Volta: El mejor ataque de Alejandro Valverde

Entre los grandes momentos de Alejandro Valverde, hay tantos, que escoger es complicado. Quince años -si vale, con año y medio fuera de la carretera- dando un nivel difícilmente mejorable son un legado que pocos en la historia son capaces de ofrecer.

Sin embargo en este ciclista del millón, la realidad tiene a superar a la previsión, una manija, un acierto, de estar siempre donde se le requiere, dando al aficionado motivos para querer este deporte.

Alejandro Valverde es el artífice de otro de los momentos del año que se apaga. En el paisaje agreste, rocoso, desnudo de Lo Mont, en el encaje de las provincias de Tarragona, Teruel y Castellón, tierra de inviernos gélidos y verans tórridos, en ese gran balcón sobre el Mediterráneo, Alejandro Valverde protagonizó, en nuestra humilde opinión, el mejor ataque que jamás le hayamos visto.

Era la Volta, una carrera condicionada por el castigo al Movistar en la jornada de Banyoles y los famosos toqueteos de José Joaquín Rojas que le costaron el triunfo a su equipo.

Tejay Van Garderen salió de líder aquel día, y Tejay se puso en el pie de Lo Port con la idea de mantener la prenda. Fue demasiado para él. El nivel del grupo estaba muy por encima de sus posibilidades.

A los primeros meneos de Alberto Contador, en su gran racha primaveral de segundos puestos, le sucedió un fenómeno grande de talla y de la tierra, Marc Soler, que enfiló el grupo al punto que cuando a menos de tres de meta miró para atrás vio a Contador bailando sobre la máquina, Froome, forzando el molinillo, Adam Yates, con el rostro roto, y Alejandro Valverde, por quien no pasaban ni los kilómetros, ni las pendientes.

A menos de dos, Soler se desfonda y deja la tostada a los grandes nombres. Contador serpentea y acelera, Valverde le toma la rueda y vuela, sencillamente le deja sin respuesta, sin opción, atrás, descolgado.

Contador ve partir al mejor Valverde de siempre, en el que consideramos su mejor ataque de siempre: uno, sólo uno, pero demoledor, un ataque para sentenciar la etapa, recuperar el liderato que sentía suyo tras la crono por equipos del lago y adjudicarse la segunda Volta, en esas semanas en la que el murciano parecía cumplir los años al revés.

Imagen tomada del FB de la «Volta» Ciclista a Catalunya

¿Vale la pena invertir en rodamientos cerámicos?

rodamientos cerámico bicicleta

La seguridad de los rodamientos cerámicos

Seguro que casi todos, en alguna de esas visitas a nuestra tienda de bicicletas habitual, hemos caído en la tentación de hacer girar una rueda con rodamientos cerámicos para comprobar con nuestros propios ojos si todo lo que se ha escrito sobre ellos es cierto. También es bastante frecuente que esas pruebas acaben en discusiones sobre si esta o aquella rueda monta cerámicos o de acero.

Con las pruebas en entornos controlados parece que no hay duda: un rodamiento cerámico bien construido (esto es un detalle importante, sobre el que profundizaremos más adelante) rueda mejor, ahorra energía en la pedalada, pesa menos, dura más y permite velocidades medias superiores a los fabricados con otros materiales. Aquí se ponen de manifiesto las propiedades del Nitruro de Silicio (Si3N4), que permite la creación de rodamientos con un grado de redondez superior y menor fricción. Un fabricante como CeramicSpeed (la marca más exclusiva de origen danés, disponible en España a través de MyrcoSport), que está especializado tanto en ciclismo como en soluciones industriales, afirma que la ganancia en watios frente a los rodamientos de acero estándar puede oscilar entre los 5-10 W, una cantidad nada desdeñable, desde luego.

