Marcel Kittel y el precio del ciclismo profesional

Marcel Kittel JoanSeguidor

La historia de subida y bajada de Marcel Kittel demuestra lo complicadísimo que es el ciclismo profesional

 

Cuál fue nuestra sorpresa que revisando las imágenes del Criterium de Saitana vimos un rubio, alto, ancho, guapete… sondeamos los nombres y vimos que sí, era Marcel Kittel.

El alemán recién retirado sigue al corriente de las cosas del pelotón, aunque admita que está lejos y ve lejos todo aquello que quizá un día le enganchara de este deporte.

Marcel Kittel sigue teniendo atractivo y predicamento entre el público nipón y para allí que se fue.

Dado que se retiró no hace mucho, aún mantiene cierto tono, otra cosa será el año que viene.

 

La historia ciclista de Marcel Kittel es la más desigual que jamás hemos leído. 

Una historia jalonada por más de ochenta triunfos, no pocos de ellos en el Tour de Francia.

Hubo épocas, no tan lejanas, en las que Marcel Kittel era el coco, sprint donde concurría no había forma de meterle mano.

Él fue quien desplazó a Mark Cavendish de la primera línea y tuvo grandes duelos con corredores como André Greipel, también venido muy a menos, y una llegada increíble contra el velocista y pistard Bryan Cocquard en el Tour de Franca

Pero todo eso queda lejos.

Hablar con Marcel Kittel pondera el factor psicológico en el ciclismo, le agobió tanto todo que dice que no lo extraña.

Le gustó aparecer por Japón, pero ya.

Que el ciclismo es obsesivo en algunos niveles, entiendo que en el suyo, que desconectar era imposible y que hay vida ahí fuera.

Y eso le implicó un desgaste tan grande que su aureola se desinfló como un globo, tocando suelo este periodo de Katusha.

DT-Swiss 2019

 

Ahora Marcel Kittel estudia económicas y espera su primer hijo.

Ahora descubre eso que otros cuentan de la vida normal, que ves tan lejano cuando estás en la burbuja.

Seguir y leer sobre la historia de Kittel, cómo ascendió y cómo su estrella se fue apagando es un recomendable ejercicio que da la medida de lo que muchas veces decimos, que esto, con pasión y como hobby es un placer, en niveles profesionales, el deporte deja de ser salud.

La surreaista historia de Beat Breu

Beat Breu es hoy un mecánico de bicicletas. Para muchos de nosotros este nombre sonará somero, tangencial, sin saber bien dónde ubicarlo, sin tener claro qué hizo o qué motivo le trae a estas líneas. Pero Beat Breu fue una pulga, como los Trueba, pero moderna, más reciente. Su nombre iba siempre asociado a un seudónimo: “La pulga de la montaña”.

Beat Breu es el titular cuyo nombre sostiene el cartel de la curva cartoce de l´ Alpe d´Huez, un estadio, el gran estadio del ciclismo, donde este deporte camina por los derroteros de la historia de fútbol. Pequeño, liviano, sus 57 kilos de hueso y abigarrado pellejo dieron mucho que hablar cuando el Tour empezó a descubrir que el santuario de Huez iba camino de ser el santuario del ciclismo mundial.

En 1982 Breu debutó en el Tour sobre una Cilo de geometrías especiales consecuencia de su paupérrimo físico y pequeño tamaño. Obsesionado con el peso, sumó “ganancias marginales” por cada recoveco de su bicicleta para que ésta pesara lo mínimo posible: manillar sin protección, frenos de plástico,…

Breu, desconocido, se presentó a mundo, ganando en Pla d´ Adet, en el corazón pirenaico. Su salto de calidad llegaría días después. Con su equipo convencido en la la labor de contención, el pelotón de los favoritos llegó compacto a la primera, y brutal, rampa de Alpe d´ Huez. Breu, escondido bajo una nariz que también le valió el apelativo de “Pinocchio”, tenía anotado su ataque para tres kilómetros de meta.

