Gobik pone a la venta la edición limitada del maillot Abikes

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El modelo de Gobik es la prolongación de la nueva bicicleta de Contador y Basso bajo la marca Abikes

La marca de ropa ciclista Gobik inicia este viernes 24 de abril la venta de la edición limitada del maillot de Abikes, la marca de bicicletas que proyectan para 2020 Alberto Contador e Ivan Basso.

El diseño en blanco y negro se ha desplegado sobre el modelo unisex de manga corta CX PRO, un maillot ultraligero, muy ceñido y transpirable que cumple el rol de segunda piel. Y con una gráfica que resulta la prolongación perfecta del primer diseño de bicicleta mostrado por Abikes.

Como aseguran desde Gobik: “Teníamos muy claro el objetivo de esta primera edición limitada vinculada a Contador y Basso, dos de nuestros embajadores más laureados. No era otro que dar continuidad a la bicicleta en la propia piel de Alberto e Ivan”.

Entre la elegancia y el rendimiento

“Creo que el nuevo maillot cumple con la elegancia y prestaciones técnicas que todo ciclista quiere lucir cuando sale en bicicleta” asegura Alberto Contador que incide tanto en su origen profesional como en el de Basso para colaborar en la mejora del rendimiento alcanzado por la prenda.

En este sentido Ivan Basso asegura que “Gobik ha conseguido esa polivalencia que reclamamos todo ciclista: buen resultado en momentos de máxima exigencia sin olvidar el aspecto estético. Queremos que éste sea uno de los maillots favoritos en el armario de cualquier aficionado”.

Sobre el rendimiento Contador prosigue diciendo que “valoramos mucho su aspecto técnico con los mejores tejidos, un fit perfecto y que sea transpirable. Está concebido para sacarle segundos al crono, con la misma exigencia que perseguíamos Ivan y yo cuando éramos profesionales”.

“Es único, elegante y muy singular. Auténtica esencia de las colecciones de Gobik» completa Alberto García, fundador y Co-CEO de Gobik y líder del área de Desarrollo de Producto.

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Vínculo solidario con Save the Children

El 30% de la venta de esta edición será donado por Gobik y Abikes al programa de emergencia A tu lado de Save the Children, una ayuda “siempre útil en estos momentos tan complicados por culpa del COVID-19, en los que no podemos olvidar que la infancia es el futuro y merece lo mejor” completa Ivan Basso.

 

La nueva edición limitada está disponible de forma exclusiva en la web de Gobik desde las 19.00 horas del viernes 24 de abril

La intervención de Save the Children se centra en el acceso a una alimentación básica, el refuerzo escolar y la atención individualizada de profesionales para paliar los efectos del aislamiento, la incertidumbre y el estrés. La ONG ha abierto una línea de atención psicoterapeútica online para estas familias y sus trabajadores ya están atendiendo al bienestar emocional de los menores con pautas a sus padres y madres sobre crianza positiva, en estas condiciones tan extraordinarias como las que supone el confinamiento domiciliario.

Titan Desert: Sylvain Chavanel espera veros en el desierto

Sylvain Chavanel Titan Desert joanseguidor

Sylvain Chavanel debería estar hoy pedaleando en Marruecos la quinta etapa de la Titan Desert…

… pero la carrera se ha pospuesto hasta el 2 de noviembre por culpa del Covid-19.

El ciclista francés, que ostenta el récord de participaciones en el Tour de Francia con 18 ediciones, manda este mensaje de ánimo a todos los titanes desde el confinamiento de su domicilio:

“Quiero desearos fuerza a todos los participantes. A pesar de que este virus covid-19 está paralizando el mundo entero y nosotros debemos quedarnos en casa. La competición se ha pospuesto a noviembre y espero que en todo este tiempo no perdamos la fuerza. Y espero encontraros a todos en forma para poder vivir esta aventura humana extraordinaria”.

Sylvain Chavanel descubrió en 2019 la dureza de la Garmin Titan Desert 

En su estreno ganó incluso la quinta etapa llegando a meta en un disputado sprint con Julen Zubero.

