Las lecciones de Quini

El deporte de hoy es muy diferente al que vivió Quini

Enrique Castro, llamado “Quini”, es parte de mi paisaje de infancia, como otros, como Maceda, Santillana, Julio Alberto, Arconada, Migueli, Juanito…

Tiempos en los que el ciclismo también nos tocó el corazoncito con Perico, con Millar, con Pino.

Ciclistas eminentemente domésticos, porque entonces ver la Vuelta a España era lo más, incluso por encima del Tour. La parabólica era un sueño lúbrico.

Como digo ciclistas domésticos, porque eran eso, ciclistas de carne y hueso, de maillots que no absorbían como los de ahora, con bicicletas que eran hierros, con directores que a veces aparecían sin camiseta, con metas donde se les requería…

El deporte de Quini era cercano y real

O salidas en la que se apoyaban en los coches, hablando entre ellos, atendiendo al curioso aficionado, hablando de tú a tu a periodistas, que a veces hasta les asaltaban en la intimidad del masaje. Un asalto convenido.

Eso ocurría también en el fútbol, cuando los héroes no vestían las mejores prendas, cuando se les podía ver en restaurantes mundanos, conviviendo con el maitre, el camarero,

Cuando se les adivinaban los sentimientos y no vertían su vida en las redes,

Cuando todo era más real, más tangible, más humano.

Ese fútbol, aquel ciclismo, es el de la época de Quini. Era mucho peor para el deportista de a pie, hoy mucho más “entre algodones”, pero era mucho más atractivo a ojos del niño que perduraba en su inocencia.

Hemos convertido el fútbol, el ciclismo, el deporte profesional en algo tan caro, tan sofisticado y complicado que a veces es hasta imposible mantenerlo o hacerlo rentable. Y ocurre que cae en manos de caprichosos magnates y emires.

El ciclismo se ha vuelto tan caro que…

Hemos retorcido tanto la realidad, hemos llegado a un extremo, donde la bicicleta interesa más que el plan de entrenamiento o el mero sacrificio que se le supone a un ciclista. La fotografía en redes, el vídeo va en el lote.

Si no apareces, no existes, si no lo cuelgas, no lo has hecho.

El fútbol de Quini, el ciclismo de los tiempos de Quini era otra cosa.

No quiero pecar de nostálgico, que estas piezas a veces flojean por ese lado, pero la realidad es esa.

Y es una realidad que nos describen algunos actores, dígase Wiggins, que han contribuido a parapetar al ciclista y la estrella como si fuera una excepcional obra de arte imbuida en una campana de cristal reforzado en un museo.

Por eso cuando oigo lamentos por Quini, por su pérdida y por lo que fue y significó, no puedo menos pensar en qué nos hemos equivocado para hacer que esto, que no es más que deporte, se haya complicado tanto.

Imagen tomada de Daniel Riobóo

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