Sin embargo los acontecimientos se precipitan. Zoetemelk no va bien y Robert Alban ataca a fondo. Breu se suelda a su rueda. Es la vida historia de David contra Goliat. El francés, largo y fino, contra el suizo pequeño, “pelotudo”. Pero aquí David lleva las de ganar, la gravedad no ejerce atracción sobre el evanescente Breu, que juega con su rival, le ataca y le espera, le ataca y le espera. A cada acelerón, sobresalto para el director de Breu, que no ve clara la jugada, pero sobreesfuezo para Alban, que acaba claudicando. El pequeño Breu había ganado en la garganta de Huez.

Una prometedora historia que no tendría continuidad. Breu no progresa como se esperaba. En L´ Equipe le llamaron “el nuevo Van Impe”, pero Breu toma otros derroteros y empieza a destacar en ciclocross, donde hace una tremenda fortuna como ídolo local siendo profesional hasta 1996.

Pero la historia es caprichosa y los titulares de gloria deportiva que secundan a Breu toman otro cariz. El ciclista se arruina al invertir todo su botín, más 500.000 francos suizos, en negocios inmobiliarios que llevan a su hermano, Urs, a la cárcel. Beat Breu empieza a ser carne de cañón para la prensa rosa, con sus bodas y casi inmediato divorcio de su primera esposa y la conversión al Islam de la segunda.

Un serial, un rosario que desemboca en la surrealista decisión de volver a competir en 2007 porque dice haber encontrado el elixir de la juventud, el H203, un agua súper oxigenada que no obró el milagro de quitarte veinte años de una tacada. Breu, cansado de tanto trajín y consciente de que sus deudas nunca serán saldadas, acabó por volver a los principios, a la bicicleta, siendo mecánico raso y viviendo ajeno, al mundanal ruido…

(*) Esta historia y otras muchas son el nudo de «Alpe d´ Huez«, la tremenda obra que Peter Coussins ha escrito sobre la montaña más emblemática del ciclismo. Aquí tenéis más detalle.

Raymond Poulidor no sólo fue ciclista

Mathieu Van der Poel- Poulidor JoanSeguidor

La salud de Raymond Poulidor nos tiene preocupados, la suya fue una labor que excedió con mucho la profesión de ciclista

Dicen que el otoño, los días más cortos, los árboles desnudos pasan factura y Raymond Poulidor lo está notando.

Leemos que el astro francés está enfermo y hospitalizado.

Una vez concluyó el Tour de Francia, Raymond Poulidor no levanta cabeza, sufre una especie de fatiga crónica, un cansancio tan interiorizado que ha acabado en el hospital.

 

Sin embargo lo que más inquieta son las palabras de su mujer, Gisèle, que no espera buenas noticias para los días venideros.

A Raymond Poulidor le están practicando pruebas y la familia se teme lo peor.

El campeón francés responde con monosílabos a cada cosa que se le pregunta.

DT-Swiss 2019

 

Decir Raymond Poulidor en Francia son palabras mayores.

Injustamente apodado «el eterno segundo», más que nada porque en la historia hubo otros que lo fueron igual o más veces, Poupou fue el ídolo de la Francia rural en tiempos en los que la gente necesitaba, mucho más que ahora, referentes para seguir tirando.

Así es el Suunto 5, el hermano pequeño 

Dicen que la Francia rural, la más profunda cambiaba de acera si veía a Raymond Poulidor enfrente.

Su rivalidad con Jacques Anquetil fue la de dos visiones de país, debates que hoy están más efervescentes que nunca: apegarse al terruño o mirar más allá.

 

Es curioso que el maillot amarillo que nunca consiguió en el Tour lo vista en cada salida de la carrera durante tres semanas de julio.

Su actualidad además viene por el nieto, Mathieu Van der Poel, de quien afirma el abuelo que es mucho mejor que él, y posiblemente ciclísticamente lo sea, por modernidad, método o lo que sea…

…porque lo que es cierto es que un personaje como Raymond Poulidor es mucho más que un ciclista y un palmarés, es uno de esos regalos que la gente tuvo y tiene cada día que quiere saber de héroes que no llevan capa pero alimentan corazones con su sola sonrisa.

Allez Raymond.

El Mundial de Colombia esconde dos grandes injusticias

Mundial Colombia JoansEGUIDOR

El gran éxito del Mundial de Colombia tiene una cara B

Corren por las redes sociales comentarios nostálgicos sobre el Mundial de Colombia, aquel de hace justo hoy 24 años.

