Lo importante era salir y no quedarse en casa ¿y ahora qué?

Ahora que hay que quedarse en casa

¿Os arrepentís de no haber salido lo suficiente lo que llevamos de año?

¿De no haber aprovechado cualquier momento para salir ahí afuera a pasear, a entrenar, a disfrutar?

Seguro que muchos de vosotros os estaréis tirando de los pelos por este motivo.

¿Es así o no?

Los cicloturistas nos hemos de quedar en casa, de mal humor, pasillo arriba y abajo, para de vez en cuando asomarnos a la ventana con tristeza, melancolía y resignación, mientras dejamos nuestro vaho en el cristal.

De esta manera nos encontramos, como enjaulados.

Hace unos días, antes que el maldito Covid-19 pasara a formar parte de nuestras vidas de manera irremediable, hablaba con un buen amigo, ciclista como yo, sobre cómo y cuándo entrenar, qué días eran mejores o qué horas las más idóneas para salir en bici.

Después de charlar un largo rato sobre el tema, me dijo -a modo de sentencia final- que lo suyo era hacerlo siempre que pudiéramos, porque lo importante era salir y no quedarse en casa, aunque dispusiéramos de poco tiempo, ni que fuera media hora, o tan sólo  20 minutos, daba igual: lo suyo era coger la bici y pedalear, lo que fuera. 

En efecto, todo contaba, todo sumaba: 20 kilómetros por aquí, 40 por allá, 1 hora bien aprovechada un día, y otro, y así, casi sin darnos cuenta, seguíamos adelante, seguíamos sumando.

El caso era pillar un pequeño circuito cerca de casa -no era preciso ir muy lejos-, dar algunas vueltas, las veces que quisiéramos.

No era necesario hacer series, ni puñetera falta que nos hacía, se trataba sólo de movernos, de poner en marcha nuestro cuerpo, de no perder los beneficios acumulados en los entrenos digamos “convencionales”, esos que efectuamos junto a nuestros colegas los fines de semana, esas kilometradas que nos metíamos entre pecho y espalda, todas esas horas encima del sillín que nos pasamos sentando las bases de nuestra forma y fondo.  

Los días de cada día, con sus pequeños paréntesis, también contaban.

Los teníamos ahí.

Sólo se trataba de colgar la pereza detrás de la puerta de nuestra habitación, despojarnos de las sábanas que pesaban mucho más de lo que parecía y salir.

En nuestro caso, los cicloturistas, lo teníamos fácil: nuestra bicicleta no cerraba nunca, la teníamos ahí disponible las 24 horas del día, los 365 días del año.

Era así de agradecida.

Siempre preparada.

Salir y pedalear.

Cualquier momento era bueno, por el simple amor a la bici y apta para todos los públicos. 

¿Y ahora qué?

Conozco gente que me comentaba que ellos no salían si no disponen al menos de más de hora y media.

Craso error.

Teníamos que saber ser ciclista en cada instante, que fuera nuestro modo de vida, porque la bici nos hacía sentir bien y nos hacía sonreír, por eso habíamos de aprovechar cualquier ocasión para repetir la experiencia y la aventura de montar en bicicleta una y otra vez. 

Desde estas líneas seguiremos -intentando- trasladaros nuestra visión del ciclismo no sólo como deporte, sino también como un estilo de vida, y si, en cuanto podamos, hemos de pedalear bajo la lluvia, cogeremos nuestros impermeables y saldremos ahí afuera mientras nos dejamos empapar nuestros sentidos, pedaleando firmes atravesando charcos y alzando los pies al aire como niños, bajo la atenta mirada de muchos, bajo sus paraguas, que nos observarán perplejos pero a la vez con envidia de vernos más vivos que nunca.  

Mientras tanto, seguiremos hablando de ir en bici… los 365 días al año, en cuanto acabe esta pesadilla.

Foto: www.rosdemora.com

La Volta 100 será la mejor de la historia

Coronavirus ciclismo

No sé cuánto queda para la Volta 100, pero contamos los minutos

En unos días sería la Volta, la Volta 100, el centenario de ediciones, que no de edad, eso fue en 2011.

Dicen que la Volta es patrimonio inmaterial de Catalunya, lo es, como el «pan tomàquet», como la sardana, como los castellers,…

La Volta es un hilo histórico de este lugar.

Nació hace 109 años.

Tiempos convulsos aquellos, prolegómenos de la Gran Guerra, nada menos.

Durante esa primera guerra mundial creció y asemejó sus primeras formas, luego vivió sobre la dictadura de Primo de Rivera, transitó por la República y sólo padeció un paréntesis en la Guerra Civil.

Tras ésta se denominó Vuelta a Cataluña, tuvo el leal soporte de Pirelli, su gran premio muchas veces.

Tiempos de grisáceas instantáneas, desgastadas fotos de bordes rotos y grietas galopantes.

