Que Sagan no gane en Flandes

El otro día, en las carpas aledañas a la meta de Wevelgem. había sensaciones encontradas. Mientras Greg Van Avermaet saboreaba un histórico triplete, la cara de Peter Sagan no conjuntaba con el tierno arco iris que luce en su pecho. El campeón del mundo estaba muy mosqueado, tanto que no se cortó ni un pelo, y puso nombre y apellidos a su pesadilla, un holandés, Niki Terpstra, quien a su jucio corrió como todo el Quick Step, con el objetivo de hacerle perder la carrera.

La sobrada fue de las que hace época, sin duda de esas que marcan el carácter de un ciclista único que habiéndose ganado el corazón de la afición, ahora parece que quiere dividir la masa, como Moisés los mares, entre detractores y fieles seguidores. A mí las declaraciones de Sagan me gustan y no: me gustan porque aliña con picante el ciclismo, le pone salsa y le da sabor, pero no me gustan porque la falta de respeto a sus rivales va implícita en el mensaje: “Aquí gana el que yo digo” viene a decir. Excesivo.

No obstante Sagan no puede hacerse el sorprendido ante esta situación. Su mal es el mal de muchos y muchos campeones en la historia. Su figura imprime respeto, mucho, muchísimo y se le une que es bien visible, con su túnica de campeón del mundo. No creo que nadie corra contra él, el problema es que intimida y además en el pelotón, como en la viña del señor, hay de todo, ciclistas valientes como él, dígase Van Avermaet o Kwiatkowski, que además le tienen tomada la medida, y otros que prefieren verlas venir y en ese grupo, el Quick Step tiene varios, pues tienen el mejor equipo pero no un capo como Van Avermaet o el propio Sagan.

Se vio con Niki Terpstra en Wevelgem, pero lo hemos visto estos años atrás, cuando los azules llevan ya un tiempo sin mojar en una grande, ansiedad que se suma a la cuenta atrás que Patrick Lefevere tiene en el patrocinio del equipo y las riendas que eso le da para controlar, aún más, los movimientos de sus chicos.

Ya en el anterior Eneco Tour, Sagan despotricó contra sus compañeros de grupo cuando no quisieron colaborar con él en una caza. “He ganado yo lo que todos ellos juntos” dijo, en fin, bravuconadas, sellos que creo que estos bien llamados “flandriens” deben imprimir, por ser tipos duros, hechos del fragor del adoquín y de la niebla del lugar, ciclistas que no pueden jugar a especular, porque entran en la mesa a todo o nada, sin premios de consolación, ni algodondes, porque a estos les gusta ganar. Qué decir de Roger De Vlaeminck, que retirado hace tiempo sigue sacando la lengua a pasear.

Dijo también Sagan que mejor no ganar, que le perdería el gusto a la competición si se aburriese de ganar, perfecto pues, que este fin de semana le repasen y el domingo siguiente salga a romper en Roubaix y se cobre todas las facturas de golpe. Que Sagan no repita en Flandes y de paso nos dé el fin de semana en el Infierno…

Imagen tomada de http://www.rondevanvlaanderen.be

¿Por qué Froome no se mofó del ciclismo?

Más que creer que sea erróneo, es que no comparto el punto de vista que aquí se expresó sobre Chris Froome, el mío como es normal, es más solidario con el ciclista y su actitud en ese momento de competición. Sobre todo no comparto lo de la falta de profesionalidad y lo de la falta respeto a la carrera y aficionado.

Estos equipos corren muchas carreras y todas con las máximas aspiraciones, la forma de trabajar que tiene un equipo como Sky genera un stress enorme en cada uno de los corredores, a la mínima que se despistan ya se la han liado. Pero es que en realidad, casi nunca fallan y creo que por eso mismo llama más la atención que les haya pasado dos veces en poco tiempo.

La gente da por hecho que por ser Froome o Sky va todo sobre un guión y no es así, si no lo estás viviendo desde dentro es muy difícil de imaginar, hay muchas variables y factores que pueden influir en que se produzca una situación como la de la Volta. Entre tanto stress siempre habrá un fallo, muchas veces se podrá solucionar, pero otras no.

