Fernando Gaviria, fuera del Quick Step

Tour - Sagan y Gaviria JoanSeguidor

Mov_Gore

La suerte de Fernando Gaviria se jugará ahora en el Emirates

Hace unos días nuestro amigo Milo se preguntaba por la suerte de Fernando Gaviria fuera del Quick Step.

Esto, aunque a algunos les cueste la vida pensarlo, no va ni de colombianos, ni de raza, ni nada similar.

Un ciclista como Fernando Gaviria, como cualquier otro sprinter de primera línea, necesita de mucho más que su confianza y potencia.

Fernando Gaviria ha sido uno de los puntales de la campaña histórica de los azules, pero no cabe duda que los azules le han ayudado decisivamente.

Fernando Gaviria sonó como otra de las cartas que Patrick Lefevere podía perder si no cerraba la viabilidad del equipo en breve.

Ahora confirman su pase definitivo al Emirates, que ya han fichado a los Oliveira, a Juan Sebastián Molano…

A saber qué pasa con Alexander Kristoff.

DT-Swiss 2019

Sea como fuere la salida de Fernando Gaviria provoca un serpentín en su equipo.

Será interesante ver cómo se maneja Elia Viviani en el Tour, lo único que le falta.

Lo mismo que saber de la suerte de Fabio Jakobsen y tantos talentos que maneja este grupo.

Talentos que parecen capaces de cualquier cosa.

 

Fernando Gaviria tiene que estar muy seguro para dar un paso que, a las pruebas nos remitimos, a otros nos les resultó.

Cuando dejas equipos dirigidos por Lefevere o Unzué corres el riesgo de dar un paso atrás.

Ejemplos hay muchos.

Dos significativos: la salida de Kittel del Quick Step ya vimos cómo resultó, como la de Rui Costa del Movistar, al Emirates, casualmente.

Pasa por Cambrils el primer fin de semana de noviembre 

Fernando Gaviria no es él solo, es todo lo que arrastra un tío que tiene esa facilidad para ganar.

Y en el Team Emirates ya puede preparar su «vagón azul».

El encaje de Fernando Gaviria en el ciclismo colombiano

Fernando Gaviria - Tour JoanSeguidor

Da gusto ver a Fernando Gaviria, el velocista en tierra de escarabajos

 

El otro día leí el origen del apodo “escarabajo”, de dónde viene, de cuándo es. Resulta complicado aplicárselo a Fernando Gaviria.

Incluso por su edad, creo que él no conoció a los escarabajos.

En Chartres, la ciudad postrada al templo gótico más increíble del mundo, Gaviria no pudo con su compañero de generación, Dylan Groenewegen.

En la velocidad hay un relevo evidente de nombres, donde ganaban Cav, Kristoff y Greipel, ganan Gaviria, Groenewegen e incluso Ewan, ausente, pero con lo que estamos viendo seguro que estaría ahí.

A la espera estamos de Kittel, ausente. Peter Sagan va por libre.

 

El ciclismo que dibuja a Gaviria

Pero volviendo a Fernando Gaviria y su encaje en uno de los ciclismos más peculiares del mundo, es tremendo el efecto que causa su dominio.

El ciclismo español no tuvo un anotador así casi nunca, si me apuráis nos iríamos a Miquel Poblet.

Lo más parecido a Gaviria que hubo a este lado de los Pirineos fue Oscar Freire, pero el cántabro primó calidad por cantidad, quizá por que sus lesiones no le dejaron ir a más.

La comparación de Poblet y Freire es paradóica, porque en el cilcismo colombiano encontrar alguien que entronque con Gaviria es harto complicado.

 

Leonardo Duque fue el ciclista rápido del país, pero su incidencia no es la del ciclista del Quick Step.

Recuerdo que ganó una etapa de la Vuelta, en Puertollano, como gran perla.

Gaviria lleva, a su tierna edad, cuarto etapas en el Giro y dos en el Tour.

Si se hubiera retirado el día que debutó en el Tour, podría decir que él ganó todas las etapas en las que tomó parte en la Grande Boucle.

