El eterno problema del Team DSM, antes Sunweb

Team Sunweb JoanSeguidor

En Sunweb el trabajo colectivo no es suficiente para retener talento

Sobre lo que sucede en el Team DSM, antes Sunweb, hace unos años Giant-Alpecin, un día Argos-Shimano… hay que ponerse en antecedentes y ver que este equipo no es, en muchas cosas, como los demás.

Hace más de siete años Jorge Quintana escribió en este mal anillado cuaderno:

El equipo Argos-Shimano es, sin duda alguna, uno de los proyectos que más y mejor está creciendo en los últimos años. Si echamos mano de cqranking.com, podemos ver que el bloque holandés fue 27º en 2010. Un año más tarde, mejoró cinco posiciones y acabó 22º. En 2011 ya fue capaz de meterse en el top20 al ser el 18º mejor equipo del mundo. Finalmente, este año han finalizado la temporada en 13ª posición. La evolución es más que evidente: 27º, 22º, 18º y 13º. Y todo ello en sólo cuatro años.

¿Dónde está el secreto del éxito?

Un poco más abajo, en ese mismo artículo completó…

Cuando se compara la enorme dedicación en medios técnicos de Argos-Shimano y la gran apuesta por la juventud y cantera que vienen haciendo con la política de otras muchas formaciones… uno no puede dejar de pensar que Argos-Shimano lleva muchos años de ventaja sobre sus rivales, viejos dinosaurios que gracias a presupuestos superiores se mantienen en la elite pero que acabarán siendo engullidos por un proyecto que en muy pocos años ha demostrado que otro ciclismo es posible.

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Este curioso paisaje propicia que el Team DSM, antes Sunweb, esté casi en constante cambio y renovación.

Desde tiempos de Marcel Kittel y John Degenkolb, de aquel Warren Barguil que maravilló ganando dos etapas de la Vuelta, el bloque ha mudado de piel, de esponsor y hasta de nombres, pero ello nunca ha sido motivo para dejar de ser protagonistas.

Trabajo de pizarra y método para suplir las carencias dinerarias.

A raíz de la salida de Marc Hirschi, finalmente al UAE, la historia se repite y enlaza con otros nombres que no han acabado de la mejor forma con la estructura.

El suizo es por dinero, según ha trascendido, y no sabemos si el mal rollo ha emergido en la salida, y cuando hablamos de mal rollo nos referimos al de otros tantos que sí se han ido con el pie cambiado.

El último Wilco Keldermann.

Para nosotros el Team Sunweb fue el mejor equipo de lo que vimos de campaña, sin necesidad de ganar una grande o un monumento, aunque estuvieron a punto de hacerse con el Giro, lo fue por que verles correr es una delicia, al menos en 2020, y también algunos años atrás, una coordinación casi de bailarina, movimientos certeros, nombres surgiendo por doquier, trufados de calidad y sentido táctico, desmontando la necesidad de tener presupuestos tremebundos.

Pero eso tiene su contrapeso, algunas figuras se van, quejosas de que no les dejan pensar por sí solos, y está también el tema del dinero.

Marc Hirschi se ha ido, pero no temáis, es posible que surja otro nombre, ahora vestido de negro, con DSM tatuado en el pecho dando el espectáculo que esta gente sabe dar, practicando danza sobre la carretera, coordinación y maravillando con la pizarra.

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El año más importante de Enric Mas

A Enric Mas el golpe de efecto de López le puede sentar bien

Hace dos años por estas fechas, todos hablaban de Enric Mas como el siguiente español en la línea de sucesión de los grandes vueltómanos.

Ciclista fino, cincelado lejos de España, pero con gustos muy de aquí, gran fondo, tres semanas, buen escalador y rodador, ser segundo en la Vuelta con 23 años, ganando la etapa final en Andorra, el día que su ahora compañero, Miguel Ángel López asaltaba el podio… Enric Mas ya era carnaza para quienes impacientes buscaban ponerle nombre y apellidos al eterno poder español en las grandes vueltas.

Pero las cosas no son tan sencillas, no tan rápidas como algunos piensan, o quieren pensar.

