Roche

Pega sablazos en los contratos, como en Fagor para al final marcarse una temporada tirada al retrete.

A su vez genera disputas que terminaran en los tribunales como con Histor.

Otro daño colateral de sus andanzas es el impuesto revolucionario que va a dejar en Carrera. A esta escuadra le endiñará tal púa que al equipo italiano no le quedará más remedio que llevar publicidad de Peugeot en el culotte.

Para saciarse por completo de fechorías va a tener el valor de desafiar a uno de los mayores machos alfa de la historia: Roger De Vlaeminck, su director en Tonton-Tapis.

Turno por fin para su gran curso del 87.

La temporada 86 del irlandés fue un verdadero desastre dentro del conjunto Carrera, todo ello agenciándose un gran contrato.

Para que sea más divertida la historia, Visentini (también enrolado en Carrera) viene de ganar el Giro de Italia y es de cajón que siendo italiano va a querer plenos galones en la Corsa Rosa para retener corona.

A este cocktail le sumamos que Zimmermann (también integrante del equipo de Boifava) ha sido podium en el Tour, y mejor no Vie Claire, y claro, va a demandar protagonismo.

La situación coge tintes Woody Allen cuando el corredor suizo salta a la palestra reclamando una mejora salarial y echando en cara a Roche que está sobrepagado, su año 86 no justifica para nada su elevada ficha.

Roche replica que los contratos reflejan con ceros a la derecha la trayectoria profesional de cada corredor, «yo soy un corredor molón y tú Zimmermann no eres más que un one-hit wonder, hasta la fecha…» le vino a decir y así fue eternamente.

El caso Zimmermann es para comer aparte.

Se vio metido en unas movidas de cuidado con una novia becaria periodista que se convirtió en su peor pesadilla.

Rompieron la relación en pleno Tour y la becaria dedicó al «salsa-roseo»: haces mal el amor y te encontré unas pastillas raras raras, con el pretexto (no cuela ni de Blas) de que eran para la tos.

El año 87 se inicia con la muerte de Gribaldy (mentor de Sean Kelly).

Precisamente en París Niza vamos a tener un duelo entre los dos irlandeses que se saldará con la sexta Carrera hacia el Sol consecutiva para Sean Kelly y una victoria moral para Stephen.

Éste fue el más fuerte pero perdió toda opción de victoria por una avería mecánica.

Paralela a Niza se ha disputado una Tirreno-Adriático en la que Greg LeMond ha tenido que retirarse por rotura de muñeca.

Para su recuperación se instala en su rancho de Murieta (California) con la fatalidad de ser tiroteado por su cuñado.

Salva la vida por tener un físico privilegiado ya que un ciudadano de a pie no habría sobrevivido a tal desangrado.

Pero por desgracia se va a perder el Tour de Francia, Roche se ha librado en apenas unos meses de los dos primeros de la última edición del Tour.

Por estas fechas Stephen es de nuevo ganador moral en otra carrera de prestigio: Lieja.

Pero se puso a hacer el canelo con Criquielion y se la levantó Argentin.

Error de principiante, ya que con Moreno no hay que jugarse nunca los cuartos, corres el riesgo de terminar en cueros y tener que pagar un suplemento para poder taparte con un barril.

Llegamos al Giro, pero vamos a aparcarlo hasta el final ya que es el episodio más descacharrante de toda esta novela.

En el Tour de Francia Roche se beneficia de un clima benigno en lo caluroso, es superior a Perico en la lucha contra el crono, puede superar su May Day en La Plagne (bastante teatro en meta, eso sí) y en Morzine empieza a guisar su victoria recuperando unos segundos en una jornada en la que en principio tenía que mitigar pérdidas (como sucederá en la Vuelta 2002 en Ávila entre Aitor González y Roberto Heras).

Tour de Francia - Perico Delgado JoanSeguidor

Queda por disputarse el campeonato del Mundo de fondo en carretera.

Esta vez la sede es Austria y Roche acude con la intención de sacrificarse por Kelly.

