#Top2016 El rosa es el color de Nibali

Ganadores en activo de grandes vueltas no hay muchos: Nairo, Valverde, Contador, Froome, Aru,…, vencedores de las tres sólo dos, Alberto Contador y Vincenzo Nibali. Que hayan ganado siete, Contador, luego le seguiría Nibali, con cuatro. Froome y Nairo, tras ellos, con tres y dos, receptivamente. Como veis, las cuentas salen rápido, no hay muchos más para repartir.

Este breve preámbulo, creo que sitúa en su justa medida quién es y a qué opta Vincenzo Nibali, cuando en unos años valoremos al ciclista italiano que devolvió esplendor a un deporte que es casi religión en la bota y que hacía tiempo que no acababa de darle alegrías a sus fieles.

Porque además de los números, Nibali será recordado por lo mucho y grande que ofreció. Un ciclista de tímido trato, que marca distancias en lo personal, que se ve incluso frío en algunas expresiones y que sin embargo, en carrera cuando se centra, cuando se calienta, es un volcán, un auténtico laberinto de posibilidades que rara vez no encuentra la salida.

El Giro de Italia es el ejemplo de lo que decimos. A esa fiesta de rosa que recorrió Italia cual corriente eléctrica de norte a sur y vuelta para el norte, Nibali quiso ponerle la guinda con una de las remontadas más inesperadas de los tiempos recientes. Mirad la general que resultaba tras la jornada de Pinerolo, a los pies de los Alpes, la puerta del epílogo de la carrera, y la manejamos en Milán, fotografía el tamaño de la gesta.

Aunque bien visto, no sería la primera vez que Nibali sale victorioso de la confusión y la incertidumbre. Así ganó su Tour, siendo netamente superior e imprevisible, incluso con Froome y Contador en carrera, así ganó la Vuelta, cuando Antón, Mosquera e incluso Purito lo tuvieron a tocar, y así ganó su primer Giro, con todos mirando al Team Sky y su guinda, un tal Bradley Wiggins.

Entonces, en ese Giro, Nibali calló, asintió al favoritismo de quien venía de ganar el Tour y sembró el caos en cada curva hasta que minó su resistencia, lo envió para casa y tomó el mando. Exactamente como hizo con Froome en una Tirreno en una de las etapas más recordadas de los tiempos recientes, lloviendo a mares y Nibali sacando todos los defectos del tres veces campeón del Tour en una misma jornada.

Por eso, yo creo, que el gelido e impertérrito Steven Kruijswijk nunca cantó victoria en el Giro, incluso cuando más segura parecía su posición y más fuerte se le veia. Nibali no desistió, nunca dejó de creer, con el peso de un país mirándole, minó la resistencia del líder en una jornada antológica entre Italia y Francia. Se llevó el Giro por una cuestión de fe y eso, parece que no, pesa en el estado de ánimo del aficionado.

Como pesa, su Olimpiada, una carrera que centró sus deseos, toda vez que se borró del Tour, porque sabe que ahí lo tiene muy peliagudo. Nibali quiso la presea, y por un momento pensamos que podría colgársela, que sería el segundo italiano, con Elia Viviani, que ganaría el oro en Río, pero la fe a veces ciega y juega malas pasadas. Una trazada errónea nos lo mostró por los suelos cuando veía, cuando olía el salitre de Copacabana. Quizá debió ofrecerle pasta a Henao, como dijeron algunos.

Ahora, al frente de un proyecto nuevo, ajeno al Astana, con quien mantuvo tantos momentos dulces como tensos, Nibali quiere un tecer rosa en su vida, sabedor de que en el Tour si no es Froome, es Nairo, si no Contador, siempre tendrá a alguien por delante suyo. Quiere el Giro cien, no habría un ganador más idóneo…

Imagen tomada de FB del Giro

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Rui Costa y los portugueses que vienen

Para Rui Costa siempre habrá un antes y un después el año 2013 cuando, dentro del Movistar, ganó etapas en el Tour y se coronó campeón del mundo. Al año siguiente, Costa se convertiría en el rostro más importante del equipo italiano Lampre-Merida, donde ha competido hasta hoy.