Chavanel se enamoró de la carrera y del desierto marroquí. En este 2020 regresa más fuerte y con más ambición que el año pasado, cuando participó algo mermado por una lesión en el tobillo. Estos últimos meses Chavanel ha complementado sus entrenamientos con ciclocross para llegar en la mejor forma posible.

Luchará por la victoria

Para esta 15ª edición de la Garmin Titan Desert, que se disputará del 2 al 7 de noviembre de 2020, Sylvain Chavanel contará con un equipo de lujo a su alrededor. Entre sus compañeros en el equipo KH7- Logifrio se encuentra Miguel Indurain, cinco veces ganador del Tour de France, Amaël Moinard, también exciclista profesional, y Melcior Mauri, campeón de la Vuelta a España y subcampeón mundial contrarreloj. Este último ejerce las labores de capitán en un grupo formado por más de 50 componentes.

La prueba se presenta competida y se perfila un emocionante duelo entre Josep Betalú, ganador de las cuatro ediciones anteriores y precisamente compañero en el KH7-Logifrio, y Chavanel. El mítico ciclista francés, después de entrenarse el año pasado con una victoria parcial luchará por la victoria absoluta.

Participará en la Titan Virtual

Para calentar motores, Chavanel participará hoy jueves en la quinta etapa de la Meet up Garmin Titan Desert, pedaleando desde el rodillo junto a un centenar de titanes. Esta quedada virtual a través de Zwift se retransmite en directo por el canal de Youtube oficial de la carrera: Youtube Garmin Titan Desert

Es tentador decir que Jan Ullrich fue un juguete roto

Jan Ullrich JoanSeguidor

La historia de Jan Ullrich esconde uno de los grandes talentos jamás visto

En la jornada que nos reprodujeron la victoria de Roberto Laiseka, Tour 2001, en Luz Ardiden volvimos a saborear la figura de Jan Ullrich: su porte sobre la bicicleta, ese perfil agresivo e hiriente, ese corredor que dejó huella profunda, aunque el palmarés que acabara amasando estuviera lejos de lo que un día pudimos proyectar.

Hijo de la Alemana del Este, de Rostock, allá arriba, en las orillas del Báltico, Jan Ullrich fue un prodigio, quizá el que más se pudiera equiparar en cualidades a Miguel Indurain en treinta años de ciclismo.

Un motor de gran cilindrada que sin embargo gripó ante la aventura de la historia y el juicio de los años.

Ese corredor, siendo aún un imberbe pelirrojo, subió al primer podio de un mundial contrarreloj, en Sicilia, para acabar siendo ariete en el fin del reinado de Indurain.

En el Tour de 96 se abrió un periplo de unos diez años en los que Jan Ullrich nos ha regalado grandes momentos, mezclados con sonoros fracasos sociales y personales, que han culminado en la persona que es hoy, un personaje que ha llenado líneas de sucesos, tristes y alejados de aquella grandeza que demostró sobre la bicicleta.

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Una grandeza que no sólo se resumió en la victoria, también en la derrota, como esa meta de Luz Ardiden en la que tendió la mano a Lance Armstrong, manifiestamente invulnerable durante todo el Tour.

Una grandeza que evidenció en la misma subida, un par de años después cuando, después de apretar al americano en el Tourmalet, la caída de éste con Iban Mayo fue suficiente para mandar parar.

Y paró, lo hizo sin temor a las consecuencias que le llegaron acto seguido, cuando Lance se fue a por el quinto Tour, que no sale en los anales, pero que recordamos perfectamente.

¿Cuál fue el mejor Jan Ullrich de la historia?

Si no hablamos de rendimiento deportivo, y sí de fidelidad con lo que fue y consiguió una fotografía general, a entradas y salidas del estrellato, con capítulos de todo tipo.

Su explosión en el Tour que gana su compañero Riis y acaba segundo habla de ese motor que, aunque trucado, fue único.

Un motor que le dio para ganar el último Tour de un ciclo que hoy vemos con escepticismo y me gustaría llegar que con lejanía.

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Cuando Jan Ullrich sacó las pegatinas a Pantani y Virenque en una subida como Arcalís quedamos alucinados, cuando los lanzó al espacio sideral en la posterior crono, conmocionados, pero lo mismo que al pelirrojo se le daban bien las exhibiciones, también le hacían pupa las lagunas que surgían en algunas carreras.

