Ciclismo en el norte de Gran Canaria, un viaje al fin del mundo

Tuvalum

Acantilados al océano dan una nueva dimensión al amante del ciclismo en Gran Canaria

En la isla de Gran Canaria, el sur muchas veces se lleva los focos de las preferencias de los amantes del ciclismo, desde Maspalomas y sus dunas parten rutas que son calideoscópicas, con mil colores, paisajes y texturas, se entra en lugares como Fataga o se accede al Pico de las Nieves, en el corazón de la isla, dejando otros lugares pendientes en la agenda.

Sin embargo, la entrenadora de triatlón Eva Pérez, con su pausado y cálido acento canario, nos marca otra ruta por el mapa.

Ésta sale desde Las Palmas de Gran Canaria mismo: por donde acaba la Playa de las Canteras y se erige el auditorio en recuerdo de Alfredo Kraus, arranca una carretera concurrida hacia poniente para reseguir la costa norte y todo lo que tiene que ofrecer.

A saber, el tramo de salida no es el más bonito para un aficionado al ciclismo, pero el que lo aborde debe saber que será parte de la quebrada silueta de la costa norte de Gran Canaria, un enclave en ocasiones un poco olvidado.

Esperan al otro lado, sitios que emulan el fin del mundo, lejanos al mundanal ruido, como la Aldea de San Nicolás, y su caserío blanco, al inicio de un valle que se recoge en el mismo océano, tras dejar antes Agaete y entrar y salir en mil bailes hacia el Atlántico.

La salida de Las Palmas de Gran Canaria

Pero permitidnos ir al inicio, a la capital, cuya salida, como decimos, es complicada y densa en tráfico y por tanto no la más placentera, sin embargo la recompensa espera más adelante.

En Cenobio de Valerón tenemos una primera ascensión por una rutita mucho más tranquila y primeros paisajes a modo de entremés de lo que habrá de venir.

La ruta es recta hasta Agaete, por donde la carretera entra en trance hacia La Aldea de San Nicolás, entrando y saliendo hacia el Océano, disfrutando de un terreno único, un premio para los ojos y una tortura peligrosa si sopla el viento.

Luego, a la entrada de la Aldea, veremos como la costa se pierde más allá, como la cola de un dragón que surge de la entraña del Risco Faneque, el que pasa por ser el segundo acantilado más alto del mundo, con sus más de mil metros de caída sin remedio sobre el mar.

La ruta que nos propone Eva se va a los 130 kilómetros y más de 2000 metros de desnivel, una aventura que necesita buen estado de forma, curiosidad por explorar un ángulo de Gran Canaria donde el ciclismo abre en canal lugares donde la civilización es la de los sentidos y la naturaleza más sorprendente

«Es que nos envolvemos en un clima privilegiado -presume Eva-, con buenas carreteras y mejores rutas».

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