Tres años han pasado pues desde su llegada al conjunto italiano. Volviendo a 2014, lo cierto es que se generó una gran expectativa al portugués que llevaba por primera vez en la historia el maillot arco iris. La que debía ser temporada de su consagración, le sirvió para asegurarse un puesto en vanguardia, aunque, las esperadas victorias no terminaron de llegar. Y no ha sido por falta de persistencia.

De hecho, se puede concluir que los adversarios se mostraron mejores en los momentos clave, porque Rui Costa puso de su parte. Los números no mienten. A lo largo de los últimos tres años, ha logrado 69 puestos en el “top ten” de etapas y clasificaciones generales en las más importantes carreras mundiales.

En 2014 ganó la Vuelta a Suiza, por tercera vez consecutiva, y estuvo muy cerca de ganar la Paris-Niza (2º), Il Lombardia (3º) y la Volta ao Algarve (3º). Ya en 2015 fue coronado campeón nacional de fondo y ganó una importante etapa en el Critérium du Dauphiné, carrera donde terminó en el podio, tercero, destacándose de nuevo entre los primeros de la general en Paris-Niza (4º), Amstel Gold Race (4º) y Lieja-Bastogne-Lieja (4º).

Estos dos años también marcaron la disposición del ciclista en la carrera que centraba sus miras, el Tour de Francia que debió abandonar un par de veces, un año por enfermedad y otro como por las caídas.

El Tour pasó de esta forma en 2016 a ser un objetivo para ganar etapas y no por la general, centrándose principalmente en las pruebas de un día y carreras de una semana, aunque sin victorias. La temporada pasó por el podio logrado en la Lieja-Bastogne-Lieja (3º) y por los primeros lugares en el Tour of Oman (5º), Vuelta a Romandia (6º), Campeonato de Europa (6º en la prueba de fondo), Vuelta al País Vasco (7º), Vuelta a a Suiza (7º), Paris-Niza (10º), La Flèche Wallonne (10º) y los Juegos Olímpicos en Río de Janeiro (10º en la prueba de fondo).

Numéricamente, 2016 fue positivo para Rui, pues alcanzó 26 lugares en el Top 10 y cerró la temporada en el 19º lugar del Ranking UCI WorldTour, siendo el ciclista portugués mejor clasificado en los últimos años. Además en el Tour, estuvo muy cerca de lograr dos victorias en etapas: segundo en la novena y quinto en la vigésima etapa.

A los 30 años de edad Rui tiene asegurada la continuidad en la misma estructura en 2017, bajo nueva denominación, consecuencia de que el equipo italiano ha sido adquirido por el grupo chino Proyecto TJ Sport.

Tras Rui Costa siguen llegando rostros lusos al más alto nivel, que prometen dar continuidad a la reconocida calidad de los ciclistas portugueses. Procedentes de la misma casa en los años de formación, el Sport Ciclismo S. João de Ver, José Gonçalves y Rúben Guerreiro llegan al WorldTour en 2017, también arrastrando enormes expectativas.

Junto a Tiago Machado, José Gonçalves, de 27 años, estará en el Katuhsa, ahora también Alpecin, poniendo fin a una relación de dos años con el Caja Rural-Seguros RGA con quien ganó el Presidencial Tour of Turkey, una etapa en la Volta a Portugal y otra en el GP Internacional Beiras e Serra da Estrela.

Antes incluso que en el equipo español, en La Pomme Marseille, Gonçalves ya había llamado la atención sobre sus progresos y adaptación a todo el tipo de terreno, su particular calidad en finales duros y destreza en cuanto contrarrelojista.

El campeón nacional sub-23, Rúben Guerreiro, de 22 años, va a entrar en el poderoso equipo estadounidense Trek-Segafredo, donde será compañero de André Cardoso, que se ha distinguido como uno de los mejores gregarios, y también de Alberto Contador.

En la maleta lleva dos increíbles años en el Axeon-Hagens Berman, de Axel Merckx, el equipo con el que ganó en 2015 el GP Liberty Seguros, siendo décimo en el Tour de Beauce. En 2016 añadió a su palmarés el GP Palio del Recioto y subió al podio de Lieja-Bastogne-Lieja U23 (3º). De carácter fuerte y muy batallador, Guerreiro se ha destacado entre los mejores jóvenes en carreras de la importancia del Tour of California (13º CG) y tercer mejor joven.

