Tirreno-Adriático 2013: Grazie Vincenzo

Tirreno-Adriático 2013 Vincenzo Nibali JoanSeguidor

Aquella Tirreno-Adriático del 13 es una de las carreras de la década

Retomamos la página de la historia estos días que extrañaremos la Tirreno-Adriático con aquella memorable edición de 2013, cuando frente a todo pronóstico Vincenzo Nibali tomó la cabeza y…

—escrito el 11 de marzo de 2013

Un espectador bromeaba hoy vía twitter en la retransmisión de Esport 3 de la etapa de la Tirreno-Adriático: “Hoy todos los Excel se han cortocircuitado en Team Sky”. Qué gráfica descripción de la realidad, qué gráfica y fiel porque en la grandeza del ciclismo cabe siempre lo improbable y lo discutible.

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La penúltima jornada de la Tirreno presentaba una orografía complicada que corrida a cara de perro podría resultar demoledora. Con lluvia y peligro a cada curva, estaba claro que si hoy no se discutía el atronador dominio de los hombres de negro pocas opciones se darían a lo largo de la temporada. Vincezo Nibali ha demostrado que hay esperanza para la raza humana. El quijotesco pesimismo que nos invadió al ver tan enteros y capaces a los Sky rompió contra los molinos y nos dio un resultado improbable hace unas horas.

Por que si contrastamos hombre por hombre, Vincenzo Nibali es seguramente en un mano a mano el peor corredor de los cuatro primeros clasificados en la jornada final de esta Tirreno. Mano a mano el italiano ha salido perjudicado de sus pulsos con Froome, Contador y Purito. Sin embargo, en el matiz de lo incierto que a veces sustenta las finas ruedas de estos héroes se encuentra la sisma para hacer daño.

Nibali fue el más listo de la clase. Con una general prácticamente perdida, virtualmente incluso, no cejó en el empeño de quien se sabe capaz y arrimó el milagro a su pedalear. Salvada esa pared de impronunciable cuesta, reventó hacia abajo. Buscó la suerte, no le vino ésta a ver. Y la encontró. Primero en forma de aliado conocido como Peter Sagan, y posteriormente Purito, y luego con el desaguisado que rodeaba a Froome, muy vulnerable en jornadas perrunas, tanto que deberá revisar abiertamente sus habilidades en tales circunstancias.

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Si en nuestra anterior entrada hablábamos de los problemas centrífugos que podían lastrar a Sky, con la competencia interna disparada a mil, pongamos ahora la lupa sobre las minas que le podrán sus rivales, que no son pocos y le tienen ganas. Nibali ha demostrado que el talento no es darle fuerte a los pedales sino que darle mejor, ser eficiente. Y hoy lo ha sido. Ha demostrado que el año es largo y en cualquier giro está la sorpresa. Grazie Vincenzo.

Foto tomada de www.cyclingnews.com

Vincenzo Nibali, siete razones para quererlo

Vincenzo Nibali Giro Italia JoanSeguidor

En Vincenzo Nibali concluyen todos los ciclismos, el de antes y el actual

En el World Tour que arranca hay muchos focos que corren en la espalda de esos ciclistas con tez de niño que no han querido respetar esos tiempos que marcaban los manuales de antaño, nosotros sin embargo queremos poner la mira en un ciclista que podemos describir como una leyenda, una suerte de vestigio de ese ciclismo pretérito, que hurga en el el presente para seguir vigente, hablamos de Vincenzo Nibali.

Hablar del italiano en este mal anillado cuaderno no ha sido sencillo, pues la objetividad nunca ha sido la costura de lo escrito, sin embargo, redoblando la apuesta, vamos a por siete motivos por los que creemos que Vincenzo Nibali es un ciclista que, desde la óptica del aficionado, sólo puedes querer.

 

El motivo uno tiene que ver con ese bagaje, el legado que deja a sus espaldas, un palmarés prendado de variedad y calidad en partes iguales.

