Los ciclistas más hateados

Laurent Fignon JoanSeguidor

Diez ciclistas que pasan por ser de los más hateados de la historia

Hace unos años recuerdo en un foro ciclista leer sobre una circunstancia que hasta entonces ni me había planteado, ciclistas hateados, la posibilidad de «odiar» a un ciclista por mil razones, por que te negó el saludo en una línea de meta, por que no tiene tu forma de pensar, quizá te bloqueó en redes -un saludo a JJ Rojas- o sencillamente no te gusta cómo corre.

La conversación en sí giraba en torno a Iban Mayo y Paco Mancebo, ya ha llovido, si el primero se llevaba buenos elogios, el otro cargaba con la cruz de correr de forma conservadora.

Hubo uno que, refiriéndose a Mancebo, dijo: «Es el típico ciclista que odio«.

Aquello nos impactó, ¿cómo es posible odiar a un ciclista, cuyo oficio nos despierta admiración y cariño en idéntica medida?

Pues sucede y nosotros hemos pensado en diez nombres, varios de ellos recientes, que ha despertado lo peor de los aficionados, sobretodo en estos tiempos en los que, como vimos al inicio del Tour, el espectador está muy encima de si se «fuman» o no una etapa.

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Si nos vamos a los clásicos, el «ganador más desgraciado de la historia del Tour» fue Roger Walkoviak, quien vivió en una suerte de maldición amarilla con cientos de aficionados y medios de comunicación echándole en cara ganar la mejor carrera casi de carambola, como si el humilde ciclista francés tuviera control sobre la suerte de la misma,

Se acuñó la expresión «ganar a lo Walko» por él y pasa por ser el primero de los ciclistas hateados de la historia

Pasan los años y un tipo que no dejó indiferencia y que calló muy gordo durante mucho tiempo -un servidor iba a la Escalada de Montjuïc y le silbaba a su paso- fue Laurent Fignon.

En carrera debió ser odioso, lo mismo que en el trato con la prensa y la afición, cosa curiosa, por que hoy valoramos con mucho cariño su legado y recuerdo, admitiendo que lo necesario que sería en el ciclismo actual un tipo cono él.

Con Fignon, creció Bjarne Riis, el calvo que para muchos sacó a Indurain del palmarés del Tour, como si no hubieran otros nueve corredores entre el danés y el navarro.

Riis despierta muchas antipatías y carga casi en monopolio por una época en la que las aberraciones estuvieron al orden de día

Incluso hoy, la concurrencia celebra que haya dejado la estructura del NTT, que curiosamente encontró viabilidad cuando él abandonó el barco.

El siguiente «odiado», aunque amado, no sé si en la misma medida, es Lance Armstrong, cuyo principal pecado fue querer volar tan alto, que olvidó quien dejaba en la cuneta y le pasó factura.

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Tiempos recientes…

Empezaríamos por un ciclista que en este mal anillado cuaderno siempre ha caído de pie.

Tipo especial, que se metió en algún Tour con guardaespaldas, Cadel Evans fue la pesadilla de los que entienden esto como un juego de valientes y al ataque, pero al margen de esta consideración, la gente olvida con frecuencia que al australiano le tocó jugársela contra una generación muy complicada y sacó muy buenos resultados.

Si no corría más es porque no le quedaba, eso siempre lo tuvo, no dejó nada por dar cuando la carrera le pedía marcha.

Otro australiano que se ganó buenas antipatías fue Simon Gerrans, el carterista de Egoi Martínez en aquella etapa del Tour, pero que con el tiempo perpetró una serie de victorias que disgustó a rivales y aficionados.

Olvidan que nadar y guardar la ropa es una virtud muy apreciada también en ciclismo y Gerrans era especialista, casi tanto como Rui Costa, el eterno segundo en todos los grupos donde va, rara vez le dio el aire.

Nairo Stelvio Giro 2014 JoanSeguidor

Aunque sus mejores años parecen haber quedado atrás, Rui Costa pasó una racha de auténtico «killer» con un mundial como joya de la corona despertando muchos comentarios por su forma de correr.

En Nairo Quintana acaban muchos caminos, uno el de la pasión exacerbada de lo suyos –el otro día nos explicaron que lleva a al afición colombiana a ser tan ruidosa-, el otro el de quienes pensamos que este ciclista hace tiempo que perdió la magia.

Siguiendo por lo segundo, Nairo Quintana ha sido, quizá ahora ya no tanto, uno de los ciclistas más «hateados» en redes, con apodos que hablan de su forma de correr, siempre con el rabillo del ojo mirando al lado, pendiente del rival, cosa que exacerbó a algunos en la ruta como Dumoulin o Yates.

Ha puesto el codo en un destacado sitio para la anatomía del ciclista.

Un corredor que abre mares por donde pasa es Mark Cavendish, campeón del mundo, cientos de triunfos pero con una ristra de sprints que habla de un personaje que ha puesto la victoria como la prioridad en su trayectoria, al punto de sacar del sprint a rivales cuando se veía superado.

Ello no quita para que hablemos de una leyenda.

Y uno para terminar, Rafal Majka, un ciclista que ha hecho del puesto virtud, que en su día fue un buen gregario de Alberto Contador, pero que con el tiempo se hizo un especialista en salvaguardar lo suyo, por mucho que fuera un top ten en una grande, por que etapitas hace años que caza.

En el Giro, el Bora fue uno de los equipos que tuvo dos corredores entre los mejores, la colaboración entre Majka y Konrad fue inexistente… al fin y al cabo el polaco ya estaba de salida.

Son diez, a nuestro juicio, alguno querríamos haber metido, alguno como Vanmarcke, Porte, Andy Schleck… en nuestro caso, pero no hay sitio para todos.