Todos estos nombres tienen en común el paso a manos de Manuel Correia, un buen técnico de base, que ha pronosticado que Rúben Guerreiro será aún más importante que Rui Costa en el ámbito internacional. De sus manos saldrán, también en 2017, hacia el pelotón internacional, los gemelos Ivo y Rui Oliveira, de 20 años, dos nombres confirmados en el mencionado Axeon-Hagens Berman, que medallistas en pista a nivel mundial y europeo, además de ser dos fuertes promesas para lograr grandes hechos en carretera.

Por Helena Dias

Imagen tomada del FB Liége-Bastogne-Liége

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Redescubre el ciclismo…

#Top2016 Alejandro Valverde no entiende de leyendas

Con Alejandro Valverde, lo hemos dicho mil veces, no hay que usar la vara de medir normal que otro corredor quisiera para sí. Este murciano que parece sostenido por un pacto con el diablo ya está de vuelta. Todos aquellos que gustamos de hacer números y descubrir una leyenda en cada ciclista tocado por la fortuna, podemos pasar página. A Valverde no le habléis de ser una leyenda, porque él es más que eso, es irrepetible, el ciclista más singular de la historia de este deporte en España.

No creo que numéricamente de la campaña 2016 haya sido la mejor para Alejandro Valverde. Estuvo cerca de una singularidad realmente complicada, acabar en el top ten las tres grandes, pero su privilegiado físico también tiene límite y acabó por claudicar en la Vuelta.

Valverde sin embargo ha tenido la campaña que creo ha soñado desde siempre. Ha competido hasta la extenuación. No sé si le gusta parar por casa, pero su reto, no declarado hace doce meses de correr las tres grandes del tirón, cinco si sumamos Tour y Vuelta del año pasado, es de personaje que disfruta con este circo como pocos.

Sea como fuere, algunas perlas se lleva al buche, esos momentos que le abren el apetito a cualquier amante de este de deporte. Su dominio de finales como el de la Flecha Valona le pone en una esfera especial en su género. La obsesión de sus rivales en las Árdenas habla del áurea que le acompaña, su cariño por carreras como Andalucía explica su obsesión por estar siempre dispuesto y días como los Juegos demuestran que es humano.

Donde nos gustó especialmente Valverde este año fue en el Giro, no sé si fue porque esta edición resultó un espectáculo sublime, o porque teníamos de verle por fin en Italia, sin nada que temer, pero el Valverde de Italia fue ese ciclista camaleónico que aprende de lo nuevo según pedalea, con una facilidad para estar y ser que le hacen especial.

La etapa que ganó fue sencillamente uno de los momentos de la temporada, quizá oscurecido, porque en esa carrera cada día fue un monumento al ciclismo. Se metió en un corte de salida y en subida y voló hacia meta en un falso llano que miraba para abajo y cortaba el aire por su velocidad. Recordad a Dobrowski, se hizo el rácano para cerrar un hueco y se descolgó sin poder volver a entrar. Magistral.

¿Qué le queda por demostrar a Alejandro Valverde? nada. Puesto que es obvio que Nairo es la baza en grandes vueltas, porque el colombiano tiene es plus que al de Las lumbreras siempre le ha faltado, le queda esa obsesión de la afición, que es Flandes, ahora que vuelve por la capilla. ¿Irá? siempre dice que sí y luego falla. Si probara y aprendiera como lo hace en otros escenarios volvería a rondarle esa aureola de leyenda que queremos atribuirle y que tan poco le motiva.

Con su edad, su palmarés y todo lo que significa, dejemos que nos sorprenda, se ha ganado el derecho…

Imagen tomada del FB de Alejandro Valverde Belmonte

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Al mal tiempo, ponle Bkool

#Top2016 Contador ve el vaso medio lleno

Muchas veces cuando hablamos de ciclistas del tamaño de Alberto Contador, no caben las medias tintas, si quiera la opción de vacilar. Los hacemos de un campeón, posiblemente el mejor de su generación en el género de grandes vueltas, y por ello, porque el foco es grande, conviene hablar con propiedad y a sabiendas de quién se hace.