Ya hemos comentado su ligereza, algo fundamental para los diseñadores que trabajan para equipos profesionales, y también su dureza, ya que el compuesto cerámico presenta un índice de dureza superior al del acero, pero hay que añadir también que los rodamientos cerámicos son resistentes a la corrosión; si sumamos todas estas propiedades, se justifica que muchos fabricantes afirmen que pueden durar hasta nueve veces más que los tradicionales.

Son más rápidos, más ligeros y más resistentes; casi todos los corredores profesionales parecen confirmar sus ventajas, considerándolo un activo que cada vez ha ido ganando más espacio en las hojas de diseño de las bicicletas; sin ir más lejos, Chris Froome, al que BetStars vuelve a dar como favorito para ganar el Tour 2018, los equipa en su Dogma 10. Entonces, ¿por qué no estamos usando todos rodamientos cerámicos?

La primera razón: no son baratos. Es cierto que los precios se están moderando, y ya es posible encontrar modelos asequibles, pero unos rodamientos cerámicos bien construidos pueden dispararse por encima de los 200 €, y eso sin ir al tope de gama. Y la calidad de construcción y sellado es fundamental para obtener un beneficio real a unos buenos rodamientos de acero.

Esa sensación inicial de que la rueda gira sin apenas rozamiento se debe en parte al uso de un sellado de muy baja fricción, algo que se suele conseguir a costa de renunciar a la estanqueidad que protege al rodamiento de partículas y contaminantes externos. En una situación real, en la que rodemos bajo la lluvia, o en un entorno con mucho polvo (ya no digamos uno embarrado), si el sellado no cumple su función original, sellar, las pequeñas impurezas y fugas de lubricante pueden hacer que unas ruedas muy veloces comiencen a resentirse, pudiendo llegar a ofrecer un rendimiento peor que los tradicionales.

Las ventajas de los rodamientos cerámicos se pierden en gran medida si se usan lubricantes densos, de ahí la necesidad de sellarlos en seco o de usar lubricantes muy ligeros. Si aparecen impurezas será necesario un mantenimiento y ajuste mucho más complicado, y cuyo resultado difícilmente estará a la altura del ensamblaje original. Así, frente a rodamientos tradicionales que pueden hasta mejorar con el tiempo, los cerámicos están abocados a ir reduciendo su rendimiento; el tiempo que tarden en hacerlo dependerá de la calidad. También es importante no descuidar la calidad de pistas y jaulas, ya que si éstas no están a la altura, nos encontraremos con problemas en el corto plazo.

Si eres un corredor profesional y no tienes que pagar por tu equipación, o si puedes permitirte la inversión, no hay duda de que unos rodamientos cerámicos de calidad y recién salidos de la tienda te harán ganar unos segundos en tus marcas, además de ofrecer una sensación de rodado excepcional. Si cuentas con rentabilizar una inversión media con una mayor durabilidad de las piezas, piensa por dónde vas a correr y si estás dispuesto a invertir el tiempo necesario para mantenerlos correctamente en caso de que falle el sellado y sea necesario recurrir a la mecánica.

La guinda la pone Matteo Trentin

Pone en la Wikipedia que trece ciclistas han ganado dos veces entre París y Tours. Desde François Faber a Matteo Trentin leemos Pelissier, Suter, Schotte, de Roo, Van Springel, Van Linden, Zoetemelk, Rass, Peeters, Minali y Gilbert, que aquí atesoró sus primeros grandes triunfos cuando aún era un risueño mozalbete en la FDJ. Por encima sólo hay otros cuatro corredores, Zabel, el más reciente, con tres triunfos. Más allá, la nada.

Todos tienen algo en común, han ganado una clásica que Eddy Merckx nunca tuvo ocasión de ganar. Tan sencilla y tan complicada a la vez, la San Remo de otoño, costas de Liguria por meandros del Loira, atisbos de primavera, con mechones de otoño. Clásicas de transición que sobreviven al tiempo y los tiempos.

Y Tours no es que lo tenga sencillo, más cuando en ella tenemos una carrera eterna, con más de cien años y un trazado del carisma y empaque de otros grandes monumentos.