#Top2020 Julian Alaphilippe sólo puede gustarte

Julian Alaphilippe

Alaphiippe se ha propuesto ser y ha sido protagonista del año

Sabemos que con Julian Alaphilippe sucede una singularidad: la palabra indiferencia no existe en su diccionario, pero tampoco entre la afición cuando su nombre flota en el ambiente.

No será el mejor ciclista del mundo, tampoco en muchas de las facetas que componen este deporte, pero resulta omnipresente y abrumadoramente eficaz, un tipo de mirada que le delata que en tres meses de competición, ha protagonizado varios momentos top, sin olvidarnos que suya fue, allá por marzo, en una tarde de domingo lluviosa y heladora, la última gran exhibición ciclista antes del confinamiento.

Aquel Alaphilippe puso el cascabel al pelotón en la primera etapa de una París-Niza que no llegó ni a Niza, y ese mismo Alaphlippe ha sido protagonista estelar en la reanudación, desde su acoso a Démare en el campeonato francés y la derrota de San Remo ante Van Aert, al capítulo final en Flandes con el motorista.

Y aunque caigamos en el riesgo de volver sobre temas aquí ya escritos, la virtud de Julian Alaphilippe, al margen de la calidad que atesora, es la de estar, siempre aparecer, siempre dar que hablar, y eso en ciclismo entendido con la óptica clásica, no acaba de ser bueno, pero en el presente de redes sociales y gente despachando pasión, inquina y rabia a partes iguales, no es bueno, es buenísimo, significa alargar la inversión, hacerla más rentable, su cabe, y ponerla en valor.

Por eso no es sencillo pasar de puntillas sobre el fino francés y no torcer el gesto, sea para bien, sea para lo contrario.

Su campaña ha tenido de todo, en lo deportivo, pero en lo otro, ay en lo otro, ha sido casi el el hilo conductor de gran parte de lo noticiable que ha sucedido.

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Él por de pronto se sacudió la presión casi de inicio, el primer fin de semana de Tour, aún en Niza, sacando el manual de San Remo para ganar su etapa y el amarillo antes que la carrera hubiera roto a sudar.

Una pieza que estaba claro no le iba a durar hasta el final –pensar en el francés como aspirante al Tour no es objetivo– y que perdería por un avituallamiento de esos que demuestran que ni siquiera las figuras, pero tampoco los equipos, se saben el reglamento como deberían.

En todo caso, el Tour no acabaría para él: estuvo omnipresente, escapado casi todos los días, reventando, sucumbiendo al estrés de competirlo todo como si la vida le fuera en ello, pero sabedor que sus mecenas le estarían muy agradecidos.

Vestía, esos días, sin saberlo, por última vez en un año los colores del Deceuninck pues en el Mundial de Imola fue sota, caballo y rey.

La fórmula de San Remo que no le funcionó con Van Aert pero sí en el Tour, en Niza, le sirvió en la Emilia para llegar sólo al circuito de velocidad y calarse el arcoíris.

Julian Alaphilippe le dio a la prenda irisada el estreno más surrealista posiblemente de su historia protagonizando una Lieja-Bastogne-Lieja de inicio a fin, llevándose las fotos en la salida y en la meta, abajo en el Boulevard, celebrando un triunfo que perdería dos veces: la primera por que Roglic no cejó hasta el final y el ganó en el golpe de riñón, por celebrarlo antes de tiempo, y la otra por el jurado que le vio perjudicar claramente a Marc Hirschi, el suizo que ha emergido para hacerle sombra.

A las dos semanas, el desordenado calendario finalizó en Flandes, tras armar la escapada clave y lanzar a los favoritos Van Aert y Van der Poel y acabar en el suelo por no esquivar una moto de carrera.

Incluso con dolor y cara de espanto, Alaphilippe no paró de figurar, de estar, ahí siempre, como el hilo que trenzó la temporada más trepidante de la historia.

Por sus piernas, sus carantoñas, sus trazadas imposibles, y los riegos que en ocasiones reparte por el grupo pasó una buena parte del ciclismo que hemos visto este veinte veinte.

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Es tentador decir que Jan Ullrich fue un juguete roto

Jan Ullrich JoanSeguidor

La historia de Jan Ullrich esconde uno de los grandes talentos jamás visto

En este inicio de diciembre de escalada-desescalada, que no sabemos ni a dónde vamos, celebramos el cumpleaños de Jan Ullrich…

Hijo de la Alemana del Este, de Rostock, allá arriba, en las orillas del Báltico, Jan Ullrich fue un prodigio, quizá el que más se pudiera equiparar en cualidades a Miguel Indurain en treinta años de ciclismo.

Un motor de gran cilindrada que sin embargo gripó ante la aventura de la historia y el juicio de los años.

Ese corredor, siendo aún un imberbe pelirrojo, subió al primer podio de un mundial contrarreloj, en Sicilia, para acabar siendo ariete en el fin del reinado de Indurain.

En el Tour de 96 se abrió un periplo de unos diez años en los que Jan Ullrich nos ha regalado grandes momentos, mezclados con sonoros fracasos sociales y personales, que han culminado en la persona que es hoy, un personaje que ha llenado líneas de sucesos, tristes y alejados de aquella grandeza que demostró sobre la bicicleta.

Una grandeza que no sólo se resumió en la victoria, también en la derrota, como esa meta de Luz Ardiden en la que tendió la mano a Lance Armstrong, manifiestamente invulnerable durante todo el Tour.

Una grandeza que evidenció en la misma subida, un par de años después cuando, después de apretar al americano en el Tourmalet, la caída de éste con Iban Mayo fue suficiente para mandar parar.

