El Tour tiene lo que se merece: cinco motivos

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Razones por las que el Tour está lejos de emocionarnos

Hay liada una buena entre la hinchada, como decimos nunca habíamos visto tanta hostilidad hacia los ciclistas del Tour, directamente hacia ellos, como pocas veces hemos visto, haciendo caer a más de un ciclista en el olvido que su trabajo se debe a los espectadores que con su audiencia garantizan el share y el retorno a quienes mantienen la fiesta.

A sabiendas que consideramos un milagro que el Tour 2020 esté en marcha, y esperemos que llegue a París, queremos dar cinco motivos por los cuales el Tour de Francia no es la carrera más bonita del calendario.

El primer motivo tiene que ver con la falsa sensación de espectáculo que otorga a igualdad

Si recordamos el cuarto Tour de Froome, veremos que los mejores de la general se manejaron en segundos durante las tres semanas, hasta que a crono de Marsella puso orden en el tablero.

Aquello se vendió como emocionante, y no tuvo nada de eso.

Ni el mejor Romain Bardet, ni la versión top de Fabio Aru consiguieron inquietar al Team Sky, un bloque en el que Landa y Kwiatkowski se tragaban los puertos de tres en tres controlando el rebaño.

Chris Froome ganó por menos de un minuto sobre Rigoberto Urán, pero ya está, de aquella edición no hubo nada memorable, salvo la escapada de Contador y Landa camino de Foix.

Así las cosas, los organizadores se obsesionan por tener la recua muy junta hasta el final, cosa que, como vemos no enciende los ánimos de arriesgar.

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El segundo motivo tiene que ver pues con los recorridos, y en especial por la aniquilación de las cronos de los recorridos

Lo hemos dicho mil veces, desde esas cronos memorables de Dumoulin en el Giro, una buena crono sacude la general, abre huecos y prende las ganas de atacar.

Una buena crono es un ejercicio sublime del ciclismo, un ejercicio en solitario, uno a uno, sin intermediarios, a pelo, como lo de la «prueba del algodón».

Una crono esta primera semana del Tour habría provocado que algunos favoritos llegaran con necesidad de atacar en Mont Aigoual o en Pirineos el fin de semana.

El año pasado, Primoz Roglic pintó la cara de los rivales en la crono, un rodillo bien pasado que nos deparó una segunda mitad de Vuelta trepidante, con espectáculo diario y etapas que permanecen en la memoria, y entonces la general estaba sentenciada.

Por cierto, etapas que no están entre las marcadas, como en la que Sagan puso al Bora a descolgar velocistas y acabó con Landa y Pogacar distanciados, acaban siendo mejor que la mayoría de las de montaña.

Y es que no es de recibo la acumulación de llegadas en alto y etapas de montaña porque sí, eso no da espectáculo, eso provoca que la gente se acomode al grupo y queme kilómetros a la espera que los grandes tengan un fallo, porque en definitiva no sale rentable atacarlos para que sus gregarios te devuelvan al grupo.

Y no sale rentable, también, porque en definitiva Pinot, Nairo y cia no necesitan arriesgar con dos tercios de Tour por delante, cuando van a segundos de Yates y Roglic.

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El tercer motivo son las clases de este ciclismo

Tenemos dos escuadras que capitalizan el pelotón, bien sea para parar el ritmo, como el Jumbo en Niza, o para un tran tran insufrible, Ineos en Mont Aigoual.

Al lado bloques con un cabeza de filas muy marcado y luego otros equipos, los llamados modestos, para los que se reserva una escapada que más allá de minutos de televisión rara vez acaba en otra cosa.

Y estos se cansan de ser teloneros, al final nos sabemos el desarrollo de estas etapas de memoria para acabar en el sprint entre Bennet, Van Aert y Ewan, porque en la historia quedaron los Pepe Recio o Jele Nidjam de turno que daban color destrozando las llegadas.

El cuarto motivo es esa tecnología que tanto le ha dado al ciclismo como emoción le ha quitado

Y es que Wout Van Aert sabe perfectamente lo que tiene que marcar la pantallita para que ni Dios se vaya del pelotón, Van Aert como Castroviejo o Kwaitkowski, años atrás.

El ciclismo de sensaciones ha muerto y con él, la pasión de cada vez más aficionados.

Ahora además se suman los modems para monitorizar los corredores…

Y el quinto motivo tiene que ver sobre el confinamiento y lo atropellado de esta temporada

Eso es imposible que no pase factura a los ciclistas.

Y es que todo en 2020 es raro, o no tanto, por que en ciclismo, y más concretamente en el Tour, las quejas de este estilo se vienen replicando hace años, la carrera no hace más que aportar y adaptar el guión pero no dan con la fórmula.

Eso está claro y mientras siguen buscando, el aficionado se desespera.

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