¿Qué puede hacer Chaves frente a Froome?

Esteban Chaves con Froome y Contador en la Vuelta a España

Para Chris Froome los ciclistas colombianos es una de las constantes en su “reinado”. Los ha tenido por delante, por detrás y por el lado. A su rivalidad natural con Nairo Quintana, desde inicio de los tiempos, hace ya cuatro años, se añadió la circunstancia del año pasado en la Vuelta, cuando el inglés acabó tras el mentado Nairo y por delante de Esteban Chaves. Qué decir del Tour en el que le acompañó Rigo Uran en el podio.

Ahora mismo Esteban Chaves parece la baza más obvia para poner en apuros a Froome. El colombiano tiene varias bazas a su favor. Por ejemplo el desgaste, esa palabra que todos esgrimen cuando alguien ha ganado una grande y quieren verle en problema en la siguiente.

Froome ha ganado el Tour, apurado, más que otras veces, y puede pesarle, pero también parece haber guardado un puntito. Chaves en cambio no ha corrido a full en Francia, en su primera experiencia allí, y el resto del año lo ha tenido en blanco por lesión. Hizo podio en el Down Under y nada más.

Si AG2R anduvo como un tiro en el Tour y logró aislar a Froome alguna vez, qué decir de un Orica con sus tres líderes, los Yates más el colombiano. Cualquier movimiento de Orica responde a un objetivo claro y conciso, no se mueven por mover y hay etapas claras para poner la pizarra a trabajar.

En Andalucía será el todo o nada, sobre todo cuando la crono de Logroño apremia a los rivales del líder. Etapas que encadenan finales largos y puertos, con posibilidad de echar mano de compañeros y un segundo espada, Adam Yates, a menos de dos minutos del líder.

El año pasado Orica hizo dos de los mejores movimientos de la carrera. En el Aubisque, mientras los narradores de la pública hacían chanzas y coñas, Simon Yates puso en jaque al Movistar de Nairo. Luego estuvo el movimiento de Aitana para que Chaves le quitara el podio a Contador.

Tuvo por eso el equipo australiano, una laguna, la etapa de Formigal, cuando Chaves estuvo a punto de perderlo todo por ser pillado, exactamente igual que Froome, por detrás. También en el Giro anterior al de Bogotá le pasó algo similar. Esas lagunas en etapas que son demoledoras son auténticos lastres.

Con todo nos alegramos mucho de ver a Esteban Chaves de nuevo ahí, entre los mejores, fruto, supongo, de un trabajo demencial tras su primer Tour. Ha estado en Comella y Cumrbres del Sol con el líder, pero también ha sufrido en otros momentos. Entendemos que deberá ir a más y su equipo con él.

Cabe recordar que este escenario ya se ha dado otras veces, ver un líder sólido y fuerte, tipo Froome, y al final ver un desenlace inesperado. Todos sabemos que Froome no es tipo de dar pasos en falso, pero los ha dado, e incluso a veces ha sudado tinta china, recordad el último Tour, que pintaba mal para el resto y el inglés tuvo que “maquillar” malos momentos.

Si Chaves se conforma con el cobijo del tren del Sky, mal asunto, pero si su equipo hace funcionar la estrategia, ojo, porque hay mimbres para hacer daño: los Yates, Jack Haig, que se marcó un «solo» antológico en Polonia, el siempre prometedor Carlos Verona, y buenos rodadores para hacer «trabajo sucio». Está en su mano «mover el Manzano» como decía el Chaba.

Todo sea por que la Vuelta no esté sentenciada a dos semanas del final.

Imagen tomada de La Vuelta INFO – Unipublic/Photogomez Sport

Vuelta: Froome lo quiere crudo

Froome en la Vuelta a España

Xorret de Catí, muchos acordándose de Chava. Xorret de Catí, posiblemente el primer gran muro de la historia de la Vuelta, la carrera que volcó todo en muros, pendientes y desniveles fuera de lo común. Xorret de Catí incorpora un nombre, Julian Alaphilippe, pura calidad, un Valverde francés, que no perdona cuando se siente el mejor.

Lampaert, Trentin y ahora Alaphilippe, el fino talento francés que se ha pasado el año en el dique seco tras dejarnos con la miel en los labios con esa progresión que sus maneras anticipan.

La Vuelta, como grande que se precie, es desde hace unos días la suma de dos carreras. Sencillo, la de adelante y la de atrás. Adelante Alaphilippe dio cuenta de la escapada, y nos alegramos, porque a su año casi en blanco, prendado en calidad con victoria en París-Niza y podio en San Remo, se le suma esta etapa, la primera en una grande, que pone en un palmarés pequeño pero selecto.

