La Volta 100 será el 2021

Volta 100 JoanSeguidor

El próximo marzo podremos disfrutar de la Volta 100

Hace un mes exactamente, hablábamos con el mentor de la Volta, Rubén Peris, sobre la carrera que debería estar celebrándose, y no era cualquier edición, era la Volta 100.

De aquel ratito, sacamos en limpio que era casi grotesco hablar de una carrera ciclista con el panorama que nos rodeaba y que iba a ser casi imposible ver la Volta en este 2020.

En efecto, la carrera pasa al 2021, el 2020 tendrá un hueco en blanco, como en otras grandes y tristes fechas de la humanidad, desde las Guerras Mundiales a la Civil, es lo que hay, estamos en un momento histórico, de esos que hacen socavones en los anales.

«Tenía claro que no queríamos hacer la Volta a cualquier precio. No tendría sentido hacerla coincidiendo con Tour, Giro o Vuelta, compitiendo por los mejores corredores y las audiencias televisivas. Tampoco nos planteamos un formato recudido de días. Por eso creemos que la opción más sensata era pasarlo a nuestras fechas habituales el año 2021» dice Peris en la nota de la organización.

Pues es, ejercicio de realismo, entre malabares de organizaciones de meter la patita en un calendario que ya veremos si se reanuda.

El mundo no se acaba aquí. cabría decir, por la salvaguarda del ciclismo y su viabilidad futura, con equipos pendientes de un hilo.

Como dijimos aquí todos pierden, todos perdemos «hay que arrimar el hombro».

Leemos que hay dos equipos que tienen la continuidad garantizada para 2021, incluso con este parón, espero que no sean los únicos, todo se está complicando, muchas cosas se pierden, pero el mundo sigue girando… 

— escrito el 27 de marzo— 

Que la Volta no se esté corriendo estos días es algo muy relativo con el panorama que nos rodea

Hoy la Volta 100 tendría haber estado por Manresa, localidad histórica para el ciclismo catalán y la carrera, cuna del Masferrer muchos años y sede de multitud de eventos relacionados con el ciclismo durante el tiempo.

Hoy la Volta 100 habría consumido sus dos llegadas en alto, una contrarreloj y nos habría dado días de emoción que la emergencia nos ha robado.

Por eso, porque extrañamos la carrera que vimos pasar por casa, desde la mirada de un crío inquieto y abrumado por la caravana ciclista, quisimos darle un telefonazo a Rubén Peris, el alma mater de la carrera…

Rubén ¿qué tal todo?

«Bien, bien, encerrados, pero bien, es lo que nos toca estos días»

¿Cómo habías imaginado la Volta 100?

«La verdad es que la imaginé diferente a cómo ha sucedido, la verdad, pero si te soy sincero ahora mismo lo que me interesa es la salud»

Cierto

«Se está parando todo, no sólo la Volta, es un problema enorme. ¿La Volta 100? pues ya la haremos cuando podamos«

En todo caso, me gustaría volver al inicio y preguntarte cómo habías imaginado esta Volta…

«Pues especial, cómo no, habíamos puesto grandes ilusiones y ganas. Era la edición 100, y lo seguirá siendo, se haga cuando se haga. Nosotros cumplimos 100 años en 2011, pero ahora es la edición 100, sea este año o el próximo. Tendremos más tiempo para prepararla y la haremos con las ilusiones intactas»

Viendo el tiempo que está haciendo estos días, la nieve habría sido protagonista

«Sí, habríamos tenido problemas tanto en Port Ainé como en Vallter 2000. Te mentiría si no te dijera que no he mirado el tiempo durante la semana, pero sinceramente, le doy la importancia justa. No ha podido ser»

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Miro todo tipo de calendarios para lo que pudiera ser esta temporada y no veo la Volta

«Hay que ser realistas, es muy complicado que la carrera se haga en 2020. Cuando el calendario se normalice, que no sabemos cuándo será, se comenzará a encajar todo, pero es que es mucho lo que se está cancelando y no es lo mismo buscarle sitio a una clásica que a una vuelta de cinco o siete días como la Volta o la Itzulia. Giro a parte, veo perfecto que no se quieran perder los monumentos, pero nosotros somos conscientes de nuestra realidad»

¿Qué te parecen todos esos calendarios que leemos por doquier?