Lo singular del dato es el reflejo de su precocidad, como si hiciera el camino fácil, o más sencillo que otros.

 

 

Fernando Gaviria bebe de la pista, de ese “otro” ciclismo que algunas naciones cuidan, en Colombia por ejemplo, como gran cantera de talento y victorias futuras.

Tiene presencia, se encaja en la bicicleta, bue estratega, elige el momento, golpea certero.

Es la pista, es ómnium, el arte de medir todos los factores y controlar los elementos.

Gaviria domina a escena y lo hace capitaneando el mejor equipo belga del momento.

Está todo dicho.

 

Gaviria, en cualquier otro tiempo, podría ser un rara avis del ciclismo colombiano, pero no, es la evolución de la especie.

Es un paso más allá de un ciclismo que puede ver un sprint con la misma pasión que una gran jornada de montaña.

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¿Quién se lo diría a Herrera y Parra?

Pero esto es así y no hay vuelta de hoja, como que creemos que Peter Sagan tiene un serio rival para el verde.

Posiblemente Gaviria no escale como el eslovaco, y lo pase mal, pero el hambre que tiene este moreno es importante.

Con gente así, el Tour es un poco mejor.

Imagen: © Tim De Waele / Getty Images

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Gaviria: Colombia explica el inicio del Tour

Fernando Gaviria - Tour de Francia - JoanSeguidor

Fernando Gaviria gana la etapa en la que debuta en el Tour de Francia, una etapa que penaliza a Froome y Nairo

Dice Gaviria, recién amarillo del Tour, de su equipo  que «somos una familia».

No sé si llegará a ese extremo pero lo parece.

Quick Step, el rodillo azul, suma otra más, una muesca más en un revólver que rebosa pólvora y puntería.

Fernando Gavia, un alegrón verle ahí

Fernando Gaviria debutaba en el Tour y como esos jugadores tocados por la Diosa Fortuna ganó en la primera que tomaba parte.

Fernando Gaviria es un tío de esos que mira alto, que no mira a cualquiera, que mira a Peter Sagan.

En el inicio del Tour, Gaviria ha repasado a Sagan, y de paso a la plana mayor de la velocidad del Tour.

Fernando Gaviria tuvo íntegro a su equipo, Sagan tampoco iba mal acompañado, lanzó el sprint y se acabó.

Como siempre decimos en estos casos, nos encanta que triunfe gente de otras disciplinas, y Gaviria es carne de pista.

De Gaviria a Nairo Quintana

Fernando Gaviria, repetimos, dice que su equipo es «una familia».

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¿Podrá decir lo mismo Nairo del suyo?

Durante largo tiempo, desde conocimos el recorrido del Tour, desde que supimos que Movistar iba con el tridente, nos preguntamos

En esa primera semana ¿a quién reportarán los currantes del equipo celeste?

Pues ya lo hemos visto, en las primeras de cambio, Nairo Quintana iba solo, más solo que la una, desasistido y con un minuto largo cedido, de la forma más absurda, cuando esto no ha hecho más que comenzar.

Sabemos que el Tour es largo, que hay opciones de virar la situación y esas cosas.

Pero también sabemos que empezar con un minuto perdido es empezar a contrapié.

Que recuerde Nairo los diques neerlandeses hace tres años, era la primera etapa en línea y Froome ya le había tomado distancia.

En definitiva, Nairo iba solo por el desconcierto del momento, pero también porque, sin líder marcado, estaba escrito que estaría solo.

Es que no había otra.

Y, amigos colombianos, no os llevéis mala sangre, le tocó a Nairo, pero si le tocara a otro era complicado acompañarle.

En un equipo de ocho, con tres líderes, con Marc Soler por detrás, no tocaban ni a ciclista y medio por líder.

Hay cosas que sólo entenderán quienes tratan de imponerlas como verdades, y quizá dentro de tres semanas nos tapen la boca, pero esto del tridente es complicado de asimilar de inicio.

