ALPECIN Dopaje para su pelo,El círculo virtuoso del ciclismo alemán

Alpecín “dopaje para su pelo

Se ve que para este Tour de Francia, la firma Alpecin, compañero de viaje en el patrocinio del Giant, quiso usar la expresión “dopaje para su pelo en sus reclamos publicitarios.

El requiebro, aunque llamativo, no era más que una moneda al aire en una sociedad, la alemana, que hundió el ciclismo a sus catacumbas, precisamente por culpa del dopaje y los escándalos que hace diez años por estas fechas asolaban como cortinas de agua el otrora florido paisaje ciclista alemán, ese que resultó de las victorias Ullrich, Zabel, Bolts, Aldag y toda pléyade de dopados confesos que vistieron la elástica del T Mobile.

Alpecin al final se ha decidido por otro slogan, más al uso, y si me aprietan, nada forzado: “Ingeniería alemana para su cabello

Bien, hablar de la ingeniería alemana es como hacerlo de los relojes suizos: puntualidad, seriedad y calidad. Correcto, y de paso quitamos la palabra dopaje de la semántica que rodea al ciclismo.

Sea como fuere este es un Tour importante para el ciclismo alemán, quizá el más importante en muchos años. Conviene no cagarla, ruego perdonéis lo basto de la expresión, pero es que es así.

Por los pasillos de la mejor carrera corren los cables de las cámaras y micros del ARD, el canal publico alemán que vuelve al Tour tras cuatro años de ausencia, asqueados del dopaje, escándalos y novelones de Agatha Christie en medio de una competición deportiva.

Locutor de Eurosport

El conductor de las retransmisiones ciclistas Michael Antwepes admite a la guía oficial de la carrera que el interés por el ciclismo ha bajado a niveles residuales en Alemania, sin embargo que no podía ser posible que el canal público dejara pasar tantas ediciones sin estar presente en el Tour.

Hay una buena generación que merece nuestro apoyo” dice y añade: “queremos mostrar lo mejor de este deporte, los entresijos, la tecnología, el material, las tácticas,…”. Esa es la actitud.

Pero no nos engañemos, que haya una buena generación ayuda, y mucho. Porque esa generación esta ahí, gana, lucha y da espectáculo.

En este Tour

Han ganado tres etapas, dos con André Greipel, que se está pelando a Cav como siempre había soñado, y otra con Tony Martin, que pasó a la historia de la carrera como otro maillot amarillo que dejó el Tour a medias.

Y eso que Marcel Kittel no fue de la partida. El resurgir del ciclismo alemán tiene números en los que el cuadrado ciclista rubio ha participado activamente.

Alemania había ganado 14 etapas en el Tour desde 2012 a 2014, más que Italia, España y Francia juntas y superando a los ingleses.

Cifras que hablan por sí solas que seguro que justifican el regreso de las teles y patrocinadores. Que el ciclismo sea más limpio, ayuda, pero que hay triunfos, mucho más.

INFO

¿Ya estás participando en Eurosport Tour?

A pocos días del comienzo del Tour de Francia, Eurosport, la Casa del Ciclismo, ha lanzado “Eurosport Tour”, concurso en el que los participantes pueden ganar fantásticos premios. Los ciclistas de toda Europa* pueden darse de alta en www.eurosport-tour.com.

Eurosport Tour 3

Eurosport ha colaborado con la plataforma Strava

para crear su propia Gran Vuelta en la que los kilómetros recorridos por los participantes ya suman el equivalente a 21 vueltas al mundo.

Los aficionados al ciclismo que quieran participar sólo tienen que darse de alta en la página Eurosport Tour, descargar la aplicación Strava y salir a montar en bici.

Un total de 906 aficionados al ciclismo ya se han apuntado a este reto y están compitiendo para llevarse los premios. La competición finalizará el próximo 15 de septiembre e incluye:

  • Competición por kilómetros: el ganador será el participante que acumule más kilómetros
  • Competición de montaña: el ganador será el participante que consiga la mejor puntuación en las etapas de la montaña.
  • Competición por ser el mejor corredor: el ganador será el participante que sume el mayor número de kilómetros en una sola carrera.

Los premios de Strava

Para los ganadores incluyen oportunidades únicas como la posibilidad de montar en bici junto a Juan Antonio Flecha, embajador de Eurosport Tour y ganador de una etapa de la ronda gala.

