La grande de Froome tiene seis semanas

Froome es un tío encantador, sólo así se puede definir a una persona que pasa por alto a los abucheos e insultos que cada año le profieren desde las cuentas francesas. Así ya se dijo durante el Tour, sobre todo en la etapa de Le Puy, el territorio de Bardet, y no se volvió a mencionar, porque este inglés de raíz keniata no le otorga excesiva importancia a algo que al final es colateral, o no, pues conviene no olvidar que los ciclistas corren expuestos al 100% durante muchos kilómetros.

Decimos esto por la entrevista que han sacado en The Times y que resumen en el As, una entrevista en la que vuelve sobre la etapa de Peyragudes y sus malos momentos. Si la cara fuera el espejo del alma, Froome aquel día tendría que haber sido Tom Cruise en Misión imposible, con esas máscaras imposibles.

Sea como fuere, lo de distinguir los malos ratos de los rivales antes de partir era algo tan antiguo como que Bartali y Coppi se enviaban equipiers para ver cómo se encontraban uno y otro en los prolegómenos de cada etapa. Un juego del gato y el ratón que dio tardes de gloria y arrastró grandes leyendas.

Froome sin embargo “maquilló” ese mal momento y sus rivales deberán preguntarse si aquel día lo dieron todo, aunque ello les reconcoma el interior. Con todo el Froome de este Tour no era el de años atrás porque, como admite en la citada entrevista, el plan no sólo contemplaba Francia, también está la Vuelta a España, una carrera en la que lleva tres segundos puestos y que se le ha atragantado como el Tour nunca lo ha hecho.

Y es que la gran vuelta de Froome, este 2017, tiene seis semanas repartidas en dos meses y pico y separadas en dos bloques de tres. Esto parece así, nítido y claro. Froome en 2017 es un corredor comedido, contenido, que no ha dado nua pedalada de más en el propósito de ganar su cuarto Tour, ni siquiera en el camino hacia el mismo.

Palmarés en blanco antes de salir de Düsseldorf y sólo un triunfo al acabar, la general, nada menos, es el dato que ilustra el estado de las cosas. Froome quiere la Vuelta, le muestra respeto a la carrera y quiere ganarla de una vez, entiendo que por cariño que le tenga, fue donde explotó hace seis años, y por interés en mostrarse a la historia como un ciclista que no sólo corría y disputaba el Tour.

Imagen tomada de FB de Team Sky

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Cono el I+D de Endura

Chris Froome fue al grano

Froome posa con el maillot jaune en el podio de París

Como decía aquel, háblame de finales felices y no de comienzos venturosos. Chris Froome está en terreno de lo desconocido, cerca de pisar lodos que sólo cuatro alcanzaron pero que consiguieron mejorar. Froome puede ganar su cuarto Tour de Francia, le quedan 22 etapas y una enorme vuelta por el hexágono para conseguirlo. De ser buena su estrategia descolgaría el grupeto de Bobet, Thys y Lemond para verle el dorsal a Indurain, Merckx, Hinault y Anquetil.

Volvemos, si nos permitís, a lo que dijimos al principio, hace más de tres semanas para abordar lo que ha sido el Tour, el cuarto ya de Froome. Podemos decir, directamente, que lejos de florituras el inglés ha ido al grano, ha ganado el Tour y es ahora historia de este deporte. Simple y llano.

Froome no ha querido abalorios, ni nada que se le parezca, su temporada ha sido su Tour, su Tour ha sido su temporada. Una victoria en toda la campaña, una sola, el Tour de Francia ¿para qué más?

Dicen que ha sido su Tour más ajustado, sobre el papel, viendo la general, ha tenido un rival en menos de un minuto, Rigoberto Uran, y dos en los dos minutos, Bardet, hundido en la crono final, y Landa, quien trabajó para él. Sin embargo, en ningún momento vimos en apuros reales Froome más allá del rampote de Peyraguges, esa es la verdad.

