Julian Alaphilippe sabe regalar buen ciclismo

Julian-Alaphilippe JoanSeguidor

La apertura de la París-Niza dio la medida de la calidad del ciclismo que maneja Julian Alaphilippe

Qué ganas había de ciclismo, qué necesidad de ver lo que se vio, basta que la realidad te prive de algo para que lo desees con más fuerza, Julian Alaphilippe lo sabía.

La primera etapa de la cuestionada edición de la París-Niza 2020 ha abierto como se esperaba con una catedral de ciclismo donde el francés puso la cúpula.

Decía ayer Alberto Contador sobre la actuación de Julian Alaphilippe que quedando el cuarto de los cuatro que llegaron escapados, roto, desfondado, tocado por ese frío que le hacía agitar las manos cada poco, se había ganado al público.

Y así fue.

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Por que en ocasiones no es tanto el resultado, como el efecto que se produce.

Decíamos de Peter Sagan, ayer mismo, que extrañábamos aquellas primaveras en las que, vieras la carrera que vieras, estaba siempre en el corte bueno, disputándolo todo.

Lo mismo opinamos de Julian Alaphilippe, ya es casualidad que en la apertura de Niza, la principal fuga fuera con Benoot, eso es los dos últimos ganadores de la Strade suspendida, o aplazada, qué más da.

El francés será a veces semillero de carantoñas, caerá mejor o peor fuera de la carretera, pero en ella se pone un dorsal para honrarlo aunque las circunstancias sean complicadas.

Por que a lo meteorológico se le suma lo que rodea todo lo que acontece o debiera acontecer, si el «new normal», escuchábamos esta mañana, de la Moto GP va a ser ir confirmando los grandes premios casi la semana de antes por el coronavirus y cómo cada país lo afronta, en ciclismo las cosas están pendientes de un hilo.

De ahí que el movimiento de Julian Alaphilippe en la primera etapa de la París-Niza nos haya vencido. 

¿Sabes qué es el circuito de Gran Fondo World Tour?

Se le veía inquieto al frente del pelotón, hasta que salió a treinta de meta con el citado Benoot.

Entraron los dos mejores que podían entrar en ese corte, por que ninguno de ellos sabe especular.

El desenlace lo vimos, no sé si Alaphilippe podrá estar delante en esta carrera hacia el sol, por que el final en alto es muy duro, pero entre la crono y lo que queda podría poner coto al buen estado de forma que Nairo mostró en las primeras vueltas francesas.

Ahora les cabe la responsabilidad de pensar en ciclismo, sólo en ciclismo durante siete días, y si las circunstancias lo permiten, lo dijimos, crucemos los dedos, que el espectáculo prosiga.

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Tour de Flandes: La sabia decisión de Julian Alaphilippe

Julian Alaphilippe Flandes JoanSeguidor

Para Julian Alaphilippe el 2020 será el que suba la cortina en Flandes

 

La historia del ciclismo, la del hombre en general, está llena de muchos «quiero y no puedo», y parece que, por el momento, Julian Alaphilippe lo tiene claro.

El oro día enumeramos los cuatro motivos que identificamos, habrá alguno más, seguro, para que Richie Porte no entre en la quiniela para el Tour de Francia, el principal fue ese empeño en querer subir el Everest, sin fijarse en otros ocho miles que también dan prestigio y glamour.

Pero como decimos la historia de este deporte está llena de corredores que lo dejaron todo atrás por el Tour de Francia y quedaron a medio camino de muchas cosas.

Podríamos decir que Alejandro Valverde estaría en ese grupo, que un día decidió que el Tour era el faro, apartándose de aquello que mucha gente le demandaba.

Siempre entendimos que el Tour estuvo fuera del alcance de Valverde.

Sin embargo, el murciano a diferencia de otros, lleva tanto tiempo esto que ha tenido ocasión de brillar en todos los terrenos, inclusive las clásicas de las Ardenas, un efímero estreno en Flandes y pisar el podio del Tour.

Los ciclistas tienen el tiempo que tienen para triunfar, que lo suyo es caduco, por pura ley de vida.

Lo de Alejandro Valverde, en el umbral de los cuarenta, ha excedido toda norma.

 

Y quizá Julian Alaphilippe sea consciente de ello. 

