Los monumentos de Tom Simpson

Tom Simpson se hizo grande también en monumentos

No es sencillo sentarse en la mesa con alguien, preguntarle, inquirirle y que te explique que él estaba allí cuando Tom Simpson murió en los desniveles calvos del Ventoux.

Yo pude oírlo de la voz de Jaume Mir y su testimonio suena a dolor inmenso, como perenne, cautivado por la mística de un momento que no es único, es leyenda de este deporte.

Tom Simpson fue eso, un irreverente, marcado por no sé qué para ser historia grande en este deporte. Hubo un antes y después de aquello para el ciclismo, que entró de forma pública y unánime en la crónica negra.

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Pero existió también un Simpson clásico, un ciclista que hizo carrera y forjó un nombre más allá del Tour.

El Simpson que dominó las clásicas no fue efímero, duró unos años, los suficientes para ganar tres monumentos y un mundial, la historia se remonta a Flandes, año 1961: todos miran a Rik Van Looy, el emperador de Herentals, cerca de Amberes, el brillo de un diamante.

Sin embargo el imponente ciclista brabanzón cae en desgracia en el Kruisberg y emergen dos ciclistas, el mentado Simpson y el pistard italiano Nino Defilipis.

Ambos hacen camino, cazan a los de adelante y a la altura de Gotenberge se van solos.

En el sprint todos apuestan por el italiano, más rápido, más ducho.

Pero Simpson, el que nunca se ahora en un vaso, le aborda por la derecha y es suficiente.

Nunca esas Ray Ban ocultaron tantas lágrimas.

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Seguimos, nos vamos a San Remo, año 1964, una carrera cargada de favoritismo de los italianos. Corren en casa. En pleno debate sobre lo bien que sienta la París-Niza para la correr la primavera, Simpson aterriza con un favoritismo sordo que ejerce a partir del Capo Berta.

Se lleva con él a tres más, entre ellos Poulidor, un lastre que sabe gestionar y acaba por apuntillar en el descenso del Poggio. Era el segundo monumento.

El tercero sería al año siguiente, en Lombardía, con un maillot arco iris limpio y a estrenar. Todos miran a Gimondi, Anquetil y un joven Merckx.

Nada, hay un inglés que gana y lo hace con solvencia, con más de tres minutos sobre Gianni Motta, el único que sostiene el equilibro frente al vendaval de Tom, un tipo que no sólo corre, también habla, y habla duro, pues había aterrizado en Lombardía tras firmar de su puño y letra tres crónicas de dopaje y cloacas ciclistas en la revista People, cuestionando el ciclismo francés y en especial a Henry Anglade.

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Una crónica negra que anunciaba su ocaso y trágico final.

Simpson, el Simpson clásico fue el menos revelado, pero esa faceta le proporcionó suculentos ingresos que le abrieron la puerta del chalet de Córcega en el que pensaba instalarse cuando tuviera lo suficiente para vivir de rentas. No llegó para verlo.

Imagen tomada de www.milanosanremo.info

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2 Comentarios

  1. Muy guapo.Con permiso,podeis hacer un reportaje sobre Malabrocca y la Maglia Negra?Vi hace poco ese gran documental sobre los farolillos rojos en MovistarTV y me encantó.Para los aficionados que no lo han visto.Gracias


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