Quien piense en ella como el patito feo, se equivoca, lo dijimos ayer, nos lo corroboraron los ciclistas este domingo. Esa recta llamada Grammont, de árboles techando la competición, entre ramas secas y hojarasca en desbandada, es el escenario de unos de los mejores momentos del año, de cada año.

Quick Step sabe que nada será igual el año que viene. Su merma en potencial es obvia, pero mientras no apaguen las luces, no dejan la fiesta, continúan en la sala, bailando en la pista, hasta que la realidad les eche.

Han ganado las tres ultimas ediciones, de forma diferente, pero con dos denominadores comunes: grandeza y calidad. Ahí estuvo Trentin hace un par de temporadas, el año pasado Gaviria y otra vez el italiano de poco pero exquisito palmarés.

El desenlace de Tours es el vivo ejemplo de que el dominio de los azules en estas carreras no obedece a otra cosa que a su talento si se deja que éste fluya. Cuando Trentin y Terpstra se fueron por delante con Andersen, quedó claro que no habría un “affaire Stannard bis”, más que nada porque no estaban por la labor de ceder un metro ni sembrar la mínima duda.

Mientras Gaviria restañaba las heridas de su caída, inoportuna, pero parte de ese tablero que no es ni liso ni inofensivo, los dos azules cogieron el mando y no vacilaron: todo a Trentin, porque sencillamente Trentin vuela en este tramo final de campaña.

El desenlace no recordó a aquel de Gante, con aquel inglés humillando las huestes de Lefevere, les ganó en un tres a uno, y sí al otro del Giro del año pasado, cuando Brambilla y el propio Trentin masacraron a un tal Moser en la disputa de una etapa.

Y es que el calor de equipo, el “caliu” que decimos por aquí, del Quick Step es envidiable, tienen el sentido de equipo más afinado del pelotón, y eso que no les ha resultado sencillo, con la cantidad de errores que adornan su palmarés. Este año, el año definitivo, el año en el que se jugaban el ser o no ser de un proyecto que bebe de las mismas aguas del Mapei, las cosas han salido rodadas.

Imágenes tomadas de FB de París-Tours

No menospreciéis uno de los grandes tesoros del ciclismo

Vuelta a España en Cuenca

Cuando escuchamos a Carlos de Andrés y Perico, muchas veces lamentamos errores de apreciación, otras, partidismo por algunos, partidismo por cierto patrocinado, y algunas, desgana y desconcentración. Tienen un puesto de trabajo por el que muchos matarían, y se ven en la rutina de tener que comentar uno de los deportes más bellos del mundo por unercia.

Dicho esto, leo muchas veces durante esta Vuelta el comentario de muchas personas cansadas de oír a Carlos de Andrés, como narrador que es, hablar de los lugares por los que pasa la Vuelta. Sale la retórica del “chateau” y los castillos que atisban desde lo alto la carrera porque al parecer el presentado tiene un manual donde lo explican todo.

Incluso recordaréis que en la salida de Nimes me quedé muy sorprendido por la cantidad de información que el narrador proporcionaba sobre el acervo monumental del lugar, algo muy propio del Tour de Francia que siempre había extrañado en a Vuelta.

Entiendo que el ciclismo sea el leitmotiv de la retransmisión, bueno, es más, es que tiene que serlo, pues es el objeto por el que nos sentamos frente al televisor, sin embargo, entre las grandes riquezas de este deporte está el poder transitar por el corazón de ciudades, acabar a los pies de un arco romano, ser sorprendido por un castillo, hasta por un toro de Osrborne, si me apremiáis, es un deporte que puede salir con una catedral de fondo y orillar grandes montañas…

Eso para mí es también patrimonio ciclista, una de las aristas de este gran deporte, que además le proporciona unos buenos euros en patrocinios y demás, porque el ciclismo no lo entiendo sin la posibilidad de promocionar, hasta las últimas consecuencias, el terreno que pisa y el día que eso no sea así, será un lastre para la propia riqueza de este deporte, tanto intelectual como económica.