«Es loable que se hagan, pero son eventuales, nada oficial. Además hay que contar con los organizadores. ¿A mí me interesaría una Volta en octubre o noviembre? posiblemente no, ni a mí ni a mis patrocinadores. Y no es sólo la Volta, son muchas más. Luego está la televisión y la plataforma que esté interesada en retransmitir la carrera fuera de sus fechas»

¿Ha sido doloroso renunciar? ¿Está siendo doloroso destruir tantas cosas hechas estos meses?

«Claro que es doloroso, pero ojo, no estamos destruyendo, hemos decidido no continuar, que es diferente»

Pero entiendo que una carrera como la Volta mueve muchos compromisos, personas, dinero en definitiva ¿no será sencillo gestionar todo eso?

«No lo es. Nosotros dijimos el día 12 de marzo que aplazábamos la carrera, pero ya antes, en vista de los acontecimientos, fuimos ralentizando las cosas, para que el daño fuera el menor posible. Estos días trabajamos desde casa para ir poniendo cosas en su sitio, negociando cupos hoteleros ya reservados, por ejemplo. Habrá cosas que tendremos que pagar, obviamente. Espero que, en un mes, podamos reunirnos y ponerlo todo en común»

¿El daño a la organización ha sido grande?

«Ha sido un daño importante, pero tenemos el apoyo de las administraciones y no vamos a amedrentarnos. Somos una entidad muy basada en el voluntariado y tenemos margen. El daño en importante, pero en estas circunstancias todo es relativo y si todos arrimamos el hombro, saldremos adelante»  

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Tour 1986: La hazaña de Chozas tuvo el preludio de Sarrapio

Eduardo Chozas Tour 86 joanSeguidor

Días antes de Chozas, Sarrapio dio la campanada en el mítico Tour 86

Este tercer lunes de confinamiento Teledeporte nos trae aquella famosa etapa del Tour de 1986 que acabó con la monumental victoria de Eduardo Chozas en Serre Chevalier, arriba del Col de Granon, la llegada más alta de la historia del Tour, hasta entonces.

Si el domingo disfrutamos de la cabalgada de Perico con Hinault, esta vez toca Eduardo Chozas, un ciclista enorme, con un palmarés que lo dice todo, en una edición mítica, de esas que marcan un antes y un después en la historia del ciclismo.

Pero días antes de la victoria de Eduardo Chozas en el Tour 86, hubo una que fue también icónica, la de Angel Sarrapio que Jaume Mir, auxiliar esos días en Teka, nos contó en el libro que tuvimos el honor de escribir sobre su singular historia…

Pasaron los años, diez exactamente. Mir en otro Tour, Mir en el Tour de 1986. Su labor ahora era para el Teka, el equipo de su amigo Santiago Revuelta, otra de las personas de su vida, que cuyo nombre muchos años después sigue presente en cualquier sobremesa. En aquel Tour, el famoso de LeMond e Hinault, con este manteniendo la zozobra hasta el final sobre si sería fiel a la palabra dada, corría con Teka un asturiano de Arenas de Cabrales que destacó siempre por sus largas escapadas. Tras sufrir un accidente gravísimo en la Vuelta a Asturias en el 84 se rehizo y protagonizó, al año siguiente, una cabalgada en solitario de 200 kilómetros camino de San Remo, y a las pocas semanas ganó en solitario una etapa de la Vuelta a España en Sant Quirze del Vallès.

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Era Ángel José Sarrapio y su nombre aún resuena en la Francia más chovinista como el español que engañó a un francés de la forma más sutil que se recuerda. “Hay días que se aparece la virgen”, le dijo el asturiano, el percherón, a Javier de Dalmases cuando cruzó primero la meta del entonces incipiente parque de Futuroscope, mientras era aseado por Mir. Sarrapio acababa de ganar la décima etapa del Tour, ante la incredulidad de todos.

La historia fue la típica de una jornada de transición. En el kilómetro 60 de etapa, el asturiano se unió a la rueda del francés del Fagor Jean-Claude Bagot para hacer camino hacia el nuevo parque temático en los aledaños de Poitiers. La ventaja rápido superó los cuatro minutos y en esos guarismos se movería casi hasta el final, aunque condicionada por la caída en el pelotón de un nombre importante como Robert Millar, que calmó los ánimos de la caza, sobre todo del Panasonic holandés.