Vincenzo Nibali aúna cuatro grandes vueltas (dos Giros, una Vuelta más otro Tour) con tres monumentos.

En esos monumentos ha mostrado los registros de su ciclismo, pasional, improvisación, genial en los instantes clave.

San Remo rompiendo desde el Poggio, Lombardía haciendo gala de habilidad y certeza táctica.

En este último renglón basamos el segundo punto, la estrategia, la pizarra de Nibali es de manual, de vieja y nueva escuela, transversal, un premio para cualquier maestro en esto.

 

Sacar la oportunidad de la crisis, la ventaja de la hostilidad y siempre, siempre, siempre sacar la cabeza.

Por que, ahí va el tercer motivo, Vincenzo Nibali ha granjeado un palmarés de excepción conviviendo con monstruos de hoy y de siempre como Alberto Contador, Chris Froome o Nairo Quintana, corredores que sobre el papel, mano a mano, le habrían derrotado, pero que en las vueltas que da la vida, Nibali les ha podido mojar la oreja, juntos a por separado.

Recordad aquella etapa de Tirreno, bajo el diluvio, con Froome mandando en la general, mano firme, Nibali le levanta la general en un día dantesco.

Dias así, que no se olvidan.

Cuarto motivo, es competitivo hasta el extremo.

En el Giro último Primoz Roglic parecía inaccesible, Nibali le descubrió la sima, abrió el hueco y plantó la semilla de su derrumbe.

Richard Carapaz acabó de rosa, pero a Nibali le queda el sabor de precipitar el desenlace.

Así muchas veces, es un ciclista que más allá de lo que marquen los potenciómetros, de los números corren con el alma, con las sensaciones de siempre y cariño de los orígenes.

Quinto motivo, ese amor por el ciclismo de siempre, la reconciliación con el deporte de toda la vida, con ese que dicen, perdió la magia.

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Ssexto pretexto, es italiano, eso es un plus, oírle hablar, ver lo que arrastra, sentir su hinchada… es, volvemos a lo mismo, ciclismo de toda la vida, de siempre.

Pero además siciliano, es decir socarrón e irónico, sabe quién se la ha hecho y pasa factura, Horner, por ejemplo, en aquella llegada a Hautacam, donde de amarillo del todo no perdonó una victoria, otra más, en ese Tour que ganó por que sencillamente fue el mejor, si otros no pudieron rivalizar, no fue cosa suya, fue una cuestión intrínseca al ciclismo con las caídas.

Y siete, acabamos, con esa elegancia, esa técnica, esos descensos que son un premio a la vista y el buen gusto, una forma de tratar la máquina que es seda, es sencillamente la sublimación de un oficio, el ciclista, que Vincenzo Nibali, camino de los cuarenta no se cansa de ejercer.

Tour: Vincenzo Nibali arregla el epílogo más frío y triste

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Con Vincenzo Nibali acaba el que creemos que será el primer Tour de la era Bernal

El Tour de Francia es esa carrera que tiene escapados como Vincenzo Nibali, ganador de cuatro grandes vueltas y tres monumentos, corredor prendado de una clase que no conoce caducidad y olfato de leyenda.

El Tour de Francia de 2019 ha tenido un epílogo triste y frío, como el tiempo que ha asaltado una carrera tomada por la canícula, hasta que una granizada helada entre el Iseran y Tignes nos dejó helados.

Desde entonces una sucesión de acontecimientos e incertidumbre se ha instalado en el ambiente que nos ha quitado parte de los mejores momentos de cada año.

Pero, y aunque la mano del hombre parezca larga, y la de la carrera más poderosa del mundo más, el Tour no pudo vencer la meteorología.

Por todo eso, Vincenzo Nibali fue lo mejor del epílogo del Tour, y Egan Bernal el ganador que sin duda más mereció este premio.