Y además, qué narices, ganó a Majka, el ciclista más rácano del pelotón, aquel que cuando se pone delante del grupo, de cualquier grupo, se pone malo ante la disyuntiva de tirar y coger el mando y eso que el Bora trabajó bien, con esa joya alemana Buchmann que trabajó hasta donde le dieron las piernas.

Pero la carrera se coció por detrás. Lo gordo al menos. Chris Froome y Alberto Contador quieren quemar sus últimos días juntos, como esa pareja que se necesita, aunque resulten polos opuestos.

Una cosa está clara, Froome lo quiere ya, y lo quiere crudo. Es un campeón, nunca disimuló su motivación y el porqué está en la Vuelta, y ahí lo tenemos, dando la cara y rodeado de un equipazo en el que su segundo, Wouter Poels, aguanta con sus rivales, con todos, salvo Contador que está tan de dulce, que no sé yo si se cuestionará si ésta es su última bala.

¿Cuánto habrá de arrepentirse Contador de Andorra? Los dos minutos largos que perdió entonces son una losa en su aspiración de ser podio, porque la primera plaza, ahora mismo, es una quimera.

Contador rompe, hace daño y consigue seguir a Froome, que sea o no capaz de escalar hasta el podio la carrera lo dirá, ahora bien, que hacía tiempo que no se le veía tan bien y entonado… ahora viene la Cumbre del Sol, cada final de estos será un tesoro.

Imagen tomada del FB del Team Sky

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Vuelta: Chris Froome no quiere esperar

Chris Froome es el líder de la Vuelta en Andorra

Hambre. Hambre voraz, nunca suficiente, siempre algo más. Por primera vez en todo el año vemos un ataque limpio, nítido de Chris Froome, un ataque que hizo daño, un ataque que abrió hueco, no el definitivo porque es la tercera etapa, la subida era corta y se acompañaba de un descenso, pero sí marca de la casa.

Es como si ese punto invisible, pero muy tangible, que es el punto máximo de forma, le llegara al inglés de raíz keniata en los albores de la Vuelta. Como si todo ese Excel que cruza y cuadra el Sky para cada corredor marcara un pico justo en este arranque de la Vuelta. El golpe, la contundencia de Froome en el Tour, el pasado Tour, no ha sido la de Andorra.

Porque lo de la Comella, y previo, ha sido más similar a Pierre de Saint Martin, un pelotón cocido por el «treno», otra vez negro, hasta que el capo dio el mazazo. Es la tercera etapa y Froome no quiso esperar, quiso el rojo ya.

Su grande tiene seis semanas, camina ahora por la cuarta en ese itinerario ficticio, resultante de sumar dos grandes vueltas. Está en el ecuador. La jornada tuvo, como dijimos, el ceremonial del Sky, grandísimo ritmo, con un único nombre del ultimo mes de julio, Mikel Nieve.

El resto cambia: Diego Rosa, Wouter Poels, Gianni Moscon,… si es que da igual, tienen los ingleses para dar y para aburrir, e incluso para el año que viene contarán con otro del grupo de cabeza, David de la Cruz, el único resquicio patrio en la numantina defensa del terreno de la Vuelta.

David no estuvo en la cima pero sí en el posterior descenso. Pudo haber disputado la etapa, sobre el papel era de los veloces, pero no le dio el tiro porque en esta Vuelta hay gente que corre con piernas y otros con experiencia y tino.

Es Vincenzo Nibali, que no es el de antaño, pero suple carencias físicas con esa experiencia que comentamos. Purito, el embajador del Bahrain, ha visto la victoria de uno de los suyos por las calles que le ven pasear a diario. La jornada redonda y algo de ánimo para Javi Moreno, en su campaña más aciaga. Ni siete días le han durado las dos grandes en las que ha tomado parte.

Volviedo la principio, sin querer redundar, Froome es líder y creo que será firme, no quiere sorpresas, todo lo que sume le vale. Es el primer candidato al triunfo, pero que no se relaje, tiene gente buenísima detrás, a Chaves y Nibali, añadidle Aru y Bardet, que afortunadamente no han venido a pasear.

Hay Vuelta

Imagen tomada del Team Sky

La Vuelta en @JoanSeguidor es gentileza de Endura

¿Por qué Chris Froome necesita la Vuelta?

