Ya no hay un Schleck en el pelotón

Haciendo un poco de spoiler. Mir, el “bigotes”, habla muy bien de Johny Schleck en su periplo ciclista, cuando coincidieron ambos en el Bic de Ocaña, pero también de Leblanc y Echávarri. Por aquellos años Johny era un buen doméstico que se distinguía por especular poco a favor de sus líderes. Con los años prolongaría la saga con Frank, primero, y Andy posteriormente. Cuando en 2003, Frank dio el salto al profesionalismo, treinta años después que su padre, se cerró el círculo. El apellido Schleck no era uno más en el pelotón, como otros pocos traspasó generaciones y volvió al redil.

En breve ya no habrá Schlecks en el pelotón. Frank deja el ciclismo, unos años después que su hermano. Ambos tocaron la cima en 2011, cuando se contentaron con ser segundo y tercero en un Tour que perfectamente podrían haberle ganado a Cadel Evans, si no fueran los ciclistas más desconcertantes que nos ha tocado disfrutar.

Frank ha tenido una prolífica carrera, sus logros no son muchos, pero sí buenos, una Amstel, la victoria en Alpe d´ Huez, el mentado podio en el Tour, una etapa en la Vuelta, buenas clasificaciones, sobre todo en el Tour, la carrera por la que suspiró a pesar de no tenerla nunca en su radar, porque era un pésimo contrarrelojista.

Mirando atrás, por eso, este luxemburgués de alargada tez y marcadas cuencas oculares ha sido uno de los ciclistas mejor tratados, por un acuerdo tácito que no acierto a entender, por eso que se llama la “familia ciclista”.

A sus nunca reconocidas limitaciones, fue favorito cuatro estrellas al Tour varias veces a pesar de ser, como dijimos, un negado en la lucha contra el reloj, se añadió el exitoso requiebro que planteó a la caza de brujas del ciclismo cuando salió airoso de un pago a Eufemmiano fuentes, que admitió sin más, por el vago, difuso e impreciso concepto de “asesoramiento”.

En un ciclismo en el que esquizofrenia fue moneda de cambio durante mucho tiempo -ahora parece, crucemos los dedos, que las cosas están algo calmadas- salir indemne de una historia así es realmente curioso y deja más preguntas que respuestas. Que cómo lo hizo, pues no lo sé, lo cierto es que su fortuna se escribe con letras bien marcadas y en mayúsculas.

Son estas cosas de este nuestro ciclismo, el que sufrimos y disfrutamos cada día, que nos dejan perplejos, que demuestran que el mundo es imperfecto y que salvo contadas ocasiones estamos muy lejos de saber la verdad de lo que nos rodea. En fin, Frank tomó la senda de su hermano, ya no hay Schlecks en el pelotón,¿hablaremos de una tercera generación en unos veinte años?

Imagen tomada de www.gentside.com

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El Bkool Go está en capilla para salir

Las servidumbres de apellidarse Sagan

Esta mañana me comentaron que Peter Sagan no acabó nada contento su participación en el Eneco Tour. Había caído de la primera plaza, que tanto le pone, y quedado en un tercer peldaño, que mucho no le consolará, aunque en su carrera por el triunfo en el nada prestigiado World Tour estos puntitos le valdrán lo suyo.

Pese a que lleva ya un tiempo en el negocio, Sagan sigue siendo joven y su lívido camina por las nubes. Acabó la etapa de Gerardsbergen afirmando algo así como “que les zurzan, que yo solo he ganado lo que todos estos juntos”. Feo, ya sé que es capo, y que parece tener bula, pero el respeto por compañeros de profesión creo que es una ley no escrita que conviene no burlar.

No escondemos nuestra admiración por Sagan y su forma de correr, desenvolverse y estar ahí de forma tan reiterada, sin embargo este mal perder, que posiblemente sea la base de su evidente ambición, no es de recibo en alguien que querríamos que fuera el embajador del ciclismo como deporte y concepto, dada su imagen y proyección.

