El verdugo de Indurain vino del norte

Tuvalum

Cinco Tours consecutivos fue algo nunca visto en el ciclismo. Miguel Indurain fue el primero en lograrlo, de 1991 a 1995. En la actualidad, el navarro comparte ese rango con Lance Armstrong. Indurain se bebió un buen sorbo de la historia de la Grande Boucle marcando toda una época en la forma de trabajar la lucha en solitario.

La figura del campeón de Villaba sobre su “cabra” se convirtió en paradigma de perfección. Nadie en muchos años había mostrado tal voracidad en las cronometradas. Mediante una sola crono, Miguel podía sellar tres semanas de competición.

El sexto parecía muy cerca

La decepción en el Tour de 1996 de la parroquia español fue tangible. Miguel Indurain llegaba al que debía ser su sexto Tour en el mejor punto que jamás se le había visto. Con cinco ediciones en su palmarés, cada año que pasaba se mostraba mejor y más completo, más inaccesible en definitiva a unos rivales que se habían sucedido en el tiempo. Desde los Bugno y Chiapucci, pasando por Rominger y llegando a Zulle.

En último Tour de Miguel, un alto calvete de la Gewiss, Bjarne Rijs, había cuajado una excelente actuación culminada con la tercera plaza del podio. Un año más tarde ese danés llegaba al Tour con los colores del Telekom y la manifiesta intención de buscar el triunfo final. La promesa del nórdico no fue en vano.

Les Arcs, la cima maldita

Lo cierto es que el Tour de 1996 tuvo matices muy diferentes a ediciones anteriores. Por encima de todos los condicionantes se ubicaron el frío y la lluvia de la primera semana. Las piernas de Miguel Indurain no rezumaban la chispa de otras ocasiones. Y ello se pudo ver en la primera de las llegadas en alto, Les Arcs, donde una monumental pájara desbordaba al campeón saliente. La condena se traducía en cuatro minutos en unos pocos kilómetros de crisis. No había nada que hacer, Indurain se mostraba día tras días mucho más vulnerable de lo acostumbrado.

Pese a que aún restaban dos tercios de carrera por delante, el Tour se convirtió en un querer y no poder de Indurain, que acabó noqueado totalmente en la doble jornada pirenaica. Atacó en la base de Hautacam a Rijs, pero éste le dejó como y cuando quiso. Jornada negra para el campeón, nefasta, como se vería, para la historia del ciclismo pero convierte recordar que Indurain fue superado por el calvo tramposo y otros nueve ciclistas.

Lo mismo sucedió en la siguiente jornada, una etapa larguísima con final en Pamplona. La que debería haber sido homenaje del quíntuple ganador del Tour se convirtió en un calvario a para Indurain y los suyos que llegaron a la capital navarra con una minutada de retraso. Aquélla fue la última vez que Miguel disputó el Tour, de hecho en los primeros días de 1997, el mejor ciclista español de todos los tiempos anunciaba su retirada.

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