Clasificaciones secundarias del Tour: la desigual lucha por el verde y la montaña

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La situación de las clasificaciones secundarias en el Tour dibuja la realidad de la carrera

En el Tour más raro, y decepcionante para muchos, de los tiempos recientes la lucha por las clasificaciones secundarias están teniendo su miga.

Si parece que a Movistar, el inexcusable objetivo de la clasificación por equipos parece un hecho consumado, y el blanco de Pogacar parece obvio, en la montaña y el verde, las cosas están más en el aire.

El primero, el emblemático «polka jersey» tiene las horas contadas sobre la espalda de Benoit Cosnefroy, quien en la vida pudo imaginar subir tantos días seguidos para recoger el maillot de la montaña.

Y es que en cierto modo, la falta de combatividad que se achaca a los ciclistas en este Tour tiene reflejo en una clasificación cuyo liderato lleva días agonizando en manos de un francés que es de todo menos escalador.

Corredores como Daniel Martínez, Hans Peters, Lennard Kämna o Marc Hirschi han priorizado la etapa de rigor que el maillot a topos.

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Seguramente Pierre Rolland intente atar una pieza que creo ya vistió tiempo atrás y luego viene los mejores de la general, que sólo con llegar delante en las etapas importantes podrían optar a progresar.

Sin embargo, es lamentable que una pieza histórica, que han vestido Van Impe, Virenque, Lucho Herrera… y compañía malviva con un ciclista que, con todos los respetos, no lo hubiera imaginado vestir en la vida.

Cosa diferente está siendo el verde, un color que Peter Sagan ansía para su vitrina y para el que está disponiendo una estrategia de equipo digna de defensa del amarillo o de ganador de etapa al sprint.

Su lucha con Sam Bennett se vio lastrada por la descalificación del otro día, seguimos pensado que lo de Sagan a Van Aert fue una «cerdada» por muchas veces que se vea en otros sprints.

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Sin embargo, Sagan no escatima y quiere que el irlandés se vaya con la sensación que la prenda no se la han regalado.

En Bora hay ciclistas que están volando solos, tipo Kämna o Schachmann, pero Peter Sagan sigue pensando mucho y lo que cuesta este corredor merece todo el apoyo.

Si en la primera semana de Tour, lamentamos ver a Sagan tan lejos de los mejores, ahora es un ciclista que disputa entre ellos y quién sabe hasta en París, igual da la campanada.

Si sigue en esta progresión, su Giro puede ser un show, mientras ha dejado sello en el Tour, llevando al filo los arranques de etapa y sumando desgaste y nervios a los mejores de la general.

© BORA – hansgrohe / Bettiniphoto

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Casi nadie gana un Tour por casualidad

Egan Bernal Tour JoanSeguidor
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Sentenciar que Bernal no mereció ganar el Tour del año pasado es oportunista

Está claro que la historia tiene todo tipo de ganadores y el Tour no es excepción.

Como se dice el Tour sólo lo gana uno y es complicado, por no decir que excepcional, que se lo lleve uno que no estaba en los pronósticos o que no lo haya merecido.

Si miramos atrás podremos ver algunas rarezas, el de Oscar Pereiro, ganado en dos actos, por una larga escapada y en el despacho por el positivo de Floyd Landis, o el mítico de Roger Walkowiak que lamentó mil veces conseguirlo, pero no muchas más.

La historia oues tiene todo tipo de ganadores, llegar a ganar un Tour es complicadísimo, repetir os podéis imaginar lo que implica.

Viene todo esto a cuento sobre lo sucedido con Egan Bernal en el Grand Colombier y lo que hemos leído.

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Comentarios, y no pocos, hablando de regalo, de Tour caído del cuelo, como si Egan Berbal no hubiera hecho nada bien por ganar el Tour de 2019.

En este mal anillado cuaderno siempre hemos sido de quedarnos con lo que ha sucedido en la carretera, todo lo demás son castillos en el aire.

Pensar en lo que pudo ser es humano, pero cuestionar como por ejemplo se cuestiona sobre el pasado Tour no es de recibo, menos ahora, cuando a Egan Bernal se le escurre el plan para renovar la corona del Tour.

El año pasado en el Iseran, cuando sólo quedaban los más fuertes, cuando cedía la resistencia numantina de Alaphilippe, Egan Bernal empezó a marcar las diferencias, entre páramos alpinos a más de 2500 metros de altitud ante un grupo en el que Geraint Thomas esperaba la reacción de un tercero.

