Sobre el calendario de Nairo Quintana

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El calendario de Nairo Quintana evidencia su salto atrás

En la recta final de 2019, la presentación de Vuelta a España ya evidenció uno de los problemas que va a atenazar al mejor ciclista colombiano de la década pasada, Nairo Quintana, que no es otra cosa que su calendario

El salto atrás en el estatus de equipo, Arkea se podrá mirar con los buenos ojos que se pretenda pero es lo que es, estaba claro que iba a pasar factura y el calendario de Nairo Quintana es el primer síntoma

 

Sin entrar a juzgar las obvias incompatibilidades de la convivencia de Nairo con Bouhanni y Barguil, con quien comparte lo gordo de sus objetivos, el anuncio del calendario de Nairo evidencia que quizá la opción francesa fuera lo poco a lo que pudo agarrarse el colombiano.

Así las cosas, el calendario de Nairo Quintana se abre en casa, con los nacionales, y a partir de ahí nada, ni el Tour Colombia para el que estaba anunciado.

París-Niza y Volta a Catalunya serán sus primeras vueltas de World Tour, allí donde topó con Bernal, en la primera, más Bernal y López, en la segunda, mientras que le sigue el tríptico de las Árdenas como fijas

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De ahí al Tour, no vemos nada.

Si contamos las vueltas Provence y Haut-Var más lo publicado salen 25 días antes de que el Tour se ponga en marcha.

Entendemos que a ese calendario le faltan fichas y fechas, no obstante la fórmula para llegar a full a Francia es algo siempre muy relativo, porque el Nairo que le disputó el podio a Froome, en 2015, llegó, por ejemplo, con triunfos ya en marzo, la Tirreno, aquella de la nevada al Terminillo, mientras que en otras ediciones, con menos kilómetros y más descasando, las cosas no le salieron frente al británico.

En un ciclismo donde la medida existe para cada paso, donde los grandes ya marcan itinerarios, los tres capos de Jumbo, Valverde, Nibali, los vizcondes del Ineos, que el calendario de Nairo Quintana resulte tan pobre no es el mejor presagio.

Y no querid@s, no embolsamos nada con el paso atrás de Nairo Quintana y sí lamentamos que un ciclista de esta calidad haya dado un evidente paso en falso, la realidad retrata el calado de su decisión yendo a un equipo que con Ineos sólo tiene en común los colores y degradado de su maillot.

La Vuelta 2020 retrata la nueva realidad de Nairo Quintana

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Que Nairo espere estar en la Vuelta 2020 es más un milagro que otra cosa

 

Ayer en la presentación de La Vuelta 2020, Nairo Quintana subió al escenario por su condición de ganador de la edición de hace tres años.

Se le veía serio, entre Fabio Aru, Alejandro Valverde, Alexander Vinokourov, Joop Zoetemelk y otros vencedores.

Llamó la atención que no llevara la corbata del Movistar que sí portaba Valverde. 

Llamó la atención porque su contrato expira en 2019, por eso sigue saliendo con el kit de Movistar, incluso en sus entrenamientos con el Arkea.

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La imagen que ha corrido como la pólvora por las redes muestra la camaradería, de inicio, entre Nairo y Warren Barguil, cabrá ver qué sucede cuando se juegue lo gordo.

Al margen de la obvia caída de calidad de gente que le rodea, Arkea  no es Movistar, esperar buena comunión entre ambos corredores es de muy optimista: ya sabemos la historia de Barguil en Sunweb, aquella expulsión en la Vuelta, y la ansiedad de un corredor que sigue en perpetua búsqueda de aquel ciclista que maravilló en el Tour de 2017.

Ello unido al carácter mil veces descrito del campeón colombiano: blanco y en botella.

Nacex te envía la bicicleta dónde le digas 

Pero al margen de todo eso, la cara larga de Nairo Quintana en la presentación de la Vuelta 2020 puede estar justificada porque se ve más fuera que dentro de la grande que ganó no hace tanto y que la última edición acabó entre los mejores.

Al acabar la presentación, en el carrusel de declaraciones…

Al bueno de Nairo Quintana le va a tener que llover una invitación de la Vuelta 2020 si quiere estar en la salida de Utrech y si esperar cooperación entre Barguil y él es una quimera, que la Vuelta 2020 invite a Arkea es misión imposible, siempre hay que decirlo, sobre el papel, porque o se alienan los astros y no astros, o el colombiano verá la Vuelta desde casa.

