Vincenzo Nibali sigue siendo el campeón saliente

Respecto a Vincenzo Nibali tengo una duda hace poco más de un año y es sobre si por las venas del siciliano corre sangre o por si el contrario la horchata también se estila en la isla, y es lo que fluye por el enjuto cuerpo del ganador del Tour de Francia,

Porque sí, estamos hablando del titular del dorsal número uno del Tour, del ciclista de que muchos se olvidan, pero como bien recalca el cmapeonísimo Hinault, es quien defiende título, el título al que los otros tres del “Big 4” aspiran.

La suerte ha querido que el retrato del llamado tiburón llegue con la carrera empezada y un capítulo importante ya escrito. Las islas artificiales del Zelandia, a caballo entre los dos grandes puertos de Rotterdam y Amberes, han clavado minuto y medio a ciclista que viste de azul y hace tras coches como nadie. Y no, lo que hizo Nibali por los diques no fue saltar de coche en coche en la fila que sigue a los corredores, lo que hizo fue aprovecharse desesperadamente del rebufo de todo aquel auto que se cruzó en su camino. Y esto lo vemos tanto y tantas veces que ya ni nos escandalizamos, al fin y al cabo, creo que no queda nadie en el pelotón que no lo haya hecho.

La flema de Nibali, esa mirada casi ausente que pone cuando le hablan y ese trazo de incredulidad que dibuja en el podio, nos perfilan un corredor que tiene ahí, en esa capacidad de aislamiento y concertación, su gran virtud.

Posiblemente no se el más fuerte, ni el mejor dotado del “Big 4”. No rueda como Froome, no escala como Nairo, no arranca como Contador, pero maneja los tiempos de la carrera mejor que nadie, se rodea de corredores que uno a uno le son útiles cuando deben serlo y saca petróleo de sitios en los que nadie pondría un duro.

Nibali es fe, sin aspavientos. Es un italiano 2.0, no corre a base de bilis, pero cuando se desata que se aparten los blandengues. Sabe que su suerte va ligada a veces a la desgracia de los demás -como el año pasado- pero mientras están todos los ases en el tapete nunca esconde un arrumaco, ni escatima estirar su suerte. Lo hemos visto en último Tour pero también en otras ocasiones donde las apuestas no estaban de su lado: Giro 2013, Tirreno 2013, Vuelta 2010…

Por eso, respeto, estamos ante el campeón vigente, un ciclista que al margen de los problemas que le da la carretera, sortea el polvorín que tiene por equipo donde no hay semana tranquila -ahí va Lars Boom-. Bien haría, por su propia higiene mental en buscar otro caladero, otro lugar desde donde desplegar ese ciclismo que sinceramente nos encanta.

Imagen tomada del FB del Tour de Francia

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Contador en la mitad del camino

No me acordaba de la afinidad de Alberto Contador con el mundo de los pájaros. Se ve que en el inicio del Tour, en la rueda de prensa de Tinkoff, a Contador le fueron con un canario. Se lo llevó, creo, el showman de una televisión neerlandesa. Le pidieron que le pusiera un nombre. “Yellow” respondió. Sintomático. Contador sólo piensa en amarillo, lo ve todo amarillo.

Cuando Alberto Contador describió su reto en el Procycling previo al Giro de Italia acuñó una frase muy acertada: Estoy en una gran vuelta de tres meses. En ese juego de retórica que siempre le gusta ejercer al madrileño, ganar el Giro hace cuatro semanas, la séptima gran vuelta de su trayectoria, no le ha implicado la más mínima emoción. Fue algo así como cuando el Equipo A va cumpliendo misiones y el cabecilla dice lo de los planes que salen bien.

Contador vuelve al Tour con la intención máxima de ganarlo pero con las dudas que dejó su Giro, ganado a partes iguales por mérito propio y demérito ajeno, y tres rivales que a priori, y a la espera de que surja alguno más que le están esperando con ganas. Porque, como dijo varias veces Flecha el día que nos comparó en la presentación de nuestro libro en BCN, “en el Tour se cruzará contra ciclistas que ya han ganado grandes vueltas y eso en ciclismo es algo que cuenta” y mucho. Aquí no estarán Landa, Aru y compañía, dicho con todos los respetos, aquí estarán los primeros espadas y muchos outsiders, que es en la categoría en la que habrían entrado sus dos principales rivales del Giro.