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Luego vino la tormenta y se acabó, pero hasta que la circunstancia sucedió, Egan Bernal iba primero y punto.

Decir que ese Tour no era merecido es una cantinela que nos suena, por ejemplo se utilizó mucho en el que ganó Nibali hace seis años, o en la Vuelta de Horner o el Giro de Hesjedal.

Uno no gana una grande por que le caiga del cielo

Una gran vuelta es una sucesión de tantas cosas, se requiere tanto, que hablar de casualidad o de inmerecido es cruel, pero sobre todo oportunista cuando las cosas van mal dadas.

Sin embargo es un ejercicio que cada poco llama a la puerta, como si esto dependiera de un golpe de suerte más allá del innegable talento que se necesita.

En fin, que a Egan, le quedan muchos tiros por dar…

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El Tour en Villard de Lans: ¿Alguien emulará a Laurent Fignon?

Tour de Francia - Laurent Fignon JoanSeguidor
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En Villard de Lans Fignon salió a morder el Tour tras hundirse en el Ventoux

Etapa de recuerdos nítidos, Villard de Lans, un lugar que no es el más duro de los Alpes, ni el más conocido, pero que para los amantes del Tour es recordar ciertos tiempos y nombres.

La escapada de Fabio y Lucho, la de Roche y Perico, el amarillo de Perico, la crono de Breukink…

Villard de Lans fue un sitio clásico en los Tours a caballo de los ochenta y noventa, creo que desde entonces no se ha vuelto a prodigar, con esa silueta tan típica, una subida larga, un falso llano matador y el pico final.

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Traemos un extracto del libro de Laurent Fignon, «Éramos jóvenes e inconscientes«, narrando parte del Tour 1987, y en especial las etapas del Ventoux, la que gana Bernard en una cronoescalada que le debió dejar seco para lo que quedaba de carrera, y el final de Villard de Lans, donde el enfurecido rubio armó trisca de la buena, cabreado y frustrado por su hundimiento en el monte pelado.

A aquella fiesta se unieron otros, Perico, Mottet, Roche ante la debacle de Jeff Bernard….

En aquel Tour me sentía asfixiado. Hasta que llegó la muy famosa cronoescalada al Mont Ventoux. Cima mítica. Escenario de todas las representaciones ciclistas. Teatro majestuoso. Frontera simbólica norte-sur. Santuario en memoria de Tom Simpson. Es allí donde Jean-François Bernard llevó a cabo su conocida hazaña, cayendo entre lágrimas en brazos de su gurú, Bernard Tapie, nada más cruzar la meta. El patrón: padre y dueño, contando sus dividendos y centrando en su persona las cámaras del prestigio. El corredor: falso hijo y verdadero esclavo, firmando allí, en el altar de sus sacrificios, el apogeo de una carrera que llevaba en sus genes su propia decadencia antes de hora…

En aquella subida invadida por una multitud histérica yo había decidido poner toda la carne en el asador, absolutamente toda. Estaba concentrado, motivado, tenía sed de victoria. Desgraciadamente no pasó absolutamente nada. Mi golpe de pedal era el de un cicloturista. El vacío, la nada. Todo se aflojó de golpe. Demasiada emoción, demasiados problemas. ¿Qué más puedo añadir, aparte de exhibirme al desnudo? Resultado: 64 de la etapa, a casi 10 minutos de Bernard. Estaba consternado por mi rendimiento.

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Mi hijo había nacido el día antes.

Estuve a punto de irme para casa.

Durante la subida, algunos espectadores que conocían la noticia me gritaban: “¡Venga, papá!”. Aquello era violento. No avanzaba, iba sufriendo, era el Ventoux.

Al entrar en el minibús de meta me hundí. “No lo conseguiré”. Lejos de las miradas, lloré durante mucho rato.

Aquella tarde me crucé con un periodista en el hotel y me preguntó: “¿Bernard es su sucesor?”. Le contesté: “Eso quiere decir que usted ya me ha enterrado, ¿no?”. Él: “Igual sí”. Yo: “Entonces tengo un motivo más para demostrarle que se equivoca”.

Estaba en un estado de rabia absoluta. Tenía la clara impresión de que aquello era el fin, que ya no estaba en mi sitio. Más adelante me di cuenta de que, decididamente, tenía necesidad de tocar fondo antes de levantar cabeza. Profundizar en la angustia antes de remontar.

