El Giro de Italia se reconoce en el espejo de su montaña

El «valor oro» del Giro de Italia se mide por la belleza de su montaña

El ciclismo en Italia es un elemento transversal y vertebrador, una suerte de hilo que teje una sociedad que histórica y actualmente siempre ha admirado el ciclista, el ciclismo, los campeones y la bicicleta.

La bicicleta, ese gran invento, para algunos el más revolucionario y útil de los últimos dos siglos, un emblema que pasea con orgullo apellidos italianos por medio mundo.

Es la fecunda industria de norte, del Véneto y Lombardía, especialmente, la que abastece de prestigio y renombre a una actividad que tiene pioneros mundiales. Ver una marca legendaria, antiquísima, en ese azul turquesa, Bianchi, es síntoma de excelencia.

Lo mismo que las máquinas que un día Ernesto Colnago puso al servicio de los grandes campeones hace ya cuarenta años o el dinero que tan bien invirtió Giovanni por ser “maglia nera” del Giro para fundar Pinarello en Treviso.

Pinarello, Colnago, Bianchi… son emblemas universales entre los amantes del ciclismo, franquicias que se entremezclan con otras que nadie omite en una buena conversación de ciclismo.

Son las montañas de Italia, vergeles de roca y pradera que combinan belleza y dureza a partes iguales, llegando al corazón de una masa ingente de aficionados.

Montaña Giro Italia joanSeguidor
Courmayeur

El Giro tiene un gran aliado en la montaña” Alberto Contador

En la geografía física que aprendieron y aprenden los niños en las escuelas de la bota incluye varias cadenas que ponen el escenario más bello y duro del ciclismo.

Los Dolomitas son la imagen, la tarjeta de visita del Giro y su grandeza

Una imagen de ellas lo explica todo. Son paisajes que sondean los dos mil metros y más, que combinan paredes de roca, ásperas y bellas con mantos verdes que trepan por sus laderas.

En la cima del Pordoi se erige un monumento en recuerdo de las gestas de Fausto Coppi, esas gestas que despertaron la amplitud de miras de un niño del Véneto llamado Ennio Doris, mucho antes de la creación Mediolanum.

Estas cimas las conoce Coppi, pero también todos los grandes que han querido pisar el peldaño más alto del Giro de Italia. El “trofeo sensa fine” pasa por la suerte con la que se dome la Marmolada, un puerto que es un tesoro, que amanece estrecho, entre gargantas y saltos de agua y acaba trepando por una recta infernal cuyo final no se ve en lo alto de la montaña.

Si se quiere dureza, el Mortirolo acuñó un tipo de puerto, salvaje, estrecho, muy duro, sostenido, el sitio que Indurain y Pantani inmortalizaron con uno de los duelos más celebrados de la historia.

Madonna Ghisallo Giro Italia Montaña joanSeguidor
Ghisallo es el lugar de comunión entre la tierra y la bicicleta

El cielo se posa sobre el Stelvio y el Gavia

Los dos colosos de los Dolomitas son los “passos” del Stelvio y Gavia.

El primero se va a los 2700 metros, el otro “se queda” en los 2600, pero con una leyenda negra de sufrimiento y héroes que aconteció hace treinta años bajo la nevada más grande jamás “ciclada”.

El Stelvio es sinónimo de exceso. Su grandeza se resume en las imágenes de sus “tornanti” trazados en la época de los imperios. Un sitio que pone frontera entre Italia y Austria donde el escenario deja al ciclista en mera hormiguita.

Al otro lado, los Alpes

Si de colosos hablamos al otro lado de la parte ancha de la bota, en las esquinas del Piamonte, el Giro encuentra montañas que son moles que dejan sin aliento. El ciclismo que vemos por la televisión se vuelve blanco y negro cuando los mejores del mundo se baten en las carreteras sin asfaltar que llevan a la cima de los 2700 metros del Colle delle Finestre, allí donde Chris Froome inició su raid de hace un año o en el mismo sitio que Mikel Landa puso a Contador contra las cuerdas.

Finestre es uno, a esas alturas el otro es el Agnello, otro mito del lugar que lleva a Francia y a un descenso en el que Stven Kruijswijk perdió el Giro del 16 por una caída que se resolvió contra una pared de nieve.

En los Alpes el ciclismo se gusta por ambas vertientes, da igual que se suba al pie del Cervino, a Cervinia, exactamente que, al santuario de los sustos, en Oropa, muy al norte del Piamonte.

También por el lugar se encuentra Sestriere, la cima que comparte historia entre Giro y Tour.

Lombardía tiene sus mitos, lugares que no sólo se suben en el Giro, también en el Giro de Lombardía, en otoño, cuando los árboles se desnudan. Madonna di Ghisallo es el templo que atrae miles de ciclistas cada año para ver y apreciar ese museo insertado en una pequeña iglesia cuyas campanas repican cuando el pelotón se acerca.

En los Apeninos

La columna vertebral de la gran bota es un tejado a dos aguas sobre grandes símbolos de los Apeninos.

El Terminillo suele ser una de las primeras cimas que el Giro afronta, tendido, pero exigente, es el que rompe el hielo de la gran montaña.

Si un paisaje sobrecoge, por eso, es el Gran Sasso, seguramente inspirador de muchas y conocidas películas, porque es una sábana verde a gran altura escondida tras una penosa ascensión que exige lo mejor.

En el sur de la bota la montaña es volcánica, hablamos de “granos” en el paisaje que surgieron del empuje de la lava y las leyendas de sitios como Pompeya, porque en su horizonte el Vesubio es el sitio donde Carlos Sastre puso su sello hace diez años.

Y más al sur en esa maravilla de la naturaleza que es Sicilia, el Etna ofrece los paisajes más surrealistas de la montaña del Giro de Italia, una montaña que es el espejo de la carrera más bella, una tarjeta de presentación azul, como la “maglia azzurra” que Mediolanum lleva años premiando.

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