El lamento de perder una París-Roubaix con lluvia

Tuvalum

Perder París-Roubaix con lluvia es peor que perder la carera en sí

La mañana del que tenía que ser el «superdomingo» de ciclismo amanece con la gente consultando el tiempo que hubiera envuelto la edición otoñal de la París-Roubaix, y evidentemente sale lluvia.

-escrito el 14 de octubre- 

El aficionado ciclista lamenta más aún la cancelación de la París-Roubaix si se prevé lluvia

Hace unos días se cayó la segunda gran carrera del calendario tras la reanudación por el coronavirus, y es que, con tanto ruido con la pandemia, sólo la París-Roubaix y la Amstel Gold Race se han descolgado, por el momento, de la «mini temporada ciclista».

Una caída que el mundillo obviamente lamentó como no podía ser de otra manera, aunque no de la forma y el fondo que se podía esperar…

 

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Y es que el domingo 25 de octubre, el «superdomingo» que concentra el asalto al Tourmalet para la Vuelta y el epílogo milanés en el Giro, tenía el tercer vértice en Roubaix.

Un triángulo que no será posible, aunque seguro que más de uno mirará qué tiempo hará en Lille y alrededores, la metrópoli del norte francés que tiene Roubaix a tiro de piedra.

Si llueve en Roubaix ese día, y en la ruta que lleva desde París, mejor dicho Compiegne y su palacio real, hasta Roubaix y su velódromo, habrá más de un lamento en las redes entre la familia ciclista.

No recuerdo una París-Roubaix, y vagamente, desde que se impusiera Servais Knaven hace casi veinte años, en una edición en la que era imposible distinguir los ciclistas pues parecían salidos de una peli de terror, del mismo lago, llenos de fango cual mona de pascua.

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Desde entonces la París-Roubaix ha sido un excelente motivo para meter en argumentario de quienes defendemos las consecuencias del cambio climático, pues siendo en primavera, en domingo de Pascua, no cae una gota desde entonces.

Es más tuvimos que ver adoquines mojados en el Tour, a inicios de aquel julio de 2014 en una de las grandes jornadas de Vincenzo Nibali.

¿Qué tienen la lluvia y el barro que embriagan al aficionado ciclista?

No lo sabemos, pero es el perejil de todas las salsas y un elemento que consideramos imprescindible en cualquier clásica del norte de Europa.

Desde el mismo ciclocross, iceberg de la porquería sobre el ciclista y su máquina, a jornadas como las del domingo en Wevelgem, buscamos siempre la suciedad en el casco, piernas y pecho del ciclista, como síntoma de épica, a veces mal entendida, por que no siempre una carrera cargada de barro supone un espectáculo de primer orden.

Ahora, con la París-Roubaix a finales de octubre, y el otoño posando en manto sobre las alfombras de adoquines que llevan al norte, todos preveían una París-Roubaix de lluvia y rostros como aquellos de Lemond y Kelly en los ochenta.

Habrá que esperar a abril, la ubicación natural del único monumento que al parecer no se va a disputar en 2020.

Imagen: Mundobici Colombia

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