Tras el Ventoux y sus episodios hirientes de ninguna manera podía abandonar. Quería demostrar a todo el mundo que todavía podía asombrar. Estudiamos el perfil de la etapa siguiente y decidimos saltarnos el avituallamiento. Volvíamos a entrar en acción. Aquel día Bernard lo perdió todo. Sus compañeros de equipo quisieron llevarlo hacia delante inmediatamente, pero él, nada alterado, dijo que no, afirmando: “Hay tiempo para empalmar”. Grave error. Por delante se había formado una gran coalición…

Tour Villard de Lans

En un ataque de orgullo yo me había vuelto a encontrar con unas piernas más o menos decentes. Mi cólera se cebó también con aquellos malditos pulsómetros: apagué el mío para no ver más la información. La cosa me fue más o menos bien. Al día siguiente, en el Alpe d’Huez, acabé sexto. Y al otro día gané en La Plagne una etapa prestigiosa. No obstante, recuerdo que no rodé a fondo. A ver, no me merecía quedar totalmente fuera de juego en aquel Tour. A pesar de haber corrido muy mermado conseguí en París la séptima plaza de la general, con un retraso de 18 minutos: más o menos lo que perdí en las contrarrelojes. Mi regularidad en montaña había sido significativa.

Dos o tres días después de la etapa de los Campos Elíseos, tirado en un sofá, me pregunté seriamente sobre mi capacidad para volver a ganar el Tour…

Imagen: FB Le Mont Ventoux

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Las exhibiciones de Filippo Ganna dan miedo

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La crono final de la Tirreno de Filippo Ganna es un hito que no puede pasar desapercibido

En la jornada de descanso del Tour de Francia el ciclismo miró en exclusiva al epílogo de la Tirreno-Adriatico, en uno de los clásicos de marzo reconvertido para septiembre, la crono de diez kilómetros en San Benedetto del Tronto con un resultado firmado por Filippo Ganna que se explica por sí solo viendo el histórico de esta «prueba del algodón».

No es la primera vez que hablamos de Filippo Ganna en este mal anillado cuaderno, un corredor que hace de la crono un arte tal que sublima lo que ciclistas como Wiggins o Dumoulin ya habían escalado a la máxima expresión, en los tiempos recientes.

Un resultado que se explica por sí solo viendo el histórico, Filippo Ganna habría apalizado en este epílogo de la Tirreno-Adriatico a Fabian Cancellara, Rohan Dennis y Victor Campenaerts, quien por cierto fue segundo a 18 segundos del campeón italiano en la modalidad, un campeón que por cierto luce un buzo precioso e impecable que habla del orgullo que exhibe por ser campeón de su país.

Pero no sólo eso, Filippo Ganna ha enviado a Geraint Thomas al medio minuto en una comparativa que nos viene muy bien hacer para explicar los orígenes pistards de Ganna y cómo los ha trasladado a la ruta.

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Unos orígenes que, visto ahora, son fruto de un circulo virtuoso, pues Ganna le ha sacado todo el provecho de la pista para rendir en la carretera y al revés.

Filippo Ganna es fruto del excelente trabajo de la selección italiana de pista y encabeza una cuarteta en la que si Viviani se recicla, junto a otros como Jonathan Millan, puede dar la sorpresa en Tokio 2021.

🚀 Filippo Ganna VINCE la cronometro individuale, Tappa 8 della #TirrenoAdriatico EOLO!

Posted by Tirreno Adriatico on Monday, September 14, 2020

Cuando preguntamos por los réditos que la pista le ha dado a Ganna en la carretera, Jaume Mas nos lo resume rápido.

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Empieza por esa técnica perfecta, es uno sobre la bicicleta, una aerodinámica escandalosa y un pedaleo redondo, cuya elegancia no admite discusión.

«La planta da miedo» dice, ya daba miedo diría, y a ello se ha añadido el trabajo del Ineos.

Luego viene la gestión del esfuerzo, una habilidad que la pista te pone en bandeja, perfecto para trazar un plan y llevarlo a su fin con aplastante naturalidad,

Ojo que Ganna batió no hace mucho el récord de los cuatro kilómetros en pista, dejándolo a las puertas de los cuatro minutos, una bestialidad, a sesenta por hora, muy por debajo de lo que otra leyenda como Chris Boardman marcó en su tiempo.