 

En la cola ya hay tres equipos españoles y la jugosa posibilidad del equipo de Mathieu Van der Poel, saliendo la Vuelta de Países Bajos y siendo el neerlandés quien es, el corredor más apreciado del mundo ahora mismo.

Para cuatro invitaciones hay dos disponibles, porque el reglamento no prevé que una carrera, en un momento dado, pueda ampliar el cupo si procede.

Dado que el Total Energie casi seguro que corre, habiendo renunciado al Giro, el Arkea sería el quinto equipo en la lista para dos plazas.

 

Dijimos no hace tanto que Nairo extrañaría a Movistar, en la presentación de la Vuelta 2020 tuvimos el primer episodio.

Es seguro que el colombiano necesitaba un cambio de aires, en el equipo celeste las cosas nunca son sencillas, y si lo fueran, las complicarían ellos, pero el paso atrás del colombiano es obvio, en todos los sentidos.

Ahora a esperar una invitación caída de no sé dónde.

La triste realidad de Nairo Quintana en el Arkea

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No parece que Arkea esté reuniendo el mejor equipo para el sueño amarillo de Nairo Quintana

En el anuncio de los equipos del World Tour para 2020 destaca la no presencia del Arkea de Nairo Quintana.

Lo que se puede vender de muchas maneras, es un paso atrás en toda regla, no sé si la forma exacta de cotizar una figura que se ha ido apagando en los años recientes, éste es el valor real del corredor ahora mismo: que Nairo Quintana esté en el Arkea, viniendo del Movistar no se puede considerar un progreso.

 

Y ya no es sólo por no estar en el World Tour, eso para ciertos equipos, especialmente si eres francés y tienes cierto nivel, no es problema.

Muy mal se ha de dar para que el Tour no te invite, ni una buena ristra de organizaciones, que si ya les invitaba con Barguil y Greipel ahora no vacilarán con Nairo Quintana vistiendo los colores del Arkea.

Estar en el World Tour no es la panacea, de hecho vemos equipos con bagajes paupérrimos, que en términos globales son superados por equipos del escalón de abajo.

El Corendon Circus tiene mejores estadísticas que el Katusha o el Dimension Data, y ya no sólo por Mathieu Van der Poel, también porque los dos citados han sido bloques ausentes todo el año.

Pero volviendo sobre Nairo Quintana y el Arkea, la no presencia en el World Tour tiene un punto de exigencia que quizá no case del todo con la pretensión de ganar el Tour por parte del colombiano.

En esta entrevista a Emmanuel Hubert, responsable del equipo bretón, habla de la «necesidad de resultados», hecho que choca contra lo que el corredor ha dicho años atrás en Movistar, cuando disputaba y ganaba la Tirreno en marzo, teniendo el Tour como objetivo en julio.

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Este plan ofrece dudas casi de inicio, y no sólo eso.

Nairo podría tener mil quejas de la entrega de sus compañeros en Movistar, los mismos en gran parte que le ayudaron en las dos grandes que ganó, pero el nivel de ayuda en Arkea es complicado compararlo con el que tenía en el equipo celeste.

Que Nairo vivía una prórroga en Movistar, creo que desde el Tour de 2017 era una obviedad, pero no sé si el equipo bretón ha sido la mejor opción, en materia de gregarios.

Al frente aparece Warren Baguil, la sombra de aquel corredor que voló hace un par de años, ganando hasta en el Izoard con el polka jersey.

Barguil dejó Sunweb porque se negaba a trabajar para Tom Dumoulin ¿qué hace pensar que sea diferente ahora para Nairo Quintana?

Dice Hubert que tendrán que trabajar el uno para el otro, dependiendo de la carrera, será curioso verles juntos en el Tour, uno mirando el amarillo y el otro a todo lo demás.

Al final, la parroquia colombiana le tomará cariño a Mikel Landa.

Winner Anacona volverá a ser el gran apoyo de Nairo, a la espera que su hermano Dayer dé el tono que prometió aquel día en el Oro y Paz.

Diego Rosa es otra de las adquisiciones, un ciclista que Astana volaba, que en Ineos pasó inadvertido y que es una moneda al aire.

