Alaphilippe sin maillot amarillo: una sanción muy merecida

Marc Hirschi
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Alaphilippe debería saber que iba a perder el maillot amarillo por ese bidón

Cuando todos dimos finiquitada la tediosa etapa de ayer, con la excelente victoria de Wout Van Aert, la tarde deparaba otra sorpresa, ésta ajena a la carretera: Julian Alaphilippe era desposeído del maillot amarillo por un avituallamiento no permitido a menos de veinte kilómetros de meta.

Ayer mismo pudimos intervenir en un programa de radio y nos preguntaron por el hecho en cuestión: que si no se habían pasado en la aplicación de la norma, que si los comisarios eran unos tiquismiquis, que…

 

DT-Swiss Junio-Agosto

 

Sinceramente la sanción está perfectamente aplicada, y no hay otra

Julian Alaphilippe recibió un bidón cuando no debía y los veinte segundos que marca la norma debían ser aplicados.

Era justo y necesario aplicar el reglamento: justo porque para eso está y necesario por que Julian Alaphilippe pierda el maillot amarillo va en contra del relato que le interesa al organizador, dándose así una imagen de independencia necesario para los comisarios de la competición, completamente ajenos al Tour y su círculo.

Recordad la que se lió con los comisarios en la pasada Vuelta, cuando el pelotón saltó en mil pedazos a la salida de un pueblo.

Ahora bien, como argumentamos en el corte de radio, ¿en qué papel quedan el corredor y su conocimiento de reglamento?

Julian Alaphilippe debería saber que si cogía ese bidón en ese punto podía perder el maillot amarillo ¿por qué lo coge? ¿por qué no indica que se lo den tres kilómetros antes?

Leo comentarios que la culpa es del staff del Deceuninck, y aún siendo verdad, en parte, a veces creemos que el corredor sólo debe dar pedales y ejecutar, pensamos que son marionetas en manos de quien lleva el coche de equipo y que su cerebro es el pinganillo por el que oye voces.

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Pero no, uno no es ciclista para replicar órdenes en la carretera, hay cosas que un ciclista profesional, que se dedica a esto a tiempo entero, debe dominar, y el reglamento está entre otras.

Otro tema es la vara de medir y los criterios cambiantes en el arbitraje de una carrera…

 

Y aquí los comisarios, con interpretaciones a veces dudosas del reglamento tendrían que ser conscientes de que confunden más que ayudan al personal.

Un ciclista debe saber que el reglamento está para cumplirlo, que en el momento que te pones el dorsal lo aceptas –como admites que en este Tour en especial te puedes ir a casa si hay dos positivos por Covid19 incluso siendo líder con media hora– y no esperar que cualquier cosa que haga mal tenga que estar sujeta al comisario del turno.

Ahora bien si todos hicieran bien su papel, siempre, nos ahorraríamos bochornos así y declaraciones como las de Adam Yates, mostrando casi disgusto por vestir el amarillo de esta manera, en vez de reafirmar que el reglamento está para cumplirlo, siempre.

A veces no os entendemos…

Puesta a punto de la bicicleta en cinco pasos…

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Tour: Julian Alaphilippe arregla el año entero

Alaphilippe Tour JoanSeguidor

Para Alaphilippe, etapa y liderato en el Tour le colman las primeras aspiraciones

En el año de la pandemia, los cheques en blanco son pocos y se pillan al vuelo, Juian Alaphilippe sabía que el suyo pasaba en el Tour, como por San Remo corrió el de Van Aert o el de Lombardía que parecía esperar a Evenepoel, de no haberse caído en ese puente.

Así las cosas, el Tour ya tiene el ganador y líder que le van como anillo al dedo para el relato

El Tour más raro de la historia, desubicado en septiembre, con la gente pendiente de mil historias, vuelta al cole, economía, Covid19… que Alaphiippe entre en los titulares es la cuadratura del círculo.

Él lo sabía, además, ese cheque en blanco pasaba por Niza y la «Grande Départ», una historia de un fin de semana que veremos hasta cuándo se prolonga, aunque seguimos pensando que si Francia tiene un ganador de Tour, no será Alaphilippe, en todo caso, sería Pinot, y con reservas.