Su compatriota Sean además de ser el favorito es un corredor que en el Mundial tiene la misma laguna en el palmarés que Jalabert y Valverde (hasta 2018 éste), con lo que a un Stephen en principio con la tripa llena no se le van a caer los anillos por hacer de currela esta tarde.

Así acontece, Roche en la última vuelta enfila el grupo, seca ataques y cuando se forma un corte de cinco muy cerca de meta no para de mirar girar el cuello buscando a su líder.

Pero no llegan y arranca pegado a las vallas para conseguir la triple corona.

A su vez se confirma como el mejor corredor del año al conquistar el Superprestige Pernod International, trofeo que con Kelly de por medio asolando carreras de una semana y clásicas no queda otra que hacer una animalada si lo quieres tener en tus vitrinas… y esto es lo que realmente ha hecho Roche en el 87.

Para terminar el relato vamos a retroceder unos meses y así situarnos en el Giro de Italia de ese año 87

La carrera arranca con la victoria en el prólogo de Visentini y por tanto primera maglia rosa. Posteriormente viene la WTF cronobajada al Poggio que se la lleva Roche (gran bajador) aunque la maglia pasa a propiedad de Breukink.

El conjunto Carrera se impone en la CRE y la prenda rosa vuelve a las espaldas de Roche.

El liderato lo mantiene hasta la primera CRI larga, en la que Visentini le arrebata el maillot y con Roberto de líder llegamos a la ultramítica etapa de Sappada.

Os recomiendo permanecer sentados porque vamos a vivir un episodio que, en cuanto a pelea interna, va a dejar el cabreo de Marc Soler en la Vuelta en una riña por ver quién pilla en el bus ventana o pasillo.

Ante ustedes el que seguramente sea el episodio más divertido de la historia del ciclismo:

Roche es compañero de habitación de Eddy Schepers, personajazo que ya ha estado trapicheando en jornadas previas, dejándose superar en la etapa que se impuso Bagot para así obtener como contraprestación ayudas futuras de Fagor.

Pero ojo, todo ello sin que su director Boifava tenga conocimiento alguno, ya que se la da con queso, le justifica su derrota con una falta de fuerzas en los metros finales.

Curiosamente Schepers en el 88 correrá en Fagor, como Roche.

El irlandés en vez de comentarle que ya te vale lo ve con buenos ojos, ya que asume que Carrera va a quemar todas sus naves en proteger a Visentini y van a pasar de él.

Ahora por fin llega Sappada. El desternillamiento comienza con un Roche que empieza a salir a ataques ante lo que Visentini decide marcar a su compañero como si fuese su peor rival, todo ello aderezado con que anda metido en la fiesta Bagot del Fagor, equipo en principio untado… pero no por Carrera en bloque sino únicamente por los dos compis de habitación… de risa tía Felisa.

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Roche que es un gran bajador se larga en el descenso y lo hace en compañía de Bagot, que no se corta un pelo en colaborar, aunque por desgracia pincha el francés y se queda cortado.

Con Stephen escapado y tirando a muerte quién es el que tira en el pelotón… pues un tal Chiappucci de Carrera.

Esto empieza a ser Babilonia.

Ante todo este esturreo a Boifava no le queda otra que acercarse a Roche, la orden es clara: PÁRATE.

El irlandés tampoco deja interpretaciones a su respuesta: pues va a ser que no.

Roche continúa con su cabalgada, en el grupo de favoritos se producen ataques que hacen pasar apuros a Visentini… pero Schepers pasa olímpicamente de esperar.

Ni Telekom y ZG como equipo mixto en el Tour del 95 fueron tan a su bola, tela.

La escena se vuelve más delirante cuando Schepers no es que no colabore, es que se pone A RUEDA de un Visentini en modo Houston Houston.

Roche es atrapado por el grupo de Visentini pero, lejos de dejar un desarrollo más normal, cuando empieza a ceder el italiano lo que presenciamos es algo inédito: la maglia rosa quedándose y tiene a dos compañeros delante que pasan de su cara.