Otro grano en el culo de Froome

Y si a Nairo le tocó bailar con la más fea, Chris Froome tuvo su ración.

Empezó el Giro por suelos, el Tour también.

Ya sabemos cómo acabó el Giro, pero es que este Tour le parece adverso, esquivo y deprimente. Veremos.

No podía ser de otra manera, Richie Porte también llegó cortado, lo mismo que Adam Yates.

Egan Bernal también acabó por detrás, después de una remontada filmada perfectamente, y en directo, por la televisión francesa.

Es el Tour que explica Colombia, que narran los colombianos, como era de esperar.

De Gaviria a Bernal, pasando por Nairo.

Víctor Hugo Peña, el gregario de Amstrong, el que hacía la goma por detrás de Indurain y Rominger, ya tiene sucesor: Fernando Gaviria.

Imagen tomada de FB de Le Tour de France

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Así sabe una travesía en bicicleta por los puertos de Somiedo 

 

La pica en Flandes de Fernando Gaviria

El nuevo líder del Quick Step es colombiano, es Fernando Gaviria…

El revolcón de triunfos del Quick Step este año ha estado repartido entre muchos nombres, vamos, como el Gordo de Navidad. Curiosamente ser el equipo con mejores números de la campaña y haber sido partícipe de momentos históricos, como la retirada de Tom Boonen, las cinco etapas y abandono de Marcel Kittel en el Tour, o el carrusel de éxitos de Matteo Trentin, no le ha impedido perder una buena dosis de calidad, que muy difícil será que no pese en los resultados de año que viene.

Las negociaciones de Pratrick Lefevere para mantener a flote una estructura que rezuma grandeza desde los años del Mapei supongo que no han sido la mejor forma para apuntalar la continuidad de Gianluca Brambilla, David De la Cruz, Matteo Trentin, Marcel Kittel y Daniel Martin, entre otros.

La evidente merma, paliada por una serie de ciclistas muy jóvenes, empuja a quienes siguen en el barco a tomar un rol de líder, a dar el paso adelante como punta de lanza de un equipo que no es un cualquiera en el pelotón, pues este año han conseguido aquello que otras veces tanto les había costado, brillar y mucho en todas y cada una de las grandes citas que han tomado parte.

En ese nuevo escalón muchos miran a Fernando Gaviria, 23 años en ristre, 24 ya el próximo mes de agosto, como nuevo estandarte de una estructura en la que permanecen aún buenos ciclistas, Julian Alaphilippe y Philippe Gilbert especialmente, y en la que nuca ha liderado alguien del otro lado del charco.

Quick Step, equipo de sustrato belga, especialista en clásicas, garante del tarro flamenco y sus esencias, estará liderado por un colombiano, es como si cayera otro mito, otro muro en esa escalada imparable del ciclismo venido del corazón latinoamericano, una pica en Flandes, nunca mejor dicho.

Ya lo dijimos el otro dia, Fernando Gaviria se ha cargado de razones para este “upgrade”, ahora queda ver que no se equivocan en la elección y en los galones que seguro le colgarán.

Y Gaviria que no se amilana, ni parece asustarse ante los retos, dice que quiere ser el mejor ciclista del mundo, la punta de lanza del equipo mas laureado del mundo. Lefevere hizo su apuesta, prefirió al velocista colombiano a Marcel Kittel, que va a hacer bueno ese lema de Alpecin y la calidad del cabello que toca.

Ahora alemán y colombiano serán rivales. En los otros duelos, esos que no vemos porque todo lo leemos en clave de gran vuelta, este Gaviria vs Kittel creo que será el más apetecible de la primera semana de Tour, lleno de encerronas y trampas pero que seguro nos ofrecerá alguna llegada memorable.

Imagen tomada del FB del Giro d´ Italia

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La bici en destino sin cargar ni tirar por ella…

El fenómeno Gaviria

Hay corredores que te pueden gustar por muchos motivos, algunos nimios, otros más trascendentes. Corredores que te despiertan opinión, no siempre comprendida y que a veces escuece y te cuesta disgustos, pero opinión, en definitiva, porque a veces la lengua nos pierde.

