El respeto que Froome se ha ganado y merece

La crono más enrarecida de la historia del Tour, por el desastre del Ventoux y el luto de Niza, ha puesto en bandeja de plata el tercer Tour de su carrera a Chris Froome. A ver quedan los Alpes, la temida tercera semana, miles de recovecos e historias por ser vividas, pero Froome lo tiene en la mano, y viendo los antecedentes se nos antoja complicado que pierda la carrera, y eso que no rompe ni distancia como años atrás. Froome, chapeau tío, porque no sólo luchas contra rivales, te mueves en uno de los ambientes más hostiles que he visto nunca en el ciclismo.

Hay una corriente muy visible, que se hace notar, que tiene muchos frentes, personas de diversa índole, desde opinadores ocasionales a periodistas especializados, que no para de meter mierda sobre el líder del Tour, y claro aspirante una tercera corona, Chris Froome. Es como si al flaco y larguirucho inglés se le hicieran pagar todas las facturas de golpe de años de frustraciones y desafecciones con este deporte.

La sucesión de lecturas sobre lo acontecido en el Ventoux y en los instantes previos fue de espanto. Antes de llegar a la base del puerto, una caída de Gerrans se llevó por delante tres compañeros del líder. ¿Por qué no le atacan? ¿por qué manda Froome parar? primero, porque enfrente de Froome hay un equipo sin sangre, sí el Movistar, y segundo a Froome se le hace caso porque se decide hacerle caso. Valverde agita el brazo como que aquello no es de recibo y nadie pasa. Es más, en ese momento los compañeros de Nairo no iban en cabeza, con lo cual, poco o nada había que acelerar porque ellos no estaban en ese momento en la pomada.

Luego en el Ventoux, para ser más exactos en el camino hacia el Chalet Reynard, dos episodios. El primero deportivo. Ataca Valverde y le seca Landa, ataca dos veces Nairo y le corta dos veces Poels, poderosísimo. Empiezan los voceros: “Con ese equipo cualquiera”. Pero ¿es que Sky comete una ilegalidad fichando a placer? ¿hay una norma de tope de gasto?. En el pasado otoño dijimos que en el Team Sky ya estaban corriendo el Tour, entonces no admito extrañeza por lo de ayer. Sky es un rodillo, el sistema permite estas desigualdades, hacen pero que muy bien en aprovecharlo.

Posteriormente el episodio caótico. La moto, o las motos, que se atasca y Porte, Froome y Mollema, por este orden, al suelo. Con la bici rota, Froome, presa del desconcierto, empieza a correr dirección a meta, quedaba creo más de un kilómetro. Le dicen que “así no, pilla una bici». Espera y la coge. A posteriori llovió fuego sobre Froome y una posible sanción. Pero vamos a ver ¿es el maillot amarillo el causante del desastre? ¿salió beneficiado?

Tras emitir una primera general con Adam Yates de líder, se restableció el orden y el amarillo volvió a Froome. Seguramente en el Team Sky hicieron su parte para que el jurado fallara a favor de su corredor, puedo poner casi las manos en fuego que así fue, porque estas cosas funcionan así y los de negro tienen poder. ¿No juegan otros sus cartas? ¿no hay tráfico de maletines y alianzas curiosas dependiendo en qué etapas? El reglamento obliga al ciclista a cruzar la meta con su bicicleta, es lo que hizo Froome, luego qué pasa por salir corriendo en ese momento. Ocurre una hecatombe en carrera, totalmente ajena a lo deportivo o a las posibliades de los corredores. Nairo sale en un vídeo agarrado a una moto, pero acaso sabemos si estaba esquivándola, sabemos cuánto rato llevaba, sabemos si tardo en soltarla. No ricemos el rizo, por favor.

No lo enciento, la verdad, Froome es un campeón ejemplar, que siempre está presto, que es simpático y respetuoso con rivales y aficioandos, y se le trata como la peor escoria. El año pasado y hace tres se le acusó de llevar motores escondidos, alguien ha probado algo más al respecto. si tal es la certeza que se lo lleven por delante, pero es que después de toda la nebulosa no hay NADA, porque no se puede demostrar NADA. Tenemos una legión de forofos esperando verle caer como Lance Armstrong muchos años después. Hay una inquina, una rabia prendada en algunos que no hace mas que entorpecer y ensuciar este deporte, como esos que se llaman aficionados y no hacen mas que dar por culo en las subidas disfrazados de fantoches y corriendo al lado de los ciclistas.