No he visto la carrera entera, solo alguna imagen. Pero bueno, por lo que me contó mi hermano (Eduard Prades) quién lo vivió desde dentro, entiendo que el Team Sky hizo todo lo posible por salvar una situación insalvable de manual. Lo extraño hubiese sido que lo arreglaran.

No me malinterpretéis, no digo que sea mejor llegar a 10′ que a 26′. Sinceramente creo que es exactamente lo mismo, pero hay unas reglas y entre ellas está el fuera de control, ¿por qué no aprovecharlo? Esta gente corre con el objetivo de disputar una carrera, una vez este objetivo es inalcanzable, creo que lo más profesional es hacer lo que hicieron.

En todas las carreras hay gente rozando el fuera de control, cada uno con sus razones: has ayudado a un compañero, al día siguiente tienes que ayudar a un líder, estás guardando energías para otra etapa que puedan disputar…y la más desagradable: te han reventado física o psicológicamente, da igual, la cuestión es que no puedes ir al ritmo que llevan otros y llega un momento en el que eres incapaz de seguir sufriendo.

Hay que saber que no es nada fácil, ni una decisión tomada a la ligera, para desentenderse como hicieron Froome y Sky, antes hay una lucha interna muy intensa. Vas viendo cómo se complica la cosa hasta que se convierte en insalvable, aun así lo sigues intentando, luchando, pero al final hay que ser realista, rendirse, simplemente la carrera se ha acabado para ti, te han ganado, te han dejado fuera de juego, solamente que antes de llegar a meta. En ese momento lo único que quieres es llegar y lo último que quieres estar donde estás -esto es una apreciación personal, pero creo que la compartirían la gran mayoría de profesionales-.

Entiendo perfectamente que el punto de vista de un ciclista, ya no digo profesional, solamente que compita, sea totalmente diferente al de un espectador. Incluso es curioso ver cómo cambia la mentalidad de alguien que ha competido toda la vida y deja de competir. Y es que hay cosas que si no se viven en primera persona son muy difíciles de entender.

Al espectador le recomendaría que intente acercarse a la mente de un ciclista, que disfrute de lo que pase en carrera, de la realidad. Que piensen que si por ejemplo Froome y Sky hubiesen seguido tirando para llegar a 6′, no sería real, a ellos eso les da igual, lo harían por obligación moral, por el que dirán y en contra de sus intereses reales y eso a mi entender sí que sería falta de profesionalidad.

¿No sería mejor para el espectador que disfrute de una manera sana de lo que pasó? El momento en el que Froome se queda, los nervios iniciales de si podrán llegar al primer grupo o no, que gracias a eso Movistar coloca a Marc en el podio. Si es que al final es lo más bonito, que pasen cosas que no deberían pasar.

Por Benjamí Prades

Imagen tomada del Team Sky

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Greg Van Avermaet se cansó de hacer el primo

Dice Peter Sagan, cabreado y nublado en las carpas de la meta de Wevelgem, que al final gana el que él quiere. No cabe duda que Sagan es el Dios Sol de estas carreras que conforman la primavera y sin duda el ciclo más bello de la temporada, que todos le miran a él y sólo le falta un arco iris para que le marquen más la X en la espalda y que de lo que él haga depende una parte importante del desenlace de las carreras.

Sin embargo que no se arrogue protagonismo en los éxitos de Greg Van Avermaet, el único ciclista del pelotón, junto a Kwiatkowski, que le tiene tomada la medida. Para que Greg Van Averamet llegue al estadio que pisa en la actualidad ha llovido mucho y quemado varias etapas.

El ciclista que más sonríe en la actualidad, campeón olímpico vigente, líder del World Tour y ganador de las tres grandes clásicas adoquinadas hasta la fecha ha bebido mucho del amargor de la derrota para estar en estos niveles. A Van Avermaet se le ha llamado oportunista muchas veces, sobre todo cuando dependiendo la situación se ha puesto al cobijo de Peter Sagan, siempre tan prolífico en el esfuerzo. Recuerdo Canadá el año pasado, recuerdo una etapa en la Tirreno,…

Sin embargo nada más lejos de la realidad, Van Avermaet es el resultado de muchas derrotas, de tomar lecturas de los grandes, de perder frente a Boonen, frente a Cancellara, frente a Terpstra. Van Avermaet ha tomado nota y escrito su librillo y madre mía qué dominio tienen del entorno. Esta campaña es la confirmación de un perfeccionamiento que ha tardado en llegarle. Van Avermaet se perdió la parte importante de las clásicas el año pasado, por una caída en Flandes, pero se rehizo en el Tour, se hizo grande en Río de Janeiro y ahora está de dulce.