La jornada aquella de los Vosgos, con medio Festina delante, le salvo la cortedad de miras que muchas veces marcó la carrera de Virenque.

Al año siguiente inició su filtreó con la segunda plaza del Tour, aunque resuenan los truenos de la exhibición alpina de Pantani y los fuegos artificiales posteriores de Armstrong.

Estos fueron los compañeros de viaje de Jan Ullrich, está todo dicho, como le preguntábamos a Haimar hablando del Euskaltel, sobre estos mismos y Vino y Hamilton.

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Fue una generación que queramos o no escribió páginas de ciclismo que quedan en la memoria, páginas intercaladas con esos escándalos que acompañaron este talento sin igual.

Accidentes de coche, problemas de alcohol, de drogas y follones con el vecindario una vez colgada la bicicleta.

Ullrich llegó con estruendo al estrellato, dejó el ciclismo con el pie cambiado, vinculado a un galeno especializado en ginecología identificado en una lista de apodos que no encontró obvias relaciones con otros, y con el escándalo a la espalda.

¿Fue un juguete roto?

¿El ciclismo contribuyó a ello?

Cada uno tiene su opinión, la verdad sólo la sabrá él, otra cosa es que su image nos trae el recuerdo de uno de los ciclistas más dotados de los últimos treinta años.

El maestro de Lieja se apellidaba Argentin

Moreno Argentin hizo de Lieja y alrededores un coto muy particular

A grosso modo, cuatro veces en Lieja, tres en la Flecha Valona, todo eso avala el rendimiento de Moreno Argentin en este lugar.

Le llamaban “Il capo”, fue un ciclista que alternó talento, insitinto y clase a partes iguales, controlaba todo y a todos, tenia la imagen clara y certera de lo que pasaba en cada momento, como si su visión fuera aérea, cenital.

Nada pasaba sin que Moreno Argentin lo viera, nada que no fuera importante y nada que no ocurriera en Lieja.

Porque la decana fue coto y terreno privado de Moreno durante cuatro años, nunca subió al podio si no fue para recoger el primer premio.

Una especie de colonia italiana en “il Belgio”, en la mitad valona que frustró a la gran estrella local, el gran Claude Criquielion, la gran víctima del fino olfato de Moreno, cuya ultima gran clásica sería aquella famosa Flecha Valona del 94 que tanto atufó y tanto dio que hablar.

En el 85, Sean Kelly miraba a Argentin extrañado, poseído por la eterna de duda de cómo calificarle, cómo describirle. No era un escalador al uso, pero dominaba las cotas, no era el más rápido, pero mataba en las llegadas. Su fino olfato empezó a dar sus frutos rápido. Criqui en arco iris levantaba la hinchada valona tras ganar en la Flecha, le veían haciendo el doblete.

Confiado, el campeón irisado atacó de lejos y arrastró a Roche y Argentin con él. En el Boulevard Sauvenière el italiano daría cuenta de ambos, era la primera.

La siguiente, un año después. Cambia el reparto, no los protagonistas.

Criqui ataca en La Redoute, acuciado por la necesidad de llegar solo a Lieja. Argentin le sigue, con él Pedersen y Van der Poel. En el boulevard de “centre ville”, Argentin vuelve a imponer su velocidad.

Otro año más, otra vez la misma historia, pero con suspense.

Esta vez Criqui hace daño, hace hueco.

Se lleva a Roche, en capilla de su gran año, y hacen camino.

Se lleva a Roche sí, pero no su favor.

Aunque los segundos caen del lado de los de adelante, la cosa no anda clara. Por detrás Argentin tira y pide ayuda a Millar y a Yvon Madiot.

El dúo de cabeza entra con cuarenta segundos sobre sus perseguidores en Lieja y empieza el marcaje, un marcaje feroz, férreo, tan bestia que lo que tendría que ser entre Criqui y Roche pasa a ser entre cinco y Argentin machaca, como machacaría cuatro años después, con Criqui, siempre Criqui, Sorensen e Indurain, en su mejor monumento de siempre.

Ese killer, que gusta llamarle, era Moreno Argentin, campeón del mundo en Colorado Springs, es decir oro, plata y bronce en los mundiales, ganador también en Lombardía en Milán por delante de Van Lancker y el otro Madiot, Marc, y en Flandes, año 90, con la tricolor y Fignon de gran favorito.