Alberto Contador ha cerrado un 2016 muy lejos de los objetivos inicialmente marcados. Para cualquier corredor, una campaña como la que el madrileño ha firmado sería una pieza para negociar un contrato al alza: ganador de País Vasco, se quedó cerca de serlo en París-Niza y estuvo delante en la Volta, abandonó el Tour por caída y corrió con dignidad la Vuelta. El balance no es tan malo, como algunos se apresuraron a comentar a raíz de esta pieza de Van Garderen, un corredor que sí ha decepcionado con todas las letras.

La campaña de Contador ha tenido por eso algo que debería hacerle reflexionar, pues compromete su presente y quizá algún dia su futuro y no es otra cosa que las caídas. Habrá quien diga que es cuestión de suerte, y cierto que es que influye mucho, pero hay desde luego corredores con el sino marcado y Contador es uno de ellos.

Si hasta hace un par de campañas las caídas no habían sido sus compañeras de viaje, estos tres ejercicios le han lastrado seriamente. Dejó el Tour hace dos años cuando mejor estaba. El año pasado el Giro que ganó estuvo pendiente de un hilo en un percance que le impidió ponerse la maglia en el podio, pues el dolía el hombro. Sobreactuado o no, el tortazo lo vimos y le pudo costar caro.

Del que no salió ileso fue del primer golpe del Tour, un puñetazo a la integridad física y moral que le dejó fuera de concurso cuando no había ni roto a sudar. En la Vuelta, otra caída le dejó mermado y aunque tiró de clase, sus prestaciones, fuera del podio, estuvieron lejos de su objetivo. Ya veis, varias caídas en momentos clave, en las carreras importantes, todas seguidas ¿casualidad? ¿mala colocación? Él tiene la respuesta, sabe qué hacía y qué pensaba en el momento que ocurrieron, pero si para este corredor las cosas nunca han sido sencillas, sólo le faltaba el lastre de las caídas.

Sea como fuere, los accidentes en carrera le otorgan el beneficio de la duda. Contador ya no es un crío, acaba de soplar 34 velas en la tarta y lleva en la brecha desde hace más de diez años. Es admirable que siga creyendo que puede ganar el Tour, sin embargo un ejercicio de realismo se le impone, como ya dijimos y a nadie se le escapa que tiene por medio rivales que le han tomado la matrícula.

Todos sus mano a mano con Froome en el Tour los ha perdido, Nairo le ha levantado varias veces la camisa y vienen otro con visos de ocupar su lugar. Él dice vivir del calor del público, montó un ataque marca de la casa camino de Formigal para un magro resultado que ni siquiera le sirvió el podio, porque Chaves se lo quitó camino de Aitana.

Ahí va también el capítulo de las empatías y lo que genera a su alrededor. Si Contador ha estado débil en carrera en algún momento, su equipo ha sido el primero en destaparlo, con una pasividad exasperante cada vez que lo necesitó. Cabrá ver cómo se gestiona un Trek-Segafredo con caracteres tan diversos como el conservador Mollema, el anárquico Pantano e imprevisible Contador. Quién se arremangará para quién, será curioso verlo.

Imagen tomada del FB de Tinkoff

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#Top2016 A Van Avermaet sólo puedes quererle

Hay ciclistas que solo puedes quererlos. Por su disposición a sufrir, lo que se exponen, lo mucho que ofrecen, tanto que arriesgan, el camino que hacen sin arrepentirse donde pusieron el pie,… por eso y mucho más admiramos a Greg Van Avermaet, uno de los grandes en carreras de un día de su generación que, curiosamente, no ha ganado nunca un monumento para angustia del buen gusto ciclista.

Van Avermaet sin embargo, nunca dejó de remar, de mirar adelante y seguir avanzando. Lo ha hecho de forma tan concienzuda que sí, encontró oro, al final de una bahía, en Copacabana, como colofón a otro año que se ha pasado, mientras el cuerpo le respondió, delante y en vanguardia, tragando viento y dando la cara, una forma tan particular de correr que no le han valido todas las victorias que merecía, pero que al menos le han dado el cariño del entendido en este deporte.