Más en estos tiempos en los que, como nos dijo Borja Cuadrado el otro día…

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Las prisas, la necesidad perenne de tener alguien para llenar cabeceras, vender producto y hacer «afición», todo eso es lo que rodea Enric Mas, viendo que a Mikel Landa se le pasan los años con el lamento del que pudo haber sido.

El año pasado sendos quintos puestos en Tour y Vuelta marcan el rendimiento de Enric Mas.

Dos plazas que son iguales en la estadística, pero diferentes en la forma de conseguirlas.

Si en el Tour fue de menos a más, trasladando la sensación de que, cuando otros flaquean, Enric Mas crece.

Su problema, si eso se puede considerar un problema, es que lo hace de forma natural y progresiva, pero fría para el espectador, sabiendo que la procesión va por dentro, sin grandes ataques ni movimientos espectaculares, siempre con el resultado como seña.

En la Vuelta, sin embargo, la sensación fue diferente, arrancó frío, fue perdiendo cada día un poco hasta que se percató que estaba fuera de la carrera.

Su movimiento en el Angliru fue un destello, no sabemos si fruto de la necesidad de mostrarse, pero destello que acabó pagando en la crono, dos días después.

Llegados a este punto y con la capitanía compartida con un ciclista tan explosivo como Miguel Ángel López a su lado, aquel mismo al que ganó en Andorra, el año que nos queda por delante es clave para saber en qué liga jugará Enric Mas.

Hace unos años, decir que un corredor tenía que explotar a los 26 años, hablamos de explotar hasta lo más alto, sería una barbaridad, salvo en alguna excepción.

Hoy parece que el arroz se está pasando a los 26, si no vuelas entre los mejores.

Queremos creer que Enric Mas tiene recorrido en este ciclismo de jóvenes prodigios, pero nos cuesta verle mucho más arriba, primero por que ya está muy adelante y segundo por que convivimos con la sensación que las plazas de privilegio están más concurridas que nunca y más que lo estarán con la continua lluvia de talento que riega la elite de este deporte.

¿Cómo le sentará a Enric Mas la llegada de un ciclista volcánico como López?

Creemos que mal no le va a venir, pero una cosa está clara, al margen de la externa, la competencia interna también te hace mejorar…

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#PodcastJS Igor Antón y la vida tras ser ciclista

Hay vida después del ciclismo, nos cuenta Igor Antón

Charlar un rato con Igor Antón es una gozada…

La vida que sigue al deportista profesional no siempre es sencilla de gestionar, incluso podríamos decir que para algunos es una agujero negro para el que no todos admiten estar preparados.

Lo sacó a debate hace unas semanas Gervasio Deferr, dos veces campeón olímpico en gimnasia, demostrando eso que muchas veces hemos dicho, que tras la estrella que vemos en la carretera y la televisión hay una persona con sus fragilidades.

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Por eso quisimos saber sobre uno de los mejores ciclistas españoles en la época reciente, Igor Antón, un pequeño escalador vizcaíno que lleva con la misma naturalidad la vida fuera del ciclismo profesional como sacó adelante una trayectoria deportiva muy interesante.

Corredor lagunar sí, pero de innegable talento, Igor Antón supo hacer la transición hacia «ciudadano normal» sin mayores problemas, de forma sutil y natural, como cuando sacaba los colores a los rivales en cimas de Vuelta y Giro.

Y ya de paso nos contó un poco de aquellas sensaciones que nos recorrían cada vez que subía al podio a recoger no pocos premios.

Él fue uno de los integrantes de aquel equipo naranja que puso el huevo en los mejores sitios y llenó de gente las cunetas de las grandes carreras.

Como dijimos, una gozada echar un rato con él.

Imagen: RTVE.es

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Israel ve más oportunidad que riesgo en Chris Froome

El fichaje de Froome es el anuncio de algo más serio en el Israel Start-Up Nation

Romper una lanza a favor de un cuatro veces ganador del Tour de Francia debería ser algo obligado, si no supiéramos el camino que ha llevado a Chris Froome hasta el Israel Start-Up Nation.