En los icónicos adoquines del Paris-Roubaix Challenge, Esta carrera, que tendrá lugar el viernes anterior a la disputa de la Clásica, será grabada y emitida en Eurosport y el ganador podrá verse en televisión como si de una estrella de la bicicleta se tratara.

Otro de los premio de Strava

consistirá en seguir una de las etapas de la Vuelta a España desde uno de los coches oficiales del Saxo-Tinkoff, disfrutando de todo lo que ocurra en los entresijos de la carrera.

Bicicleta ganadora del Tour, también como premio

Además los participantes podrán ganar muchos otros premios como por ejemplo una bicicleta Greg Lemond Washoe, bicicleta diseñada con la geometría que utilizaba el 3 veces ganador del Tour en competición.

En palabras de Juan Antonio Flecha: “Inscríbete en www.eurosport-tour.com y forma parte de la carrera ciclista más larga del planeta.

Hay premios fantásticos en juego pero además, este es un ejemplo del espíritu de equipo que tanto le gusta a la gente aficionada al deporte.

El Paris-Roubaix Challenge será duro, pero intentaré que no sea demasiado doloroso. ¡Eso sí, no olvidéis la crema de gamuza!

Eurosport Tour estará activo durante todo el Tour de Francia

Uno de los eventos más emblemáticos emitidos en Eurosport. Como la Casa del Ciclismo, Eurosport ofrece en 2015 lo mejor de la temporada con una amplísima cobertura de 23 carreras del UCI World Tour, incluyendo el Tour de Francia, el Giro de Italia, la Vuelta a España y las Grandes Clásicas, sumando un total de 1.800 horas de ciclismo.

Strava revela el potencial de una comunidad de atletas mundial. Sus innovadoras aplicaciones para móvil y su página web motivan e inspiran a corredores y ciclistas en sus diferentes aventuras deportivas, entrenamientos y competiciones. Diseñado por atletas y para atletas, Strava une a millones de deportistas de todo el mundo a diario a través del deporte que aman.

Alguien miente en el fichaje de Landa por Movistar

Se confirma el ficha de Landa por Movistar

Ya se ha confirmado el fichaje de Landa por Moivstar.

La apuesta nacional, el pacto de estado ha acontecido, días antes de la salida de la Vuelta en Nimes. Mikel Landa al Movistar, como aquel famoso “Astana al Tour” del joven y agraviado Alberto Contador, hace unos años. Alberto Contador, el nombre, el fantasma que recorrerá el pelotón español durante esta carrera y próximos años, como recordatorio del esplendor que languidece en nuestro ciclismo, como si fuera necesario tener un ganador de siete grandes vueltas en cada generación.

Si Alberto Contador nunca acabó en “chez Unzue”, Landa ahora sí, cae en el redil del equipo azul, el telefónico, el único a este lado de los Pirineos que ofrece calidad a los grandes nombres, con todos los respetos para el Caja Rural, pero es que los primeros tienen acceso a todo el WT.

El paso de Mikel Landa a la estructura que arrancó hace más de treinta años es el vuelco que puede acabar de revolucionar el mercado, al tiempo que será la comidilla entre algunos de los jóvenes del equipo azul en la salida de la Vuelta.

Porque la ficha de Landa esconde muchos mensajes, alguna verdad y una contradicción que lo eclipsa todo. El primer mensaje es para los hoy miembros del equipo telefónico, se ficha uno de fuera como si lo que hubiera en casa no fuera suficiente. ¿Sabemos el punto re recuperación de Valverde? ¿Volverá a ser el mismo?

Y siguiendo con suposiciones nunca resueltas en el anuncio de un fichaje ¿hay confianza en la chavalería que viene? ¿Hay confianza en Rubén, en Arcas, en Soler…? Se ficha a presente, pero ¿hipotecará el futuro?

Y lo más importante, morbo puro y duro, lo que pone a la masa de afición. Si Mikel Landa entra en Movistar, ¿cómo cuadrar Nairo Quintana en este entresijo? Oí durante el Tour, creo que a Josu Garai, tipo al que acostumbro a hacer caso, que Landa venía directamente fichado por Telefónica, y no por la sociedad que lleva el equipo, Abarca, quien supongo que ya tendrá problemas para cuadrar salarios con dos monstruos como Nairo y Valverde.

En el tema contable por ahí la cosa parece solucionada, pero en el tema deportivo, bufff, sudores fríos nos recorren el cuerpo. ¿Caben dos gallos como Nairo y Landa en el mismo corral? De primeras, viéndolo así, alguien miente, alguien no ha dicho toda la verdad o no ha sido sincero con sus sentimientos.