DT-Swiss Junio-Agosto

 

Por es cuando en los cuatro caminos, hacia el cruce en mitad del Col d´Èze, Alaphilippe puso a Devenyns a sostener la marcheta que el Jumbo interrumpió para no perjudicar a Dumoulin, caído en un afilador con Kwiatko, estaba caro que los focos se los llevaría él.

Por que Julian Alaphilippe tiene una cosa, un don, sale vivo de ornadas dantescas como las de ayer, incluso de ese disco que le «porculea» y va a por todo en el epílogo de la salida por capítulos de Niza.

Este Alaphilippe de 2020 no es el de la primavera de 2019, aunque se le aproxima

Derrotado en el Poggio y San Remo, hizo lo mismo con Èze y Niza, atacó subiendo y se lanzó bajando.

Y no lo tuvo sencillo, demostró piernas, para romper la carrera, y gestión de carrera, escapado con Marc Hirschi, 22 añitos tiene a perla suiza, y Adam Yates, un ciclista que en la recta final de su camino a Ineos, se muestra seguro, sólido y contundente.

Dejar el gran grupo a esas alturas necesitaba de una cilindrada que sólo tres tuvieron.

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Alaphilippe remó como el que más, remoloneó en ocasiones, gesticuló, se justó las calas, hizo de todo y ganó el sprint por media bicicleta, lanzándolo antes que nadie, acabando lo que empezó y mirando al cielo, llorando como si fuera la primera vez que ganaba.

En el año de la pandemia este triunfo es oro, doble éxito, dando en la diana en la primera oportunidad que se cruzó y sacando rédito de una popularidad que en estos lares es… kilométrica.

Dudamos mucho que Alaphilippe y su liderato en el Tour tengan el mismo recorrido del año pasado, él ya ha hecho camino, ha dado el golpe de efecto y piensa en alargar esto cuanto le sea posible.

Su 2020 posiblemente no iguale al 2019, pero será lo mejor que podrá ser, vistas las circunstancias.

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#Profiles2020 Julian Alaphilippe puede morir de éxito

Julian Alaphilippe Strade Bianche JoanSeguidor

La acumulación de objetivos a partir de la Strade Bianche de Alaphilippe es de vértigo

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Strade Bianche el primer de agosto, esta rareza explica lo que está siendo este 2020 ciclístico que tenía en Julian Alaphilippe uno de sus faros. 

Aún resuena la magnífica etapa que nos regaló el día inaugural de la París-Niza, a seis días del confinamiento, cuando se mascaba la tragedia.

El francés de fino rostro y perilla que pondrían en solfa los famosos mosqueteros tiene por delante dos meses y pico de  vértigo.

Lo suyo es el «grand slam» del verano. 

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Defiende trono en no pocos reinos y empieza por la sede del campo de Siena, allí donde aterriza la carrera que abrirá el World Tour, este mismo sábado.

El Alaphilippe de la primavera de 2019 tiene que defender los muebles en agosto del año siguiente con no pocos retos: saber si puede volver a volar como entonces, concentrando objetivos en tan pocas semanas.

En la Strade inicia su primera defensa, con un equipazo a su alrededor que demuestra dos cosas: lo en serio que se toman la carrera y el valor que se le va a dar a cada momento que puedan ponerse un dorsal en la espalda.

Es lo que decíamos el otro día con Remco Evenepoel, en la previa de Burgos, todo lo que se pueda ganar, bienvenido será, por lo que pueda pasar y lo que se deba ofrecer al mecenas.

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Pero Strade es el inicio, el kilómetro cero de la locura que le viene a Julian Alaphilippe, que tiene que defender la corona en una San Remo que cambia las costas ligurienses por los viñedos del Piamonte -sólo se subirán Cipressa y Poggio respecto al recorrido del año pasado-.

Giro de lombardía, de otoño a agosto, seguramente se fije en su punto de mira y luego el Tour, la carrera en la que todo lo que haga multiplicará por mil lo que logre en monumentos y otras cosas.