No le debería resultarle tan extraño a Sagan que todos se rescuelguen de su rueda, es lo normal y no llevarlo en carroza a la meta. Coincidir con Van Avermaet es un regalo, porque nunca te escatimará un relevo, pero no deja de ser eso, la excepción que confirma la regla. Hay ciclistas que nunca darán un esfuerzo extra por los demás, y eso no es reprochable, es jugar tus bazas. Sagan en la jornada final del Eneco se vio solo, porque tenía que tirar solo pues era quien más se jugaba en la mano.

No pudo estar delante y quizá también tendría que mirar a su equipo, el mismo que le llevó en volandas la segunda etapa del Tour, mientras Alberto Contador iba descolgado. En el ciclismo como en la vida, la risa va por barrios y cada día nos pone en un lado de la barrera, no hay otra. De su equipo, salvo error u omisión, no le he oído nada.

El año pasado Peter Sagan dio un salto adelante en su popularidad por la cantidad de segundos puestos que encajó con nobleza y carisma, como esa entrada en Gap, rato después que ganara Rubén Plaza, dándose golpes en el pecho.

Que aprenda de Valverde, quien valorando su Vuelta admitió que no buscó una escapada porque “nadie quiere irse conmigo”, pues sabrían que el murciano le pasaría a cuchillo en la recta final. Es lo que tiene ser un talento fuera de lo normal. Son pocos, están marcados y aprenden, o al menos deben aprender, a vivir con ellos.

Espero por eso que Peter Sagan decida estar en el mundial por varios motivos, porque es de lo poco bueno que puede pasarle a una cita descafeinada y se ha medido con éxito con grandes velocistas. Mirad como gana a Greipel en el Eneco, que no son palabras menores.

Imagen tomada del FB de Tinkoff

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Hoteles RH y su oferta para los cicloturistas

A mí me gustaba Voeckler

Amanecí el pasado jueves con un mensaje de twitter de BH Bikes en el que nos ponían en copia: “Voeckler dejará el ciclismo cuando acabé el próximo Tour de Francia”. Claro, sencillo y concreto. No sabemos el recorrido, sólo algo de la salida, sumado a alguna especulación, pero sabemos que en París el ciclismo despedirá uno de sus corredores más singulares de los últimos tiempos, el ciclista que hizo de su cara un espectáculo y de su gestualidad, una tarjeta de visita.

El palmarés de Thomas Voeckler no es el más amplio del pelotón. No se mide con el de Fabian Cancellara o Purito Rodríguez, otros dos grandes que barruntan la retirada. No es lo valioso que han demostrado estos dos mentados, sin embargo conjuga dosis calidad y mucho simbolismo. Voeckler ha convivido con la peor crisis de la historia del ciclismo francés, durante esos años que el mejor “enfant de la patrie” en el Tour se iba más allá del top ten, años en los que ganar una etapa era un imposible para el 99% del pelotón francés siendo aniónimos apellidos en la panza del grupo.

Voeckler, como Sylvain Chavanel, culebreó con esa realidad y podemos decir que la torció hasta dar con el presente del ciclismo galo, mucho más clarividente, con una pléyade de buenos ciclistas que empieza a dar frutos y sacar los resultados que un día alguien supuso que estaban en disposición de ofrecer.

Fue en 2004, en aquel Tour de meteorología de perros, por entre los chapiteles de la enorme catedral de Chartres, cuando Voeckler dio el paso al frente. Cogió un amarillo que defendió hasta la extenuación, una extenuación alicatada en caras extrañas y poses maniqueas. Lo defendió hasta las entrañas de los Pirineos, mientras Armstrong y Basso se daban hasta en el carnet y dejaban víctimas a su paso.