No fue sin embargo una campaña sencilla para el belga. Cuando mejor estaba, cuando opsitaba entre los mejores para ganar Flandes, se fue al suelo y vio arruinada, entre sollozos, su campaña de clásicas. Esos días andaba fino, fino, fino. En primavera Van Avermaet lo disputa todo y prueba de ello fue que al menos dio el primero de todos, en la llegada Gante de la Het Nieuwsblad, en un desenlace fenomenal en el que acrecentó su etiqueta de verdugo de Peter Sagan.

Al menos de esos meses le cayó una inesperada victoria en la Tirreno, también sobre Sagan, por la nevada que impidió la jornada reina que en teoría debía realizar la criba buena y definitiva en el pelotón. Van Avermaet, dicen, se aprovechó de Sagan y su generosidad el día que se vistiera de azul, es posible que así fuera, pero si lo hizo, quizá es porque estuviera hastiado de otros tantos que se aprovecharon de él o porque hay días en los que sencillamente es imposible colaborar con Sagan, porque éste no corre, vuela. Lo pudo comprobar tiempo después en Canadá, donde su rivalidad se trenzó en sendas victorias en Quebec y Montreal a repartir el uno con el otro. Desde luego una de esas dualidades que marcan los tiempos.

Restablecido del accidente de Flandes, hizo un Tour sobresaliente ganando una etapa tras fuga kilométrica y llevando hasta donde le dieron las piernas ese maillot amarillo que te cambia la vida si un día recae sobre tus espaldas. A modo premonitorio, aquella prenda presagió el oro qe colgaría de su cuello el día de la fantástica carrera de fondo de los Juegos Olímpicos, para muchos el mejor día de ciclismo de la campaña, para un servidor la pieza que Van Avermaet siempre mereció cobrar del deporte al que consagró su vida.

Para el nuevo año, sólo pedimos una cosa para Greg, que rompa ese techo de cristal que son los monumentos, esas carreras que sin duda dan la grandeza que su historial merece. No os quepa duda, que en estos días de precelebraciones navideñas, a éste esa idea ya le ronda, como si mañana mismo fuera a partir de Brujas un nuevo Tour de Flandes…

Imagen tomada de www.letour.fr

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#Top2016 Van Garderen siempre te deja frío

De Tejay Van Garderen siempre tengo una imagen grabada. Fue aquella llegada en alto del Dauphiné, el año pasado, en junio, cuando vestía el maillot amarillo con posibles de hacerse con la carrera que marca la suerte de los favoritos en el Tour. Sin embargo quedaba una última baza, una bala que Froome no quiso desperdiciar. Fue un momento, un atisbo, Froome le miró de reojo a la salida de la una curva y adiós.

Arriba recuerdo la imagen de Van Garderen hundido, apoyado sobre una pared, la cabeza gacha, sobre un brazo. Roto, desmoralizado, había dado su mejor versión, pero se declaró insuficiente. Aquel dia, yo creo que cambió la suerte de Van Garderen.

Al poco tiempo Van Garderen mostraba el tono frío que siempre le acompañó. Se estableció en la parte noble de la general del Tour, pero acabó claudicando la jornada de Pra Loup, descolgado y lejos de los mejores, aduciendo enfermedad. Van Garderen llegaba a ese Tour como quinto vigente, resultado que ya había logrado tres años antes, siendo doméstico de Cadel Evans y mejor joven de la carrera.

Con estos mimbres, Tejay se presentó en el Tour 2016, otra vez cita capital en su calendario, tras una temporada cargada de resultados discretos y una única victoria, en Suiza, en alto. Ya en la ronda que ganó el colombiano López Van Garderen dio muestras de lo que acontecería en Francia. Irregular, como desconectado, no alcanzaba el tono deseado.

Y llegó el Tour, en una situación nada sencilla, pues a su lado ya le habían situado un alter ego en la capitanía, Richie Porte. El australiano le pasó sin problema, incluso tras un arranque desfavorable. El gélido Van Garderen estaba ahí, defendiendo su suerte para el top 5 hasta que no pudo más, sin explicación aparente, en los entremeses previos a los Alpes. «No words» sobre su actuación, simplemente, no iba. Sin opciones a nada, poco pudo ayudar a Porte, inesperadamente cien veces más sólido.