Pocas veces una carrera, un día te marca tanto como aquel.

Fue la hecatombe deportiva para el ciclismo español, hasta la fecha virgen en la consecución de títulos mundiales.

Ni siquiera una figura del tamaño de Miguel Indurain le había dado el arcoíris a España, hablamos del arcoíris más importante, el que cuenta en la vitrina de los puristas, el de fondo en carretera.

Si es que suena hasta bien.

El Mundial de Colombia fue la carrera soñada, la carrera perfecta, ese momento de plenitud deportiva, donde se mezclan todos los sabores de la gloria en una de esas jornadas que quedan, sí o sí, en el recuerdo para siempre.

Oro y plata para Abraham Olano y Miguel Indurain, en una estrategia de equipo perfecta, que sobrevoló las marcas y las casas comerciales, muy por encima, que no tuvo eso que muchas veces se dice de que la casa que paga, manda.

 

España corrió como selección y en esa casa había gente de varias firmas y algunos nunca entendieron lo sucedido. 

Hemos encontrado una entrevista con Abraham Olano de hace cinco años, previa al Mundial de Ponferrada, de la cual queremos recuperar un extracto…

¿Ha vuelto a ver el mundial de Duitama?

Tengo el vídeo, está grabado, pero no lo he vuelto a ver, aunque lo sigo teniendo en la cabeza. Íbamos delante Indurain, Gianetti, Pantani, Pascal Richard y Konychev.

¿Se lo ha enseñado a sus hijos?

Yo no. Mi suegro sí.

¿Hubo cierta polémica en aquel mundial entre usted y Miguel Indurain?

Entre nosotros, ninguna. Las imágenes son claras. Miguel se alegró de mi triunfo, porque era el triunfo de la selección. Si Pantani hubiera tirado a por mí, la carrera se le hubiera puesto de cara para Miguel. Yo hacía más trabajo delante que detrás. Pantani nos hubiera dejado en la subida. Ataqué, nadie salió a por mí, nadie quiso trabajar. Si lo hubiesen hecho, la carrera se le habría puesto en bandeja a Indurain.

 ¿Cómo eran sus relaciones con Miguel Indurain?

Teníamos una buena relación. El problema es que yo corría en Mapei y él en Banesto. Eran dos equipos muy fuertes, con muchos intereses. Corrimos como selección y eso se le olvidó a algunos.

DT-Swiss 2019

 

Las respuestas de Abraham Olano, casi veinte años después reflejan la cara B del Mundial de Colombia, la cara de la emoción del aficionado de verdad, que mira la gesta, el triunfo de uno de los suyos y la vive como propia.

Una cara B que habla de lo injusto que fue el ciclismo con Abraham Olano, un corredor que dio mucho y bueno a este deporte durante su periplo profesional y que aún hoy parece que le debe facturas a no sé quién.

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Olano, tras dejar la bicicleta, fue relegado de sus funciones de «arquitecto» de la Vuelta por las revelaciones de L´Equipe sobre el Tour de 1999, a resultas que su puesto se ocupó con otra persona de la época.

Un poco como el relevo de Petacchi por Garzelli en la RAI, durante el Giro, por las noticias de la operación antidopaje de Austria.

A Abraham Olano nunca se le perdonó desde muchas esferas que ejecutara una táctica que forma parte del ABC de cualquier escuela de ciclismo.

Cuando tienes el mas fuerte de un grupo, en este caso Miguel Indurain, lanza al segundo de abordo para que los rivales se desgasten en la caza.

Eso mismo ocurrió.

 

 

Ni más ni menos.

Por eso, mal rollo cero entre Miguel Indurain y Abraham Olano por el Mundial de Colombia.

En todo caso, una historia de la que sabemos poco, pero sí lo justo para entender qué complicado es todo esto.

Porque si a Olano se le puso la X, no menos ocurrió con Miguel Indurain, a quien cinco Tours y una trayectoria intachable no le sirvieron para mantener una jerarquía y catadura moral muy por encima de los que le rodeaban.

Alguna vez José Miguel Echávarri admitió alguna autocrítica, pero en voz baja.

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Ver cómo el ciclismo español trató a esos dos grandes de la historia nos tendría que hacer reflexionar en el picadero de carne que es todo esto.