Con Fernando Gaviria no podemos menos que descubrirnos, por muchas cosas, pero sobre todo porque cumple una que en este mal anillado cuaderno siempre hemos puesto sobre la mesa: viene de la pista y demuestra maneras en la ruta. C´est tout dit.

Es curioso, en los días que supimos que Albert Torres revalidaba su título europeo de ómnium, una de las referencias históricas de la joven modalidad sigue sumando en China, en ese final que la UCI se ha montado lejos del nido.

Tres etapas, a falta de la última, en Guangxi, la región meridional china que acoge el epílogo cilcista de la campaña. Tres etapas sobre tres posibles, eso es efectividad Sagan en California, o si queréis más próximo, Bennet en Turquía.

Podría ser desdeñable esta estadística, en una carrera que, aunque en el WT, no deja de ser un segundo escalón en cuanto a rivales y concurrencia, si no tuviéramos presente que la primera de las trece victorias de Gaviria este año aconteció hace nueve meses, en el lejano enero, en el no menos alejado Tour de San Luis.

Gaviria suma triunfos en los tres continentes, el mapa de su habitación reparte chinchetas por el globo, en horizontal. Tiene sólo 23 años y su evolución no para, sigue su curso y lleva a destino desconocido.

Hace 23 años, sólo ese tiempo, el ciclismo colombiano era corredores como Álvaro Mejía, «Cacaíto» Rodríguez y Oliverio Rincón, buenos ciclistas, el primero estuvo a punto de ser podio en el Tour, pero los de ahora son otra cosa, son la evolución natural de la especie, que se dice que por pura inercia mejora y tira adelante.

Cuando ganó la París-Tours dijimos que Gaviria no conoció a los escarabajos, dícese de ese corredor menudo, que llevaban al límite en la primera semana del Tour, porque si llegaba con fuerzas a la montaña, podía hacerlo saltar todo.

Ahora mismo este pistard de éxito acumula experiencia y triunfos, ojo a sus victorias en el Giro de Italia, culminadas con la “maglia ciclamino”. Y ojo a lo que le viene, es la apuesta de Patrick Lefevere, inequívoca, además, en una dirección. Y ojo porque si Lefevere te pone una X, es por algo.

En una estructura venida a menos, Gaviria sale reforzado, ya no tiene a Marcel Kittel al lado, es decir que los azules, si es que siguen vistiendo de azul, se lo juegan todo al colombiano, los belgas jugándoselo al colombiano. La sola circunstancia habla por sí sola de la jerarquía del fenómeno Gaviria.

Imagen: © Quick-Step Floors Cycling Team/Tim De Waele

Colombia: de Lucho a Gaviria

Hace treinta años por estas fechas Colombia era un país incendiado de ciclismo. Luis Herrera, un jardinerito que también llamaron Lucho, hacía historia mayúscula ganando aquella Vuelta influida a partes iguales entre los Lagos de Covadonga y la desgracia de Sean Kelly. Era la culminación, el minuto cero de una historia de éxito que daría para largos episodios.

La década de los ochenta dejó huella por aquellos que llamaron escarabajos, ciclistas colombianos que subían irresistiblemente las mejores paredes del viejo continente, corredores que ni acostumbraban a ganar grandes vueltas, sí etapas y reinados de la montaña, pero que con Lucho dieron el paso adelante.

Afinado, moreno, elegante y de rauda arrancada, Herrera rápido se vio que sería el elegido de dar el paso adelante, de cruzar el Rubicón, en esa Vuelta logró lo que nadie había conseguido. Fue como un serpentín, el exclusivo dominio europeo amenazado en cadena: primero Greg Lemond que hace caer el telón del Tour, luego Lucho la Vuelta y al año Hampsten el Giro. La globalización en su todo su esplendor.