La cosa iba bien, todo normal, hasta que el director del Teka, José Antonio González Linares, viendo que iban a llegar escapados, aconsejó a su corredor que fuera conservador en los relevos hasta prácticamente omitirlos. La jugada empezaba a ser redonda: Sarrapio racaneaba porque sabía que Bagot estaba cerca de ser líder y este, aunque se desgañitara, no sacaba más de su compañero.

A 20 de meta Sarrapio, quien desde días antes venía arrastrando una bronquitis, empezó a hacer lo que se llama “teatro del bueno”, fingiendo fatiga extrema, sacando los pies de sus rastrales, realizando estiramientos y poniendo cara de ir extenuado. Aquello fue la gota que colmó el vaso de la confianza de los franceses, que dijeron a Bagot: a tope hasta meta.

Fue tan buena la escenificación de Sarrapio que en el coche de Fagor, imprudentes ellos, empezó a correr el champagne a tres kilómetros de pisar la recta final. Mientras, González Linares a lo suyo: “Ángel, los dos sois un plomo al sprint, haz que vas mal y tendremos una oportunidad”. Y Sarrapio volvía a poner cara de circunstancias mientras estiraba los muslos. Bagot se giraba, lo miraba, y siempre, casualmente, Sarrapio se tocaba la rodilla o resoplaba.  Bagot, mientras, echaba toda la carne en el asador, se arrimaba hacia los laterales de la carretera, que le diera el aire. Se abría hacia el otro lado, imploraba un relevo: el de Cabrales, con cara de circunstancias, que no entraba, no entraba. Luego otra vez a “meterle cuneta”.

Cuando la cámara de meta enfocó a los dos escapados en la larguísima recta que llevaba hasta las mismas puertas de Futuroscope, todos dieron por ganador a Bagot. El francés tensó primero, pero Sarrapio respondió. A menos de un kilómetro volvió a acelerar: Sarrapio ahí, presto.

La broma se acabó cuando Sarrapio, no contento con seguirle, le tomó la aspiración y le dio el último relevo a unos 200 metros de meta. “Coup de théâtre”, que gusta decir en Francia. El españolito se cargó las ilusiones del galo el día de la fiesta nacional. “¿Cómo infravaloró de esa manera Jean-Claude al español?, ¿cómo midió sus fuerzas teniendo en cuenta la llegada en alto?”, se preguntaban, si bien conviene aclarar que, aunque la etapa era tenida por llana e intrascendente, la meta picaba para arriba, como se suele decir.

“¡Ángel, Ángel, has ganado, has ganado!”, chillaba Mir mientras no paraba de saltar. Sarrapio, vacío por el esfuerzo, deambulaba entre la gente en la meta expuesto a un ambiente muy poco amistoso. Mir se percató de que allí las miradas eran cuchillos y las manos podían salir a pasear con facilidad cuando se dirigió a Lévitan, el mismo que años antes le había echado efímeramente del Tour, diciéndole: “Felix, Felix, que hemos ganado, etapa para Teka, etapa para España”. “Merde d’Espagne!”, le clavó el responsable de la carrera.

Mir, helado, calló y tiró para el podio. El ambiente era muy tenso. “¿Cómo es posible que nadie se diera cuenta del peligro de Sarrapio?”.  “Vámonos de aquí, que estos te matan”, le dijo, entre gritos de “gitano” y “ladrón”. Ahí estaba también, con piernas afiladas y polo tricolor, José Ramon de la Morena, con su micro de la Cadena Ser, intentando sonsacarle unas palabras al ganador.

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El asturiano había engañado con todas las letras a Bagot, quien además se quedó con las ganas del liderato, que le quedó lejísimos a final de la etapa. Curiosamente Bagot era gran amigo de Maurice De Muer, el que fuera jefe de Mir en el Bic. Preguntado por Sarrapio en L’Équipe, Mir recordaba su gesta en la Vuelta del año anterior y tiró por la vía del coraje: “Es un luchador nato”. Se habían olvidado de la casta del asturiano.

De vuelta al hotel, salvadas las entrevistas y las ceremonias de podio, el equipo se sentó alrededor de la meta para cenar con ganas de gresca. Querían el bigote de Mir, y este no pudo negarse. Tras Viejo y Ocaña, le tocaba el turno a Sarrapio, pero este le dijo: “Tranquilo, Mir, porque no tengo intención de raparte el bigote”. Sí, el asturiano, “un trozo de pan” para muchos, le indultó.