Roberto se pilla un melocotón del bueno y pierde la maglia con Roche.

En Carrera imaginad la que se monta con un Boifava que pese al liderato amenaza con expulsar de carrera al irlandés.

Stephen Roche Giro JoanSeguidor

La prensa italiana no perdona la actuación de Stephen y le pone el cariñoso apelativo de «Judas»

Visentini lejos de comentarios todo queda en casa no se corta un pelo y afirma que a Roche le va a dar una tunda por su comportamiento.

El italiano pese a proceder de una familia millonaria es un macarra de cuidado, como si Poli Díaz fuese hijo de Emiliano Revilla.

Tras el «Sappadazo», Roche barrunta que se va a largar del equipo para la temporada 88, pero ignora si le van a dejar tomar la salida por su rebeldía.

Al final puede competir pero ahora vienen sus yuyus ante un posible sabotaje y porque los tifosi empiezan a inflarle a lapos.

No se vayan todavía, aún hay más.

Continúa el lapidamiento a Roche y cuando Visentini parece que se pone en paralelo para echarle un capote es para intentar mandar a la cuneta a la pareja rebelde.

Cuando llegan a la Marmolada Roche tiene un problema mecánico (raro, raro) y claro, Visentini aprovecha para atacarle en el descenso.

Hay reagrupación y en meta Visentini sigue subiendo su energumenismo: afirma que la próxima vez le soltará un mantecado a su compañero de equipo.

El duelo fratricida termina con caída, hundimiento y retirada de Visentini

Roche mantiene la maglia rosa y se permite el lujo de imponerse en la crono final.

La guerra interna vivida en este Giro de Italia perdurará hasta la eternidad como el caso más extremo de lo que se conoce forerilmente como «equipo casa de putas» y en esta historia el protagonista no podía ser otro que el singular Stephen Roche.

Por Miguel González

Centrum De Ronde Van Vlaanderen: La caja que guarda la esencia

Centrum De Ronde Van Vlaanderen

En el Centrum De Ronde Van Vlaaderen hay una Tour de Flandes diario

Este primer domingo de abril, dicen que han corrido un Tour de Flandes virtual que cumplió con el deseo, disfrazado de pronóstico, que muchas veces hemos lanzando al aire, que Greg Van Avermaet ganara en Oudenaarde

Van Avermaet ha ganado la que esperamos que sea primera y última edición de Flandes virtual

Obviamente Greg Van Avermaet no entrará en el hall of fame que viste el epílogo de la vista al  Centrum Van Vlaanderen.

 

Oudenaarde es un típico pueblo flamenco, tranquilo, reposado, cerrado en las tardes de otoño, frío e inhóspito, que cae en la euforia cada primavera, presa de la pasión y calor que el ciclismo desierta en estas tierras.

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En el corazón de Oudenaarde, tenemos el Centrum Van Vlaanderen, la caja que guarda los secretos de la mejor carrera de Flandes y posiblemente una de las mejores del mundo.

Centrum De Ronde JoanSeguidor

Su visita es una inmersión en la atmósfera que fija ojos de medio mundo en este pequeño territorio encajado entre Francia, Valonia y el mar del norte.

Es la caja de las esencias, entrar en él, desde la gran plaza de Oudenaarde ofrece un Tour de Flandes diario.

Saborear una cerveza acompañada por las frites, mientras las imágenes de Tchmil, Bugno o Van Petegem en bucle llenan nuestra mirada y tocan los recuerdos.

Una sorpresa, y no es raro, cruzarse con un tal Johan Museeuw, inquirirle sobre el dominio que alcanzó en esta carrera, de las pasiones que desató, y sigue desatando, pues una marabunta se concita alrededor suyo, justo en la entrada de la exposición permanente.

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Y aquí el Centrum Ronde Van Vlaanderen pone sobre la mesa los recortes de la historia, una historia que escribieron las leyendas del «hall of fame», pero también periodistas, gente, equipos y sobre todo lugares.