¿En qué ha pasado su triunfo en el Tour Chris Froome?

En todo y en nada. En todo en general, en nada en particular. Como dijimos una vez, Froome es el mejor en lo que sabe hacer bien y nadie se lo puede discutir. Uno no gana cuatro Tours por casualidad, aunque algunos vean el grano en ojo ajeno y pongan las salvedades que sólo ellos ven.

Froome salvó tres momentos delicados como no lo hubiera hecho aquel día que se puso a correr Ventoux arriba. Fueron tres “momentos mecánicos” en la base del Mont du Chat, en un descenso camino de Peyragudes y en la ruta de Le Puy. En los tres momentos solventó la papeleta, y en los tres con la ayuda de su equipo, capital en su rendimiento y palmarés.

Froome mostró temple en distancias cortas, tesitura en la que no se había visto hasta esta edición. Acostumbrado a abrir hueco de buenas a primeras, Froome ha demostrado cintura con tres rivales a menos de un minuto. Esa gestión engrandece su figura, le da registros y le mejora como corredor.

No ha dejado a los rivales directos en montaña, no a todos al mismo tiempo, pero un día uno, otro al siguiente le han dado el aire en forma de segundos que han construido su victoria. Ha sido un éxito de mejoras marginales, detalles, pequeñas diferencias que sumadas han dado la general que ha pasado a la historia. Sólo dos cronos, 36 kilómetros entre ambas, le han servido como a Miguel Indurain más de 120 kilómetros acumulados.

El equipo, esa es otra. El Team Sky ha sido otra vez el bloque, una cebolla de varias capas que recubre las opciones de su líder. Un día uno, al siguiente otros, Froome ha estado rodeado cuando los rivales se quedaban solos, y eso es oro en una carrera de esta exigencia.

Es un gran honor ser mencionado en la misma frase que Jacques Anquetil, Eddy Merckx, Bernard Hinault y Miguel Indurain. Es un privilegio ir a a por esa cifra de cinco triunfos el año que viene” dice Froome, el año que viene comprobaremos si está en ese nivel.

Imagen tomada del FB del Team Sky

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Calidad Castelli testada

#LeCahier El Tour entre Froome, Bardet y Uran

Roglic gana la etapa del Galibier

Se aprietan las cosas. Igualdad es la palabra que define el big four del Tour. No hay otra opción que el desgaste y el trabajo de hormiguita y en esa tarea el versado Romain Bardet es especialista. La subida al Galibier no tuvo más historia que su tramo final con tres ataques de Bardet, suficientes para distanciar en cada uno un poquito más a Fabio Aru, el eslabón frágil de la cadena. Froome aguanta, Uran aguarda.

Rigoberto Uran gana enteros

Se dejaba la vida el campeón italiano cuando se veía el arco de la montaña del Galibier, se la dejaba porque sabia que cualquier agujero podía descolgarle del podio. Y así fue. El descenso del coloso no podía marcar diferencias si iban todos juntos, pero si empezaban a realizarlo separados, las cosas cambiaban.

Por eso Aru no pudo volver al grupo, a un grupo en el que no sólo Bardet y Uran le amenazaban, también Mikel Landa, el ciclista del pedaleo amable. Y por eso ahora las cosas parecen más claras: Bardet es el más incisivo sobre el papel, pero Rigoberto tiene galones y peso, el de la experiencia y la forma, porque juega con sus rivales, siempre en un segundo plano, oscuro, quizá un poco opaco, pero como si estuviera seguro que se la jugará una vez y esa será la buena.

Qué etapa, qué año de Roglic. Algarve, París Vasco, Romandía y ahora el Tour. Ese ciclista procedente de deportes de invierno que se presentó en el prólogo del Giro del año pasado casi fastidiando el primer rosa a Tom Dumolin, es ahora una referencia, no sólo rodando, verle es un primor, también para arriba. Roglic cogió la escapada buena, la que Contador lamentó no haber cazado de inicio, y aguantó hasta que a más de treinta de meta, cuando aún no se adivinaban las crestas del Galibier, decidió irse y ganar una etapa de esas que marcan.