El francés revienta la carrera a casi setena de meta, todos le miran, todos fijan su marca, hasta que Moreno ataca en el Molemberg y sólo le sigue Dhaenens, futuro campeón del mundo en Japón a los pocos meses. Argentin da cuenta de él, aunando las dos grandes clásicas belgas en su palmarés, ese que nunca tuvo San Remo, sobre todo porque Kelly, el que no acertaba a describirle, lo impidió, en aquel descenso histórico del Poggio.

Imágenes tomada de Graham Watson

 

Zwift vs Bkool: sociabilidad vs variedad

Bkool - Zwift

Os damos unas pistas para elegir entre Zwift y Bkool

En unas semanas donde el rodillo, el ciclismo virtual y los indicadores de vatios ha tomado la actualidad ciclista, nosotros hemos querido hacer una rápida comparativa entre las dos plataformas de cabecera: Zwift y Bkool.

Y no es sencillo, porque como otras muchas cosas en la vida esto es como preguntar ¿papá o mamá?

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Sin embargo las virtudes de una y otra plataforma permite jugar en diferentes estadios y el ciclista, estos días, confinado puede elegir.

Entre Zwift y Bkool tenemos las dos grandes necesidades cubiertas 

Zwift es la plataforma social por excelencia, el lugar de encuentro de la grupeta, grupetas a veces formadas por tantos países como integrantes se sumar a a la propuesta.

Hay un evento cada poco y si cuando te conectas no has pillado el último iniciado, tendrás otro en breve.

Este carrusel de gente entrando y saliendo es el gran acicate de Zwift.

Bkool es otra cosa, no es tan social como Zwift, pero ofrece realismo en estado puro.

Nos pone en las colinas de Flandes, las pendientes del Tourmalet o un velódromo.

En Bkool el ciclista sale de casa estando en casa, obviamente con las limitaciones que ello supone, aunque no es la primera vez que hablamos de realismo en el rodillo.

En ambos casos, los workouts son eficientes y salen a cuenta.

Nacho, que ha rodado en ambos, y que como buen ciudadano los tiene por la manos estos días, nos da más claves…

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Mikel Nieve es el mejor gregario del mundo

gregario - Mikel Nieve JoanSeguidor

Entre los mejores gregarios, Mikel Nieve queda como el más grande

En unos días que Miguel Indurain nos ocupa más líneas de lo que podíamos prever, otro navarro nos viene al pelo: Mikel Nieve.

Con la temporada saltada por los aires, con mil conjeturas sobre cómo, cuándo y dónde habrá ciclismo, a saber qué es del bueno de Mikel, sin embargo esta encuesta entre los lectores de Cyclingnews nos ha traído su valiosa figura al recuerdo

Los lectores del medio de cabecera han situado a Mikel Nieve como el mejor gregario del mundo, que no es poca cosa.

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Nieve se ha impuesto en un listado escogido a dedo, entiendo, aunque muy acertado.

Ahí estaban Tony Martin, el «treno» alemán para tragar kilómetros, Daniel Oss, clave en grandes victorias de grandes corredores, Tim De Clerq, a su espalda se cobija medio pelotón y elegido el mejor entre los pros, Andrey Amador, incondicionalidad que Ineos ha querido para sí, Adam Hansen, el trotamundos, y Stephen Küng, el suizo que le sacó los colores a Pinot en París-Niza, el recuerdo más cercano, hace un mes ya, de ciclismo en directo.

Michael Morkov, el danés que abre en canal los sprints y se posicionaba claramente para la americana olímpica, fue segundo.

Pero Mikel Nieve los ha ganado a todos.

Nieve, lo dijimos hace un tiempo, es oro, caviar sobre ruedas, un tipo que ha cultivado un palmarés curioso (etapas en Vuelta y Giro) mientras ha tenido tiempo de trabajar para terceros.

El Tour de 2013 fue el punto de inflexión, cuando sonó para Contador y Tinkoff pero acabó en el Team Sky de Froome.