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Podremos estar mil veranos discutiendo sobre la decisión de acortar la etapa hasta distancias de cadetes, como aquella de Sestriere del 96, cuando Riis destapó el tarro, podremos estudiar y escribir sobre infinitas rutas y alternativas.

Una decisión que entiendo fue la mejor de las posibles porque Le Tour de France SA es el principal interesado que todo salga lo mejor posible.

Cualquier decisión va en esa dirección, cualquier conjetura, cualquier ruta que propongamos carece del fundamento de quien está sobre el terreno.

Ahora sí, y eso es cierto, sorprende que en el Tour no haya plan B, C ó D.

O es que si fallan todos a la vez, algo no funciona. 

 

Pero dejemos al Tour con sus decisiones en tiempo real, con terrenos en continuo movimiento y centremos el tiro en una etapa que supo a poco, a muy poco.

Defender, como hizo Carlos de Andrés, que el espectáculo de Val Thorens fue magnífico es abogar por lo indefendible, fue un sprint en subida, una suerte de scratch de velódromo en el que los rodillos echaron humo antes de poner continuidad sobre la ruta.

Que Vincenzo Nibali gane y perviva en esta jungla es el ejemplo de este corredor imperecedero que nunca ha aunado dos grandes buenas el mismo año y que consciente de ello se lo ha jugado todo a una carta, el triunfo parcial, que llegó sobre la bocina.

Nos alegramos de este desquite de Vincenzo en el Tour, tras lo del año pasado en Alpe d´ Huez.

Quizá en ese realismo, en esa concreción de objetivos tuvo que basarse Movistar, en vez de salir con tres líderes, cada uno de su madre y su padre.

 

Porque la propaganda oficial podrá decir que Movistar fue el que más atacó, el que más probó, porque la realidad es un pingüe resultado en el que se llevan el segundo y tercer puesto en Val  Thorens con Valverde superando a Landa en el trance final,

Una imagen que vale más que mil palabras de un equipo que, tras el espejismo del Giro, volvió a las andadas.

Con mucho menos ruido, y optimizando Team Ineos hace primero y segundo en el Tour.

Oro y plata, toma, el ganador vigente se queda segundo, el tío más admirable del ciclismo en mucho tiempo, Geraint Thomas, y la promesa es ya realidad: Egan Bernal.

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Ellos corrieron sabiendo en todo momento a qué iban y cómo lo tenían, mientras se vociferaba que no eran los de antaño.

Lo único emocionante del criterium de Val Thorens fue el derrumbe controlado de Alaphilippe, demasiado ha hecho el francés.

Pero que le quiten lo bailado, este Tour es mucho más suyo que el inquilino de la tercera plaza, Steven Kruijswijk.

Entre la estadística y el corazón, nos quedamos con lo segundo.

Imagen: FB Le Tour de France

Giro 2013: Nibali, el Tiburón que emergió del frío y del hielo

El Giro de 2013 fue una carrera helada que dominó el «tiburón» Nibali

Ni miró para atrás.

Enrabietado, Nibali impuso su ley en la ascensión final a las míticas Tres Cimas de Lavaredo para acabar con el Giro de 2013.

Igual que lo hizo Merckx hace nada menos que 45 años.

El mismo escenario.

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La misma meteorología.

La nevada era cada vez más intensa.

El frío también.

Vincenzo intentaba entrar en calor soplándose en las manos.

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Frío intenso.

Estábamos asistiendo a uno de los Giros más duros, climatológicamente hablando, de los últimos 25 años: lluvias y fuertes nevadas.

Nibali no iba a aceptar ni una crítica a su incontestable victoria en la Corsa Rosa, para nada, a pesar de ser una edición recortada por temporales de todo tipo (el mítico Galibier, una jornada entera suspendida, sin ascender los épicos Gavia y Stelvio), el siciliano tenía la victoria en los bolsillos del maillot, pero el Tiburón para saciar su sed necesitaba más, tenía que acallar voces.