El británico hizo 4´12″, mirad por donde camina Ganna.

Ha iniciado un círculo virtuoso, tiene 24 años: la pista beneficiando la carretera y viceversa, un corredor que crece a pasos agigantados, que impone y rubrica este tipo de obras de arte, aunque pasen desapercibidas entre tanto ruido y tanto Tour de Francia.

Imagen: @Tirrenadriatico 

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¿Qué Tour le queda a Movistar?

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La general por equipos y el top ten de Mas son objetivos muy de Movistar para el Tour

Sobre el Movistar en este Tour cabe decir que las cosas están mejor que hace una semana y bastante mejor que en la previa de la mejor carrera del mundo.

La versión de los azules hace justicia a su historia, mejoran con el paso de los días, cuando el fondo empieza a imponerse al ritmo que el cansancio atenaza los ánimos.

En la general progresa Enric Mas, siempre persiguiendo en los Pirineos, pero muy fiable en lo que hemos visto de Alpes, no lejos de los mejores, incluido los eslovenos.

Siempre con esa pose sufridora, de trabajo de hormiguita, recordándonos mucho al que acabó segundo en una Vuelta a España, hace dos años por estas fechas, emergiendo según los otros se iban descolgando de los primeros.

No ocultaremos que creemos que a Enric Mas le hace falta algo más para estar delante del todo, igual que pensamos que en este ciclismo brillar es complicadísimo, pues el nivel lo estamos viendo a diario, con un equipo que no domina, directamente derriba la fortaleza y moral de los rivales, donde Tom Dumoulin, Wout Van Aert o Sep Kuss llegan con los primeros, o cerca de ellos.

Dijimos hace unos días que no podíamos entender cómo Enric Mas argumentaba el ritmo para explicar su inacción, los Jumbo hacen su trabajo y para Mas y los suyos la clave está en desmontarlo, pero cabe reconocerle al mallorquín que va ahí, en vagón de cabeza, ya no persiguiendo como en los Pirineos, demostrando que empieza a conocer la carrera, cosa que, aunque extrañe a muchos, nos alegra.

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Como nos alegra ver a Marc Soler en las fugas, la pieza más obvia para el Movistar si no quiere irse sólo con el premio de todos los años, la general por equipos del Tour, que entiendo que en la casa madre debe ser un orgullo casi celeste, pues llevar el casco amarillo a veces parece el primer y único objetivo de los Unzué.

En todo caso, Marc Soler ha reinterpretado, como Carlos Verona, el papel del equipo en la carretera, una vez ven que la general individual, al margen de Mas, está fuera de todo alcance.

Hay muchas formas de alcanzar el liderato por equipos.

Recuerdo la ONCE en el Tour del 90, que se quedó a puertas de lograrlo, venía de ganar las generales de Vuelta y Giro y el Z de Greg Lemond les privó de la triple corona.

Aquel equipo estuvo a punto de ser el mejor del Tour a base de escapadas, de ataques y protagonismo, con etapas firmadas por Chozas y Lejarreta.

Eusebio Unzúe prefiere un perfil bajo y a este equipo le cuesta horrores interpretar movimientos tipo los del Sunweb o desplegar el olfato de Deceuninck para cazar escapadas, cada uno tiene sus virtudes.

En todo caso, la segunda semana ha dado otro brillo a la actuación del Movistar, que camina por delante de Ineos Grenadiers para gozo de alguno de sus incondicionales.

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Sea como fuere, los celestes siempre tienen quienes les blanqueen.

En este caso se habla de Perico, quien recordamos lleva el logo de la telefónica en el pecho, pero no es más que la punta del iceberg en una prensa que acude en corrillo cada vez que el bloque los necesita.

Las explicaciones de Javier Ares sobre los Sram para argumentar el pobre rendimiento del equipo durante el primer mes largo de temporada y parte del Tour sonrojan a cualquiera.

Hasta Alberto Contador le ha tenido que recordar que el mejor Tour de Richie Porte se está produciendo con ese mismo grupo, quizá a Javier Ares le dé cosa decir que el problema parte directamente de los mecánicos del Movistar, otra cosa es complicado entender.

De cualquiera de las maneras, la mejor noticia para Movistar en el Tour es Enric Mas, y cómo progresa, otra cosa sería preguntarse a qué ha acudido Valverde a Francia.