Hollada siete veces por Mariano Cañardo, su mejor ciclista de siempre, le sucedieron los más grandes de la historia.

Los tiempos modernos no han sido fáciles para el grupo coordinado por Rubén Peris.
La crisis llegó hace más de diez años, pero las vacas flacas habían aterrizado en ella desde antes.
La misma serpiente invisible que nos ha dejado sin Escalada a Montjuïc ni Setmana Catalana, amenazó con morder la decana.
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Mi prehistoria con la Volta arranca de finales de los ochenta.
Cada mes de septiembre la carrera de Sants venía a la puerta de mi casa de siempre a visitarnos con los grandes del momento exhibiendo ese compromiso que ahora ahuyentan los mejores, al menos algunos.
Por los  “chapados” puestos del mercado de Sants aquel repelente mozalbete reconocía sus ídolos.
Aquel Perico enfundado en PDM, a puertas de hacerse grande en el Tour.
Ese Sean Kelly, recuerdo líder, encofrado en  este maillot blanquiverde como recuerdo a la bandera andaluza que giñó su creador, Miguel Arteman, de origen en el sur de España.
Los dos Systeme U eran Charly Mottet y sí, el «megaodiado» Laurent Fignon.
Qué nombres, qué época, qué gente.
Son las estrellas de entonces, las primeras, como aquella pasión rara vez volvimos a sentir una igual.
A la sombra del monumento del ciclista erguido por esas fechas en el corazón de Sants, en la plaza que ahora se dedica al “Avi Torres”, uno de los legendarios de la carrera, le pedí uno de mis primeros autógrafos a un risueño Peio Ruiz Cabestany quien encajaba con filosofía chanzas de mi padre.
Con la Volta me hice grande.
Ese Lale Cubino que ganó como campeón de España la carrera en Port del Compte, un lugar frecuentado en los noventa.
Sí, Miguel Indurain, de quien guardo una magnífica instantánea cerca de la Alcaldía modernista de  Creu Coberta, lugar que también se situaba en el mapa usual de la carrera.
Momentos en los que conocí a José Manuel Oliván en Plaza Catalunya, mis primeros pinitos con el amigo Capdevila del Sport en la Ciudadela.
Incluso la seguí algún año encajado en la organización generado un increíble álbum de fotos que algún día prometo traer aquí con Boardman, Escartín, Perico, Casero, Chiapucci,…
Fue la Volta del 97.
En la Volta nací para este mundo, crecí y le debo parte e de lo que soy.
Siempre me quedará a fuego su biblioteca y su mentor, mi amigo de siempre Ferran Bellfort.
Con ella debuté en Ciclismo a Fondo cubriendo el triunfo del Chava,  con ella vimos las victorias de Heras, de Beloki, de Popovich y otras, para el Meta.
No sé cuánto queda para la Volta 100, pero seguro que el momento excepcional nos dará la edición más deseada de la historia…
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El último grande del adoquín se llama Tom Boonen

La suerte de nuestra generación fue disfrutar de Tom Boonen

No hace muchos días que Tom Boonen dijo que igual volvía, ahora eso pasó a la prehistoria de nuestra acelerada vida.

Que la realidad nos tenga confinados no reduce la imaginación ni mata el recuerdo…

Es por ello que queremos recuperar algunos pequeños recuerdos a los grandes clasicómanos de la historia, un minúsculo tributo en forma de busto marmóreo en la entrada de casa en el que pasearemos por las excelencias del momento más singular de la campaña ciclista.

Habrá de todo, leyendas, mitos y recortes, pero empezaremos por uno que lo dejó no hace mucho.

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Tom Boonen se explica en Roubaix, la carrera que prioriza y prestigia como la primera de sus preferencias.

Otras como Flandes pasan varias veces por el Kwaremont, la capilla la suben en más carreras, los parajes de Roubaix son únicos, patrimonio exclusivo de esta carrera, de ese domingo de Pascua.

Ni el Tour se atreve a entrar a la entraña de Arengerg, se queda a las puertas, ni al Carrefour, lo toca tangencialmente.

El primer disgusto ciclista de Boonen fue cuando, siendo un crío en el US Postal de Armstrong, perdió su primera Roubaix ante Museeuw, que se fue mientras el revoloteaba por la panza del grupo en pleno tramo de pavé.

Catorce años después se llevó idéntico disgusto cuando veía que en el mejor día de ciclismo en mucho tiempo no fue capaz de soltar a Mathew Hayman y éste le ganaba en los peraltes del velódromo cuyas míticas duchas no ha utilizado porque ya se limpia en el camión del equipo.

Decir Boonen es decir muchas cosas, pero sobretodo Roubaix.

Dos momentos, esa edición que ganó porque se puso al frente y vio como detrás de él los rivales caían presa de una mala maniobra o de la imprecisión: Van Summeren, Felcha, Hushovd, Pozatto,… uno a uno cayendo en serpentín y él, azul y blanco, en solitario hacia el velódromo.