Leíamos el otro día, Julian Alaphilippe con los pies en el suelo, no recordamos el sitio, ya nos perdonaréis, pero su decisión de correr el Tour de Flandes lo demuestra.

El mejor ciclista francés en el Tour de los últimos tiempos, líder a 48 horas de llegar a París, centrará su primer pico de forma en aquello que mejor sabe hacer, correr la primavera a full, defender título en San Remo y la Strade, atreverse con Flandes y volar a las Árdenas, para emular ciclistas como Michele Bartoli, Frank Vandenbroucke, Laurent Jalabert, Rolf Sorensen, Claude Criquielion… corredores que se atrevieron con todo, porque todo se les dio bien.

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Y esa historia llega tras un 2019 en la que se le adjudicó, no de forma chirriante,el Vélo d´ Or, el galardón que otorga Vélo Magazine, el brazo mediático y ciclista de L´ Équipe que le dedicó la portada del Tour que ganó Bernal a Alaphilippe y Pinot.

La presión para que el francés corra a tope el próximo Tour no nos la podemos imaginar.

Sin embargo, él mejor que nadie sabe que su Tour fue excelente, pero fruto de las circunstancias, y sobre todo de este ciclismo que se corre guardando y guardando.

En el momento clave, el Iseran, y a pesar de la etapa inacabada, todas sus carencias afloraron cuando los grandes nombres empezaron a disponer.

Julian Alaphilippe sabe que Flandes encaja en su perfil, que no necesita de una especialización tan concreta como Roubaix y que su suerte también se juega en foros alejados del héxagono.

Luego ya llegará el Tour, correrá a lo que salga, ganará alguna etapa, vestirá el maillot a topos, quizá se emocione con el amarillo, guiñará el ojo a la cámara y hará «carotas» cuando le salude Macron.

Por que eso también es parte del juego.

#Top2019 El mérito de Julian Alaphilippe fue hacerles soñar

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Julian Alaphilippe es uno de los corredores del año, pero no el «Corredor del año»

 

¿Cómo definir el año de Julian Alaphilippe?

Numéricamente podríamos decir que desigual.

Su primavera es perfecta impoluta firma prácticamente un triunfo por donde pisó.

Luego vino el Tour, capítulo aparte tan aparte que transmitió la sensación de haberle dejado seco sin fuerzas sin ningún tipo de arma para el final de la temporada.

Sin embargo el principal triunfo de Julián Alaphilippe en 2019 no se contabiliza en el palmarés.

Convendría dar un repaso a portadas titulares y otros sitios donde se hablado del francés sobre todo el pasado mes de julio, para percatarse de que este corredor ha rescatado del letargo a la afición francesa, como pocas veces se había visto en tiempos recientes.

Julián Alaphilippe ha emocionado, enganchado levantado del sofá a millones de personas durante los catorce días que hizo pensar que el Tour podría ser suyo.

Una victoria que, siendo fríos y con perspectiva, muchos vimos imposible pero que ellos no impidió que hubieran personas que pensarán todo lo contrario.

Es complicado ver a Julián Alaphilippe ganar el Tour de Francia, qué duda cabe pero sin embargo en su haber siempre estarán esos 14 días que nos hicieron pensar que era posible

Y es precisamente ahí en esas dos semanas donde Alaphilippe cimenta el gran éxito de su temporada

Dice Alberto Contador que lo que pasa en el Tour excede con mucho todo lo que se logre durante el año y con razón.

El Tour ha eclipsado lo que anteriormente había sido una campaña de algunos triunfos memorables, como el de San Remo dominando la escena como pocas veces hemos visto en una de las clásicas más complicadas de controlar del panorama mundial

Alimentando la leyenda con victorias al sprint anteriormente grandes velocistas en Tirreno- Adriático.

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Freno de disco Alaphilippe JoanSeguidor

 

Julian Alaphilippe JoanSeguidor

Probando superficies en las carreteras blancas de la Toscana en el duelo con el otro coco de la primavera, Jakob Fuglsang.

Incluso haciéndose dueño y señor de los territorios de Alejandro Valverde con quién muchos se atreven a comparar y al cual todavía le queda un gran trecho para alcanzar.

Pero también hubo sombras en esta primavera tan lúcida.

Julián Alaphilippe fue el principal perjudicado por la increíble remontada de Mathieu Van der Poel el Amstel Gold Race

Ahí en ese momento el francés quisiera haber sido sido tragado por la tierra, pero lo cierto es que el ciclismo no entiende de nombres y series del momento y cuando a Julián Alaphilippe se le funden los cables cualquier cosa puede pasar.

