El Grand Slam de Mark Cavendish

Mirad a Cavendish cruzad la línea de meta en Doha. Me encantan los ciclistas con ambición, aquellos corredores que muestran decepción cuando pierden. Cavendish, que ya fue oro en Copenhague hace cinco años, casi hizo una suerte de caballito llevado por el cabreo de verse superado por Sagan saliendo por la tangente, por donde no habá sitio.

Nos vamos unos meses atrás. A la primavera, cuando Mark Cavendish anunciaba su plan para el año 2016. Le tomamos por loco, incluso por estúpido, al creerse capaz de reverdecer ciertos laureles, brillando en escenarios tan distantes en esencia y localización como el velódromo de Rio, los desenlaces del Tour y las artificiales tierras adelantadas al mar de Qatar. Sinceramente, no le creímos capaz.

Pero en el ideario de Cavendish, como en el mundo anglosajón en general hay un término “challenge” que significa reto, desafío, la forma de expresar un anhelo, darle forma y querer asaltarlo. Cavendish nos demostró que estábamos equivocados. Ha ganado etapas en el Tour y se ha cogado sendas platas en Río y Qatar, que aunque suenen a derrota, encierran un mérito enorme.

En el Tour el mejor velocista fue Cavendish. Mientras mirábamos a Kiittel y Greipel, especialmente, asistíamos con cierta condescendencia a la presentación de Cav en la Normandía gala. Fichado en un equipo que no era del tamaño de Sky y Etixx aquello parecía un camino hacia una jubilación adelantada, una historia de ciclista venido a menos capitaneando un equipo con aspiraciones grandes. Pues les dio cuatro etapas entrando con derecho propio entre los más laureados del Tour. entre Merckx, Hinault y gente de este calibre.

Luego vino Rio. No pudo con Viviani en el omnnium, pero sinceramente mostró una polivalencia evndiable, haciendo las cronometradas, remando en la eliminación y haciendo cálculos en la puntuacion. Que un tipo que es una leyenda en un país muy de leyendas, se arremangue y baje al barro como el primer día, dice mucho de él. Y sí, sé que muchos arremetieron contra él por la caída que dicen ocasionó, Cav ha sido muchas veces marrullero, pero no creo que en esa carrera lo hiciera intencionadamente.

Y este camino lleva hasta Qatar, hasta su segundo podio en un mundo, tras ser oro, ahora es plata. Lo ha tenido a tocar, pero la misma frustración que él causó a muchos, le propinó Sagan que tan fácil parece ganar cuando se lo propone.

No le queda mucho por demostrar a Cavendish, pero ahí está y si no cuelga la bicicleta tened por seguro que éste no esquivara la lucha. Qué ciclista, qué ciclo, una leyenda para engrandecer el segunda arco iris de Sagan.

Imagen tomada de British Cycling

Gaviria no conoció a los escarabajos

Cuando Fernando Gaviria asomaba por este mundo Tours recibía casi la edición del centenario de la carrera que desde hace bastantes décadas dejó de ser el desquite de Roubaix y convertirse en el emblema del otoño ciclista. Cuando Gaviria nacía, ganaba en la ciudad del Loira Erik Zabel, con los años uno de los mejores de la carrera en sus ya 110 años de historia. Cuando Gaviria veía su primer amanecer no sabía que un día, siendo un casi imberbe ciclista se coronaría en la única carrera que nunca ganó Eddy Merckx.

Pero la ganó, tras unas cuantas decepciones en calendario de bolsillo belga, donde siempre le pasaba algo, donde siempre ganaba alguien que no fuera él. Porque el problema de fondo de Gaviria es ese, ha destacado desde tan joven, que todos le suponen perfecto para la ocasión y ésta ocurre que a veces se hace esperar, sin más.

Pero se guardó la bala el joven colombiano para la mejor ocasión, la carrera de los sprinters, un pedazo de historia viva y latente, de 110 años de historia que sobrevive a las barrabasadas de la UCI gracias a que aún hay quien tiene decoro y gusto por ganar carreras históricas de verdad.

