Ya está aquí, ya llega Contador….

Bueno pasaron los dos, sí dos, años de sanción para Alberto Contador. El otro día me decían “¿pero ya vuelve Contador? ¿No le habían impuesto dos años de sanción?”. Uno al final no sabe bien qué responder sobre tal desaguisado. El ciclismo, que tanto triunfa en la amalgama olímpica, surgiendo de entre todas las modalidades, sigue siendo el resto del tiempo, un hazmerreír.
Sí. Alberto Contador cumple este 6 de agosto con la penitencia impuesta. Dos años de sanción por un positivo que debió surgir entre bambalinas hace dos años por estas fechas. Dos temporadas con una de ellas ya consumida y parte de la otra iniciada. El TAS falló contra los intereses de España, como lo hizo en el caso Mullera de atletismo, donde al menos el COE tenía un interés muy especial en deshacerse del atleta.
Claro, fallar tan tarde tiene eso, que tienes a un ciclista compitiendo clandestinamente una temporada entera desvirtuando la competición y tejiendo redes y adversidades sobre otros competidores. Una adulteración de la competición comparable al dopaje, aunque propiciada por los propios organismos que teóricamente manejan. Si se castiga al deportista por sus erratas, ¿por qué quienes dirigen el cotarro carecen de toda amenaza de rectificación?.
En resumen una sanción efectiva en verdad de ocho meses, que sí le despose de todo lo logrado el año pasado, pero al tiempo le dio un baño de autoafirmación que le hizo creer más aún en su inocencia, al grado que nunca ha admitido la evidencia de un positivo fruto de un análisis reglado como elemento sancionador. Es decir vuelve sin haber admitido que por un remoto la sustancia hallada se deba a un error propio, y no conjetura ajena.
Alberto Contador ganó el Giro de Italia más vigilado que nunca, pero volver a la competición después de un periodo de inactividad es palabra mayor. Vimos muchos ejemplos de corredores que salvado su paréntesis forzado, no han sido los mismos. Todo parece indicar que Contador volverá con furia, eso tan español.  Veamos, veamos. 
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Samuel Sánchez se sigue pellizcando cuando mira la medalla

Pocos días derrumban emocionalmente a un servidor. En ciclismo escasos. Casi contados con los cinco dedos de una mano: el mundial de Olano y el primero de Freire, la crono de Luxemburgo de Indurain las medallas de los pistards en Atenas 2004 y la presea dorada de Samuel Sánchez en Pekín 2008. Aquel 9 de agosto era sábado. Caluroso. La carrera fue de mañana. Un momento irrepetible, ahí, en la gran Muralla, Samu se hizo fuerte, se nos volvió eterno.