Y paró, lo hizo sin temor a las consecuencias que le llegaron acto seguido, cuando Lance se fue a por el quinto Tour, que no sale en los anales, pero que recordamos perfectamente.

¿Cuál fue el mejor Jan Ullrich de la historia?

Si no hablamos de rendimiento deportivo, y sí de fidelidad con lo que fue y consiguió una fotografía general, a entradas y salidas del estrellato, con capítulos de todo tipo.

Su explosión en el Tour que gana su compañero Riis y acaba segundo habla de ese motor que, aunque trucado, fue único.

Un motor que le dio para ganar el último Tour de un ciclo que hoy vemos con escepticismo y me gustaría llegar que con lejanía.

Tour de Francia - Jan Ullrich
Pinterest

Cuando Jan Ullrich sacó las pegatinas a Pantani y Virenque en una subida como Arcalís quedamos alucinados, cuando los lanzó al espacio sideral en la posterior crono, conmocionados, pero lo mismo que al pelirrojo se le daban bien las exhibiciones, también le hacían pupa las lagunas que surgían en algunas carreras.

La jornada aquella de los Vosgos, con medio Festina delante, le salvo la cortedad de miras que muchas veces marcó la carrera de Virenque.

Al año siguiente inició su filtreó con la segunda plaza del Tour, aunque resuenan los truenos de la exhibición alpina de Pantani y los fuegos artificiales posteriores de Armstrong.

Estos fueron los compañeros de viaje de Jan Ullrich, está todo dicho, como le preguntábamos a Haimar hablando del Euskaltel, sobre estos mismos y Vino y Hamilton.

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Fue una generación que queramos o no escribió páginas de ciclismo que quedan en la memoria, páginas intercaladas con esos escándalos que acompañaron este talento sin igual.

Accidentes de coche, problemas de alcohol, de drogas y follones con el vecindario una vez colgada la bicicleta.

Ullrich llegó con estruendo al estrellato, dejó el ciclismo con el pie cambiado, vinculado a un galeno especializado en ginecología identificado en una lista de apodos que no encontró obvias relaciones con otros, y con el escándalo a la espalda.

¿Fue un juguete roto?

¿El ciclismo contribuyó a ello?

Cada uno tiene su opinión, la verdad sólo la sabrá él, otra cosa es que su image nos trae el recuerdo de uno de los ciclistas más dotados de los últimos treinta años.

#Moment2020 El amor de Van Aert por la porquería

Wout Van Aert JoanSeguidor

Van Aert empezó por la Strade el temporadón que acabaría firmando

¿Por qué triunfa la Strade Bianche atrayendo talento del nivel de Wout Van Aert?

En el ciclismo contemporáneo ya no hablamos de ciclistas de esto o de aquello, lo hacemos de atletas circulares, que podrían estar compitiendo los doce meses del año, pues su habilidad y capacidad sobre una bicicleta les da para un ciclocross, una madison, una clásica de primavera e incluso plantearse la carrera olímpica de BTT.

Así aterrizaron hace tiempo pistards que, ante la incredulidad de todos, empezaron ganando sprints para finalizar de amarillo en París, otros abrumaron en descensos y en maniobras imposibles con una técnica que no venía de la carretera, también los hubo que salieron airosos de pruebas sobre tierra, aquella famosa etapa del Giro de hace diez años, el sterrato, con un tipo Cadel Evans, marcando estilo, y otros menos conocidos pero depurados en el manejo de la flaca, John Gadret ahí estuvo.

El francés marcaba el camino, ciclocrossman de invierno, como Mourey, como Venturini o Franzoi, luego les siguieron otros como Lars Boom y Zdenek Stybar.

Y entraron los niños prodigio, Van Aert y Van der Poel para ir más allá, vuelta de tuerca, rompiendo techos de cristal.

Por eso decimos que a Wout Van Aert le gusta la porquería.

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Nos podemos imaginar al belga en junio y julio, ansioso por volver al redil, los números le iban acompañando y la confianza al galope de ellos.

Su forma explotó en la primera carrera que tuvo ocasión, en la Strade Bianche después de la primera ola de una pandemia que tuvo a Italia en su kilómetro cero, Van Aert quiso hacer «il Belgio», pero al revés.

La carrera se pronosticó muy diferente a la que habría tenido lugar en marzo, se imaginó seca, calurosa y agobiante, tragar polvo en suspensión, polvo caliente, iba a ser una constante, mientras esas mismas partículas entraban concienzudamente en cada recoveco del ciclista, su cuerpo y la máquina.

Van Aert ganó la Strade como sólo podía hacerlo, en solitario, saliendo airoso de cada selección y dando el golpe entre campeones, el italiano, Formolo, y el alemán, Schachmann.

En la meta de Il Campo, las diferencias hablan de la brutalidad de la Strade de verano, si quitamos a los tres primeros, en un lapso de medio minuto, el resto ya se fue lejos, para dejar al décimo, Diego Rosa, a más de siete minutos de Van Aert.

Wout Van Aert JoanSeguidor

Que Wout Van Aert ganara la Strade era algo que estaba escrito desde el primer día que la conoció, un terrible día de marzo, lluvioso y frío en el que se atrevió a correr a cuchillo ante grandes nombres para llegar roto a  lo alto de Siena, tanto que acabó como refleja la foto.

Una imagen que habla de ese nuevo «viejo ciclismo» que hoy se lleva.

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¿Quién es el mejor vueltomano español?

Ciclismo español

Entre Landa, Bilbao y Mas nos quedaríamos con el primero

En España el ciclismo de grandes vueltas sigue pensando, y mucho.

