#ClassicMen El camino ya no lo traza Cancellara

La sesión de clásicas del año en marcha será especial. Vivirá los últimos requiebros de Tom Boonen y se hará sin Fabian Cancellara marcando el camino. Hay un buen listado de nombres para sucederles, y seguro que lo harán bien, pero la grandeza de los dos polos opuestos, las fuerzas brutas de este periodo, siempre flotará en el ambiente como una de esas rivalidades que trascendió fronteras y caló en el ADN del buen aficionado.

Porque estadísticamente la cifra fue demoledora. Durante diez años tanto Flandes como Roubaix cayeron de un lado u otro. Si no ganaba Tom, si no triunfaba Fabian, lo hacía alguno de sus acólitos: Terpstra, O´Grady, Devolder,… sólo perlas aisladas, Ballan, Van Summeren o Nuyens, rompieron la tiranía.

Con ese ejercicio de memoria, y la figura latente de Fabian cerca de nosotros en la retina, la dimensión del llamado espresso de Berna seguro que se echará de menos en los highlights de esta sesión. La anterior fue rara para Fabian que cayó en la vuelta de honor al velódromo de Roubaix mientras la mirada se le nublaba por la emocion de la despedida, una despedida que la hizo fajado en mil situaciones y una terrible caída que no le sacó de la ruta, pero que hablaba de la tremenda carrera que su rival del alma, Tom Boonen, había planetado pillándole a contrapié a una eternidad del velódromo.

Una semana antes, un momento, un titubeo, provocó que Kwiatkowski y Sagan se fueran ante su mirada sin el poder de reacción necesario. Devolder, experimentado en los laberintos de Flandes, le hizo el gesto, ahí van dos campeones del mundo, Fabian les dio rienda, y no les cazó, no al menos a Sagan, que se valió para dejarle segundo en su ultima De Ronde.

Al margen de los renglones finales, Fabian fue un corredor cameleónico en la llamada primavera. Tres por tres, tres Roubaix y otras tandas Flandes, a la que sumarle una San Remo marca de la casa, abordando el último kilómetro a full y dejando el pelotón sumido en desconcierto. Ese Fabian fue natural miuchos años, al punto que dijimos, si el suizo no gana por KO, de lejos y a lo bruto, no tiene herramientas para gestionar el triunfo.

Así rebañó Flandes y Roubaix y del tirón, sacando un pozo al resto de rivales, llegando con tiempo para celebraciones, besos y algarabía. Pero ocurrió un día que los rivales se le soldaban a rueda y no había forma de romper la carrera. Lo comprobó en Roubaix 2011 cuando una mosca cojonera vestida de arco iris, Thor Hushovd, se convirtió en su sombra y neutralizó todo el poder del suizo.

Con ese nuevo guión llegaron triunfos memorables, para un servidor los mejores, tanto el de Roubaix 2013 como Flandes 2014. En la primera remontó a los escapados y soltó rivales para batir a Vanmarcke en meta. En la segunda, remó y remó a contracorriente, en pleno desconcierto de Quick Step y frustración de Van Avermaet. Llegó al sprint con éste y otros dos, también los ganó.

Victorias ajustradas, apretadas que marcaban la piel de camaleón de Fabian, el corredor que llenó de adoquines y tierra su vitrina, pues también exhibió victorias en Harelbeke y dio lustre a la clásica de nueva generación, la Strade Bianche, una carrera que Cancellara prestigió con su registro imbatible hasta la fecha y que este año, sin ir más lejos, ya está entre las mejores del mundo, cuando nació hace una década escasa.

No sé si Fabian estará por las metas de Roubaix y Flandes este año, no sé si querrá prodigarse, o tomar distancia, de lo que no cabe duda, es que el ciclismo de generaciones siempre sabrá que hubo una, la suya y la de Boonen, que nos iluminó la mirada cada vez que el adoquín asomó por el calendario.

Imagen tomada de SBS

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