Por eso llama la atención cada vez que las cosas no le salen como él imagina, cuando esperamos verle ahí delante, cómo su fina y grácil silueta no aparece serpenteando sobre la bicicleta.

La fundida de Amstel es similar a la que le pasó en Canadá, justo antes del Mundial donde tampoco apareció.

Es humano.

 

Pero son sombras, matices, pequeños detalles insignificantes ante la grandeza que alcanzó el corredor durante esas dos semanas en Francia.

Porque para muchos el ganador moral del Tour 2019 es Julián Alaphilippe. 

Como diría una amiga ya tiene tarea para repetir lo que ha conseguido este año.

Imágenes: Deceuninck

Julian Alaphilippe: ¿Merecía el Vélo d´ Or?

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Antes que Alaphilippe, pensábamos en Roglic y Bernal para el Vélo d´ Or

La tarde del primer domingo de diciembre nos dejó la noticia Alaphilippe y su Vélo d´Or.

Ojo que es el primer francés en 24 años que lo gana.

Alaphilippe se ha equiparado al «temporadón» que firmó Laurent Jalabert en 1995, que le sirvió para ganarle el balón de oro del ciclismo al Miguel Indurain del quinto Tour.

En este tiempo, un cuarto de siglo nada menos, nos hacemos mayores, ningún francés frecuentó el podio del Vélo d´ Or hasta Alaphilippe, el año pasado.

Alberto Contado lo ganó cuatro veces, más otra Alejandro Valverde. 

 

El Vélo d´ Or de Julian Alaphilippe está dentro de los cánones, su temporada con esa victoria soberbia en San Remo, pocas veces vimos ese dominio, junto a la Strade y la Flecha Valona suponen triunfos importantes,

Pero nada comparable a lo que Julian Alaphilippe despertó durante el Tour de Francia, donde seguramente ha cimentado gran parte de esta Vélo d´Or.

Hay que admitir que aquello dio la vuelta del revés su país.

Francia soñó durante dos semanas con recuperar el Tour, tantísimo tiempo después, vamos a treinta años ya desde Hinault y eso debió influir en los votos.

Sin embargo, cualquier valoración objetiva deja el galardón muy en entredicho.

La suma de votos está ahí, nadie puede discutirlo, pero…

¿Es Alaphilippe merecedor del Vélo d´ Or?

Sinceramente, no lo creo.

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En ese podio hay dos corredores mayúsculos que esta campaña se han, literalmente, salido.

Egan Bernal, lo dijimos no hace mucho, se merecía este premio más que nadie, sobretodo por esa carrera meteórica que le ha situado en lo más alto tan rápido.

Por que quedarse con el Tour sería lo sencillo, pero es que Bernal extendió el dominio los diez meses de temporada.

A Alaphilippe, el Tour le dejó seco.

Sólo cabe ver Montreal y el Mundial para ver que esa pólvora estaba mojada.

 

Luego el corredor que no pestañea, Primoz Roglic, a quien la cruz del Giro le ha pesado demasiado en una temporada perfecta.

El esloveno es un ciclista que no tiene la edad de Bernal, pero que también se ha hecho un hueco ahí delante con una contundencia que recuerda a los antiguos: dominando la crono, regulando la montaña…

Sinceramente, Alaphilippe ha lubricado no pocos sueños, pero la realidad caminó por otros derroteros, Bernal, especialmente, y Roglic, a posteriori, se lo merecían más, pero el Vélo d´Or vuelve a Francia, donde hacía mucho que no aterrizaba.

©Alexis Réau/L’Équipe

Julian Alpahilippe dijo basta

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Ya nada será igual para Julian Alaphilippe

¿Cómo definir el año de Julian Alaphilippe?

En términos generales muy bueno, en periodos puntuales, excepcional, insuperable.

El francés de perilla afilada ha dado la vuelta de tuerca a una campaña ya de por sí completita que fue la del año pasado.

Ésta ha tenido más, algo más, porque ha pasado por valles y cimas, bajadas y subidas, ha demostrado que es un corredor que se apea fácilmente, ni deja escapar los galones a las primeras de cambio.