Froome está donde está porque trabaja mejor que nadie, porque conoce el Tour mejor que nadie y se rodea mejor que nadie. Para llegar aquí se sobrepuso a una enfermedad, al traumático coliderato con Wiggins y posteriormente a todos sus rivales. Disfrutemos del ciclismo, por favor, de su golpe en el Peyresourde, del momento mágico con Sagan en Montpellier y dejemos que la lógica de la carrera dicte en favor del mejor, ahora mismo Chris Froome.

Imagen tomada del FB del Tour de Francia

INFO patrocinada por 226ers

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226ERS lanza la nueva NEO – protein BAR con un 50% de proteínas

Una deliciosa barrita con cobertura de chocolate, un alto contenido proteico y chips de soja. Cuenta con un 50% de proteína y menos de 1g de azúcares.

Una textura compacta que la convierte en un snack ideal para una óptima recuperación. Contiene 25 gramos de proteína de alta calidad en cada barrita, extraída de fuentes como la caseína, huevo y lácteos, todas con gran cantidad de aminoácidos esenciales y ramificados.

Con estas pautas se favorece la captación de aminoácidos por parte del organismo aprovechando el periodo de “ventana abierta” y se acelera la recuperación muscular, tan necesaria para lograr optimizar resultados y acercarse hacia tus objetivos, así como para afrontar de la mejor forma la siguiente carga de ejercicio.

La vitamina B6, encargada del metabolismo de los aminoácidos, hace de ella un producto ideal para favorecer la recuperación tisular (de los tejidos) tras grandes esfuerzos, entrenamientos de fuerza o competiciones.

Recomendamos los siguientes usos:

Antes del entrenamiento: una barrita entre 40 minutos y una hora antes, porque el organismo tendrá el tiempo suficiente para asimilar correctamente estos nutrientes y lograr un mayor rendimiento debido a que la fatiga se retrasará y el riesgo de lesión muscular disminuirá.
Después del entrenamiento: una barrita durante los siguientes 30 minutos al finalizar la sesión de entrenamiento.
Después de la competición: una barrita por hora durante las dos horas siguientes después de una competición.
Para una recuperación extra: una barrita en el desayuno el día posterior a un entrenamiento extenuante, de larga duración o una competición.

No obstante, y si el objetivo es un aumento de la ingesta proteica, las Neo-protein se pueden utilizar también a modo de “snack” ingiriendo una cada 5-6 horas.

Dado que las NEO Bar se centran en la recuperación muscular y de tejidos, se recomienda su combinación con productos con alto aporte en hidratos de carbono como las Endurance Bar, Evo Bar o las Energy Drinks de la misma marca para recargar los depósitos de glucógeno muscular y optimizar el proceso global de recuperación.

El vaso medio lleno de Nairo

El otro día, quizá medio abatidos por este calor que nos desarma, nos quejamos vagamente del espectáculo que el Tour dio por los Pirineos. Dos etapas serias, duras y bien planteadas, más otro que ofrecía un final complicado, abierto a la imaginación, creo que merecían mejor trato de los pros que corren estos días por las carreteras del Tour.

Sin embargo, todo se saldó en un empate técnico a la espera del siguiente asalto, con una segunda mitad de semana que se presume interesante con favoritos agrupados ante una sucesión diabólica: Ventoux descafeinado, crono y fin de semana “pestoso” a la espera de la resolución final de los Alpes.

En las lecturas que surgieron sobretodo tras lo de Arcalis, hubo un protagonista que apareció en todas, Nairo Quintana. ¿Por que no ataca? ¿qué pretende? ¿va al límite?. Objetivo cumplido, todas las preguntas que vienen en cascada, tanto en el viejo continente como desde Colombia son buenas, cuántas más dudas mejor, cuánta más incertidumbre también.

Nairo juega con los tiempos y hasta ahora le van bien, incluso tras el susto de Montpellier. Ha quemado los Pirineos y ha salido indemne, un triunfo respecto a las dos anteriores ediciones en las que Froome a estas alturas caminaba ya cómodo de amarillo y bien pertrechado. Iba tan bien Froome que incluso en sus malos momentos de la tercera semana, pudo echar mano de rentas.

A las dudas del personal que sigue y acompaña la carrera, se le suman incluso las de Froome, que no sabemos si con la mirada puesta en la tercera semana ha cambiado, como dijimos en su día, el plan de forma y los picos de rendimiento. En circunstancias normales, Froome habría dejado atrás no sólo a Nairo, al resto también, ahora tiene un grupito de ciclistas a su estela, que le ven el dorsal y se creen mucho mejor que años atrás. Froome araña segundos donde antes metía minutos.