Froome lidera el Team Sky para la Vuelta

A pocos días de la Vuelta, creo que algunos, entre los que me incluyo, toman la medida de qué recorrido está sobre la mesa y las penurias que se prevén. Chris Froome es “docto” en la Vuelta y califica lo que viene de “brutal”, con etapas durísimas y temperaturas que hablan de eso que llaman cambio climático.

Y es que Froome tiene una piedra en el zapato en España, esa piedra es la Vuelta y el inglés quiere quitarse la espina. Si una cosa han demostrado con palabras, y creo que con hechos, en el Team Sky, es conocer la historia del deporte que pisaron por primera vez hace siete años y son conscientes de la importancia de sembrar un palmarés interesante, que incluya el Tour, como joya de la corona, pero también otras piezas de encaje.

En esa teoría, la Vuelta es el eslabón de esa cadena. La española, es como el Giro, la grande que el Sky no ha probado aún. Chris Froome conoce bien la Vuelta, como dijimos. Tres veces segundo, cuarto otra y abandono hace un par de años. Es un balance que en cualquier otro colmaría de orgullo, pero en Froome no, en un cuádruple ganador del Tour, es una astilla.

Si miramos atrás creo que haría bien Froome de coger todo lo acontecido, agitarlo, mezclarlo y sacar conclusiones. La Vuelta, como grande que está en la prórroga de muchos, es proclive a despistes como el de Formigal hace un año, pero también a que te salga un Cobo de turno que te amargue el paso hacia Madrid, cuando no un Contador en estado de gracia.

Otra son las caídas y los nervios. De lo que no cabe duda es que a Froome el techo es la Vuelta, cuando en el Tour se muestra fuerte.

Este año no obstante sí que podríamos anotar que a Froome las cosas en Francia, aunque bien, no le han resultado como antaño. Creo que en Sky han planificado el año en función a dos grandes, así lo dijimos hace unos días. Es eso o que la pólvora del inglés se acaba.

Su participación en el Tour tuvo momentos de crisis, Peyragudes, por ejemplo, pero también otros en los que Froome no se despegó como lo habría hecho hace un año, cuando creo que tocó techo en su dominio de la carrera. Ha pasado el expediente sin triunfos de etapa y ha corrido con el aliento de rivales en el cogote durante tres semanas, algo inédito en él.

Con todo, parece como si la plenitud de Froome o se ha congelado o se ha retrasado para que en la Vuelta todo esté dispuesto para el doblete. De ser así, magro mensaje para los rivales que no pudieron con él en el Tour y de paso, la posibilidad de optar por fin al ansiado doblete, que no será el pretendido por Nairo, Giro-Tour, pero sí un doblete, como el Giro-Vuelta de Contador hace nueve años.

Froome sabe que necesita la Vuelta, necesita esta Vuelta. No sé si durante el Tour, viendo el empuje de otros y su propio cuerpo, se habrá percatado que las cosas no salen como años atrás, no con la misma facilidad, sin embargo, el inglés sabe que su suerte en la Vuelta le marcará como el campeón que quiere ser, aquel que no sólo se ciñe a Francia y al Tour.

A un paso de la santísima trinidad del ciclismo, con cuatro Tours, Froome ve como los que están por delante, diversificaron la cesta de triunfos, repartiendo entre los tres grandes, y otras muchas carreras. Froome es monocultivo y en evitar esa percepción trabaja.

Empieza su reto, tiene un equipazo, como no podría ser de otra manera a su disposición, pero también buenos rivales y un recorrido de avispas que es una pesadilla al control del Sky. ¿Será capaz?

Imagen tomada de FB de Team Sky

La grande de Froome tiene seis semanas

Froome es un tío encantador, sólo así se puede definir a una persona que pasa por alto a los abucheos e insultos que cada año le profieren desde las cuentas francesas. Así ya se dijo durante el Tour, sobre todo en la etapa de Le Puy, el territorio de Bardet, y no se volvió a mencionar, porque este inglés de raíz keniata no le otorga excesiva importancia a algo que al final es colateral, o no, pues conviene no olvidar que los ciclistas corren expuestos al 100% durante muchos kilómetros.

Decimos esto por la entrevista que han sacado en The Times y que resumen en el As, una entrevista en la que vuelve sobre la etapa de Peyragudes y sus malos momentos. Si la cara fuera el espejo del alma, Froome aquel día tendría que haber sido Tom Cruise en Misión imposible, con esas máscaras imposibles.