La historia de la que bebemos la tenemos ahí, los grandes nombres se hicieron de este tamaño en competiciones de tres semanas entre Francia y España, con algún paréntesis en Italia.

Desde que Mariano Cañardo pisara el podio de la primera Vuelta a España, en un milagro de carrera, los nombres se agolpan en la memoria y los recuerdos, al punto que, en este lado de los Pirineos, la campaña ciclista se resumía, y para muchos se sigue resumiendo entre la Vuelta y el Tour, con alguna mirada al Giro .

El año que concluye lo hace sin ciclistas españoles en el podio de una gran vuelta, una ausencia que llama la atención y describe el paisaje de escasez en el que el ciclismo español se ha adentrado desde hace algún tiempo.

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Es curioso, por eso, pues si contamos los top 5 de las tres grandes veremos que el ciclismo español sale bien parado con cuatro de las quince plazas en concurso.

Ponedle los dos quintos puestos de Enric Mas, sumarle el de Pello Bilbao en Giro y el cuarto de Mikel Landa en el Tour.

La estadística es curiosa, pues numéricamente se supera a Eslovenia, con tres top 5 y a Australia y UK, con dos, aunque no esconde que el centro de gravedad de las grandes vueltas ya no es cosa del ciclismo español, tan acostumbrado a ir copando las tres semanas, en especial en años no tan lejanos.

¿Quién es el mejor vueltómano español?

Si hace unos años la cosa andaba entre los tres de arriba Contador-Purito-Valverde, para mí el primero de los citados era el mejor dotado para las grandes vueltas, y los números lo corroboran, ahora el paisaje aparece más igualado.

Si hablamos de un vueltónamo español por excelencia, ahora mismo lo vemos entre Mikel Landa y Enric Mas, y posiblemente Pello Bilbao, con una salvedad, la edad que indica que si el alavés está tocando techo, el mallorquín debería seguir creciendo.

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Y es en estos dos extremos donde encontramos los dos mejores exponentes.

Mikel Landa es electricidad en la carretera, un día, no hace mucho, dijimos que tal vez no le veamos ganar nunca una grande y seguimos pensando lo mismo, pero ello no le quita valor a una secuencia de resultados que damos por amortizada, pero que tiene mérito, pues tener un podio en el Giro más dos cuartos en el Tour habla de un outsider que a poco que las cosas se alineen puede dar un susto.

Sus problemas de primera semana le han lastrado y han propiciado completas remontadas, como si Mikel Landa nos dejara siempre con ganas de más.

Y no lo ha tenido mal estos años, pues el Tour, especialmente, ha diseñado recorridos que iban con su perfil, casi sin crono y con mucha montaña, pero algo debe pasar en esa cabecita o en esas piernas cuando todo se dispone para que vuele, y los plomos se funden, como sucedió en el Col de la Loze.

Aquel día lo salvó tras haber sido el único favorito en proponer algo diferente ante los Jumbo de Roglic, no salió, como tampoco salieron las remontadas de los Pirineos hace uno y dos años.

Y claro, con el paso de los años, el beneficio de la duda se disipa.

En este estadio estaría ahora Enric Mas, un corredor tan fiable, tanto, que consume los días como esa sombra que siempre aprecias entre los mejores sin que destaque ni por delante ni por detrás.

El mallorquín está en las antípodas de Landa, fija su posición y navega en ella presa de la grandísima igualdad que existe entre los mejores.

Su problema, y lo vimos en la Vuelta, es que en un ciclismo de bonificaciones en subida desde la primera etapa no tiene la explosividad que requiere la situación, perdiendo un tiempo que ya en la última semana es imposible abordar.

Mucho más completo que Landa, Mas sería la apuesta fija ante el doble o nada que muchas veces propone Landa.

Si miramos el ciclismo con emoción diríamos que el vasco es el mejor vueltómano, si lo miramos con un excel en la mano, iríamos al mallorquín.

Y si lo apreciamos con admiración, Pello Bilbao, que se cascó un Tour y tuvo arrestos para estar soñando con el podio del Giro hasta el final.

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Cada estrella colombiana tiene una gran historia detrás

Rigoberto Urán JoanSeguidor

Razones para explicar el desmedido entusiasmo por el ciclismo colombiano

¿Qué le pasa al aficionado del ciclismo colombiano, que al tiempo que glorifica a sus ciclistas, también los lapida?

¿Y por qué muchos los defienden, casi religiosamente, a capa y espada independiente de la derrota o victoria?

Inevitablemente, las condiciones sociopolíticas de Colombia han estado ligadas al ciclismo.

Todos los países han tenido problemas, guerras, dificultades… pero no sabría decir si el caso colombiano es singular.

Y es que cuando nació la Vuelta Colombia en 1951 fue en medio de una guerra civil llamada “La Violencia”, época en que se produjo el “Bogotazo”, el asesinato de un líder liberal con aspiraciones presidenciales en 1948, desencadenando un conflicto con un saldo de más de 3.000 muertos.

El ciclismo pasó entonces a ser un bálsamo necesario para olvidar la cruda realidad, entonces con los escarabajos rápidamente empezaron las hazañas no sólo dentro del país, también en el exterior.

Con la Vuelta a Colombia las noticias cambiaban, la realidad del país estaba puesta en estos hombres que competían por regiones, pero las rivalidades se solventaban encima de la bicicleta y no de otras maneras.

En los ochenta, en tiempos de Miguel Ángel Bermúdez, el ideólogo de llevar un equipo amateur al Tour de Francia, Colombia pasada por la época de Pablo Escobar, y con ello, por el narcotráfico, del que los ciclistas no fueron ajenos a ello, y más aún, dentro de circulo ciclístico se encontraba el hermano de Pablo Escobar, quien también fue ciclista profesional y luego director de equipo.

