El ciclismo que no quiso ver Hein Verbruggen

Dicen que el ciclismo que se estilaba hace un cuarto de siglo era una especie de malabarismo, un caminar en fino alambre que acabó en tragedia. Fue el engorde artificial del pavo, una especie de úlcera de dentro hacia afuera que cuando fue visible ya era demasiado tarde.

Muchos sitúan el origen del mal ese día en el que, en la frontera entre Bélgica y Francia, un masajista del equipo Festina, dirección Dublín, de donde partía el Tour, fue pillado por la gendarmería cargado de productos dopantes. Aquello abrió el festival y todo lo que vino después.

La bola de nieve de acontecimientos la tenemos más o menos clara: caso Festina, expulsión de Marco Pantani del Giro de Italia -con mil especulaciones sobre los motivos-, el raid de San Remo, la grosera racha de Lance Armstrong, la Operación Puerto,…

Todo eso, más que nos duela, es ciclismo, es historia del ciclismo y demostró que la trampa y la adulteración estaban tan instaladas, se trenzó de tal manera con la rutina que cuando todo explotó muchos no dieron crédito. Un ciclo de EPO era tan parte del entrenamiento como el gimnasio, las series o cuidar lo que se comía.

De esa época creo que se aprendieron muchas cosas, otra cuestión es que se haya aplicado lo aprendido. De esa época se han dicho muchas cosas, y casi todas tienen el apellido del entonces presidente de la UCI, Hein Verbruggen, una persona que a mi entender caminó por principios muy diferentes a quienes amaban realmente el deporte limpio.

Verbruggen no escatimó ataques a todos aquellos que no sirvieron a sus intereses, y su papel en la “escalada armamentística” que protagonizó Lance Armstrong estuvo, y sigue estando, muy en cuestión. Yo no sé si el mandatario neerlandés quiso alguna vez el ciclismo más allá del show business que vio en él, de lo que no cabe duda es que todo aquel que cuestionara su papel se iba avergonzado para casa.

Y no sólo periodistas, Christophe Bassos o Filippo Simeoni, aquel italiano humillado por Armstrong en pleno Tour, fueron corredores que se cuestionaron la esencia de los sucesos y se llevaron la reprobación generalizada. Verbruggen instaló la caza de brujas sobre quien cuestionara su “savoir faire”, omitiendo el desastre que este deporte vivió hace unos diez años, punto culimante, yo creo, de la campaña de descrédito que el ciclismo se granjeó y que sin duda ha arrastrado en forma de estigma durante tante tiempo, pues dentro del imaginario popular, el ciclismo sigue siendo el deporte del dopaje y la trampa.

Descanse en paz Hein, el mandatario que no quiso ver ese ciclismo cuyo recuerdo aún nos amarga la existencia.

Imagen tomada de Trending Topics Mexico

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