Luis Herrera acuñó pocas pero grandes victorias, a la general de esa Vuelta, un par de éxitos en los Lagos de Covadonga y con los años el Terminillo en el Giro. La colección de grandes cimas por eso había tenido un antes y un después en Alpe d´ Huez. En la retina queda su mano a mano con Perico en la cima capital de la Volta del 91, el Mont Caro, el pelado coloso de Tortosa, donde Lucho dio la medida de su clase.

Treinta años después, hoy mismo, los titulares siguen hablando del ciclismo colombiano. Más allá de la suerte de Nairo en Oropa, queda lo que pueda dar más de sí Fernando Gaviria, sin duda junto a Tom Dumolin, el corredor de este Giro.

Cuatro victorias, cuatro nada más con escasos veintidós años, un corredor joven que vino a Italia a coger experiencia y ésta la adquiere desde el podio. Nos gusta Gaviria por varios motivos, uno personal, viene de la pista y eso nos pone, y otra pasional, que es un ciclista que subyuga con ese sprint, ese cambio de velocidad, esa forma de imponerse.

Entendedme, las tres victorias que ha logrado hasta la fecha han sido de bella y distinta factura, nos prendó cuando admitió que el mejor velocista del Giro era alemán y se apellidaba Greipel, pero ojo, porque la volatta de Tortona es otra, es otro nivel: una remontada desde atrás, desde muy atrás, desde ese nivel en el que muchos directamente abdican de disputar.

Gaviria demuestra lo importante que es una la confianza en la velocidad, de lo sensibles que son estos hombres, con carcasa de gladiador y corazón de cera. Si no lo habéis visto, por favor miradlo, qué forma de remontar desde cero, de no dar por perdido nada, incluso cuando todo parece perdido. Si Lucho hace treinta años prendió la mecha, ésta dura, y la llama lleva a Gaviria.

Imagen tomada de FB del Giro de Italia & Blog Visión del Ciclismo

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La historia de una marca más que centenaria

Gaviria quiere su cuota

El ciclismo colombiano es, en su élite, algo, no sé cómo definirlo, pero que está tocado por la varita. A ver, las cosas no salen por casualidad, hay talento, a raudales, trabajo, a tonelada, y valentía, muchísima, porque esta gente cruza el charco y se meten en auténticos nidos de tradición y sapiencia ciclista para sacar la cabeza en entornos lejanos donde nada les será sencillo.

Muchas veces hemos hablado del Quick Step del Giro del año pasado, ese equipo solidario y conjuntado. Recuerdo aquella etapa en la que Trentin ganó a Moser, con Brambilla sintiendo el éxito de su compañero como suyo. Recuerdo aquella escapada de Jungels con Amador, en la que el costarricense se las vio para no perder la rueda del portento luxemburgués.

Porque Jungels es eso, un portento, un ciclista que no entiende su oficio desde la especulación y mínimo esfuerzo. En un Giro que hasta el momento está resultando tedioso en su 99%, Jungels y los suyos han dado un exhibición de esas manual, de esas que se pasarán a los críos que el día de mañana quieran ser ciclistas y sueñen con reventar un pelotón com hicieron esta tarde de domingo los azules.

Los últimos once kilómetros son un catálogo de recursos. Como Jungels sobrepasa la punta de carrera, mira una vez, sondea y pide un esfuerzo. A los pocos cientos de metros, otra vez, de nuevo a la carga y cuando se da cuenta son unos pocos y de ellos siete azules en diagonal, desprendiéndose de Greipel en rosa y dejando cortados a expertos en la materia, tipo Geraint Thomas.

La plástica del pelotón rompiéndose en abanico, los semblantes turbados de los ciclistas, la velocidad endiablada,… siempre he pensado que romper un pelotón, descolgar rivales en llano es cien veces más bello que una ascensión que ponga cada uno al límite. Llamadme raro, son gustos. Los Quick Step lo han hecho, otra vez, como el año pasado, y han sido solidarios entre ellos, escasa virtud, donde todos guardan. Jungels iba para la general, pero no escatimó para Gaviria.