El inglés ya puede besar por donde pasa el navarro, entre sus servicios, puertos y puertos delante en el Tour, especialmente 2016 y 2017, y aquella subida a Machucos de la Vuelta del 17, un rampote en el que las ratas abandonaron el barco al menor atisbo de fragilidad de Froome.

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En el Mitchelton, los Yates disfrutan de la sapiencia de un corredor que pudo haber visto como Simon se coronaba en el Giro, hace dos años, pero que al día siguiente del hundimiento abrió la caja de las esencias para ganar la etapa.

Dijo Froome: «No hay palabras para describir lo mucho que voy a extrañar a Mikel»

Lo podemos entender, su figura la extrañamos nosotros también, como el ciclismo que el coronavirus nos ha negado, seguramente esta semana Nieve habría tenido su cuota en la Itzulia, espero que, cuando vuelva, cuando vuelvan, quedemos resarcidos.

¿Por qué no recuperar el mundial de Florencia?

Mundial Florencia 2013 JoanSeguidor

Aquel Mundial de Florencia sigue estando muy presente

¿Quién no se acuerda del Mundial de Florencia?

Estos días que Teledeporte nos tiene enganchados a sobremesas de ciclismo retro y todos hacen sus sugerencias.

El otro día por clamor popular nos trajeron la Roubaix del 96, escrutando terreno en el que no necesariamente un ciclista español ganara.

El primer mundial de Freire fue una pieza enorme, primero por recordar que aquel chavalillo de 23 años se plantó en Verona con sus santos huevos a plantar cara y ganar a VDB, Ullrich, Casagrande y cia en un manual eterno de competir.

Hoy nos traen la Lieja 2015, una de tantas carreras en las que un ciclista «mágico» llamado Alejandro Valverde sacaba y remataba el córner.

Sin embargo, sería higiénico nos trajeran el mejor mundial del siglo, el mundial de Florencia, año 2013, donde seguimos pensando que Alejandro Valverde falló clamorosamente ante su compañero de selección, Purito, y una afición que ya hacía las cuentas de un oro-plata que acabó en plata-bronce.

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Nos permitimos recuperar un tramo del libro «Estilo Purito» que escribimos hace dos años con la efímera complicidad del protagonista, en el mismo narramos la última vuelta del Mundial de Florencia…

Última vuelta. 255,7 kilómetros. Tras las vallas se tañe con fuerza la campana. Era el penúltimo arco. El corazón a mil, el cansancio superlativo.

Medio mundo mirándote, en escorzo, sobre el sofá, en la meta, en la terraza, sufriendo cada uno de los látigos, viendo cortes donde no los hay, curvas donde se toman rectas, bajadas traicioneras, rivales que tientan.

La ultima vuelta del mundial es posiblemente el mejor ciclista del año, al menos el más intenso, cualquier cosa, cualquier opción queda arruinada por un mal paso, o un golpe certero del rival. Porque no hay enmienda ni solución si la ventaja que se toma se percibe insalvable, porque te pesa todo, el tronco, las piernas, los brazos, la mente, el alma.

Un grupo grande atraviesa la línea de meta, un grupo que no tarda en desgajarse ante el empuje de Michele Scarponi que lleva a Vincenzo Nibali en su rueda, como a Purito, Rigoberto Uran, Rui Costa, Alejandro Valverde. Son los más fuertes de entre los fuertes.

En la primera de las subidas, Nibali ataca, se ha caído, ha remontado y está en punta. Su culotté está roto por encima de su rodilla izquierda. Resquicios del tortazo que no pudo frenarle.

Purito le marca. Rui Costa viene por detrás, con Uran y Valverde. El grupo de cabeza se perfila. Antes de la cima de Fiesole, Purito acelera, Nibali se le solapa entre el humo de as abundantes bengalas que colorean la escena. Son cinco segundos en la cima , escasa renta. Insuficiente incluso colaborando.

La carrera va loca, desenfrenada, lanzada. No se mide el riesgo y los descensos son mortales. En uno de ellos, Rigo Uran da un mal paso en la bajada, su rueda delantera se encaja en un desagüe de la carretera, da una vuelta de campana a mil por hora. Se levanta mareado, se apoya en el terraplén contiguo. Se lamenta. El colombiano esta fuera a nueve de meta.