Aquella nunmantina resistencia le situó en el imaginario. Pasaron los años, y sus actuaciones se contaban por la cantidad de teatro que era capaz de desplegar, podía gustar o no, pero era lo que había, ni más ni menos. Y casi suena la flauta, en el Tour de 2011 cuando alargó su periplo en amarillo, iniciado en aquella famosa etapa que vio como un coche enviaba a Hoogerland a un alambrado, hasta los mismísimos Alpes. Su antológico cabreo en el Galibier es una de las postales de la edición.

Quedó cuarto, pero no satisfecho. Al año siguiente, más teatro del bueno, por los Pirineos, ganando dos etapas, metiéndose la hinchada en el bolsillo en el Tour que marcó el plomo del Team Sky sobre la carrera.

Ese fue Voeckler, ambición en estado puro, un ciclista que no escondía amargura cuando perdía, que no acudió al podio de una París-Tours, porque la segunda plaza le reconcomía, en el sumum del paroxismo. Su personalidad, su “carácter pestoso” en el pelotón, todo, se echará de menos, pero son los tiempos, nada es eterno, aunque el recuerdo de este singular ciclista perdurará mucho tiempo en el ánimo.

Imagen tomada de https://atomicsaddles.wordpress.com

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Andamos trasteando con el Suunto Spartan, en breve la review de lo que nos ha parecido este auténtico “relojazo”

Wout Van Aert marcará una época

¿Cómo ves a Van Aert? No había terminado la Vuelta a España y ya me lo habían preguntado unas cuantas veces, pero desde que Nairo Quintana subiera a lo más alto del podio de La Castellana vestido de rojo, mis colegas y amigos más despistados en esto del ciclocross, no han dejado de interrogarme una y otra vez sobre el asunto. A mí, claro, se me escapa la risa tonta. Primero, porque no sé en qué momento de mi vida me convertí en un gurú en esto de la especialidad invernal del ciclismo, esa que me gusta llamar cariñosamente frikicross (es lo que tiene no tomarse a uno mismo demasiado en serio, que se corre el riesgo de que los demás sí lo hagan) y, sobre todo, porque la pregunta me viene enormemente grande.

El caso es que cuando Iván Vega me pidió que juntara unas cuantas letras sobre “cómo ves a Van Aert” la sonrisa se me torció un poco. Iván es buen compañero desde los lejanos tiempos de Meta 2Mil y lo menos que uno puede y debe de hacer cuando un colegamigo –me encanta el término– te pide algo así es ponerte al asunto en serio.

“No te preocupes, en un par de días te mando el texto”, le dije. Cuatro o cinco días después, con mucho tacto –en realidad, seguro que la premura del inicio de temporada y la ausencia del texto le pedía un poco menos de tacto y un bastante más de mala leche– me preguntó cómo llevaba el texto y, aunque entonces le dije que lo tenía encauzado, ahora puedo reconocer que, perdonen la expresión, no tenía ni puta idea de por dónde empezar.

Déjenme que me explique. Como enamorado que soy del ciclocross –frikicross–, la vida me ha enviado un regalo enorme al permitirme escribir sobre el particular en un medio especializado como Ciclo21. ¡Y encima, me pagan por ello! Pero escribir previas y crónicas de las carreras, alguna entrevista cuando se tercia y dos o tres columnas de opinión a lo largo del invierno (por cierto, Ciclo21 es de los pocos medios que informan de ciclocross durante todo el año) no me había obligado, como sí ha sido el caso del encargo de Iván, a alejarme del personaje y observar a Wout Van Aert, el niño, como nos referimos a él mi director, Fernando Ferrari y yo, desde una perspectiva más amplia. Dicho a lo bruto, desde el prisma de lo que puede ser su legado histórico en el ciclismo.

La conclusión es sencilla: marcará una época. Así de simple y complicado a la vez. Acabamos de salir de la tiranía de Sven Nys y parece que Van Aert está en disposición de repetir un capítulo parecido. No quiero decir con esto, téngalo claro el lector, que piense que Van Aert sea el sucesor, el heredero o el próximo Sven Nys. Sería, además de injusto, una soberana estupidez por mi parte decir eso. Primero, porque nunca he creído en esos calificativos. Cada corredor, cada deportista, es él y sus circunstancias. Nada más… y nada menos. Ser hijo de o haber llegado justo en el momento de la retirada de un gran campeón no debería de marcarle para nada. Que le pregunten a Abraham Olano.