Con el de Pinto nos percatamos cuán rápido pasa el tiempo. Seis años ya de su segundo y último Tour, la carrera con la que estableció lazos afectivos pronto, que ganó rápido pero que se le ha atravesado como una mala cosa y en más de una ocasión. A su carrusel de eventualidades -expulsiones, vetos, sanciones,…- de julio, se le unió la caída del año pasado cuando mejor se le veía.

Para este Tour, Contador es un verso libre, una pieza suelta porque ofrece casi tantas certidumbres como incógnitas. Otro en su lugar, vendría descargado con un Giro en el zurrón, él no, él dice que quiere ser recordado, hacer historia. Quiere ganar el doblete. Es decir, que si no gana el Tour, y a tenor de sus palabras, habrá completado una temporada mediocre. Él lo dice y lo reitera. Dentro de tres semanas se le juzgará desde esta óptica.

Sobre el papel Contador no tiene una mala carrera. Abunda la montaña y las cronos se han limitado a la mínima expresión. La calidad de los rivales es exponencialmente mejor que la de años atrás y su cansancio puede ser un lastre. En el equilibrio de los factores está el éxito y al menos en este aspecto, el madrileño lo tiene mejor, no necesita ganar por KO como antaño, maneja la carrera y sabe dosificar -por eso ganó el Giro- y en este juego de llegar apretados hasta el final, esa experiencia le puede resultar clave.

Imagen tomada de FB del Tour de Francia

Las mil caras de Chris Froome

Hay algo en Froome que extraña, bueno algo, no, varias cosas. La principal es saberle siempre favorito y fuerte, caminando en esa especie de alambre sobre el que deambula cada vez que quiere ganar algo. Es curioso, el equipo más uniformado, el más cuadrado confía su suerte desde hace dos años en el ciclista más desgarbado  y anárquico en las grandes citas.

Quizá hay resida parte del encanto de este corredor que hace cuatro años estaba con la espada de Damocles sobre su cabeza y sin equipo a la vista. Froome apareció en esa Vuelta que ganó Juanjo Cobo, de quien nunca más se supo, y desde entonces nunca dejó de ser favorito.

Contador lo definió como “el rival más complicado al que me ha tocado medirme” y razón no le falta. Adalid de ciclismo limpio, y como él su equipo, aunque por el camino tengan controles no realizados, Froome es favorito cinco estrellas por definición.

Corriendo a pelo, a lo bruto posiblemente sea el mejor de ese grupo que llamamos G4, con Quintana, Contador y Nibali. Tiene una aceleración brutal en subida, cuando tuerce el gesto, angula hacia afuera los brazos y agacha la mirada: temblad malditos. En las cronos es fuerte y duro y en general es el ciclista más completo de la primera línea. Sin embargo sus virtudes contra el corno tienen sólo 17 kilómetros para expresarse, más lo de test colectivo, en los que el Team Sky no gana desde el Giro 2013.

Por eso, Froome sería perfecto si estuviéramos ante el Tour típico. Sin embargo esto no es el Tour que gano Wiggins, ni siquiera el que ganó el podio ciclista de origen keniata. Este Tour no tiene cronos, presenta bastantes subidas y sobretodo muchos matices y recovecos, algo que a Froome no le gusta y a su equipo menos.

Viendo el perfil de la carrera y el cariz de sus rivales, mucho y muy fino tendrán que hilar estos chicos de negro con su líder africano al frente. A Froome las etapas que le pueden complicar la vida se le multiplican en este Tour y la de los adoquines, con esa escasa corpulencia que le caracteriza, se le supone un reto gigante, más si llueve, como el año pasado, y si Nibali anda juguetón.

Froome tiene grandes virtudes, pero también plomizos defectos. Por suerte hay carrera, y en el blanquito ciclista de Nairobi tenemos la muestra.

Imagen tomada dewww.vanlooy.es

El Tour que Nairo vio en sus sueños

Hay cosas de Nairo Quintana que impresionan por incorporar en tan pequeño cuerpecito tantas versiones, tantas aristas y reflejos. Es pequeño, su origen es trabajador y guerrero, de un pueblo adaptado a las dificultades del terreno. Muestra paciencia, dulzura y cariño. Es dulce, recubierto cálido, suave y tostado.