Que una carrera vista por cientos de millones de personas acabe en el precioso entorno de Cuenca, que todos vean la catedral, el desfiladero de las casa colgadas, el convento de San Pablo y que haya una persona que lo explique, eso es oro y vital para que el circo siga rulando y los sitios quieran tenerlo.

Cada mes de julio asistimos a un publirreportaje de varias horas de Francia con el Tour, que se alimenta de vistas de pájaro y comentarios de lo que se ve. Francia combate con sus armas los problemas intrínsecos de su turismo, entre otros algo tan duro y despiadado como el terrorismo y entra en millones de hogares para decir: “Venid aquí que veréis esto, esto y esto”.

Pues lo mismo pasa con España, donde si no me equivoco el PIB que aporta el turismo supera el 10%, así que como diría el portero “un poquito de por favor” pues no conviene perder el norte. Si nos explican los islotes que circundan Xàbia antes de que Froome dé un recital en Cumbres del Sol, pues bienvenido sea, y si luego vais al Street View a mirarlo con más detalle, pues perfecto. Ya no digo que vais a Xàbia el próximo verano.

Al fin y al cabo, que el ciclismo no se desarrolle en un estadio tiene muchas ventajas.

Imagen tomada del FB de La Vuelta

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La Cerdanya: estos puertos tenéis que conocerlos

Vuelta: Contador y la guerra de nervios

Alberto Contador es protagonista de la Vuelta

Con Alberto Contador es posible, sí, casi siempre…

Confusión, incertidumbre, nada claro, todo en el aire. La costa de Levante necesita de concentración y dosis de fe. Carreteras pequeñas, estrechas, reviradas y veneno en forma de dos dígitos que te deja seco cuando menos te lo imaginas. Garbí, puerto clave de la etapa, fue la rampa, la de Alberto Contador.

Muchos dicen que echaran de menos a Alberto Contador. Nosotros, el Contador de hoy desde luego que sí, el ciclista que se rehace de una etapa horrenda, la de Andorra, y se pone al frente los mejores para darles estopa. Porque a Contador nunca le ha puesto correr contra minuta, quiere el premio gordo y eso aunque os sorprenda, lo hemos alabado.

El Contador que no acata a ganar la peseta, el Contador que arruina los sueños lúbricos de Froome. A saber, mano a mano el inglés es mejor, históricamente hablando y en el presente, sin embargo basta un Contador inspirado, un puñal en la resistencia del Team Sky para que Froome sepa que esto se le puede hacer muy largo.

A cuarenta de meta, marca de la casa, con Pantano por delante, Contador abrió juego. Si quiere dejar el ciclismo en el tope, creo que lo va a hacer, otra cosa es lo que resulte de la anarquía y baño de masas que le regale esta carrera. Se queja de la falta de colaboración, esto es competición, nadie regala nada, incluso a veces cuando las tornas parecen favorecerte.

Contador por detrás, de menos a más, progresando, como siga a este ritmo le saldrá el corazón por la boca, y por delante Enric Mas, muchos años más joven, balear, un ciclista de raza, que se le cuestiona si espera o no a David De la Cruz y que sin embargo se le ordenó ganar la etapa, al menos intentarlo.

Mas cierra el círculo. Los querubines crecen, los niños de la Fundación Alberto Contador, que con todos sus matices saca talento, y eso no es discutible. Mas es una más, otra pieza en el engranaje perfecto que es el Quick Step en esta carrera llamada Vuelta, una carrera que no necesita estridencias y sí buen recorrido y mejores ciclistas para dar el ansiado espectáculo. Que cruce los dedos para que este talento siga viniendo cada mes de agosto.

La jornada redonda. El triunfo de Tomasz Marczynski, el polaco granadino, el ciclista que habla castellano perfectamente y amortigua, en cierta medida, un año malo de su equipo, en el que sólo André Greipel mojó en el Giro. El rojo da suerte en la Vuelta ¿a todos? al BMC no mucho, a Van Garderen, nada. La maldición de los líderes del equipo estadounidense de raíz suiza.