A priori nos podríamos quedar en la superficie y remar con todos nuestros prejuicios: que si Froome no se va recuperar de tamaña avería, que tiene una edad importante, que el Israel no tiene solvencia…

Todo eso es cierto, no cabe otra vuelta sobre una obviedad que cualquier persona que siga este bendito deporte tiene clara.

Pensar que Froome vuelva a ser el de hace ya dos años y medio, cuando ganara el Giro y pisara el podio del Tour, es mucho pensar, pero eso no significa que ellos estén en el mismo argumento.

Froome es el mejor ciclista de su generación, una leyenda en activo, no sabría decir si el mejor ciclista en ejercicio de su profesión, pues hay unos cuantos con excelente trayectoria.

Por todo eso podemos pensar que si hay uno que vuelve volver por sus fueros, ése es él.

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Pero eso es una suposición, la experiencia nos dice que los grandes campeones son capaces de renacer, Froome lo ha sido alguna vez, pero la empresa en la que está inmerso desafía todas las leyes.

Luego está el equipo, un buen equipo, pero lejos de ese Team Sky que le pertrechaba en los Tours que iba ganando.

Dan Martin y Michael Woods son dos potenciales gregarios con ínfulas de liderar, que podemos admirar mucho, pero que no son unos críos.

Detrás de ellos, el equipo tiene trotones como De Marchi, Hermans y Hagen que podrían confirmar un bloque con limitadas opciones de defender con solvencia un liderato.

Aunque en este ciclismo de intereses cruzados, no siempre gana el que tiene el mejor equipo, cuando te llamas Chris Froome necesitas los mejores de inicio contigo.

En todo caso, creo que este escenario es bien conocido en el equipo que seguro tenía al inglés en el punto de mira desde el momento que Jerusalén acogió la salida del Giro 2018.

Y por eso, en la balanza debe pesar más la carta de solidez y seriedad que da Froome ante la apuesta ciclista de Israel que cualquier rendimiento deportivo, a sabiendas que el corredor viene de un accidente que le pudo costar la vida.

Cada año el Israel ha sido un poco mejor que el anterior, desde 2015

La desaparición de Katusha fue el golpe de efecto en la mesa del World Tour y ahora Froome… quien puede ser el instrumento para la nueva dimensión a un proyecto que ya no es realidad y que pone de relieve que el ciclismo es un excelente vehículo para vender ya no sólo productos, también naciones.

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Marc Hirschi en el mercado

Marc Hirschi Flecha Valona

No ha empezado la campaña y Hirschi no la hará con el equipo previsto

Hirschi se val del Team DSM sin haber roto a sudar…

Cuando en Niza, arrancó el Tour de Francia, ya en la segunda etapa, nos llamó la atención ese suizo ancho y grandote que siguió desde el minuto cero a Julian Alaphilippe en el ataque que le daría etapa y liderato nada más empezar la carrera.

Era Marc Hirschi y estábamos en el prolegómeno, sin saberlo, de uno de de los descubrimientos de la campaña, de uno de esos corredores que honran el ciclismo, lo hacen grande y universal, por que sólo con verle en carrera, merece la pena echar el rato viendo carreras de bicicletas, y no sólo por el paisaje.

No sólo empezaba ahí el viaje de Hirschi hacia el estrellado, hacia el conocimiento generalizado, también el del Sunweb hacia la admirable plaza de equipo más interesante del pelotón.

Sunweb, lo dijimos hace no mucho, fue el mejor equipo de 2020… 

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Pero hete aquí que siempre mostrábamos nuestros recelos con el equipo de origen neerlandés, en el lejano y bien gestionado Argos-Shimano.

De aquí se han ido grandes nombres y no de la mejor forma

Dejadnos relatar algunos casos…

Situaciones que explicábamos al albur de la salida de Dumoulin, pero también de la marcha de Eduard Theuns no hablando muy bien, junto a Ellen Van Dijk, cansada de no tener margen para pensar en el bloque femenino, Lennan Kämna, ya veis que Dauphiné + Tour hizo con Bora, Mike Teunissen, primer líder del Tour 2019, ya en Jumbo,…

Marc Hirschi se une a esa lamentable lista, triste desde luego, en un equipo que en la carretera es admirable, pero que en su gestión interna y las consecuencias que se derivan a nuestra vista deja intuir lo complicado que es este mundillo, los conflictos que laten en los propios equipos y los egos que colisionan.