Sea como fuere, lo de distinguir los malos ratos de los rivales antes de partir era algo tan antiguo como que Bartali y Coppi se enviaban equipiers para ver cómo se encontraban uno y otro en los prolegómenos de cada etapa. Un juego del gato y el ratón que dio tardes de gloria y arrastró grandes leyendas.

Froome sin embargo “maquilló” ese mal momento y sus rivales deberán preguntarse si aquel día lo dieron todo, aunque ello les reconcoma el interior. Con todo el Froome de este Tour no era el de años atrás porque, como admite en la citada entrevista, el plan no sólo contemplaba Francia, también está la Vuelta a España, una carrera en la que lleva tres segundos puestos y que se le ha atragantado como el Tour nunca lo ha hecho.

Y es que la gran vuelta de Froome, este 2017, tiene seis semanas repartidas en dos meses y pico y separadas en dos bloques de tres. Esto parece así, nítido y claro. Froome en 2017 es un corredor comedido, contenido, que no ha dado nua pedalada de más en el propósito de ganar su cuarto Tour, ni siquiera en el camino hacia el mismo.

Palmarés en blanco antes de salir de Düsseldorf y sólo un triunfo al acabar, la general, nada menos, es el dato que ilustra el estado de las cosas. Froome quiere la Vuelta, le muestra respeto a la carrera y quiere ganarla de una vez, entiendo que por cariño que le tenga, fue donde explotó hace seis años, y por interés en mostrarse a la historia como un ciclista que no sólo corría y disputaba el Tour.

Imagen tomada de FB de Team Sky

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Cono el I+D de Endura

Chris Froome fue al grano

Froome posa con el maillot jaune en el podio de París

Como decía aquel, háblame de finales felices y no de comienzos venturosos. Chris Froome está en terreno de lo desconocido, cerca de pisar lodos que sólo cuatro alcanzaron pero que consiguieron mejorar. Froome puede ganar su cuarto Tour de Francia, le quedan 22 etapas y una enorme vuelta por el hexágono para conseguirlo. De ser buena su estrategia descolgaría el grupeto de Bobet, Thys y Lemond para verle el dorsal a Indurain, Merckx, Hinault y Anquetil.

Volvemos, si nos permitís, a lo que dijimos al principio, hace más de tres semanas para abordar lo que ha sido el Tour, el cuarto ya de Froome. Podemos decir, directamente, que lejos de florituras el inglés ha ido al grano, ha ganado el Tour y es ahora historia de este deporte. Simple y llano.

Froome no ha querido abalorios, ni nada que se le parezca, su temporada ha sido su Tour, su Tour ha sido su temporada. Una victoria en toda la campaña, una sola, el Tour de Francia ¿para qué más?

Dicen que ha sido su Tour más ajustado, sobre el papel, viendo la general, ha tenido un rival en menos de un minuto, Rigoberto Uran, y dos en los dos minutos, Bardet, hundido en la crono final, y Landa, quien trabajó para él. Sin embargo, en ningún momento vimos en apuros reales Froome más allá del rampote de Peyraguges, esa es la verdad.

¿En qué ha pasado su triunfo en el Tour Chris Froome?

En todo y en nada. En todo en general, en nada en particular. Como dijimos una vez, Froome es el mejor en lo que sabe hacer bien y nadie se lo puede discutir. Uno no gana cuatro Tours por casualidad, aunque algunos vean el grano en ojo ajeno y pongan las salvedades que sólo ellos ven.

Froome salvó tres momentos delicados como no lo hubiera hecho aquel día que se puso a correr Ventoux arriba. Fueron tres “momentos mecánicos” en la base del Mont du Chat, en un descenso camino de Peyragudes y en la ruta de Le Puy. En los tres momentos solventó la papeleta, y en los tres con la ayuda de su equipo, capital en su rendimiento y palmarés.

Froome mostró temple en distancias cortas, tesitura en la que no se había visto hasta esta edición. Acostumbrado a abrir hueco de buenas a primeras, Froome ha demostrado cintura con tres rivales a menos de un minuto. Esa gestión engrandece su figura, le da registros y le mejora como corredor.

No ha dejado a los rivales directos en montaña, no a todos al mismo tiempo, pero un día uno, otro al siguiente le han dado el aire en forma de segundos que han construido su victoria. Ha sido un éxito de mejoras marginales, detalles, pequeñas diferencias que sumadas han dado la general que ha pasado a la historia. Sólo dos cronos, 36 kilómetros entre ambas, le han servido como a Miguel Indurain más de 120 kilómetros acumulados.

