Ciclocross: diez motivos para amarlo

Tuvalum

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En la modalidad de invierno, el ciclocross, el ciclismo se mira entre multitudes, bosques y lagos

Por mucho que el calor se resista a irse, ya tenemos aquí el meollo de la campaña de ciclocross.

En unos días, el primero de noviembre, por los santos, es la carrera del Koppenberg, una fiesta que en el imaginario de quien esto firma figura como la subida de telón.

Ciclocross: Tanto en España como más allá de los Pirineos, encontramos diez motivos para verlo y amarlo…

  • facilita que haya ciclismo doce meses, un non stop, con campas en medio de Flandes o Medina de Pomar, que se combina con las eternas veladas de seis días en velódromos para darnos la medida de que el ciclismo es un deporte redondo y el ciclocross contribuye a ello.

 

  • siempre a la vista, si vas a un circuito, muy mal se ha de dar para no ver carrera durante gran parte de la misma. No te la cuenta, la vives, la ves, y si no es posible, el calambre de ruido que acompaña a los ciclistas permite saber donde están.

 

  • perfecto para ver en la televisión, con cuatro cámaras fijas, un buen traveling, el ciclocross es una modalidad televisiva, con una plasticidad que es un regalo a la vista. El «slow motion» sencillamente te lleva a otros tiempos.

https://www.joanseguidor.com/ciclocross/

  • permite a populares abrir el fuego para luego los pros competir en el mismo circuito, un lujo que pocas cosas ofrecen, el ciclocross entre ellas

DT-Swiss Junio-Agosto

  • los niños se lo pasan en grande, ven y practican en directo, jornada para ir con ellos, en medio del campo, de la nada, en un ambiente que premia el esfuerzo, que es competitivo, obviamente, pero también deportivo, salvo que el alcohol y sus efluvios jueguen malas pasadas

 

  • no hay tregua, ni tiempos muertos, casi ni respiros. Le llaman «sabor a sangre» y es una competición en la que si no acabas roto, destrozado, casi odiando la máquina, es que no has entregado todo lo que te pide.

 

 

  • es la modalidad a caballo, puedes tener buenos carreteros y bikers, en el mismo circuito, porque ofrece ocasiones para todos, un chance que pocas veces tenemos en el ciclismo superespecializado.

 

  • ambiente único, es ciclismo de orfebrería. Tanto entre el público, como por los auxiliares y los mecánicos dejando todo a punto en tiempo récord. En medio del lodazal la bicicleta debe estar perfecta.

 

  • el ciclista está a tocar, a veces tanto que la intimidad que se genera con él no se da en todo el año y se le ve pasar varias veces

 

  • las bicicletas, esas joyas, ese material que pone ojos como platos, que corta el camino, surca el barro y vuela por los sueños de la gente. Pasar a verlas por las carpas de los corredores. Es la alquimia resultante de sacarle lo mejor posible a la máquina.

Viste Endura, ahora que viene el frío 

 

 

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