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Efectivamente, una relación peligrosa con este deporte, que cobró con cárcel y con la vida a más de un escarabajo que quiso probar la gloria no con sus piernas sino como mula.

Gonzalo Marín, ganador de varias etapas en la Vuelta a Colombia, fue uno de los ciclistas que perdió su carrera y su vida, producto de negocios en este mundo ilegal.

Alfonso Flores, uno de los ciclistas más recordados por ganar el Tour del Porvenir en 1980 fue asesinado por sicarios, sin que su crimen se resolviera.

En el libro de Matt Rendell «Reyes de la Montaña» se dice que fue porque pasó de triunfos en la carretera a triunfos de corazones con dueño, líos de faldas con narcos que no perdonan.

Volviendo a Miguel Ángel Bermúdez, éste se salvó de un atentado de un “carro bomba” que se vincula a la venganza por expulsar al hermano de P. Escobar de un evento ciclístico en el que él iba como reportero.

Consecuentemente, el recelo y la desconfianza caía a todo colombiano que llegara al exterior, estigmatización que aun persiste en nuestros días, lo cual es motivo de vergüenza.

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Pero afortunadamente hay gran potencial humano de calidad (no sólo en los deportes, también en las simples relaciones interpersonales), buenos representantes que logran limpiar la imagen en el exterior y romper la estigmatización que por décadas se ha ganado la mala fama.

Y a pesar de las condiciones sociopolíticas y culturales de Colombia, sus habitantes están orgullosos de haber nacido en este país, sí, un país “tropical” donde el sol brilla 365 días sobre el firmamento, incluso a 2600 metros o más: tal vez esa seguridad de que el sol va a estar al día siguiente es la forma como se acepta el paso del tiempo.

Pero para esa condición de esperanza, el colombiano medio debe aferrarse ya sea a pequeños o grandes detalles, de su familia, de sus amigos, de la variada geografía y clima del país, de la misma espiritualidad, siendo un país mayoritariamente católico, aunque con huellas de un pasado indígena que consideraba sagrados los cerros y las lomas en donde pensaba vivía alguna divinidad.

Por eso es frecuente encontrar en la cima de alguna montaña o cerro de Colombia, una cruz o virgen como sitio de peregrinación y a la vez paso de rutas ciclistas.

Y como dice Matt Rendell, la escalada en una sociedad fervientemente religiosa, se convierte en un peregrinaje para el alivio de penas por medio del sacrificio que implica llegar a la cúspide y luego la redención.

Parecería que el mismo país en sí mismo es un cerro empinado que hace moler las piernas y sufrir a quien lo sube para luego llegar a lo alto y descansar con satisfacción, con la esperanza del sol del nuevo día, así se repita una y otra vez.

DT-Swiss Junio-Agosto

 

Sea como fuere, un aficionado colombiano se aferra con esperanza a la mínima gota con la que pueda saciar la sed de felicidad y alegría tan buscada por el hombre, en medio de un desolador panorama en donde diariamente se registra un hecho violento.

Por eso se aferra a la alegría y a la felicidad que genera el ciclismo colombiano, para él es motivo de orgullo, pues detrás de cada ciclista hay una historia de resiliencia y superación ante las dificultades y ejemplo para muchos jóvenes que lo necesitan como imagen, de que se puede hacer las cosas muy bien sin necesidad de coger malos caminos en la lucha del diario vivir.

Si uno indaga en la motivación que lleva a un ciclista verá que no sólo será por las oportunidades económicas, reconocimiento o fama, o porque simplemente sea bueno, se suma que, ante las presiones diarias de la sociedad colombiana y el constante bombardeo de noticias desalentadoras en términos sociales, influye la sensación de catarsis y libertad que proporciona la bicicleta.

Historias de superación como Rigo, al que paramilitares le asesinaron su padre, o como la de Higuita quien “se libró por uno minuto de un tiroteo a la puerta de su casa en el que murieron tres niños de su edad, 13 o 14 años en las comunas de Medellín” (Carlos Arribas, Diario El País, 2020), y de seguro decenas de historias saldrían.

Detrás de cada pedalada del ciclismo colombiano hay una historia personal que inevitablemente se une al entorno social

Por eso y aunque se trate de un deporte, las entrevistas en los medios de comunicación a veces se dirigen a la situación del país.

Cuando Lucho Herrera gano la Vuelta a España 1987, ante una pregunta que le hicieron los periodistas, respondió:

Mi mayor deseo, en este momento en que me acabo de coronar como campeón de la Vuelta a España, es que en Colombia haya paz, paz, mucha paz, entendimiento entre todos los colombianos, que el deporte y en especial una conquista como ésta sirve para unificarnos”.

Sin embargo, la violencia en Colombia no da tregua y siendo Lucho ya rey del ciclismo en Colombia, no hubo reino que lo protegiera del conflicto interno, pues en 2000 fue secuestrado en su natal Fusagasugá, misma suerte que corrió, Oliverio Rincón, ganador de etapas en las tres grandes, pero este siendo secuestrado dos veces el mismo año.

En la segunda gran vuelta ganada por un colombiano, Giro de Italia 2014, como si se tratara de un déjá vu o Lucho le estuviera susurrando al oído, Nairo dijo en el podio:

Colombia no es guerra, Colombia es paz, Colombia es amor”.