Eso o que directamente uno de los implicados ha renunciado a sus principios. Dice, y repite Unzue, que durante el año hay muchos objetivos para hacer compatibles tantos egos, pero no nos engañemos, Landa y Nairo quieren la pieza gorda, quieren el Tour y ambos han mostrado aptitudes.

Nairo más, desde luego, aunque también se ha vertido más a la mejor carrera. Landa, por contra, tiene la ultima edición en la cabeza y ese puto segundo que le apeó del podio, incluso habiendo ayudado a Froome.

Los dos tienen sus motivos, se ven fuertes ante el objetivo y creen que pueden hacerlo. Esta es la historia de dos trenes enfrentados a toda velocidad, ¿quién frenará primero?

Landa por Movistar: ¿Será capaz de liderar un gran equipo?
Imagen tomada de Team Sky

INFO

¡El ganador de la Bkool SummerCup se llevará una inscripción para la Mongolia Bike Challenge 2018!

Dauphiné, la contracrónica

Acaba de concluir la 68ª edición del Critérium del Dauphiné, competición de alto rango internacional, que siempre ha llamado a la atención a los medios informativos y a la clase ciclista por su proximidad ante inicio del Tour de Francia, anunciado para principios del mes de julio. No hay duda que esta competición del Dauphiné siempre bien valorada en los ámbitos deportivos constituye y ha constituido siempre a lo largo de su existencia un banco de prueba muy idóneo y orientativo para calibrar las posibilidades de los concurrentes que van a participar en la ronda francesa, la máxima y trascendente competición con que cuenta el calendario ciclista en ruta.

Ha transcurrido un año más para que este corredor de la Gran Bretaña, Chris Froome, oriundo de la capital Nairobi (República de Kenya), con su compostura chocante, pero no inesperada, haya vuelto por sus fueros imponiéndose en la prueba que nos ocupa, y, además, casi de la misma manera que lo hizo en sus dos actuaciones victoriosas que tuvo con anterioridad en esta cita.

Sí hay que decir que el ganar a los 31 años en esta valiosa y dura competición, no le ha resultado ni mucho menos una tarea de fácil ejecución. Ahí vemos muy cercanos al francés Romain Bardet (2º), al irlandés Daniel Martin (3º) e incluso el australiano Richie Porte (4º), separados por muy escasos segundos de tiempo y jugando con las bonificaciones en litigio, un ingrediente con el cual no nos congratulamos. Ha sido una carrera de complicada resolución a lo largo de las siete etapas encerradas todas ellas en el laberinto de los Alpes franceses, adicionando el consiguiente prólogo, que se vivió en los confines de la Estación de esquí de Les Gets, con la escalada al Mont Chéry, que se sitúa en la zona sur del Lago Leman, en territorio francés, con un paisaje muy exuberante.

Nos sorprende, lo hemos constatalo, que evaluando la distancia total de 1.147 kilómetros de que constaba la carrera bajo una configuración más bien intrincada no se hayan registrado mayores diferencias de tiempo. La verdad cierta es que entre los siete primeros ciclistas clasificados en la tabla absoluta, quedan amparados por una diferencia que no supera los 57 segundos, una cota que no esperábamos y que encierra el británico Adam Yates (7º). Hoy en día las competiciones están amparadas, por lo general, por carreteras bien asfaltadas, una preparación física por parte de los ciclistas bien moldeada y un control muy estricto por parte de los equipos participantes, sin querer nombrar a otros condicionamientos que implica el avance y progreso del actual deporte de competición. No nos adentramos en más consideraciones para no alargar en demasía este comentario.

Merece también una especial atención el ímpetu batallador y continuado desplegado por el español Alberto Contador, que tuvo la virtud de colocarse líder precisamente en la jornada prólogo; en una cronoescalada individual de apenas 4 kilómetros de áspera ascensión cuesta arriba, que obligó emplearse a fondo a todos los participantes. Hubo más tarde una serie de jornadas de transición que dejó en el aire la incógnita por saber si el corredor madrileño impondría su ley en los severos puertos ¡vaya pesadilla! que se debían afrontar en el transcurso de los tres últimos días.