Decepcionó un poco esta edición, tras las trepidantes carreras que ganaron Trentin y Wallays años atrás. La organización, ASO en primera persona, pensó que alargando el recorrido, 250 kilóemtros, y quitando cotitas, las cosas se igualaría más al mundial. Es igual, mereció la pena, una vez más. Lechos de hojas muertas en las zanjas de estrechas carreteras por donde no entra el sol, dibujaron que ese ciclismo que muda en otoño, ese flechazo de solo unos días, porque el circo recogerá las velas en velas en pocos días.

El triunfo de Gaviria compensa la espera y los pocos movimientos que se pudieron producir, incluso uno para la galería de Greg Van Averamet, en la única carrera centenaria que brilla en su olímpico palmarés. El desenlace estuvo a la altura de la ocasión. Con equipos muy desgastados en el control de la prueba, vimos la escenificación de la que será salomónica selección francesa en una semana, FDJ y Demare por un lado, Cofidis y Bouhanni, por el otro.

Los corredores asaltaron el último kilómetro con más incertidumbres que otra cosa. Sólo un Sky, curiosamente Owain Doull, el perfeccionista olímpico, tirando para Elia Viviani marcaba el camino a la sorpresa. Gaviria lo vio, miró alrededor y supo que si sacaba cincuenta metros nadie le cogería. Lo hizo, pam, como si fuera tan simple, tomó la distancia y cuando Arnaud Demare quiso neutralizarle porque no le quedaban compañeros, era tarda.

Tours también era colombiana, como Bergamo y Lombardía ocho días antes. Es el poder colombiano, sobre el que parece no ponerse el sol. Como Dijo Jorge Quintana no dominan por países, pero es cuestión de días que lo hagan. Lo de escarabajos quedará para la arqueología ciclistas.

Imagen tomada del FB de la París-Tours

¿Qué pierde el ciclismo sin Hesjedal?

Desprovisto de brillo, sin carisma. Chepudo, poco elegante. Carente de atracción. Ganador sin victorias. El primer hombre que pisó el podio de una grande este 2012 fue un activista del ciclismo sin ayudas, del esfuerzo a pelo. Ryder Hesjedal, canadiense, procedente del mountain bike, abrió el melón en el Giro. Ahora no es una persona, es una bandera, un emblema. Sus compañeros lo emplean: “Ryder demostró que se puede ganar limpio”. A mí, si me preguntan que no me busquen. Poner la mano en el fuego acostumbra a quemar.

Así hablamos de Ryder Hesjedal en el resumen del año 2012, la campaña que le dio su mejor triunfo, toda una general del Giro de Italia, para lamento de Purito Rodríguez que cruzó de rosa la meta que cobijaba el duomo de Milán, un rosa que al final de esa jornada debería cerdee a Ryder Hesjedal, tras una edición marcada por la igualdad entre los dos.

“He visto lo mejor y lo peor de este deporte y creo que ahora está en el mejor lugar que ha estado nunca. Miro a los jóvenes ciclistas de nuestro equipo y de todo el pelotón, y sé que el futuro de este deporte ha llegado”
 
Sí, Hesjedal habla de jóvenes, de futuro, de esperanza, pero oculta su pasado pobre y negro con la misma retórica que le mantiene en nómina del Garmin, ese equipo que amamanta un buen grupo de exdopados y los mezcla con grandes talentos. Con tal caldo de cultivo qué hemos de pensar. ¿Crecen sanos los chavales en medio de una nómina de demagogos como Jonathan Vaughters, David Millar, Christian Vandevelve o Tom Danielson? Es que hablamos de la guardia pretoriana del equipo, tanto en lo deportivo como en lo moral.

Y así hablamos de Hesjedal, casi once meses después del primer párrafo. Vendió, proclamó, gritó que su Giro demostraba que se podía ganar limpio y a los pocos meses admitió que se había copado en su época de biker, descubierto y empujado por el libro de Michael Rasmussen, un impresentable sobre ruedas que al menos señaló algunos en su caída.