Imagen tomada del Trek Segafredo

La Vuelta en @JoanSeguidor es gentileza de Endura

Mi primera marcha cicloturista

¿Quién no recuerda su primera marcha cicloturista?

Fue mi primera vez, mi experiencia inicial. Andaba nervioso aquellos días previos. Normal, el momento llegaba, el día que por vez primera lo iba a hacer. Me lo pedía el cuerpo, porque uno ya tenía una edad. Ella, tan seductora, me esperaba: mi primera marcha.

Pero no amigos, ni acabé borracho ni con resaca. Ni me fui de bares ni trasnoché, como tampoco acabé dentro de un coche pelando la pava en una cuneta de Collserola, con Barcelona a nuestros pies. No, qué va, para nada. Mi primera marcha no fue de este tipo, si bien, los 140 kilómetros que me metí entre pecho y espalda aquel día casi produjeron los mismos efectos en mí como si hubiera salido toda la noche de fiesta: cansado, con malestar general, dolor de piernas y un cierto mareo producido sin duda por el esfuerzo realizado, pues quedé algo tocado por el principio de pájara que padecí aquella jornada, un fenómeno del rendimiento físico que ni conocía ni por supuesto había oído nunca hablar de él.

Era un 9 de mayo, pero de 23 años atrás. También llovía, como esta mañana mientras escribía estas líneas, aunque las precipitaciones nos respetaron en la salida pero no a la vuelta, que nos cayó un buen chaparrón que nos caló hasta los huesos.

Ciclista… perdón, cicloturista tardío, empecé a levantar el culo del sillín intentando imitar los hachazos que pegaba Perico en la montaña del Tour, al que seguía por la tele en memorables tardes de julio. Después, ya con Induráin, mi afición se convirtió en pasión y salir con mi primera bici de carreras era algo ya habitual aquellos fines de semana de principios de los 90, hace más de 25 años.

Pero aún no había salido nunca de marcha. Aquello me parecía otro mundo, pobre de mí. ¿Adónde iba a ir yo con aquellos ciclistas con aquellas pintas de profesionales? Además yo pensaba, ingenuo de mí, que estos eran a los que llamaban «aficionados», para darme cuenta, poco tiempo más tarde, que no, que éstos eran (casi) tan buenos como los pros.

Con el aspecto que tenía por aquel entonces (piernas peludas y con bambas, sí, con bambas, para mis calapiés sin correas-) y con mi «hierro», equipado con todos los accesorios posibles (portaequipajes, luces), nunca se me pasó por la cabeza presentarme a una manifestación deportiva de ese calibre.

Además salía siempre solo. Tampoco conocía a nadie que compartiera mi incipiente locura por el ciclismo y ni siquiera estaba al tanto de las diferentes asociaciones que miman nuestro deporte favorito. Ni por asomo. Una época en la que aún no existía ni internet ni los correos electrónicos, claro está, pero sí los carteles de toda la vida que se pegaban en las farolas, como el que vi un buen día que anunciaba una marcha cicloturista que organizaba el club ciclista del barrio en el que yo trabajo, el genuino distrito barcelonés de Gràcia.

Me llamó la atención el bonito trofeo con el que obsequiaban a todo aquel que acabara la prueba: una figura de un ciclista en un pedestal, muy maja. En aquellos años y hasta hace bien poco, era lo normal y los premios más atractivos eran recibir copas, trofeos, piezas con motivos ciclistas que durante mucho tiempo fuimos coleccionando y guardando, llegando a acumular tantos que, como un día dijo nuestro buen amigo Javi, cuando mis descendientes los vieran en el futuro se pensarían que entre Induráin y yo ganamos todos los grandes premios de la primera mitad de la década de los 90.

Observé la fecha y el recorrido: 9 de mayo, 7 de la mañana, para recorrer 140 kilómetros a un ritmo mínimo de… ¡20 km/h! Pensaba que sería incapaz, que no podía ser, muchos kilómetros, mucha exigencia y para mí… ¡una velocidad de vértigo! No sabía si aguantaría.