Aquel Tour tuvo otro momento estelar para el Teka de Revuelta: fue la jornada del col de Granon, la que marcó el cambio de paso entre LeMond e Hinault y coronó a Eduardo Chozas, ganador por mucho tiempo de la etapa de Tour que acabó a mayor altitud, a más de de 2.400 metros, por uno de los contrafuertes del Galibier.

Extracto del libro «Secundario de lujo»

Imagen: Demarraje Web 

Consejos para sacarle el mejor partido a un largo entrenamiento indoor

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Entre otros consejos para un entrenamiento indoor el principal: olvidarse del reloj

Hemos reunido algunos consejos para sobrevivir a largas sesiones de entrenamiento indoor, sesiones de cuatro o cinco horas, no es cualquier cosa, pero con el estado de forma que algunos traían de febrero y marzo, se imponen en la rutina..

Hacerlas es posible, sacarle provecho, también.

En la actualidad encontramos muchas plataformas para ciclismo, con gran variedad de entrenamientos.

En estos momentos no podemos pasar por alto lo que comúnmente llamamos “spinning” y cómo puede ayudarnos, yendo a centros de fitness, coincidiendo con gente, “socializando” y llevando a cabo una rutina de clase más o menos fija.

Aquí combinamos elementos como el ejercicio, la rutina y la relación con otras personas.

Sobre la realidad del entrenamiento indoor queremos daros algunos consejos

La pregunta en estos momentos sería: ¿Cómo de larga puedo hacer las sesiones entrenando solo? Dicho otra manera ¿cómo motivarme si gente alrededor? ¿cuál es la mejor estrategia para seguir motivado en estas sesiones?

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Desde mi experiencia, ahí van esos consejos para un entrenamiento indoor…

Hay que concentrarse en la actividad, cada uno a su manera. Imaginaros en vuestra subida favorita de los Alpes, recordad los detalles de la subida, las curvas…

Tened un punto de avituallamiento, agua y comida, imaginad que os esperan los amigos y la familia en la cuneta para daros el gel y agua. Cada quince minutos puede estar bien, nada dejar el sillín unos segundos y vuelta a la marca,

Planificar bien los ritmos, tener claro cuándo forzar y planear una recompensa en los momentos menos duros, tener un libro, una serie en la televisión a punto para cuando la concentración necesaria. Jugar a la Play es otra opción, todo lo que sea necesario para amortiguar la fatiga mental que seguro aparece a las tres o cuatro horas de sesión.

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En los momentos de esfuerzo máximo mejor trazar una estrategia mental, por ejemplo música que os motive y que no os desconcentre.

Hay muchos planes de entrenamiento indoor, con buenos consejos, en la red. Bajad uno, poneros los auriculares, imaginaros al profesor y seguir el ritmo de la música, sin pensar.

Importante, el aire, siempre tened sensación de ventilación, con doble beneficio, os mantiene refrigerados y os traslada sensaciones de la carretera.

Haced acopio de estos y otros consejos para un entrenamiento indoor de larga duración.

Rodar durante cuatro o cinco horas es posible, olvidaros del reloj, usadlo sólo para series concretas.

Sólo rueda, rueda mucho, tranquilo, olvidándote del resto y disfruta la marcha.

Por Dani Buyo, CEO de Gran Fondo World Tour

La Sea Otter Europe 2020 será del 25 al 27 de septiembre

Ciclobrava Sea Otter Europe JoanSeguidor

La situación de emergencia actual aplaza la Sea Otter Europe para después del verano

La cuarta edición del festival ciclista Sea Otter Europe Costa Brava-Girona Bike Show, que debía celebrarse del 29 al 31 de mayo, ha quedado aplazada como consecuencia de la crisis sanitaria provocada por el COVID-19.

La organización ha anunciado que se pospone hasta el otoño y se celebrará el fin de semana del 25 al 27 de septiembre de 2020, en Girona y la Costa Brava.

Sea Otter Europe septiembre JoanSeguidor

Esta decisión se ha tomado dos meses antes de la fecha prevista de celebración, por causas ajenas a la organización, ante las circunstancias de propagación del COVID-19 y por la incertidumbre que provoca en estos momentos un escenario tan multitudinario como es Sea Otter Europe.

La edición del 2019 cerró con un balance de más de 60.000 visitantes, 400 marcas expositoras y 6.100 ciclistas en las diferentes pruebas, un volumen de personas que a día de hoy es difícil poder gestionar con las máximas garantías de salud y seguridad.