Otra imagen, la de 2012, el “quasi pleno”, pues ganó todas las del adoquín salvo Het Nieuwsblad.

El Cruz Cyclone es un portabicicletas de bola de remolque para 2/3 bicicletas abatible y con antirrobo

Atacó a una eternidad de Roubaix y llegó.

“Aquel día me sentía capaz de cualquier cosa” admite.

Y yo admito que Boonen no me gustaba, no al menos en sus primeros años de insolente facilidad para ganar, tanta que causaba recelo.

Pero el paso del tiempo pone a cada uno en su sitio y a Boonen éste le ha situado muy arriba en una escala de aprecio.

Es un ciclista único, irrepetible, un lujo que hemos visto en directo, correr y ganar en grandes carreras, crecer como persona, conviviendo con la esfera social que rodea a los ciclistas en Bélgica y siendo fiel a Lefevere como éste lo ha sido con él.

Desde el principio hasta el final.

Imagen tomada de Pinterest

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Estamos ante la temporada ciclista más random de la historia

teconologia deporte JoanSeguidor

Nadie puede ni imaginar quiénes serán los nombres de la temporada ciclista 2020

¿Qué va a pasar con esta temporada ciclista?

La primavera de 2020 es historia, una historia corta, efímera, no nos ha durado nada entre las manos.

Corrió ya cierta sensación de efímero el día que Jasper Stuyven ganó la Het Niuewsblad, lo mismo que al día siguiente la conclusión de la Kuurne.

Cuando se produjo la cancelación del UAE Tour por los positivos del coronavirus, el ciclismo quedó al descubierto, con toda su debilidad ante el problema que venía como una bola de nieve hacia nosotros.

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Ahora quedan resquicios para que todo pase al olvido, Flandes tiene la espada sobre la cabeza, Roubaix, las Árdenas necesitarían un milagro y ni así.

El Giro de Italia se canceló desde Hungría, RCS no pudo ni anticiparse a decirlo.

Y es precisamente en el traslado de fechas al que se agarra el Giro de Italia en lo que nos basamos para pensar que estamos ante la temporada más azarosa, más random de la historia.

Ahora mismo, mientras nuestra sanidad contiene el daño y cruzamos los dedos para que esa curva se revierta cuanto antes, pensar en la segunda parte de la temporada 2020 de ciclismo es una quimera, una moneda al aire.

Literalmente es imposible hacer sitio a todo lo que se quiere poner en ese lado de la campaña.

Meter un Giro entre Vuelta, Tour y juegos, si los hubiere, Tirreno, San Remo,… las clásicas flamencas.

Alguien va a tener que renunciar a organizar y provocar, por ende, un agujero en su economía que pasa a ser de guerra en los próximos tiempos.

O alguien que está aún tranquilo por que su carrera queda aún lejos, recibirá una llamada preguntando si se puede hacer algo.

Lo que resulte, de lo que hablemos de aquí a ocho meses no nos lo podemos ni imaginar.

Con el movimiento de sillas que se va producir, podemos asegurar una cosa: aquí no hay bemoles a pronosticar quién va a ganar qué o cómo.

Una cosa sí podemos decir, de peores hemos salido.

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Aquellas Milán- San Remo de Oscar Freire

Oscar Freire Milan San Remo Joanseguidor

Freire hizo historia en la Milán-San Remo y ésta tuvo a uno de los más grandes de siempre

He leído que algunos aficionados se han referido a la edición 2013 de la Milán-San Remo como la del año I d.F. (año uno después de Freire).

De entrada me pareció simpático, pero pensándolo con más calma, el apunte tiene más fondo, ciertamente: Esta nueva era para el ciclismo español en las grandes clásicas que se inaugura este fin de semana será la primera sin Óscar Freire, sí, pero más allá de la anécdota, su retirada es ley de vida, lo que asusta es un horizonte sin relevo para el cántabro.

Sé que no soy una excepción si admito sin tapujos que adoro la Classicissima gracias a Óscar.

Su mágico kilometraje, su recorrido casi invariable en decenas de años y su siempre emocionante final me cautivaron por culpa de un chaval de Torrelavega que llegó para hacer saltar por los aires mi esquema mental de típico aficionado español ‘¿dónde-están-los-puertos-de-montaña?’.

Nada más llegar a Mapei, con su flamante maillot de Campeón del Mundo, ya anunció que uno de sus objetivos era ‘la Sanremo’, como siempre la ha nombrado Óscar, y sus triunfos en el inicio del año 2000 hicieron surgir una euforia entre prensa y aficionados que le situaron entre los favoritos sin haber debutado siquiera en la carrera.

Dos anomalías: una, un español mostrando aspiraciones, y dos, meter en las quinielas a un novato a quien Mapei llevó en helicóptero a reconocer los puntos clave del recorrido.