Pero ojo, porque un día y otro las tornas deberán cambiar. El juego de nervios de Nairo deberá ser a ganador y ahí no habrá segundas oportunidades. Jueves y viernes tienen la llave de lo que pueda ocurrir en este Tour. ¿Le valdrá a Nairo contemporizar en el Ventoux como en los Pirineos?, la verdad, sobre el papel, yo creo que NO, porque al día siguiente hay una crono de 37 kilómetros que obliga a tomar riesgos y la iniciativa.

Como decía el refrán «no dejes para mañana…», Nairo no estuvo bien ni en la cima del Peyresourde ni a once kilómetros de Montpellier, donde por cierto rodó solísimo, y sin embargo se agarra al poco tiempo que aún le separa del primero. Lo que el viento le quitó en el Langedoc, amenaza con perjudicarle en la cima del monte ventoso, por hasta allí no llegará la carrera. Malo. Si quería voltear la situación antes de la crono tendrá seis kilómetros menos.

Aunque el colombiano no es manco contra el reloj, a nadie se le escapa que Froome le puede enviar holgadamente más allá del minuto y medio, si no son dos, cuando acabe el test. Esta presumible diferencia sólo se enjuaga atacando a fondo en el Ventoux y lograr, entre otras cosas, salir por detrás en la crono, que eso siempre va bien pues te da las referencias al momento.

Nairo dejó la carrera en punto muerto tras los Pirineos, ¿se arrepentirá?

Imagen tomada de FB del Tour de Francia

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En Cruz todo tipo de soluciones para llevar la bici en tu coche

¿A quién os recuerda Michael Matthews?

La etapa de Revel de este Tour ha cumplido perfectamente con las expectativas de esta altura de carrera: escapada numerosa, estrellas invitadas y desenlace tipo clásica. Durante la carrera nos llamó la atención la pizarra del Orica, un equipo que corre como los ángeles y que muchas veces hace del éxito un fin colectivo, porque ayer, al margen de meter tres ciclistas que sobrevivieron a las diferentes cribas de la escapada, consiguieron ganar la etapa, con Michael Matthews, y sus dos compañeros demostraron alegría al cruzar la meta.

Matthews es uno de los ciclistas más valiosos del pelotón. Su palmarés así lo atestigua, victorias principalmente en etapas, desde Giro y Vuelta a carreras WT, para completar un puzle de éxitos realmente singular, en el que echábamos precisamente una victoria de esas que encumbran, como la de Revel, vamos, un éxito que en el caso de Matthews le acerca un poquito más a Peter Sagan, aunque el eslovaco camine por niveles superiores.

El australiano, empero, es un ciclista aún de 25 años y con margen. Lo ha demostrado en las clásicas, aún recuerdo cuando fue capaz de aguantarle a Gilbert en el Cauberg, una sensación impropia de alguien que sea sólo veloz. Matthews tiene podios en San Remo, Campeonato del Mundo,… y otras carreras que difuminan su perfil de ciclista.

Por eso nos preguntamos a quién nos recuerda, un poco de Jalabert, otro de Museeuw, quizá también Gilbert, si se hace irresistible en las cuestas finales, otro poco de Sagan, quizá también de Degenkolb y porqué no, algo de Zabel, porque siempre está perfectamente situado. Sin embargo, a mí a quién más me recuerda es a nuestro Oscar Freire, por ese talento tan fino a la hora de definir y sobre todo la resistencia a los problemas y contratiempos.

Pensaba que esta carrera no era para mí” No hay que irse lejos para saber de las penurias que este ciclista ha pasado en el Tour, tras caídas, golpes, heridas y quemazones. El Tour es descarnado e implacable, pero cuando llevas todo el año ganando cosas, y no en cualquier sitio, y llegas a la mejor carrera y se te niega todo atisbo de suerte hay que saber gestionarlo. Matthews ya tiene su pieza en la más grande y una piedra de toque para el futuro, sólo mencionar sus rivales marca el nivel de su éxito.