Si alguien quiere que se celebre el Tour es Alaphilippe, el año pasado pisó otra dimensión, un frenesí de tal calibre que le dejó seco para el resto de campaña.

Una campaña que en 2020 también se fija en el Mundial, otra más, y ojo atención Flandes, donde mucho nos tememos que tiene grandes posibilidades, por mucho que se diga que hay que conocer la carrera.

Talentos como el francés, como Valverde en 2019, tiran de clase para suplir el desconocimiento del lugar.

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Tour de Flandes: La sabia decisión de Julian Alaphilippe

Deceuninck

Julian Alaphilippe ya ensaya sobre las alfombras que deciden el Tour de Flandes

Nos pone al día Deceuninck que Julian Alaphilippe ya navega por los adoquines de Flandes.

La cita que llega este año tras el Tour de Francia, en pleno octubre, era una de las asignaturas para la campaña de Alaphilippe, el ciclista que reventó la banca en el pasado Tour, coqueteando con unos niveles de popularidad que nos hizo temer por sus objetivos en las clásicas… pero no, Alaphilippe sigue con Flandes en el punto de mira.

© Deceuninck – Quick-Step
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Así hablábamos en enero, hace ya cinco meses sobre la aventura flamenca del francés…

Para Julian Alaphilippe el 2020 será el que suba la cortina en Flandes

La historia del ciclismo, la del hombre en general, está llena de muchos «quiero y no puedo», y parece que, por el momento, Julian Alaphilippe lo tiene claro.

El oro día enumeramos los cuatro motivos que identificamos, habrá alguno más, seguro, para que Richie Porte no entre en la quiniela para el Tour de Francia, el principal fue ese empeño en querer subir el Everest, sin fijarse en otros ocho miles que también dan prestigio y glamour.

Pero como decimos la historia de este deporte está llena de corredores que lo dejaron todo atrás por el Tour de Francia y quedaron a medio camino de muchas cosas.

Podríamos decir que Alejandro Valverde estaría en ese grupo, que un día decidió que el Tour era el faro, apartándose de aquello que mucha gente le demandaba.

Siempre entendimos que el Tour estuvo fuera del alcance de Valverde.

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Sin embargo, el murciano a diferencia de otros, lleva tanto tiempo esto que ha tenido ocasión de brillar en todos los terrenos, inclusive las clásicas de las Ardenas, un efímero estreno en Flandes y pisar el podio del Tour.

Los ciclistas tienen el tiempo que tienen para triunfar, que lo suyo es caduco, por pura ley de vida.

Lo de Alejandro Valverde, en el umbral de los cuarenta, ha excedido toda norma.

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Y quizá Julian Alaphilippe sea consciente de ello. 

Leíamos el otro día, Julian Alaphilippe con los pies en el suelo, no recordamos el sitio, ya nos perdonaréis, pero su decisión de correr el Tour de Flandes lo demuestra.

El mejor ciclista francés en el Tour de los últimos tiempos, líder a 48 horas de llegar a París, centrará su primer pico de forma en aquello que mejor sabe hacer, correr la primavera a full, defender título en San Remo y la Strade, atreverse con Flandes y volar a las Árdenas, para emular ciclistas como Michele Bartoli, Frank Vandenbroucke, Laurent Jalabert, Rolf Sorensen, Claude Criquielion… corredores que se atrevieron con todo, porque todo se les dio bien.

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Y esa historia llega tras un 2019 en la que se le adjudicó, no de forma chirriante, el Vélo d´ Or, el galardón que otorga Vélo Magazine, el brazo mediático y ciclista de L´ Équipe que le dedicó la portada del Tour que ganó Bernal a Alaphilippe y Pinot.

La presión para que el francés corra a tope el próximo Tour no nos la podemos imaginar.

Sin embargo, él mejor que nadie sabe que su Tour fue excelente, pero fruto de las circunstancias, y sobre todo de este ciclismo que se corre guardando y guardando.

En el momento clave, el Iseran, y a pesar de la etapa inacabada, todas sus carencias afloraron cuando los grandes nombres empezaron a disponer.