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Y lo hizo de un solo golpe y con autoridad, como si no hubiera sido suficiente su demostración de fuerza ganando la cronoescalada a Polsa.

En las rampas del Lavaredo desató su ira y fue devorando con hambre voraz a escarabajos y canguros.

 

Todos, resignados, sólo podían seguir a distancia la estela de su aleta rosa ascendiendo y perdiéndose entre el blanco manto de la montaña.

Cada vez nevaba más intensamente.

Una nueva etapa épica y otra vez de nuevo en el Giro.

 

Finales de mayo.

Sólo el rosa.

El rosa en su maillot.

Y nada más.

Sólo lo obligatorio.

No quiso salir vestido todo de rosa, como suelen hacer los campeones más coquetos, ni con el casco, ni con las gafas, todo de color de rosa que con tanto mimo le había preparado su equipo.

No quiso.

Se lo tenía que ganar en las Tres Cimas.

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Y así fue.

Nadie pudo seguirle y machacó el Giro a lo grande, su segunda gran vuelta, tras la ronda española del 2010.

Por fin el Tiburón del Estrecho (de Messina) era profeta en su tierra, delante de los suyos, su familia, que tanto le habían apoyado desde que era un niño cuando con 8 años le compraron su primera bici, y sus amigos, esos que tanto ha tenido que dejar de lado para prepararse a conciencia para ganar este Giro, muchos días fuera de casa, stages en altura y muchas carreras.

Nada más bajarse del podio sus palabras iban dirigidas a su familia: “Ho lavorato tanto per arrivare fin qui, ora è tempo di godersi il trionfo con la familia”.

Y añadía: “Non ci credo, ho realizzato il sogno di una vita”.

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En efecto, había cumplido el sueño de toda una vida.

El siciliano que partió con 17 años a la Toscana para hacerse ciclista, rebosaba felicidad y esbozaba una gran sonrisa con su gran trofeo: “la sua belleza equivale al peso, è davvero spettacolare”.

Y ahora sí, todo vestido de rosa.

Foto: Giro de Italia

 

A Vincenzo Nibali no le va a valer la segunda plaza del Giro

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Si está Nibali, el Giro no acabará hasta la última raya de meta

En este ciclismo hay dos tipos de corredores, los que siguen pies juntillas las instrucciones que brotan del pinganillo, y los que en algún momento toman decisiones por su cuenta, exhiben riesgo y a veces ganan.

De estos hay más de los que nos imaginamos, casi todos los capos fueron cola de ratón, o elefante, alguna vez, y casi todos los capos, llegado el momento, dieron el paso adelante para postularse.

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En este Giro hay uno de los corredores con más prestigio en el pelotón actual.

Es Vincenzo Nibali y éste no espera

 

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No lo tiene sencillo, porque Richard Carapaz está fortísimo y Primoz Roglic sigue contando a pesar de la jornada que tuvo que pasar por el lago de Como.

Vincenzo Nibali ya lo ha tenido complicado otras veces, pero lo suyo no es renunciar.

Si miramos atrás nos daremos de bruces con la historia de un siciliano que es querido en toda Italia como el hijo que todas las madres quisieran tener.

Si miramos hacia atrás, veremos que las cuatro grandes que ganó Vincenzo Nibali tuvieron su miga, y ésta no fue suficiente para amilanar el afilado ciclista de Messina.

 

Aquella Vuelta de 2010 fue la carrera de la supervivencia tras la caída de Igor Anton en la antesala de Peña Cabarga y el hundimiento de Purito en la crono de Peñafiel, uno de los peores recuerdos del catalán sobre la bicicleta que le valió hasta las chanzas del eternamente talentoso Dimitry Konishev.

Nibali caminó en el filo en la Bola del Mundo, tras Ezquiel Mosquera, pero lo aguantó y ganó.

