Purito Rodríguez cierra «su» círculo en Lombardía

Joaquim fuma un purito y sopla humeantes círculos. Es pequeño, peleón, un puta. No goza de gran físico. Lo admite. Se esconde en una forma de correr que muchos etiquetan cicatera para suplir los watios de menos que mueve. Pero ama su profesión, vive por y para ella. La bicicleta es su vida. Cuando recogió el bidón con la mano izquierda y lo lanzó al encapotado techo lombardo sin importarle quien anduviera alrededor, era consciente de lo que acababa de lograr: un monumento sí, Lombardía. Soñaba con ganar Lieja y le cayó la clásica de las hojas muertas. Es un monumento al fin y al cabo.

Abrazó a su hermano Jaume Hernández pasada la meta. Demostró que si el Katusha le responde él responde. Qué pasaría en el hotel el día de Fuente De. En el momento que se vio aislado y perdió toda una Vuelta a España. Lombardía fue suya por que como en los buenos días los suyos le rodearon y le dieron las claves para en la subida definitiva abrir el hueco que sólo arriesgando como nunca pudo mantener. Hoy no ha ganado en una cuestarraca. No sé como se hizo con el Valenciaga hace años, pero no distaría mucho de la fórmula empleada hoy. “Samu sabe bajar, Nibali sabe bajar, pero los demás no somos mancos” me repitió muchas veces Purito. Camino de Lecco, en la orilla del hermosísimo paraje lacustre y alpino de cómo, lo demostró.

“No es italiano, es español, pero tiene una excelente relación con nosotros” comentaban en Gazzetta TV recordando sus triunfos en Monte Lupone de la Tirreno. Purito es querido en Italia, pues allí, en el corazón milanés, demostró cuán fuerte y entero se puede ser ante el amargo sabor de la derrota, incluso cuando ésta te llega en el último suspiro y por un puñado.

A Joaquim nada le cae gratis. Es un muy currante. Pone un plus en cada salida, en cada entrenamiento. No sé conoce Andorra sin él exprimiéndose. Con 692 puntos superó finalmente a Brad Wiggins en el UCI World Ranking cuyo podio cierra Tom Boonen. Por segunda vez en tres años Purito ha sido el mejor corredor del mundo puntos en la mano. El Tour de Pekín ya no le puede quitar nada que no se haya logado en el calendario histórico.

Habrá tiempo de analizar lo que ha hecho Purito, pero cinco días después del abandono de Freire, el ciclismo español ya tiene otro poseedor de un monumento. Complimenti.

Foto tomada de www.esciclismo.com

La humildad de David de la Cruz marca el camino

Lo tiene en la mano. David de la Cruz da el salto al Team NetApp, y quienes le conocemos lo celebramos. El joven ciclista de Sabadell podría protagonizar un anuncio de cómo la juventud española trabaja a contracorriente para demostrar que con mimbres cosidos de humildad, sacrificio y trabajo se puede salir adelante.

David es un joven de 23 años que empezó en el ciclismo tarde. Hastiado de las constantes lesiones que no le daban la continuidad necesaria en el atletismo, se dirigió al ciclismo como lugar donde proyectar sus habilidades y de paso castigar menos las articulaciones.

De mano de esos artesanos de la base, el Club Ciclista Sant Boi, creció y voló alto desde un principio. Mostraba habilidades, pero no tuvo la fortuna de la salud a su lado. Ello sin embargo desapareció este año. En su segunda temporada completa en el Caja Rural David ha podido dar la medida de sus opciones.

En la Vuelta a Castilla y León, durísima por sus condiciones climatológicas, ya se aupó entre los mejores de la general. Luego en Asturias solamente un ciclista en constante construcción como Beñat Intxausti le privó de la primera victoria pro. Hace pocas semanas David estaba entre los mejores de la Vuelta a Portugal que encaramó a David Blanco como el más grande de siempre en la ronda lusa. El éxito de Portugal conllevó su ausencia en la Vuelta a España. Una cosa por la otra. La decepción de no estar en la tercera grande del año se conjuraba con su gran actuación en el país vecino.

Aquello fue la gota que colmó el vaso.  En NetApp  lo califican de “talentoso español” y lo es. En Alemania no son tontos, no eligen al azar. Nosotros deseamos dos cosas para David. Sólo dos. Que le dejen crecer en la carretera y que tengan la suficiente vista de verle las condiciones que tiene para la pista, pues las tiene. Hace dos años en una de sus primeras competiciones en un velódromo fue campeón de España sub 23 en persecución. Incluso ha formado parte de la cuarteta catalana, y creo que también española. David tiene hechuras de pistard, encaja en el equipo de persecución y ahora que está en un país con gran tradición para con la modalidad quizá halle la opción de aumentar su etiqueta. ¿Por qué no verle en Río currando con la cuarteta?.