Hoy aquellas heridas, nos consta, sigue abiertas, y gente habla de ello con lágrimas en los ojos y voz entrecortada.

Que Abraham Olano no le haya enseñado el vídeo a sus hijos lo dice todo. 

Imagen: MundoBici

Superbagnères fue el mejor día de Pedro Delgado

Pedro Delgado Superbagneres JoanSeguidor

La mejor carrera de Pedro Delgado fue aquella que no acabó ganando

Cuando hoy, año 2019, miramos atrás y vemos las emociones que nos deparó el Tour de hace treinta año, con Pedro Delgado al lado de la extraña pareja Fignon & Lemond, no sabemos si este invento ha mejorado.

Aquella fue la memorable carrera resuelta por ocho segundos, tras tres semanas, entre parisino y californiano, entre dos ciclismos, dos formas entender la vida, que colisionaron en su mejor esplendor.

Pero aquella fue también la carrera de Pedro Delgado, posiblemente, su mejor actuación de siempre y eso que acabó tercero.

Para ponernos en situación hay un nombre pequeño en el mapa, pero enorme de significado, Luxemburgo, aquella salida traicionera que dejo al campeón saliente, el dorsal uno, noqueado ya de inicio.

El retraso de Pedro Delgado en Luxemburgo explica buena parte de la carrera, para lo bueno y lo mano.

«Joder, siempre me recordáis lo mismo, sed un poco originales» nos comentó una vez Perico, inquirido por aquella experiencia.

Pero es que la historia te regala momentos singulares que treinta años después, en el ciclismo el milímetro, suenan a chanza.

 

Y así vemos que aquel arranque arruinó, finalmente, la carrera del campeón vigente, Lemond y Fignon eran muy buenos para andar regalándoles minutos, pero al mismo tiempo le espoleó a la mejor jornada de los llamados «periquistas».

Muy desplazado en la general, la crono por equipos acabó de hundirle en la general, Pedro Delgado sabía que los Pirineos tenían la llave de su regreso al frente.

Tras Cauterets, aquella jornada que presentó a Miguel Indurain en sociedad, dos años antes de hacer la carrera suya por cinco ediciones, en Reynolds, entonces ya con el copatrocinio de Banesto, trazaron la estrategia más agresiva para la jornada de Superbagneres.

Describen Superbagneres en la obra que Libros de Ruta ha traducido brillantemente de aquella edición –Tres semanas, ocho segundos– como una estación humilde, una recta en medio de la montaña, bloques pasados de moda y lugar desapacible.

Pero es que aquel ciclismo era así, más humilde, más humano, mucho más cercano.

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Podríamos decir que Luxemburgo obligaba y la jornada con Tourmalet, Aspin, Peuyrerourde y final en la citada estación tenía que devolver a Delgado a donde le correspondía.

Y se puso manos a la obra, con un ataque de largo radio que tuvo dos compañeros que habla del nivel de las grandes gestas que hicieron el Tour lo que es.

El ciclista de la coleta, el mismo que cuatro años antes perdía inexplicablemente toda una Vuelta en la sierra de Segovia, a manos de Pedro Delgado, Robert Millar entró al trapo, y con ellos el tibio, Charly Mottet, de hecho el mejor clasificado de los tres y líder virtual durante muchos pasajes de la jornada.

 

 

Haciendo camino, los tres firmaron una memorable hoja de ciclismo y antología del esfuerzo.

Un monumento que sigue en nuestra mirada y en el recuerdo, el asidero que nos recuerda que este deporte es bello como ninguno, trasladando la locura por cimas y valles, pueblos, calles, virajes y en cada tramo de esos que la emoción se palma en la cuenta, incluso cuando lo ves por la televisión.

Un calambre de felicidad.

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Perico se distinguía por un ataque feroz e incuestionable cerca de meta, no cuando las vallas, pero cerca, aquella jornada, obligado por una coyuntura tan adversa que lo tuvo fuera de carrera durante días, desterró aquellos ataques con la algarabía de meta ya sonando.

Fue sin duda el mejor día de su carrera, a nuestro juicio.

Le valió para conquistar el podio que finalmente haría suyo, una tercera plaza que pergeña en esa pequeña historia de cábalas sobre cuántos Tours debió ganar Perico.