El equipo, esa es otra. El Team Sky ha sido otra vez el bloque, una cebolla de varias capas que recubre las opciones de su líder. Un día uno, al siguiente otros, Froome ha estado rodeado cuando los rivales se quedaban solos, y eso es oro en una carrera de esta exigencia.

Es un gran honor ser mencionado en la misma frase que Jacques Anquetil, Eddy Merckx, Bernard Hinault y Miguel Indurain. Es un privilegio ir a a por esa cifra de cinco triunfos el año que viene” dice Froome, el año que viene comprobaremos si está en ese nivel.

Imagen tomada del FB del Team Sky

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Calidad Castelli testada

#LeCahier El Tour entre Froome, Bardet y Uran

Roglic gana la etapa del Galibier

Se aprietan las cosas. Igualdad es la palabra que define el big four del Tour. No hay otra opción que el desgaste y el trabajo de hormiguita y en esa tarea el versado Romain Bardet es especialista. La subida al Galibier no tuvo más historia que su tramo final con tres ataques de Bardet, suficientes para distanciar en cada uno un poquito más a Fabio Aru, el eslabón frágil de la cadena. Froome aguanta, Uran aguarda.

Rigoberto Uran gana enteros

Se dejaba la vida el campeón italiano cuando se veía el arco de la montaña del Galibier, se la dejaba porque sabia que cualquier agujero podía descolgarle del podio. Y así fue. El descenso del coloso no podía marcar diferencias si iban todos juntos, pero si empezaban a realizarlo separados, las cosas cambiaban.

Por eso Aru no pudo volver al grupo, a un grupo en el que no sólo Bardet y Uran le amenazaban, también Mikel Landa, el ciclista del pedaleo amable. Y por eso ahora las cosas parecen más claras: Bardet es el más incisivo sobre el papel, pero Rigoberto tiene galones y peso, el de la experiencia y la forma, porque juega con sus rivales, siempre en un segundo plano, oscuro, quizá un poco opaco, pero como si estuviera seguro que se la jugará una vez y esa será la buena.

Qué etapa, qué año de Roglic. Algarve, París Vasco, Romandía y ahora el Tour. Ese ciclista procedente de deportes de invierno que se presentó en el prólogo del Giro del año pasado casi fastidiando el primer rosa a Tom Dumolin, es ahora una referencia, no sólo rodando, verle es un primor, también para arriba. Roglic cogió la escapada buena, la que Contador lamentó no haber cazado de inicio, y aguantó hasta que a más de treinta de meta, cuando aún no se adivinaban las crestas del Galibier, decidió irse y ganar una etapa de esas que marcan.

Los reflejos de Contador. Estaba decepcionado Alberto Contador cuando le abordaba Flecha en meta, porque se le fue la escapada antes de la Croix de Fer, el corte que al final fue el bueno, como se vio. Le tocó apelar, otra vez, a la heroica a Contador y se vació en la Croix de Fer, tanto que el Galibier fue demasiado.

Dos notas sobre el madrileño, su eterna ambición, el hambre que demuestra, hoy como hace diez años, cuando era un imberbe niño vestido de blanco disputando la general, y su equipo, por primera vez en mucho tiempo uno alrededor de él. Mollema y Pantano, excepcionales, sin duda.

Porque colombiano y neerlandés tenían trabajo extra, no sólo por mantener viva la escapada, si no por hacerlo frente a una de las grandes exhibiciones de la carrera, si Landa impresiona por el dominio de la situación, lo de hoy de Michal Kwiatkowski es de traca, como ese metrónomo que se basta y se sobra para hacer Croix de Fer, tirar entre puertos, seguir por Telegraphe y la mitad del Galibier sin pestañear, sin variar el ritmo. Excepcional.

Matthews en verde. El sprint de la tercera semana de Michael Matthews le ha llevado nada menos que al verde. Recortando distancias con Kittel, ayer fue extraordinario el plan de su equipo, la caída y abandono del alemán le han dado un premio excepcional al australiano que muy mal lo habría de hacer para que Greipel u otro se lo arrebate .

#LaProchaine Unos años el Ventoux, otro el Galibier, algunos el Tourmalet,… este año la subida estrella es el Izoard, la cima de Bobet y la casa desierta. Son 180 kilómetros que acaban en la coronilla de un puerto que algunos asemejan a la luna y que hace pareja de baile con el Col de Vars.