El Giro de tres años después, con todos mirando a Brad Wiggins, ganador vigente del Tour, a Cadel Evans, el anterior al británico… Nibail, callado, hizo e hizo y acabó ganando bajo la nevada de Lavaredo.

 

Tour de 2014, el sol no se ponía entre Froome y Contador.

Ambos acabarían fuera de carrera y Nibali emprendería un paseo de amarillo hasta París, pero antes de irse, los dos favoritos probaron el mordisco del «squalo» en la llegada Sheffield, donde nadie tuvo agallas a seguirle bajo la lluvia.

Y el Giro de 2016, una carrera que Stven Kruijswijk tenía ganada a 48 horas del final hasta que en el Agnello y su descenso Nibali dio cuenta de su rival, porque planteó la carrera como un terreno minado, de guerra, un hostigamiento que provoca errores y con ellos perder grandes carreras.

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Este es Vincenzo Nibali, el mismo que sacó a Froome de una Tirreno que tenía ganada en el diluvio universal, el mismo que se adelantó a los velocistas en San Remo, el mismo que ha ganado dos Lombardías, lo más al norte de la bota, allí donde le quieren como si hubiera nacido entre esos montes.

En el laberinto de Como, Vincenzo Nibali reeditó su «performance» de Lombardía y puso la carrera al límite.

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Exigió lo mejor de Carapaz y descolgó a Roglic y Landa.

No le vale la segunda plaza, sólo cuenta la victoria.

Y eso lo llevará adelante hasta el final.

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Por eso, esperamos al mejor italiano en la tercera semana, ahí donde todos flaquean y la carrera se hace pesada.

La semana en la que el fondista de nacimiento toma las riendas y hace pequeñas exhibiciones como las de Civiglio, el único sitio donde el siciliano ha hecho daño en este Giro, el lugar donde pasó de las palabras con Roglic y Yates, a los hechos consumados.

Si esta semana final del Giro merece mucho la pena, es por que, entre otras cosas, Nibali está en la pomada y no va a parar.

Imagen: FB Giro d´ Italia

 

 

Cuando dijimos que el Giro es largo…

Giro de Italia carapaz JoanSeguidor

El Giro de Italia presenta el mejor escenario en la semana decisiva

Las tres semanas son otra cosa.

A veces nos preguntamos por la esencia del ciclismo.

¿Grandes o clásicas?

¿Pequeños sorbos o atracón?

El ciclismo no tiene término medio, es una cosa u otra.

Nosotros no nos desdecimos, las clásicas son ciclismo a partido único, sin guardar, sin compasión.

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Pero hay veces que las grades cumplen las expectativas, y el Giro de Italia no suele fallar.

Es una carrera, la carrera de tres semanas por excelencia, cada vez más, ajeno a su envoltorio, por como se corre y se compite.

¿Cuántas veces vemos la maglia rosa escapada?

En el Giro de Italia es raro que no ocurra porque la carrera obliga, se mueve todo en un filo, están todos cerca, aunque parezca lejos, y lejos, aunque los estén viendo.

Es una carrera como un acordeón, en las subidas y bajadas hacia el Lago de Como, Primoz Roglic los tuvo a tocar, se le fueron, los cogió y se le volvieron a ir.

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Por eso cuando, presos de la exhibición del rodillo esloveno, muchos ya le atribuían la maglia rosa que se entregará en la arena veronés, dijimos: «Esto es largo…»

Por eso las tres semanas es otra cosa, es una ruleta, un casino que se dice en Italia.

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Primoz Roglic es un tipo frío, un témpano, cuyo rostro no hace mueca ni en las peores situaciones.

Ni siquiera en las curvas del Lago di Como, un capricho de la naturaleza que abruma por la belleza de sus montañas, por el azul de su agua, por unas nubes bajas que tintan de onírico el lugar.

La carrera de Primoz Roglic en este Giro está siendo una montaña, con su subida y punto álgido y un descenso que presenta curvas y complicaciones.

