El Tour que nunca imaginamos para Richie Porte

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Richie Porte demuestra que nunca es tarde para un podio en el Tour

Cuando vemos a Richie Porte en el podio del Tour de Francia miramos atrás, las veces que él contribuyó para que Froome se proclamara ganador, posiblemente hablemos del mejor gregario que haya tenido el inglés, aquel accidente contra la moto del Ventoux cuando iba con los mejores, la caída bajando, el tortazo en ruta hacia Roubaix…

El de Richie Porte es un podio merecidísimo por que nunca dejó de creer, no desistió, corrió y corrió hasta el tercer peldaño de un cajón que hace dos años ocupó su querido Chris Froome.

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Sinceramente, éramos de los que no dábamos un duro por Richie Porte en este Tour, y no de ahora, hace tiempo que pensábamos que su mejor carrera en Francia nunca tendría lugar.

Hace menos de un año pensábamos esto de él

El australiano fue un corredor que desde bien joven, recuerdo el Giro de 2010, marcó una senda que parecía condenada a acabar en lo alto del podio en París.

Porte trabajó muy bien para Brad Wiggins y Chris Froome, aprendió el oficio de líder desde dentro, «inside the job», sabiendo de los matices de llevar algo tan pesado como el maillot amarillo.

Sin embargo proyectar su intimidatoria en lo individual nunca se le ha dado.

Desde aquel famoso Giro en el que sale sancionado por el cambio de rueda con Simon Clarke, a los cartuchos quemados en el Tour de Francia.

Richie Porte llegó a ser quinto en el Tour de 2016, su mejor año, aunque acabara estrellado contra una moto por el colapso del Ventoux.

Aquello fue un presagio de que siempre le pasaría algo en su gran objetivo: la caída al año siguiente que destapó importantes carencias en los descensos, otra caída, esta vez camino de Roubaix…

Siempre le pasaba algo hasta que en 2019 se ha visto que, sencillamente no va, no tiene el Tour en su radar y esa condición de favorito sin corona que se granjeó nunca llegó a buen puerto.

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Pero Richie le ha dado la vuelta, en una edición que nos recordó mucho ediciones pasadas, como el día que perdió el minuto largo que desplazó a Pogacar y Landa, curiosamente los corredores que, junto al australiano, han rodeado a Roglic en la general.

Richie Porte pasó los Pirineos en segundo nivel, pero muy cerca de los mejores para crecer en la segunda mitad.

Dejó atrás los fantasmas del pasado, el gafe eterno que nunca parecía soltarle y voló en los Alpes, estuvo efectivo, superando sus miedos en el descenso, siempre con los mejores y saliendo vivo de los dos momentos en los que la balanza habría pintado a la contra en otros años.

En el Col de la Loze mantuvo el tipo y contuvo los daños frente a López mientras que en Glières salió vivo de un pinchazo que despertó todas las alarmas, todos pensamos que ya estaba Porte lidiando con su eterna mala suerte.

Pero salió vivo, sí con ayuda puntual de algunos Jumbo, pero creyendo él solo, antes que nadie y llegando a la rueda de Landa, Mas y López para ganarles el podio por la mano en la crono final.

Un podio que le sabe a gloria, sólo hay que verle emocionado hablando de él, y que nos demuestra que los buenos siempre vuelven.

Una historia a la que podría agarrarse el mismísimo Roglic.

Imagen: FB Trek-Segafredo

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