La Vuelta en Suances, el día negro de Alejandro Valverde

Valverde Vuelta Suances

Los recuerdos de Valverde de la Vuelta por Suances nos traen una jornada épica

Cuando la Vuelta pisa Suances, en vísperas del Angliru, además, no podemos menos que acordarnos de la dantesca jornada de 2008 cuando Alejandro Valverde fue cazado en el momento de recoger un chubasquero en el coche.

Así lo escribimos en el libro «Estilo Purito» entroncando lo que le pasó a Valverde en la etapa de Suances de la Vuelta 2008, con lo que le había sucedido un par de años antes en Granada…

Alejandro Valverde ganó mucho, muchísimo, aunque nunca le resultó sencillo, y menos en esas épocas, que era la rueda de deseo de casi todos los grandes y debía sortear preguntas incómodas cada vez que se sentaba delante un periodista. A todo ello se le añadieron zozobras propias de la carrera, situaciones que te ponen en el filo y de las que no sales tan fácilmente. A Valverde se le escaparon dos Vueltas a España que tenía a su alcance, que no ganadas, y otra le vino en parte por un percance ajeno. En las tres ocasiones Purito estuvo ahí.

Vuelta de 2006. Alejandro Valverde va como un tiro, pasa etapas, quema retos con nota, mantiene un liderato que según se acerca Madrid parece cada vez más seguro. Pero había una etapa que sobre el papel preocupaba pero que en fondo revestía cierto peligro. Era la jornada de Granada, previo paso por un puerto donde suelen ocurrir cosas, el Alto de Monachil.

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En Caisse d´ Epargne no existe buen feeling. Alejandro Valverde no tiene un día súper. Alexander Vinokourov lo huele. Astana pone ritmo de guerra desde la base de Monachil. Vino ataca cerca de la cima. Toma unos segundos y se lanza a tumba abierta. También ataca el segundo de abordo de Astana, Andrei Kashechkin, pero no logra irse, Valverde le caza. La carrera queda en un mano a mano Vinokourov, acompañado por Tom Danielson, por delante, y Valverde, arrastrando una pesada carga de rivales con él, por detrás. Con el viento en contra, en una carretera que obligaba a pedalear, Valverde ve caer los segundos sin percatarse que con el maillot abierto es lo menos aerodinámico del mundo.

En meta le caería un minuto largo, suficiente para que perdiera el liderato. “La Vuelta dio la vuelta” dijo gráfico José Miguel Echávarri, el genio de las frases lapidarias. El mánager navarro, y su técnico, Eusebio Unzúe escrutaban lo sucedido. Al desfonde de Valverde le acompañó el del equipo. Una jornada muy similar a la de Fuente Dé. Como entonces el equipo del líder sencillamente no estuvo. Los dos mejores hombres de Valverde eran Purito y Vladimir Karpets. El introvertido gigantón ruso pinchó en el peor momento y el sillín de Purito se puso a hacer el tonto cuando debía estar con su líder. ¿Resultado? La Vuelta voló para Astana y Vinokourov en la dulce resaca del Tour de Francia para el Caisse d´ Epargne, que en esas semanas sabía que su hombre, Oscar Pereiro, iba a ser el ganador final, toda vez Floyd Landis había pitado.

A los dos años Alejandro Valverde volvería a probar la amargura de un día negro. Esta vez en la otra punta de la geografía, al norte, camino de Suances. Es la Vuelta de 2008. Egoi Martínez comanda una general que tiene a los favoritos en un pañuelo. Tras Levi Leipheimer, están Contador y en medio minuto Alejandro Valverde. Es una jornada sin aparente peligro, típico perfil de etapa que surge en la meseta, el Burgos y acaba a orillas del Cantábrico. El precioso Portillo de la Lunada marcaba el punto de inflexión del día previo a una jornada de descanso que precedía el Angliru.

Es por lo demás un once de septiembre, que en esas tierras se relaciona con tiempo inestable y posibilidad de agua. La lluvia se hace cada vez más pesada. Ya no son las subidas, son los descensos. En el del Caracol, un segunda a sesenta de meta, Valverde se descuelga al coche a por el chubasquero. “Bajé al coche a por el chubasquero. Cuando me quise dar cuenta, ya estaba detrás” dijo abrumado Valverde. En efecto cuando quiso darse cuenta, aquello se había roto. Un pelotón desgajado, dos grandes grupos en persecución y Valverde, por un puñetero chubasquero, cortado por detrás.