Ahora Hesjedal pasa revista a su carrera deportiva, una trayectoria marcada por pocas, poquísimas victorias, entre otras dos etapas en la Vuelta, una de ellas emocionante en La Camperona, más esa general del Giro, la prueba donde siempre dio lo mejor, cediendo el último ante Nairo el día que se vistió de rosa o incansablemente ofensivo en las etapas en las que Contador iba a menos.

Hesjedal ha formado parte de una generación que las ha visto de todos los colores. Ha padecido la inhospitalidad de un deporte atosigado por las sospechas y traumáticas redadas. Quiso vender que había cambiado, que se podía hacer sin trampas, y resulta que le cazaron en las mismas mentiras que la gran mayoría de sus compañeros de equipo y generacion, Vanvedevelde, Danielson, Millar y hasta el director Vaughters.

El problema de esta camarilla no estuvo en las trampas que hicieron, porque en el fondo fueron los ratones en manos del sistema, el problema estuvo en su total carencia de humildad por juzgar a otros que hicieron lo mismo que ellos hicieron, montando un chiringuito que con los años se dedicó a apartar corredores del sistema con la misma hipocresía que ellos manejaron en su trama.

Pero no penséis que en ese chiringuito todo ha sido malo, el Garmin, que no el Cannondale de esta temporada, ha sido uno de los equipos mejor gestionados desde la carretera, con grandes triunfos (Van Summeren en Roubaix y Dan Martin en Volta y Lieja) que hablan de las virtudes de un grupo bien guiado, con un objetivo y la concesión del mismo basado en el equipo. En muchos de esos días Hesjedal fue clave y no tuvo problemas en arremangarse por los compañeros, incluso con un Giro colgado de sus galones.

En esa revista del canadiense, tras más de veinte años compitiendo por medio año, si le sumamos su periodo de BTT, que hace en Cyclingnews el ya exprofesional afirma que quiere seguir vinculado al ciclismo, no como director, sí compitiendo, que es lo mejor que sabe hacer. Ojo que le veo de master. Eso sí, el capítulo de dopaje en 2003 se resuelve en un párrafo, de aquella bici que daba vueltas cuando se cayó en un descenso «no words». Son cosas del directo.

Imagen tomada de www.ciclo21.com

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El Cruz Bike-Rak N es un portabicicletas de techo de fácil montaje sobre todo tipo de barras

El epílogo de Tinkov y Contador

Estaba claro que la montaña rusa emocional de la pareja por conveniencia formada por Oleg Tinkov y Alberto Contador no iba a tener un final cualquiera. Con el Tinkoff en la prórroga de su estadía en el ciclismo, las cartas marcadas entran en la mesa y el mandamás de uno de los equipos más potentes del mundo ha entrado con todo en la partida, como si en su desahogo le fuera la vida.

Pero se equivoca el rubio ruso, al otro lado de la mesa ya no hay nadie, Contador no creo que piense en clave Tinkoff desde el mismo día que acabó la Vuelta a España, el último capítulo de la relación tumultuosa, una auténtica ruleta donde el mejor ciclista español de la última década, en lo que a grandes vueltas se refiere, ha sacado lo necesario para que su caché no se viera resentido y su sueldo se liquidase con puntualidad.

Y es que esa es la gran tragedia del deporte espectáculo que hemos montado, que se ha hecho tan caro, tan exclusivo, que su manutención corre a cargo de auténticos descerebrados forrados de billetes como el señor Tinkov. Pasa en el ciclismo, pero más en el fútbol, mirad la Premier League y la colección de inversores que la sostiene, y la Formula 1. El mundial en Qatar responde a esta nueva realidad.

