¿A dónde habría llegado Greg Lemond?

Es imposible no preguntarse qué habría sido de Greg Lemond

En estas jornadas de sobremesa vintage, hace ya unos días, la figura de Greg Lemond ha sido una constante.

Para quienes caminen por nuestra edad, Greg Lemond no es un ciclista más, es un tipo mágico, con don y duende.

Rubio, llegó con una mano delante, la otra detrás, a un ciclismo lejano y hostil, sin nada más a lo que agarrarse que su talento y ganas de triunfar.

Y no perdió el tiempo, desde joven dio que hablar, en un equipo donde no se lo pusieron, con un compañero que era un puñado de emociones.

Ese Greg Lemond creció rápido, fue campeón del mundo muy joven, pisó el podio del Tour, no rehuyó ni Roubaix, algo que pocos le tienen en cuenta, porque él fue, antes que Wiggins, el penúltimo ganador del Tour que rindió viaje a Roubaix y no para quemar el trámite.

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Tres años le marcan.

En 1985 corre contra la adversidad que implica ser el gregario de lujo, el campeón en ciernes.

«Hoy yo, mañana tú» le vino a decir Hinault, cuando en verdad le explicaba » hoy yo, mañana si eso, tú«. 

Pero ese Greg no leía, o no quería hacerlo, entre líneas, cargó con la promesa del bretón y se fue a por todas al año siguiente.

Qué año, qué Tour.

Le pusieron contra las cuerdas, si Contador creyó en todo lo malo que podían hacerle en Astana con Lance Armstrong, lo de Lemond debió rozar la paranoia.

Pero ese ciclista estaba llamado a dominar, mano de acero recubierta de seda, respetó y se quedó quieto ante las exhibiciones estériles de Bernard Hinault, algunas dando luz a situaciones tan increíbles como aquella etapa de Pau, con el francés desmelenado con Perico y Lemond, Lemond, ahí sólo en medio de la nada remando para seguir vivo.

Pero Lemond si una cosa tiene es un resilencia, se mantuvo a flote y salió adelante, en Granon el gran día de Eduardo Chozas arrancó el amarillo del pecho de Hinault sólo con seguir a Zimermann, aquel suizo tan curioso.

Y luego la estampa de Alpe d´ Huez.

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Pensar, ese día que el Tour 86 acaba en París, que Greg Lemond iniciaba un periodo de dominio en el Tour, creo que sería lo más extendido. 

Pero ese abandono en Tirreno que le propina unos días libre en California, año 1987, acabó con su famoso accidente de caza: días entre la vida y la muerte.

Lemond es innovador, moderno, avanzado pero sobre todo y ante todo resilente, hecho de gruesa piel por la que resbalan los problemas y los malos augurios, un tipo creado para triunfar y sacar lo mejor en cada paso.

Y volvió, ese 1989 mítico en un puñado de segundos para amargar a Laurent Fignon.

Y siguió con el segundo mundial y otro Tour, el tercero.

En ese camino el Greg Lemond brillante de los primeros años, siempre delante, viento a la cara, se había convertido en uno de los más brillantes estrategas de la historia del ciclismo, sacando petróleo de cada piedra del camino.

Su forma de caer ante el dominio de Miguel Indurain, siempre de pie, siempre delante, habla de uno de los grandes ciclistas de la historia, un privilegio haber sabido de él.

Por eso hoy nos preguntamos ¿a dónde habría llegado Greg Lemond sin ese accidente de caza?

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1 Comentario

  1. Grec Lemond ganó un Tour haciendo trampa…utilizo una bicicleta de crono antirreglamentaria de cinco y hasta seis apoyos, cuando la normativa UCI solo contemplaba bicis de crono en 1989 con tres apoyos, que fue lo que utilizaban el resto de profesionales mortales de 1989, debieron explicar porque el Tour autorizo y válido esa bicicleta…ese Tour debería ser eliminado de su palmarés y adjudicarselo a Laurent Fignon y el segundo puesto debería ser para Perico Delgado. Bien educado y gran caballero deportivo fue el parisino que nunca reclamo el Tour sabiendo que podía reclamarlo en los tribunales, lo que no entiendo es la prepotencia del americano, no sé a quién pretende engañar, de todos es sabido que debió untar el o el fabricante a los comisarios del Tour encargados de validar las bicicletas…vamos que corrió dopado mecánicamente. Saludos


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