Siempre en un apretado duelo surgió el inevitable Froome, un veterano en el oficio de las dos ruedas, que supo con cierta habilidad incluso sortear los escollos que le deparaba la ruta, colocándose en vanguardia y luciendo por tres días consecutivos, los últimos, la camiseta amarilla de líder, que le han significado en definitiva el triunfo absoluto. Contador debió contentarse con ser el quinto en la tabla, con una desventaja mínima de 35 segundos, lo cual es muy poca cosa a la hora de realizar el balance global de lo acontecido.

Se podrían exponer muchas cosas de más, pero lo cierto es que el Critérium del Dauphiné, así se la suele apelar hoy, celebrado básicamente en los confines de la provincia de Ródano-Alpes, quedó sentenciada, definida, a favor de Chis Froome, que no dilapidó energías en vano y que pedaleó siempre con inteligencia práctica, moviéndose bajo el marco de unos segundos de tiempo que valían oro. Viéndole subir no hizo gala de un buen estilo. Uno tenía la sensación de que torturaba a la bicicleta con unos movimientos algo extraños y hasta descompasados. Pero cabe reconocer de todas a todas que es efectivo cara al objetivo que persigue, que es lo que vale a los ojos de las gentes. No hay más a decir y sí descubrirse ante su gesta.

De entre los españoles -se les ha visto- destacamos, aparte de la prestación de Alberto Contador, que tiene su pensamiento en el Tour, la victoria de etapa por obra del ciclista Jesús Herrada, nacido en la población de Mota del Cuervo (Cuenca), en la segunda etapa, con llegada al alto de Chalnazel-Jeansagniére, con cota elevada a 1.114 metros de altura. Hagamos mención también del ciclista asturiano Daniel Navarro (11º) y el alavés Mikel Landa (12º), bien en la clasificación general. Este último muy solícito al ayudar con empuje a Froome, su capitán de filas, encuadrado en la escuadra denominada Team Sky, una fortaleza ambulante con poderío fehaciente. De este hecho no puede poner en duda nadie.

Los honores ahí están

Aunque con otra nomenclatura, el Critérium del Dauphiné inició su historia en el año 1947, por obra del entusiasta benefactor Georges Cazeneuve, espoleado por el periódico galo “La Dauphiné Liberé”, que deseaba a toda costa aumentar las ventas de su rotativo. Hasta la fecha hoy, la nación que ha logrado con más autoridad dominar esta prueba ha sido Francia, con treinta y un triunfos absolutos. Le siguen España, con diez, Reino Unido, con siete, a raíz de los triunfos absolutos logrados por Brian Robinson (1961), Robert Millar (1990), Bradley Wiggins (2011y 2012) y en eco reciente debe figurar Chris Froome (2013, 2015 y 2016), que ha conseguido hoy subir la cuota del país que representa.

En el cuadro de honor hemos de colocar a los franceses Nello Lauredi (1950, 1951 y 1954), Bernard Hinault (1977, 1979 y 1981) y Charly Mottet (1987, 1989 y 1992); al español Luis Ocaña (1970, 1972 y 1973), y finalmente al británico Chris Froome, con sus consiguientes y señalados tres triunfos absolutos.

No podemos dejar de mencionar entre los nuestros a aquellos ganadores que perduran en nuestra mente: el malogrado Valentín Uriona (1964), Miguel Induráin (1995 y 1996), Iban Mayo (2004), Íñigo Landaluze (2005) y Alejandro Valverde (2008 y 2009). Vale la pena recordar las actuaciones propicias inscritas por el madrileño Alberto Contador, que consiguió dos segundos puestos en la tabla (2010 y 2014) y un tercero (2009). Esta relación puntual a favor de nuestros corredores españoles nos da a entender que esta prueba entre una cosa y otra nos ha sido particularmente propicia. Sus apellidos quedan plasmados con honor en el historial de esta prueba por etapas integrada en la ruleta ciclista.

Por Gerardo Fuster

INFO

Nacex evita que tu viaje sea un engorro con la bici a cuestas

Tour de Francia #15, la contracrónica

A pesar de que se subían cuatro collados de mediana categoría, no implicó a que la decimoquinta etapa fuera precisamente una jornada cargada de hechos espectaculares. Creemos que fue a todas luces un día de evidente tranquilidad, con alguna que otra escaramuza que animó su desarrollo. El último obstáculo afrontado, el Col de l´Escrinet (2ª categoría), en el que su cima alcanzaba una cota de 787 metros, estaba situado a una distancia de 58 kilómetros de la línea de meta.