Al mismo tiempo, muchas de las marcas de la industria ciclista presentes en este festival internacional, así como gran parte de sus visitantes son extranjeros.

La afectación del virus en todo el mundo es tan global que generar su desplazamiento, a la vez que complicado, sería una irresponsabilidad ante el objetivo prioritario de detener la propagación de la pandemia.

A esto se le suma el estado de alarma decretado y las medidas restrictivas vigentes, que no permiten afirmar que el evento pueda celebrarse a finales de mayo con todas las garantías.
En segundo término, el apartado deportivo de Sea Otter Europe, que reúne a los mejores ciclistas del mundo de diversas disciplinas, también se vería muy perjudicado por la inestabilidad actual del calendario de carreras UCI y del circuito mundial Gran Fondo World Tour.

La organización de Sea Otter Europe agradece a la Diputación de Girona, Patronato de Turismo Costa Brava-Girona, el Ayuntamiento de Girona y la Agencia Catalana de Turismo de la Generalitat de Catalunya su predisposición para facilitar la celebración del evento el próximo septiembre.

Asimismo, quieren subrayar el apoyo y comprensión recibidos por parte de los patrocinadores del festival y de las cerca de 250 marcas de todo el mundo que ya habían confirmado su presencia en la cuarta edición de este festival de la bicicleta.

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Teledeporte & Ciclismo: ¿Sólo triunfos españoles?

Greg Lemond JoanSeguidor

En el carrusel de «revivals» de Teledeporte puede haber joyas ajenas al ciclismo español

Sigue el serial de ciclismo, recortes y recuerdos que Teledeporte nos trae cada tarde, este domingo ha repescado aquella etapa entre Bayona y Pau que ganara Perico, escapado con Bernard Hinault.

La hora de retransmisión que nos han regalado de aquel Tour 1986 ha sido una delicia. 

Una delicia que habla de lo que fue aquella edición, memorable edición, del Tour.

Perico ganó, pero la clave de la jornada estaba sobre los corredores de La Vie Clare: bajo el pretexto de cargarse a Laurent Fignon, el mejor equipo del momento inició la guerra contra todo y contra todos, incluso contra ellos mismos.

Yo no sé si Perico se lo olió, pero estuvo ahí, pendiente de Hinault, cuando fue con todo y le acabó metiendo cuatro minutos largos a su «compañero» Lemond, a quien le había prometido un triunfo que no le iba a dejar fácil.

Aquel Tour fue propicio para el ciclismo español, a esas alturas ya habían ganado Sarrapio, el día que casi le matan en meta por ganar a Bagot, y Peio Ruiz Cabestany.

Quedaría la Eduardo Chozas en los Alpes, el día que Lemond le tomó el liderato a Hinault, ya estaba bien de tantas tonterías del francés.

Gracias a Teledeporte, por desempolvarnos estas joyas.

Pero si quieren hurgar realmente en la historia de este deporte, si quieren llegarnos al corazón que Teledeporte resucite otras perlas del ciclismo.

No sólo queremos ver las mejores jornadas de Miguel Indurain, cuyo recuerdo nos eriza el bello, ni las de Perico, con quien empezamos a querer este deporte, ni siquiera las de Contador, que tenemos por más recientes.

De aquel Tour, además de las machadas de Peio, Chozas y Sarrapio –escuchar a Mir cómo le sacó de aquella marea de hostilidad que le esperaba en meta es un regalo-, estuvo la etapa de Superbagneres y la inmolación de Hinault o la icónica jornada de Alpe d´Huez que acabó con una imagen que ilustra portadas de libros en medio mundo.

Y si escarban, si Teledeporte quiere darnos buen ciclismo que rasquen en el Tour del 89, el duelo eterno de Lemond y Fignon, que busquen en la Vuelta del 93, la etapa del Naranco, que nos lleven a las cabalgadas de Pantani en el Giro y Tour del 98, que sí, que iría como iría, pero fueron memorables.

Y si quieren entrar en lo reciente que no se olviden de la etapa del Agnello, Giro de 2016, cuando Nibali le dio la vuelta a una carrera que tuvo perdida.

La etapa que coronó a Aru en la Sierra Madrileña, la jornada de Forminagl, incluso la anterior de Aubisque en la Vuelta 2016 que se decidió entre Nairo y Froome…

Son ejemplos, son tesoros de ciclismo que seguro Teledeporte tiene en sus archivos, por que, muchos más no nos constan, pues el ciclismo ha sido algo que ha menguado, por desgracia, en los archivos del ente público.