Poco después tuve la fortuna de hablar con él de aquel día para Ciclismo en Ruta. Samu siempre atiende con una perenne sonrisa. De aquella publicación recorto la “parte olímpica”.
Dijo un día sentirse abrumado por lo que significa un oro olímpico. “Me conocen 25.000 veces más” repite. No es para menos. Le preguntamos por su actividad de actos, seminarios, presentaciones, homenajes, promociones, cenas, charlas, premios, galas y demás desde que eclosionó con su título en Pekín. Duda. No sabe qué decir, pero echa mano de la agenda, ojea, hace cuentas, le salen 30 actos. “No están todos” apunta. “Ya ves, casi un mes de actos, de aquí para allá, mareado, espero que esto acabe en breve para poder entrenar en condiciones” prosigue. “No sé decir que no” remacha. Le hemos visto competir contra un monoplaza, vestido de motero, en la presentación del Tour, en actos solidarios,… una locura tal que no le dejó, entre otras cosas, estar al nivel que él hubiera deseado en el Mundial.
Por el contrario, algo nos dice que para Samuel Sánchez este chorro de popularidad le satisface, no le inoportuna. De entre todos, destaca principalmente aquellos momentos que le han servido de homenaje intimista y cercano, el de sus dos peñas, la de Oviedo y la vizcaína de Güeñes. Homenajes en toda su expresión, con consistentes platos en la mesa, pero no en la suya. Ensalada y entrecot compusieron su menú. A pesar de tanto ajetreo no pierde el norte, él es ciclista 365 días al año.
Hace diez meses Samuel tuvo su pequeño Unai. Su errante oficio le impide disfrutar en mayor medida de él. Ello pesa en la pareja: “Es increíble lo que mi mujer –Vanessa- tiene que bregar con ellos día a día. Mi paternidad es complicada, paso mucho tiempo fuera de casa. Por eso cuando estoy en Oviedo, el oírle llorar por las noches a veces me desborda por que no sé qué hacer. La labor de las madres tiene un valor incalculable, no somos conscientes”. Su hijo mayor, Diego, fruto de un anterior matrimonio de su esposa, de siete años aprende en tiempo récord a tener un padre famosísimo. “No deja de decir, jo a Samu no paran de saludarle por la calle, es un rollo” ironiza. Al menos ha podido compartir unos días de piscina tinerfeña durante noviembre, ese bucle quizá ha sido el único que ha tenido enteramente para los suyos.
De los Juegos salió un corredor revalorizado. Ofertas y tentadoras cifras rondaron al ciclista, pero Samuel valoró el esfuerzo de la que ha sido su única casa en el profesionalismo. “Para que nos vamos a engañar, claro que he cedido en mis pretensiones, pero es que el equipo ha llegado allá a donde podía llegar, lo sé, y eso me valió. No me puedo quejar de ninguna de las maneras, mi cambio ha sido además sustancial” completa. Durante una pequeña miniconcentración a finales de noviembre en Derio, cerca del aeropuerto bilbaíno, el equipo anunciaba su viabilidad hasta el 2010 y en este pasaje Samuel debe ser actor principal.
Luces y sombras a la luz del Olimpo
El día 9 de agosto de 2008 se ha convertido en el segundo cumpleaños de este risueño ovetense. Se colgó un oro, el primero de la delegación española, que le situó allí donde ningún otro resultado te puede lanzar. “Da igual que haya ganado tres etapas en la Vuelta y todos mis resultados anteriores, aquel día pasé a ser conocido por la mayoría de la gente” admite. Y así fue, en la primera jornada de las olimpiadas pekinesas fue portada en medio mundo, en el otro medio oyeron su nombre por primera vez.
“A los Juegos iba con la certeza de que estaba muy bien”. Esa convicción nos la trasladó durante la carrera. “Fue un día con unas sensaciones increíbles, dominando en todo momento la situación, leyendo la carrera, controlando a los rivales. En esas condiciones sabía que de presentarse una oportunidad no la podía desaprovechar nunca, nunca. Cuando arrancó Kolobnev sabía ese era mi momento. De los seis que llegábamos era el más rápido sobre el papel, pero es que además tenía unas piernas increíbles” relata de esa dorada jornada. “Rebellin no me daba ningún miedo. Las veces que habíamos disputado un sprint le había batido, la última el año pasado en el Giro de Lombardía para meterme en el podio”. Su certeza fue la clave de un éxito que meses después le sigue desbordando. ¿Qué recuerda Samuel del podio? “Nada, nada, te lo puedo asegurar, tenía la mente en blanco. He visto las imágenes 1000 veces, y otras tantas que lo haré para creerme lo que ese día logré. El bello se sigue poniendo de punta”. El astur se pellizca, pero el sueño sigue. 
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Alejandro Valverde se planta ante sus fantasmas

Cuando tu cuerpo no es suficiente para contener el esfuerzo y sufrimiento que la ruta te propina, tu ser se tambalea, tus emociones te embargan y tu voz se quiebra. Nunca, desde que Alejandro Valverde pisara el terreno profesional, hace ya diez años, he visto tan perjudicado al hoy líder del Movistar en la entrevista posterior a su victoria de etapa del Tour de Francia.
Preso de la emoción
Risueño por defecto, el ciclista retratado por la señal internacional del Tour habló con la emoción de quien se sabe poseedor de algo muy grande y cotizado. Resoplando por el esfuerzo, enrojecido en su mirada, tocado por el calor y embargado por el corazón, Valverde buscó resuello: habló de lo trascendental del triunfo, del recuerdo a Xavier Tondo, de sufrimiento acaecido,…
Y es que para tal estado de éxtasis, Valverde ha roto en esta etapa varios estadios de forma transversal. Recuerdo una entrevista de Jorge Quintana en el Meta 2Mil hace unos años a uno de sus directores de equipo en época cadete o juvenil. Admitía que a Valverde le costaba un mundo entrar en las fugas, hablaba de una especie de fobia hacia las mismas. Una actitud que reposaba sobre la eficiencia que demostraba en las llegadas en grupo. Si repasamos la trayectoria del murciano, no apreciaremos su presencia en fugas entendidas como tales. El ganó una Lieja llegando con Frank Schleck y Davide Rebellin, pero aquello fue fruto de la inercia propia de la clásica.
Obligado por su penosa situación en la carrera, propiciada por las caídas de inicio y por la evidencia que marca que siempre hay alguien mejor que él en estas citas, Alejandro ha tenido que plantear a una carta su última opción de hacer algo histórico en la carrera que aspiró a ganar. Lograr una etapa de este calibre es un premio enorme, pero lo es más en su forma: circulando escapado, con el aliento de los mejores casi perenne todo el día. Está claro que si no fuera por el chuleo de Froome a su líder, el desenlace podría haber sido otro, pero la convicción y tensión demostradas por el líder del Movistar hablaban de la trascendencia del momento.
Valverde ha dado la talla cuando su equipo lo ha requerido y en unas circunstancias que supongo complicadas. No quiero saber el nivel de presión que ha arrastrado el corredor durante la jornada. Una presión, en cambio, que entra por contrato, aunque cláusula alguna la refleje. El Tour de Movistar estaba siendo muy discreto y la última bala debía hacer diana.
Con la de Peyragudes Valverde entiende que quizá éste sea su sino en el Tour: cazas etapas y engrandecer un palmarés excelente. Si en la misma entrevista dudó de sus posibilidades en plenitud de facultades frente a Froome y Wiggins, ¿por qué empeñarse en disputar la general?. Valverde quizá haya necesitado de esta etapa para darse cuenta de que, incluso mal afeitado, la gente puede quererle como es, es decir, un ciclista top sin necesidad de reivindicar caché en el Tour. 
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Todo le sale al revés a Cadel Evans