Los reflejos de Contador. Estaba decepcionado Alberto Contador cuando le abordaba Flecha en meta, porque se le fue la escapada antes de la Croix de Fer, el corte que al final fue el bueno, como se vio. Le tocó apelar, otra vez, a la heroica a Contador y se vació en la Croix de Fer, tanto que el Galibier fue demasiado.

Dos notas sobre el madrileño, su eterna ambición, el hambre que demuestra, hoy como hace diez años, cuando era un imberbe niño vestido de blanco disputando la general, y su equipo, por primera vez en mucho tiempo uno alrededor de él. Mollema y Pantano, excepcionales, sin duda.

Porque colombiano y neerlandés tenían trabajo extra, no sólo por mantener viva la escapada, si no por hacerlo frente a una de las grandes exhibiciones de la carrera, si Landa impresiona por el dominio de la situación, lo de hoy de Michal Kwiatkowski es de traca, como ese metrónomo que se basta y se sobra para hacer Croix de Fer, tirar entre puertos, seguir por Telegraphe y la mitad del Galibier sin pestañear, sin variar el ritmo. Excepcional.

Matthews en verde. El sprint de la tercera semana de Michael Matthews le ha llevado nada menos que al verde. Recortando distancias con Kittel, ayer fue extraordinario el plan de su equipo, la caída y abandono del alemán le han dado un premio excepcional al australiano que muy mal lo habría de hacer para que Greipel u otro se lo arrebate .

#LaProchaine Unos años el Ventoux, otro el Galibier, algunos el Tourmalet,… este año la subida estrella es el Izoard, la cima de Bobet y la casa desierta. Son 180 kilómetros que acaban en la coronilla de un puerto que algunos asemejan a la luna y que hace pareja de baile con el Col de Vars.

Imagen tomada de FB de Le Tour de France

El más difícil para Chris Froome

Froome Aru Uran Bardet

¿Repetirá Chris Froome? Hace una semana, en los prolegómenos pirenaicos, hablábamos del big four de este Tour, cuatro tipos en un pañuelo que siete días después están, si cabe, más apretados, e incorporan un quinto, Mikel Landa, que también puede influir en la quiniela. Si nos permitís esto es lo que vemos cuando la carrera está afilando cuchillos de cara a Serre Chevalier, o lo que es lo mismo, la primera etapa alpina.

Arriba casi siempre Chris Froome. Es sin duda el hombre a batir, y no sólo porque porte el dorsal número uno, que eso ya le hace especial, también porque ejerce de líder de la carrera porte o no el amarillo, aunque se le vea al nivel de otras veces, ni mucho menos en el peldaño de ese corredor que hace un año podría haber perdido tiempo en el caos del Ventoux y recuperarlo en el tramo final.

Sin embargo Froome es 110% comeptitivo, un tipo que todo lo da en el empeño de ganar su cuarto Tour, no olvidéis que este año lleva la cuenta a cero. A su favor está el tremendo respeto que infunden él y su equipo, que sabe lo que es ganar esto y una crono final que puede poner todo en orden. En su contra que no sabe lo que es ganar una carrera en el alambre y para eso siempre hay una primera vez.

Voluntarioso Aru. Cuando vemos a Fabio Aru vemos las vueltas que puede dar la vida. Iba para el Giro cien y ha acabado haciendo el Tour de su vida. Además de haber portado el amarillo, es, no olvidemos, el único de los favoritos que ha dejado al resto, en la La Planche des Belles Filles. No le veo sobrado, pero tampoco creo que se descuelgue, si ambiciona el Tour realmente, puede desestabilizar, en caso contrario, si quiere atar un podio, pieza golosa, es probable que hasta pueda caer de él, porque en la crono tiene rivales muy complicados.