Wout Van Aert se va a hartar de ganar carreras otro año más. Mathieu van der Poel, su némesis natural, vuelve a estar fuera de combate víctima de unas rodillas de cristal y una decisión estúpida como fue la de intentar ir a Río. Volverá el holandés, seguramente, dentro de pocas semanas, pero, como ya sucedió el pasado año, comenzará entonces su proceso de puesta a punto que no culminará, con suerte, hasta bien entrado el mes de noviembre.

Si les digo ahora que Van Aert se llevará las tres challenges, ya saben: Copa del Mundo, Súperprestigio y DVV Verzekeringen (lo que era el BPost) no estaría siendo justo ni con él ni con el deporte. Las carreras hay que ganarlas y pelearlas, pero lo cierto es que visto lo visto, no se me ocurre en este momento ningún corredor que pueda aspirar a estar a su altura durante toda la temporada. Cosa distinta, claro, es que Van der Haar o Boom decidan preparar un momento puntual de la temporada y en ese periodo sí puedan estar peleando de tú a tú con el niño.

Pero cuando uno piensa en Van Aert debe de tener irremediablemente en cuenta la ruta. El tío es tan bueno que este año, cuando sencillamente tenía que comenzar a desentumecer las piernas tras una primavera de descanso, comenzó su pretemporada ganando la primera etapa de la Vuelta a Bélgica –échenle un vistazo a la lista de participantes y verán de lo que les hablo– y hace menos de un mes ganó su última prueba, la Schaal Sels. Dice que lo que le motiva sigue siendo el ciclocross y que, por el momento, no tiene intención de cambiar de disciplina, pero el sueño de la Vuelta a Flandes y la París-Roubaix está ahí. Revoloteando.

Tiene sólo 22 años recién cumplidos (el pasado 15 de septiembre). Si las hadas del ciclismo le sonríen, con apenas 26 ó 27 años podríamos estar hablando de un chaval en plenitud de facultades, aburrido del barro y con uno de los mejores palmarés de la historia de la especialidad. Y si así se diese el caso, ¿qué mejor manera de hacer olvidar el fantasma de Sven Nys que triunfando allá donde el Caníbal de Baal siempre fracasó?

Dicho todo eso, permítanme que esta vez sea yo quién lance la pregunta: ¿alguno de ustedes se atrevería ahora mismo a decirme que es imposible que este chico gane algún día De Ronde o el Infierno del Norte? Yo, desde luego, no soy tan temerario.

Por Nico Van Looy

Imagen © Belga

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Barras de techo, portaequipajes, portabicicletas, cofres de techo, portaesquís, correas y mucho más.

Mi primera Vuelta

Los primeros recuerdos que me vienen a la cabeza de esta Vuelta es la salida de la contrarreloj por equipos. Fue una sensación increíble. Mi primera Vuelta a España y corriendo con los mejores ciclistas del mundo. Fue un día de esos que marcan. Aunque toco sufrir, disfrute mucho.

Pero yo ya había estado en la Vuelta, en la Vuelta júnior hace diez años. Por aquel entonces estaba en la categoría “Escuelas”. Tuve que hacer dos competiciones (Zamora y León) antes de llegar a Madrid. La experiencia fue bonita aunque no hice una buena carrera. La bicicleta no era mía porque nos la dejaban y, bajando por la Castellana, no me daban los pedales ya que por aquel entonces era muy bajito y no tenía mucho peso. Del puesto ni me acuerdo. Creo que entre los veinte primeros pero no me acuerdo.

Por eso cuando me vi ahí, en la rampa del primer día fue un sueño cumplido. Ya sabía, desde los campeonatos de España,que estaba en la pre-selección de los corredores que iban a disputar la Vuelta. Nada más que me dijeron esa noticia, me concentré para llegar en las mejores condiciones por si tenía la oportunidad de asistir, como finalmente así fue.