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Empezaba un infierno, una lucha desigual. Por delante Alberto Contador azuzaba a los suyos. Entraban en perfecto carrusel Klode, Leipheimer, ChechU Rubiera… Carlos Sastre también estaba delante, y acompañado por Matti Breschel. Y no eran los únicos en que el corte se ensanchara. El ganador de la etapa, Paolo Bettini, quería a Valverde lo más lejos posible.

Por detrás el Caisse trata de enmendar la plana como puede. Las primeras referencias hablan de cuarenta, cincuenta segundos. Son diferencias efímeras, porque la presión sube, el hueco se amplía. Chente se vacía. Luis Pasamontes tira como alma que lleva el diablo, Imanol Erviti contribuye. Pero es insuficiente. En medio de la locura Eusebio Unzue chequea el grupo de cabeza, le quedan dos balas, Purito y David Arroyo.

El técnico navarro les pone en un brete, uno de los dos debe bajar a ayudar atrás. El mundo se para a su alrededor, el silencio acalla la guerra que les envuelve. Unzúe manda parar al talaverano, peor clasificado en la general. Purito sigue delante, y lo hará hasta el final. Para hacernos una idea de la batalla planteada, la meta de Suances no conoce grupo mas grande de ocho o nueve ciclistas, la llegada es un goteo de corredores, comandados por Bettini, con Contador, Sastre y Leipheimer, inmediatamente después de “il grillo”, luego la hecatombe, ciclistas rotos y solos. Purito cruza la meta a cuatro segundos del doble campeón del mundo. Alejandro Valverde arriba a más de tres minutos y cae la undécimo puesto de la general, justo por detrás de Purito, sin opciones, a cuatro minutos de Egoi y a tres largos de Leipheimer y Contador.

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“Es inadmisible que Alejandro pierda la Vuelta en un día así” comenta Oscar Pereiro. Es la punta del iceberg. En el bus del Caisse d´ Epargne hay palabras gruesas, el despiste de Alejandro Valverde ha sentado como un jarro de agua más fría que la que descargó durante la ruta. Se tuvo incluso que terciar, porque sonaron reproches en el interior del vehículo. Purito vio aquello, y no le gustó. Alejandro era en teoría el más jodido de todos, él había perdido la carrera. Eusebio Unzúe, tan comedido, era explícito: “Valverde no estaba donde debía. La eliminación de Alejandro es culpa suya. Son errores que se repiten”.

Sentenciado, si Echávarri en Granada era gráfico con lo eso de la vuelta de la Vuelta, Unzúe no podía contener su cabreo en Suances. Y no podía entre otros motivos, porque el Caisse tenía cartas ganadoras, como se vería en el Angliru cuando Purito y Valverde serian los mejor parados del dominio de Alberto Contador. El madrileño atacó desde lejos y sólo el “dúo negro” pudo seguirle antes de ceder. Aquella Vuelta, por eso, ya se había perdido, fue en Suances, y aquella Vuelta guardó un susto final, en el circuito de la Castellana, sin duda el más duro de las tres grandes vueltas, porque la subida, aunque imperceptible a la vista, a la artería madrileña, pesaba con tres semanas a brazo partido.

Imagen: El Diario de Córdoba

Vuelta: Ese sí que es el rol de Valverde

Ver a Valverde en una fuga puede definir su papel en la Vuelta

Alejandro Valverde escapado en la Vuelta tiene un aire mesíanico: basta un gesto suyo para abrir los mares.

Cuando hace unos días escribimos que el mejor papel de Alejandro Valverde en esta carrera era ayudar a Enric Mas, y porqué no a Marc Soler, hay que admitir que filtrándose en la escapada de hoy lo ha hecho.

Con el murciano en fuga, la flor del Ineos se fue deshojando, mientras se puso luz sobre la debilidad del Jumbo que, o disimulan muy bien, o siguen un punto por debajo del Tour.