No parecía ser un punto apropiado para romper las hostilidades más en serio por parte de los corredores responsables de la prueba. Los hombres del pedal no estaban mentalizados para poner en danza en grado sumo esta etapa en cuestión. Les bastaba como objetivo primordial el centrar su interés en la parte final, en donde debían entrar en liza, una vez más, los dueños de la velocidad, cosa bien sabida.

Hubo movimientos y nada más

Cabe decir que hubo algunos integrantes que intentaron la aventura, una aventura sin esperanza. De salida -172 ciclistas supervivientes-, vislumbramos una escapada de nueve unidades, que se intuía que iba a terminar pronto. Algo más tarde, a 46 kilómetros de Valence, surgieron dos ciclistas conocidos: el canadiense Ryder Hesjedal y el italiano Matteo Trentin. Parecía que iban a alcanzar su objetivo, su ilusión. La esperanza es lo último que se pierde ante cualquier acción de este tipo.

Luego, en las acciones últimas, se registró un forcejeo protagonizado por dos checos: Zdenek Stybar, que ha registrado muy buenos resultados en la especialidad de ciclocross, y su compatriota Jan Barta. Se pusieron de acuerdo para ayudarse aún perteneciendo a escuadras distintas, pero sí nacidos en una misma nación. El patriotismo muchas veces abre las puertas del compañerismo. Esta vez no se logró redondear su valentía frente a una realidad amarga. Fueron alcanzados y rebasados sin piedad casi en el último respiro de la etapa.

El poder del germano Greipel sigue brillando

A la entrada de la ciudad de Valence, que se sitúa a orillas del Ródano, en el departamento de Drôme, pudimos visionar una llegada electrizante llevada a cabo por el gran pelotón, compuesto por sesenta y cuatro ciclistas, todos apelotonados, apiñados, para disputar con ardor la ansiada victoria, esa victoria perseguida por un buen número de aspirantes y que compensa a  solamente uno.

El germano André Greipel, que acaba de cumplir los 33 años, volvió a dar en el clavo por tercera vez en este Tour. Es un vencedor de probado valor  que nos ha vuelto a repetir la misma historia de días anteriores. Sus otros triunfos se registraron en el segundo y quinto día, con conclusión en las localidades de Zélande y Amiens. En este día de gloria, repetimos,  Greipel, nacido en Rostock y enfundando los colores del equipo Lotto-Soudal, con sede en Bélgica,  debió enfrentarse y superar a su compatriota John Degenkolb (2º clasificado), a los noruegos Alexander Kristoff (3º) y Edvald Boasson Hage (5º) y al eslovaco Peter Sagan (4º), que sigue encerrado en su frustración tras tantas oportunidades perdidas.

Lo curioso del caso es que Sagan ocupa el primer lugar en posesión de la elástica de color verde, premio a la regularidad, aventajando a Greipel, el que precisamente le viene amargando la existencia. Constituye todo un contraste el que nos vienen ofreciendo estas dos figuras de la velocidad.  Veremos cómo concluirá este duelo que tiene un cierto atractivo.

Antes de concluir no está de más el señalar, el de que la clasificación general, en lo que se refiere a los diez primeros lugares no sufrió variación alguna. Conclusión, pues: la etapa no dejó de ser una etapa de transición, de estas que llaman de puro trámite. El británico Chris Froome cumple su décima jornada en propiedad de la camiseta amarilla de líder, lo cual denota una sólida posición en este puesto de indudable prestigio deportivo. No será fácil el desbancarle así como así. Tiene un equipo, el Team Sky, que posee en todos los sentidos un poder especial, con unos hombres, los ciclistas de su formación, que conocen al dedillo lo que llevan entre manos. No hay vuelta de hoja.

Un aviso de atención para nuestros lectores. Tras el obligado día de descanso bien merecido por parte de los corredores participantes, aparecerán cuatro etapas seguidas de alta montaña. Y es que los temidos Alpes ya están aquí a la vuelta de la esquina.

Por  Gerardo  Fuster

Imagen tomada de FB del Tour de Francia

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El trabajo da sus frutos

Tenía abandonado este rinconcillo para runners el cuaderno y ahora aprovecho para pasar revista de lo mucho que he trabajado este tiempo.

Desde Badalona, y la consabida decepción por la marca, el grupo se ha puesto las pilas y los resultados han llegado. Eso sí, que pocos duden de que si algo se logra es en base a bilis, respirar hondo y salir a correr a ritmos que te llevan en el vacío más absoluto porque anteriormente nunca los había probado.