Los intangibles de Oscar Freire

Estaba un servidor en Ermua. Frente al televisor nos apostamos a ver el Campeonato del Mundo de Verona de 1999. La carrera quemaba ciclos, se agotaban las vueltas. Era una edición con favoritos muy claros. Jan Ullrich y Frank Vandenbroucke metían miedo. Venidos de la Vuelta, estaban en un punto dulce. En ese grupo estaban además el campeón vigente, Oskar Camenzind, y Francesco Casagrande. Todos mostraban, todos evidenciaban. Se dejaban ver en cabeza, atacaban. Siempre en segundo plano, perenne, nunca más atrás de la quinta plaza, Oscar Freire.

Aquel risueño ciclista de Torrelavega estaba en el límite. Accedió al profesionalismo sólo un par de años antes, pero el proyecto que le acogió nació para otras tantas temporadas. El Vitalicio Seguros dejaba una buena ristra de ciclistas libres y entre ellos Freire. Sabedor de que aquello estaba siendo grande se “desacomplejó”, probó primero con el campeón Camenzind y luego en esa eterna recta quedó para siempre ese ataque certero por la derecha cuando todos circulaban por la izquierda en serpenteo. Nació un hombre nuevo, un especialista en Mundiales. El corredor, el elegido, para darle a nuestro ciclismo una orientación muy diferente a la histórica.

Oscar Freire emigró acto seguido. En España no tenía sitio. El todopoderoso Mapei le llamó a sus huestes. Ya en la Milán-San Remo de 2000 nos llegó una de sus señas: siempre solo, nunca acompañado, Freire se buscaba la vida en los sprints a sabiendas de lo llamativo de su maillot arco iris.

Pero Freire tuvo mucho que agradecer a su selección en sus dos siguientes mundiales. En Lisboa, allí donde no llegaba en el mejor tono, se llevó un triunfo que tuvo mucho de Beloki, Mancebo, Luis Pérez y compañía, aunque también del propio desacierto de la selección italiana cuando Paolo Lanfranchi arruinó un ataque de Gilberto Simoni con visos de triunfar. Nuevamente en Verona, la labor de Isidro Nozal y sobretodo Alejandro Valverde en la recta final, le auparon al que muchos consideran su mejor mundial, por estado de forma, insultante en aquel caso, y dominio de la situación.

Los años pasaron, y salvo en Madrid 2005, Oscar tuvo muchas opciones de disputar su cuarto título, algo que le habría singularizado. Por lo que fuere no ha sido posible. De esta aventura de 2012 le surge el agridulce sabor de irse con bronca, algo que en el Oscar Freire despreocupado e iluminado por la ilusión del principiante hubiera sido impensable.

Porque en este viaje iniciático que el ciclismo ha sido para este corredor, Oscar Freire ha dejado muchos intangibles que el público emborrona con las palabras al final de su carrera. El consideró un atentando contra la dignidad del profesional del ciclismo las localizaciones que tanto daño han hecho en el ciclismo. De él nunca ha emanado un mal gesto en ninguna de las volatas que ha disputado, vistiéndose de sensatez cuando éstas le parecían excesivamente peligrosas. Nunca le he visto vinculado a una trama o rumor de dopaje, algo que le singulariza.

En su fuero, estoy seguro, queda que el domingo en cualquier otro país le habrían diseñado una selección a su medida y no la colección de estrellas de De Santos. Quizá por que sabe que si en Italia, en Bélgica, en Holanda tienen una baza de su calibre no dudarían en poner todos los muebles a su favor. Y eso es posiblemente lo que le quema y lo que muchos no quieren entender. Sea como fuere, ahora que ya no lo tenemos, Oscar Freire ha sido un grande con mayúsculas.

La mejor Vuelta de Alejandro Valverde fue la que no ganó

Mucho hemos hablado del primero y tercero de la Vuelta a España pero reconozco que del segundo, de Alejandro Valverde, poco hemos escrito. Y se lo merece el murciano por que liberado de corsés de antaño qué bien lo ha hecho, de verdad, al punto que en esta carrera, quedando segundo, ha ofrecido mejores sensaciones que cuando hace tres años venció en la última edición que vistió de oro su ganador.

La participación de Alejandro Valverde en esta Vuelta a España de 2012 se inició de una falsa prudencia que el paso de las jornadas quiso diluir. El líder del Movistar se destapó ya desde Arrate como el único ciclista de la formación azul con la consistencia de disputar un gran triunfo mientras los años pasan sin explosión para Beñat Intxausti y Nairo Quintana aún es muy joven.

