Cicloturismo de nieve

Tuvalum

Las cinco de la tarde y nieva. No tendría que tener nada de extraño ¿verdad? Estamos a 28 de diciembre y esto habría de ser lo normal para estas fechas.

Para mí siempre es un pequeño placer, escribir mientras veo caer la nieve a través de la ventana. Un sorbo de café y el vaho de mi aliento en el cristal.

¿Por qué nos atrae tanto la nieve? Alguien dijo, con toda la razón, que es muy divertida si no tienes que ir a trabajar. ¿Por qué les gusta tanto a los niños? Quizás porque a ellos, y a nosotros, no tan críos, nos aleja de nuestras rutinas y nos saca una sonrisa del alma.

Sigue nevando ahí afuera.

Tampoco caeremos en la ingenuidad de preguntarnos, como alguien sí lo hizo, de por qué lo hace, de por qué es así, dándole un toque de ignorancia, casi de milagro, a un fenómeno tan natural como la nieve.

Nieva, nieva… ¡nieva!

El cielo llora copos blancos.

El invierno está dando una pedalada más en su reinado en el tiempo y en el espacio.

Demarra con una ofuscada nieve imponiendo su albina sábana en nuestros montes más cercanos.

Los ciclistas no nos arrugamos ante los elementos y dejamos que nuestras bicicletas queden pintadas de blanco satinado al capricho celestial.

Brilla el sol.

Hoy salimos. Día radiante. Cielo azul con algunas pinceladas en forma de nubes en el horizonte para hacer bonito. Vamos a contemplar los obsequios blanquecinos que nos ha regalado la nacarada novia glacial en nuestros campos y montañas.

Un regalo para los ojos. Sol y nieve. El contraste perfecto. Un espectáculo para los sentidos.

Bien abrigados. Frío seco. Soportable. El aire entra en nuestros pulmones y respiramos profundo. Las bicicletas son para el verano, pero es innegable que salir a pedalear de una manera diferente, disfrutando de los cambios en el paisaje, hace que para nosotros lo exótico sea montar en estas condiciones.

La inesperada llegada de la cellisca nos recuerda que el invierno ya ha llegado, y nos permite salir a rodar en estas curiosas circunstancias que supone andar rodeados de nieve, mientras los rayos del sol se reflejan en nuestras cumbres más cercanas y nuestros rostros se iluminan cuando contemplamos las carreteras que las surcan y que por algunos días se visten de blanco.

Territorio de esquiadores, la nieve nos ofrece ese contrapunto que nos anima a los cicloturistas a experimentar y sentir a nuestra manera.

Deportistas de esquí alpino, de fondo, de snowboard, de raquetas de nieve o de paseos en trineo, a todos ellos, les tenemos que estar muy agradecidos, tan aficionados como nosotros a la alta montaña, que han hecho posible que se hayan asfaltado pistas dirección a las estaciones de esquí.

Seguro que, muy cerca de casa, podremos deleitarnos del placer de caminar en bici sitiados por la nevada del día anterior, bajo un sol que, con timidez, quiera ir calentando el ambiente de una temporada que ha de arrancar con frío y en breve.

Delante de estos paisajes todo un abanico de nuevas experiencias se abre ante nosotros: montañas espectaculares, ríos, lagos, bosques… los veremos de una manera completamente diferente, para gozarlos solos o en compañía.

Pedalear entre pueblos nevados, carreteras solitarias donde nos dejaremos invadir por la belleza de los paisajes, tan diferentes y únicos, en esta típica época del año.

No se trata de ir a tope, de momento, pero sí de andar en bici de una manera armónica, sin tensiones, a buen ritmo, de forma aeróbica, practicar deporte realizando esfuerzos moderados en lugares que, casi seguro, serán espacios de gran interés natural.

Una unión perfecta entre nosotros, a lomos de nuestras bicis, y unos entornos privilegiados que consienten que nuestras pequeñas reinas sean además nuestro medio de transporte, y permiten desplazarnos a visitar lugares habitados en la montaña que quizás en pleno invierno se hayan quedado aislados.

Es momento de poner alas a nuestra imaginación para dejarnos seducir por el encanto de nuestras tierras más próximas completamente nevadas que se abren majestuosas delante de nosotros.

Ambientes de gran belleza y variedad. A cada pedalada, nuestros sentidos se irán despertando.

Porque la nieve es pasado, presente… ¿y futuro? Esperemos que sí, porque el oro blanco transforma las comarcas, un tesoro para muchos municipios que han explotado este turismo de nieve, que les ha ayudado a prosperar, pueblos quizás deprimidos que gracias a ella han mejorado su nivel de vida, sus infraestructuras y comunicaciones.

Destinos turísticos tranquilos y de calidad, para disfrutar también en bicicleta.

Turismo de nieve. Cicloturismo de nieve. ¿Por qué no?

Por Jordi Escrihuela

Imagen tomada de http://rodillociclismo.com/

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