Como muchas veces hemos dicho, el buen amante del ciclismo no sabe de banderas.

Lo que daríamos por salir en bicicleta, incluso con lluvia

Recuerdos de bicicleta bajo la lluvia del fin del mundo

He oído caer la lluvia toda la noche y me vi bajo ella, sobre mi bicicleta.

Y no he parado de dar vueltas en la cama.

Entre esto y los nervios, no he pegado ojo, pensando en lo que me esperaba en unas pocas horas.

Estas no son las mejores condiciones para afrontar un gran reto como el de hoy, una fecha que he tenido marcada en rojo en el calendario durante todos estos meses y que me ha supuesto mucho esfuerzo, mucho entreno casi a diario todo el año.

Esto y los casi 400 kilómetros conduciendo que me metí ayer entre pecho y espalda para llegar hasta aquí.

Pero el reloj, inflexible, marca la hora.

No voy a abandonar en este momento.

Mejor es no pensárselo mucho.

Si lo hiciera me quedaría en la habitación del hotel.

O quizás, a lo mejor, seguiría el recorrido en coche.

Pero no me vale.

He venido hasta aquí para cumplir un sueño.

Qué dirían si después de todo no saliera ahí afuera con mi bici, por lo menos a intentarlo, a darlo todo.

Sabía que las previsiones no eran buenas, que las perspectivas meteorológicas daban una jornada pasada por agua, pero siempre pienso que puede que se equivoquen, o que exageren, o que finalmente sean cuatro gotas y no sea para tanto.

No me voy a echar atrás ahora, aunque compruebe, subiendo la persiana, que en efecto está lloviendo, no mucho, pero lo suficiente para dejarme con desasosiego.

Las finas gotas que caen dejan la calzada completamente mojada.

Es de locos tomar la salida, aunque yo ya tengo experiencia suficiente en pasar horas bajo la lluvia, en sufrir mi peor invierno en un día de verano en las montañas, en notar el impacto del granizo en mis brazos y en sentir el fuerte viento que no te deja avanzar, ese que para mí es el enemigo público número 1 del ciclista.

Pero como siempre pienso, si sales y te pilla una borrasca pues mala suerte, apechugas y tiras para adelante, porque el objetivo es llegar, pero si desde la primera pedalada ya lo haces en estas circunstancias cunde el desánimo y son pocas las ganas de montarte en bicicleta para pasar todo el día en remojo.

No es lo mismo.

Ya se oye gente arriba y abajo.

Eso me anima.

No soy el único loco y son muchos los que ya se están preparando.

Oigo como caminan con sus zapatillas puestas, como hablan entre ellos, inquietos.

Muchas dudas.

Muchos interrogantes.

Escucho que quizás alguno haga lo más sensato e inteligente: no salir.

Algunos se preguntan si llegarán con tiempo al primer puerto.

Incluso si lo harán.

Pero la mayoría se visten, que es lo más difícil: ponerse el culote.

Espabilo y voy por faena.

Concentrado, sí, ilusionado, también, pero con el corazón encogido viendo lo que pasa al otro lado de la ventana.

Ansiedad.

Echo un vistazo a la méteo: desencanto.

El pronóstico es terrorífico.

En el puerto más alto, en el techo del recorrido de hoy, anuncian lluvia y una temperatura de 0ºC, con lo que es fácil imaginar que puede que hasta nos nieve.

No sería la primera vez.

Salgo, por fin. 8ºC de temperatura.

Sigue lloviendo.

Día gris, triste.

En el horizonte los claroscuros de las nubes amenazan las montañas.

Son tan desafiantes como bellas.

Están agazapadas, agarradas a los picos más altos.

Hacia ellos me dirijo.

Llueve y deja de hacerlo con diferente intensidad, pero cuando ya me lanzo, en compañía de otros miles como yo, hacia el primer desafío del día, empieza a llover bastante.

Comienzo a subir.

La lluvia no cesa y yo en mi bicicleta.

Por momentos es torrencial, acompañado de rayos y truenos.

Me acuerdo de Santa Bárbara, como dice el refrán, y a ella me encomiendo.

A medida que gano altura la temperatura también va bajando.

Frío intenso.

A todo este recital climatológico se nos añade ahora la niebla mientras asciendo por una carretera estrecha con el pavimento en bastante mal estado y encima no veo a la distancia de dos metros.

