Gante-Wevelgem: Habría que hablar más de Mads Pedersen

Tuvalum

La Gante-Wevelgem demuestra que Mads Pedersen merece salir en las quinielas

Será este año, que nos da las cosas que nos llenan a contrapelo y deprisa, deprisa, serán las ganas que tenemos de ver ciclismo, cierto ciclismo, podríamos decir, pero el disfrute de la Gante-Wevelgem que se acabó llevando Mads Pedersen fue mayúsculo, incluso en este superdomingo de ciclismo con tres frentes en Francia, Bélgica e Italia al mismo tiempo.

Y es que en estas clásicas donde todos miramos cada gesto y mirada de Mathieu Van der Poel y Wout Van Aert, las estrellas absolutas en ausencia de Peter Sagan, cabe la posibilidad de cometer la injusticia de no mirar a otros.

Fue el caso de John Degenkolb en su mejor versión clasicómana de hace tiempo, un tío que ha ganado dos monumentos, cabe no olvidar, o de la omnipresencia de los Deceuninck o la suerte que merece y no llega para Matteo Trentin… y de la incontestable calidad de Stefan Kúng.

No se habló de ellos, ni tampoco se reparó en exceso de las opciones de un tío que acaba de soltar el arcoíris en una de esas carreras que le van como anillo al dedo.

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Durante un año largo, Mads Pedersen ha sido un campeón del mundo no dirían que anónimo, pero sí infravalorado

Su triunfo en Yorkshire, sorpresivo sí, no encajó en los esquemas mentales de muchos pero sin embargo encajó en el perfil de épica más alto que pudiéramos encontrar.

Como ayer en la Gante-Wevelgem, Mads Pedersen fue campeón del mundo por anticiparse a todos los favoritos y hacer la carrera desde adelante, una costumbre que vemos muy común en este nuevo ciclismo danés, de corredores que no esperan movimientos ajenos para tomar ellos la iniciativa, dar una vez, pero dar primero y hacer daño.

No es casual que ayer en la pugna estuviera también un tal Kasper Asgreen, que lleva bien grandes los colores patrios, y que otro Pedersen, Casper, ganara la París-Tours a la que Kragh Andersen acudió con el dorsal uno.

El ciclismo danés es un vergel y no sabría si relacionarlo con su excelente momento en la pista, dominando la americana con Morkov y Norman Hansen y porfiando entre las mejores cuartetas del mundo.

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En la Gante-Wevelgem, Mads Pedersen sacó a relucir las virtudes que le hacen uno de los corredores más importantes del pelotón de clasicómano, se anticipó en el corte, remó cuando los favoritos cazaron por detrás y saltó a por el triunfo cuando dos tipos del peligro de Senechal y Trentin se habían ido.

Todos miraban a Van Aert y Van der Poel, pero el premio estaba en otras piernas.

Mads Pedersen ya estuvo cerca de ganar una etapa en el Tour, que tuvo el privilegio de correr en un arcoíris que este puto año tan poco le ha dejado lucir.

Antes venía de éxito en Polonia y rozó la general del BinckBank Tour si no fuera por que Van der Poel no quiso dejar ni las migajas.

El danés es de trabajo fino, se mueve buen, es veloz en pequeños y grandes grupos y es un lobo en el llano, un ciclista que ganó el mundial muy joven, él mismo lo admitió y que a veces no tiene el foco que merece.

«Alguno puede pensar que ser campeón del mundo te hace 100 veces mejor, pero no es así» dijo antes del confinamiento con una humildad que abruma, quitándose de encima el peso de una prenda que Sagan y Valverde venían de cargar, un peso que a Alaphilippe le jugó una mala pasada en Lieja, cuando enloqueció antes de llegar a meta.

Anotad su nombre para el domingo en Flandes…

Imagen: Trek Segafredo

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