Tampoco hizo mucho en la Vuelta que acabaría abandonando para poner colofón a un año para olvidar y que debería hacer replantearle el futuro, pues como a muchos que un día optaron al Tour, al americano le pesa la responsabilidad de no hacerlo bien en la carrera que le obsesiona, cuando hay vida y mundo mucho más allá, sobretodo cuando eres un ciclista de calidad y jerarquía como es su caso. El Tour es la carrera a la que aspiran unos cuantos privilegiados y sólo gana uno, un cuello de botella por el que muchos han pasado sin saber gestionarlo bien.

¿Cómo lo hará Tejay?

Imagen tomada de FB de Tour de Suisse

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#Top2016 Cavendish es la leyenda que estamos viendo

Ser leyenda comporta grandes dosis de responsabilidad. No es sencillo, convives con presión, medios, dudas, focos,… nada vale, nada es suficiente, siempre un pero, siempre una cuestión, hilos sueltos. Es así, suena duro, entiendo que debe serlo, pero el placer de experimentar esa atmósfera a tu alrededor, sentirte observado también debe ser importante. Al final es como todo, su parte buena y menos buena. Aunque aquí prevalece, creo yo, lo primero.

Mark Cavendish es uno de los nombres del año. Sin duda, sin pestañear. Sé que no cae bien, en estas líneas antes que en ningún sitio, pero qué queréis que os diga, esta campaña del isleño ciclista es para enmarcar, una de esas obras de arte prendadas de ambición, ganas e infinita voluntad. Sólo así se ha de entender a un corredor que lleva en liza y disputando desde febrero y que como leía hace pocos días, empieza a barruntar su 2017.

Para situar la campaña de Cavendish conviene ponerle en contexto y rodearle de los ciclistas con los que se codea en la historia. Ahora mismo sólo Eddy Merckx tiene más etapas que él en el Tour. Con sus cuatro etapas ganadas en julio, Cav ha dejado atrás a una de las glorias de este deporte, Bernard Hinault y conspira contra el más grande.

No hablamos de palabras mayores, ni siquiera de singularidades, hablamos de HISTORIA de este deporte y eso, admitámoslo, es lo que es Mark Cavendish, un ciclista mil veces denostado, que algunos dimos por amortizado y que ha vuelto como en sus mejores tiempos.

Hizo un post durante el Tour, nuestro amigo Peter Cossins sobre Cav. Lo llamó “Messi on two wheels”, Messi sobre dos ruedas. Nada más apropiado. En su columna Cossins dibujó un sprint del británico, no es el más rápido, ni el más explosivo, quizá tampoco el más fuerte, pero le ganó por por la mano a los dos alemanes, Kittel y Greipel, con las mejores armas que sabe usar: la perfección en el movimento y la ejecución del mismo. Total.

Y eso, lo siento, es arte, una forma de hacer que se aprende de nacimiento o antes de ver la luz en este bendito mundo, pero este ciclista lo tiene, y no le deis vueltas. Tiene eso, como también el don de la comeptitividad por doquier. Es una máquina de competir, y puede haber ganado todo lo que queráis que si pierde, se vuelve loco, mejor perderle de vista, la mala hostia que le entra debe hacerle inabordable.

Ganó las cuatro etapas en el Tour, la primera cita que se había marcado, cogió el macuto a media carrera y pensó en Río, en la pista. Y corrió el omnium, batiéndose el cobre como un mindundi cualquiera, pasando calamidades en las cronos y arriesgando en las carreras de línea para colgarse una plata que supongo que le habrá amargado. Le dijeron de todo por una caída que hubo tras él, sinceramente no creo que tuviera mucho que ver en la misma, ocurrió porque tenía que ocurrir, pero el Cav marrullero que hemos visto muchas veces, no aparece cuando acaricia la victoria con los dedos.

Tercera estación, Qatar. Se aprovechó dos veces del bondadoso trabajo belga, primero para infiltrarse en el corte donde los suyos también le hicieron servicio, luego para mantener la escapada viva. Si en Río fue Viviani, en Doha estuvo Sagan, otra plata colgó de su cuello. Un tortura.

