Ciclismo en Gran Canaria, la ruta blanca por Fataga

El ciclismo en Gran Canaria es camaleónico por Fataga

 

El amante de ciclismo por Gran Canaria tiene un antes y un después en Fataga, en el término de San Bartolomé de Tirajana, un entorno único con un caserío blanco manchando un verde vergel de palmeras, después de surcar uno de los barrancos más importantes de la isla.

La ruta para llegar hasta aquí sale del sur de Gran Canaria, de Maspalomas, uno de los centros turísticos más concurridos de la isla, y trepa más allá de Fataga, hasta el Roque Nublo, perfiles de piedra allí arriba que suponen uno de los símbolos de la isla.

«Es de inicio una carretera ancha, subida sencilla que en una sucesión de herraduras te leva  a a parte baja de un mirador desde donde se aprecia el primer paisaje de la nuestra marcha, todo desierto. Un poco más arriba tenemos el Mirador de la Degollada de la Yegua» nos empieza explicando Daniel Quintana, ciclista aficionado que trabaja en la Concejalía de Turismo del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria.

Llegamos a Fataga…

Un breve descenso a Arteara nos abre un paisaje que se va tiñendo de verde de abajo arriba, vegetación que llena nuestros ojos y pulmones, cuando la carretera se hace algo más estrecha, una sucesión de curvas nos traslada al «legendario Turini«, aclara Daniel, en referencia al primer gran puerto del Tour 2020.

«Es un pequeño cañón del Colorado» precisa por sus frontales rocosos, de piedra rojiza y perfiles violentos. En Arteara haya una tienda para avituallar agua, hecho que en días de calor es imprescindible, pues aquí los cuarenta grados pueden caer como un mazo sobre el ciclista más experimentado. Ya hasta Fataga no se podría adquirir líquido elemento.

La ruta prosigue hacia el pueblo blanco en un ascenso sostenido, de carretera buena y ancha y alguna curva que nos recrea el paisaje desde todos los ángulos.

En la entrada de Fataga, una gasolinera puede proporcionaros el agua necesaria, que lo será por que el paso por el pueblo dispara la carretera hacia el cielo: «Son seis kilómetros de subida y curvas cerradas. El calor puede ser plomizo, es importante. Luego vendrá el descenso hacia San Bartolomé de Tirajana«.

«Tunte» será un nombre que veamos mucho en la ruta, es la denominación aborigen de San Bartolomé de Tirajana, punto donde arranca una nueva subida, violenta en algún momento para subir y subir hasta la Cruz Grande, dejando atrás el Valle de Fataga, por una carretera en la que los ciclistas vienen y van. Son mil metros de altitud y subiendo, pues el que prosiga acabará con el Roque Nublo en el paisaje, como dijimos uno de los emblemas de Gran Canaria, al otro lado del Pico de las Nieves, y meca para quien ame el ciclismo.

Recuerdos de ciclismo en Gran Canaria

Daniel quiere volver por el lugar, y recordará las famosas salidas de la llamada «Peña del Obelisco», un grupo de ciclistas de la capital, Las Palmas de Gran Canaria, al norte de la isla, que recibieron ese nombre por que quedaban todos los domingos a primera hora en la plaza del Obelisco.

«Si aquel día se decidía ir a la presa de las Niñas, teníamos asegurada a vuelta entera a la isla y el paso por Fataga era mágico»

 

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