Valverde saltó de rabia contra los Sky en la cima de Valdezcaray cuando los ingleses le pusieron en jaque en la base de la montaña riojana. Valverde se quejó de la actitud de los ingleses pero no quiso mirar que en su equipo las cosas tampoco fueron digas de loa, todo lo contrario, el desconcierto nubló el juicio de su director en un momento donde el haber arropado a su capitán le podría haber situado pero que muy cerca de Alberto Contador al final.

Haciendo uso de la retrospectiva, Valverde se ha mostrado contundente en las subidas, dio la sensación de poder que antes sólo reservaba en las llegadas. Atacó con dureza en varios puntos donde antes no le hubiéramos imaginado, incluso hizo daño, hirió. En la jornada de Fuente Dé no se entiende que no se fuera con Alberto Contador. Quizá como Purito aún se estará lamentando por no haber atado en cortó al madrileño. Como diría el cantautor mexicano “le soltó la rienda” y le ha costado toda una Vuelta.

Sin embargo su balance es muy bueno. El año de su regreso ha logrado andar incluso mejor que antes de su sanción y eso, eso, es muy grande pues otros cayeron varios escalones tras un castigo. Al final el cómputo de su temporada ha tenido una nota muy alta que sólo aspira al sobresaliente si de una vez por todas ejerce como esperamos en el Mundial esa carrera que le atribuimos desde hace nueve años y que nunca llega.

 

Foto tomada de www.biciciclismo.com & Zikliamatore

Chris Froome, una carrera a contrapié

Hace un año por estas fechas, sí más o menos por éstas, el mundo ciclístico general sabía de Chris Froome. Su primera aparición reseñable aconteció en La Covatilla. Trabajó con denuedo para que Brad Wiggins pudiera realizar su mejor exhibición en esa Vuelta y apenas se descolgó del grupo de los mejores cuando otros de los notables lo pasaban mal.

En la crono de Salamanca, Froome demostraba que su actuación en la estación de esquí no fue casual. Y en el Angliru Team Sky se convenció de que su ciclista originario de Kenia debía ser la mejor opción. Todo perfecto salvo que por el camino se les adelantó de forma decisiva Juanjo Cobo. Luego éste y Froome nos darían en Peña Cabarga uno de los mejores momentos de la carrera.

Pasaron los meses y Froome volvió a estar en forma. En Dauphiné apuntó lo que luego en el Tour confirmaría. Su potencial no sólo se quedaba en gregario de lujo. Incluso en ciertos momentos se le vio más contundente que los propios rivales de Wiggins, en otros demostró estar más fuerte que su líder. Ya en los Juegos subyugado a la baza de Cavendish, se ahogó en un desfonde físico que sin embargo no le privó de recomponerse para colgarse una medalla de bronce en la crono.

Venía a decir el otro día Juan Antonio Flecha que el Team Sky le dijo a Froome antes de arrancar esta Vuelta que si era tan bueno debía demostrarlo ahora. Aunque se detecte un contenido perverso en esa invitación, no dejaba de ser la gran oportunidad de Froome. Hablar con hechos en la carretera lo que en muchas ocasiones dejó entrever, a veces incluso rozando la humillación pública de su líder llamado Wiggins cuando esperándole en las cuestas alpinas y pirenaicas poco menos se ofreció a empujarle.

Sea como fuere a Froome la vida le vuelve a tratar a contrapié. Sí, llegó a la Vuelta con toda la ambición del mundo pero sus piernas no acompañaron y salvo un movimiento desesperado, que en caso de Team Sky no es descartable al 100%, finalizará cuarto.

Que su equipo le ofreciera esta carrera como el premio de consolación a tantos sacrificios por terceros no dejaba de ser una trampa que Froome estaba obligado a accionar aún y a riesgo de pillarse los dedos. Su consistencia se ha venido abajo por una pura ley física que habla de la imposibilidad de mantener un tono tal tantas semanas. Sin embargo Froome acaba cuarto esta carrera y ello es un resultado que habla de su talla profesional. A pesar de lo mucho que hemos leído sobre “la Vuelta, para los españoles”, y que así está siendo, es de recibo reconocer el homenaje que a la carrera le ha hecho este inglés que en su día se dio a conocer en la misma.

 

Foto tomada de www.biciciclismo.com & Zikliamatore

Caer con grandeza está al alcance de unos pocos y Purito Rodríguez

Camino de Fuente Dé, en la Collada de la Hoz, ese ataque de Alberto Contador, que no hemos visto por televisión y sí por fotografía de Tim De Waele, fue mucho para Purito Rodríguez.