 

He leído mucho sobre su Tour de Francia, que si hubiera tenido el nivel exigible, seguramente no habría llegado donde llegó, que si hubieran estado capos tipo Froome y Dumoulin, que si…

Y mientras conjeturamos, Julian Alaphilippe fue el rey de Francia, mucho tiempo después depuesta la monarquía.

Y eso es así.

Su Tour de Francia -más allá de la mandanga azul que muchos le atribuyen, más allá del nivel o no nivel- fue la viva imagen de que quien quiere a veces supera cimas que creía vedadas.

Julian Alaphilippe, las dos etapas que ganó, los catorce días de amarillo… eso se lo lleva, para siempre.

Y fue tan intenso aquello que seguramente le dejó vacío, hay un antes y un después de julio y el Tour.

El de después fue un corredor de pólvora mojada, sin chispa ni diferencia en los momentos clave.

En Canadá lo vimos y en el Mundial lo corroboramos.

Pero correr al filo, como traza él cada curva que toma no es complicado, es casi milagroso.

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De ahí el valor de su primavera y su ejercicio de tiranía en el pelotón, ganando todo tipo de grandes carreras y con toda suerte de recursos.

Su condición de imbatido tendrá siempre un pero, la Amstel que cede por el excesivo celo en el marcaje con Fuglsang.

El tridente de las Árdenas que todos le atribuimos desde hace tiempo se resiste, pero no es descabellado que un día caiga, porque sí domó San Remo con maestría y Trentin, Sagan, Naesen y Kwiato a rueda, qué no hará con las clásicas valonas.

 

Otra cosa es que aquella caída en País Vasco le dejará mermado.

Se ha descartado Julian Alaphilippe para Lombardía, que ya tiene bastante.

Se ha ganado un invierno de homenajes y premios, porque seguramente estará ya en Colombia o Argentina dando cera en enero.

Así funciona el «recomendador» de Tuvalum

Mientras que saboreé una campaña redonda, y de ella, esa etapa que le levantó a todos los velocistas en Tirreno.

Si hubo un día que se sintió el rey del mundo fue ése.

Imagen: ©Tim De Waele/ Getty Images

Alaphilippe & Pinot: Esos ídolos no sólo venden victorias

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Viendo el Tour de Alaphilippe y Pinot guardamos la esperanza que el ciclismo es algo más que fríos números, vatios y tablas de rendimiento

Sobre el Tour que hicieron Alaphilippe y Pinot: unos días después de la carrera siempre es interesante sacarle unas perrillas para comprar la revista de cabecera del ciclismo francés.

Lo es cada año, pero éste más, por cuanto creo que los anfitriones no se han visto tan cerca de ganar el Tour como esta vez.

Dos bazas se mantuvieron vivas hasta 48 horas antes de llegar a París.

Aunque todos esperábamos que Alaphilippe acabara hincando la rodilla ante los grandes nombres, lo cierto es que la sorpresa merodeó nuestras cabezas durante varios días.

Y en el caso de Thibaut Pinot, muchos le vimos de amarillo, al fin, por fin, toda vez que salió reforzado de los Pirineos.

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Pero en el ancestral atractivo de este ciclista de los Vosgos, con apellido que sugiere la tradición enóloga de la «France», reside también la desgracia y el drama de última hora que esta vez sobrevino por un golpe en la rodilla y la consiguiente tendinitis.

Que el deporte menos agresivo para las articulaciones, como es el ciclismo, acabe así, es el colmo, la guinda de la desgracia que parece perseguir a uno de los corredores más apreciados por el aficionado.

Y es ahí donde reside, tal vez, parte del atractivo que envuelve a los dos grandes héroes franceses del Tour.

La revista de cabecera, Vélo Magazine, como el diario de consulta, L´ Equipe, no vacilan sobre la importancia de sus logros.

 

La revista se llena de publicidad dando las gracias a Alaphilippe por el Tour que ha realizado y se culmina con una contraportada de poético slogan:

«La victoria más grande es conquistar el corazón de un país, Julian Alaphilippe»

En la poesía, en la emoción reside también la calve del éxito.

El otro día comentábamos con una marca textil de cierto nombre entre aficionados y grupetas sobre lo que valoraban para elegir un embajador, equipo o personaje que les representara por el mundo.

«Valoramos la buena imagen por encima del resultado»

Esta impronta es una realidad hace tiempo, se valoran otras cosas más allá de la victoria, porque ésta es la que cuenta para el largo plazo, los anales y permitidnos llamarlos frikis.