Las tres grandes victorias del de BMC son un catálogo de virtudes, fruto de esa experiencia, porque las tres se lograron manejando grupos pequeños y rivales nada sencillos. De hecho sobre el papel Peter Sagan y Jens Keukeliere parecían más rápidos, hasta que Greg les manejó y maduró para matarles bajo el arco de meta. Por no hablar de la excelente forma de gestionar la fuga de Harelbeke, ganando por poco, pero ganando, a Philippe Gilbert.

No sé si Van Avermaet firmará el pleno que casi logra Tom Boonen en 2012. Entonces a Tomeke le falló la primera, la Het Nieuwsblad, por el momento Greg va con todo en el zurrón, le faltan las dos grandes Flandes & Roubaix, las guindas y las que justifican una temporada y una trayectoria si me apuráis. Por el momento lleva tres, de las cinco joyas, como sólo Jan Raas ha logrado y si queréis que os diga una cosa, me encantaría que completara el puzle. Pocos se lo merecen como él.

Imagen FB de BMC

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¿El mejor Valverde de siempre?

Volta a Catalunya JoanSeguidor

En ocasiones, pasa que uno escribe con el corazón más que con otros sentido y a veces la pasión no es el mejor consejero. Ocurrió esta mañana con esta reflexión sobre Froome y su llegada con el telón bajando en la meta de Reus. No siempre se está fino, ni se da en la diana. Como escribimos sobre Fromme durante la susodicha jornada, no cabe darle más vueltas.

Ahora bien, cuando hay que cambiar el sentido de la opinión, no nos duelen prendas, y la Volta a Catalunya que ha finalizado en el inmejorable escenario de Montjuïc es para mí la mejor victoria del Team Movistar y Alejandro Valverde en mucho tiempo, muy por encima de la ultima Vuelta de Nairo e incluso el anterior Giro de Italia. Para que nos hagamos una idea.

A saber, el Team Movistar es para mí el ganador real de la crono por equipos, sí, lo que hizo Rojas es penable, pero también es cierto que hay que ser muy “tocapelotas” para agarrarse a ese recoveco del reglamento para llevarte la victoria.

Pero la UCI falló a favor del BMC y en Movistar se arremangaron, que no callaron, ni por delante ni por detrás, ante lo que consideraron una injusticia. Y se arremangaron en dos tiempos, dándole a Alejandro Valverde para ganar en La Molina y asaltar el liderato en Lo Port, en una jornada en que los azules corrieron para ganar y lo hicieron. Sombrero, chapeau, se han tenido que ver agraviados y muy obligados para hacerlo.

Ahora bien, ¿qué me decís de Valverde? Acabamos de ver la actuación más redonda, desde que debutara en pros, del murciano, y hablamos de quince años en el máximo nivel. Valverde no ha dominado la Volta, la manejado a su antojo. Ha ejercido de capo en la crono por equipos que les quitaron por una chorrada, reglamentada, pero chorrada, se arrimó a los mejores en La Molina y en Lo Port realizó una exhibición ante los mejores en la materia, Contador y Froome, atacándoles en el momento exacto y lejos e meta, como rara vez le hemos visto.

Para mí la mejor versión de un corredor poliédrico que se completó, cual puzle, que se completó en otro lugar que acostumbraba a dominar, el tipo de llegada de Barcelona, midiendo a Daniel Martin y rematándole al final con el pelotón pisando los talones.

Dicen que Valverde cumple los años a la inversa, no es un crío, DNI en mano, pero es que no para de superarse. Para un servidor ésta es su mejor victoria y mira que lleva buenas, las de la Flecha Valona o Lieja en las que sacaba y remataba el córner, la Vuelta que sacó a base de casta, las mil etapas en otras tantas rondas,… ocho años después la Volta que camina hacia las cien ediciones tiene un “ganadorazo”.