Y entre ellos el Kappelmur…

Lo cierto es que lo que nos cuenta Sander, responsable de marketing de Centrum Van Vlaanderen, lo compartimos al 100 x 100, creemos que aquel recorrido que empalmaba Kappelmur y Bosberg era mucho más atractivo, primero por el valor icónico de ese encadenado y segundo porque el circuito actual parece enfriar los ánimos a los ataques cargados de épica.

Y no es para menos, las pantallas de aquella edición de 2011, memorable carrera, no paran de poner en bucle el duelo Cancellara vs Chavanel que ganaría Nick Nuyens.

Antes habremos pasado por rotativas flamencas, por estudios de radio, por plazas flamencos y pululado entre kioskos de patatas y cervezas, viajando de esas ediciones que se salvaron del veto de los nazis a la carrera global que es hoy en día.

Si queréis una experiencia ciclista basada en uno de los grandes símbolos de este deporte, si queréis partir hacia el Kwaremont o el Koppenberg, si queréis echar una cerveza con Johan Museeuw id al Centrum Ronde Van Vlaanderen, en Oudenaarde, donde la bicicleta y el ciclismo se plasman hasta en los pasillos de los hoteles.

 

Cuando Cañardo dominó la #Itzulia

En una jornada para enmarcar la Itzulia cayó del lado de Cañardo

Viajamos a la España de 1930, cuando Mariano Cañardo, “El primer campeón”, incluyó una Itzulia en su abundante palmarés.

Aquello no fue sencillo, aquella Itzulia Cañardo se la apropió tras una épica jornada que tuvimos ocasión de explorar cuando escribimos su increíble historia.

A saber, dominaba una leyenda como Antonin Magne, y con todo el pescado vendido y un rosario de desgracias en el camino, Cañardo lo puso todo para que aquella Itzulia fuera suya casi bajo la campana. Aquí os dejo el relato de aquel día.

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Porque quedaba un día, el último, el del todo o nada. El cuarto trayecto de aquella Vuelta al País Vasco moría en la margen derecha de la ría bilbaína, al final de todo, en Gexto, y más concretamente en su barrio de Las Arenas. Una jornada quebrada, incesantemente dura, de curva y contracurva al galope por toda la costa vasca, transitando por Zarautz, Deba, Eibar, Gernika y Plentzia. Pero el día, eminentemente costero, tuvo un punto y aparte en un alto, una subida mítica que reclamaba respeto. Antes de llegar al Alto de Sollube, el Styl de Mariano empezó a marear al equipo de Magne con movimientos en Autzagane, a las puertas de Amorebieta. Magne salió todas las veces que se requirió pero cada vez con más dificultad. Marino no cejaba en su empeño, seguía tensando, espoleado por una muchedumbre enronquecida por unos gritos que se le grabaron en el alma. Finalmente Magne cedió. Había sido demasiado. Mariano coronó primero Sollube con un minuto escaso sobre un líder que encontró apoyos por el camino. Magne limitaba los daños y parecía que iba a hacer imposible la hazaña de Mariano. Sin embargo éste redobló esfuerzos.

La caza de Magne parecía estar dando frutos, y el francés llegó a tener a doscientos metros al español. Una fina línea les separaba, una invisible cuerda trenzaba sus destinos. La suerte parecía echada, la hazaña de Mariano parecía más que improbable. Pero entonces, de forma increíble la distancia no solo no disminuyó, sino que se estancó y empezó a crecer de nuevo. La cuerda invisible se rompió. Mariano no rodaba, volaba entre vítores, espoleado por un público que le abría un estrecho corredor hacia la gloria. Tanto grito, tanta carne, tanto hueso, Mariano corría como en un pabellón, un largo pasillo con el cielo por bóveda. Resonaban los jaleos en su oído, casi se podía sentir el eco del momento. Mariano cruzó la meta sita en el velódromo de Ibaiondo con unos cuatro minutos sobre Magne. Cuatro minutos, a los que cabía sumarles tres de bonificación que se llevaba el primero como premio al arrojo y a la apuesta por la victoria. Mariano había ganado la Vuelta al País Vasco con menos de un minuto de ventaja, y lo había hecho en el que siempre recordaría como su mejor día encima de la bicicleta.