En el 2020 estelar de Sunweb, hoy Team DSM, Hirschi fue cabeza de cartel, y hoy le despiden con un «good luck Marc».

¿Su destino? ahora mismo no lo sabemos, pero esto ya es de por sí un golpe de efecto…

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¿Cuándo nació el «Landismo»?

El «Landismo» surgió en la semana final del Giro 2017

Un día definimos el «Landismo» como una actitud, una forma de mirar con arrogancia el futuro desde la seguridad y la autoestima.

Sobre esa premisa se explica el resto, pero sobre todo sobre el carisma de un corredor que no deja indiferencia por donde pasa y compite, un corredor que posiblemente no gane una grande nunca, y no por que no tuviera mimbres, y sí por que se rodea de un ciclismo que no espera a nadie, donde los que llegan aprietan más que nunca.

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Sin embargo, que Mikel Landa gane o no, no le quita ápice de atractivo al «Landismo» ni sus fundamentos.

«Landismo» es eso, carisma, áurea, cosas que no se negocian ni caen del cielo, se nace con ellas y se llevan en la mochila para siempre.

Y así con los treinta ya en la espalda, Landa sigue siendo la «eterna promesa» con la legión de fans y haters más desproporcionada que conocemos a tenor de los resultados del protagonista.

Pero ¿cuándo nació el «Landismo»?

Yo pondría una fecha, unos días de mayo de 2017, iba Mikel Landa de co-capitán del Team Sky para el Giro con Geraint Thomas, hasta que ambos acabaron en el suelo, atropellados, en la base del Blockhaus, por una motocicleta.

Ese día se postuló Nairo y emergió Dumoulin, segundo y primero al final, mientras que Landa entraba en el bucle que alimentaba el sentimiento de «tragedia» sobre el que siempre se ha asentado el «Landismo».

Su última semana de aquel Giro fue tremenda, siempre escapado, de azul como mejor escapado, ganando una etapa, creo que coronando primero el Stelvio.

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Casi nada.

Pero el premio gordo, el premio grande ya no estaba en su mano.

Al poco se quedaría a puertas del podio del Tour, después de ser la mano derecha de Froome.

Es el sino del «Landismo», condenado a renunciar a lo más grande por que la vida, azarosa ella, le niega la mayor.

Como cuando admitía en la cena de celebración del Giro de Carapaz que estaba viendo el tiempo pasar sin llevarse el gato al agua.

Aunque una cosa os digo, si Mikel Landa un día diera la campanada, los cimientos del «Landismo» se volverían de barro.

Alejandro Valverde, por fin sin Tour de Francia

Alejandro Valverde Tour

Siempre he pensado que el Tour quitó más que dio a Valverde

La campaña que aún no ha empezado nos deja un titular a caballo entre Tokio y Tour que puede finalizar con no pocas figuras teniendo que elegir entre una u otra carrera, un escenario heredado del veinte veinte que nos demuestra que esta mierda de la Covid19 va a seguir siendo hilo argumental.

La tesitura no se plantea de inicio para Alejandro Valverde quien estará en sus quintos Juegos Olímpicos, si todo va como se prevé, y no en el Tour

El murciano, ya lo sabemos, tiene en el oro olímpico una de sus espinitas, por una cosa u otra se le ha resistido, algo similar a lo que le sucedió con el arcoíris hasta llegar a Innsbruck.

Tanto en Atenas como Pekín, Paolo Bettini fue el ojo derecho de Valverde: si en la primera cita el italiano le ganó por la mano, escapado con Paulinho, en la otra el marcaje de ambos abrió la mano a segundos espadas, entre los que Samuel Sánchez iba literalmente sin cadena.