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Correr con Van Vleuten no está pagado

Annemiek Van Vleuten
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Fichando a Van Vleuten, Movistar incorpora una profesional ejemplar de la que disfrutar y aprender

El pasado 31 de agosto multitud de medios españoles, incluidos medios generalistas, se hicieron eco del fichaje de la campeona del mundo Annemiek van Vleuten por Movistar Team.

Fue la noticia ciclista del día; el equipo y el ciclismo femenino estaban de repente en boca de todos, algo poco habitual en esta categoría.

La magnitud del impacto inicial fue innegable.

Pero, más allá de las primeras impresiones, ¿cuáles podrían ser las implicaciones a todos los niveles de este movimiento? Se ha especulado mucho sobre hasta qué punto puede ser beneficioso -o todo lo contrario- para el ciclismo femenino español y para el resto de corredoras del Movistar.

Una cosa está clara: quien piense que Van Vleuten llega a Movistar para disfrutar de un retiro dorado, se equivoca de lleno.

La neerlandesa es alguien de convicciones fuertes, podríamos decir que incluso atípicas, en algunos casos.

Un ejemplo elocuente de ello fue su respuesta a una pregunta del periodista australiano Matthew Keenan, a finales del 2016.

Preguntando sobre la situación financiera del ciclismo femenino, y lo injusto de la diferencia con el masculino, Van Vleuten dio un sorprendente giro a la argumentación afirmando que «el problema es que, en general, los deportistas ganamos demasiado dinero«.

En una línea similar, un año más tarde, mencionaba a la revista neerlandesa De Muur su postura en contra de la existencia de premios económicos por ganar carreras.

«El premio debería ser únicamente la satisfacción personal por el rendimiento y el triunfo, no el dinero»

En resumen, que el soporte económico de las corredoras ha de venir por la implantación de un salario mínimo decente -que por entonces no existía en absoluto-, el cual tendría que ser el asunto primordial, y no por premios.

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En este sentido podría cuestionarse si los mismos premios para mujeres y hombres, que carreras como la Prudential Ride London Classic anuncian a bombo y platillo, son tan importantes cuando esa misma carrera diseña un recorrido que por distancia y dificultad se queda demasiado por debajo de lo que habría que exigir a una carrera World Tour; una situación que desafortunadamente no es una excepción en el calendario femenino. Pero esa es otra historia.

La motivación de Annemiek van Vleuten siempre ha sido el seguir progresando

Pulir detalles, mejorarse a sí misma.

La victoria es el premio que llega como consecuencia de eso, pero no es el motor principal que la mueve.

Por eso la hemos visto muchas veces trabajar para sus compañeras en Mitchelton-Scott.

Tirando en el llano para favorecer las opciones en el sprint de Jolien D’hoore, Sarah Roy o Gracie Elvin, ciclistas rápidas.

Sacando partido de la vigilancia que hay en torno a su figura para crear situaciones tácticas favorables para su equipo en carreras más duras, algo que sus todavía actuales compañeras Amanda Spratt y Lucy Kennedy han sabido aprovechar muy bien.

Vienen a la mente, como ejemplos, los triunfos de Spratt en la Emakumeen Bira de 2018 o los de Kennedy en Durango y San Sebastián en 2019.

O el podio de Spratt en el Giro 2019, para lo cual la propia Van Vleuten trabajó en primera persona, yendo de líder, y muy probablemente sacrificando aquel día sus propias opciones de victoria de etapa por ello.

El mismo día que se anunciaba su fichaje por Movistar, Darach McQuaid, presidente de Mitchelton-Scott, decía estas palabras sobre Van Vleuten: «No es solo el hecho de que gane carreras, sino cómo lo hace. Es genial para las otras corredoras del equipo porque es una persona inspiradora y hace que todo el grupo mejore. Incluso en Niza el sábado [durante La Course], viendo lo emocionados que estaban los chicos viéndola competir… es inspiradora y transformadora«.

Difícil pensar en un mayor halago que ese, especialmente cuando se sabe que vas a dejar el equipo.

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En carrera, la presencia de Van Vleuten condicionará fuertemente el papel del resto de ciclistas del Movistar, que será muy diferente al que han tenido hasta ahora.

Perderán algunas de sus oportunidades individuales para brillar, pero surgirán muchas otras, y colectivamente serán mucho más fuertes.

Es lo que dice la experiencia de su paso por anteriores equipos.