La montaña me mira a los ojos retándome a la cara empapada en sudor frío.

Llego al puerto y la temperatura es de 2ºC.

Bajar en estas condiciones será peligroso.

Vamos pasando poco a poco.

Los ciclistas casi ni nos miramos.

Tampoco nos vemos con nuestras caras tapadas por los impermeables.

Hay algunos que desaparecen entre las pendientes.

Otros, mal equipados, con ropa y guantes de verano, ponen pie a tierra.

No para de llover.

El espectáculo es dantesco.

Carretera impracticable por el barro.

Ríos de agua surcan la calzada.

El aire frío del descenso es intenso.

Sufro.

Hay gente que se ha refugiado ya en el primer bar camino de la segunda emboscada del día.

Estoy muerto de frío.

Empapado de agua hasta arriba.

Pero ya puestos, decido continuar, prefiero seguir pedaleando hasta donde mis pies me lleven.

No quiero retirarme, aunque la tentación de ver cargados un par de autocares con ciclistas dentro hace que me lo piense seriamente.

Mis piernas, curtidas en mil batallas, empiezan a temblar.

Pero no.

Aquí sigo.

Pensando en qué habré hecho yo para merecer esto.

Con lo bien que estaría en casa, qué hago aquí en medio de una tormenta que no para, entre montañas perdidas, debatiéndome entre continuar y abandonar.

Pero hay algo que me invita a seguir.

Llegar al menos hasta pie de puerto, la última y definitiva escalada, donde tengo aparcado el coche y tomar una decisión.

Porque a pesar de todo, del frío, la lluvia, la niebla… el paisaje es inmortal y el juego de luces y sombras, a partes iguales, el olor a tierra mojada, los colores grises diseminados entre los verdes de estos montes, hacen que prosiga en mi empeño por finalizar, aunque los dioses me hayan abandonado a la buenaventura y hoy tenga que machacar mi bicicleta en el infierno camino del cielo.

Foto: Volta als Ports d’Andorra

Que el Tour 2020 se haga no depende del Tour

Geraint Thomas featured

El Tour 2020 está en muchas más manos que el país y los organizadores

Sobre si habrá o no Tour de Francia en este horrible 2020, hay dos maneras de enfocar esto, negar la mayor, decir que nada cambia, que todo sigue el guión previsto, incluso cuando todo invita a pensar que no será así, y otra admitir que no será sencillo proseguir  con el plan.

Pasó esta misma semana con los Juegos Olímpicos de Tokio 2020.

Y cierto, que el Tour 2020 no se hiciera sería duro, fuerte incluso traumático, pero ello no significa que se acabe el mundo.

Hay más años, más temporadas, más meses,… y como el viernes comentábamos de la Volta, si no se hace, se hará el año que viene.

No puede ser que esto sea tan complicado, que es un trastorno es obvio, pero todo está en cuarentena y para arreglar esta situación cabrá una cosa: que todos arrimemos el hombro.

Es loable que el ASO, que el gobierno francés, defiendan que el Tour 2020 se va a hacer, sí o sí.

Que se den un plazo hasta el 15 de mayo, el COI se dio cuatro semanas para decidir una suspensión de los Juegos que tardó 24 horas en llegar.

Y ¿por qué llegó?

Por en esencia Tokio 2020 no estaba en manos del COI, como el Tour 2020 no está en manos de Francia y la organización.

Está también en manos de los ciclistas y de los equipos, que ya en su día dieron cerrojazo a Tirreno y Strade, que algunos dejaron París-Niza de lado

Todos los portabicicletas

Sabemos que no es lo mismo renunciar a las mentadas que al Tour de Francia, que Patrick Lefevere dice que esto es trágico si no se corre, lo mismo que el presidente de la UCI, pero es que hay cosas que sobrevuelan todo esto  que supera las finanzas del ciclismo.

Hace pocos días el padre de Thibaut Pinot dio positivo por coronavirus.

¿Con qué ánimo puede preparar y pensar en el Tour 2020 este ciclista?

¿Qué le dirá su padre sobre participar?

Steven Kruijswijk ya ha dicho que la preparación del 2020 es un laberinto, con este confinamiento generalizado, que sacar una semana de rodillo está bien, dos quizá ¿pero más?

Barguil y Alaphilippe no ven un Tour a puerta cerrada. 