Dos carreras con buenos resultados han traído esta breve reflexión. Hace tres semanas en los diez kilómetros de La Llagosta logré mi mejor registro en la distancia. Fueron 36´12´´, una marca que mejoraba en ocho segundos la lograda en enero, bajo la lluvia y tras un pinchazo en el isquio. La carrera no despertó excesivas alabanzas de la gente pero a mí no me pareció mal. Rodé a satisfacción todo el recorrido y esta vez sí que admito haber dado todo lo que estaba en las piernas. No hubo más, o al menos no supe encontrarlo. Un tiempo que de seguir mejorando me conduciría a mis ansiados 35. Lo que son las cosas, hace un año bebía los vientos por 36 y ahora parece poco. Nunca estamos conformes.

En estas tres semanas admito haber encadenado una de las series de entrenamiento más duro que nunca he cuajado. Con calidad martes y jueves –rodar a 3´20´´ en las series de kilómetro se ha convertido en norma- más una tirada larga y otras tantas salidas de relleno completo una puesta punto que espero dé sus frutos en la media maratón de Zaragoza, el once de mayo.

Por medio corrí la cursa de mi pueblo, la de Esplugues, un cinco mil, con lo poco que me gustan, cuyos nueve euros fueron a Sant Joan de Déu, gente que sin duda se lo merece. La carrera, obviamente, la conocía perfectamente y este año, a diferencia de otros, ni siquiera me acerqué a comprobar un recorrido muy duro con subidas violentas, largas bajadas y curva más contra curva a cada paso.

Al final firmé la séptima plaza, que con el cambio de reglamento no me sirvió para subir al podio, pero sí para concluir con un tiempo que me llena de orgullo: 17´30´´. Eso es cinco kilómetros de diente de sierra corridos a tres y medio, así a pelo me resulta gratificante. De las sensaciones deciros que si los dos primeros kilómetros fueron un suplicio al final acabé tan entero que lamenté la carrera no hubiera durado un poco más. Las cuestas siguen siendo un terreno en el que estoy a gusto y las bajadas las hago a quemarropa. Llegué a poco más de medio minuto de los primeros. Ahora descanso y en dos semanas espero contar buenas cosas de Zaragoza. Sólo pido que el viento no haga de las suyas.

Una carrera que supo a muy poco

Sé que en ocasiones puedo resultar pedante, e incluso ridículo, pero pasar el arco de meta de una carrera con 36´38´´ ya no me hace ilusión. Desconozco cuál es el motivo de fondo, si es que nos hemos vuelto locos en el afán de mejorar, mejorar, mejorar,… si hemos perdido la perspectiva de poder practicar deporte sin lesiones y sanos, o no sé qué, pero el tiempo que cayó sobre mí este domingo en Badalona, no es el que perseguía ni mucho menos.

Ni siquiera me consuela un puesto realmente llamativo como es el 26º de unos 2600 participantes. Seré raro lo siento, pero uno prepara con mimo, no siempre el máximo, las cosas, y cuando éstas salen a medias, la decepción aploma el ánimo aunque no el espíritu pues en el momento mismo de atravesar el arco uno ya escudriña nuevas metas.

Desde la última vez que presté atención a este descuidado cuadernillo Runner las cosas han salido bien, muy bien diría. He entrenado a satisfacción metiendo jornadas de calidad casi de forma alterna con rodajes suaves y goyescos. Jornadas en las que el físico tintineaba pero aguataba bien. jornadas algunas en las que he podido compartir entrenos con una grupeta de lujo capitaneada por la excelente atleta que hizo tercera en el último maratón, Hasna, y otros cracks como Jesús, Paco, Edi y compañía. Una grupeta nueva para mí que se complementó con mis alter ego en esta aventura, hablo de Víctor, José, Alberto,… y un etcétera porque sin una cosa te regala este mundillo son amigos y no pocos.

Sea como fuere, y con los entrenos asimilados, me presenté a primera hora de este refrescado domingo de marzo con una idea muy clara: el primer match ball para meterme en la franja de los 35 minutos. Sí, ya sé, el cabronazo de mi fisio, el tal Jordi Solano, me dirá que no es lo mismo hacer 35´59´´ que 35´pelados, pero por algo se empieza. “Poquet, a poquet”.

Y ahí estaba, en los alrededores del palacio que albergó el baloncesto de los juegos de BCN y la sala de prensa de la Volta a Catalunya de hace dos año. Ahí, estaba, rodando, metiendo el cuerpo en calor y situándome en tercera fila en una concurrida línea de salida donde los cajones que habilitaron desde la organización se respetaron más bien poco.