Pero eso es fachada. Es envoltorio. Ese tierno aspecto, esos ojos que reclaman ternura y regalan sonrisa, todo eso esconde un ciclista voraz, tremendo, casi ilimitado en su ambición. Ese es Nairo, una mano no sabe lo que hace la otra, eso es bueno cuando no te conocen, pero ahora, que le hemos visto en acción, creemos que estamos ante un aspirante mayúsculo por mucho que en la entrevista que le hace Lemond diga que tiene muchos años por delante.

Hace un año, tuvo que sortear una de esas decisiones que sólo se toman en sitios como el Movistar. Dejaron en casa a su mejor hombre para la mejor carrera aduciendo que podía quemarse pronto, cuando un año antes sólo Chris Froome le había dejado sin ganar ¡en su primera participación!.

En Colombia llevan unos años de buenas cosechas. Allí, por esos lares, que gozan de terrenos fértiles, que dan a hasta dos y tres camadas anuales del mejor cereal, del mejor fruto, ven como les florecen los talentos. Sin embargo ninguno como Nairo y nada comparable a lo que afronta en este Tour. Lucho ganó la Vuelta, Nairo el Giro, pero es que esto es el Tour.

La generación dorada de los ochenta, aquellos corredores cafeteros que Hinault quiso tener contentos, se empequeñece ante el reto de Nairo. Es el Tour, es su Tour. Nunca un trazado en la “Grande Boucle” le va a favorecer tanto. Si salva el adoquín, y él suele ser listo en situaciones en las que otros naufragan, hay rival, hay aspirante.

Muchos pensarán que siendo el más joven con diferencia del G4 tendrá otras ocasiones, no se equivoquen, este ciclista no está para quemar etapas, este ciclista está para ganar y viene a por ello. Lo demostró cada vez que se puso serio y ya dijo «este maillot amarillo es para mí como para la novia su traje de boda”.

Imagen tomada de www.ciclismointernacional.com

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“La clase” por Gianni Bugno

Una de las cosas buenas que me atraen de Facebook son esos grupos nostálgicos que meten fotos por todo el morro en tu pantalla que te generan recuerdos y sensaciones. El otro día, colgaron esta de Gianni Bugno, vestido de campeón del mundo, con los colores del Gatorade. Fue una foto tomada desde arriba, en cenital, una posición poco prodigada en el pelotón, pero suficiente para saber que estamos en el verano del 92, Juegos Olímpicos, crono de Lumxemburgo, la histórica travesía de Sestriere.

Ese día, recuerdo, era un sábado, de esos que empiezas a ver la etapa del Tour a las doce del mediodía y a las cinco de la tarde sigues pegado, solapado, por la emoción, a la pantalla. Fue una jornada larga, tremenda, recuerdo que los ciclistas caían a plomo cuando atravesaban la meta de la cima piamontesa.

Cinco puertos por el camino, Claudio Chiapucci atacando desde lejísimos, y Gianni Bugno tensando en el Mont Cenis. Aquello fue ciclismo de enjundia. Indurain le tomó la rueda y luego en Sestriete, pom… Bugno se queda, sin pestañear, sin ruido, suave y finamente. El campeón del mundo se quedó por el camino y un pedacito de nuestro corazón, de nuestro buen gusto, se murió.

Porque Bugno, en eso hay consenso, fue posiblemente un ciclista frágil, de esos que tuvieron la mala suerte de competir contra monstruos que marcan épocas. Sin embargo, la trascendencia del varesino fue más allá. Fue derrotado varias veces por Indurain, quizá la más dolorosa fue esa vez en Sestriere, pero su figura, su perfil trascienden al tiempo y el palmarés. Cuando hablamos de categoría sobre la bicicleta, casi nadie le omite. Ser eterno en sus circunstancias quiere decir algo…

Los registros imposibles de Alessandro Petacchi

Seamos sinceros, si Alessandro Petacchi hubiera sido inglés lo tendríamos hasta en la sopa. En las islas enloquecen con Wiggo, Froome y Cav, a quien no dudan de tachar de “celebridad”. No les falta razón, el de Man es un ciclista que aunque cuestionado en su trono en tiempos recientes, presenta un palmarés de un nivel como pocos se pueden disfrutar. Sin embargo, y aunque a Cav se le admite una hoja de servicio enorme, las cotas que surcó Petacchi en sus años buenos no las alcanzó nunca el inglés.