Eso se lo dejamos a quienes quieran jugar a hacer cuentas, por de pronto recordar aquella jornada es evocar el ciclismo que nos atrapó hasta el día de hoy.

Imagen: Parlamento Ciclista

Aúpa, Pafadnam! (el Induráin negro)

La increíble historia de Hamado Pafadnam, «el Induráin negro», de Burkina Faso a Durango

Nos viene a la mente aquel ciclista que llamaron el «Induráin negro»

«El destino te brinda una gran oportunidad , por fin tus sueños se convierten en realidad.

Aúpa, Pafadnam!

Eres grande como las montañas, dejaste África y sus entrañas, llegaste a Euskadi desde Burkina hasta Durango.

Es la hora, demuestra cuál es tu rango, no estás solo, tienes nuevos amigos, aprenderás con ellos y ellos contigo».

 

Esta es la letra de la canción -un rap- que se puede escuchar en la película documental dedicada a Hamado Pafadnam, el «Induráin negro», como lo empezaron a llamar cuando llegó a Durango (Bizkaia) en marzo de 2002.

Tenía entonces 27 años.

La verdad es que escuchándola resume muy bien la historia de este pedazo de ciclista con un corazón enorme.

A pesar de que cuando llegó al País Vasco no sabía ni leer ni escribir, siempre se comportó con amabilidad y educación, haciéndose querer por todo el mundo y la afición que le apoyaba (aúpa, aúpa!) durante los 6 meses que vivió en Durango.

Era simplemente, «Hamado».

Al inicio del film vemos a Pafadnam entrenando duro en su habitación, mientras afuera llueve, sacándole humo al rodillo y ya equipado con su maillot del Café Baqué, uno de los mejores equipos amateurs del país.

En la siguiente escena ya vemos a nuestro campeón pedaleando rápido por las pistas asfaltadas de su país, Burkina Faso, de los más pobres del continente africano.

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Aquí empieza la emotiva historia de un sueño hecho realidad.

Todo se remonta a otra película española: «El Tour de los hombres íntegros» (2002) centrada en el humilde Tour ciclista de Burkina Faso que gracias a la influencia francesa se viene disputando en algunos países africanos.

Alguien del Café Baqué visionó esta cinta y se fijó en él, sobre todo en sus amargas palabras, finalizado el Tour del 99.

En aquellas declaraciones se quejaba que nunca conseguía ganar la carrera de su país, porque los equipos europeos, mejor preparados, siempre le arrebataban la victoria.

Explicaba que su deseo era poder correr en Europa algún día.

Ese alguien tomó nota y lo invitó a entrenar con el equipo durante seis meses.

 

Pafadnam no se lo pensó y abandonó provisionalmente su país, completamente llano, y las grandes distancias que recorría para conseguir agua o ir a trabajar desde los 7 años.

Llegaba a entrenar hasta 180 kilómetros diarios con un plátano como único sustento.

Al llegar a Durango se encontró de repente con una tierra completamente diferente para él: las costumbres, la comida, la lengua, la lluvia y hasta la nieve.

Pero sobre todo se topó de frente con la dura montaña vasca y con los muy exigentes entrenamientos de su equipo, que lo acogió en su residencia de Txakurzulo, en plena ascensión a Urkiola y en su tramo más duro.

No hace falta decir que el renombrado puerto vasco sería para él su referencia y donde entrenaría duro, ascendiéndolo una y otra vez.

 

Le costó seguir la rueda de sus rivales en la carretera y hasta la de sus propios compañeros, ante la expectación de niños y mayores, todos ellos aficionados, que lo animaban y coreaban su nombre: aúpa Pafadnam! aúpa Pafadnam!

Fotograma a fotograma iremos viendo la evolución de Hamado, sufriendo, haciendo grandes esfuerzos por acabar las carreras en las que participa compitiendo.

Lo que peor llevaba eran las ascensiones a las verdes montañas de la comarca de Durangaldea, en la que los amantes del ciclismo y el turismo disfrutaremos con la visión de un entorno natural incomparable y de gran interés paisajístico: una de las tierras más bellas de Euskadi.

Pafadnam disputaría toda la temporada hasta septiembre, lejos de su pueblo y de su familia.