Lo otro, es la emoción del momento, el desvelo de cada etapa, el mes de julio que estuviste pendiente de ellos, incluso cuando en el caso de Alaphilippe la razón decía que no podía aguantar.

 

Para los franceses el gran triunfador del Tour es Julian Alaphilippe y el fllón lo tiene ya ahí.

El caso de Thibaut Pinot bebe del beneficio de la duda del «y si…».

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Thibaut dejó la carrera cuando ésta alcanzaba el clímax su desgracia, inoportuna en el fondo, fue oportuna en esencia.

La historia se escribe actualmente desde la emoción, «ganar, ganan muchos, que permanezca es otra cosa» me ha repetido alguna vez, y la desgracia de Pinot es casi un spoiler.

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Así las cosas, el ciclismo del siglo XXI, el superprofesionalizado, el que decimos que rara vez emociona, y no porque lo gane un colombiano, necesita de la sensación y la emoción más que nunca.

Un país como Francia guarda sus héroes por lo que les hizo sentir y no por lo que acabaron logrando, que no fue poco, aunque lejos de ser quien porte el maillot amarillo en París.

Quizá un día, los gurús del ciclismo y la ciencia, de la precisión y esas cosas, deberían poner algo de alma en lo que hacen.

Posiblemente entonces puedan ganarse una nación como Alaphilippe o que las lágrimas de Pinot sean las de millones de aficionados.

El de Bernal también será el Tour de Alaphilippe

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En la galería de nombres del Tour, Julian Alaphilippe brilla mucho más que algunos que incluso acabaron pisando el podio de París

El otro día, cuando Julian Alaphilippe cruzó la meta de Val Thorens, y aplaudimos en redes el Tour que se había cascado recibimos este par de mensajes…

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Julian Alaphilippe tiene motivos para estar orgulloso de su Tour, muy orgulloso. 

Ha remado hasta la misma orilla, dejando en la ruta lo mejor de un corredor que, a pesar lo que nos responden, no lo ha tenido sencillo.

Porque los catorce días que Julian Alaphilippe viste el amarillo no son un regalo ni se los encontró.

El francés es un ciclista que entra en el Tour con la certeza que será protagonista y como buen previsor no deja pasar la primera oportunidad que tiene para echarle un pulso al pelotón y ganarle con la mano.

Una fuga larga es la que le quita un liderato que recupera en vísperas de la fiesta nacional.

Y a partir de ahí, una omnipresencia que copa el Tour y llena  a un país como pocos franceses lo han logrado en los casi 35 años que llevan sin ganar el Tour.

Hay una etapa que explica el Tour de Julian Alaphilippe, esa crono de Pau y la victoria por delante todos los favoritos.

 

Fue el punto de inflexión que precedió a unos Pirineos que no le quitaron el amarillo que muchos dieron por amortizado.

Dicen que no le han atacado en serio hasta los Alpes, y podemos estar de acuerdo a medias, porque los ataques no siempre están sujetos a querer o no lanzarlos y sí a las fuerzas y como se vaya a cada momento,

Que no atacaran a Alaphilippe no fue baladí, no lo hicieron porque sencillamente no pudieron.

Así viven los chavales del Kometa el Tour de Francia 

Es cierto que cuando se le apretó, Julian Alaphilippe demostró no tener el fondo para responder, pero es que era Egan Bernal el que le estaba descabalgando.

Y ojo a la reflexión, porque el hecho que el liderato de Alaphilippe se extendiera tanto ha obligado al Ineos a moverse y aquí la punta de lanza fue el bueno de Egan.

En otro caso, igual hasta Geraint hubiera tenido el mando de las operaciones hasta el final.

 

El Tour de Alaphilippe demuestra que se puede correr agresivo para luego sufrir para mantener lo logrado, que el riesgo también entraña admiración, eso sí cuando la jugada sale bien y a este corredor de perilla característica, las cosas le salen bien habitualmente.

Correr con ese grado de confianza, a veces soberbia para algunos, no es sencillo, es haber pasado muchos trances y doctorados, haber mamado derrotas dolorosas, como aquellas Liejas que le sacó Valverde.

Julian Alaphilippe puede estar muy orgulloso de lo hecho, porque ha roto moldes y los esquemas de este ciclismo que será muy moderno, pero que en ocasiones aburre hasta las ovejas.