La atención de Bardet. Dicen que pudo haber rematado a Froome en la etapa de Le Puy, que debió haber quitado a sus gregarios en el puerto para tomar él mismo el comando y forzar más aún al inglés en su remontada, dicen… yo lo que creo es que aquí no sobra un gramo de fuerza y ponerse a ello tan lejos de meta debe pesar en el ánimo y la moral.

Con todo Bardet tiene los elementos para hacer daño, el único equipo con garantías de desgajar el Sky, una primera llegada en descenso, cosa que a él le va bien, y un país que le va a remolcar hasta lo más alto. Desde Fignon 1989 que uno de los suyos no se ve tan cerca. Para mí es el favorito número dos, aunque no esperéis locuras, es un tipo racional y sensato que hará un DAFO en cada paso que dé la carrera. Si le viene de cara, hasta puede romper la maldición.

La ilusión de Uran. Era el tercer o cuarto colombiano en la lista de concurrentes y ahora es la única carta. Es la grandeza del ciclismo. Creo que tiene algo guardado, de todos los que están ahí tiene experiencia y bagaje para realizar algo grande si realmente lo valora. Está igualado sí, pero no se ha exhibido mucho, ha estado agazapado y pendiente de sus rivales. No ha tomado la iniciativa. A todo ello se le añade que es el mejor croner, tras Froome. Veremos dónde encuentra su tope en este Tour, ni qué decir tiene que es nuestra apuesta y nuestro favorito.

Landa es juez y parte. Lo dijimos, es el ciclista del Tour, el corredor que creo sale más revalorizado y en el seno del Team Sky, un arma de doble filo, porque si bien no esconde su subordinación a Froome, tampoco omite la palabra líder en su discurso. Esto es la tercera semana, y él ha hecho el Giro, puede influir, como el hecho que Froome sea amarillo y no Aru, la necesidad de enviarle adelante para hacer un destrozo como el de Foix es, sobre el papel, menor. Ahora mismo la horquilla posible de puestos para Landa es amplia, habla también abiertamente de podio, eso significa que cuenta con la crono de Marsella, porque no olvidéis que ha mejorado mucho también en esta disciplina.

Esto es todo amigos, que no es poco, son dos etapas hollando sitios míticos, el Galibier, por su vertiente influyente, y el Izoard, un sitio trascendente. Luego la crono de Marsella, llana totalmente salvo la acensión a la parte trasera a su vigía, Notre-Dame de la Garde, mildoscientos metros más posterior descenso que acabarán poniendo orden en este Tour de locos.

Imagen tomada del FB de Le Tour de France

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#LeCahier Cada día es fiesta en casa de Froome

Froome en amarillo en Le Luy

Sin tregua: si a Froome le gusta la tranquilidad, este Tour les está dando dosis de fiesta casi a diario. la jornada del Macizo Central fue definida por “le régional”, Romain Bardet, como una especie de Lieja. Quizá embebido por el lugar, tan cercano, tan familiar, quizá llevado por un estado de forma excepcional, acompañado por el mejor equipo de la carrera, excepción hecha del Team Sky, quizá empujado por la necesidad de arañar segundos que le pongan a seguro antes de la crono de Marsella, el mismo Bardet volvió a ser el «precipitador» de las cosas, en el momento que tenían que “precipitarse”.

Fue a cuarenta kilómetros de meta cuando los blanquiazules sacaron la artillería y pusieron, como en el Jura, en un brete al Sky. Hablamos del Jura, también del Macizo Central, podríamos decir que son las cordilleras menores, ni Alpes ni Pirineos, pero en este Tour están dando el brillo, que los grandes clásicos no conseguían regalar.

Tras varios años de un pelotón escupiendo sobre la grandeza del Col du Tourmalet, Galibier y Croix de Fer, entre otros, llega un primera duro, estrecho, arraigado y humanizado en las cuentas, como el Peyra Taillade, y desgaja el pelotón como quien estruja una mandarina. Un puerto empinado, corto en medio de una trampa de etapa, que resultó casi mortal para el líder cuando la mecánica como en Mont du Chat, como en la salida de curva de Peyresourde, le volvió a jugar una mala pasada.