Pero volviendo sobre Tinkov, ya hemos dicho muchas veces que en esas declaraciones cargadas de ruido y distorsión se esconden muchas veces verdades dolorosas. Su visión del ciclismo y el reparto de los derechos tiene elementos de razón, como también sus comentarios sobre Contador, delatando su precaria situación en el equipo, algo que no hace falta que no cuente Tinkov, porque el equipo no ha estado con el que se supone su líder en los momentos que lo ha necesitado, ni este año, ejemplos en la primera etapa del Tour y el desenlace de la Vuelta, ni siquiera el año pasado cuando ganó el Giro solo, bastándose ante todo el Astana. Bien es cierto que en la Vuelta, Contador no está con Chaves, lo mismo que el madrileño no ha sido capaz de granjearse gregarios solventes y de confianza en sus años de pro. Si son lo uno, no son lo otro y viceversa, a la vista está que su mejor amigo, Jesús Hernández, hace tiempo que no le sigue en los momentos importantes.

Ahora bien, a Peter Sagan no le ha ido mucho mejor. El vigente campeón del mundo acostumbra a jugar muy bien solo y el equipo amarillo no ha sido siempre clave en sus éxitos. El eslovaco tuvo algo de ayuda en el Tour, de Kreuziger y Bodnar, poquito más fuera de la mejor carrera.

Habla Tinkov del estado físico de Contador, y posiblemente tenga razón. Los años pasan, los rivales crecen y sobre todo el desgaste es importante. Contador no gana con facilidad y si lo hace es sufriendo lo suyo, mirad País Vasco. A ello se añade una carrera donde lo deportivo no ha sido sólo lo importante, con frentes paralelos que hacen complicado concetrarse en su profesión, incluso con un par de grandes vueltas en el cuerpo -Giro y Tour de 2011- que dejan mella porque las corrió y las sufrió, como todo hijo de vecino, con la sospecha de que aquello no serviría de nada, como así fue, pues le acabaron sancionando por el clembuterol. Esas cosas suman, esas cosas desgastan.

No creo que Contador vuelva a ganar el Tour, quizá provoque que alguien no lo gane, pero para la Vuelta y el Giro es un ciclista perfectamente válido. Su empeño en seguir en lo más alto no puede ser criticable, incluso después de anunciar que se retiraba para volver por «clamor popular», pero quizá le mereciera la pena un ejercicio de realismo, ahora bien, lo que le dice Tinkov tampoco tiene lógica, si lo miramos desde nuestra perspectiva, porque a este ruso de palabra fácil pocas cosas se le ponen por delante si se le calienta la boca. No obstante, si en el banquero queda un signo de agradecimiento que mire que los mejores triunfos de su equipo se los dio Contador: dos Vueltas, un Giro,… no es poco, aunque se estrellara en el objetivo del Tour una y otra vez.

Recuerdo el final de la Vuelta de 2014 cuando todo eran parabienes y elogios al madrileño, cuando se llevó un grupito de amigotes al parador de Santiago a celebrar el éxito de su pupilo. Qué vida ésta, qué montaña rusa. Eso que llamaban estabilidad es una entelequia, Tinkov y algunos como él nos lo recuerdan. Contador puede decir que lo ha sufrido. Algún día quizá lo cuente.

INFO patrocinada por 226ERS

El #226ERSHawaiiTeam contará este año con un total de 11 deportistas patrocinados en el campeonato del mundo de Ironman en Kona. Entre ellos se encuentran Iván Raña, Iván Álvarez y el mismo CEO de la compañía, Jesús Sánchez.
Los deportistas esponsorizados por la marca de nutrición deportiva se encuentran ya en tierras Hawaianas aclimatándose a las duras condiciones climatológicas locales que hacen de esta prueba una de las más duras del mundo.

Aquí os dejamos la lista completa:

Iván Raña
Iván Álvarez
Guillermo Olcina
Antonio Adell
Esther Leal
Graham Baxter
Pablo Ureta
Miguel Miniño
Óscar Sánchez
Javi García
Jesús Sánchez

Chaves en la casilla de salida

La vida a veces te pone en la casilla de salida, son quiebros, requiebros, virajes, giros bruscos. Te zarandea, juega a la piñata mexicana contigo, te pone una venda, te da mil vueltas, te desorienta y al final de todo, te sientas, miras, centras la mente y ves que estás en el principio, estás en la casilla de salida.