Nervios a flor de piel, sentimientos encontrados, dolor entremezclado por la emoción de un arcoíris en el horizonte. El tren del mundial sólo pasa una vez, y a veces hasta ninguna.

La bajada se acaba y Purito va con ligera ventaja. Nibali tira ahora de Valverde y Rui Costa, acomodado en una perenne discreción.

“Purito is going for gold” cantan los narradores

Pero Nibali no quiere darle cuerda. La siguiente subida es menos larga, pero más dura. Entre el descenso que arruinó la carrera de Uran y la misma, hay un llano en el que Nibali pide ayuda. Valverde se borra, Rui Costa pasa lo justo para cumplir el expediente.

Son once segundos.

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Purito va ligero, balancea su cuerpo en la cuesta al ritmo de la

A cinco de meta Nibali no vacila, da un empujón decisivo para cazar a Purito. Valverde se solapa, Rui Costa sufre. Agonía pura. Cinco kilómetros para meta.

Pero Nibali no desiste, quiere que esos cuatro o cinco segundos que mantiene Purito desaparezcan y lo logra. Purito es cazado por los perseguidores.

Todos miran entonces a Valverde. Es el más rápido del cuarteto de cabeza. Purito se pone a cola del grupo, respira y vuelve a progresar.

Situado delante, Valverde le toma la rueda. Son tres para meta. En una curva de izquierda, donde acaba la bajada, Purito vuelve a atacar, Valverde hace el corte, Nibali debe reaccionar. Otro sobreesfuerzo.

Esta vez sí, la meta se ve al fondo y Purito lleva ventaja. Curveo anterior a los dos de meta y Purito se va, poco a poco, imperceptible.

Nibali está entregado, cocido, rodo. El trío lleva la amenaza por detrás, en un puente por encima de la vía, Valverde no se percata que, sigiloso, Rui Costa pasa adelante y hace corte. Dos giros a la izquierda y otro a la derecha y el caballo se había ido.

Rui Costa, el mismo que venía de ganar dos etapas en el Tour, el mismo que decidió volar de Movistar porque no quería deberse a terceros, le había robado la cartera a su entonces compañero murciano.

Valverde quieto tras la rueda de Nibali no se percata de que el italiano ya no está para tirar

Por delante Rui Costa se deja el alma para coger a Purito y lo hace. El catalán no da crédito a lo que ve. Se gira, le habla “¿qué coño haces aquí?”. Luego mira para atrás, sabe que está perdido, el luso es más rápido y se impone en el sprint, un sprint ajustado, auténticamente de ciclistas crujidos por siete horas de esfuerzo.

Podríamos decir que fue un sprint de peseta, ya no había ás metros para contemporizar ni esperar a Valverde. Rui lo lazó y Rui cruzó primero, y eso que Purito, rápido en estas situaciones, le tomó bien la rueda.

El cielo se desplomó sobre su cabeza en ese mismo momento.

The 2013 Road Cycling World Championships are over. Have you been following the UCI World races? Here are the results: http://ow.ly/puREv[Photo Credits: UCI Road World Championships Toscana2013]

Publicada por Visit Tuscany en Martes, 8 de octubre de 2013

Quince segundos después de cruzar Rui y Purito, Valverde gana el sprint a Nibali por el bronce. Valverde cruza la meta y se desata la tormenta, y no meteorológica, son las nubes de la decepción supina sobre la delegación española.

Micros, grabadoras, cuadernos, anotaciones. Nadie da crédito a lo ocurrido

En los planes de Mínguez figuraba bajarse del coche en la última vuelta para ver la carrera desde fuera, con perspectiva y en tiempo real. Verlo desde la televisión y llamar por teléfono a Pascual Monparler, al volante del coche de la selección, para dar instrucciones. Sin embargo la estampa de los mecánicos calados hizo desistir al técnico que siguió en el coche hasta el final.

“No quise abandonar el barco hasta el final”.

No es sencillo seguir un mundial desde el coche, porque a la tormenta terrible que caía en el momento, los cortes de la transmisión en radio vuelta eran constantes y no había señal televisiva.