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Un paisaje de descontrol y caos que invita al optimismo sobre lo que ha de venir

Un optimismo al que invita, no nos duele reconocerlo, este Movistar que mueve fichas tan bien que hasta nos frotamos los ojos.

Meter a Valverde en escapadas, huyendo del puesto en la general, complicando la vida a los rivales, trabajando para compañeros, forma parte de ese cambio de paso que se impone para un corredor que inevitablemente no puede rematar como antaño.

Valverde en escapadas fue una opción que el populacho venía pidiendo a gritos desde hace tiempo, es cierto que su sola presencia intimida y todos le vigilan, pero también lo es que ese motor sigue teniendo vatios para retratar dos corredores como Kuss y Bennett en el tramo final de Orduña, un puerto que ha sido justamente honrado por esta Vuelta, con una etapa excelente.

Una Vuelta 2020 que da una de cal y otra de arena, que combina llegadas al sprint en subida con jornadas como ésta o la de Lekunberri, demostrando que el ciclismo bien trazado es una maravilla, más en esta edición de octubre en la que el norte luce sencillamente precioso.

Ganó Michael Woods, el más listo de la clase, sabiendo leer que en una fuga en la que Valverde era la rueda a marcar y Omar Fraile el ciclista más fuerte, sobre el papel, antes de dar un mazazo, uno solo pero definitivo.

Es imposible no querer al canadiense.

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-escrito el 24 de octubre-

El rol de Valverde en la Vuelta es clave para la suerte de Enric Mas

Sinceramente todos hablan de Alejandro Valverde y su edad, de cómo le pesa en una campaña ta singular como la presente y la arguyen como motivo a los resultados del Tour y ahora de la Vuelta.

En tres etapas, sin contar la de Ejea, con sendas llegada en alto, más la de Lekunberri que ganó Marc Soler, el murciano ya va a más de dos minutos de Primoz Roglic, una distancia que amenaza con crecer en los días que viene, incluso sin la llegada al Tourmalet.

No olvidemos que Alejandro Valverde hace menos de un año fue segundo en la Vuelta, que poco antes lució el maillor arcoíris, que hace tres años se recuperó de una lesión para muchos definitiva y llegó a ser campeón de mundo, que…

Y digo que no lo olvidemos, por que a veces creo que el consenso sobre la edad de Alejandro Valverde es ficticio, como que está en la prórroga o que no se le puede exigir más o que la edad le está apartando de las plazas nobles ya para siempre.

Lo que es un hecho que es que Valverde no está al nivel de antaño y el arranque a balón parado de la Vuelta lo ha ratificado.

En el Tour, ya sucedió algo similar, y allí el clamor popular le incitaba a disputar etapas, cazar fugas y engordar el palmarés.

Pero una cosa es lo que diga la plebe y otra lo que quiere el murciano, que para esto ha tenido perfil muy propio.

Él se agarró a la general y pujó por un top ten muy caro en el que al final no pudo estar.

Es lo que hay, algunos se desesperan pero, chicos, al de Las Lumbreras la estadística del puesto le pone, la cuida y busca hacerse con ella.

En el Tour no surgió la tercera vía, que es esa de trabajar para un compañero mejor situado, quizá por que hasta muy al final no vimos a Enric Mas sacar lo mejor.

En la Vuelta sin embargo, cunde el mensaje, otra vez desde el entorno, de que Alejandro Valverde debería trabajar para el mallorquín, sí, trabajar, sí Valverde, aunque sólo decirlo provoque sonrojo.

Llegados a un punto, en una general que va a estar carísima, que con la sucesión de llegadas al sprint en alto, el goteo de segundos va a ser incesante, la mejor opción de Alejandro Valverde en esta Vuelta debería pasar por trabajar por un ciclista que está probado que con el paso de los días va a ir más y esa explosividad que domina en la Vuelta pasará a segundo plano.

La labor de otros que otras veces se cobró a su favor, Valverde puede devolver a Enric, en las no pocas jornadas que le va a necesitar.

Es obvio que Valverde es capo, desde el segundo cero que montó una bicicleta, pero si un gesto suyo es valioso, recordad el bloqueo que ejerció a favor de Soler el día que éste ganó, imaginaros tirar del pelotón para su compañero.