Julian Alaphilippe sabe que Flandes encaja en su perfil, que no necesita de una especialización tan concreta como Roubaix y que su suerte también se juega en foros alejados del héxagono.

Luego ya llegará el Tour, correrá a lo que salga, ganará alguna etapa, vestirá el maillot a topos, quizá se emocione con el amarillo, guiñará el ojo a la cámara y hará «carotas» cuando le salude Macron.

Por que eso también es parte del juego.

Julian Alaphilippe sabe regalar buen ciclismo

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La apertura de la París-Niza dio la medida de la calidad del ciclismo que maneja Julian Alaphilippe

Qué ganas había de ciclismo, qué necesidad de ver lo que se vio, basta que la realidad te prive de algo para que lo desees con más fuerza, Julian Alaphilippe lo sabía.

La primera etapa de la cuestionada edición de la París-Niza 2020 ha abierto como se esperaba con una catedral de ciclismo donde el francés puso la cúpula.

Decía ayer Alberto Contador sobre la actuación de Julian Alaphilippe que quedando el cuarto de los cuatro que llegaron escapados, roto, desfondado, tocado por ese frío que le hacía agitar las manos cada poco, se había ganado al público.

Y así fue.

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Por que en ocasiones no es tanto el resultado, como el efecto que se produce.

Decíamos de Peter Sagan, ayer mismo, que extrañábamos aquellas primaveras en las que, vieras la carrera que vieras, estaba siempre en el corte bueno, disputándolo todo.

Lo mismo opinamos de Julian Alaphilippe, ya es casualidad que en la apertura de Niza, la principal fuga fuera con Benoot, eso es los dos últimos ganadores de la Strade suspendida, o aplazada, qué más da.

El francés será a veces semillero de carantoñas, caerá mejor o peor fuera de la carretera, pero en ella se pone un dorsal para honrarlo aunque las circunstancias sean complicadas.

Por que a lo meteorológico se le suma lo que rodea todo lo que acontece o debiera acontecer, si el «new normal», escuchábamos esta mañana, de la Moto GP va a ser ir confirmando los grandes premios casi la semana de antes por el coronavirus y cómo cada país lo afronta, en ciclismo las cosas están pendientes de un hilo.

De ahí que el movimiento de Julian Alaphilippe en la primera etapa de la París-Niza nos haya vencido. 

¿Sabes qué es el circuito de Gran Fondo World Tour?

Se le veía inquieto al frente del pelotón, hasta que salió a treinta de meta con el citado Benoot.

Entraron los dos mejores que podían entrar en ese corte, por que ninguno de ellos sabe especular.

El desenlace lo vimos, no sé si Alaphilippe podrá estar delante en esta carrera hacia el sol, por que el final en alto es muy duro, pero entre la crono y lo que queda podría poner coto al buen estado de forma que Nairo mostró en las primeras vueltas francesas.

Ahora les cabe la responsabilidad de pensar en ciclismo, sólo en ciclismo durante siete días, y si las circunstancias lo permiten, lo dijimos, crucemos los dedos, que el espectáculo prosiga.

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#Top2019 El mérito de Julian Alaphilippe fue hacerles soñar

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Julian Alaphilippe es uno de los corredores del año, pero no el «Corredor del año»

 

¿Cómo definir el año de Julian Alaphilippe?

Numéricamente podríamos decir que desigual.

Su primavera es perfecta impoluta firma prácticamente un triunfo por donde pisó.

Luego vino el Tour, capítulo aparte tan aparte que transmitió la sensación de haberle dejado seco sin fuerzas sin ningún tipo de arma para el final de la temporada.

Sin embargo el principal triunfo de Julián Alaphilippe en 2019 no se contabiliza en el palmarés.

Convendría dar un repaso a portadas titulares y otros sitios donde se hablado del francés sobre todo el pasado mes de julio, para percatarse de que este corredor ha rescatado del letargo a la afición francesa, como pocas veces se había visto en tiempos recientes.

