Hay que ser realistas con el nuevo calendario ciclista

Nadie puede asegurar que habrá calendario ciclista en 2020

Ayer se dibujaron las líneas maestras del calendario ciclista resultante de esta terrible crisis.

Un calendario que será el que sea, pero que plantea más dudas que certidumbres, podemos bien decirlo: situado el Tour, suplantando casi en su totalidad a la Vuelta, y poniendo ésta en noviembre, toma ya.

Como si en Utrech el verano aguantara hasta noviembre

Pero al margen de eso, lo que rescatamos de esta situación es que el nuevo calendario ciclista y sus encajes es una respuesta más de puertas hacia dentro, que otra cosa.

El mundillo necesitaba algo de luz, lo decían por ejemplo los managers de equipo agobiados por la nula visibilidad sin carreras, lo decían los ciclistas, atenazados en casa, lo decían los aficionados.

«Estoy contento por tener este calendario y ver que el Tour, los Mundiales y los monumentos siguen adelante. Es una luz al final del túnel y bueno para la moral, por que te da un impulso para trabajar más duro»

Eso ha dicho Julian Alaphilippe.

Como el otro día nos contó Fernando Barceló desde su confinamiento, el ciclista ahora mismo es una persona sin objetivos, siendo además un profesional que se mueve por ellos.

Entiendo que el Tour de Francia, primero, y luego el resto de carreras -ojo que no hablamos de la escabechina de pequeñas carreras– encajándose en el horizonte les ayuda.

Preparar por preparar, sin saber qué va a ser de esa forma, debe ser desesperante

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Pero igual que hace cinco semanas pedíamos sentido de la realidad cuando las carreras empezaban a caer en cascada, y nos teníamos lo peor, por ejemplo, para la Volta, que insistía y decía que se acabaría haciendo, creo que ahora se impone el mismo criterio.

¿Acaso esperamos que esta pesadilla se solvente de aquí a finales de agosto?

Las preguntas que surgen no son pocas y abarcan todos los eslabones de la cadena, desde la salud de los propios ciclistas, a la meteorología del final de verano y posterior otoño, pasando por el público.

O es que ¿se sigue planteando ciclismo a puerta cerrada?.

¿Queremos tener la misma sensación que en la París-Niza? Ciclistas compitiendo en un entorno donde todo se estaba cancelando o posponiendo.

Con los recorridos confeccionados, entiendo que con los consistorios de acuerdo en el cambio y todo en marcha, son tantos los imponderables que apostar a que se vaya a correr es eso, imposible.

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Pero la realidad manda, Lefevere necesita decirle a su mecenas que a finales de agosto habrá Tour, Alaphilippe saber que entrena, al menos, por algo y el aficionado creer que veremos ciclismo profesional en 2020.

Todos contentos, pues, pero nunca engañados o ciegos ante una realidad que impide construir escenarios.

Y sí, ojalá haya Tour con la bendición de todos, será la mejor señal de esa normalidad que tanto extrañamos.

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