La preparación fue muy dura. Estuve centrado cerca de dos meses. El primero de ellos me lo pasé en Andorra en una concentración en altura. Hice muchísimas horas y muchísimas series. Fue un mes muy duro. Luego ya en el segundo mes tenía competiciones como la Klasica de San Sebastián y la Vuelta a Burgos. Después me fui a Béjar cuatro días para hacer los últimos retoques a la preparación y enfocar la Vuelta con las máximas ilusiones posibles.

Como no podía ser de otra manera me asaltaron los nervios, muchos nervios. Ya una semana antes de empezar me dolían un montón las piernas y no iba bien entrenando pero sabía que era por los nervios que me tenían agarrotado. En cuanto echamos a rodar los nervios desaparecieron y las buenas sensaciones empezaron a llegar.

He pasado días buenos y días muy malos. El peor día que he pasado sin duda fue la etapa del Aubisque. No sé qué me paso pero a falta de 80 km no podía más y me quedé. Menos mal que venían corredores por detrás e hicimos una buena etapa para poder llegar a meta sin peligrar con el fuera del control. Con todo, estoy contento de cómo me ha respondido el cuerpo. He acabado cansado pero no muerto así que estoy contento.

Mi mejor día fue la cuarta etapa. Me metí en la fuga buena y llevaba unas piernas excelentes. Cometimos un error y lo pagué caro. Yo creo que ese día podía haber quedado más adelante que el noveno, pero bueno, para eso iba este año, para aprender con vistas al año que viene y evitar los errores que me hacen perder carreras.

Es un lujo para la Vuelta a España que los mejores corredores vengan a correrla. La temporada es larga y que vengan a correrla es de agradecer. La verdad que había poco tiempo para ver los paisajes. Íbamos demasiado rápido todos los días como para ir viéndolos. Me gusto la zona de los Lagos de Covadonga.

La conclusión que saco es buena. Dos fugas más dos pódiums es un buen balance teniendo en cuenta que es mi primera gran vuelta y mi primer año en profesionales. Está claro que a toro pasado se podía haber hecho alguna cosa más pero he salido contento.

De la temporada también estoy satisfecho. Al principio me costó más de la cuenta adaptarme a las horas de competición. Hasta que no fui a correr a la Tirreno Adriático no empecé a ir bien. Desde esa carrera mis piernas cambiaron y ya iba a las carreras con más garantías. También ganar mi primera carrera en profesionales y hacer dos top10 en generales finales es para estar bastante contento.

Por cierto, a la Vuelta me llevé dos libros, pero al final no me leí ni dos páginas. Había poco tiempo y el poco que había no tenía ganas de hacer nada.

Por Jaime Rosón

Imagen tomada del FB del Caja Rural

El salto de Ion Izagirre

Estos días, como coletilla a la Vuelta a España, lo hemos ido comentando y la realidad, tozuda ella nos da la medida de las cosas cosas. Con Movistar no basta, es algo obvio, lo vemos a las claras y el ejemplo es el colapso de buenos ciclistas que han convivido en el equipo azul estos años. Había más gallos que gallinas, más estrellas que objetivos a repartir y eso al final no es bueno para nadie.

Ion Izagirre era el ejemplo de lo que decimos. Su palmarés lleno de exquisiteces, con victorias en lugares donde sólo se prodigan las estrellas, era el espejo del quiero y no puedo de la segunda linea del equipo telefónico. Con una marcadísima jerarquía, era imposible para quienes no se apellidaran Valverde o Quintana optar a algo más que las carreras en las que las dos estrellas no estuvieran, y eso en el calendario al final son migajas, dicho con respeto, si vemos lo mucho que han corrido que han cubierto las dos vedettes «à chez Unzue».