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Y de paso le ha dado un shock, una corriente a un país que poco necesita para querer este deporte en el que se arroga de ser nido y pesebre de algunos de los mejores de la historia y las competiciones más prestigiosas.

Francia soñó tres semanas con Julian Alaphilippe, incluso con Thibaut Pinot, y ambas bazas se cayeron casi a la vez.

Pero no desistirán y volverán por donde llegaron a este punto.

Y mientras podrán alimentar la esperanza gracias a un corredor que es vacilar, números de la UCI en la mano, el mejor del mundo.

Y seguirán siéndolo mientras sepa dibujar sus límites y sepa dónde tiene verdaderamente opciones, porque a pesar de lo visto, seguimos sin verle ganando un Tour, al menos en el corto plazo.

Si más allá mete todos los huevos en la misma cesta, quizá, aunque entonces nos perderemos un corredor que es un premio a quien «sufre» este bendito deporte.

 

El Tour de los puestos puede beneficiar a Alaphilippe

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La necesidad de terceros puede facilitarle el Tour a Alaphilippe

La tercera semana del Tour de Francia, como de cualquier otra grande, es una moneda al aire para aquellos que buscan en el ciclismo un incesante surtidor de espectáculo y emociones.

Se habla mucho de ella en la salida, se mide su dureza, acostumbra a acumular las jornadas más exigentes y esas cosas, pero cuando se afronta el pelotón va sencillamente descojonado, reventado y roto.

Cualquier látigo se hace un muro, las risas ya no aparecen en las cenas, los desayunos parecen velatorios y los ánimos caminan de la mano de las fuerzas.

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Esto es así, es un hecho, es el gran fondo, lo que hace diferente una vuelta de tres semanas del resto del ciclismo existente.

Y a todo ello se une un hecho que puede beneficiar a Julian Alaphilippe.

Con la reserva encendida, y más en una edición tan igualada como ésta -seis tíos en dos minutos escasos-, la gente piensa más en guardar que jugar a héroes.

 

Y así empieza el Tour de los puestos, el Tour cuya versión puede facilitar las cosas a Julian Alaphilippe y sobre todo a su equipo.

La travesía del domingo hacia Prat d´ Albis nos ofreció la impagable estampa de Morkov, Viviani y Richeze tirando en un puerto, una imagen simbólica de un equipo que no está ni mucho menos ideado para defender un maillot amarillo del Tour, pero la necesidad obliga.

Sin embargo, el desarrollo de la carrera puso al líder Alaphilippe en una previsible soledad en la que muchos querían verle.

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Hubiera sido la tragedia que muchos esperaban que fuera si no es porque a estas alturas cada uno tiene sus urgencias.

Es el Tour de los puestos, igual que mil veces el Team Sky se hizo a  un lado porque siempre había alguien más interesado en cazar, Alaphilippe hizo lo mismo con los Jumbo, quienes como Gesink en el Aubisque, mantuvieron relativamente la amenaza de Mikel Landa.

Luego, David Gaudu inició su labor por Pinot, y posteriormente Geraint arrastró por un trozo al líder, más arriba.

 

La gente tiene miedo a perder, es el Tour en su esencia más cruda, profesionales que apuestan a un podio antes que arriesgar porque a estas alturas, las florituras quedan para una novela.

El ciclismo de tres semanas es esto, y creemos que puede servirle a Alaphilippe. 

Si miramos la general, el francés controla con cierto margen.

Si Ineos ataca con Bernal, saldrán los Groupama, o los Jumbo,

Si Pinot lo intenta, Jumbo tratará de contenerle.

Si Kruijswijk se cruza y salta, Groupama irá a por él, lo mismo que Ineos.

Y Emanuel Buchmann siempre por ahí.

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Para ganar el Tour de Francia es importante tener equipo competente, pero no un imperativo, al menos cuando corres en clave de sorpresa y rodeado de gente que necesita mantener lo logrado.

Ahora bien, otra cosa es lo que viene por detrás, el Movistar y lo certero que se muestre, porque en esta guerra los azules tienen poco que perder, cuando vienen con tanto perdido desde la primera semana.

En la suerte de Alaphilippe juegan muchas cosas, la primera sus piernas, pero lo otro también influye, y este francés es más listo que el hambre.

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