Covadonga- Nairo Quintana JoanSeguidor

El “sueño” de Lucho se hizo “realidad”, aparentemente, años más tarde, con el Acuerdo de Paz firmado entre el Gobierno y las FARC, el mismo año en que Nairo Quintana sucedería a Lucho en ganar en Lagos de Covadonga.

Estas fueron sus palabras ese día, cuando le preguntaron al respecto:

La verdad es un momento histórico para nosotros, muy emocionado porque era un paso que necesitábamos dar. Y ahora nosotros todos los colombianos tenemos que apoyar este paso y todos los colombianos podamos vivir en paz…»

Es interesante la respuesta de Nairo a Carlos Arribas del diario El País cuando este, le pregunta:

¿Ha influido tanto como se escribe el ciclismo en la conciencia colombiana y en el proceso de paz? “-

Se ha hecho un trabajo. Hemos sido unos conductores para ese proceso. Desde que había la guerra nuestras alegrías eran como pañitos de agua tibia para tanta gente que había sido afectada, y luego, a medida de eso, fuimos conductores de esa paz de ir relacionando esto con esto; nosotros, los deportistas en general, y luego, los artistas, para que se llevara a cabo este proceso. El presidente ha apostado por eso y, como en todos los lados, ha tenido críticas fuertes, ha tenido otras críticas favorables

Similares ideas comparten los ciclistas, independiente de la región natural de Colombia, en pro de mejorar la imagen a nivel internacional.

Declaración de Fernando Gaviria, respecto a su apodo “El Misil Gaviria”:

«No me gusta este apodo porque hace referencia a la guerra… Colombia es ya un país criticado por la guerra, las armas, el conflicto armado. En el deporte tratamos de cambiar esta visión. Colombia es un país como los otros, no es un país del Tercer Mundo«.

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Paradójicamente y remando contra el destino, en las mismas fechas en que Nairo se coronaba campeón de la Vuelta España 2016, expresó:

Que el mundo entero sepa que nuestro país es paz, es deporte, es amor«.

Cuatro años más tarde, el 11 de septiembre los medios de comunicación titulaban la realidad:“Masacre en Bogotá”, en relación a los más de diez manifestantes asesinados en protestas contra la Policía, y paradójicamente también, en la misma semana en que se conmemoraba el Dia Nacional de los Derechos Humanos, el 9 de septiembre.

Tres jóvenes muertos dejaron estas confrontaciones, en el municipio de Soacha, donde nació Daniel Felipe Martínez, mismo lugar donde fueron engañados más de un centenar de jóvenes en la primera década del 2000, con promesas de empleo y finalmente víctimas de lo que se conoce como ejecuciones extrajudiciales.

Etapa 13 de Tour de Francia 2020

Pocos kilómetros antes de coronar el Pas de Peyrol (Le Puy Mary), las letras en el pavimento 2SOS Masacre»eran un llamado de auxilio de una población queriendo ser escuchado, en un país donde un porcentaje de la gente, eso sí, incluyendo el Gobierno, estaba más preocupado y sentidos por los daños de infraestructura ocasionado en la ciudad que por las pérdidas humanas.

En un país donde expresarse ante los notables hechos de injusticia y corrupción del Gobierno es sinónimo de “castrochavismo” o “adoctrinamiento izquierdista”, resulta peligrosa esta estigmatización si se tienen en cuenta los cientos de lideres sociales y ambientales asesinados a lo largo del año 2020, más de 200 muertos.

Es la realidad que se vive, no se puede ocultar, así como no se pudo ocultar cuando la televisión pasó por encima del mensaje de SOS en el pavimento.

Y me pregunto ¿en algún otro país pasa algo mínimamente parecido?

Por eso, valoramos, gran parte de los aficionados, cada ciclista de Colombia, porque sabemos el contexto de lo que se vive en el país, y sabemos que hay tener mucho valor y fuerza de corazón para lograr el puesto que se han ganado, sin saber por las dificultades que haya qué tenido que pasar, porque al parecer el cicloturismo en algunas regiones rurales ya es declarado objetivo militar.

Ante esto se tiene que lidiar, y por eso nuevamente gran parte respetamos y admiramos el poder de resiliencia de los escarabajos colombianos.

En Colombia hay mucha gente que aún cree en el enemigo invisible del comunismo como el causante de todos los males del mundo.

Décadas de violencia y confrontación armada entre la guerrilla, paramilitares y el ejército, y con los medios de comunicación como influenciadores de la sociedad, han formado la idea que todo vestigio de protesta o reclamo es obra del comunismo, y que por ello se justifica la guerra, se justifican los asesinatos, se justifica la vulneración de la libertad y de los derechos humanos, incluso se justifica acabar con la paz, objetivo logrado por el actual Gobierno.

No sobra mencionar que en Colombia ganó el “No a la paz” por un 51% cuando se realizó el plebiscito del Acuerdo de Paz, lo que evidencia una polarización y estigmatización enorme entre unos y otros.

Finalmente aún no hay llegado el entendimiento ni la unificación que pedía Lucho Herrera.

El mismo Nairo se ha visto duramente criticado por fotos con el expresidente Uribe (hoy en casa por cárcel), aún cuando Nairo declaró varias veces su apoyó al proceso de paz.

Claro ejemplo, de la polaridad de este país, lo describe esta columna sobre Egan Bernal.

Las críticas a Egan, simplemente, corroboran el vacío de una sociedad azotada por la violencia que requiere de figuras que llenen un vacío de las mismas frustraciones, y repito: si en un país gana el «No a la paz» no es extraño este tipo de linchamiento; años de violencia han dejado secuelas y cicatrices difícil de olvidar en un sector de la sociedad que no está dispuesta al perdón y a la reconciliación, y cuando pasa esto, de alguna forma se exterioriza.