Pensar que la otra estrella del equipo, Nacer Bouhanni, dé una pedalada de más por la causa del colombiano resulta dantesco.

Esto es lo que hay, ahora mismo, y esto es lo que Arkea tiene para rodear a Nairo Quintana, no hace falta irse ni a Ineos ni Jumbo para darse cuenta que no hay color.

Y es que al final acabamos pensando que los bretones fueron los únicos en plegarse a los deseos del colombiano que la fuerza de los hechos, muy a su favor, ya no tiene.

La vuelta de la Vuelta de Nairo Quintana

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Esta Vuelta ha recuperado la mejor versión de Nairo Quintana y lo celebramos

Nairo Quintana en la Vuelta, en el Tour, donde corra…

¿Qué sería de este mal anillado cuaderno sin Nairo Quintana?

¿Y del ciclismo y la salud de un buen debate sobre corredores, ciclistas, la vida?

La etapa más bonita de la Vuelta no ha tenido cuestarrones, ni si quiera dureza encadena, fueron 200 kilómetros por las dos Castillas.

Se dijo que el viento podía hacer pupa, como aquellas etapas de la Vuelta que pasaron por Soria o el páramo de Albacete.

Allí siempre había trisca, ahora diremos lo mismo de la carretera que lleva a Guadalajara.

Dios cómo nos gustan los abanicos, los cortes, las persecuciones…

Cuentan las crónicas, los ojos que lo vieron en directo, que el abanico que formó el corte de la Vuelta se armó en el kilómetro cuatro, eso es a más de 210 de meta, como aquella vez que Merckx pilló a Ocaña entretenido camino de Marsella.

Corte hecho y a partir de ahí a rodar por encima de cincuenta la hora…

 

Cuentan esas mismas crónicas que los azules de Deceuninck hicieron el corte, que Roglic no estaba donde debía estar y sí Nairo Quintana y varios Movistar.

Es lo que hay, el ciclismo es de listos, de rascar por donde menos se imagina y sacar petróleo de la adversidad.

Nairo Quintana no suele fallar en estas situaciones… 

«Nos hemos sabido mover, esperamos que la salud vaya mejorando. Hemos sacado provecho en una jornada en la que podía pasar cualquier cosa. Aquí estamos nuevamente. Del catarro estoy algo mejor, pero esperemos a mañana a ver cómo voy en montaña. Una alegría poder hacer una etapa de estas, casi ‘anti-Nairo’, llana y con mucho viento, siempre con los mejores y defendiéndonos. Siempre he dicho que daría todo hasta el final. La idea era debilitar el equipo del líder con esos ataques, y adelante, llegar con la máxima ventaja posible. Estamos de nuevo en la pelea por La Roja; la salud no me ha ayudado mucho por la tos, pero seguiremos. Cuando se cansan las piernas, se pedalea con el corazón”

Eso lo firma Nairo en la web del Movistar Team.

Chapeau, grande Nairo Quintana, todo lo que hemos dicho, todo lo que podemos o no pensar de él, todo lo críticos que hemos sido: nos la envainamos.

Hoy sí.

Nairo ha sido un gigante entre los molinos de la Mancha, un corredor que sale de días pésimos, que se ha reconstruido y se ha metido en carrera cuando todos le dimos por amortizado.

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Y eso es así señores, una realidad como un templo, cuando el ciclista da pedales, calla, camina y no habla, no saca el codo, va cara el viento… nada se le puede reprochar.

En la jugada de Nairo Quintana y su Movistar hubo un riesgo enorme, pero es que esto se gana con riesgo.

 

 

El mismo Nairo que un día dijimos que a rebufo de Contador y su eterna ambición se catapultó hacia la Vuelta que le ganó a Froome, ese mismo Nairo Quintana pisa ahora firme en una Vuelta que sinceramente nos reconcilia con el primer Nairo.

Y no, no nos duele admitirlo.

La carrera de Nairo, dentro del desastre táctico que es el Movistar, en esta Vuelta es una carrera al descubierto, tomando riesgo, sin mirar al lado, sin esperar que nadie le venga detrás.

El episodio de Calpe, un ejemplo, la valentía en Mas de la Costa, Javalambre, hacer esperar a Soler en Andorra.

Jugando al gato y el ratón con Valverde.