Para alguien como Sheyla Gutiérrez, que ya a finales de 2018 afirmaba en una entrevista a Marca que la neerlandesa era su faro, su ejemplo a seguir.

Dijo: «Admiro a Annemiek van Vleuten, sé como trabaja y la admiro mucho«, por tanto será un inmenso honor, y un impagable aprendizaje, correr junto a ella.

¿Y sobre el ciclismo femenino español en general?

Quizá esto sea más difícil de valorar, más indirecto.

Pero de lo que no cabe duda es de que Van Vleuten es también alguien con mucha vocación didáctica y con especial interés por el cuidado y el desarrollo del ciclismo base.

Fuera de temporada y en periodos largos sin competición, cuando está en casa, acostumbra a dar charlas y a organizar salidas en bicicleta, tanto con niños como con adultos.

También durante su periodo de entrenamiento en altitud en Colombia, en la pasada pretemporada, tuvo tiempo para alguna conferencia didáctica para niños deportistas.

Si buscamos un ejemplo más tangible, su subasta benéfica con el fin de que todos los niños de un club ciclista local pudieran tener su bicicleta fue todo un éxito.

Y si se nos permite concluir con un párrafo más subjetivo, cualquiera -sea hombre o mujer- que vea competir a Van Vleuten, con esa oda al ciclismo épico que es su manera de afrontar las carreras, con esos ataques sin mirar atrás, unidos a su actitud y profesionalidad, debería sentir ganas de poder hacer lo mismo.

Si el ruido mediático del fichaje ha servido para que alguien más haya descubierto el ciclismo femenino en España, ya se habrá dado un primer gran paso antes incluso de empezar a vestir los colores del equipo telefónico.

Por Sául Miguel

Imagen: FB Giro Rosa

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No entiendo el linchamiento a Egan Bernal

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Egan Bernal ha perdido este Tour, no los que no se han corrido aún

Leo asombrado el serial de comentarios despectivos hacia Egan Bernal tras la llegada del Tour al Grand Colimbier.

Y no sólo de aquí, de algunos españoles, también desde Colombia, cosa que no acertamos a entender.

Nos consta por varios sitios que no son días fáciles en Colombia, muy agitada en lo social, también sacudida por la pandemia, un cóctel perfecto para que los deportistas de ese país estén en el disparadero más que nunca.

Hace un par de días los cuatro mejores colombianos que habían venido al Tour estaban a un suspiro del líder, eran Bernal, Nairo, López y Urán.

El Grand Colombier ha sacudido la general, ni Nairo ni Egan Bernal están para ganar este Tour, una sacudida que se vino encima lejos, muy lejos de meta, a más de diez kilómetros de la cima, cuando quedaban cinco Jumbo al frente del grupo de los mejores y atendiendo al ritmo de Wout Van Aert.

La tragedia se mascaba, los segundos que les cayeron a ambos no lo hicieron a la misma velocidad, Nairo limitó los daños, sigue en el top ten, a Egan Bernal el Tour se le ha ido más allá de los ocho minutos, fuera del top ten.

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Lo cierto es que el dorsal uno no estaba dando las mejores sensaciones, de hecho cundía la impresión que sus rivales le estaban perdonando la vida, como sucedió en Ocieres y en el Mont Aigoual, etapas en las que el Jumbo se limitó a marcar su tempo y poco más.

En el Marie Blanque, Egan Bernal se agarró, sin embargo al Tour, nos hizo creer que los motivos que le llevaron a abandonar el Dauphiné y a pedir la hora en las primeras cimas del Tour habían desaparecido.

Eso es lo que tienen los ciclistas de este nivel, que a poco que estén bien, maravillan.

Pero Egan Bernal no estaba, ni está, bien.

La primera llegada en alto seria, pertrechada de otras dos subidas tipo Tour en el corazón del Jura, ha desnudado los peores temores.

Se quedó lejos, mucho, demostrando que el punto de forma óptimo que en su día Team Sky le procuraba a sus ciclistas no se ha dado esta vez, ojo que puede ser el segundo Tour que pierden desde 2021, ya ha llovido.

¿Qué ha fallado para el colombiano?

Tendrán que verlo, algunos hablan de esos entrenamientos apocalípticos como uno de los motivos, aquí podríamos hablar de lo humano y lo divino que poco o nada nos acercaríamos a la verdad por que en el fondo sólo ellos la conocen.

Por cierto, el confinamiento ha sido para todos.