La gestión del Team Sky: tenía interés en saber cómo iba a resolver las diferentes crisis que en este Tour se le suceden al Team Sky y no podemos menos que elogiar cómo lo están haciendo los ingleses. Si camino de Foix creo que hicieron un buen negocio con Landa delante y Froome en el top, esta vez la escalera hacia el grupo bueno del líder fue efectiva. Resolver, hay que resolver, pero si se hace sin estridencias mejor, incluso mejor para el portador del amarillo, Froome, que cuando algo se tuerce se afecta en exceso.

Kwiatko le cambió la rueda, Mikel Nieve lo arrastró hacia delante y Mikel Landa lo metió y acompañó en el grupo de los grandes. Gestión muy buena de los ingleses, que demuestra que no sólo saben ganar con la corriente a favor, también en momentos adversos.

Público impertinente: hemos leído en varias crónicas que el pasillo humano que guió a la caravana del Tour estuvo perfumado de mucha pasión pero también poblado de algún gilipollas que se despachó con Froome, un corredor que está teniendo que soportar tanto frustrado en las cunetas, que su estoicismo es admirable.

Mollema, sin el puestómetro: el holandés ya despachó su puestecito en el Giro llegando al Tour con la cuota cubierta. Sin Contador en la pomada –nos quedará saber si el neerlandés habría trabajado al 110% para él de requerirlo- Mollema era un outsider a cualquier etapa que exigiera un mínimo de calidad. Su triunfo en Le Puy ha sido el sueño cumplido a una carrera llena de buenos resultados pero sin la guinda, un sueño que además culminó en una fuga de un nivel y exigencia importantes.

#LaProchaine La carrera se toma el segundo día de descanso y saldrá mañana desde Le Puy a Romans-sur-Isère, unos 165 kilómetros que no se esperan muy duros más allá de que es la tercera semana y pondrá el Tour en la puerta de los Alpes.

Imagen tomada del FB del Team Sky

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#LeCahier Froome prefiere el amarillo

Chris Froome vuelve a ser líder del Tour

El desgaste de Froome. Para Chris Froome cada viraje, cada recoveco, cada esquina cuenta. Es una teoría válida y en tiempo de guerra, pues ya se sabe. El inglés vuelve a ser líder porque aguantó el arreón final, el de los velocistas en subida.

Hace un año Froome se situó de líder en el descenso del Peyresourde y apuntaló la plaza en unos abanicos. No fue el Froome resultón de sus dos primeros Tours, que basó su éxito en abrir hueco y mantenerlo. Ese Froome, el del año pasado, fue un cúmulo de ventajas que sumadas dio la final, antes de que sentenciara entre el Ventoux y la crono del día después.

El Froome de este año está en situación similar, no rompe la carrera pero va rascando, aunque París aún se ve lejos, le queda un buen trecho, tendrá que apuntalar algún día si quiere evitarse un final de infarto…

¿Qué cambia en el Sky? Que Froome sea líder poco cambia sobre el papel para el Team Sky, porque los ingleses son el Equipo con mayúsculas, cuyas espaldas llevarán, sí o sí, el peso de la carrera. Que Froome sea líder ya, antes del ciclo alpino, refuerza su papel de jefe de filas, en sintonía a lo que decía Landa de tener piernas pero no galones. Eso, por si quedaba duda, no ofrece discusión con Froome de amarillo.

Matthews ya tiene la suya. No ha sido sencillo que Michael Matthews gane su primera etapa en este Tour. El australiano fue una de las víctimas propiciatorias de Marcel Kittel en las llegadas llanas. Ha tenido que venir la meta de Rodez, aquella que viera el agónico sprint entre Sagan y Van Avermaet hace un par de años, para que Matthews marcara su casillero.