Decir que Valverde está en declive, al menos aparente, es una realidad tan tangible como que ahora su equipo le necesita en labores que no se le conocen.

Imagen: Twitter Movistar Team

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No hay comparación entre Alaphilippe y Valverde

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Muchos llaman a Alaphilippe «el nuevo Valverde» pero hay matices que marcan diferencia

Vaya por delante que este artículo se escribió antes del desenlace de la Lieja…

Julian Alaphilippe está como Alejandro Valverde hace un par de años, como un niño con bicicleta nueva, todo a juego con el arcoíris que merecidamente ganó en Imola.

Leemos que Alejandro Valverde no estará en la Lieja de este domingo, no sabemos el motivo, dan malo, acumulación de esfuerzos… sí, ya sabemos que no es popular decis, pero los años pesan a todos, Alejandro Valverde no es excepción.

No hemos querido ahondar mucho en su Tour de Francia, a la vista estuvo, anónimo es la palabra.

Con casi veinte años en el máximo, Valverde ha tenido rivales naturales que se ha cruzado con mayor o menor frecuencia.

Podríamos resumirlos en tres, el primero, el príncipe veronés Damiano Cunego, ambos explotaron casi al mismo tiempo, tenía don, pegada al final, aunque Damiano vio su declive empezar cuando todos le augurábamos lo mejor.

Tras la sanción, todos esperábamos un duelo Valverde vs Gilbert, un mano a mano en Árdenas y mundiales, especialmente, se dio rara vez.

El tercero es Julian Alaphilippe.

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Valverde y Alaphilippe llevan tiempo porfiando, les recuerdo en las Flechas y Liejas que ganó el primero, con el francés dando golpes en el manillar, por que el maestro era inabordable.

Pero hubo una Flecha que cambió el signo de los tiempos, la de hace dos años, y desde entonces el alumno va haciendo camino, aunque no siempre cruzándose con el maestro.

Si una cosa tiene el nuevo campeón del mundo es que tarde o temprano se venga de quienes le derrotaron una vez, Sagan y Kwiatkowski en San Remo, Valverde en la citada Flecha, el mismo Van Aert en el Mundial.

Sin embargo flota en em ambiente, cada vez que Alaphilippe gana algo, que alguien recuerde a Valverde, cuando no le han llamado directamente «el nuevo Valverde».

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Sin embargo, las comparaciones, aunque golosas, no siempre son exactas.

A los 28 años que tiene ahora Alaphilippe, Valverde estaba en capilla de ganar la Vuelta a España, firmó una de sus mejores campañas, la de 2008, y tenía un par de Liejas en el zurrón.

Estadísticamente, Alaphilippe lleva números más modestos en cantidad, pero a la par en calidad y es aquí donde radica la principal diferencia para no entrar a comparar ambos corredores.

Son dos ciclistas de época que beben de culturas ciclistas diferentes, no antagónicas

Alejandro Valverde fue un talento precoz que pareció perfecto para atacar todas las clásicas que se le pusieran por delante, más etapas e incluso vueltas por etapas, un tipo Sean Kelly per de Las Lumbreras pero confió su carrera a una casa donde las grandes vueltas es el motor y el Tour, el rey sol.

Sobre esa tabla, Valverde ha tenido ocasiones de renunciar a puestos en la general para la caza de etapas, pero esa nunca fue su guerra, él ganó la Vuelta, pisó el podio del Giro y el Tour y con eso sacó brillo a su carnet en «chez Unzue».

A ello le añadió muchos triunfos que, teniendo su mérito, no son top, dejando de lado carreras en las que nunca se dedicó a fondo, tipo San Remo o Flandes, carreras que en definitiva en Caisse d´ Epargne, hace una década, y Movistar ahora, nunca han levantado pasión.

Julian Alaphilippe bebe de la tradición clasicómana de Patrick Lefevere, una línea que arranca muy de lejos que el francés prosigue con esmero, renunciando a algo que Valverde no habría renunciado nunca, la disputa del mismo Tour de Francia.

Tiene su primer monumento en una antológica San Remo y crece en carreras de un día, etapas en el Tour y alguna jornada de amarillo, ahora a todo eso le añade el mundial.