Julián Alaphilippe ha emocionado, enganchado levantado del sofá a millones de personas durante los catorce días que hizo pensar que el Tour podría ser suyo.

Una victoria que, siendo fríos y con perspectiva, muchos vimos imposible pero que ellos no impidió que hubieran personas que pensarán todo lo contrario.

Es complicado ver a Julián Alaphilippe ganar el Tour de Francia, qué duda cabe pero sin embargo en su haber siempre estarán esos 14 días que nos hicieron pensar que era posible

Y es precisamente ahí en esas dos semanas donde Alaphilippe cimenta el gran éxito de su temporada

Dice Alberto Contador que lo que pasa en el Tour excede con mucho todo lo que se logre durante el año y con razón.

El Tour ha eclipsado lo que anteriormente había sido una campaña de algunos triunfos memorables, como el de San Remo dominando la escena como pocas veces hemos visto en una de las clásicas más complicadas de controlar del panorama mundial

Alimentando la leyenda con victorias al sprint anteriormente grandes velocistas en Tirreno- Adriático.

Alaphilippe Tour JoanSeguidor

Freno de disco Alaphilippe JoanSeguidor

 

Julian Alaphilippe JoanSeguidor

Probando superficies en las carreteras blancas de la Toscana en el duelo con el otro coco de la primavera, Jakob Fuglsang.

Incluso haciéndose dueño y señor de los territorios de Alejandro Valverde con quién muchos se atreven a comparar y al cual todavía le queda un gran trecho para alcanzar.

Pero también hubo sombras en esta primavera tan lúcida.

Julián Alaphilippe fue el principal perjudicado por la increíble remontada de Mathieu Van der Poel el Amstel Gold Race

Ahí en ese momento el francés quisiera haber sido sido tragado por la tierra, pero lo cierto es que el ciclismo no entiende de nombres y series del momento y cuando a Julián Alaphilippe se le funden los cables cualquier cosa puede pasar.

Por eso llama la atención cada vez que las cosas no le salen como él imagina, cuando esperamos verle ahí delante, cómo su fina y grácil silueta no aparece serpenteando sobre la bicicleta.

La fundida de Amstel es similar a la que le pasó en Canadá, justo antes del Mundial donde tampoco apareció.

Es humano.

 

Pero son sombras, matices, pequeños detalles insignificantes ante la grandeza que alcanzó el corredor durante esas dos semanas en Francia.

Porque para muchos el ganador moral del Tour 2019 es Julián Alaphilippe. 

Como diría una amiga ya tiene tarea para repetir lo que ha conseguido este año.

Imágenes: Deceuninck

Julian Alaphilippe: ¿Merecía el Vélo d´ Or?

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Antes que Alaphilippe, pensábamos en Roglic y Bernal para el Vélo d´ Or

La tarde del primer domingo de diciembre nos dejó la noticia Alaphilippe y su Vélo d´Or.

Ojo que es el primer francés en 24 años que lo gana.

Alaphilippe se ha equiparado al «temporadón» que firmó Laurent Jalabert en 1995, que le sirvió para ganarle el balón de oro del ciclismo al Miguel Indurain del quinto Tour.

En este tiempo, un cuarto de siglo nada menos, nos hacemos mayores, ningún francés frecuentó el podio del Vélo d´ Or hasta Alaphilippe, el año pasado.

Alberto Contado lo ganó cuatro veces, más otra Alejandro Valverde. 

 

El Vélo d´ Or de Julian Alaphilippe está dentro de los cánones, su temporada con esa victoria soberbia en San Remo, pocas veces vimos ese dominio, junto a la Strade y la Flecha Valona suponen triunfos importantes,

Pero nada comparable a lo que Julian Alaphilippe despertó durante el Tour de Francia, donde seguramente ha cimentado gran parte de esta Vélo d´Or.

Hay que admitir que aquello dio la vuelta del revés su país.

Francia soñó durante dos semanas con recuperar el Tour, tantísimo tiempo después, vamos a treinta años ya desde Hinault y eso debió influir en los votos.

Sin embargo, cualquier valoración objetiva deja el galardón muy en entredicho.