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Otra cosa son las reacciones, que me parecen desproporcionadas.

Entiendo el sobrecoste que implica llevar la bandera colombiana a las mejores carreras del mundo, la exigencia es máxima: «En Colombia se le pide más a los deportistas que a los políticos» me cuentan.

Lo puedo creer, pero no puedo compartirlo.

Tirar por tierra a Egan Bernal, todo lo que ha hecho, llegar a decir que el Tour del año pasado le tocó en una rifa, como si la tormenta que paró la etapa clave no fuera para todos, decir que es flor de un día, que se acabó, decir todo eso es de una injusticia monumental.

Si algo ha tenido Egan Bernal, que ya no será «el chico maravilla», es una progresión meteórica que hay que respetar y poner en valor precisamente ahora, corriendo de forma tan admirable siempre, atacando sin guardar, entrando en abanicos, remando fuera de su zona de confort -disputando todo lo que se le cruzara- y cultivando un palmarés que muchos querrían a los treinta.

Menospreciar lo que ha logrado Egan Bernal, es menoscabar el ciclismo en sí, no valorar el talento puro y virgen que fue reclutado por el mejor equipo del mundo para lograr las metas que ya ha empezado a conquistar.

El Tour 2020 posiblemente ya no esté a su alcance -ojo no haga «un Froome»- pero le quedan muchos para enmendar la plana y además él siempre podrá decir que ya tiene uno, ganado con lo que se dio en ese momento y siendo el mejor cuando le tocó serlo.

Para Bernal, esto no ha hecho más que empezar.

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Tour: En Grenadiers y Sky nunca hubo un plan B

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Ni Froome ni Geraint habrían salvado la quema del Grenadiers en el Tour

El ser ventajista es algo muy común en el siglo XXI y con las redes sociales, una norma, nosotros a veces somos los primeros en serlo, hoy toca hablar de Grenadiers en el Tour.

Al acabar la debacle de Egan Bernal y con todo el equipo en el Grand Colmbier, emergió el «Froome» como TT en España, recordando la polémica decisión del equipo británico antes del Tour, cuando Grenadiers dejó a Froome y Geraint fuera de la lista de la carrera.

Está claro que en este pelotón, nada impone más que el nombre de Chris Froome, el inglés ha sido látigo de la mejor carrera del mundo durante cuatro años, más un quinto en el que Geraint le tomó el relevo.

Decir Froome es decir Tour, azote y control, dominio del Sky, luego Ineos, finalmente Grenadiers, pero una cosa es la imposición pasada y otra es la presente.

El inglés no es la sombra del corredor que aplastó rivales años atrás, ni siquiera el que abordaba el Dauphiné del año pasado cuando se estrelló entrenando para esa crono.

Que Froome recupere su punto de pedal no es sencillo, aunque no imposible.

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Tanto él como Geraint ya demostraron en Dauphiné que su nombre no les iba a garantizar una plaza en el ocho del Tour.

Dudamos mucho, muchísimo que hubiera cambiado el cuento de lo visto en el Grand Colombier con ellos en el pelotón, en todo caso habrían intentado seguir el grupo cuando el filtro se llevó por delante a Bernal y poco más, pues los Jumbo son la horma de los Ineos, para desgracia de esos.

Ojo, que seis años después, Grenadiers, antes Sky, ayer Ineos, no va a ganar un Tour de Francia.

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Y ahora surgen preguntas, dudas que flotan en el ambiente: ¿A qué se va a dedicar ahora Grenadiers en el Tour?

La experiencia nos dice que el plan B no existe en los ingleses, si no disputan la general del Tour, les queda una vacío tan grande que amenaza con tragarlos, y no es exageración, recordad el Tour 2014, cuando Froome abandonó a puertas del adoquín, hubo una reacción de Geraint y Porte por detrás, iban como motos, pero acabaron disueltos en la general.

Nos cuesta mucho creer que Grenadiers se acabe con las opciones de Egan Bernal en el Tour, tienen un bloque soberbio para meterse en fugas, filtrarse en cortes o romper la carrera a su favor.

El Tour es tan grande que puede contentar a todos, pues la general la gana uno, si a Movistar le rogamos cambio de chip para evitar que un top ten colmara sus propósitos, ¿qué no podríamos pedirle a los ingleses?

Luego ya vendrán las explicaciones de porqué sus líderes no han dado la medida este año tan complicado para todos, no sólo para ellos.

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