Imagen tomada de FB de Le Tour de France

El más difícil para Chris Froome

Froome Aru Uran Bardet

¿Repetirá Chris Froome? Hace una semana, en los prolegómenos pirenaicos, hablábamos del big four de este Tour, cuatro tipos en un pañuelo que siete días después están, si cabe, más apretados, e incorporan un quinto, Mikel Landa, que también puede influir en la quiniela. Si nos permitís esto es lo que vemos cuando la carrera está afilando cuchillos de cara a Serre Chevalier, o lo que es lo mismo, la primera etapa alpina.

Arriba casi siempre Chris Froome. Es sin duda el hombre a batir, y no sólo porque porte el dorsal número uno, que eso ya le hace especial, también porque ejerce de líder de la carrera porte o no el amarillo, aunque se le vea al nivel de otras veces, ni mucho menos en el peldaño de ese corredor que hace un año podría haber perdido tiempo en el caos del Ventoux y recuperarlo en el tramo final.

Sin embargo Froome es 110% comeptitivo, un tipo que todo lo da en el empeño de ganar su cuarto Tour, no olvidéis que este año lleva la cuenta a cero. A su favor está el tremendo respeto que infunden él y su equipo, que sabe lo que es ganar esto y una crono final que puede poner todo en orden. En su contra que no sabe lo que es ganar una carrera en el alambre y para eso siempre hay una primera vez.

Voluntarioso Aru. Cuando vemos a Fabio Aru vemos las vueltas que puede dar la vida. Iba para el Giro cien y ha acabado haciendo el Tour de su vida. Además de haber portado el amarillo, es, no olvidemos, el único de los favoritos que ha dejado al resto, en la La Planche des Belles Filles. No le veo sobrado, pero tampoco creo que se descuelgue, si ambiciona el Tour realmente, puede desestabilizar, en caso contrario, si quiere atar un podio, pieza golosa, es probable que hasta pueda caer de él, porque en la crono tiene rivales muy complicados.

La atención de Bardet. Dicen que pudo haber rematado a Froome en la etapa de Le Puy, que debió haber quitado a sus gregarios en el puerto para tomar él mismo el comando y forzar más aún al inglés en su remontada, dicen… yo lo que creo es que aquí no sobra un gramo de fuerza y ponerse a ello tan lejos de meta debe pesar en el ánimo y la moral.

Con todo Bardet tiene los elementos para hacer daño, el único equipo con garantías de desgajar el Sky, una primera llegada en descenso, cosa que a él le va bien, y un país que le va a remolcar hasta lo más alto. Desde Fignon 1989 que uno de los suyos no se ve tan cerca. Para mí es el favorito número dos, aunque no esperéis locuras, es un tipo racional y sensato que hará un DAFO en cada paso que dé la carrera. Si le viene de cara, hasta puede romper la maldición.

La ilusión de Uran. Era el tercer o cuarto colombiano en la lista de concurrentes y ahora es la única carta. Es la grandeza del ciclismo. Creo que tiene algo guardado, de todos los que están ahí tiene experiencia y bagaje para realizar algo grande si realmente lo valora. Está igualado sí, pero no se ha exhibido mucho, ha estado agazapado y pendiente de sus rivales. No ha tomado la iniciativa. A todo ello se le añade que es el mejor croner, tras Froome. Veremos dónde encuentra su tope en este Tour, ni qué decir tiene que es nuestra apuesta y nuestro favorito.

Landa es juez y parte. Lo dijimos, es el ciclista del Tour, el corredor que creo sale más revalorizado y en el seno del Team Sky, un arma de doble filo, porque si bien no esconde su subordinación a Froome, tampoco omite la palabra líder en su discurso. Esto es la tercera semana, y él ha hecho el Giro, puede influir, como el hecho que Froome sea amarillo y no Aru, la necesidad de enviarle adelante para hacer un destrozo como el de Foix es, sobre el papel, menor. Ahora mismo la horquilla posible de puestos para Landa es amplia, habla también abiertamente de podio, eso significa que cuenta con la crono de Marsella, porque no olvidéis que ha mejorado mucho también en esta disciplina.

Esto es todo amigos, que no es poco, son dos etapas hollando sitios míticos, el Galibier, por su vertiente influyente, y el Izoard, un sitio trascendente. Luego la crono de Marsella, llana totalmente salvo la acensión a la parte trasera a su vigía, Notre-Dame de la Garde, mildoscientos metros más posterior descenso que acabarán poniendo orden en este Tour de locos.

Imagen tomada del FB de Le Tour de France

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