La cuestión es que Freire debutó con podio e inauguró una relación muy fructífera, me atrevería a decir que incluso inédita, entre ciclista y monumento.

Desde aquel primer cajón, tras Zabel y Baldato, Óscar se mantuvo siempre entre los ocho primeros clasificados en todas sus participaciones en la Milán-San Remo a excepción del 2011, cuando con el dorsal uno una caída en el descenso de Le Manie –la incorporación más reciente al recorrido- le dejó sin opciones de llegar con el grupo delantero y sólo pudo acabar el 97º. Antes, en Vitalicio no tuvo oportunidad de acudir a La Primavera, y después, sólo las lesiones en 2001 y 2009 le alejaron de su cita con la salida en Milán.

De aquel primer podio que nos descubrió también cuán forofa estaba dispuesta a ser la prensa española para defender al nuevo ídolo nacional frente a un súper equipo, Mapei, acusado de anárquico en el tramo final de la carrera y de incluso boicotear al español, Óscar sacó una lectura muy positiva.

Freire Milan San Remo JoanSeguidor
Imagen: http://ciclismosobreletras.blogspot.com/

“Sigo pensando que es una clásica perfecta para mí. El vencedor tiene 30 años y yo 24, sé que me quedan muchas oportunidades para ganar aquí, pero me da rabia tener que esperar otro año porque podría haberlo hecho éste mismo”.

No iba nada desencaminado Freire.

Tan perfecta era para él que hasta tres veces luce en su palmarés. Permitidme que recurra al libro biográfico que próximamente estará disponible para apuntar tres pinceladas de cada una

de esas enormes victorias tal y como se comentan en ‘Óscar Freire. El genio del arcoíris’ (Titano). De su primer triunfo, ha quedado una foto mítica, con Óscar apurando sus opciones frente a un Zabel demasiado ansioso por celebrar una victoria que se le escapó por milímetros mientras levantaba los brazos.

«En su momento no fue muy divertido, pero cuando recuerdo ahora aquella Milán-San Remo, cómo me ganó cuando yo estaba saboreando ya la victoria… no puedo evitar sonreír ¡Y eso que fue muy decepcionante!», admite Erik Zabel.

El de 2007 fue un triunfo saboreado con más tranquilidad.

Óscar acumulaba ya resultados muy destacados cada año y en el centenario de la prueba, la incontestable victoria de Freire en San Remo, con un sprint magistral, no hizo más que confirmar su idilio con la carrera en un año en que no se contó especialmente con él para las quinielas de favoritos pese que advierta, él mismo, que llegaba con los deberes hechos.

«Esta mañana, antes de la salida, tenía más fe en mí mismo de lo habitual. Sabía que estaba preparado», dijo, lo que junto a un desarrollo de la carrera muy parecido al soñado, le puso en bandeja la posibilidad de luchar por el triunfo: «Lo importante era llegar todos juntos a la parte final. Sabía que los ataques no iban a tener éxito. Casi siempre tuvimos el viento de cola y eso hace que la fatiga sea menor». Luego solo tuvo que aplicar «cabeza».

Particularmente, la tercera San Remo fue la que más me emocionó.

Por diversas razones: porque tres triunfos en el mismo monumento son sinónimo de historia del ciclismo, porque en 2009 se rozó el desprecio personal hacia Óscar y ese golpe sobre la mesa calló muchas bocas, porque fue un triunfo apabullante y porque por aquel entonces yo ya estaba convencido de que Óscar merecía un libro cuando decidiera retirarse.

«El momento más difícil para mí fue en el descenso del Poggio. Pozzato se escapó con cinco o seis más. Temí que pudieran marcharse. Cuando atacó, sabía que yo solo podía buscar una rueda buena, yo no podía cogerlo. La única manera de que yo pudiera ganar era en un sprint», admitiría después el cántabro.

Liquigas trabajó para Bennati y comandó el grupo cuando pasaban por la pancarta de último kilómetro, pero Freire optó por coger la rueda de Boonen.

Aguantó ahí hasta los últimos 50 metros, cuando se abrió paso con una potencia descomunal y en unas cuentas pedaladas dejó a sus rivales —¡como había pronosticado, Boonen y Petacchi!— a más de una bicicleta de margen.

A mí se me va a hacer raro seguir la carrera sin los nervios de quien desea lo mejor para alguien cercano, pero el virus de la San Remo será algo permanente ya y por ello el domingo me dispondré a disfrutarla como se merece.

Por Juanma Muraday, autor del libro  ‘Óscar Freire. El genio del arcoíris’

 

 

El cambio de equipo le sentó bien a Nairo

Nairo Arkea JoanSeguidor

En el Arkea, Nairo Quintana parece haber encontrado el equilibrio que tuvo en los primeros años de Movistar

El primer y efímero tramo de temporada 2020 no engaña en cifras, calidad y estadísticas: Nairo Quintana se ubica entre los top de este estrecho margen de competición y la realidad le secunda.