Quizá por ese descontrol la salida fue un poco caótica, pero certera para ponernos en marcha. Primeros kilómetros muy buenos, rodado a 3´36´´ de media, perfectos, ideales. Si mis salidas son malas esta vez había corregido el entuerto. En la recta que llevaba al cuarto kilómetro supero a las dos primeras chicas. Txell Calduch, mítica donde las haya, ya iba claramente la primera.  Por cierto un encanto su breve conversación en el masaje.

El ritmo ideal, sensación de velocidad, sufrimiento escaso y el quinto kilómetro que no llega, y que no llega. Lo paso con más de 19 minutos, una barbaridad, estaba fatalmente situado. A partir de entonces y desentendiéndome de unos puntos kilométricos que sólo hacían que añadir zozobra me dedico a rodar a tope pero sin rozar el umbral de sufrimiento. Veo que un milagro hará falta para bajar a 35 y en efecto cruzo la meta con 36 largos. Cara de decepción, aunque satisfecho porque como siempre quedó con la sensación de que podría haberlo hecho mejor.

En el masaje me confirman que la carrera está mal medida. No sé si es cierto, no quiero entrar, nunca lo he hecho, pero la sensación de que el crono fue injusto con el rendimiento no hace más que acrecentar de que esos metros que se dicen de más es posible que existieran. De cualquiera de las maneras sigo en la horquilla del 36 y darle vueltas no merece la vuelta.

Quizá lo único que saqué en claro es que Badalona no merece una carrera que presente tantas dudas en sus medidas y no hablo por lo que me comentaron en meta, sino por los pasos intermedios cuyo desconcierto, admito, quizá influyó para que al final ese paso de rendir a sufrir no acabara dándolo. Otra vez será. Espero que en La Llagosta, en sólo dos semanas. Ahí ya os aseguro que con el nivel que prevé, desde luego no quedaré tan adelante.

Queda mucho trabajo que hacer

Ya me perdonaréis pero este cuadernillo Runner amarillea sin que un servidor le vierta tinta. Lo habíamos dejado unas cinco semanas atrás, con la Cursa de Sant Antoni, en el corazón barcelonés. Allí a pesar de la lluvia y los excesos navideños pude registrar mi mejor marca en un 10.000. 36´20´´ fue lo marcó el arco de meta que me vio pasar cojeando por un inoportuno pinchazo en el isquio derecho.

Aquella lesión me tuvo una semana parado, nada, totalmente quieto. A la semana volví, pero muy suave, las molestias de isquio son las típicas que te rallan y quieres ir poco a poco. Sin dolores en la lesión original, empezó  a molestarme el cuádriceps izquierdo, otros cuantos días. Al final lo uno por lo otro más de tres semanas sin rodar en condiciones, entendiendo rodar en condiciones el implantar series, cambios de ritmo, rodajes duros y esas esas cosas. Con todo no fue hasta esta última semana que con las sensaciones totalmente restablecidas que las series empezaron a formar parte de la rutina semana y con ellas volvió la sensación de velocidad y esfuerzo olvidada.

Con el tiempo justo me presenté este domingo en la tercera edición de una carrera que son tres en una. Bajo el título de media maratón, Calafell acogió un 5.000, un 10.000 y la consabida media. Un servidor se decantó por el 10.000 pues creo que la media queda lejos, al menos en el ritmo deseado, y los cinco kilómetros mejor cada mucho tiempo, pues para uno que hice me resultó agónico.

La mañana en Calafell fue perfecta, temperatura ideal,  solecito bueno y ausencia total de viento. De salida el problema de siempre, un calentamiento escaso se plasma otra vez en una mala salida. Si algún día quiero optar a marcar 35 minutos, no se puede salir tan lento. El primer cinco mil lo paso en 18´25´´ y casi calco el mismo tiempo en el segundo. Al final 36´55´´ y noveno en la general final –un puesto que siempre sabe bien-. Aunque por momentos me sentí rápido, las sensaciones no fueron las de Sant Antoni y se me demostró que debo trabajar bastante para que los objetivos vayan cayendo.

Ahora pienso en Calella, el 30 de marzo, donde, como el año pasado, quiero buscar el mejor tiempo en una media maratón. Sí, una vez más apostamos a la hora veinte y creo que es factible, eso sí, siempre y cuando la calidad sea la tónica de unos entrenamientos que se antojan duros, porque para cualquier runner popular, como un servidor, compaginarlo todo, e intentar hacerlo bien, no es sencillo.

