¿Correrá Frank tan bien como Andy cuando estuvo solo?

Menuda forma de llegar al Tour de Francia para el Radio Shack. Valiente marrón. Con su mentor fuera de la carrera y salvando los muebles en juicios, su líder natural, Andy Schleck, lesionado en el ducado, un staff profesional dividido y una temporada desastrosa por el camino. Una hoja de ruta, como gusta tanto llamarle ahora, que sólo conduce al desastre, más teniendo en cuenta las dudas que albergaron sus inicios y los vicios adquiridos de algunas de sus figuras.

Con este panorama Frank Schleck llega en condiciones de capitanear el proyecto. Lo hace solo. Con pocas certidumbres de su rendimiento en ausencia de Andy, Frank no ha ejercido el rol de capitanear ningún equipo desde que su hermano explosionara. Al menos no en el Tour, pues la última vez fue en la Vuelta 2010 y, salvando las distancias con el Tour, el resultado fue pobre. Del último Giro ni cabe comentario. Anteriormente fue 17º en el Tour 2007 y décimo un año antes, cuando derrotó a Damiano Cunego en Alpe d´Huez. Poco que llevarse a la boca.
Pero, anotemos. Tour de 2010. En la jornada que muere en el zaguán de Arenberg Frank Schleck deja la carrera por caída en el adoquinado. Andy afronta dos semanas largas de competición sin su hermanito. Con el primogénito en el hospital, el pequeño de la saga realiza su mejor carrera. Aprovecha varios momentos para poner en apuros a Alberto Contador. Primero en La Madeleine, allí donde cincelaron una de esas dualidades que hilvanan la historia de este deporte, luego en Balés, con el infortunio de la cadena, y finalmente en el Tourmalet, jornada que se revelaría decisiva por el positivo de clembuterol surgido mes y medio después de disputarse.
De aquel Tour muchos extrajimos la conclusión de que a Andy le sobraba Frank. Un año antes incluso Lance Armstrong apostilló por esta teoría. Tentó de hecho al joven luxemburgués a irse con él sin su hermano. Pero los vínculos entre ambos tiraron más y se embarcaron en el Leopard. Visto que Andy supo sobreponerse a la ausencia de su hermano, queda por ver su esta situación al revés surtirá el mismo efecto. A priori parece complicado, y no por la presencia o no de Andy, si no por las evidentes limitaciones de Frank en un Tour que además no le favorece. De cualquiera de las maneras como cuenta a nuestros amigos de Desde la cuneta se ve capaz. No valoraré si está en lo cierto o no. Un servidor tomó por loco a Ryder Hesjedal cuando dijo apuntar a la general del Giro de Italia.  
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De verdad que quiero equivocarme con Alejandro Valverde

Vuelve a estas líneas uno de los corredores mejor dotados que he visto desde que sigo este tingladillo. Sí hablo, como refleja el titular, de Alejandro Valverde, de quien hacía tiempo no respirábamos, merced a su descanso de mayo tras cuajar una asimétrica primera parte de la temporada con un excelente arranque pero una primavera muy decepcionante.