El australiano ganó precisamente a Van Avermaet y lo hizo con meridiana claridad. Dos etapas seguidas para el Sunweb, a la de Barguil, ésta de Matthews. Los holandeses siguen engordando su palmarés de pocas pero valiosas piezas.

De Gendt, tampoco: otra fuga que no llega en el Tour. De una forma u otra, los grandes nombres no están por repartir. Sólo Calmejane y el mentado Barguil entraron por delante, el resto en grupo y entre los mejores en lo suyo. Thomas De Gendt quiso repetir la alegría del Ventoux, el 14J del año pasado, pero en esta edición las etapas llanas las controlan los velocistas y las grandes de montaña los mejores de la general, que viéndose en un pañuelo no ceden nada.

#LaProchaine 189 kilómetros que acaban el Le Puy-en-Velay, un diente de sierra por el Macizo Central, con un primera a unos 30 kilómetros de meta. Atención a “le régional” que no es otro que Bardet quien habla del lugar como si de una Lieja se tratara.

Imagen tomada del FB del Team Sky

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Los papeles de Froome

Chris Froome llegando a Peyragudes

Estamos en terreno de lo desconocido, arena salvaje, un sendero nunca pisado… Chris Froome y su Team Sky han cedido por primera vez el maillot amarillo una vez la carrera ha entrado en fase crítica, con una etapa en los Pirineos, una crono inicial y alguna jornada de montaña más ya disputada. Las preguntas se agolpan, gana el ciclismo.

Hace un año, hoy además, el 14J, en Tour de Francia se levantaba con la noticia de la suspensión de la mitad de la ascensión al Mont Ventoux, por que el “ventoux” soplaba muy fuerte en la cima. El día nacional, con la Provenza colpasada de seguidores y afición, se dejaba en la mitad la subida al monte pelado, teniendo que situar toda la marabunta en la primera parte de la montaña.

Y pasó lo que tenía que pasar, que no había sitio para todos, y la carrera colapsó. Porte, Froome y Mollema acabaron estampados contra una moto bloqueada por el gentío y se desencadenó la locura: Froome con la bici rota, echó a correr a pie montaña arriba, porque sencillamente veía que se le escapaba el Tour.

Ese Froome en crisis, ese corredor atenazado, casi en pánico por ver peligrar su gran desvelo, es el que centra hoy todos nuestros interrogantes, porque a Froome le hemos visto en líder muchas veces, controlando mejor o peor la competición, yo diría que de forma impecable, a la vista del equipazo que le rodea. Ese Froome que en contadas ocasiones se ve en aprietos es un corredor temeroso, dubitativo y casi diría que visceral.

Las imágenes del Ventoux nos vienen a la mente, pero también las del Mont du Chat, todo nervios, brazos arriba, aspavientos, o la del ciclista trabado y carente de swing que entra en la meta de Peyragudes.

Froome perdiendo los papeles, ese sería el titular y ese sería el escenario que quisiéramos ver en la mini jornada de Pirineos que acaba en Foix, una jornada de 101 kilómetros cargada de dureza y mala baba que, a la vista de las diferencias entre los mejores, puede ser una excelente jornada de ciclismo, si los que están en la pomada ponen toda la carne en el asador.

Que el Team Sky muestre la solvencia de antaño no es noticia, que Froome se trabe de esa manera en una rampa sí que lo es. Nos la trae al pairo quién gane el Tour, incluso, bien lo sabéis, si hubiera españoles en la quiniela, a ver Landa qué ocurrencia nos regala hoy, pero ello no nos sustrae de un anhelo, que no es otro que el de ver ciclismo, y eso creo que sí es universal.

Esperemos que el desconcierto reinante regale esa etapa que nos reconcilie con Tour, esa carrera que todo el año esperas, pero que rara vez copa los paladares más exigentes.