A parte de los gustos que muchos de vosotros me habéis identificado, creo que la Vuelta, más bien su desenlace, ha sido muy dura con el catalán. Joaquim es un tipo de barrio, criado en un ambiente del que no quiso contagiarse por que la bicicleta le enamoró más. Creció poco a poco hasta que le llegó el momento de bifurcar. Ser cola de elefante o cabeza de ratón. Eligió lo segundo. Se marchó, muy bien pagado, con los rusos del Katusha y dudo mucho que un equipo esté más satisfecho con una incorporación como la de Purito.

Tres años después de tomar esa decisión, Joaquim se ha visto en una tesitura que su minúsculo cuerpo nunca se hubiera imaginado: la posibilidad de ganar una gran vuelta. En el Giro le faltó lo mismo que ha echado de menos en la Vuelta: motor.

Se le ha tachado de “amarrategui”, de huraño, de resultadista, de beneficiarse de un sistema de bonificaciones abierto a todo el mundo –qué no diría Leipheimer de la Vuelta que perdió con Contador por ellas-. Una de las grandes virtudes de Purito, aquí comentadas más de una vez, es que no se anda por las ramas. Él ha corrido como ha corrido por que no le quedaba otra. “No tengo motor para grandes alardes” vino a repetir más de una vez.

Un día, otro y al siguiente, cada vez que la carrera casi reculaba marcha atrás en las cuestas del 20% quien ejecutaba el guion que le correspondía era Purito. Alberto Contador ejecutaba con idéntica torpeza una sucesión de ataques que sólo alimentaban las esperanzas de su rival  al punto de hacerle creer pies juntillas que la Vuelta era suya.

Sólo cuando Contador ejerció con la categoría que le corresponde quedaron patentes las diferencias entre ambos, que las hay. “Ha ganado con dos cojones” sentenció el del Katusha transmitiendo una categoría humana y un saber estar que sinceramente, me perdonaran los colores, merece un premio mayor, que posiblemente no sea el que se acabe dilucidando en la Bola del Mundo, pero sí para futuras ediciones.

 

Foto tomada de www.biciciclismo.com

Las mil decepciones de Igor Antón

Os voy a contar una interioridad. El primer post que escribí sobre Igor Anton, hace unos meses, me sirvió para darme cuenta de que el blog crecía e influía más allá de lo que un servidor creía. Lo que dije fue esto, ya ves tú.

Vaya la que está liando

Durante la jornada de descanso de la Vuelta, Igor Antón comentó que ser quinto viendo los cuatro primeros de la general sería un excelente resultado. Yo soy director del Euskaltel y rompo a llorar. Un ciclista, cuyo caché no sé pero entiendo que no será pequeño, que ha generado tantas expectativas, que prácticamente ha centrado su año en la carrera que le ocupa –mientras esos cuatro que cita ya vienen con deberes hechos-, no puede demostrar tal nivel de autocomplacencia.

En Eusklatel las figuras desde que Anton ganará en Calar Alto hace cinco años han salido a razón de una o dos al año. Han exportado talento a equipos rivales y foráneos y no descuidado el planteamiento de inicio: todo a la base. Con ello han conformado un grupo humano a su alrededor fiel hasta la saciedad. En el Tour cada año lo vemos, y allí ciclistas de cuño naranja emergen para enloquecer a los suyos. La carrera que hizo Gorza Izaguirre y también Egoi Martínez sostuvo ese argumento este año. Si miramos atrás veremos otros nombres. Allí, en el Tour, Igor no quiere ni aparecer.

En este maraña de artesanía, enredada en la globalidad de un deporte que crece con acento anglosajón, Anton no es consciente de la suerte que tiene y de que en otro equipo le habría puesto las pilas, como creo que habrán hecho con Luis León Sánchez en Rabobank.

El año pasado usó el Giro para explicar su rendimiento en la Vuelta. Este no lo ha corrido, pero afirma no tener el punto de 2010, esa carrera en la que siempre figurará como ganador moral. El año pasado desconectó y se dedicó a su labores hasta que hizo su “bilbainada”, ganado una etapa en la que el sentido táctico de Marzio Bruseghin dejó mucho que desear. Quizá el italiano embriagado por el tremendo pasillo se dejó llevar y se vio naranja.

En esta Vuelta Igor no ha perdido aún las opciones de hacer algo grande. Los que tiene por delante seguro no han mostrado la debilidad que él sí ha aireado, sin embargo no están exentos de ello. Con todo decir que ser quinto es una buena opción, sería para hacérselo mirar.