Estos días, cuando todos los nombres que se suponen importantes, empiezan a desglosar sus ambiciones, uno se percata de que en esa maraña de declaraciones sólo unas tendrán la certeza de ser realidad. En ese puzle de entrevistas, nuestro compañero Unai Iraragorri ha tomado unas declaraciones de Alejandro Valverde que llegan a una semana de arrancar la carrera y que por tanto testan su estado de ánimo y físico.
En el recorte digital de www.biciciclismo.com el murciano hace suyos los argumentos que lleva años autoproclamándose mentalmente para creer que puede y debe ganar el Tour. No sé si habla por su boca o de las ilusiones de su director. En ese hilo apuntamos que ha trabajado específicamente las cronos frente a los 100 kilómetros que le quedan por disputar frente a un coco como Wiggins, que la carrera son 21 días –algo que históricamente para él no es un buen presagio pues siempre tiene un día tonto, cuando no malo- y las fortalezas de su equipo en el que estará Juanjo Cobo, de quien sabemos anda por Salamanca disputando los nacionales como adujo en su twitter.
Siempre he creído que para ganar una gran vuelta, y especialmente el Tour, donde los mejores coinciden en su mejor punto de forma en el mismo momento y lugar, hay que ser primero, el mejor en un terreno, es decir montaña o crono, y el segundo o tercero en el otro. Ello es por ejemplo Alberto Contador, indiscutiblemente el mejor escalador y garante del top 3 de las cronos. Con todo mi pesar, tengo que reconocer que Alejandro Valverde no está en el top 5 de los croners y quizá sí un poco más arriba en la montaña. Ese ejercicio de realismo que esperamos de Alejandro, lo hemos presenciado de Purito Rodríguez y miren cómo le ha resultado. 
Así, continúo pensando que Valverde continúa errando el tiro. Que un ciclista nacido con tales dotes para clásicas, vueltas de una semana –e incluso de tres como Giro & Vuelta- y mundiales siga pensando en quimeras como la francesa me entristece y más cuando su trayectoria deportiva presenta un socavón de dos años que le ha privado de agrandar aún más un palmarés que si me permiten sólo Cavendish, Gilbert, Evans y alguno más en activo pueden igualar. 
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Bradley Wiggins y Cadel Evans seguirán a lo suyo

Uno de los placeres del verano consiste en madrugar un poco el domingo, no mucho pues las sábanas son golosas, arrimarte tus zapatillas de trail y salir cual cabra por las cunetas y empedrados montañosos. Aquello que durante el año no tienes tiempo a hacer, obcecado con limar las marcas, lo pospones para cuando el calor nos ahoga, pues tentar registros en este periodo es pactar con el diablo. Es jugarte sencillamente un golpe de calor.

En el hermoso sumergir por los bosques del Penedés, y acompañado por otros dos trotones, cada uno valora su campaña runner. Curiosamente, pero menos, los mejores puestos llegaron en esas carreras tenidas de segundo nivel, es decir en aquellas donde los mejores brillaron por su ausencia, si no todos, gran parte de ellos. Evidentemente a ciertos círculos no hay manera de meterle mano a los primeros y en foros de menor prestigio podemos jugar nuestras bazas con la certeza de acariciar resultados que en otros es imposible. A pesar de ello, y situarnos en nuestro lugar, la conclusión es clara: “Que hubieran estado”. Lo otro es flagelarse gratuitamente.
Esto un poco pasará en este Tour, cuya cuenta atrás marca menos de quince días. Cuando la carrera salga de Lieja se hablará con seguridad de los ausentes, quienes no serán unos cualquiera. Todo ello pesaría cual losa en el ánimo de muchos, pero me da la sensación de que las anchas espaldas de Cadel Evans y Bradley Wiggins, los titulares de la pole en este Tour que se lanza en Valonia, pueden con tal carga. No cabe duda de que en las muchas veces que podamos, mencionaremos la no presencia de Alberto Contador y Andy Schleck. Y esa enseña se grabará a fuego en el maillot que el ganador vista con la perspectiva de los Campos Elíseos tras de sí. Eso ha sido así siempre, pero esta vez parece que el estigma que acompañara a quien se lleve este Tour puede tener mayor relieve. No obstante, como digo, los dos mejores posicionados gozan de encaje.
Valorando cuantitativamente la temporada del bloque anglosajón hasta la irrupción de Ryder Hesjedal no ha sido acorde con las perspectivas que bloques como BMC, Radio Shack, Green Edge y Garmin habían hecho aflorar. Si exceptuamos los triunfos de Gerrans en San Remo y el de Hesjedal en el Giro, no podemos hablar de muchos más éxitos si ponemos al margen las tres vueltas de Wiggins.
De lo que no cabe duda es que en la recta final para que arranque la gran cita de la temporada si alguna opción no anglosajona cobra fuerza es la de Vincenzo Nibali, a mi juicio un poco, sólo un poco, peor croner que inglés y australiano, nivelado en montaña y magnífico en las bajadas. Confieso que el siciliano es para mí la baza más afín. ¿Por qué? Pues por que sencillamente se lo merece. Pero sus opciones se diluyen en una carrera muy abierta. No obstante si a día de hoy me conminan a elegir alguien, el tiburón es el mío. Apunten. 
Foto tomada de www.cyclingnews.com 