El coche, en aquella vuelta final era un hervidero de nervios y desconocimiento real de lo que pasaba. Llamadas telefónicas, felicitaciones por la victoria, informaciones sobre la suerte de Purito con Rui Costa,…

Nada era cierto, nada real hasta que pasado un rato se supo que había pasado aunque no cómo había sucedido. “La gente que confunde con llamadas de teléfono, que si gana Purito, que si Valverde… pero con la serenidad que dan los años dejas de lado todo y te centras en lo que oficial”.

Y lo oficial era que España tenía plata y bronce cuando minutos antes del final muchos dieron por hecho el oro y la plata.

Mientras Rui Costa, Purito, Valverde y Nibali entraban en el box, Javier Mínguez y el coche de la selección era desviado. Mientras se preparaban la ceremonia del podio, los ciclistas se aseaban y los fotógrafos se agolpaban, Mínguez se bajaba del coche dirección al bus de la selección.

Lo único seguro, se había logrado la plata y el bronce. La tormenta no era sólo de lluvia. Micros caían como chuzos sobre el seleccionador que solicita calma. No ha visto la carrera, no ha hablado con los protagonistas. Nada aún.

Imagen: La Voz de Galicia

Mundiales de leyenda: Esa tarde de Oscar Freire en Verona

Mundial de ciclismo- Verona Oscar Freire JoanSeguidor

En Verona empezó y acabó el idilio de Freire con los Mundiales

Recuerdo aquellos días tempranos de octubre de 1999, la semana que conducía al Mundial de Verona, el primero de Oscar Freire.

Recuerdo pesimismo, Paco Antequera justificando una alineación ajena a las estrellas, con un bloque plagado de incógnitas, sin certezas.

Era un mal muy extendido en aquel ciclismo español, acostumbrado a a abundancia de Miguel Indurain, de Abraham Olano.

Pero si veníamos de un oro y plata en el mundial contrarreloj, un año antes, firmado por el mentado Olano y Mauri, segundo.

Esos días en Verona, Iván Gutiérrez se había colgado el oro en la crono sub 23 marcando el camino de otro cántabro hasta la historia hacia la inmortalidad.

Por que lo que sentimos entonces, viendo la evolución de Freire por el Mundial de Verona, lo ratificamos hoy.

Siempre delante, bien ubicado, atento, marcando lo que sería su carrera, saber pescar en río revuelto, entre estrellas rutilantes como Casagrande, Ullrich y VDB, que aquellos días volaba.

Cuando Freire nos contó su milagro de San Remo, explicamos aquel Mundial en Verona… la historia de un ciclista único.

Teledeporte nos lo recupera hoy.

El primer Mundial de Oscar Freire se consiguió entre un grupo de estrellas saliendo de la nada…

Recta final del Mundial de Verona.

Apenas 500 metros para meta.

Allí están las grandes figuras del ciclismo mundial, vigilándose entre sí.

Es el momento decisivo de la carrera.

Un despiste, una mala colocación, un pequeño corte o una rueda inalcanzable, y todo se iría al traste.

Y eso, después de 16 vueltas a un circuito de 16,25 kilómetros, habiendo tenido que superar la dura tachuela del repecho de Torricelle: 1,4 km al 9%.

Llevan más de 6 horas de pedaleo por un auténtico recorrido rompe piernas.

Todos se preparan para el esperado desenlace final abocado al sprint. El pequeño grupo de elegidos está integrado por nueve corredores.

Llevan un rato zigzagueando, jugando al gato y al ratón.

Hay un pequeño parón.

De repente alguien ataca: ¡se trata del único integrante de la selección española!

Los Zberg, Robin, Casagrande, McRae, Camenzind (actual campeón y portador del maillot Arco Iris), Vandenbroucke, Ullrich y Konyshev, se miran unos a otros.

Apenas unas décimas de segundos de dudas. Para cuando se dan cuentan, el «tapado», que había saltado por la derecha como una flecha, ya había cogido unos cuantos metros de distancia.

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Los suficientes.

Tan sólo cuatro segundos de margen que le sirvieron para levantar los brazos: ¡Campeón del Mundo de fondo en carretera! El segundo español en lograrlo tras Abraham Olano.

¡Sí! ¿Pero quién es? -se preguntaba la gente.

¡Es Óscar Freire! -narraba con voz entrecortada el recordado Pedro González.