Nairo Quintana nunca le ha perdido la cara a la Vuelta, ni siquiera lavando lactato tras su desastrosa contrarreloj.

Ni siquiera cuando a la salida de La Cubilla se iba tanto que hasta Rafal Majka, un ciclista que es deprimente, le amenazaba la quinta plaza.

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Nairo ha salido en esta etapa de la Vuelta con un catarro que al parecer va a menos.

En un perfil, como él mismo definió, «anti Nairo» se calló y remó. 

El viento sopló para todos igual, a favor, en contra, de lado, y él calló y remó.

Si no hubiera ganado, si no hubiera dado ese salto en la general, podemos poner la mano en el fuego que hubiéramos dicho lo mismo.

Porque este deporte ya es duro y noble como para emborronarlo con medias declaraciones y vagas excusas.

Aquí se juega mucho, juegan hombres, que un día decidieron confiar su día a día al deporte más duro del mundo y salir adelante en un mundillo tremendamente competitivo.

Y hoy Nairo Quintana y Movistar, porque los celestes hoy sí lo han bordado con tres puñales en llano como Erviti, Rojas y Oliveira, han sacado la Vuelta del tedio que preveíamos para las jornadas finales.

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Una Vuelta que demuestra aquello de que, en momentos de crisis, casi siempre alguien tirará por ti.

Cuánto deberá agradecer Primoz Roglic la palmadita de Emirates -entended el regalo a Pogacar en Machucos- y de Astana.

En el ciclismo del puestómetro, Miguel Angel López y los suyos prefirieron tirar a por Nairo antes que ver al líder, solo, totalmente solo, colapsar.

Son esas cosas, esos pequeños matices, que escriben la gran historia, la que hoy ha firmado Nairo Quintana, por quien sentimos la debilidad que tenemos por cualquier otro corredor, pues al final son todos unos putos héroes por recorrer una jornada así a más de cincuenta con la Vuelta casi en el tiempo de descuento y por mil cosas más.

Imagen: FB de Movistar Team

Vuelta España: Si Nairo fuera el primer Nairo

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Cuando Nairo quiere ser ciclista de verdad, el espectáculo merece la pena

Empieza pronto el baile de la Vuelta 2019, tanto que en Calpe, llegada accidentada, a pie de peñón y final plano, ha ganado Nairo Quintana.

Sí, Nairo Quintana, lejos del Galibier, de los Lagos de Covadonga, ahora en el Mediterráneo.

Una victorias de esas que nos reafirman en lo que siempre hemos dicho del corredor colombiano, un ciclista de calidad indudable, con una categoría sobre a bicicleta que habla por sí sola y un palmarés que sí, es muy amplio y bueno.

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Pero ganar Giro y Vuelta, ser podio en el Tour, es una renta importante, pero no eterna.

Nairo Quintana debe revalidar cada vez que se pone un dorsal en la espalda y sale a disputar, habitualmente, todo.

La primera etapa en línea de la Vuelta ha sido un carrusel de emociones que, a tres semanas del final, promete acabar con nuestros maltrechos corazones.

Un movimiento de piezas que pone de relieve la realidad de la carrera: un grupo de elegidos que acabará sacando una eternidad al resto.

 

Pero volviendo sobre Nairo, la realidad le aplaude cada vez que se muestra.

Metido en un corte con gente como Aru, Roglic, Uran o Nieve, con Roche ambicionando un rojo que al final se llevó… les entró en el relevo, sin excusas, ni mirando atrás, nada de eso.

Berria: toda la gama de 2020 ya disponible 

Es lo que tiene tener las cosas claras, un Movistar que no es un tridente, ni una serpiente de dos cabezas.

Alejandro Valverde quedó por detrás, pero no cabía esperarle, el campeón del mundo iluminará la mirada de muchos, pero no parece para la baza para ganar una carrera a la que no concurrió Carapaz y en la que Marc Soler no parece querer entrar.

 

Relevó Nairo, no fue un rácano, no quiso que los demás le solventarán la plana. 

Fue un ciclista mayúsculo, y les atacó donde debía, cortó el grupo y sembró las dudas.

No salió Roglic, ni Urán, ni Roche… se miraron, dudaron y el celeste llegó solo a meta.

Un bonita victoria, sí señor, rubricada con la clase que nunca le negamos y tanto lamentamos que no pasee con mayor frecuencia.