Imagen tomada del FB del Team Sky

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#LeCahier Froome in trouble

Chris Froome pierde el maillor amarillo

Hay Tour: Aru, líder, Bardet, etapa, Froome, en apuros, Uran, el cuarto hombre en 35 segundos. ¿Cuál es la noticia? ¿Quién desplaza a quién? Hoy mismo, momentos antes de sentarme en mi cómodo sofá a ver la carrera, me decían “qué pena de Tour, Froome ya lo tiene, los Sky lo han matado”. Hoy teníamos la gran etapa de los Pirineos y vimos el vaticinio de nuestro amigo cumplido,… hasta los últimos trescientos metros. Una jornada pesada, densa, de esas que invita a cambiar de canal y que cuestiona el ciclismo como deporte televisivo.

Pero las cosas pueden cambiar en un momento, en un segundo, un flash que acelere todo y dé con le punto. La rampa donde James Bond se carga una base militar fue la tumba de Chris Froome y la prueba definitiva de que si se prueba, por mucho el Team Sky intimide, quizá suene la flaura.

No hubo movimientos anteriores y quizá ello pese en los rivales del hasta hoy líder del Tour. Nieve llevó el grupo enfilado, sé que es difícil, pero si los rivales querían una muesca, una sima en la resistencia del gran favorito ya tienen adonde agarrarse.

Pronóstico muy incierto: hay una igualdad de fuerzas terrible, se ve y se percibe. Bardet ha ganado como podría haber ganado Aru, de haberse guardado un cartucho para la etapa y no para el liderato. Al final hay que elegir, el italiano de amarillo, un premio increíble, el francés ganador de etapa. Fabio Aru es el nuevo líder de una carrera en la que fácilmente podría acabar cuarto, porque la sorpresa se escribe en cada giro. Aru, por ejemplo, ha perdido la valiosísima carta de Jakob Fuglsang en el juego de piezas que es la general. Sabe que esto cambia a cada paso, no hay respiro, y las fuerzas son muy parejas.

Trés bien Bardet. Este es un ciclista que nos encanta porque no entra en concurso si no ve las cosas claras. Bardet no se prodiga mucho, este año especialmente, pero aparece cuando merece la pena. El domingo puso toda la artillería en el Jura para dividir al Sky, lo probó al final, pero le sobraron unos kilómetros. Hoy, ha estado rezagado hasta el final, sabiendo de la tarea imposible de plantar cara al Sky, en un inicio, y de la posibilidad de vestirse de amarillo de Aru. Bardet ya tiene su etapita, la primera que no gana en los Alpes y está en la quiniela. Espero le dejen vivir en Francia.

Froome, en problemas: el paisaje es diferente, cambiante, no tiene el viento a favor. Decían que el final no es el adecuado para Froome, pero Froome en sitios similares, si está bien, llega delante, recordad Huy, hace dos años: sólo le ganó Purito, especialsta en la materia. Yo creo que la miseria de Froome venía de lejos, porque su posición en la general no era la óptima y esperar al final para distanciar a los rivales no era lo habitual.

Froome quemó kilómetros y kilómetros rodeado y bien protegido, por Kness, Rowe, Kwiatko, que se ha salido, Nieve e incluso Landa en los momentos finales. Es precisamente ese escudo blanco en el que se escondió Froome hasta que no había más cojones que mover la carrera, en la rampa final. ¿Qué habría pasado de probar antes al inglés?

¿Aguas revueltas en Sky? Los momentos posteriores a la carrera, con Mikel Landa acoplándose al rodillo, se vieron imágenes de conversación airada entre el corredor y Nicolas Portal. Conversación animada y no sé si fruto de algún reproche. ¿Por qué no esperó Landa a Froome al final? yo creo que poco podría haber hecho tan cerca de meta, ahora bien, el alavés está en un estado de forma espectacular, y ha corrido el Giro a cuchillo…

#LaProchaine Etapa relámpago de 101 entre Saint-Girons y Foix, dura y tres muros para dar color el 14 de julio. Froome está tocado, ha perdido su bien más preciado ¿le probarán?

Imagen tomada de Team Sky

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