 

Se sabía que Vincenzo Nibali querría sacarle brillo a la versión «Giro» de Il Lombardia

Richard Carapaz, que va sin cadena, era consciente y no le dio un centímetro cuando el siciliano atacó.

Y ahí empezó todo, ahí empezaron a caer caretas.

Roglic no acostumbra a salir a los ataques secos, pero es que esta vez ni siquiera recortaba cuando se puso en «modo Sky» a recuperar.

La salida de carretera del descenso anuncia que al esloveno le corre sangre por las venas y es sangre que empieza a calentarse.

Siguiendo con los símiles de casino, acabará haciendo un «doble o nada» y posiblemente se lleve alguien por delante.

 

Su ventaja se ha esfumado y el contador corre al revés.

Roglic tiene a Nibali más cerca y a Carapaz más lejos

Creo que entre estos dos y el esloveno estará el podio.

Y lo que anuncian Nibali y Carapaz es una cantinela que nos gusta, un ritmo que sigues con chasquido de los dedos, acompasado pero vibrante.

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Vincenzo Nibali es un corredor de época 

El ciclista que ganó cuatro grandes entre el Team Sky y Alberto Contador, eso traducido en carrera significa que lo que espera a sus rivales es un infierno de ataques, trampas y demás movimientos que harán de la próxima la semana más larga de sus vidas.

Richard Carapaz vuela

Es un corredor que camina por todos juntos, no bajó como Nibali, pero le cazó tirando, en primera persona, en el llano previo a meta.

Y ya tiene a Roglic cerca del minuto.

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Luego está el resto.

Rafal Majka que está aunque parezca lo contrario y Mikel Landa, quien dice respetar a Carapaz, pero…

Lo visto en un momento de Civiglio, el líder delante, el alavés tirando atrás, una vez neutralizado su ataque demuestra que Landa, por mucho que Carapaz sea líder, quiere seguir vivo en la pelea.

En breve, La Cerdanya Cycle Tour cambia su precio 

Y lo está, aunque recuperar tres minutos sea para muy machos, demasiado.

Seis etapas, el tappone sin el Gavia, la crono y tres complejas.

El Giro se va a descansar con el mejor preámbulo posible.

¿Ha vuelto el mejor Vincenzo Nibali?

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Parece que Vincenzo Nibali está más que listo para el Giro de Italia

En el pelotón, el otro día lo preguntaban, hay ciertos corredores tipo Sagan, Valverde, Froome o Cavendish que se precian de ser leyendas de su tiempo, símbolos de su generación, estrellas que trascienden ciclos.

Vincenzo Nibali está en ese nivel, nivel leyenda

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Es sin duda uno de esos corredores de culto que es imposible no querer.

Cuatro grandes le contemplan, tres monumentos le engrandecen y parece que esto va para largo.

Sin embargo no han sido tiempos sencillos para el siciliano.

Desde que un subnormal que tirara de su bicicleta en la infumable nube de Alpe d´ Huez, Vincenzo Nibali ha sido una sombra.

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Con la afortunada excepción del memorable duelo que mantuvo con Thibaut Pinot en Lombardía, Nibali no ha estado en cabeza más allá del desenlace de su amada San Remo.

Y sin opciones reales de dar la campanada, por ese día Alaphilippe los llevaba firmes.

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La semana pasada, a dos del inicio del Giro en Bolonia, en los días previos a la Lieja-Bastogne-Lieja que acabaría entre los primeros, Vincenzo Nibali volvió a asomar en cabeza, fue en el Tour de los Alpes.

A saber, no fue el escenario más exigente, en lo que hace referencia a rivales, pero sí un buen sitio para dejar ver que este tiburón vuelve a tener mordida.

Hubo una etapa en la que llegó a atacar seis, o siete u ocho veces.

 

E hizo daño, sobre todo para arriba.

Rompía el grupo, ponía en apuros un Team Sky en el que Chris Froome actuó de doméstico.