La suma de votos está ahí, nadie puede discutirlo, pero…

¿Es Alaphilippe merecedor del Vélo d´ Or?

Sinceramente, no lo creo.

La Cold Season de Gobik on fire 

En ese podio hay dos corredores mayúsculos que esta campaña se han, literalmente, salido.

Egan Bernal, lo dijimos no hace mucho, se merecía este premio más que nadie, sobretodo por esa carrera meteórica que le ha situado en lo más alto tan rápido.

Por que quedarse con el Tour sería lo sencillo, pero es que Bernal extendió el dominio los diez meses de temporada.

A Alaphilippe, el Tour le dejó seco.

Sólo cabe ver Montreal y el Mundial para ver que esa pólvora estaba mojada.

 

Luego el corredor que no pestañea, Primoz Roglic, a quien la cruz del Giro le ha pesado demasiado en una temporada perfecta.

El esloveno es un ciclista que no tiene la edad de Bernal, pero que también se ha hecho un hueco ahí delante con una contundencia que recuerda a los antiguos: dominando la crono, regulando la montaña…

Sinceramente, Alaphilippe ha lubricado no pocos sueños, pero la realidad caminó por otros derroteros, Bernal, especialmente, y Roglic, a posteriori, se lo merecían más, pero el Vélo d´Or vuelve a Francia, donde hacía mucho que no aterrizaba.

©Alexis Réau/L’Équipe

Julian Alpahilippe dijo basta

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Ya nada será igual para Julian Alaphilippe

¿Cómo definir el año de Julian Alaphilippe?

En términos generales muy bueno, en periodos puntuales, excepcional, insuperable.

El francés de perilla afilada ha dado la vuelta de tuerca a una campaña ya de por sí completita que fue la del año pasado.

Ésta ha tenido más, algo más, porque ha pasado por valles y cimas, bajadas y subidas, ha demostrado que es un corredor que se apea fácilmente, ni deja escapar los galones a las primeras de cambio.

 

He leído mucho sobre su Tour de Francia, que si hubiera tenido el nivel exigible, seguramente no habría llegado donde llegó, que si hubieran estado capos tipo Froome y Dumoulin, que si…

Y mientras conjeturamos, Julian Alaphilippe fue el rey de Francia, mucho tiempo después depuesta la monarquía.

Y eso es así.

Su Tour de Francia -más allá de la mandanga azul que muchos le atribuyen, más allá del nivel o no nivel- fue la viva imagen de que quien quiere a veces supera cimas que creía vedadas.

Julian Alaphilippe, las dos etapas que ganó, los catorce días de amarillo… eso se lo lleva, para siempre.

Y fue tan intenso aquello que seguramente le dejó vacío, hay un antes y un después de julio y el Tour.

El de después fue un corredor de pólvora mojada, sin chispa ni diferencia en los momentos clave.

En Canadá lo vimos y en el Mundial lo corroboramos.

Pero correr al filo, como traza él cada curva que toma no es complicado, es casi milagroso.

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De ahí el valor de su primavera y su ejercicio de tiranía en el pelotón, ganando todo tipo de grandes carreras y con toda suerte de recursos.

Su condición de imbatido tendrá siempre un pero, la Amstel que cede por el excesivo celo en el marcaje con Fuglsang.

El tridente de las Árdenas que todos le atribuimos desde hace tiempo se resiste, pero no es descabellado que un día caiga, porque sí domó San Remo con maestría y Trentin, Sagan, Naesen y Kwiato a rueda, qué no hará con las clásicas valonas.

 

Otra cosa es que aquella caída en País Vasco le dejará mermado.

Se ha descartado Julian Alaphilippe para Lombardía, que ya tiene bastante.

Se ha ganado un invierno de homenajes y premios, porque seguramente estará ya en Colombia o Argentina dando cera en enero.

Así funciona el «recomendador» de Tuvalum

Mientras que saboreé una campaña redonda, y de ella, esa etapa que le levantó a todos los velocistas en Tirreno.

Si hubo un día que se sintió el rey del mundo fue ése.

Imagen: ©Tim De Waele/ Getty Images