Imagen tomada de www.jornada.unam.mx

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Messi sobre dos ruedas

Para ser justos, en el pelotón hay mucha gente que me odia” admitió Mark Cavendish después de su victoria en la jornada inaugural del Tour, una victoria que le vistió de amarillo por primera vez en su carrera. Podía haber extendido tranquilamente esa opinión fuera de pelotón, donde las opiniones sobre é también están muy polarizadas. Dotado de un brillo único cuando llega el momento de gestionar un sprint y emergiendo de ese enorme caos con el resto pisándole los tacones, Cavendish puede ser grosero y rudo, sacando punto a cualquier pregunta anodina.

Este faceta del carácter del velocista británico ha marcado en los medios y algunos lo han dado por amortizado de cara a este Tour. Ganador de sólo tres etapas en los tres últimos Tour, cuando en los cinco anteriores había logrado 23, muchos pensaron que la mejor época de Cavendish había pasado. Marcel Kittel, a quien Cavendish nunca había logarado ganar en un mano a mano, parecía el nuevo rey de las llegadas.

Ahora, en menos de una semana, Cavendish ha destrozado esos análisis y para los seguidores británicos su resurgimiento ha sido glorioso. En una nación donde el fracaso deportivo se ve como algo natural, especialmente en el alto nivel, Cavendish es un caso anormal. No hablamos de un atleta especialmente dotado, pero su fuerza mental le hace consistente y siempre logra sacar sus mejores virtudes, como si fuera un Maradona o meso sobre dos ruedas.

Desde 2008, cuando logró cuatro triunfos en el Tour, el ciclista nacido en la Isla de Man ha ido superando las expectativas y sin embargo nunca se le ha dejado de cuestionar. En el HTC-Columbia se le acusó de necesitar un perfecto tren para organizarle el sprint. Recientemente se dijo que ya no era lo rápido que fue. Sin embargo, Cav ha demostrado que puede segur ganando cualquier tipo de sprint con o sin tren que se lo prepare.

Su tercera victoria este año en Montauban reúne todas las habilidades que este ciclista tiene en un sprint y cómo sabe escoger los tiempos adecuados para ganarlo. En medio de una llegada caótica, donde ningún equipo puede asegurar un sprint bien organizado, el británico va pasando de rueda en rueda hasta que coge la de Kittel. Cuando el alemán decide iniciar su sprint, Cavendish ya ha acelerado y le ha tomado la delantera. Los gráficos posteriores al sprint demostraron que Kittel y el tercer clasificado, Dan McLay, sprintaron más rápido, pero Cavendish alcanzó su pico de velocidad en el momento que debía hacerlo.

Fue emocionante verlo en una de esas capturas televisivas. Se le veía confiado y seguro, Cavendish en su mejor momento, como el mejor sprinter que jamás hayamos visto.

Por Peter Cossins

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Dónde quieras, cuándo quieras… Nacex evita que cargues con la bici en los viajes

Messi on two wheels

“There are a lot of guys in the peloton who f**king hate me to be fair,” Mark Cavendish admitted in the aftermath of his opening day victory at the Tour de France, which put him in the yellow jersey for the first time in his career. He might easily have added that opinion on him outside the pro peloton is very polarised too. Blessed with unparalleled brilliance when it comes to negotiating bunch sprints and emerging from their manic mayhem with the rest of the pack chasing his heels, Cavendish can be boorish and rude, quick to take offence at even the most anodyne of questions.

It’s that aspect of the British sprinter’s personality that led to so many in the media and beyond writing off Cavendish as a spent force going into this year’s Tour. Winner of just three stages in the previous three Tours having bagged a staggering 23 in the five preceding that, Cavendish was, many declared, past his best. Marcel Kittel, who Cavendish had never managed to beat in a head-to-head sprint, was anointed the king of the sprints.

Yet, less than a week into the Tour, Cavendish has ripped that analysis apart and, for British cycling fans at least, his resurgence has been glorious to watch. In a nation where sporting failure, particularly among the most high-profile sports, is almost accepted as the natural way of being, Cavendish is an anomaly. He’s an athlete who is not only blessed with immense natural talent, but also the strength of mind to ensure he has consistently got the best from that ability – a Maradona or a Messi on two wheels.

Since the 2008 Tour, when he claimed his first four stage victories, the Manxman has consistently surpassed expectations. However, his success has been questioned just as consistently. In his HTC/Columbia days, criticism focused on his supposed need for a highly organised and fully committed lead-out train. More recently, it’s been widely suggested that he’s simply not as quick as he once was. But Cavendish has proved time and again that he can win any kind of sprint either with a train or without one.