Dijimos que estábamos ante la temporada más random de la historia ¿queremos más ejemplos?

El COI tuvo que renunciar a sus cuatro semanas de gracia y anunciar el aplazamiento de Tokio 2020 a Tokio 2021 en horas porque desde las federaciones nacionales dijeron que «nanai» que ellos no iba a Japón este año.

Incluso un evento que nada tiene que ver con el ciclismo y que visto ahora es simbólico de todo lo que está pasando, el Mobile de BCN, se anuló no por que las multinacionales americanas, entre otras, no quisieran venir, y sí por que sus trabajadores se negaban a ir a un sitio donde era posible infectarse.

Esto señoras y señores, escapa a toda lógica, a la decisión unilateral del anfitrión y de las ganas que quieran ponerle, esto va en dos direcciones y el Tour 2020 corre el mismo peligro que ha corrido todo hasta ahora, cumpliendo el mismo guión de todo lo visto hasta la fecha.

Incluso celebrándose a puerta cerrada…

El rampante león de la bandera de Flandes

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El león llena la bandera amarilla de Flandes

Flandes, amarillo, por otro lado: Tres colores verticales visten la bandera belga: negro, amarillo y rojo.

Repartidos equitativamente, en tercios, cada color tiene su qué. El negro viene de la armadura, el amarillo por el color del león de las armas y el rojo procede de la lengua y dientes de ese león. No siempre fue así. Hasta hacer su enseña una réplica de la tricolor francesa, ésta era horizontal y con ésta combatieron el rodillo de los Austrias en el siglo XVIII.

Bélgica es un país que alcanzó la independencia en 1830. Sus colores vienen heredados de la heráldica de Bramante, la región central de un país polarizado por dos vertientes muy opuestas en todo: Flandes y Valonia.

En la primera la vida es rural y vecinal, la otra es industrial y afrancesada. Ni mejor, ni peor, diferentes.

Sin embargo son cuatro las grandes regiones belgas.

En medio, Bruselas, color púrpura y flor de lys en medio, flor amarilla por cierto.

Al sur, encajada en montañas, al final de las Árdenas, territorio hostil y bélico, la región alemana, también llamada Limburgo, con león desafiante, casi flamígero rojo y nueve rosas, tantas como ayuntamientos.

Encima de ésta Valonia, la patria de la Lieja y la Flecha.

Su bandera es un gallo, semi protectorado francés.

La bandera de Flandes es otro cantar, harina de otro costal. La verán mucho estos días. Prácticamente sondeará el camino de los pelotones desgajados por estas carreras dibujadas por el demonio. Curva, viraje, giro, contra giro, pasarán mil veces por el mismo lugar, por el mismo cercado, primero bajando, luego en transversal, después subiendo.

Un laberinto en medio de la nada, de pequeñas colinas que fueron atravesadas por la metralla de dos guerras mundiales.

Ciclismo en Flandes Koppenberg JoanSeguidor

El león negro sobre fondo amarillo es la bandera de Flandes y casi diría que la del ciclismo.

Sólo algunas otras se podrían medir a ella, la ikurriña vasca, inspirada en la Union Jack, y la luxemburguesa –la civil, que es de franjas azules horizontales con león rampante coronado y con dos rabos- muy frecuente en los muros que van a Lieja cuando los Schleck guardaban opciones de victoria.

La bandera flamenca echa raíces en 1302 cuando Pieter de Coninck la desplegó en la batalla contra los franceses en la ciudad de Kortrijk. Hay dos versiones de esta bandera, adoptada como la oficial flamenca hace poco más de cuarenta años.

Una, la formalmente establecida en los libros, que es amarilla con un león negro y la lengua roja. La otra no diferencia la lengua del rampante animal, que también es negra, porque de esta manera se omite el vínculo con Bélgica.

Esta es la más usual en la Ronde, en Harelbeke, en la Kuurne, en la Het Nieuwsblad,… es la bandera independentista.

La categoría del león flamenco es tan grande que dos ciclistas fueron apodados con tan viril etiqueta. En los años cincuenta, mientras Italia se relamía las heridas de la guerra entre Coppi y Bartali, el tercer hombre, Fiorenzo Magni, hacía historia en Flandes. En la década pasada Johan Museeuw se ganó también el apodo. Ambos fueron leones, y no unos leones cualquiera, leones de Flandes.

Imagen tomada de deronde1.wordpress.com