Es decir, Alaphilippe quiere cantidad, pero sobre todo calidad, nunca dejaría una San Remo por correr y ganar la carrera de su pueblo: ¿Cuántas vueltas a Andalucía y Murcia tiene Valverde?.

Y no, no nos olvidamos de tres Voltas, dos Dauphiné y un País Vasco.

La carrera de Valverde es la suya, singular, única, tremenda, la de Alaphilippe se está haciendo, pero, incluso teniendo alguna similitud, creo que estamos ante dos ciclistas con carnets tan diferentes que la comparación se complica.

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El Tour de Valverde fue pensando en el Mundial

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Si la forma del Tour emerge, Valverde podría ser el coco del Mundial

¿Qué Tour ha hecho Alejandro Valverde?

Para ser protagonista frecuente, foco de las cámaras, ha cumplido su «Grande Boucle» más discreta de la historia, siempre en segunda línea, cerca de los mejores, pero no entre ellos, quedándose de los últimos, algo realmente raro, que nos recuerda aquella intención inicial de aprovechar el Tour para preparar unos Juegos Olímpicos que no han tenido lugar, y que las circunstancias han puesto el Mundial detrás del Tour.

Entonces dijimos esto…

Pero para Alejandro Valverde, Tokio y el sueño olímpico mandan: «Es bastante arriesgado, más que por los horarios, por el poco tiempo que hay y las nueve horas de diferencia de Francia a Tokio. Pero bueno, durante el Tour veremos qué hacemos, si lo termino o qué es lo que vamos a hacer. La gente que entiende un poco sabe que si terminas el Tour, llegar a los Juegos Olímpicos es muy complicado».

Si alguien podía utilizar la grande más grande, caso del Tour, en preparar otra cita era Alejandro Valverde pero…

¿Vosotros le veis abandonando el Tour?

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Hoy leemos esto…

Preguntado por Alejandro Valverde para el Mundial, el seleccionador responde rápido

«Cuando estuvimos concentrados en Altea, Valverde estaba dando unas sensaciones increíbles que, como dices, pareció perder después y no sé porqué. Se marchó a una concentración en altura, hizo Burgos y Dauphiné sin hacer sus mejores números. En el Tour, efectivamente, ha ido de menos a más. Con 40 años ha estado rodando en el top10 y ayudando a Enric Mas, teniendo que parar en un par de ocasiones para echarle una mano. Creo que está excelente. También es verdad que ha hecho una cosa que no había hecho nunca en la vida: levantar un poco el pie en una carrera. En la crono final lo hizo pensando en lo que le venía esta semana. Estamos ante un ciclista que piensa ya un poco más con la cabeza y que está centrado al cien por cien en el Mundial»

Alejandro Valverde ha corrido el Tour pensando en el Mundial, una carrera que incluso cambiando de lugar le sigue favoreciendo, al menos sobre el papel, pues con subidas más cortas, la explosividad de algunos rivales puede perjudicarle.

En todo caso, la pericia de Valverde en un Mundial parece fuera de toda duda, hace dos años, cuando en Innsbruck se presentaron corredores en una forma insultante, dígase Alaphilippe o Moscon, el peso de los kilómetros obró el milagro para que Valverde fuera, tantos años después, campeón del mundo.

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Y es que sin ser favorita absoluta, la selección española tiene excelentes mimbres para moverse en el circuito de Imola, un mundial que como todo lo que estamos viendo en este veinte-veinte es un regalo.

Como dijimos el año pasado, cuando se habló del Tour para preparar Tokio, habrá qué ver cómo le ha sentado la mejor carrera del mundo para brillar en el Mundial.

Desde tiempos inmemoriales que todos decimos lo que Valverde tiene qué hacer o disputar, hacemos cábalas con lo que pudo ser ¿cuántas Liejas más habría ganado? ¿Cuántas etapas del Tour? pero la realidad de Valverde es la que él se ha querido granjear, para desilusión de la parroquia.

Recuerdo ya en el lejano 2007, una entrevista en la que un servidor le instaba a centrarse en las clásicas y él era categórico «¿para qué quiero otra Lieja? ya tengo una«, eso entonces, ahora son cuatro.