Incluso en esas circunstancias Ion ha conseguido sacar la cabeza en momentos puntuales, con especial fortuna en Suiza, en un extraño paralelismo con Rui Costa, la etapa del Tour y el Gran Premio Miguel Indurain, donde ganó por la mano a Henao, un Henao que iba como un tiro, para luego caerse de la lista del País Vasco, por esas afecciones cuyo alcance creo que nadie es capaz de precisar.

En uno de post que dedicamos al guipuzcoano, nos dijeron que Ion y otros como él no podían tener los galones de Nairo o Valverde porque en momentos puntuales no demuestran la determinación de sus jefes, hasta la fecha es posible que quienes piensan así tengan razón, pero todo hijo de vecino merece explotar sus cualidades para el bien propio, más cuando por el camino el perfume de tus posibilidades habla de metas mayores.

Y eso hace Ion, como Juanjo Lobato yéndose al Lotto-Jumbo. Ion se va al Bahrain-Merida, al equipo que lidera Nibali, un capitán que posiblemente no pida la exclusividad de Nairo y Valverde y con todo el espacio del mundo para demostrar que es capaz, llegado el momento, de asumir retos mayores y adecuados a la calidad que atesora. Es curioso, la historia circular, si Lance Armstrong se convenció de fichar a Roberto Heras en el Joux Plane, Nibali pudo poner los ojos en Ion en el mismo lugar.

Supongo que muchos lamentarán que se vaya tan lejos a brillar, pero es lo que hay. Lo importante es que tenga la oportunidad de hacerlo. Peor son los que quedan en el camino porque aquí no tienen sitio y fuera no saben de ellos. Esos, que son muchos más en número, sí que son el auténtico lastre de la triste situación del ciclismo español.

Imagen tomada del FB de Tour de Romandie

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Toda la equitación del Movistar Team a vuestra disposición

¿Qué no puede ganar Peter Sagan?

Dio gusto este domingo ver los europeos de Plumelec, por la intrahistoria que los primeros Campeonatos de Europa han tenido hasta llegar a este punto. Como sabéis este momento estaba programado en Niza, donde la carrera habría sido sencillamente espectacular, como son las últimas etapas de la París-Niza, pero los atentados de julio recomendaron prescindir de un evento que iba a reunir masas, como se vio en la Bretaña. Los europeos se celebraron sin novedad en Francia y lo celebramos, porque así se había decidido.

Yendo sobre la carrera, es curioso que el año que tenemos el mundial más soez de los últimos tiempos, con una nómina de favoritos que responde a los apellidos más rápidos del pelotón, ya me parece bien que tengan una oportunidad de ser irisados, aunque quizá no con un recorrido tan insulso como el qatarí, disfrutemos de sendas carreras que pueden pasar por un mundial como fueron los Juegos Olímpicos y este Campeonato de Europa. Incluso si me apuráis añadiría las dos carreras de Canadá, con una electricidad digna de la competición que corona al campeón del mundo.

La prueba de Plumelec no pudo tener mejor ganador ni nombre que abriera el palmarés de la cita continental. Peter Sagan se está empezando a convertir en el ciclista infalible, y no nos referimos a que siempre gane, porque pierde, y muchas veces, queremos decir que siempre está, si no es delante, en el corte bueno, solo o acompañado y así viene ocurriendo desde inicios de año, cuando Van Avermaet le batió en el sprint de la Het Nieuwsblad. Estuvo en la Tirreno, en Flandes, en E3, en Wevelgem, en Roubaix, en California, en Suiza, en el Tour,…

De ahí que tachemos de infalible al eslovaco, de ahí que nos asombre cada día que decidir ponerse un dorsal en la espalda y acabe maravillando la concurrencia. Todo lo que disputa es para ganarlo o estar lo más adelante posible. Ahora mismo no sabríamos decir más de dos carreras no pudiera apuntarse entre sus objetivos. Renunció a la prueba en línea de los Juegos por considerarla muy para él y la sustituyó por la de BTT donde nunca optó a nada, pero dio color y expectación. Duró delante lo que duro Djockovic en el cuadro de tenis, pero al menos proyectó la prueba más allá de los acérrimos.