Tom Boonen busca su sitio

La vida en ocasiones no respeta los ciclos que aunque no escritos en lugar alguno parecen impuestos. Hay veces que las cosas llegan cuando menos las esperas, y otras que por todo el empeño del mundo no salen adelante como uno deseara. Pongamos que hablamos de Tom Boonen. Estrella rutilante, emblema de Flandes, embajador belga, que en sus primeros años logró lo que con el tiempo, más experiencia, mejor cuajado y casi formado no logra rematar.

Tiempos felices
Y es que Tom es el vivo ejemplo de cuán dañino es el deporte, la fama y el estrellato cuando las progresiones no siguen esos ciclos que definimos ineludibles. Nacido en 1980 fue precoz y talentoso en su debut. Con 21 años se colgó un dorsal y su figura ya emergía. Desde VDB no se veía insolente jovenzuelo tal disputado además por grandes estructuras como ya había pasado con el genio valón. En su segunda temporada pro ya pisó el podio para el que estaba predestinado, el del velódromo de Roubaix, que asaltaría tres años después, el de la explosión de Flecha, haciendo valer esa punta de velocidad que a pesar de no valerle el apelativo de velocista puro tantas alegrías le ha dado.
Boonen amasó un enorme palmarés, de tal grado y en tan poco tiempo que realmente abrumó a la concurrencia. Tres Roubaix, dos Flandes, campeón del mundo, etapas en Tour y Vuelta y otras doradas que jalonaban un bagaje de auténtica excepción. Por una de sus preseas algunos justificaban una carrera, él sin embargo lo tenía todo antes de los treinta.
Pero no todo es sencillo en la vida de una persona cuyo carisma que excede los límites físicos  del ciclismo. Sus positivos por cocaína han marcado su peso social, que no su valor ciclístico. Y es que siendo como el perla, joven, guapete, alto y forrado, es complicado no dejarse llevar por la línea laxa de la vida, aunque en ello lo que tengas a perder sea mucho.
En la competición varios detonantes han marcado una línea grisácea en los últimos tiempos. El primero, y creo que poco ponderado, tiene que ver con el “cabra loca” de Mark Cavendish y la que lió en un sprint de la Vuelta a Suiza de 2010. De aquel costalazo que se dio, al igual que otros como Haussler, por temeridad del británico, surgió un Boonen que físicamente no recupera el tono de antaño. No tengo constancia, al menos no soy consciente de haberle oído nunca una palabra más alta que otra respecto a Cav,  y sin embargo encierra motivos como el que más para hacerlo.
Luego está el tema estrictamente deportivo. Ampliamente superado por Fabian Cancellara en las últimas grandes clásicas, quizá le escuezan los favores prestados a su excompañero Devolder en Flandes durante dos años cuando realmente su pedaleo se mostraba poderoso. En esas ediciones Dedvolder ganó una gloria que parecía al alcance sólo de Boonen. Luego en los sprints que un día ganó le ha tocado convivir con una generación realmente prodigiosa, entre la cual sólo Pettachi sobrevive de la vieja guardia.
Con todo Boonen busca su sitio, sobretodo en el pelotón, pues Google Street ya nos los situó en la vida real. Sin la velocidad de un sprinter puro, sin el punch de Cancellara & cia en el gra fondo, papeleta compleja para “Tornado Tom”. Un país entero está pendiente de él.
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