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1930 estaba siendo un año indescriptible para Mariano. Con 24 años había alcanzado la cumbre de su evolución física. Su método consistía en cuidarse fuera de competición y en planteamientos tácticos cada vez más acertados dentro de ella. Antes de su victoria más especial, esta de Las Arenas que le reportó la general del País Vasco, había ganado su tercera Volta a Catalunya, en lo que significó su doctorado en la ronda más antigua del calendario español. Hasta la fecha, en casi veinte años nadie había ganado tres veces la carrera; Mariano lo hizo entonces, si bien su proyección iba a ir mucho más allá.

Miguel Induráin: cinco gregarios top

Entre todos hemos escogido los cinco grandes gregarios de Miguel indurain

Gregario, gregarios, qué bonita palabra, para Miguel Indurain fue también clave.

Pedro Delgado, hace  unos años, recordaba uno de los primeros Tour que Miguel Induráin logró terminar, cuando el navarro le comentó al segoviano que no le había parecido tan duro como los anteriores.

«No, Miguel -le respondió Perico-, el Tour es igual, pero tú cada año eres más fuerte».

En ese momento fue cuando, el entonces líder único de Reynolds, se dio cuenta que su relevo estaba próximo, que otro campeón estaba a punto de eclosionar y que tarde o temprano iba a tener que trabajar para él.

Perico, el mejor maestro de Miguel Induráin sobre el asfalto, iba a convertirse en poco tiempo en su gregario de lujo.

Gregario…  ¡qué palabra!

Una profesión de ciclista tan valiosa como poco valorada por parte quizás de algún sector de la afición.

Por eso, hoy, dándole unas vueltas a tan sacrificada labor, hemos querido rendir un pequeño homenaje a lo que nosotros consideramos que fueron los cinco mejores gregarios de Miguel Induráin.

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Seguro que cada uno de nosotros tiene su lista favorita, compuesta por esos hombres que siempre estuvieron al servicio de su líder.

Obreros del pedal orgullosos de su trabajo.

Ciclistas que se encontraron a sí mismos y que no miraron en ningún momento  su puesto en la clasificación.

Corredores que protegían en el llano a Induráin y otros que le preparaban el terreno en las etapas de montaña.

Hombres que después de completar su labor, levantaban el pie para poder continuar con la faena al día siguiente. Y al otro. Y así hasta el final.

Nombres como el del propio Perico, Rodríguez Magro, Abelardo Rondón, Ramón González Arrieta, Vicente Aparicio o su propio hermano Pruden, entre otros muchos, pero para nosotros este es nuestro auténtico Top 5 de gregarios de lujos de Miguel Induráin.

Marino Alonso, de profesión currante

Fiel escudero de Miguel donde los haya. Si hay un ciclista que ha vivido de cerca los triunfos de Induráin en el Tour, este no es otro que Marino Alonso.

Marino, omnipresente en todas las victorias de Miguel (tan sólo abandonó en el Tour del 94), era además, debido a su corpulencia, el encargado de acompañarlo en el pelotón por si éste sufría cualquier percance en forma de pinchazo o caída para cambiarle de manera rápida su bicicleta.

El cántabro/zamorano siempre se supo ganar con su esfuerzo la confianza del pentacampeón navarro.

Jeff Bernard, trabajo de calidad

¿Quién no recuerda la etapa de Hautacam en el Tour del 94?

A pie de puerto, Pantani ataca y se va solo. Por detrás Induráin aprieta a Bernard: «¡más fuerte Jeff, más fuerte!».

El resultado lo recordamos todos.

Gracias a la gran labor de Bernard, Rominger se queda, se aparta y pone intermitente.

Todos se quedan: Ugrumov, Zulle, Zaina, Virenque. Sólo aguanta Leblanc, hasta que alcanzan a Pantani, con el resultado que ya todos conocemos: el francés se lleva la etapa pero Miguel prácticamente sentencia su 4º Tour.