Al final veremos cómo acabará una carrera entre los mejores.

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Este hecho le animará a volver a su país para cumplir su sueño: ganar el Tour de Burkina Faso.

Lo hará acompañado de algunos integrantes del Café Baqué, auténticos gregarios de lujo que aceptarán el reto de ir a correr bajo el tórrido sol africano, teniendo que soportar temperaturas por encima de los 40 grados.

Lo importante de la peli no es si Pafadnam ganó o no al final aquel Tour, sino como aquella experiencia le cambió a él y a todos lo que le conocían.

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Hoy en día Hamado es mecánico del equipo Café Baqué, es un durangués más y es fan, cómo no, del Athletic.

Philippe Gilbert: El más rápido a este lado del Atlántico

Philippe-Gilbert-Vuelta-a-Espana-Stage-12-Attack---_Justin-Setterfield---Getty-Images Joanseguidor

La super etapa de Guadalajara el da el «Ruban Bleu» de Matteo Trentin a Philippe Gilbert

De Matteo Trentin a Philippe Gilbert, una de las condecoraciones más curiosas del ciclismo…

“Le Ruban bleu” es un premio que cogió cierta volada allá por el siglo XIX cuando las navieras europeas querían atesorar ante la clientela su velocidad en el tránsito por el Atlántico hacia el ya no tan nuevo mundo.

Fue especialmente célebre la rivalidad entre dos empresas cuya sola mención ya pone la “gallina de piel” a los amantes de los cruceros y los símbolos imperecederos del glamour: la Cunard Line vs la White Star Line.

El primer integrante de este palmarés de la navegación fue el Sirius, que cubrió por primera vez el charco atracando en New Yourk en 1838.

Pionero en muchas cosas, periodista, antes ciclista y con tantas opiniones sobre él, como personas conoció, Henry Desgrange quiso hacer el premio “Ruban jaune”, la versión ciclista del lacito azul, aunque de color amarillo.

El premio era sencillo, para el ganador de la clásica o etapa más rápida que siempre superare los 200 kilómetros.

 

Pues bien, la etapa de Guadalajara, la locura desatada a más de doscientos de meta y Philippe Gilbert al frente de los siete azules ha hecho cambiar de manos este símbolo.

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En la lista de éxitos de Philippe Gilbert, esto será anécdota, pero el sólo nombre, la solemnidad de lo francés viste el evento, y en manos de un ciclista de culto, pues más.

Lo cierto es que la París-Tours es coto abonado para el galardón.

En 1936. Gustave Dannels, belga, fue el primero en ser galardonado por ganar la París-Tours, más de 250 kilómetros, en seis horas peladas, eso es a más de 41 kilómetros la hora.

Tuvo varios sucesores hasta llegar al último ganador en Tours, hace un par de otoños Matteo Trentin que hizo 231 kilómetros a 49,6 kilómetros a la hora.

Es curioso, que este listado de doce ganadores (desde Rik Van Steenbergen a Erik Zabel) incluya diez ganadores de la clásica que acaba en Tours, como síntoma del craso error que implicó sacar esta carrera del máximo circuito cuando cada año nos depara un espectáculo digno del ciclismo: paisaje otoñal, la ruta del Loira y competición velocísima con un final siempre emocionante.

Por cierto que un español pisó la luna en este terreno, fue Freire, Oscar Freire, cuando ganó, como no, en Tours hace más de cinco años tras volar a 47,7 kilómetros a la hora durante poco menos de cinco horas.

Ahora Philippe Gilbert se lo pondrá a fuego en el cuadro… 

El eterno encanto de Laurent Fignon

Laurent Fignon JoanSeguidor

Imaginaros un vendaval como Laurent Fignon en este ciclismo que cabe en un excel

Laurent Fignon es un tema recurrente en este mal anillado cuaderno…

El 31 de agosto no es una fecha más. 

Es un símbolo, el final del verano, se acabaron las vacaciones, para una amplia mayoría, y se cruza la puerta de la rutina.

En ciclismo el 31 de agosto significa, desde hace nueve años, la efeméride de la muerte de Laurent Fignon.

Fignon, apellido contundente, fuerte, suena duro, áspero, pero por eso no engaña, se le ve venir.