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Sinceramente, no teníamos a Nairo en la primera lista de aspirantes a la Vuelta, pero esta muesca es de las que marcan y dejan huella.

Ha sacado el genio, corrió lo mejor que supo, no guardó y ahí está.

Como bien dice «es el segundo día», pero dar primero cuenta, y ahora sí, tras lo visto en Calpe puede reclamar ese liderato en Movistar, eso que le quita y ha quitado tanto el sueño.

Que Nairo esté así en la Vuelta es bueno, hay carrera, hay emoción y seguro que nos lo pasaremos bien.

Cuatro corredores que no van a ganar el Tour

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Corredores como Porte, Nairo, Bardet y Adam Yates ya han consumido su crédito para el Tour

Cuando el Tour de Francia se hizo con la cumbre del Tourmalet, unas semanas ya de eso, tuvimos la sensación de que en aquella etapa, ese día, iluminado por el éxito de Thibaut Pinot, se pasaba una página invisible para ciertos corredores y parte de una generación.

Porque aquellos corredores que crecieron al cobijo de Froome, Contador, Evans, Valverde…, una generación que nació en la segunda mitad de los ochenta, cuando Roche, Perico, Lemond y Fignon se daban hasta en el carnet, que ahora queda como desubicada con tanto talento rompedor y joven que surge de entre las piedras.

De ese periodo son cuatro los corredores que creo han consumido su crédito para la carrera que ha quemado algunas de sus mejores horas y posiblemente su talento.

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La lista empieza con la eterna promesa tasmana, el pequeño pero resolutivo, cuando está bien, Richie Porte.

El australiano fue un corredor que desde bien joven, recuerdo el Giro de 2010, marcó una senda que parecía condenada a acabar en lo alto del podio en París.

Porte trabajó muy bien para Brad Wiggins y Chris Froome, aprendió el oficio de líder desde dentro, «inside the job», sabiendo de los matices de llevar algo tan pesado como el maillot amarillo.

Sin embargo proyectar su intimidatoria en lo individual nunca se le ha dado.

Desde aquel famoso Giro en el que sale sancionado por el cambio de rueda con Simon Clarke, a los cartuchos quemados en el Tour de Francia.

Richie Porte llegó a ser quinto en el Tour de 2016, su mejor año, aunque acabara estrellado contra una moto por el colapso del Ventoux.

Aquello fue un presagio de que siempre le pasaría algo en su gran objetivo: la caída al año siguiente que destapó importantes carencias en los descensos, otra caída, esta vez camino de Roubaix…

Siempre le pasaba algo hasta que en 2019 se ha visto que, sencillamente no va, no tiene el Tour en su radar y esa condición de favorito sin corona que se granjeó nunca llegó a buen puerto.

 

Otros corredores que no optan al Tour…

Y es curioso, porque Richie Porte tiene, fuera del Tour de Francia, un palmarés brutal, un poco como Nairo Quintana.

El colombiano es nuestro segundo hombre de la lista.

Con 29 años su figura perdió el magnetismo hace tiempo y su pegada no es ni por asomo aquella de los primeros años.

Decir que maduró pronto, es describir una realidad que, aunque muchos no quieran admitirlo, es la que es.

Su tiempo en Movistar hace dos años que está en una innecesaria prórroga, ya habrá momento de valorar quién le debe más a quién, y si recala en Arkea, el paso atrás es obvio.

 

Uno de los corredores que empezó a dibujar las carencias de Nairo Quintana fue Romain Bardet. 

El flaco francés quitó la segunda plaza al colombiano hace tres años en el Tour, con una memorable etapa a 48 horas de llegar a París, bajo el diluvio y con un AG2R sembrado.

Pero Bardet, quien todos acertábamos a señalar como la baza francesa más cualificada para el Tour, ya no es el mismo desde que casi pierde el podio contra Landa en la crono de Marsella, hace dos temporadas.

El año pasado se descolgó rápido del grupo de los mejores, y en este Tour Romain Bardet fue una sombra durante toda la carrera, desde la msima crono por equipos, en Bruselas, a la llegada a la Planche des Belles Filles.

Ahora mismo cualquier medio francés habla de Alaphilippe y Pinot como bazas para recuperar el Tour a la causa patria.

Bardet, el niño predilecto de las portadas, ya no aparece. 