Figura en el CQ Ranking como uno de los corredores más laureados: cinco triunfos, los mismos que Remco Evenepoel, uno más que Tadej Pogacar, uno menos que Jonathan Restrepo, colombiano ahora en el Androni que hizo fortuna en Tachira y Uganda.

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Convenía ver a Nairo fuera de Movistar pero también en una carrera del nivel de París-Niza, la prueba del algodón.

Creo que el resultado habla por sí solo, sobre todo cuando la carrera no le sonrió en la caída y corte que le sacaron de la lucha por la general.

Fue mala fortuna, desde los inicios a Nairo ha sido muy complicado pillarle en cortes y abanicos, pero no es infalible.

En esa etapa se olvidó de la general, pero fijó el foco en la llegada en alto, una jornada triste, desangelada, un invierno ciclista se nos venía encima, aunque con la clase de Nairo, el ataque y el triunfo fue más llevadero.

Porque aquellos que nos atribuyen inadversión para con el ciclista boyacense, deberían ver los primeros escritos sobre Nairo en este mal anillado cuaderno y la descripción de un corredor que enomaraba en cada paso, que dejaba esencia de grandeza y triunfos cargados de calidad.

El Nairo anterior al Tour de 2016, aquel que no esperaba para golpear, ante la duda salía el primero.

Y aquí, en el enfriamiento de este corredor no sabemos si fue el huevo y la gallina, no sabemos si fue el equipo o el corredor quien menguo su aureola, quien le secó la mentalidad ofensiva y valentía.

Creemos que habría de las dos partes, aunque conociendo quien lleva las riendas de Movistar: blanco y en botella.

Esta París-Niza tan desangelada era la prueba del algodón, de lo que había, que no era poco, aunque lejos de lo que tenía que haber estado, Nairo fue el mejor, como en Provenza y Alpes Marítimos.

Un ataque, uno solo, como los capos y se fue para firmar un arranque de temporada muy bueno, yo creo que mucho mejor del que hubieran imaginado en su equipo.

Ahora bien, faltaba gente, como decimos, y esto es largo.

Nairo, como todos, lo deja en manos de lo que vaya a ser y la suerte que corra esta temporada que queda rota por la mitad, sin primavera y con el Giro sin fecha en el calendario.

El daño es tremendo, ya lo sabemos, pero en lo poco que hemos visto, el salto al equipo francés le ha sentado bien al colombiano, y eso era algo, nunca lo escondimos, que no teníamos tan claro.

Imagen: FB de Equipe Arkéa

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París-Niza 2020: ¿Aguantará Max Schachmann?

Max Schachmann París-Niza JoanSeguidor

La París-Niza 2020 puede o no tener ya un ganador final

Estuvo fino Alberto Contador cuando hizo la cuenta de la lechera para Kragh Andersen diciendo que él intentaba atacar el liderado de Max Schachmann por que, si suspendían, tendría igual la carrera en su mano.

Lo cierto es que es complicado pensar en la séptima etapa de esta París-Niza 2020 leyendo esto…

Pero mientras ocurre o no, seguimos viendo una carrera preciosa, una suerte de preludio sobre tiempos de sequía para el aficionado ciclista, y del deporte en general.

Los Sunweb llevan bastante mejor su reconstrucción tras Tom Dumoulin que éste su plan para volver a competir.

Kragh Andersen es ese ciclistazo que da gusto ver rodar, con mucho de clase y últimamente de suerte.

Puso la carrera al límite en una etapa en la que sólo podía ganar los rojos, con el Bora en cuadro y el Deceuninck trabajando a destajo para un Alaphilippe que se alegrará de haberse guardado un pellizco de forma para más adelante, para cuando la temporada, esperemos, empiece a desarrollarse con normalidad.

Donde no llegó el danés, lo hizo Tiesj, el compañero de escapada en la jornada inaugural de Alaphilippe, que luce un estado de forma abrumador.

Saltó cuando Andersen iba a menos en su ofensiva contra Schachmann e hizo diana hasta el final, llevando rápida una carrera en la que el alemán líder casi lo pierde todo en una curva al final.

Queda la llegada en alto, donde acabará, presumiblemente esta París-Niza, queda la andanadas de los colombianos… ¿qué sucederá? ¿Lo veremos?

Todo es incertidumbre.

— escrito el 11 de marzo

La crono deja una recta final de París-Niza 2020 preciosa

Es curioso leer a Prudhomme sobre la suerte de esta París-Niza 2020 que se disputa casi en clandestinidad por lo excepcional del momento: «Cada etapa es como una batalla».

Están contando los días, un descuento diabólico hacia la ciudad del sol, por que esto es la carrera hacia el sol.