Para el Tour pensamos en un Valverde killer y nos ha salido la versión más discreta del murciano en Francia, siempre en la panza del grupo como viendo la vida pasar.

No dudo que a Enric Mas le haya ayudado en su propósito de crecer en el Tour, pero «las etapitas«, como él mismo las definió, nunca estuvieron en el plan, a las pruebas nos remitimos.

Incluso la desconexión que hizo en la crono final, habla de este Valverde que tiene muy claro el objetivo y progresa al margen de lo que se le diga o sugiera.

¿Le valdrá el Tour a Valverde para optar al Mundial?

Raro sería que no estuviera entre los mejores, ahora bien, ser el mejor otra vez, eso no es tan sencillo…

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Si a Valverde no se le puede exigir nada ¿para qué va al Tour?

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No entendemos que se diga que a Valverde no se le puede pedir más

Hace tiempo, recuerdo que cuando volvió a competir tras la sanción, que dijimos que Alejandro Valverde tiene don.

Un don que le hace único, un corredor que demuestra que el carisma no se compra, se tiene sin más, y a él le vino de serie, y lo sacó a pasear el día que dio el salto a pros, hace casi veinte años, tras ser el amateur de oro.

Un tipo dotado de olfato y físico desde el inicio de los tiempos, un capo que siempre fue capo, que aprendió a serlo desde el minuto cero, y eso marca.

Con todo, si Valverde deja el ciclismo en 2021, lo hará con dos décadas ahí.

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Lleva tanto que es parte de paisaje, mirad quién ha competido contra él y sabréis de lo longevo de su obra.

Recuerdo las primeras rivalidades con Damiano Cunego, luego todos le querían ver junto a Pilippe Gilbert, eso mientras porfiaba por grandes vueltas con Purito y Contador.

Alejandro Valverde, lo dijimos el otro día, se mantiene como al inicio porque nadie tiene cojones a retirarlo de ahí, nadie le regala nada, ni siquiera en este sistema tan de perdonarlo todo que rige el ciclismo en este lado de los Pirineos.

Con estos mimbres veo la cantinela del Tour, anotadlo: «A Alejandro Valverde no se le puede pedir nada más«.

Y es cierto, sobre el papel, en la teoría, hablamos de un corredor que no ha dejado títere con cabeza, que ha hecho la suya, resbalando mucho sobre los no pocos comentarios que le hemos dedicado, y le han dedicado.

Que pudiera ser o no, uno de los grandes clasicómanos y cazadores de la historia, sencillamente le da igual.

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Pero incluso con este bagaje, con todo lo que lleva hecho y recorrido, cuando Nairo explotó por ejemplo, Valverde ya llevaba diez años en la elite, no entendemos esa descarga de responsabilidades que la prensa oficial le profiere a puertas del Tour.

Podemos entender ciertas cosas, pero que no rinda cuentas no, no al menos en un equipo bautizado con el nombre de una empresa privada que mantiene una estructura que no es barata.

Decir que a Alejandro Valverde no se le puede pedir nada más -Javier Ares no para de repetirlo- es un falta de respeto para el propio corredor y sus compañeros, que confían en uno de los ocho de su formación para hacer el mejor Tour posible.

Si ya en años atrás, Valverde no se ha distinguido por deslomarse por un compañero -él siempre fue capo- sólo falta que no se le pidan cuentas, más cuando su equipo navega desorientado, con nula presencia y perspectivas poco halagüeñas en este Tour.

Dijimos en su día, a Movistar le hace falta un Valverde «killer» en este Tour, no uno que amarre hasta colgar otro top ten en su palmarés… ¿sabrán hacerlo? ¿sabría hacerlo?

Cabrá verle entre chavales que supera, mínimo en diez años, pero claro si no se le puede pedir nada más…

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Movistar necesita un Valverde «killer» en el Tour

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Nunca la estadística puede serle más útil a Valverde que en este Tour

Puedo entender, a dos semanas del Tour,  que las fuentes oficiales apoyen a Alejandro Valverde…

También que Javier Ares en Eurosport dé pábulo al Dauphiné a la carrera del murciano.