 

Laurent Fignon era un peligro, un mal necesario, que cada año que pasa, miramos alrededor y entendemos los motivos de porqué lo extrañamos tanto.

Su ciclismo era duro, directo, no aguardaba, no iba con subterfugios.

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Fue un niño prodigio, ganó esos dos Tours, tan fácil, tan rápido, que la época duró poco.

Pero su imagen fue, es icónica, de ese ciclismo en el que un director como el suyo, Guimard, conducía el coche sin camiseta, pelo en pecho y a grito pelado.

¿Qué sería de Laurent Fignon en este ciclismo?

 

 

Su ciencia era total, un ciclista con dotado físicamente, que no hacía las cosas de forma azarosa.

Formó parte de una generación que seguro trascendió al ciclismo.

Laurent Fignon entre el americano que volvió de un accidente de caza que casi le cuesta la vida para ganar dos Tours, Greg Lemond, y Pedro Delgado, Perico, el ciclista que sacudió el ciclismo español al punto de hacer este deporte un asunto de estado, nunca mejor dicho.

Ven a disfrutar del ciclismo en familia a Cambrils… 

Los tres son la punta de lanza de historias increíbles, posiblemente el ciclismo que mamamos de ellos fue el último que conectó con los grandes clásicos.

Con Laurent Fignon, esa lagrimita nostálgica de cualquier tiempo pasado rebrota en la entraña, es lo que hay. 

Aquel ciclismo de Laurent Fignon también tuvo etapas infumables, días de tedio, pero fue el primer ciclismo, y Laurent Fignon, con su eterna antipatía fue un cicerone genial, de esos que cada 31 de agosto recuerdas hasta con cariño…

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Lo recuerdo ahí, en el asiento del copiloto, con la puerta entreabierta y los pies asomando por la ventanilla bajada.

Leía con atención un papelillo, no sé qué ponía.

Te ponías delante de él y no se inmutaba, no levantaba la mirada.

Pedías un foto y lo mismo.

El hombre de cera, vestido de esos colores tan característicos del Systeme U, los avispas les llamaron, en un diseño que el mismo trazó junto a su mentor, Cyrille Guimard para llamar la atención entre el pelotón.

Poco después se levanta. Cruza unas palabras con Charly Mottet y pone rumbo al control de firmas por entre las callejuelas del mercado de Sants.

A su lado, perenne, Sean Kelly, vestido de líder, mira a los ojos a la afición los atiende, firma y se deja querer por las cámaras. Dos mundos, dos personajes, dos leyendas.

Fue muy odiado por una parte notable de la afición. Era el vivo espejo del mal en el pelotón. Se vio atosigado por medio mundo. Su carácter altivo y distante fueron señas de identidad.

“Cuando gané mi primer Tour -en 1983- me convertí en tipo indeseable” admitió en su fenomenal libro.

Pero ahí residió su encanto.

Su laberíntica personalidad se plasmó en las situaciones más inverosímiles en carrera.

Su físico no le acompañó siempre, pero cuando estuvo de su lado, fue incontenible. Se le conoce por atacar en los avituallamientos, quienes le vimos en directo sabemos que eso fue la anécdota, atacó donde pudo y cuando pudo, convirtiendo la victoria de otros en un calvario, pues no había curva que trazar tranquilo con él al lado.

Fue Laurent Fignon, un ciclista de los que marca a fuego, de esos que en este pelotón arrancaría el jodido SRM de los Sky y lo tiraría cuneta abajo. Hoy hace seis años que falleció.

Una pérdida irreparable, un tipo irrepetible, sin duda, alguien del que hablar a nuestros nietos como el ciclista más singular que nos tocó ver en directo y por la televisión.

El corredor del escupitajo a la cámara de televisión, el corredor que ganó un Tour sin preverlo y perdió otro en la misma puerta de casa por ocho segundos, el corredor que fue estafado por los italianos en un Giro, el corredor que puso aire intelectual en el pelotón con esas gafitas y alargada coleta, el corredor que una vez retirado probó cómo se las gasta ASO, cuando engulló sin más la París-Niza que él organizaba, el corredor que siempre llevaremos en el alma porque nunca nos dejó indiferentes.

Imagen tomada de Stars Portraits