Los cinco momentos top de la década ciclista

Tuvalum

De Florencia a Montalcino, los cinco momentos top de la década ciclista 

 

Cada uno tendrá los suyos, más faltaba, pero la matemática no es subjetiva como el recuerdo y habrá tantos top 5 de la década ciclista como lectores pasen por estas líneas.

Nosotros estamos muy en sintonía con casi todo esto…

Pero nos guardamos alguna baza si nos pedís los cinco momentos top de la década ciclista que dejamos atrás, por mucho que oigamos que la nueva empieza en un año.

 

Empezamos el repaso de momentos top de la década ciclista obviamente por la carrera de las carreras, la madre de todas juntas.

Florencia, mundial, año 2013.

En la ciudad donde apuraron su talento mentes imposibles de volver a disfrutar, el ciclismo rozó la perfección.

«Puro vete para delante que yo corto» cuando esas palabras saliendo de la boca de Alejandro Valverde hacia Joaquim Rodríguez el corazón se heló, entró en el letargo de la lluvia eterna que acompañaba el pelotón desde la amurallada ciudad de Luca y había hecho una criba bestial.

Un corazón helado, luego roto cuando Rui Costa alcanzo y el ganó el mundial a Purito.

Decada ciclista Rui Costa JoanSeguidor

La mejor última vuelta de los tiempos, un recorrido mentalmente hecho millones de veces por el aficionado medio que acabó de la peor forma posible: plata y bronce para la mejor selección español que vimos, y veremos, en mucho tiempo.

Florencia, año 2013, donde genios se hicieron eternos, ahí mismo, el ciclismo fue una obra de arte

Por que aquella carrera memorable no debe hacer perder el duelo de los tiempos, Cancellara, Wiggins y Tony Martin, una contrarreloj que fue una obra de arte, la obra de arte.

 

Por que el ciclismo que nos emociona no entiende de banderas hubo una carrera, en el norte, muy al norte, tanto como en el infierno, que nos dejó sabor a poco en todo lo que vino después.

Entre París y Roubaix, año 2016, el ciclismo fue un monumento, el monumento, el pasillo a la inmortalidad para Tom Boonen y… Matthew Hayman.

Una carrera corrida a cuchillo a cien de meta, que pudo acabar con un corredor más coronado que nadie en la historia de Roubaix y que finalizó con un australiano que hoy frecuencia aeropuertos recogiendo el adoquín más preciado.

Mathew Hayman JoanSeguidor

El manual de Quick Step lo tuvo todo previsto menos ese ciclista alto, corpulento venido de las antípodas que habría de amargar el trago a los más acérrimos.

Tom no pudo, pero ahí estuvo, cortando la respiración al viejo De Vlaeminck…  durante muchos kilómetros.

 

A la cima del Galibier se fue el Tour el año que pasaron cien años que la «Grande Boucle» hoyó el gigante alpino.

Y a la cima del Galibier voló el pequeños de los Schleck, tras un Tour de vergüenza, girando la cabeza ante un Contador que estaba KO por su esfuerzo en el Giro y la sanción que le habría de venir.

Andy Schleck sí que fue un campeón que pasó solo la Casse Désérte y siguió hasta la coronilla del Galibier, solo, con la ayuda de un Montfort excelso y unas piernas que fueron oro, el poco tiempo de que duraron.

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Algunos alegramos que Cadel Evans ganara aquel Tour, por el tibio Andy, el tiempo ha situado al que habría de ser gran rival de Contador en su sitio con una de esas gestas que, ocho años y medio después guardamos en el tarro de las esencias.

SQR – GORE

 

La última semana del Giro 2016 no es un momento, es un momentazo prolongado siete días.

Luego nos preguntan por qué cojones amamos a Vincenzo Nibali.

Mirad a cuánto salió del líder en la cronoescalada, a siete días del final, y cómo finalizó.

Nibali, top 5 de nuestra década ciclista, tejió una remontada que empezó desde el mismo Agnelo, el techo entre Francia e Italia, y la posterior caída de Stveven Kruijswijk contra una pared helada.

Fue la semana del Giro de las maravillas, un circo de monos y trapecistas que premió la valentía de Nibali, ese corredor que nunca has de dejar vivo, porque a la vuelta de la esquina, en el siguiente viraje dará cuenta de ti.

Decada ciclista Montalcino JoanSeguidor

Con aquel Giro, la italiana fue la mejor grande de la década ciclista, sólo comparable a la de seis años antes, a de 2010, una carrera que se corrió a pelo, inocente, sin saber que daría ese barro recién regado camino de Montalcino, fango domado por el campeón del mundo Cadel Evans.

Aquella jornada fue tan icónica, que las imágenes aún se utilizan en teasers, pero no sólo eso, fue la puerta a una carrera mágica, aquella etapa de L´Aquila bajo el diluvio, que se resolvió porque Ivan Basso tuvo a Vincenzo Nibali en el descenso del Mortirolo.

Aquel día David Arroyo pudo haber entrado en la galería del Giro, en el mismo sitio que se coronó Carapaz este año, en la Arena de Verona, la almendra romana donde dejamos esta historia esperando en diez años saber dónde nos han dejado el listón.

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