Y así estaba Esteban Chaves en Bérgamo, en la base de la extraordinaria ciudad alta que conserva alguna de esas atalayas medievales que el renacimiento cercenó porque las consideraba inadecuadas al nuevo ideal. Chaves reportaba, en una nube de micros, lo que dio de sí la jornada por Lombardía recordando que él aterrizó en Europa, en su ciclo del Coldeportes, vía Bérgamo, sí por las calles en las que saboreaba el primer monumento de la historia del ciclismo colombiano.

Curioso. Hace un año todo lo que surgía desde el equipo colombiano que puso a Chaves en la senda europea, el nido del ciclismo, no era precisamente bueno. Aquel equipo, como un día nos comentaron desde el país sudamericano, era de todo menos colombiano. Tenía el patrocinio del país, sí, pero la base y la dirección estaban en Italia. Se habló, en el momento de su desaparición, de condiciones dantescas para los corredores que se aventuraron en el bloque. Condiciones que seguro Chaves vivió, y las vivió en Bérgamo, curiosamente, el lugar donde saboreaba el mejor momento de su ya prolífica carrera.

La casilla de salida. Ahora Chaves pisa Bérgamo como un corredor reconocido, apreciado y bien pagado. Una situación diametralmente diferente a las penurias que imagino habrán pasado él y sus compañeros cuando residían en Bérgamo, en esos días en los que seguramente afinó ese italiano fluido y grácil que muestra cuando le entrevistan cada vez que gana, bien sea en Emilia, en las coronillas de Bolonia, o en el cogollo lombardo.

Desde que Chaves sacara la cabeza por su lesión de hace tres años y fichara por Orica no ha habido carrera que le haya ido peor que la anterior. Cada vez mejor, cada vez adelante. Un camino fraguado de pasión por el ciclismo y por el apoyo incondicional de sus familiares. Un camino que este año ha experimentado un cambio cualitativo, sin duda.

Chaves, siempre en segunda línea, ha dado el pasado adelante y ha pasado al ataque, y cada vez que lo ha hecho el resultado le ha acompañado. Él inició el desgaste y posterior desastre de Kruijswijk en el Giro, él remontó a Contador para el podio de la Vuelta y él formó el grupo ganador de Lombardía.

En unas fechas históricas para Colombia, su ciclismo saca y exporta la mejor imagen del país y eso no es todo, aún le quedan retos a ese ciclismo que un día fue exótico y ahora se instala entre las potencias. Chaves, el ciclista de Bogotá, de ahí sus rasgos menos indígenas, es otro más en una nave plagada de grandísimos ciclistas, pero que a nadie se olvide, para que Chaves esté aqui, lo mismo que Nairo y otros tantos, hubo uno que abrió la veda, Rigoberto Uran, cuyos problemas para ganar son motivos de chanzas para algunos cuando en definitiva el pisó un terreno que marcó la senda a otros muchos.

Imagen tomada del FB de Il Lombardia

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Nacex te lleva la bici y tú no cargas con ella

Ya no hay un Schleck en el pelotón

Haciendo un poco de spoiler. Mir, el “bigotes”, habla muy bien de Johny Schleck en su periplo ciclista, cuando coincidieron ambos en el Bic de Ocaña, pero también de Leblanc y Echávarri. Por aquellos años Johny era un buen doméstico que se distinguía por especular poco a favor de sus líderes. Con los años prolongaría la saga con Frank, primero, y Andy posteriormente. Cuando en 2003, Frank dio el salto al profesionalismo, treinta años después que su padre, se cerró el círculo. El apellido Schleck no era uno más en el pelotón, como otros pocos traspasó generaciones y volvió al redil.

En breve ya no habrá Schlecks en el pelotón. Frank deja el ciclismo, unos años después que su hermano. Ambos tocaron la cima en 2011, cuando se contentaron con ser segundo y tercero en un Tour que perfectamente podrían haberle ganado a Cadel Evans, si no fueran los ciclistas más desconcertantes que nos ha tocado disfrutar.