No creo tampoco que le veamos un día disputar el Tour, aunque es curioso que nadie aún lo haya metido en futura quiniela como un día se hizo con dos nombres como Cancellara e Hincapie.

Para Sagan viene ahora un requiebro casi circense, jugarse la defensa del título mundial en una edición que no le favorece y en la seguro se abofeteará con los mejores velocistas del mundo, porque si alguien puede ganar el arcoiris en un entorno tan adverso contra Greipel, Cav, Kittel y cía, ése es Peter Sagan, el corredor que todo lo disputa y casi todo gana, al menos una vez.

Imagen tomada de Tinkoff

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La vida circular de Alberto Contador

Tras ser de dominio público hace muchas semanas, Alberto Contador y Trek han hecho público su matrimonio para el año que viene. En cierto modo es cerrar el círculo, el madrileño volverá a “calzar” una marca que no le resulta extraña, que tuvo hasta su penúltimo año en Astana y que dejó porque el constructor apostó por Lance Armstrong y su Radio Shack. Como acabaron marca y americano ya lo sabemos.

Contador desembarca en el equipo de Luca Gercilena tomando el liderazgo que ha dejado Fabian Cancellara, ahora sí en la cuenta atrás de su retirada. Para Trek es un bien necesario Contador, habida cuenta de la ineficacia de Bauke Mollema ante las grandes citas. Esta vez el holandés lo tuvo mejor que nunca y volvió a fallar en el Tour, se redimió en San Sebastián, pero a nadie se le escapa que siempre le pasa algo al abnegado escalador neerlandés. Lo que nos tiene asombrados es como una marca puede sostener un equipo tan caro tanto tiempo, a no ser que Segafredo gane cuota en el gasto.

Contador se lleva a su “utilísimo» Jesús Hernández, curiosa meritocracia. No hará lo mismo con Daniele Bennati, posiblemente uno de sus mejores escuderos en el Tinkoff, o Matteo Tosatto, un seguro de vida en esas jornadas llanas en las que las caídas ha pesado como un plomo en las opciones de Contador. De hecho no sabemos, a día de hoy si Tosatto, un corredor que empezó a correr en los noventa, seguirá ejerciendo el año que viene.

Ni siquiera se lleva a Sergio Paulinho, uno de sus incondicionales sobre el papel -se fue con Armstrong en la escisión de Astana-. Por otro lado, se pone final a una convivencia complicada, de puertas hacia afuera, la de Sagan y Contador. Sólo con verles en la presentación del Tour era obvio que Sagan brillaba mucho más que su teórico jefe.

El Trek que les espera es el de estos años, donde Cancellara sacaba las castañas del fuego. El equipo tiene ciclistas que prometen pero no acaban de explotar, como Fabio Felline o Jasper Stuyven. Que trabajen o no eficazmente para su nuevo líder, habrá que verlo, lo mismo que Jarlinson Pantano, a mi entender uno de los ciclistas más brillantes del último Tour. En Trek vuelve a coincidir con Haimar Zubeldia y Gregory Rast, ciclistas de su “época Armstrong” en Astana, incluso con Yaroslav Popovich, uno de los más fieles del tejano tramposo ahora en labores de dirección.

Y para cerrar el círculo, el Tour, la carrera que ganó dos veces montado sobre una Trek y que sigue anhelando como en aquellos días que ganaba con “una pata”. Las cosas han cambiado mucho, los Schleck de entonces, los jóvenes Nibali y Uran, el comedido Cadel Evans, el ambiguo Levi Leipheimer,… de aquellos rivales que le veían ir fácil a los Froome y Nairo que parecen un punto por encima, no obstante si algo que hay que valorar de Contador es que nunca ha escondido su ambición principal, aquí es en lo poco que ha sido siempre coherente.

Imagen tomada de brujulabike.com

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