Un gregario con cuatro Tours de Francia en el palmarés.

Delante tuvieron Tao Geoghedan y el ganador, Pavel Sivakov.

 

Nibali les probó, y como en los viejos tiempos le vimos tirando del grupo con dos o tres Sky a su rueda.

Como en tiempos de Wiggo y Froome, en ese Tour que hemos recordado estos días.

Vincenzo Nibali ha sido especialista en nadar y pescar en aguas ajenas

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El Team Sky deja el pelotón para llamarse Team Ineos habiendo ganado ocho grandes vueltas con tres corredores.

A saber: las seis de Froome, a los cuatro Tour sumadle Giro y Vuelta, más las victorias de Geraint y Wiggo en la «Grande Boucle».

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En este periodo de «tiranía negra», Vincenzo Nibali ha sido capaz de ganar cuatro grandes vueltas: dos Giros más Vuelta y Tour.

Sí seguro que muchos dirán que el Tour que ganó fue sin otras estrellas, pero estuvo ahí y no falló.

En esa edición también tomó parte, y llegó a París, Alejandro Valverde, y hasta quedó fuera del podio.

 

Lo que venimos a decir es que en el Giro de Bernal, Roglic, Yates y Dumoulin, hay un maestro en sacar partido de situaciones adversas, de tenerlo todo perdido pero correr para ganar…

Se llama Vincenzo NIbali, una leyenda, un privilegio y seguramente uno de los favoritos top a llevarse la corona rosa en la arena de Verona.

En el Tour de los Alpes tuvimos la imagen que queremos de uno de los grandes nombres del momento, tanto y tanto tiempo después, y esa geografía estrecha y alargada que es el Giro de Italia, es el manual de estilo que ha hecho grande este ciclista que vino de Sicilia para conquistar los corazones de la bota.

Imagen: FB Tour of Alps

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#Moments 2018: Con Nibali empezó la primavera

Nibali San Remo JoanSeguidor

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El ataque y victoria de Vincenzo Nibali en la classicissima hizo salir el sol

Nibali en el Poggio, una tarde de marzo… 

En la primavera de San Remo el sol entra plano, casi a contraluz.

Los ciclistas lo ven, en el inicio del ocaso, una tarde de marzo, generalmente fresca.

Los corredores entran y salen hacia el mar, por la serpiente de Liguria que vacila el azul mediterráneo.

Mantequilla para la luz que llega del astro rey.

Pero hay un momento, superada la Cripessa, los capos, que la luz es nítida, la carretera imparte justicia.

Es el momento previo a coronar el Poggio, un montículo sobre la capital de la Riviera, un grano apenas en el perfil de la jornada.

El pelotón lo sube a mil por hora, nadie se va, todos los intentan.

Es imposible abrir hueco hasta que la luz entra casi de pleno.

Y surge la centella, un ataque, uno sólo, no necesita más.

Vincenzo Nibali surge de la nada y crea la nada entre él y el resto

La victoria, él, la cabina de la curva y el pelotón.

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Es un suspiro.

Un caminar por el filo con riesgo a caer por alguno de esos terraplenes que se suceden camino de la Via Roma.

Curva y contracurva.

Por delante afilado, acoplado a la máquina Vincenzo Nibali, malabarista, prestidigitador de descensos imposibles ante la mirada de quienes nadan por cogerle.

Y es ahí, en las avenidas, entre peraltes y bordillos envenenados por la humedad, porque ahí nunca entra el sol, donde Nibali levita, vuela, y cumple su amenaza.

Gana la Milán-San Remo, con el sol entrando plano.

El AG2R La Mondiale montará los neumáticos Fortezza Senso T de Vredestein

Haciendo del ciclismo arte y del ataque poesía.

El primer gran momento del año, el surgir de la primavera, una palabra universal que en ciclismo significa mucho, tanto como la rúbrica de Vincenzo Nibali.