Se ha descolgado de lo que queda de año, que no es poco y hace un reset ¿sin Tour?

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Quizá el francés debería reconsiderar si todo lo que le está dando y confiando al Tour le sigue rentando o quizá valorar otros caminos, como en su día dijimos, otros caminos como los que un día decidió tomar Simon Yates, quien se ha hecho con la admiración del respetable por disputar todo lo que le cruza y romper los planes establecidos -no iba a estar en el Tour- para sacar punta a un momento de inspiración.

Una actitud, la de Simon, que choca con la de su hermano Adam que lleva ya varios tiros errados en el Tour.

Fue el mejor joven hace tres años, en una edición pésima por cierto, y de ahí no pasa.

Pero Adam sigue centrando el año en el Tour, como si no hubiera otro calendario, otras opciones que su propio hermano ya le ha demostrado que son válidas.

El Tour es la carrera que da y quita razones, que pone y quita nombres, pero el mundo no empieza ni acaba en él, aunque para muchos así lo parezca.

Y vienen tiempos en los que, un puñado de chavales que van con todo, tienen pinta de querer comerse el pastel.

El equipo ya no es el problema de Nairo Quintana

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Pensar que en el cariño de un equipo le valdrá a Nairo para volver a ganar una grande sería simplificar sus carencias

Leí el otro día de Nairo Quintana que “no duelen las críticas y sí las piernas”.

Le podemos creer.

El ciclista más neutro del pelotón sigue cotejando amigos e incondicionales cada vez que abre la boca.

La caída de su estrella se mide también por el humo de sus palabras y en Nairo, encontramos una mina cuando pronouncia palabra.

Porque una cosa es tener contenta la parroquia, fiel, expresiva incluso hasta intimidatoria, y otra verter todas las carencias en el saco del equipo.

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A menos de dos semanas que empiece la Vuelta a España, Nairo Quintana vuelve a dar la matraca con un equipo que le quiera.

Como si liderar un equipocontara en el palmarés.

Habla exactamente de lo que ha tenido en Movistar estos años, hasta hace bien poco, porque sí, le tocó compartir galones con Mikel Landa, porque en los telefónicos tuvieron claro que esa estrella boyacense que explotó tan joven ya no era capaz de mantener el nivel que un día prometió.

Y así, salvo en el Tour de 2015, donde primó el podio de Valverde a luchar directamente por el Tour contra Froome, el equipo ha sido una piña alrededor de su estrella colombiana.

La obsesión de Nairo Quintana con un equipo que le respalde es salir por la tangente de lo que todos hemos visto con nitidez.

 

La idea es encontrar un equipo donde me sienta como en casa, que me haga sentir feliz y me apoye al ciento por ciento, donde me encuentre a mí mismo y pueda brillar más que nunca

Lo leemos en Cyclingnews, como que los buenos momentos en Movistar han quedar atrás y que esto no da más de sí.

La matemática pura y dura dice que en Arkea, su posible destino, todo va a ser, irremediablemente más difícil.

No hace falta ser un genio para ver las diferencias entre los dos equipos y que espere a ver lo que un ciclista como Warreb Barguil es capaz de hacer por él.

 

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Nairo tiene claro que deja Movistar, pero no confirma que Arkea sea el destino, la ventana de fichajes lleva casi dos semanas abierta.

Guarda tus mejores salidas en bici, gentileza de Suunto 

¿Por qué dilatar el anuncio?

En breve Nairo correrá su última grande con el Movistar.

Ahí ya no estará Mikel Landa para el descargo de los males de la hinchada colombiana, pero sí Alejandro Valverde y Marc Soler, quien algún día tendrá que tomar unos galones, que ahora mismo corresponderían a Richard Carapaz, por motivos que no es necesario explicar.

El Movistar de la tricefalia ahora es cuatro, no sé si eso es cariño para Nairo, que consume la cuenta atrás en esa humareda de excusas que pueden valer para algunos, pero que para el que sigue y entiende un poco de esto no son de recibo.

Su problema nunca ha sido el equipo, ni siquiera liderarlo con su dudoso carisma, su problema es que tocó techo cuando pensamos que iba a despegar y en eso no sé si el cariño que reclama tendrá tanto que ver.

Tour: El día que Nairo esperaba

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La victoria de Nairo vuelve a destapar que al Movistar el Tour le queda grande

Hay nervios cada vez que el nombre de Nairo Quintana entra en el TL por cualquier red social.