En Londres, Valverde cogió la fuga buena, pero Rigo Uran y, sobre todos, Alexander Vinokourov estuvieron un punto por encima tras una carrera en la que hubo un ciclista, Jonathan Castroviejo, que realizó una labor impagable, aunque sin premio.

En Río de Janeiro, ya sabemos la historia, caída y corte para Valverde y Purito, Italia que la lía con Aru y Nibali apurando las opciones de Purito, pues Valverde, quien se arremangó para el catalán, no iba, como bien veríamos luego en la Vuelta.

El murciano hizo podio en el Giro, había estado en el Tour y la forma ya no le dio para más en Brasil.

Los cuatro episodios olímpicos de Valverde culminarían en Tokio, a ver qué sucede al final, en una historia que, por longevidad, no han firmado muchos: conseguir estar en cinco Juegos Olímpicos en un deporte como el ciclismo es para privilegiados.

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Privilegiados incluso a los 41 años, que será los que tendrá Valverde en julio, en lo que puede ser la antesala de su punto y final, algo que parece haberle puesto a la carrera que ha sido su obsesión y que tantas veces hemos visto como lastre para cincelar un palmarés aún mejor para Valverde.

El Tour pasa pues a la historia de veinte años de profesional de Alejandro Valverde, una historia que tuvo la culminación el día que pisó el podio, en una actuación coral con Nairo que pudo haber acabado con el colombiano más arriba, convencido estoy, de no haber primado tener dos ciclistas en el podio.

Lo cierto es que desde el minuto cero de su salto, Valverde mostró predilección por las grandes vueltas: el podio en una Vuelta tan dura como la de 2003 y el posterior fichaje Illes Balears, hoy Movistar, hicieron cuadrar el círculo del amor de Valverde por una carrera que sinceramente nunca vimos a su alcance.

Antes de la sanción, Valverde firmó algún top ten y un arranque estelar, en 2008, siendo el primer líder, pues aquellos días nadie le tosía en llegadas así.

Tras la sanción la apuesta se redobló.

En 2012 caminó lejos de los mejores y firmó una rara victoria escapado en los Pirineos.

El año siguiente fue cazado en unos abanicos y tuvo que claudicar ante Nairo, siempre mejor para este tipo de carrera, antes de la edición de 2014 en la que dos ciclistas manifiestamente inferiores en cualquier momento del año, como Péraud y Pinot, le sacaron del podio.

Valverde tuvo buenos momentos en el Tour, pero no creo que los mejores de su carrera, su cariño, casi obsesión por esa carrera, fue casi entrañable, pero verle arriba era una quimera como se reveló.

Sólo nos queda una duda, qué habría dado de sí en 2017, cuando la caída en Dusseldorf, cuando llegaba pletórico de forma, con el palmarés repleto y con la idea de disfrutar, pero disfrutar de verdad y no en las dos ultimas ediciones, donde remó y remó para culminar un registro, el de top ten en las grandes, que a la hinchada poco o nada le dice.

Y es que, como hizo Froome en la Vuelta, ver a Valverde en lides de gregario en carrera habría sido cuadrar el círculo y el colofón a una carrera deportiva como pocas existen.

No lo vimos y nos quedaremos con las ganas

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Victorias que querríamos haber visto

En la historia grandes ciclistas lo dejaron con alguna asignaturas pendiente

¿Qué gran ciclista se perdió por el camino de la victoria que hubiera puesto la guinda al pastel, a su pastel?

Pues hay unos cuantos, y es que en la historia, siempre nos quedaron asignaturas, emocionalmente, pendientes de parte de los corredores que nos hicieron amar este deporte.

Algo así como si Alejandro Valverde se hubiera retirado con el palmarés que le sitúa como el séptimo mejor ciclista de la historia, pero si el arcoíris de Innsbruck iluminando el camino

Y ya que empezamos con el murciano, y con la vista puesta a Tokio, siempre extrañaremos que en su interminable lista de éxitos no suene la música olímpica, una prueba a la que Valverde ha acudido puntual desde Atenas 2004, pero que nunca ha conseguido domar y eso que en alguna ocasión, 2008 especialmente, llegaba en un estado de forma brutal.