Frank ha tenido una prolífica carrera, sus logros no son muchos, pero sí buenos, una Amstel, la victoria en Alpe d´ Huez, el mentado podio en el Tour, una etapa en la Vuelta, buenas clasificaciones, sobre todo en el Tour, la carrera por la que suspiró a pesar de no tenerla nunca en su radar, porque era un pésimo contrarrelojista.

Mirando atrás, por eso, este luxemburgués de alargada tez y marcadas cuencas oculares ha sido uno de los ciclistas mejor tratados, por un acuerdo tácito que no acierto a entender, por eso que se llama la “familia ciclista”.

A sus nunca reconocidas limitaciones, fue favorito cuatro estrellas al Tour varias veces a pesar de ser, como dijimos, un negado en la lucha contra el reloj, se añadió el exitoso requiebro que planteó a la caza de brujas del ciclismo cuando salió airoso de un pago a Eufemmiano fuentes, que admitió sin más, por el vago, difuso e impreciso concepto de “asesoramiento”.

En un ciclismo en el que esquizofrenia fue moneda de cambio durante mucho tiempo -ahora parece, crucemos los dedos, que las cosas están algo calmadas- salir indemne de una historia así es realmente curioso y deja más preguntas que respuestas. Que cómo lo hizo, pues no lo sé, lo cierto es que su fortuna se escribe con letras bien marcadas y en mayúsculas.

Son estas cosas de este nuestro ciclismo, el que sufrimos y disfrutamos cada día, que nos dejan perplejos, que demuestran que el mundo es imperfecto y que salvo contadas ocasiones estamos muy lejos de saber la verdad de lo que nos rodea. En fin, Frank tomó la senda de su hermano, ya no hay Schlecks en el pelotón,¿hablaremos de una tercera generación en unos veinte años?

Imagen tomada de www.gentside.com

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El Bkool Go está en capilla para salir

Las servidumbres de apellidarse Sagan

Esta mañana me comentaron que Peter Sagan no acabó nada contento su participación en el Eneco Tour. Había caído de la primera plaza, que tanto le pone, y quedado en un tercer peldaño, que mucho no le consolará, aunque en su carrera por el triunfo en el nada prestigiado World Tour estos puntitos le valdrán lo suyo.

Pese a que lleva ya un tiempo en el negocio, Sagan sigue siendo joven y su lívido camina por las nubes. Acabó la etapa de Gerardsbergen afirmando algo así como “que les zurzan, que yo solo he ganado lo que todos estos juntos”. Feo, ya sé que es capo, y que parece tener bula, pero el respeto por compañeros de profesión creo que es una ley no escrita que conviene no burlar.

No escondemos nuestra admiración por Sagan y su forma de correr, desenvolverse y estar ahí de forma tan reiterada, sin embargo este mal perder, que posiblemente sea la base de su evidente ambición, no es de recibo en alguien que querríamos que fuera el embajador del ciclismo como deporte y concepto, dada su imagen y proyección.

No le debería resultarle tan extraño a Sagan que todos se rescuelguen de su rueda, es lo normal y no llevarlo en carroza a la meta. Coincidir con Van Avermaet es un regalo, porque nunca te escatimará un relevo, pero no deja de ser eso, la excepción que confirma la regla. Hay ciclistas que nunca darán un esfuerzo extra por los demás, y eso no es reprochable, es jugar tus bazas. Sagan en la jornada final del Eneco se vio solo, porque tenía que tirar solo pues era quien más se jugaba en la mano.

No pudo estar delante y quizá también tendría que mirar a su equipo, el mismo que le llevó en volandas la segunda etapa del Tour, mientras Alberto Contador iba descolgado. En el ciclismo como en la vida, la risa va por barrios y cada día nos pone en un lado de la barrera, no hay otra. De su equipo, salvo error u omisión, no le he oído nada.

El año pasado Peter Sagan dio un salto adelante en su popularidad por la cantidad de segundos puestos que encajó con nobleza y carisma, como esa entrada en Gap, rato después que ganara Rubén Plaza, dándose golpes en el pecho.