El instante que Oscar Freire lo cambió todo

Recuerdo aquel momento.

Nadie se lo esperaba.

Sí, venía un español en el grupo de elegidos pero nadie hubiera dado un duro por aquel desconocido chico que, eso sí, había aguantado con los mejores hasta el final.

Bastante había hecho. Pero no se conformó. Afortunadamente.

Cuando saltó del pelotón yo salté con él, de golpe, para acercarme hasta la televisión y no perderme aquel histórico momento con todo detalle.

No me lo podía creer. Igual que un emocionado Pedro González que gritaba y no se creía lo que estaba pasando.

Como Perico. Como toda España.

Freire seguía avanzando. Nadie había sido capaz de ponerse a rueda. Continuaban vigilándose. Demasiado tarde. Todos brincamos de alegría con la tremenda sorpresa.

Pedro González no paraba de reír. De felicidad. Y Perico.

Con tan sólo 23 años se convertía en campeón del mundo.

Nadie se lo creía pero Freire ya era increíble.

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Óscar Freire Gómez, de Torrelavega (Cantabria), nacido el 15 de febrero de 1976, maillot Arco Iris contra todo pronóstico, estaba en aquel momento allí, en Verona, igual que se podía haber quedado en casa viendo la prueba por televisión.

Y lo corrió porque Paco Antequera, el seleccionador, había confiado en él ciegamente.

Freire, que no era cojo, ya había sido subcampeón del mundo aficionado en ruta en San Sebastián en 1997.

Y Paco lo vio correr allí y se fijo en él.

Ahí empezó todo.

Por resultados Freire no debía haber estado nunca en Verona.

Bueno, eso pensaban muchos periodistas que criticaron la decisión de Antequera.

Pero ambos les callaron la boca. Y de qué manera.

Quizás no sabían que Óscar llegaba en un excelente estado de forma, que había competido poco pero entrenado mucho. Apenas 11 carreras aquella temporada. Algunas molestias físicas en forma de dolores de espalda, de lumbares, de rodilla derecha e incluso un inoportuno pliegue muscular, hicieron que estuviera muchos meses sin competir.

ero él siguió entrenando, incluso con molestias. Hizo mucho fondo, llegando hasta los 230 kilómetros en una sola jornada.

Pero aquel día, en la línea de salida en Verona, era un perfecto desconocido para el ciclismo mundial.

Decían que aquella selección era la más débil de los últimos años, pero Antequera lo tenía claro.

La consigna para la carrera estaba definida: tener a Freire y a Martín Perdiguero lo menos desgastados posible durante los 228 kilómetros de recorrido para encarar con posibilidades las dos últimas vueltas.

Y vaya si lo consiguieron, protegidos por un gran Jon Odriozola que supo llevarlos tranquilos.

Muy bien lo tuvo que hacer el guipuzcoano porque Perdiguero se dejó ver y Freire ya sabemos lo que fue capaz de hacer, corriendo con mucha inteligencia y siempre en el grupo de cabeza, apareciendo en el instante oportuno.

Soy globero, ¿y qué? Anécdotas, historias, puertos, rutas y mucho más

En ningún momento perdió la serenidad con exhibiciones de fuegos de artificio. Para nada. Su carrera fue perfecta. En aquel mundial sabía que no le iban a vigilar mucho porque nadie le conocía. Eso le facilitó bastante las cosas, pero no le quitó ni un ápice de mérito a su victoria.

Demostró ser un corredor muy listo, con fuste de líder, y en las temporadas siguientes acabó consagrándose como lo que era, un gran campeón, repitiendo título mundial en Lisboa 2001 y sobre todo, de nuevo, en su ciudad talismán: Verona en 2004, consiguiendo su tercera corona, éxito sólo al alcance, en aquel momento, de los Binda, Merckx y Van Steenbergen.

Aquel domingo 10 de octubre muchos pensaron que aquello tenía que ser solo flor de un día, que había sido un milagro o que había sonado la flauta de casualidad, incluso se habló de la mayor sorpresa en un Mundial desde que un holandés ganara a lo «Ottenbros» el campeonato de 1969 en Zolder (Bélgica). Pero Freire era diferente, era un Óscar de Oro.

Por Jordi Escrihuela

Imagen tomada de Velominati