Imagen tomada de Movistar Team

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Chris Froome se rió del ciclismo

Como me diría mi madre no hay más cera que la que arde y este sábado de Volta, sinceramente me he sentido decepcionado. A saber, que te pillen en un corte a 150 kilómetros de meta y te saquen a empujones de la carrera es algo de lo que nadie está exento. Incluso quienes valoran que Alejandro Valverde tiene el triunfo en la mano, admiten eso de que “lo tiene, si no pasa nada raro”.

Bien, admitiendo que esto es deporte y que como en la vida los trenes pasan, lo que le ocurrió ayer a Chris Froome en ruta hacia Reus, es incluso hasta entendible, a medias por eso, pues está rodeado de un equipazo que otras veces no falla en el empeño de bloquear la carrera. El corte se arma en la primera parte de la carrera, tus rivales se percatan y te hacen un destrozo de consideración sacándote del podio.

Lo triste no es el hecho competitivo, lo triste es la dejadez que demuestran una vez se ven fuera de la carrera, como si todo lo que tenga que ver con su prestigio e imagen de la carrera les traiga al pairo, que en el fondo es lo que ocurre. A unos cincuenta kilómetros de meta Froome y los suyos se dejaban unos trece minutos, al final casi ceden 27, un mundo, más del doble, rozando el fuera de control que sin duda tendrían que haber aplicado de haberse producido.

Quise, tras ver el descalabro del Team Sky, dejar reposar las cosas, ver qué decían unos y otros, cómo respiraban. Pues bien las declaraciones a posteriori demuestran que llegar 27 minutos no les supone un quebranto no motivo de vergüenza, sólo les pesa perder la general y sólo les consuela mirar hacia adelante y seguir.

Dejarse llevar a ritmo cicloturista en una carrera World Tour no contribuye a construir tu imagen de profesionalidad y cariño hacia este deporte, tampoco contribuye a la autoestima de organizadores, ayuntamientos y personas que que te esperan en meta, pero tampoco mejora tu imagen ante una masa de aficionados que se dividen entre simpatizantes y detractores casi a partes iguales.

Al Team Sky muchos le tienen ganas, cuando no manía directamente, y esto es azuzar el fuego que prende contra ellos. No se ven en disposición de ganar la carrera y se olvidan de forma vergonzosa de mantener el decoro hasta meta. Si hasta Froome se uso manga larga para no coger frío, síntoma de su actitud una vez vio que los de adelante no paraban. Yo siempre he alabado la profesionalidad del inglés, su humildad y aparente sencillez, creo que ayer nos dio en las narices con ese cliché. Se rió del aficionado, se rió de la Volta, se rió del ciclismo.

Los deslices de Froome salen caros

La Musara, ese puerto que se hizo famoso no por el ciclismo de competición y sí por una marcha cicloturista, nos ha ofrecido una de esas cosas que pasan cuando la primavera entra por marzo y se hace querer. La nieve que no hubo en La Molina, nos la ofreció un puerto en los aledaños de Reus, en el corazón de Tarragona, donde el termómetro siempre es más benévolo que el Pirineo.

Por que las cosas no siempre son lo que parecen, y ese equipo que ha puesto dos ingleses en el palmarés del Tour tras cien años de historia, ese equipo que ha introducido variables nuevas, que ha entrado cual elefante en un mundillo conservador,… ese equipo ha vuelto a ser cazado en una histórica y con toda la banda. Nada es lo que parece, que se lo digan a De Marchi y Cataldo, que se veían ganadores, hasta que Valverde e Impey les rebasaron sobre la línea.

Otra vez a Chris Froome le han vuelvo a pillar en un desliz indigno de su nivel y categoría. Otra vez a él y a todo su equipo, tras una jornada en Lo Port en la que, para estar en el punto de temporada que está, demasiado bien lo ha hecho, otra vez, como en Formigal, en un descenso, en el kilómetro treinta de etapa, una etapa que como La Musara nevada, no fue lo que parece y acabó siendo un plomo en las aspiraciones del equipo que viste de negro. Formigal, segunda parte.

Dirán que es la Volta, dirán que no cabe lamento, dirán que queda mucho para el Tour, dirán, dirán, dirán,… pero lo tangible de la jornada es que se cae del podio todo un triganador del Tour de Francia de forma más inédita posible. Y no caben lamentos, ni justificaciones, ni siquiera ungüentos, que se lo hagan mirar en el equipo inglés, porque uno no desplaza a Catalunya una de sus mejores alineaciones para acabar haciendo el ridículo de la forma más indigna, una semana después de que uno de los suyos acabara ganando en San Remo.

