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Los duelos de Fabio Parra y Perico aún siguen dando que hablar

Cada cierto tiempo vemos en las redes recortes, recuerdos de cuando Fabio Parra fue ciclista y estuvo a las puertas de ganar un Tour y una Vuelta del tirón.

Para quienes ahora saboree las mieles del éxito colombiano, Fabio Parra fue pionero, uno de esos mineros que hicieron fortuna a base de picar y picar en los inciertos ochenta, corriendo aquí y allá, haciéndose un nombre el Kelme.

 

De aquellos años nos queda el recuerdo de un ciclista laborioso, buen escalador, una hormiguita que sacaba la cabeza en las cronos como los escarabajos de su generación no fueron capaces.

El recuerdo de un corredor humilde, tranquilo, que sacó partido a sus cualidades para abrir un camino en le que hoy otros hacen fortuna.

Antes que Nairo, Rigo, Bernal y compañía estuvieron Fabio Parra y los suyos, marcando con migas de pan la senda del éxito, pero en un entorno nada sencillo y que, volviendo al inicio del escrito, se reitera cada poco en las redes.

Fabio Parra vivió una injusticia en el Tour de 1988 y la Vuelta siguiente, eso no para de repetirse, un mantra tan extendido como el que el dopaje de los europeos han dejado secas las ilusiones de no pocos colombianos.

 

Sinceramente, seguir dándole vueltas al mismo tema además de agotar, es estéril, como las quejas del propio Fabio hace un par de años.

El ciclismo que quedó escrito hace treinta años está escrito, emborronarlo no es más que poner nebulosa sobre una época que muchos recordamos como la puerta a este maravilloso mundo.

Viéndolo ahora te explicas muchas cosas, sin duda, pero marear al personal no tiene sentido.

Hubo un tiempo que, quizá, tuviera sentido remover la realidad, pero no se hizo.

Fabio Parra explica el contexto, corría para Kelme, ¿qué le habría significado a la marca ir contra el ídolo de su país?

Sin duda, un pingüe beneficio que ni siquiera el Tour le habría compensado.

SQR – GORE

 

Todos los que vimos el ciclismo de esa época lo guardamos a sabiendas que remover ciertas cosas provocará dolor.

Preferimos recordar esas tardes de julio, de abril, el mano a mano y la innegable de realidad que Perico fue un tipo que trascendió al ciclismo, ganando mucho menos que, por ejemplo, Miguel Indurain.

Y Fabio Parra puede mirar con orgullo lo que es hoy el ciclismo colombiano en el máximo nivel, un orgullo que no puede esconder la realidad que le tocó vivir, aunque de su labor de pionero bebe el éxito presente.

Cuando un libro ha quemado ciertos capítulos, no cabe mirar atrás.

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