Jeff fue un gregario de auténtico lujo para Induráin,  no en vano decían de él que era el digno sucesor de Bernard Hinault, un corredor completo tanto en montaña como contra el reloj.

Lo consideraron el futuro del ciclismo francés cuando llegó a Banesto. Pero Miguel para entonces ya era el líder único en aquel Tour, el del 91.

En el recuerdo de aquella ronda gala los ataques de Bugno en Alpe d’Huez, mientras Jeff se iba a por él para ayudar a Miguel, quedándose, volviendo a entrar y volviendo a salir a la caza del elegante italiano.

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Armand de las Cuevas, la luz rebelde

Conocido como el gregario rebelde de Induráin, Armand de las Cuevas falleció prematuramente a los 50 años de edad,  pero su nombre quedará ligado para siempre como un ilustre ciclista que fue uno de los hombres importantes del Banesto en dos de los Tours victoriosos de Miguel pero sobre todo, también, en los dos Giros de Italia conquistados por el navarro en 1992 y 1993.

Fue precisamente de la mano de Reynolds cuando el francés pasó a profesionales en 1989 y se dio a conocer entre la afición, ayudando sobre todo a Induráin y de manera decisiva a la consecución de su primer Giro.

Fue al año siguiente, y también en el Giro, cuando Armand empezó a hacer de las suyas, escapándose en una de las etapas con Chiapucci, que era rival directo de Miguel para la general.

Aquel mismo año ya salió de Banesto, ya que no se plegó a su condición de excepcional gregario y, de difícil trato personal,  tuvo que hacer las maletas.

En el Giro del 94 fue cuando exclamó su famosa y misteriosa frase cuando le dedicó «a la luz» su victoria en el prólogo, vistiéndose con la maglia rosa.

Dominique Arnaud, el último gran gregario

El francés Dominique Arnaud, otro ilustre ciclista francés que también nos dejó hace poco tiempo con 61 años de edad y que también nos marcó por su absoluta lealtad y afecto a Miguel Induráin.

Con Dominique, Miguel siempre tuvo su rueda a su disposición.

Otro fiel escudero que con su enorme trabajo de desgaste se dejaba la piel en las primeras decenas de kilómetros de cada etapa.

Una labor muy sacrificada, poco valorada y nada vistosa, pero que siempre cumplía a la perfección y, según dicen, con una sonrisa en su rostro, satisfecho y orgulloso de haber trabajado hasta la extenuación y haberse dejado todas sus reservas por su líder.

Formó parte del equipo que ayudó a la primera de las cinco victorias de Induráin en el Tour, en 1991.

De él han dicho que fue un fiel ejemplo de la vieja escuela de gregarios que quedó sepultada en el olvido y de los que ya prácticamente no quedan.

Gerard Rué, sacrificada labor

Él mismo nos lo decía: «mi trabajo es simplemente sacrificarme por un líder. No hay duda».

En efecto, primero fue con Laurent Fignon, luego con Induráin, del que se mostró orgulloso de trabajar para un ganador de Tour, mucho más que acabar una carrera entre los diez primeros.

Gerard era así de sencillo, un rubio bretón con gafas que soñó alguna vez con ganar alguna etapa del Tour de Francia «pero que enseguida me lo quité de la cabeza, porque en aquel momento era imposible porque yo trabajaba para que Induráin ganase».

Representaba como nadie el sacrificado oficio de gregario  que incluso permitió que, otro compañero trabajador como él, Ramón González Arrieta, ganara la prestigiosa carrera francesa de la Clásica de los Alpes.

Gerard no escondía su admiración por su patrón: «me maravilla su tranquilidad. Ni en la situación que nos parece más difícil se pone nervioso. Cómo calcula y cómo nos dirige», comentaba el corredor que se dejó el alma para cumplir las instrucciones precisas de su jefe de filas el día que prepararon el decisivo golpe en La Plagne.

¿Lo recordáis?