A Froome, con chubasquero, le ha sobrado menos de un minuto para no entrar fuera de control, situando a jueces y organización en un compromiso serio. Es impropio, pierdes el tren de la carrera y te dejas ir con todo tu equipo. Ni la Volta, ni el ciclismo merecen tal dejadez de un corredor del que siempre hemos dicho no dudar nunca porque rara vez no da todo lo que tiene.

Para nosotros, por el eso, el resultado ya va bien. Marc Soler, el ciclista que tira de Valverde más que Rojas, se sitúa en el podio a 24 horas de que la Volta acabe en Montjuïc, ese sitio que se llenaba a tope con la llegada de la mejor carrera para chillar los nombres de Cañardo, Poblet y Purito. Ahora chillarán el nombre de este larguirucho ciclista de Vilanova que va camino de darnos muchas alegrías.

Imagen tomada del Team Sky

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Y Valverde nos devolvió el ciclismo

Hace unos meses nuestro amigo Jordi Escrihuela nos habla de la zona del Mont Caró, un rincón, una esquina en el mapa de Catalunya. Un sitio bello, agreste y rocoso, asomado al Mediterráneo, contrafuerte de los Ports y el Maestrazgo, más al sur. Un sitio, curiosamente, poco frecuentado por el ciclismo.

Hoy la Volta ha vuelto al sitio en el que Lucho dio cuenta de Perico con la bendición del Indurain de la primera época, el que venía de ganar el Tour para hacerse con su segunda Volta. Aquel día vimos ciclismo de quilates, dos monstruos por las culebras del Caró, una etapa de esas que trascienden.

Yo creo que en el futuro, cuando nos acordemos de Lo Port, la cota mil del Caró, lo haremos de otro día de retina y recuerdo, y lo haremos gracias a dos tipos que van de azul. Por un lado Marc Soler, que si somos rigurosos no era azul hoy, era blanco, vestía de blanco, como el libro cuyas páginas está empezando a escribir, a golpe de talento y humildad, con un trabajo excelso, siendo el gregario que queda con su líder cuando sólo aguantan otros capos, siendo el tipo que pone el peligro la integridad de un triple ganador del Tour como Froome y que le recuerda a Adam Yates: “Eh, que yo te gané un Tour del Porvenir”.

Soler lleva tiempo avisando, el Avenir fue el estilete, pero eso cabía corroborarlo. Crece tranquilo, a fuego lento, volviendo al viejo guión de chez Unzue, rompiendo la regla que impuso Nairo. Que un chaval de Vilanova brille así, a tal nivel, nos emociona.

Soler es futuro, aunque también parte del presente y éste lo comparte con Alejandro Valverde, “don” Alejandro Valverde. Qué ciclista. Gracias Alejandro, gracias por devolver al ciclismo a los titulares, por llenarlo de contenido y simbología, por pasar de puntillas por el bochorno de la crono por equipos de Banyoles, por mirar adelante, por hablar en la carretera y hacerte más grande de lo que eres.

A la fiesta contribuyeron dos más, dos nombres que son el perro y el gato. Alberto Contador, que nunca se retira el dorsal sin haberlo intentado y Chris Froome, que no entiende inscribirse en una carrera sin hacer honor a su caché. Eso sí, hoy Valverde los ha retratado.

Queríamos recuperar el ciclismo y éste entró por la pantalla, en plan torrente, con el mejor cartel posible, entre grandes nombres, en un lugar indómito que premió la valentía y compensó el tétrico espectáculo que hemos presenciado esta semana. Porque la carrera y sobre todo la carretera han puesto un ciclista gris como Tejay Van Garderen donde merece, lejos de los mejores. Ahora que mire y estudie los cinco que tiene por delante en la pantalla, quizá hasta tenga algo donde agarrarse.

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El ciclista «incabiónico»

Israel Hilario se define como el ciclista “incabiónico”: inca, nacido en Huanco (Perú, 1974) y biónico, por su pierna ortopédica con articulaciones hidráulicas, que tanto le ha ayudado a seguir practicando su pasión: el ciclismo.