Incluso que en su equipo tuiteen con la venda en los ojos.

Pero un mínimo sentido crítico y objetivo sobre la realidad debería pasar sobre lo que es el Movistar Team ahora mismo y cómo pinta su Tour de Francia.

Está a la vista de todos…

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Nosotros hace dos semanas, ante la invisibilidad del equipo en la Strade Bianche, antes de la total nulidad en la Vuelta a Burgos, ya comentamos que los defectos históricos recientes del Movistar Team iban saliendo a flote y con ellos, emergen los tics que han situado a Alejandro Valverde lejos del corredor que un día pensamos que podía ser: un auténtico prodigio de la estadística y la acumulación de éxitos.

Pero como dijimos un día Alejandro Valverde pasa de las estadísticas y los estadísticos.

Lo suyo es estar, mejor o peor, pero estar, siempre ahí y da igual que quede tercero, quinto o vigésimo, siempre que esté, que se le vea «entre los mejores» es óbice para sacarle brillo a una actuación que, sintiéndolo mucho, deja más dudas que otras cosas.

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El Dauphiné de Alejandro Valverde y el Movistar Team en general, me cuesta ver a Enric Mas y Marc Soler allí donde algunas crónicas les sitúan, es el reflejo de un equipo que se mira al espejo y no se reconoce.

Puede ser histórico lo que viene en el Tour, hace cinco años este mismo equipo acompañaba por ambos lados a Chris Froome en el podio del Tour, hace menos pisaba grandes podios, el año pasado ganaron el mismo Giro, pero esta espantada que ha sufrido «chez Unzue» a finales del año pasado es un contrapeso muy grande.

Y en estas Alejandro Valverde corre, a sus cuarenta primaveras, como el tipo regular que necesita hacer currículum a los 23 años, con actuaciones consistentes y regulares omitiendo cualquier ambición de etapa, clásica o número que engrose su palmarés.

Sabemos que habrá quién se ofenda, Valverde es de la santísima trinidad en este lado de los Pirineos, que sólo con el nombre entra sin pagar billete, pero la realidad es otra.

Alejandro Valverde ha ganado una barbaridad, posiblemente tenga el mejor palmarés en cuanto a calidad y variedad del ciclismo español, que no es un ciclismo pequeño, pero es que podría quitarle algunos puestos de honor por más y más victorias que seguro le saciarían más y mejor, a él y el aficionado.

Y ahora, a falta de otros objetivos, quizá llegue el momento de cambiar el paso.

Sin un opositor claro para el Tour, el Movistar Team necesita más que nunca triunfos parciales, actuaciones sonoras y titulares gruesos y eso, ahora mismo, sólo lo veo en manos de Alejandro Valverde, dejándose ir al principio y corriendo en plan anotador, incluso a sus cuarenta años…

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2020 ¿Un año perdido para Alejandro Valverde?

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Al igual que hace 10 años, los años acabados en cero son sinónimo de incertidumbre para Valverde

El incombustible Alejandro Valverde parece que va a tener que aplazar un año, al menos, su fecha de retirada.

Una decisión que quizá no le quepa sólo a él, pero que a la vista del cariz que toma el año, va por ese derrotero.

El año 2020, surja lo que surja a final de campaña, parece que va a ser un año perdido para el ciclismo, para los ciclistas y eso arrastra la decisión de todo para  Alejandro Valverde un año más allá.

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El año ciclista, como en todas las vertientes, se ha envenenado para todos, pero la influencia sobre unos u otros no será la misma. 

Alejandro Valverde tenía bien marcada la hoja de ruta con los Juegos Olímpicos en lo alto.

Estos han pasado al año que viene, lo que implica alargar todo, otro otoño, otro invierno, otro año…

Un otoño que además no será normal, porque para el murciano le vienen tres meses a full, de agosto a noviembre con Tour y Vuelta más otras citas por medio.

Una caña en la que el poder de recuperación va a ser la clave.

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Y no sólo eso, ¿dónde se harán finalmente los mundiales? por que la cita suiza se diluye al tiempo que los países árabes ganan peso, un peso que va en contra de los intereses de Alejandro Valverde.