Que aprenda de Valverde, quien valorando su Vuelta admitió que no buscó una escapada porque “nadie quiere irse conmigo”, pues sabrían que el murciano le pasaría a cuchillo en la recta final. Es lo que tiene ser un talento fuera de lo normal. Son pocos, están marcados y aprenden, o al menos deben aprender, a vivir con ellos.

Espero por eso que Peter Sagan decida estar en el mundial por varios motivos, porque es de lo poco bueno que puede pasarle a una cita descafeinada y se ha medido con éxito con grandes velocistas. Mirad como gana a Greipel en el Eneco, que no son palabras menores.

Imagen tomada del FB de Tinkoff

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Hoteles RH y su oferta para los cicloturistas

A mí me gustaba Voeckler

Amanecí el pasado jueves con un mensaje de twitter de BH Bikes en el que nos ponían en copia: “Voeckler dejará el ciclismo cuando acabé el próximo Tour de Francia”. Claro, sencillo y concreto. No sabemos el recorrido, sólo algo de la salida, sumado a alguna especulación, pero sabemos que en París el ciclismo despedirá uno de sus corredores más singulares de los últimos tiempos, el ciclista que hizo de su cara un espectáculo y de su gestualidad, una tarjeta de visita.

El palmarés de Thomas Voeckler no es el más amplio del pelotón. No se mide con el de Fabian Cancellara o Purito Rodríguez, otros dos grandes que barruntan la retirada. No es lo valioso que han demostrado estos dos mentados, sin embargo conjuga dosis calidad y mucho simbolismo. Voeckler ha convivido con la peor crisis de la historia del ciclismo francés, durante esos años que el mejor “enfant de la patrie” en el Tour se iba más allá del top ten, años en los que ganar una etapa era un imposible para el 99% del pelotón francés siendo aniónimos apellidos en la panza del grupo.

Voeckler, como Sylvain Chavanel, culebreó con esa realidad y podemos decir que la torció hasta dar con el presente del ciclismo galo, mucho más clarividente, con una pléyade de buenos ciclistas que empieza a dar frutos y sacar los resultados que un día alguien supuso que estaban en disposición de ofrecer.

Fue en 2004, en aquel Tour de meteorología de perros, por entre los chapiteles de la enorme catedral de Chartres, cuando Voeckler dio el paso al frente. Cogió un amarillo que defendió hasta la extenuación, una extenuación alicatada en caras extrañas y poses maniqueas. Lo defendió hasta las entrañas de los Pirineos, mientras Armstrong y Basso se daban hasta en el carnet y dejaban víctimas a su paso.

Aquella nunmantina resistencia le situó en el imaginario. Pasaron los años, y sus actuaciones se contaban por la cantidad de teatro que era capaz de desplegar, podía gustar o no, pero era lo que había, ni más ni menos. Y casi suena la flauta, en el Tour de 2011 cuando alargó su periplo en amarillo, iniciado en aquella famosa etapa que vio como un coche enviaba a Hoogerland a un alambrado, hasta los mismísimos Alpes. Su antológico cabreo en el Galibier es una de las postales de la edición.

Quedó cuarto, pero no satisfecho. Al año siguiente, más teatro del bueno, por los Pirineos, ganando dos etapas, metiéndose la hinchada en el bolsillo en el Tour que marcó el plomo del Team Sky sobre la carrera.

Ese fue Voeckler, ambición en estado puro, un ciclista que no escondía amargura cuando perdía, que no acudió al podio de una París-Tours, porque la segunda plaza le reconcomía, en el sumum del paroxismo. Su personalidad, su “carácter pestoso” en el pelotón, todo, se echará de menos, pero son los tiempos, nada es eterno, aunque el recuerdo de este singular ciclista perdurará mucho tiempo en el ánimo.

Imagen tomada de https://atomicsaddles.wordpress.com

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Andamos trasteando con el Suunto Spartan, en breve la review de lo que nos ha parecido este auténtico “relojazo”