No tuvo una infancia feliz. La muerte de su mamá en accidente de tráfico, cuando tenía sólo 9 años, le dejó sumido en una profunda tristeza que pudo superar con la ayuda del deporte y sus estudios de diseño.

Le daba al fútbol, pero lo que más le gustaba era salir con su bici, sentirse en libertad y disfrutar de la naturaleza. Con 17 años, otro accidente cambia definitivamente su vida. Un 7 de febrero y volviendo de un entreno, un camión le arrolla, destrozándole su pierna izquierda. Trasladado de urgencia a un hospital de Lima, los médicos deciden amputársela: la infección se había extendido por toda la pierna. “El accidente me rompió la vida, pero no me quitó mi sueño de ser deportista”.

Tras una dura rehabilitación y con la pierna ortopédica que le proporcionan, comienza de nuevo a pedalear, a pocos meses de su terrible atropello. Ante las atónitas miradas de organizadores y participantes, Israel se presenta a varias “competencias”, “pasándolo terriblemente mal y quedando el último”.

Esto no le arredra, al contrario. Palabras como inválido o minusválido no entran en su diccionario. Y sigue entrenando. Conoce a su primer preparador, el francés Alain Voltaire, que ve en él su extraordinario potencial, y le anima a probar con el mountain bike, recorriendo las pronunciadas pendientes de su tierra.

Pero ya no queda de los últimos, no desentona y se le ve siempre delante. Cuando Alain marcha a su país, Israel conoce a otra persona importante en su vida, el entrenador Aníbal Seminario, que lo reconduce a la carretera. Pero… ¿cómo iba a disputar con ciclistas “con dos piernas” competencias de 200 km?

Pues sí, con voluntad y esfuerzo. Su afán de superación le lleva a lograr retos “imposibles” como recorrer los 2.772 km de costa peruana, pedalear durante 25 días por Perú, Ecuador y Colombia o superar en dos etapas los 145 km desde la playa de Costa Verde hasta el nevado Ticlio, a 4818 m.

La proeza le vale para conseguir una nueva pierna especial para montar en bici, financiada por una empresa y para ser nominado al premio Príncipe de Asturias de 2005.

Con todas estas hazañas se da cuenta que en Perú había tocado techo y se viene a España, y en 2006, de la mano de Txema Alonso (Fundación Saiatu), disputa la Bira Paralímpica de Bizkaia, consiguiendo un espectacular tercer lugar entre 60 participantes. Establece su residencia en Bilbao, y en 2007 participa en su 1ª Quebrantahuesos “parando la hora” en 9 h 37.

Su mensaje a todo el mundo es el de “Discapacidad no es Incapacidad”.

¿Qué es para ti el cicloturismo?

Disfrutar del deporte, del ciclismo y la naturaleza

La ruta que más te gusta es:

Los Pirineos españoles y franceses

¿Dónde te sientes más reconocido aquí o en tu país?

En mi tierra, Perú

La prueba que más te gustaría participar es:

En el Iroman

¿Qué ha sido lo más duro qué has hecho o donde lo has pasado peor?

Dejar todo en mi país y empezar de nuevo aquí

Tu puerto preferido:

Portalet

¿Crees que habrías tenido la misma motivación para afrontar todos estos retos si no hubieras tenido el accidente?

Desde pequeño ya quería comerme el mundo, y ahora con más ganas

¿Necesitas demostrar algo a alguien?

A nadie, sólo quiero aportar algo en esta sociedad, y nadie está libre de accidentes o enfermedad

Un escenario mítico:

Todos los escenarios son míticos para mí y tengo la motivación a afrontarlos

¿Te miran mucho cuando sales a pedalear?

Sí, de reojo

¿Y te molesta?

No, al contrario, le doy más caña

No volverías a…

Nacer sin una bici bajo el brazo

Qué les dirías a personas en tu misma situación?

Ponerse mano a la obra en lo que nos gusta hacer

¿Crees que ha quedado claro que discapacidad no es incapacidad?

En mi sí, espero que la sociedad lo comprenda y, ya lo dije, que nadie está libre, todos tenemos algún tipo de discapacidad

Una fecha inolvidable

Al recibir mi patita biónica, para seguir en el ciclismo

Por Jordi Escrihuela

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Hablando de bicis, ¿vosotros soy más de carbono?