No digo que los que critican a Egan sean de un partido político x o y, pero como dicen algunos ciclistas, “es lo que hay”.

Mismamente, se me tildara con algún calificativo no tan agradable al final de este escrito.

¿Quién sabe cuántos de esos fans que apoyan y corren tras los colombianos en las carreteras europeas, tuvieron que salir exiliados por el riesgo del conflicto armado o por alzar la voz denunciado algo hecho de corrupción o irregularidad?

Y, aun así, en el país que se encuentren, guardan un profundo sentimiento orgullo, de alegría y felicidad por esta tierra, a pesar de todo, y esto mismo lo reflejan los ciclistas cuando ganan, lo refleja las decenas de colombianos gritando apoyando sus ciclistas

¿Por qué tanto arraigo en la pasión por este deporte?

Estos representantes son la cara bonita de un país rico en culturas, biodiversidad, climas, gente; es la manera de decirle al mundo “somos más que un pueblo violento y estos ciclistas son prueba de ello”.

Es bueno conocer el contexto de lo que se vive en Colombia, porque de alguna manera u otra esto ha influido para tener este tipo de pasiones, lo digo sin ser psicólogo o sociólogo, pero supongo que algo tendrá que ver.

En medio de un país en el que se reprime o censura a quien osa reclamar condiciones dignas, la actuación de nuestros ciclistas es un desahogo profundo y liberador, y que tal vez por ello se celebra con tanta pasión.

Son la representación misma de la idiosincrasia colombiana… la tenacidad, el sacrificio, el valor de cada ciclista enfrentando un puerto, es el homólogo de superar un panorama socioeconómico y político que no es el mejor, pero que tiene ante sí, el orgullo de haber nacido en esta tierra.

Finalmente, es el mismo orgullo de los aficionados belgas, italianos, franceses, eslovacos, vascos o españoles, etc., que sienten por su país y que por ello ondean su bandera al paso de la caravana multicolor.

Por J. Viasus desde Bogotá

Esos momentos que el ciclismo fue surrealista

Ahí van unos buenos capítulos de ciclismo surrealista

Ciclismo surrealista es aquel ciclismo que en el marco de lo oficial nos deja el sabor de boca de los grandes momentos y la incredulidad de un niño.

Situaciones que nos ponen las manos en la cabeza y nos dejan en escorzo en el sofá, que trepan como bichos virales por las redes y llegan a manos de gente que no tiene porqué ver ciclismo.

Ahí están escenas dantescas como la de Nairo, Valverde y Landa dándose cremita en el bus, bajo la mirada de Eusebio, diciendo que todo bien, que todo perfecto.

Aquello acabó con masaje.

Los vídeos los carga el diablo, que se lo digan a Alberto Contador que colgó aquel tras la salida de cadena de Andy Schleck en Balès, de aquello no sacamos nada en claro, pero lo más importante, aún no sabemos si vio o no al luxemburgués saltando la cadena.

Mikel Landa y su acordeón, con cara de niño bueno, la que no puso cuando le pegó un hachazo al rodillo durante el confinamiento.

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En la retina queda la historia entre Leonardo Sierra y Ramontxu González Arrieta en la primera Vuelta de septiembre, allá por el 95.

Tras una caída en el seno del pelotón ambos se enzarzaron en una pelea que parecía de mástiles meneados por el viento, una imagen que llenó diríamos que miles de zappings por años y años.

Como también lo hizo el recto de Lance Armstrong antes de la curva donde Joseba Beloki se destrozó, la toma del helicóptero del tejano volviendo a la carretera metros más abajo fue la muestra tangible del ángel que le llevó de la mano esos años que han quitado de los anales.

El americano también dejó sello aquella vez que salió, con las cámaras ahí presentes, a devolver a Filippo Simeoni al pelotón

Aquello era surrealismo y un insulto a la audiencia.

Sobre el italiano pesaba la ruptura de la omertá para el americano, que mucho tiempo después admitiría que aquellas imágenes eran dantescas, una vergüenza, la plasmación de ese rumor que habla de silencios cómplices en el pelotón.

En todo caso a Lance Armstrong le llovieron los reproches de un italiano y no de Simeoni exactamente, y sí de Marco Pantani por dejarle pasar primero la meta del Ventoux

Volviendo sobre tomas imposibles, aquella de Thomas Voeckler bajando de amarillo por el patio de casa de una familia italiana por que el francés, que no bajaba tan mal, hizo un recto mientras perseguía a Cadel Evans y Alberto Contador.

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Eso fue el 2011, el Tour que Alberto Contador corrió pero que no figura en la estadística por la sanción que se estaba gestando para ese otoño.

Entonces en el Saxo Bank, a Contador le tocó competir con algún aficionado corriendo disfrazado de cirujano y jeringuilla gigante en mano.

Son esas cosas que hemos visto de vez en cuando, que también le tocó al propio Armstrong, y que se pasó de madre cuando a Froome le arrojaron orín a la cara.

Fue una época en la que los «guiñoles» franceses hacían mella en ese lema tan instalado hace diez años de «soy español a qué quieres que te gane».

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Espectadores incautos e indeseables los ha habido siempre, algunos rozando la tragedia, como este «fotógrafo» en Flandes…

En todo caso, que haya gente corriendo con los ciclistas es algo tan antiguo como peligroso.

A veces no se mide bien y sucede que el ganador de Alpe d´ Huez atropella a un crío cuando las rampas del coloso de los Alpes empezan a suavizar.

A Guiseppe Guerini no le arruinaron la imagen de cruzar Alpe primero, pero aquel imbécil midió mal, pues veía a través de la cámara, y provocó un susto cojonudo al ciclista, sus patronos y espectadores.