Y mientras competía en Calafell, varios amigos estaban en harina. Por ejemplo Marco, cuarto en mi misma carrera que de tanto apretar al tercero le hizo pasar pero que un muy mal momento y a mil kilómetros tres compañeros se la jugaban en la maratón de Sevilla. Mario firmó su récord cuando hace un año cojeaba de su operación de rodilla, Víctor no sacó su mejor carrera por el puñetero sóleo y Goyo ahí estuvo, sumando no sé cuántas maratones. Aunque no siempre se logre el objetivo, una maratón es un tema de heroísmo, y siempre cabe la misma palabra: felicidades.

Todo en uno: récord y lesión

Sabor agridulce, aunque más dulce que agrio acompañó el epílogo de mi primera carrera de 2014. En el barrio barcelonés de Sant Antoni, sí en Barcelona, aunque me guste más bien poco correr en Barcelona, he abierto el año de competiciones. Un diez mil rápido y liso, por amplias calles, muy rectas con algún que otro giro, aunque en definitiva un escenario perfecto para pensar en algo grande.

Para ser sincero, aunque las sensaciones no eran malas a priori, muchas dudas asaltaban a esta inquieta mente ante el primer test del año. No es ningún secreto que a un servidor las celebraciones le pierden, y las Navidades son ese periodo en el que si no corres una vuelta al diámetro de la tierra, coges kilos con pasmosa facilidad. Y eso ocurrió, que corrí mucho, salí mucho, entrené mucho. Y eso tiene un peaje, tu velocidad se apaga, aunque como pude comprobar no te abandona del todo, y de paso tu cuerpo se sobrecarga, como también pude corroborar.

Con este contexto me presenté una mañana de enero en el centro de Barcelona dispuesto a probar cómo habían sentado los turrones. Nunca había competido en Sant Antoni, pero conozco bien la zona, y sabía que era imposible no rodar rápido por mucho que el Paralelo a algunos les parezca el Mortirolo o las curvas del recorrido puedan frenarte.

De inicio chaparrón. Mientras vamos hacia la carrera las nubes van y vienen, descargan a ratos y otros paran. Mientras calentamos cae el primer aguacero, no es demoledor pero complica el calentamiento y nos empapa la ropa, que no los ánimos. Casi sin tiempo para romper a sudar, nos situamos en la salida y pies en polvorosa.

La lluvia que no nos abandona hasta el cuarto kilómetro marca el paso. Primeros kilómetros sencillamente nefastos. Ruedo a tres cuarenta pero con la sensación de que el ritmo me queda grande. Sin embargo la experiencia me habla de segundas partes mejores y en mi caso siempre ocurre. Cuando el cuerpo calienta y rompe a sudar a discreción la cosa cambia. La nube se va y con ella las malas sensaciones. Atravieso el arco del kilómetro cinco con 18´25´´, no estoy en tiempo de récord pero tampoco estoy lejos.

La segunda parte me sale redonda, lo admito, nunca me he sentido con fortaleza tal, ni reprís similar. Caen los kilómetros a 3´33´´ más o menos. El Paralelo parece un descenso y en la Gran Vía aparece raíles a mis pies. En estos cinco mil metros logro remontar cincuenta posiciones y eso que esas alturas las fuerzas y el ritmo están muy compensados entre todos.

Paso el nueve y veo que puedo estar muy cerca del 36, tanto que creo que lo tengo. Quedan dos curvas a la derecha, supero la primera y zas, el isquio que llevaba días avisándome estalla. No es un pinchazo agudo y paralizador pero sí suficiente para cojear levemente. Arribo a meta como el náufrago que nada para alcanzar la orilla. He perdido diez, quince segundos a lo sumo, y sin embargo logro mi mejor registro, 36´20´´. Estoy contento, mucho, pero el dolor de la pierna me avisa que quizá correr a tal nivel tras tantos días sin series continuadas no había sido lo más prudente.

Ahora toca descansar, sí. Sin perder el ánimo y con la seguridad que te da rodar como lo hice en Sant Antoni sé que puedo tener dos objetivos muy grandes para un “percebeiro” como yo: Hacer un 10.000 en treinta y cinco y una media en hora veinte. En unos días, cuando el isquio dé el OK, volveremos.

En este vídeo se aprecia mi llegada en el 1´18´´ de la grabación. Soy el tipo de morado y gorra amarilla.