Y es que, volviendo al principio, Colombia respira ciclismo en mayúsculas. Fernando Gaviria también quiere su cuota, su cariñito del respetable, como esos familiares que le apretaban en meta. Tanto Nairo, tanto Nairo, Gaviria es colombiano y encima gana al sprint, como cerrando el círculo. En el que tiene que ser el segundo Giro de Nairo, el primer rosa colombiano es para Gaviria, joven, muy joven, que ha roto ese techo de cristal que decíamos ayer, y que a Caleb Ewan le lleva a tan mal traer.

Paso a paso, Gaviria crece, saca la cabeza en ese entorno centenario de ciclismo que es Italia, La mala suerte que algunos le atribuyen a Greipel, es la que él sufrió otras veces, recordad San Remo el año pasado. Veremos a dónde le llevan esas maneras, pero su objetivo ya lo ha logrado, y antes de que el Giro saliera de Cerdeña.

Imagen tomada del FB del Giro de Italia

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Gaviria no conoció a los escarabajos

Cuando Fernando Gaviria asomaba por este mundo Tours recibía casi la edición del centenario de la carrera que desde hace bastantes décadas dejó de ser el desquite de Roubaix y convertirse en el emblema del otoño ciclista. Cuando Gaviria nacía, ganaba en la ciudad del Loira Erik Zabel, con los años uno de los mejores de la carrera en sus ya 110 años de historia. Cuando Gaviria veía su primer amanecer no sabía que un día, siendo un casi imberbe ciclista se coronaría en la única carrera que nunca ganó Eddy Merckx.

Pero la ganó, tras unas cuantas decepciones en calendario de bolsillo belga, donde siempre le pasaba algo, donde siempre ganaba alguien que no fuera él. Porque el problema de fondo de Gaviria es ese, ha destacado desde tan joven, que todos le suponen perfecto para la ocasión y ésta ocurre que a veces se hace esperar, sin más.

Pero se guardó la bala el joven colombiano para la mejor ocasión, la carrera de los sprinters, un pedazo de historia viva y latente, de 110 años de historia que sobrevive a las barrabasadas de la UCI gracias a que aún hay quien tiene decoro y gusto por ganar carreras históricas de verdad.

Decepcionó un poco esta edición, tras las trepidantes carreras que ganaron Trentin y Wallays años atrás. La organización, ASO en primera persona, pensó que alargando el recorrido, 250 kilóemtros, y quitando cotitas, las cosas se igualaría más al mundial. Es igual, mereció la pena, una vez más. Lechos de hojas muertas en las zanjas de estrechas carreteras por donde no entra el sol, dibujaron que ese ciclismo que muda en otoño, ese flechazo de solo unos días, porque el circo recogerá las velas en velas en pocos días.

El triunfo de Gaviria compensa la espera y los pocos movimientos que se pudieron producir, incluso uno para la galería de Greg Van Averamet, en la única carrera centenaria que brilla en su olímpico palmarés. El desenlace estuvo a la altura de la ocasión. Con equipos muy desgastados en el control de la prueba, vimos la escenificación de la que será salomónica selección francesa en una semana, FDJ y Demare por un lado, Cofidis y Bouhanni, por el otro.

Los corredores asaltaron el último kilómetro con más incertidumbres que otra cosa. Sólo un Sky, curiosamente Owain Doull, el perfeccionista olímpico, tirando para Elia Viviani marcaba el camino a la sorpresa. Gaviria lo vio, miró alrededor y supo que si sacaba cincuenta metros nadie le cogería. Lo hizo, pam, como si fuera tan simple, tomó la distancia y cuando Arnaud Demare quiso neutralizarle porque no le quedaban compañeros, era tarda.

Tours también era colombiana, como Bergamo y Lombardía ocho días antes. Es el poder colombiano, sobre el que parece no ponerse el sol. Como Dijo Jorge Quintana no dominan por países, pero es cuestión de días que lo hagan. Lo de escarabajos quedará para la arqueología ciclistas.

Imagen tomada del FB de la París-Tours