Alpe d ´Huez es circo de barbaridades, como el ambiente onírico de las bengalas, hace un par de años, del que salió Vincenzo Nibali por los suelos.

Que un espectador condicione el desenlace es algo clásico, como en el Monte Zoncolan, cuando a Manuel Bongiono lo apearon de la bicicleta y de la estela de Michael Rogers.

Los colapsos en la ruta son habitual en el Tour, Chiapucci pidiendo a las motos que le dejaran pasar en Sestriere o Chris Froome corriendo Ventoux arriba, corriendo a pie, por que su bicicleta se había roto por chocar contra unas motos atascadas por la cantidad de gente en la ruta.

En esas que en Colombia siguen creyendo que Fabio Parra no ganó el Alpe d´ Huez a causa de las motos, fue en el Tour de Perico.

Y acabamos este incompleto viaje en San Juan, allí donde vimos a Tom Boonen meter los pies en un caldero de hielo, a Vincenzo Nibali regalarle una cuchilla para afeitarse las piernas a Peter Sagan y Ijko Keisse hacer una gracieta de mal gusto con una camarera.

En fin, que el ciclismo surrealista nunca nos lo acabaríamos.

Gracias a Jordi Escrihuela, por refrescarnos la memoria

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Movistar Team: ¿Cambiará la esencia?

Marc Soler Vuelta

Veremos si el Movistar Team abre o no el foco a las clásicas

¿Qué ha sido Movistar Team, la estructura de Eusebio Unzué en su extensión, desde su creación?

El sustrato de la respuesta lo encontramos mucho tiempo atrás, en los albores de los ochenta, Tour de 1983 y la aventura exitosa que tramó José Miguel Echávarri con Arroyo y Perico al frente.

Iban a verlas venir y acabaron siendo los ganadores morales de la carrera, con instantes memorables, Perico en los Pirineos y el abulense en Puy de Dome, y un amor que se juró eterno por parte de la estructura navarra con las grandes vueltas y en especial por el Tour.

Ese camino, son sus eses e interrupciones sigue hoy su curso, con un manual muy marcado, escrito especialmente en los años de Miguel Indurain, subrayando conceptos como paciencia y el don de la oportunidad, no moverse cuando sea superfluo, medir cada paso y estar delante sólo cuando sea necesario.

Un libreto de «savoir faire» y un amor por las grandes carreras que han escrito la parte gruesa de un libro que va camino de los cuarenta años.

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Pero los tiempos cambian y corren a unas velocidades que los cuadernos escritos a mano no pueden alcanzar.

Y sucede que el ciclismo actual requiere de una apuesta circular, más integral, y no sólo apostar por la victoria y sí por dar una imagen que hable de ti, de tu ambición y tus metas.

El ciclismo que en España sólo contemplaba grandes vueltas hace 25 años ahora se escribe diez meses al año, metiendo en ese saco un montón de objetivos que antes no podríamos soñar, desde las vueltas de inicio de campaña a los mundiales, pasando por las clásicas.

El otro día nos preguntábamos por la suerte de Miguel Indurain en una Roubaix, y nos parecía un marco imposible, sin embargo, ver el celeste de Movistar camino del norte ya no es una quimera, pues abrir el foco se impone.

Es curioso que Iván García Cortina haya fichado por el equipo que hace menos de veinte años dejó Juan Antonio Flecha tras ver que los clasicómanos en el entonces iBanesto no tenían recorrido.

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¿Podría ser Movistar Team un bloque de clásicas?

Algunos pasos para ello se están dando.

Como dijimos hace unos meses, cuando se especulaba con Cortina en Movistar, hurgar en la plantilla de los azules  implica dar con nombres que tienen predicamento por las clásicas, no son top, ni primera línea, pero hay mimbres y sobre todo potencial.

Es decir que Cortina compartiera equipo con un perro viejo como Roelandts -quien se ha retirado- no le haría mal alguno, eso si el belga de 35 años alarga su periplo hacia el año que viene.

Lo mismo decir de Imanol Erviti, quien se despachara dos top ten en la semana de Flandes y Roubaix, ambos son la cara más evidente de esa cara clasicómana que Unzué dijo querer potenciar.

Ahí atrás hay corredores que viene fuerte, un subcampeón de Roubaix sub 23 como el suizo Johan Jacobs y veremos qué recorrido se le da a un rodador excelso como Nelson Oliveira.

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Pero más allá de las clásicas, también querremos saber del papel en las grandes vueltas, sobretodo en un año en el que se ha comprobado que el equipo ha perdido potencial respecto al de hace unos años.

El Movistar Team dejó en el camino nombres muy importantes cuyo hueco le ha resultado imposible cubrir a Enric Mas, quinto en Tour y Vuelta, y creciendo.

La llegada de Miguel Angel López cubre el capítulo de líderes, pero a la espera de lo que da de sí la bicefalía, o tridente, o cuarteto, veremos qué hacen Valverde y Soler, queda la expectativa eterna e insatisfecha de ver a los Movistar cazar y resolver en las fugas, un renglón poco apreciado en la casa, pero que, a la vista está, vende y hace marca.

Cabe ver la admiración generalizada que Marc Soler se ganó en la ruta de la Vuelta a España, entrando y echando fuego a escapadas de un nivel mayúsculo.

Eso, como decimos, hace marca, algo que, nos consta, aprecian mucho en «chez Unzué».

En definitiva, que si esa modernidad que recuerdo Eusebio vendía hace unos años, abriendo foco a las clásicas a va tomar o no la esencia de un equipo especializado en hacer lo que hace bien y dado a pocos experimentos.

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