Aunque no lo pareciera en la preciosa contrarreloj realizada en el centro del hexágono, por la tierra de Julian Alaphilippe, donde la estampa era París-Niza total.

Camino estrecho, bosque denso, ruta húmeda, gente abrigada… un ambiente muy vasco podríamos decir, muy de Max Schachmann que, como en Itzulia hace un año, refuerza su mando tras una crono con una pregunta clara: ¿Aguantará?

Y ese interrogante surge tras lo visto precisamente en la Itzulia 2019.

Max Schachmann fue una de las bajas más sensibles de Quick Step hace poco más de un año, de azul demostró que tenía registros para todo, desde tensionar una Flecha para desfondar el Movistar de Valverde y facilitar el triunfo de Alaphilippe, a ganar una etapa en alto del Giro, escapado, la víspera de la gran cabalgada de Chris Froome.

¿Qué Schachmann veremos en la recta final de la París-Niza 2020?

Esa es la gran duda.

Por de pronto, lleva diferencias de gran vuelta, demostrando una vez más que una crono no es necesaria, es imperativa si que se quiera dar un poco de emoción a una vuelta por etapas.

Schachmann le mete un minuto y pico a Sergio Higuita, la gran sensación de la primera mitad de carrera, Vincenzo Nibali y Dylan Teuns.

Luego a dos minutos Nairo y Alaphilippe.

Son diferencias importantes que difícilmente se enjugarán atacando en el puerto final del sábado, se necesita sacar petróleo de cada rincón, cada momento, el Bora es un bloque excepcional, pero le van a dar por todos los lados.

Esperamos poder verlo.

Imagen: © BORA – hansgrohe / Bettiniphoto & VeloImages

—escrito el 10 de marzo

Bueno, bien, Iván García Cortina guardará La Châtre, París-Niza de 2020, en su álbum personal… 

Una llegada caótica, sin final escrito, como todo en esta carrera loca.

Luce tremendo el gijonés, ancho, imperial, con esa melena en medio de un pelotón formado por auténticos lobos, que vive en el filo, como si el mundo se fuera a acabar en esta París-Niza 2020.

Merecía algo así, está en la primavera, en la antesala de las carreras por las que bebe el viento, está en forma.

Como todo lo que acontece este año, esperamos que pueda disputarlas.

Entretanto que le quiten lo bailado, los Deceuninck dejaron demasiado lejos a Sam Bennett y esté se quedó roto por el afilador que Higo Hofstetter para frenar a Cabel Ewan.

Allí no compareció el resto, no Bouhanni, ni Viviani.

Una sucesión de eventos que no aprovecharon Michael Matthews, quien lo lanzó todo para nada, al austrialiano el paso del tiempo le pesa, donde antes ganaba con facilidad, ahora le cuesta un mundo, ni Peter Sagan, diez años pasados de su victoria, aquella tarde en Aurillac, cuando superó como un obús a Purito.

Hoy, diez años después, Peter Sagan vio salir como un obús a Iván García Cortina, que pone la París-Niza en la historia que empezó a escribir en California.

Bravo, Iván.

— escrito el 9 de marzo

Otro día de sobresalto camino de Niza

La París-Niza 2020 va camino de consumir un etapón por día en la cuenta atrás que nos aproxima a Niza.

Ganó Giacomo Nizzolo, y no fue sencillo, con un grupo copado por los Bora, cuyo capo aquí es Max Schachmann, una máquina de rodar y reventar rivales.

Entre ellos Nairo que vio a 25 de meta como se les escapaba la carrera: una caída y un corte que a esas alturas de carrera es imposible cerrar.

Antes incluso de plantear distancias, se juntaron delante gente como Naessen, Stuyven, Sagan o el propio Mads Pedersen, en su primer día de lucimiento personal, con el arcoíris en la espalda.

La victoria de Nizzolo en medio de ese grupo nos dan la medida que éste es un ciclista nuevo, con olfato, dos victorias y el otro día que tuvo Le Samyn si hubiera medido mejor.

Permitidnos recuperar un párrafo de hace un año por estas fechas:

Luke Rowe es un galés alto, corpulento, potente, un rodador de etiqueta Sky.

Un tipo duro, curtido en los vientos de Gales, que sabe por donde sopla el Dios Eolo con hincar su índice sobre la mirada,

Luke Rowe ha crecido con Geraint Thomas, Ian Stannard, Gianni Moscon, Bradley Wiggins, Peter Kenaugh, Chrisian Knees, Michal Kwiatkowski, Jonathan Castroviejo,…

Lo veis, todos prominentes rodadores, de mayor o menor tamaño, pero auténticas máquinas de rodar, de enfilar y romper grupos, ciclistas cortados por el mismo molde, ciclistas que no hacen prisioneros.

