Dauphiné: Los fantasmas de Primoz Roglic

El abandono de Roglic en el Dauphiné recuerda que nadie está al margen de la fragilidad

Cuando está en forma, que tiene pegada y saca esa solidez a pasear, es imposible que no te guste Primoz Roglic y más en este Dauphiné.

Es roca, piedra, dureza y consistencia, no muestra titubeo, se arma la flaca a la espalda y rompe esa imagen fría y lejana que se ha cincelado en las distancias medias, para sacar fuego y socavar la resistencia de unos rivales que viven en un peligroso bucle: su equipo controla y tira, le llevan en carroza hasta que saca al látigo.

Y así um día y otro.

Sin embargo, como siempre decimos, esto es largo.

Estos días hemos leído todo tipo de certezas sobre Primoz Roglic, al que una amplia mayoría de seguidores ya le adjudicaba el Tour de Francia, al margen del Tour de l´ Ain que ya tiene y el Dauphiné que ha abandonado.

Una adjudicación con cinco semanas de adelanto y muchas cosas por suceder.

Nosotros siempre nos acordamos del Giro del año pasado, incluso ayer, que la casualidad quiso que Primoz Roglic se fuera al suelo de amarillo el día que se corría Lombardía por el lago de Como.

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Ahí, en las inmediaciones de ese vergel en las puertas de los Alpes, no lejos de Suiza y su cantón italiano, en curvas envenenadas y rutas tramposas, donde Evenepoel se rompería la pelvis, Primoz Roglic vio minada su fortaleza en el Giro.

24 horas después que su marcaje férreo hacia Vincenzo Nibali acabara con Richard Carapaz de rosa, Roglic probó el amargo elixir de la vulnerabilidad, su rostro cambió, de la seguridad total a las dudas y el miedo a perder.

Acabó tercero, por bien poco ante Landa, ese Giro y corroboró en persona eso que repetimos hasta la saciedad: que esto es muy largo.

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Y entonces, donde veíamos seguridad, afloran dudas y miedos…

Esto es también ciclismo y su medicina no es una ciencia exacta.

Primoz Roglic ha dejado el Dauphiné por precaución, el año pasado llegó al Giro habiendo hecho pleno, pero un mal paso casi lo pone todo en jaque.

Salvó el podio en una carrera que a mitad de la misma tenía ganada. 

Es tan complicado el ciclismo, que incluso en las mejores casas los miedos emergen, incluso en ese rodillo amarillo y negro que había sacado del mapa el tren del Ineos y sus gregarios inviolables.

Esperemos que Primoz Rogliz asuma el liderazgo que creo más sólido de cara al Tour, pero no perdáis de vista el segundo de abordo, un ciclista que salió de escena hace quince meses, como Froome, pero que recupera sensaciones y va a más.

¿Su nombre? Tom Dumoulin.

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