His third victory in this year’s race at Montauban perfectly encapsulated Cavendish’s astonishing ability to read a sprint and to react at exactly the right moments in order to win it. In the midst of a chaotic finish where no team managed to deliver a well-organised lead-out for their sprinter, the Briton surfed from wheel to wheel until he was on Kittel’s. By the time the German decided it was time to open up his sprint, Cavendish had already accelerated past him and got the gap he decisive gap he needed for success. Graphics later showed that Kittel and third-placed Dan McLay had sprinted faster than the Manxman, but Cavendish produced his fastest burst at the moment it counted the most.

It was thrilling to watch, one of those shout-at-the-TV occasions. It was confident and cocky Cavendish at his very best, as undoubtedly the greatest sprinter cycling has ever seen.

By Peter Cossins

Le llamaban Purito

Manuel Rodríguez Ayora es natural de Madrid. Se vinculó al ciclismo con la Ignis, el mítico equipo que Miquel Poblet instaló en Montcada. Fue ciclista hasta los 27 años ganando vueltas como Toledo y Girona y siendo campeón de Catalunya. Luego ejerció de técnico en los equipos del Esport Ciclista Barcelona e incluso llegó a trabajar en Colchones CR donde coincidió con José Luis Laguía y Alvaro Pino.

Manuel es el padre de Joaquim Rodríguez, también de Alberto, que fue un excelente ciclista en categorías inferiores, pero que no pudo prolongar la carrera que sí ha tenido la suerte de disfrutar de su hermano. Hoy 11 de julio, en Andorra, la que es de facto su casa, durante la jornada de descanso del Tour, Joaquim ha dicho que se va.

Joaquim, quien se granjeó el apodo de Purito en aquella famosa concentración de la ONCE en Cadiz, creo recordar, siempre habla de su padre cuando le preguntan por su marcada personalidad tanto dentro como fuera de carrera. Una personalidad que le impide rodear la verdad o jugar a trilero. Una personalidad que le ha hecho ser querido por donde ha pisado y que, 16 años después, le sostiene como uno de los mejores ciclistas del mundo.

Joaquim aprendió de pequeño en casa el valor de las cosas. Habla del día que su progenitor le dejó sin correr porque cogió una pataleta al perder una carrera. Una educación sólida y sin fisuras. El niño que pierde una carrera debe aprender que la derrota es parte del juego. Es el ABC de la vida. Igual que la autocrítica, la exigencia y la honestidad. Purito siempre ha sido un puta corriendo, no ha regalado nada, pero fuera de la carretera no entiendo otro lenguaje que el de la verdad. Si ha errado lo admitido, si ha decepcionado, ha pedido perdón. Poco usual.

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Su trayectoria es monumental y se basa en muchas de esas lecciones. Mirad atrás, veréis podios y etapas en las tres grandes vueltas, monumentos, victorias en vueltas por etapas e incluso dos medallas en los mundiales. Pero también veréis entereza, como el día que perdió in extremis la Vuelta contra un Contador que no le dejó tranquilo hasta que le ganó, veréis también aquel Mundial de Florencia, aún preguntándose qué demonios hizo Valverde por detrás.

Dentro de ese carácter directo, transparente, se esconde un profesional que en su día tomó una decisión que marca: dejar el nido y la comodidad del hogar, dígase “chez Unzue”, o probar lejos, en el emergente proyecto ruso, el Katusha, con todo lo que conlleva trabajar con rusos, sentimentalismos cero. En 2010 hizo ese cambio, y le salió bien, vaya si le salió bien. Purito ha sido, con sus defectos, parte perenne del paisaje ciclista durante años, muchos años, y ahora, cuando vemos esas 16 primaveras desde la primera vez que saludamos ese inquieto ciclista de la ONCE durante una Setmana, un ciclista cuyos ojos delataban una persona más lista que el hambre, nos asombramos de cuán lejos ha llegado este pequeño gran corredor.

Purito, t´ extranyarem molt.

Imagen tomada de www.elpeloton.com

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Mira los portabicicletas de Cruz

Contador acierta

Domingo soleado, típico de julio, con el calor rompiendo sobre nuestras cabezas, vuelves de la playa y ves tuiteado el abandono de Alberto Contador.

Sabia decisión, la única posible la verdad. Aunque en estas líneas siempre hemos sido críticos con el madrileño, a quien consideramos el mejor ciclista de su generación, con un talento y cualidades históricas, pero con una gestión del palabrerío de muy dudosa calidad, creo que Contador acierta con la decisión de dejar la carrera.