Pues quién le diría a Rowe, que sus mejores días haciendo abanicos en una carrera cualquiera, dígase la París-Niza, en un lugar al azar, al norte y centro del hexágono, los pasaría con largo y tostado colombiano, de sesenta míseros kilos, que no levanta por encima de la media del pelotón pero que rueda como un demonio.

¿Quién le diría a Luke Rowe que Egan Bernal sería su compañero de baile en las tres jornadas más trepidantes que hemos visto en mucho tiempo?

En efecto hablábamos de Egan Bernal en los abanicos camino de Niza.
Entonces Sergio Higuita corría en la Fundación Euskadi, prometía, tenía maneras, pero ahora esto, verle delante, con los capos de la París-Niza, salvando caídas, cortes, abanicos, sin escatimar el relevo.
Lo de Bernal el año pasado nos dejó impactados, por que no sobrevivió a aquello, contribuyó al destrozo, lo de Higuita casi lo mismo.

Es un lujo, un puñetero lujo verle ahí en medio de torres, como decimos, dando la medida de un corredor que no se queda con su estereotipo de inicio, ese perfil pequeño, escarabajo de origen.
Quieren más, y en la criba de la segunda etapa, mantiene sus opciones intactas, como Vincenzo Nibali o el líder Schachmann.

Otra etapa para enmarcar en la París-Niza 2020, una carrera que en lo progresivo será a «puerta cerrada».
Hemos salvado otro día, otro glorioso día.

—escrito el 8 de marzo

El recital de ciclismo de la primera etapa de la París-Niza 2020 perdurará…

Permitidnos recuperar este enlace de ayer que utilizamos ayer mismo en la previa de la París-Niza 2020

Un regalo de París-Niza http://www.joanseguidor.com/regalo-paris-niza

Publicada por Iban Vega Garcia en Lunes, 6 de marzo de 2017

No es oportunista, ni subirnos al carro, podemos decir que lo dijimos, ciertamente.

Cada año el primer tercio de la carrera hacia el sol nos da parte del mejor ciclismo de toda la temporada, una etapa de verdad, de hombres-hombres venidos aquí, en medio de un mundo paralizado a dar la medida de la belleza de este deporte.

Una jornada de esas que entronca con la de la foto que ilustra ese copia&pega de Facebook, de hace dos años, con las primeras del año pasado en las que el surrealismo nos llevó a ver sprints ganados por Groenewegen secundado por Bernal.

Son esas etapas de perros, llovizna, viendo, plomo en el cielo y peligro en la ruta.

Un corte de lejos, en el que estuvo el que sigue siendo nuestro favorito, Nairo Quintana, aunque con matices.

Por que si bien Nairo es bueno en estas etapas, rara vez se le pilla meando, también es verdad que los rivales le van a dar hasta en el carnet hasta que llegue la jornada en alto.

De aquí a entonces, cada vez que haya un resquicio de viento, soplará a favor de quienes poner al colombiano en aprietos.

Y es posible hacerlo, se ha visto, a treinta de meta Nairo vio partir del corte delantero, en sus propias narices a Julian Alaphilippe, la avispilla que necesitaba el enjambre para armar otra etapa memorable.

Alaphilippe estuvo en el filo de los cuarenta segundos, eso es en su caso, remar cerca del triunfo final a poco que los de atrás se despistaran. 

Todo se vino abajo porque no quiero imaginar lo que era llevar esa bicicleta con el frío que atenazaba las manos.

Max Schachmann dio en la diana, en una etapa de esas que recordaremos, más en las circunstancias que llega la carrera y lo mucho que hemos tenido que padecer los amantes del ciclismo esta misma mañana.

Crucemos los dedos y que esto siga, mañana más…

— escrito el 7 de marzo

Los equipos entran y salen de la París-Niza como en un bucle infernal

En la antesala de la París-Niza 2020, el otro día leí este tweet de Jorge Quintana

Sin duda respeto a las decisiones tomadas por los equipos World Tour que han declinado su presencia en la París-Niza que empieza ya.

Cada uno con sus motivos, aunque convergentes en una situación incierta.

Incluso ayer nos preguntamos qué hace la UCI para coordinar una respuesta y dar consignas claras a los diferentes equipos.

Sea como fuere no todos piensan igual.

El Bora defiende estar por que si las autoridades lo consideran seguro ¿por qué ponerlo en duda?

La no presencia del equipo parece contribuir a una situación que escapa de lo racional y que está causando estragos.

El Israel Start-Up Nation piensa igual, incluso en momentos que son «totalmente nuevos» para el ciclismo.

Tendremos, eso parece, París-Niza, cruzando los dedos que nadie pite con coronavirus, por que lo siguiente será una cuarentena en el corazón de Francia.

Ante esta situación, y si nos pedís opinión, pensamos que estar, como dice Bora, porque las autoridades lo autorizan, darle curso a una normalidad que necesitamos como el aire que respiramos.

