El señor Sagan

Tuvalum

Peter Sagan sigue siendo la franquicia del ciclismo

Convivir con grandes nombres tiene peajes. Pueden ser buenos, perdurables. Convivir con monstruos de su tiempo te proporciona grandeza, nombre caché recuerdo. Chiapucci con Indurain. Pero hay un reverso de la moneda, te puede proporcionar frustración, malos momentos, injusta etiqueta de perdedor, Bugno con Indurain. Sagan, sin embargo, convive con Froome. No le pasa factura.

Si el ciclismo tuviera, para bien o para mal, un emblema, tarjeta de visita, presentación, portada, titular, llamadlo cómo queráis, ahora mismo llevaría el nombre y apellido de Peter Sagan.

Es el ciclista redondo, de inicio a fin, del día a la noche. El corredor que domina el arte de domar la bicicleta como quien doma por Jerez blancos caballos. Cabalga, surge y es omnipresente. Su figura impone, pero ello no le resta peligro ni efectividad.

Otro año más Peter Sagan es vanguardia de la campaña ciclista, y lo es en un contexto que no le sencillo, no le caben más rivales, ni más miradas ni más tiros de cámara, pero su espalda es ancha, lo gestiona, se lo tira atrás y va a por ello. Liso y sencillo.

Los balances de Sagan se hacen en dos estadios.

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