Hace dos semanas Petacchi anunció su segunda retirada del ciclismo. La primera la lanzó hace unos dos años, pero precisamente el Omega de Cavendish le reclamó un último esfuerzo para el británico, que veía como Marcel Kittel y la máquina del Giant le habían quitado no pocos triunfos en el Tour. Pensó Cav que tener cerca al de La Spezia sería la clave de su recuperación. Se equivocó.

Y es que en Omega, repescaron al italiano posiblemente prendados de cosas que sinceramente tardaremos en ver mucho tiempo. Hace una década sólo había un nombre para las llegadas en grupo, el de Petacchi, un ciclista que firmó años redondos, tan redondos que ahora mismo serían imposibles.

Entre 2003 y 2005 el italiano ganó 37 etapas entre las tres grandes. Dos datos: en 2003 ganó quince (seis en Giro, cuatro en Tour y cinco en Vuelta) y al año se impuso en nueve llegadas del Giro. ¿Son o no registros imposibles?. Añadan la San Remo que ganó en 2005. Sí, a Petacchi se le recordará el positivo de 2007 que le dejó con el casillero en blanco en ese Giro, sin embargo quedémonos con el recuerdo de un ciclista irrepetible, que un día en medio de la campaña dijo adiós, para siempre.

Imagen tomada en www.vavel.com

 

Nunca habrá nada igual a Eddy Merckx

Una de las grandes aportaciones de las redes sociales a personajes como un servidor es que son perfectas para recordarte fechas señaladas, cumpleaños y otros compromisos sociales. En el caso que nos ocupa, el día de este 17 de junio ha estado copado por el #EDDY70, o lo que es lo mismo, el recuerdo de que Eddy Merckx cumple 70 años. Ya sabéis los cambios de década son especialmente celebrados: comidas, reuniones, antiguas amistades, hashtag en twitter…

Con Merckx se ha hecho una especie de batiburrillo coral en el que nadie, y digo absolutamente nadie, ha querido quedarse fuera de la foto. Sabemos que como el “caníbal” no volveremos a ver nada igual, pero el detalle de personajes, instituciones y otros que han querido felicitar al mejor de la historia es como si el propio Merckx le dedicase un rato esta noche a ver quién y quién no está.

Aquí, con  ese aire friki que siempre nos ha movido, hemos revuelto la estantería en busca de un especial que Cycle Sport le dedicó a Merckx hace once años. En el mismo uno se pierde en detalles, anécdotas y otras menudencias. Es un trabajo muy anglosajón, un círculo cerrado, con entrevista al homenajeado pero también a sus principales rivales (Gimondi y Godefroot) y grandes aliados, el inigualable Patrick Sercu.

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El palmarés de Merckx equivale al de Defraeye, Gerrans, Van Lancker, Fignon, Simoni, Chiapucci, Nibali, Cipollini, Cavendish, Berzin, Bartoli, Eddy Planckaert, Ballerini y Evans juntos.

Sin embargo entre tanto dato, foto y palabrerío hemos querido plasmar los diez momentos top que definen la obra de Merckx:

  1. Mundial de 1967 en Heerlen (Países Bajos): con 22 años Merckx se convierte en el campeón del mundo más joven de la historia. Como Jan Aerts, rival de nuestro querido Cañardo, muchos años antes, el caníbal se convirtió en el segundo en lograr los títulos amateur y profesional.
  2. El Tour de 1969: considerado el mejor de sus cinco triunfos en la Grande Boucle. Agresividad y acierto a partes iguales. Poco después de salir del Giro con un positivo “as a cathedral”, ganó los tres maillots y cinco etapas más 17 minutos al segundo, Roger Pingeon.
  3. El Tour de Flandes de 1969: aún joven, con buen palmarés pero lejos de lo que sería, Merckx desafía al tiempo y a su director acabando a 70 kilómetros de meta lo que empezó a 150. Bitossi, Gimondi,… todos en ven en la distancia lo que su director tachó de “suicidio”.
  4. Récord de la Hora en 1972: el velódromo olímpico de México asiste, en pleno otoño, al récord de Merckx, un registro por encima de los 49 kilómetros que sólo Francesco Moser se atrevería a asaltar 22 años después.
  5. El Giro de 1968: en las Tres Cimas de Lavaredo el cielo descarga nieve y hielo. Con 22 años Merckx camina por la leyenda, se convierte en el primer belga en ganar la corsa rosa.
  6. El Tour de 1971: posiblemente el Tour más épico de la historia. Merckx se encuentra con el rival de entre rivales, Luis Ocaña que le propina un golpe casi definitivo en Occieres. Merckx promete una guerra diaria, en un descenso de los Pirineos, con el belga desbocado, Luis despertó de su sueño.
  7. Mundial de 1974 en Montreal (Canadá): ha llovido desde su explosión, pero en el requiebro del más difícil todavía amasa un triplete inédito el mismo año: Giro, Tour y… Mundial.
  8. Un 1971 para los anales, a saber: Mundial, San Remo, Lieja, Lombardía, Het Volk, Henninger Turm, Tour con cuatro etapas, Vuelta a Bélgica, Vuelta a Cerdeña, París-Niza, Midi Libre, Escalada a Montjuïc, Dauphiné, Gran Premio de Baden-Baden, Seis días de Milán y Super Prestige Pernod.
  9. Milán-San Remo de 1976: en el otoño de su carrera, vistiendo el premonitorio maillot ocre de Molteni, Merckx gana su séptima Milán-Remo. Diez años después de ganarla por primera vez, la Primavera sigue sonriendo al paso del caníbal
  10. El Tour de 1975: el dominio de Merckx molesta, enerva. Maillot arco iris, número uno a la espalda,… el campeón es agredido en el Puy de Dome. El declive escenificado por una acción lamentable. A los pocos días Thévenet le supera en Pra-Loup. El sexto Tour sería una quimera.

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Las navajas suizas del Team Sky

Menuda Dauphiné nos ha tocado en suerte. Como el año pasado, en la carrera alpina resuelve buena parte del mejor ciclismo del año. Revolcón, vuelco y “contravuelco” al día siguiente. Una carrera magnífica, el nivel que se le presume en el World Tour. No obstante habrá momento para hablar de las conclusiones que vienen del Delfinato, de sus montañas y parajes, porque no siempre todo es lo que parece, o al menos así lo pensamos aquí.

Aprovechamos para comentar lo que vimos en la etapa reina, en la llegada que vio ganar a Chris Froome. Nos llamó mucho la atención, otra vez, el trabajo de un ciclista mayúsculo llamado Peter Kennaugh. De él repescamos una pieza hace poco más de un año. A pesar de ser un ciclista que se proclamó campeón olímpico en Londres, este corredor de la Isla de Man siempre ansió el Tour y correrlo. Lo hozo hace dos años y su bautismo fue grande, en la subida a Pailheres, con Nairo atacando de lejos y sembrando el camino para el primer, y casi definitivo, ataque de su líder.

Curiosamente en la semana que la pista británica ha vuelto a la palestra por el récord de Wiggo, Kennaugh ha destacado de sobremanera con dos “performances” de nivel. En la primera etapa fue capaz de burlar el ritmo del pelotón para acabar ganando la etapa, con el aliento en el cogote y recordando esos ciclistas que de vez en cuando son capaces de dejar en evidencia a los “trenos” de los velocistas. Un bien cada vez más escaso y difícil de encontrar.

Luego, unos días después, en la subida más bonita de la carrera, Kennaugh se bastó y se sobró en favor de su jefe para reventar nada más y nada menos que Vincenzo Nibali, líder “in pectore” y ganador vigente del Tour. Un trabajo fino y elegante, como la ropa que calza este equipo que quiere recuperar el trono de la mejor carrera.

Kennaugh encaja perfectamente en el papel abierto por Geraint Thomas. Los dos son pistards de adopción, crecieron en el British Cycling, se proyectaron al Team Sky, tienen calidad para ganar grandes carreras, incluso en el caso de Geraint ser un excelente clásicomano, y cumplir excelentes hojas de servicio a sus capitanes.

Pero es que ambos son de lugares poco ciclistas, al menos tradicionalmente, Isla de Man y País de Gales, cosa que no les impide ser auténticas «navajas suizas», multiusos, dos ciclistas de los que no abundan que muy posiblemente un día vuelen porque necesitan aire y espacio para dar rienda a tanto y tan buen talento.

Imagen tomada del Team Sky

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