Cadel Evans es un ciclista que no despierta lo que se dice admiración generalizada entre la parroquia y lo lamento pues me parece la perfecta imagen del sacrificado y metódico profesional transmitiendo una humildad y respeto por la profesión que muchos advenedizos no muestran. Engalanado con el dorsal uno, generosamente ganado hace un año, el australiano ha afrontado esta edición con cierta sensación de inferioridad. Tocado por la crono de la Daphiné, donde Wiggins casi le dobla, y abrumado por las actuaciones de Sky entonces y ahora, Cadel no está en su mejor momento.

Emociones contenidas 
Subiendo la Croix de Fer buscó un intento de ataque carente de todo sentido. Toda la vida midiendo esfuerzos y riesgos, el canguro dio el salto en el peor momento, o no al menos en el más oportuno. Evans sabe que no puede dejar pasar los días, lo suyo es un “countdown” hacia la última crono donde presumiblemente Wiggo pueda dar la puntilla. Camino de Foix también buscó grietas en el Sky y fue su equipo quien más mostró, pues a sus pinchazos se le unió la completa desprotección que padece en el seno de uno de los mejores equipos del mundo, presupuesto en mano. Incluso se barajó la posibilidad de que Van Garderen tenía que haberse descolgado, pero sinceramente ahora mismo es más atractivo un maillot blanco que las vagas opciones de Evans respecto al podio viendo lo que queda y quien tiene por delante.
A pesar de todo, de lo mucho que se ha dicho, a Cadel Evans su trayectoria le ha salido al revés. Ganó el Tour cuando menos lo esperaba, merced a su esfuerzo en el Galibier y errores ajenos, y fue campeón del mundo recién «petó» en el empeño de ganar su primera gran vuelta. Sin embargo cuando mejor le pintaban las cosas, el resultado le salió rana. Miremos el Tour de 2008 cuando su miopía le privó frente a Carlos Sastre de la mejor carrera o el Giro 2010, donde rodaba sólido hasta que Ivan Basso le descabalgó en el Zoncolan. Y no olvidar el desastre de Monachil en la Vuelta 09. 
Aunque casi descartado de cara a la general final, Evans sigue siendo para un servidor un honrado y tremendo campeón. No colma simpatía, ni gestos, pero rezuma profesionalidad y entrega por este deporte. Su filo mental no le permite alegrías que le desvíen de su objetivo. Cadel Evans es además el único ciclista con dignidad tangible de ese engendro llamado BMC que vino para comerse el mundo y acabó achicado. Por todo, y pesar de que diga que en España pincha más que en ningún lado, yo soy de Cadel. 
Foto tomada de http://www.btt.com.ar

Con motivo del Tour de Francia 2012, tenemos un nuevo concurso para todos los lectores de El Blog de Joan Seguidor. Participar es muy sencillo, tan sólo tenéis que dejarnos un comentario en este post, indicando quién creéis que ganará los tres maillots de este año.
Como premio el ganador podrá elegir entre una de las gafas deportivas de la colección de Mister Spex, con un valor de hasta 100 euros. No está mal, ¿no creéis?
Animaos a participar, es muy sencillo ¡y podéis ganar unas gafas nuevas para salir a pedalear!