Y venga, que si todo va bien, tenemos París-Niza 2020 y esto es un carrerón

Un regalo de París-Niza http://www.joanseguidor.com/regalo-paris-niza

Publicada por Iban Vega Garcia en Lunes, 6 de marzo de 2017

 

— escrito el 5 de marzo

Más equipos y ocho corredores por equipo para la París-Niza 2020

La París-Niza 2020 acaba de sacar el listado de sus equipos, algo que en las circunstancias actuales, genera casi tanta expectación como la propia carrera.

Es curioso el comunicado

A rey muerto- rey puesto.

No se citan los equipos que han anunciado que estarán parados, mínimo, hasta la Volta a Catalunya, ni Team Ineos, ni Mitchelton, ni Astana, ni tampoco UAE Team.

El agujero es importante, incluso con el OK del ministerio de sanidad francés.

Sea como fuere la París-Niza sigue como si tal cosa, tendrán atada y bien atada la participación del resto, «se les espera» dice la nota, al fin y al cabo hablamos de ASO.

De cualquiera de las maneras no sólo llama la atención eso.

Se han invitado equipos no previstos, con el cuorum del resto, y además se ha pasado de siete a ocho corredores.

Todos sabemos de las circunstancias excepcionales del momento, pero esta París-Niza que comparte titulares con el coronavirus siembra un precedente importante.

El número de corredores por equipo, incluso la cantidad de equipos que toman parte es un caballo de batalla en las grandes vueltas, y aquí se varía a necesidad del organizador, que no quiere un pelotón diezmado.

Será interesante ver qué resulta de todo esto y si esta «flexibilidad» se puede dar en otras carreras por que ahora mismo pensar que el domingo próximo puede haber París-Niza ya es un sueño lúbrico.

Por cierto que no habrá campeón vigente, Egan Bernal entra en la nevera que Team Ineos se ha impuesto.

Fausto Coppi inventó La Primavera

Fausto Coppi Primavera JoanSeguidor

Nos vamos a la primavera que iluminó Fausto Coppi

Cuando Coppi salía del negro túnel del Turchino, Italia entera resoplaba tras años de humillación: estaba floreciendo la primavera.

El francés Tesseire, segundo, circulaba a un cuarto de hora, los otros más lejos. Cuando la Milán-San Remo ni siquiera había dejado la Lombardía, el vencedor ya iba solo.

Era Fausto Coppi.

Era la primera gran carrera de Italia tras la Segunda Guerra Mundial.

Era la Milán-San Remo de 1946, la primavera de Fausto Coppi e Italia.

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Coppi culminó su magna obra con 147 kilómetros de escapada en solitario.

Cuando la carrera cruzaba las pedanías milanesas, Fausto ya estaba al comando.

Turchino ese punto celebre de la Milán-San Remo es un paso de no más de 50 metros, oscuro y perentorio.

Ese día vio la luz, la primavera que vino con Fausto Coppi, cargada a sus espaldas. Una multitud lo aclamaba. “Habemus Campeonnissimo”.

Una vez cruzada la meta de San Remo, Bartali se mostraba abatido, se sabía en retirada ante el nuevo fenómeno surgido de las cenizas de la conflagración mundial. Emergía sin embargo una legendaria rivalidad que fue llevada a todos los campos.

Coppi era el hombre moderno, libre pensador, estiloso, adscrito a los avances de la dietética y del entrenamiento científico.

Gino fue “el piadoso”, el campeón monacal.

Un ser humano excepcional que jugó a ser héroe, anónimo durante mucho tiempo, en la guerra. Coppi era díscolo.

Dejaba a Bruna y su domicilio conyugal para irse con la conocida como “Dama Blanca”.

Bartali, el feligrés, icono de la Italia puritana y férrea, incluso rechazó besar a la miss Josephine Baker, en la salida del Tour de 1938 en París por estar comprometido.

Pero las exhibiciones de Coppi tenía “truco”.

Trabajaba con un masajista ciego que le seguía por doquier.

Con él Coppi revolucionó el concepto de optimización en el ciclismo. Sacó partido y punta a todo aquello que los grandes anteriores habían omitido. Su esfuerzo y sacrificios serían pasto de técnicas inusitadas hasta entonces.

Coppi resultó la Primavera del ciclismo.

El punto de inflexión.

Nada fue igual tras él.

Pero Coppi no se entiende sin Bartali.

Entre ambos ganaron ocho Giros y cuatro Tours.

Su pique les llevó a autoeliminarse ante la incredulidad de los rivales en el Mundial de 1949.

Incluso Bartali llegó a pensar que las pócimas de Coppi le daban un poder sobrenatural.

Dijo: “Miraré todo lo que me parezca sospechoso. Todos los frascos, todas las pomadas, todas las botellas. Se los daré a un amigo farmacéutico”. Hay que cosas que desde entonces no han cambiado.

Foto tomada de http://cobblesandhills.com

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