Tranquilos por favor, que esto es ciclismo, pareciera que la bolsa de premios de Nairo se repartiera a partes iguales entre todos sus seguidores.

No nos vais a descubrir a Nairo Quintana, un ciclista con una clase sobre la bicicleta que nunca hemos cuestionado, una categoría de competidor, el mejor de su país de siempre, que no es decir poco, que tiene motor, que…

El año pasado en el precioso Portet, en los confines de Saint Lary, esta vez Valloire, en medio del Galibier, por el Telegraphe.

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Es eso lo que nos enciende de Nairo, esa pegada, esa calidad, esa retranca de hace tiempo, con 23 añitos explotó, que no entendemos que a veces sea lo que un seleccionador de fútbol español acertó a decir un día: un «mingafría».

Y no se le reprocha que no gane el Tour, que no lo va a ganar, recordamos, y sí que sea tan mezquino con esa categoría sobre la bicicleta.

El Nairo que un día nos cautivó volvió a ser el de hoy, el del Izoard, haciendo camino, labrando la victoria, el del Galibier, atacando delante, sin mirar atrás, sin excusas, ni codos, dejando de rueda a gente de un nivel importante, Bardet, entre otros, ese que un día le llegó a sacar de la segunda plaza de un Tour.

Un triunfo, el de Nairo, que entronca con las otras dos historias de la jornada.

La primera en clave colombiana, con Egan Bernal explotando, al final la debilidad aparente y efectiva de Julian Alaphilippe, que llevará el maillot, al menos hasta 48 horas de París, porque tiene unos huevazos que no le caben en la entrepierna.

Egan Bernal dio una vez, y dio en la diana.

Es como si el pequeño Egan corriera montaña arriba por el relevo de Nairo

Su ataque era para Alaphilippe, que cayó del grupo, pero también para los rivales del francés, y suyos, y para tomar el mando del Team Ineos.

Por un momento, Geraint Thomas tuvo un flash, viendo que el Tour se le iba de las manos, atacó y comprometió a su compañero.

Entendemos que a esas alturas, a esas pulsaciones, no es sencillo pensar, pero de ahí a leer los gruesos insultos que le cayeron a un tío de la ejemplaridad del galés están siempre fuera de lugar.

 

Egan Bernal sería la máxima amenaza para Alaphilippe si esto no diera cambios a cada día, sobre todo porque lo que vienen ahora son llegadas en alto.

Y ahí Thibaut Pinot quizá tenga algo que decir.

Sea como fuere, Alaphilippe es posiblemente el único de los grandes nombres que resisten delante que hacen, en apariencia, todo para ganar el Tour, su Tour.

 

Pero volviendo sobre estas líneas, la victoria de Nairo Quintana entronca con su equipo, el telefónico, el Movistar.

El equipo que lo dispone todo en el Izoard, con escapados, con Marc Soler haciendo destrozos y ahí se queda todo.

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Si el catalán no se pone a saco en ese momento, a saber lo que Nairo podría haber sacado más en Valloire.

Lo de Movistar es llover sobre mojado, una de cal y otra de arena.

Que le hagan un vídeo de desagravio a su líder colombiano: ¿Por qué jugaron así si Mikel Landa al final no hizo nada?

Podrán decir que el alavés no tuvo piernas, pero ¿para qué este movimiento?

¿Hubo vértigo?

¿Hubo fatiga?

El propio Landa lo admitía en meta, el triunfo de Nairo no era el plan, pero ¿hay plan en Movistar?

Y que no nos vendan que la táctica de Movistar dio sus frutos, porque el triunfo de Nairo no era lo que se perseguía.

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Llueve sobre mojado.

La carrera que quita el sueño en el equipo celeste le sigue quedando grande. 

Admitirlo sería el primer paso, no ocurre nada por hacerlo.

Igual que cuestionarse qué hace Alejandro Valverde remando y aguantando si más en un equipo que recordemos ya no es de nueve, es de ocho.

En fin, que tras lo visto en la esperada etapa del Izoard-Galibier, quien tenga narices apueste por el ganador del Tour, porque aquí ya no entendemos nada.

Si nos pedís un favorito de corazón, Alaphilippe está haciendo más méritos que varios en bloque.