Hablamos de un corredor que vive y respira para su oficio. Sobre su pasión por el ciclismo nunca ha existido duda alguna. Estos días ha luchado contra lo imposible, su tortazo el primer día fue tremendo y dijimos que era muy complicado pensar que saldría íntegro de él.

En las dos etapas que se le ha puesto a prueba no ha podido seguir el ritmo de rivales, que obviamente no le iban a perdonar. Ir a contrapié hasta París significaba hipotecar la Vuelta y posiblemente los Juegos. No tenía sentido seguir, no así, ni pundonor, ni gloria, la admiración a estos niveles se siembra ganando, porque para ello se trabaja con obsesión ocho meses. Cualquier otro premio, por muy moral que sea, no le vale.

Pero el Tour se le atraganta. Ganó su última edición en 2009, cuando era un ciclista intratable y nunca más voló a ese nivel. Si quisiera ganar el Tour el año que viene habrán pasado ocho años desde su última victoria, un lapso tan grande sólo fue salvado por un ciclista, Gino Bartali, que tardó diez años entre uno y otro con una Guerra Mundial por medio.

Tras meditar su anunciada retirada para finales de este año, algo siempre supimos que nunca iba a hacer, Contador volverá al Tour el año que viene con la idea de hacer suya la carrera que se le niega reiteradamente. ¿Tendrá el nivel exigido? es una incógnita, porque los rivales crecen, al perenne Froome se le suma Nairo y otra que seguro se irán sumando. Es admirable, por eso, insistir y persistir, querer ganar lo máximo y no conformarse con menos.

Eso hay que agradecerle al dos veces ganador del Tour, que no desiste, que es cabezón y que querrá seguir demostrándolo, pero no sé, el otro día dijimos que su tercer Tour pudo ser el de 2014 y no pudo jugarlo por caída.

Ahora tranquilidad y buenos alimentos, valorar porqué sus compañeros no le han apoyado como sería menester y porqué los aficionados dudaban sobre la gravedad de sus heridas, y a ver desde casa la desmembración de ese equipo que también contribuyó a su descalabro.

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Recuerda hidratar bien con este calor que te chafa en cada entrenamiento

El saltito que le falta a Coquard

Esta mañana Bryan Coquard hablaba del final de la etapa en Limoges con una rampa lo suficientemente dura como para aspirar de igual a igual con otros velocistas a la victoria de etapa.

El Direct Energie, su equipo, recogió el testigo de emblemático Europcar y desde luego que tiene motivos para estar satisfecho de lo poco que llevamos de Tour. En la jornada de Angers, su ciclista más emblemático, Thomas Voeckler, se vistió de animador y buscó la fuga de final imposible, aunque logró rédito para al patrocinador, mientras que su joven velocista Coquard sigue dando pasos hacia una victoria que empieza a merecer.

Cuando hablábamos de las bazas galas en el Tour que cumple 31 desde la ultima victoria anfitriona en su carrera, por un lado señalábamos sus hombres para la general y por otro los velocistas. En ambos casos vimos que a una excelente materia prima, le hacía falta el hervor final para ponerles entre los mejores del mundo, porque son los mejores los que vienen aquí.

Coquard lleva una temporada excelsa en triunfos, algunos firmados con rotundidad, pero todos en carreras de segunda fila, de esas en las que sólo los muy frikis ponemos los ojos. Le hacía falta una pieza gorda, y pienso que en este Tour lo va a lograr, más cuando en estas etapas las miradas se posan sobre él, pues las otras dos balas patrias quedaron en la recámara: Démare porque su FDJ se lo juega todo a Pinot, y Bouhanni porque acusa una actitud irresponsable ante la vida.

Quien diga que la primera semana del Tour es un coñazo, quien opine que los sprints son el relleno del ciclismo que vea el de hoy porque rara vez vemos algo tan bello y ajustado. La remontada de Coquard, el joven que empieza a tener pelo en el pecho, es tal que sólo Kittel, más avanzado, es capaz de contener. Sagan, acostumbrado a maniobras similares, pero protagonizadas por él, perdió las pegatinas ante el ciclista francés.

No pudo Coquard con el armario alemán por el grosor de un pelo, pero su paso adelante, es obvio, tutea a los grandes y no se amedrenta. Fijaros si el esfuerzo de Kittel fue exagerado que en el podio, varios minutos después se le notaba la respiración algo acelerada, porque sólo pensar lo que estos hombres deben dejar en el empeño nos corta el aliento.

Imagen tomada de @TotalCyclisme_