Allí, en las dudas de Oriente Medio, muchos empezaron a disfrutar de su periodo vacacional, él no, pensaba en clave seis días, en las últimas carreras de su querido Bradley Wiggins, con quien defendía el caché de un mundial de americana que había caído, otra vez, en Londres. Londres y Gante fueron los escenarios finales. “Back to the basics”, Cav en la pista, batiéndose como en sus primeros años, como el crío que nunca ha dejado de ser y nunca quiere perder. Un tipo especial, una leyenda que estamos viendo en vivo y directo. No pasa mucho…

Imagen tomada del FB UCI Track Cycling WC

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Mira qué tienen en Tuvalum para ti…

#Top2016 Latour & Coquard, los caramelos franceses

Se dice rápido pero Francia va camino de las treinta y dos primaveras sin mojar en su Tour. Mucho tiempo, muchos ciclistas por medio y el hexágono sigue esperando, aunque creo que no desesperando, porque al menos en el camino le surgen ciclistas que llenan el vacío con una calidad que a veces no hace justicia a sus resultados. Romain Bardet ha ido escalando en la jerarquía hasta ser lo que es y posiblemente el corredor mejor situado en el corazón de la “grandeur”. El pelotón de estrellas galo tiene un poco de todo, pero no un ganador claro para el Tour, sin embargo hay dos nombres que nos han gustado especialmente en este año que se apaga.

Pierre Latour es un ciclista nacido en los contrafuertes de los Alpes hace poco más de 23 años. Corre para el AG2R y su trayectoria empieza a mostrar la proyección del personaje. El año pasado, en la perfectamente asfaltada subida a Bales, en la decisión de la Ruta del Sur, Nairo y Contador se pusieron a prueba, mientras que el pelotón se desnudaba como los árboles en otoño. No les aguantó nadie, salvo un chaval del AG2R que respondía al apellido de Latour. Fue un presagio, la presentación en sociedad de lo que podía venir y tardó en llegar.

Su 2016 no estaba siendo bueno. Ajeno a las grandes carreras, fue el mejor joven en Romandía y segundo en el Criterium, una carrera que ha perdido muchísimo quedando en clave doméstica, como cuando era nacional y no internacional. El AG2R decidió romper su virginidad en grandes vueltas llevándolo a la Vuelta y no defraudó. Su triunfo en Aitana, el penúltimo día de carrera, ante huesos muy duros de roer como Mathias Franz, Fabio Felline y sobre todo Darwin Atapuma, el ciclista que peor mide los esfuerzos del pelotón, habla de la calidad que tuvo que desplegar, bueno, calidad y años de vida, porque la jornada fue agónica en su desenlace, sólo hay que verles llegar a meta.

Esperemos que para el joven Latour el día grande de esta Vuelta le signifique el antes y después en su carrera, cosa que no es sencilla en el caso de la grande hispana que ve cómo crece su lista de incipientes estrellas galas que no van más allá de tener su día de gloria en la tercera grande del año.

Diametralmente distinto a Latour, otro francés que nos apasiona es Bryan Coquard. Primero porque siempre nos atraen los corredores que prueban con fortuna más de una disciplina, Viviani, Cavendish, Wiggins, Stybar, y segundo porque su progresión en un entorno nada sencillo sigue pasos firmes y sólidos.

Y digo que no es sencillo su progreso porque convive con dos monstruos de la velocidad que todo lo hacen ver azul o rojo en Francia. Cabe ver el último mundial y la apuesta en el águila bicéfala Demare-Bouhanni, omitiendo la baza de Coquard, el corredor que silenciosamente se está haciendo con un palmarés doméstico muy notable. Reseñar los Cuatro Días de Dukerque, antaño una carrera excepcional, esta vez un tedio sólo resuelto por los sprints de Coquard mojándole la oreja al mismo Bouhanni.

Lo comentamos en julio, nos hubiera encantando ver a Coquard ganarle a Kittel en el sprint del Tour. Estuvo cerquísima de hacerlo pero el rubio alemán sacó todo, y eso es demasiado para una amplia mayoría del pelotón. Sin embargo del tridente de velocistas franceses, Coquard es el que más cerca ha estado en las grandes citas de hacer algo sonado, porque la San Remo de Demare está llena de matices. Para el próximo año creo que es el momento de esperar la explosión del ciclista de Saint Nazaire, el pistard que poco a poco hace fortuna en el asfalto.

Imagen tomada del FB de Direct Energie