Valverde no se ha colgado, por el momento, aunque creemos que para Tokio lo tiene complicado, el oro olímpico, como Purito Rodríguez no lo hizo con el mundial.

El de Parets lo tuvo a tocar en el famoso entuerto de Florencia, pero aquello, lo recordamos todo, acabó en un baño de lágrimas, y no de alegría.

Para Purito quedaron otras piedras en el zapato, la de una gran vuelta, y en especial en el año 2012, cuando Hesjedal ganó un Giro para el que no contaba, ni volvería a contar, y Contador una Vuelta que remontó in extremis camino de Fuente Dé.

De aquellas experiencias, algunas más amargas que otras, se extienden a otros dos grandes nombres con un palmarés excelso pero pequeños agujeros negros: ni Laurent Jalabert ni Sean Kelly consiguieron ser campeones del mundo.

El primero cayó ante el imperial sprint de Bugno en Benidorm y en San Sebastián vio como Brochard se llevaba una prenda que llevaba bordado su nombre, aquello valió un buen cabreo de Manolo Saiz con Melcior Mauri, cuando éste se debía a España y no a Francia.

Laurent Jalabert 1995 JoanSeguidor

El irlandés tuvo un grano en Greg Lemond, en especial en el mundial de 1989 cuando le batió al sprint bajo la lluvia, por medio estuvo el elegante soviético Konyshev.

Sean Kelly fue el eterno aspirante al mundial, pero nunca se le dio, años antes fue tercero por primera vez, le superaron Saronni y un tal Lemond.

En 1987 contribuyó al éxito de Stephen Roche, ganador de Giro y Tour esa campaña.

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Si seguimos hurgando en la historia y el sentimiento, habremos pensado qué habría sido de Miguel Indurain de haberse colgado también un oro mundialista en la ruta.

El mejor ciclista que jamás hemos visto lo tuvo a tocar dos veces, y otra que Bugno le demostró que su sprint era tremendo tras 260 kilómetros, pero el navarro no vistió el arcoíris más que en alguna crono por el título que se había llevado en Colombia, días antes del increíble desenlace con Abraham Olano.

Mundial Colombia JoansEGUIDOR

Indurain tampoco pudo domar la Vuelta a España y eso que figuró, no sé si aún sigue haciéndolo, como el líder más joven de la historia de la carrera.

En 1990 fue como líder de Banesto, pero Perico acabó tomando el mando, y al siguiente año Melcior Mauri estuvo intratable.

Siguiendo con grandes vueltas, pensamos firmemente que Nairo Quintana podría haber sido el primer colombiano en haber ganado el Tour de Francia, sobre todo aquella edición de 2015, en la que Froome pegó primero pero acabó pidiendo la hora.

En todo caso, grandes ciclistas siguen pensando en lo que pudo ser y nosotros lo lamentamos

Milán-San Remo Kwiatkowski Sagan JoanSeguidor

Por ejemplo que Peter Sagan no haya ganando nunca la Milán-San Remo cuando la ha tenido en la mano en varias ocasiones, si no era Alaphilippe, era Kwiatkowski, hasta Ciolek le quitó una que parecía cincelada a su nombre.

Hubo un tiempo que Geraint Thomas disputó a pulmón abierto las grandes del adoquín sin resultados que avalaran una apuesta que Brad Wiggins centró en Roubaix un año.

Al menos nos cabe el consuelo que Van Avermaet ganó una vez Roubaix, tras ser campeón olímpico, y disimuló su desencanto eterno con Flandes, la carrera de casa que se resiste a entrar en su palmarés.

Aunque si de grandes decepciones hablamos, pocas como la de Tom Boonen cuando perdió en la misma línea del velódromo la posibilidad de ser único en Roubaix… y es que ese momento en el que Hayman le privó a él y a la historia de algo tan singular, la decepción que nos recorrió el cuerpo describe la sensación de vacío que emerge cuando aprecias ciclistas como los mentados y no logran resarcirse de su pequeña gran obsesión y los años pasan y caen a plomo hasta que lo dan por imposible.

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