Todo aderezado con la incertidumbre total del momento, porque decir que se va a correr seguro todo lo que se ha programado es de un optimismo que roza la ingenuidad.

Valverde, también multado como Gilbert por salir en bici, puede alargar esto sí, pero no eternamente, si 2020 fuera un año perdido, al final, no computaría en desgaste físico, pero cabrá que ver lo mental como se resuelve, porque según se está poniendo la campaña, quien maneje mejor los tiempos de coco puede ser el que se lleve el gato al agua.

Diez años después, entonces le vino la sanción que le tuvo fuera de la competición la mitad de 2010 y 2011 entero, a Valverde le toca gestionar de nuevo la incertidumbre.

Hoy a diferencia hace una década, convive con la sensación de que no le queda nada por demostrar, pero esa esquirla de necesidad por la competición siempre vuelve puntual a su cita…

Valverde nunca tuvo el Tour a tiro

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Incluso sin el Tour, el legado de Valverde habría sido enorme

Jornada festiva en casa de los Valverde, una jornada que tiene la guinda en la reposición de su primera victoria en el Tour de Francia, aquella tarde de julio, año 2005, en Courchevel.

Una tarde icónica, de aquel grupo, en el que resistían Mancebo, con es estilo peculiar, Rasmussen, a topos, y el capo que no figura en los anales oficiales, Lance Armstrong, surgió un imberbe Alejandro Valverde para aguantar al americano y remacharlo en meta.

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La exigencia de aquella aceleración de Armstrong se refleja en el rostro descompuesto de Valverde, ganador de una etapa que selló su camino sempiterno y recurrente con el Tour de Francia.

Aquella tarde la parroquia se reafirmó: Valverde podía ganar el Tour,.

Abandonaría a los pocos días, como al año siguiente, pero el Tour, siempre el Tour seguía estando en su agenda.

Recuerdo una conversación, otoño de 2007, con el propio Alejandro Valverde, siempre fiel a la llamada de los Zamora en el Criterium de Hospitalet, donde le inquirimos por el Tour, sus posibilidades y porqué no centrar el tiro en clásicas.

Y nos fue sincero, quería, deseaba el Tour pues es lo más y además legítimo.

No le veíamos para ganarlo, en esas fechas emergía también Alberto Contador, que lo tenía todo para dominarlo, gran croner, escalador top, capacidad de resistencia…

Valverde era chispa, sprint, aceleración infernal… pero tres semanas y en Francia se le hacían bola. 

Era la realidad, lo veíamos con nitidez.

Alejandro Valverde ha cuajado grandes prestaciones en las tres semanas de la Vuelta a España, incluso cuando la ganó no lo hizo holgado, sufrió lo que no está en los escritos, nunca le vimos la solvencia en las tres semanas que sí mostraba Contador.

El marcador en ese capítulo es inapelable, siete grandes de uno por una del otro.

Comparaciones al margen, el Valverde de 2007 nos confesaba que él ya había ganado la Lieja, la Flecha, que había demostrado que esas carreras las podía domar y que quería Tour, Tour y Tour.

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Muchos años después, seguimos pensando que el Tour nunca estuvo en el radar de Valverde.

Francia ha sido demasiado para un talento que por otro lado consideramos único y legendario, hoy que cumple 40 abriles.

En el camino queda el podio de 2015, una obsesión que Movistar le consistió incluso sacrificando que Nairo le apretara más a Froome.

Pero también ediciones en las que, con rivales y condicionantes muy a su favor, no le fueron proclives.

El Tour de un año antes, el que gana Nibali, con ciclistas manifiestamente inferiores en el 99% de los cruces, como Pinot y Péraud sacándole del podio.

Pero no nos confundamos, por que una carrera con 19 temporadas pro, de ellas descontar una y media por sanción, más la mitad de 2017 por la caída junto a la presente que no sabremos cómo acabará, le ha dado para sembrar un palmarés único e irrepetible.

Incluso sin ser campeón del mundo Alejandro Valverde ya era una leyenda, cuanto sí más siéndolo.

Él prefirió jugar al Tour, fue su elección, pero mirando atrás vemos que Valverde nunca necesitó el Tour para ser el gigante que ha sido y es.