Pero tenía que probar, por fin.

Unos días antes salía a entrenar con vistas a participar y me animé, pues ya empezaba a recorrer distancias entre 75 y 80 kilómetros digamos que dignamente.

Recuerdo que lo primero que hice fue sacarle todo el peso posible a mi pobre bici: si quería que fuera un poco competitiva tenía que quitarle tanto lastre, así que fuera portaequipajes, luces, etc.

¿Y yo? Tenía que mejorar mi imagen. Admiraba a aquellos ilustres cicloturistas que me iba cruzando en carretera, con sus impecables equipaciones, sus depiladas piernas, brillantes y con los músculos bien definidos. Quería ser como uno de ellos y me las afeité sin sufrir «graves» contratiempos: algún corte por aquí, algún tajo por allá, ya se sabe.

Qué sensación más extraña tuve cuando me puse el pantalón o cuando dormí aquella noche, bajo las sábanas, y después salir al día siguiente con culote corto, notando una reconfortante y fresca impresión en mis piernas al aire libre, entre ligereza, comodidad y fortaleza, algo que nunca más ha vuelto a emocionarme, como aquella primera vez.

Llegué a la línea de salida de aquella recordada jornada. Formalicé la inscripción a mano, claro, rellenando un impreso y me quedé un rato sólo observando, mirando, descubriendo detalles entre los ciclistas y la organización. Vi ambulancias, policía, coches de asistencia, parecía que estaba en el Tour, y en el ambiente, un cierto olor a carrera, producido, seguramente, por los ungüentos y linimentos de las piernas de aquellos fieras.

Arrancamos y en aquel momento sólo se oyeron los click-clack de las zapatillas colocándose en las calas. Yo me situé con modestia en el seno de un pelotón de más de 300 ciclistas. Poco a poco, me fui animando al ver que podía seguir bastante bien el ritmo del grupo. Ingenuo de mí, ignoraba que nos llevaban neutralizados hasta la salida de la ciudad de Barcelona, por la gran arteria urbana de la Avenida Diagonal, que presentaba un aspecto inmejorable: la gente animando como si se tratara del paso de la caravana del Tour. Hasta el cabello se me erizó de la emoción.

Una vez fuera de la gran metrópoli, el ritmo se avivó y me desengañé un tanto, ya que en las subidas me quedaba junto con otros compañeros, pero estaba contento al comprobar que por detrás aún venía mucha gente descolgada, y no era precisamente de los últimos.

Así fuimos hasta llegar al primer avituallamiento: parada obligada, firma de control y a desayunar con todo el pelotón reagrupado, igual, igual, que se hace ahora, vamos, porque entonces ni existían dorsales, ni chips, ni control de tiempos, ni maldita falta que hacían. Se trataba de hacer cicloturismo, de descubrir nuevas tierras o montañas, nuevos pueblos o ciudades, que sobre todo al ciclista urbano, como era mi caso, le hacía conocer más y mejor su entorno más cercano.

Reanudamos la marcha y otra vez la carretera puso a todo el mundo en su sitio. Con bastante esfuerzo llegué con un grupo muy majo a la plaza mayor de Vilafranca del Penedès, donde se almorzaba y se daba la vuelta.

Allí empecé a charlar con otros cicloturistas, de sensaciones, de entrenos, de alimentación, de temas que yo nunca había dado importancia y que a partir de aquel momento tendría muy en cuenta, y tanto.

Hablaba con aquellos chicos del Gràcia, con aquellos maillots tan antiguos que parecían sacados de un libro de historia del ciclismo, y me parecieron estupendos. Luego me despedí de ellos, de los que luego serían mis colegas y amigos.

De regreso me encontré algo mejor, supongo que por el almuerzo, porque íbamos más juntos que a la ida y porque el terreno era más propicio, charlando más con los participantes. El caso es que se me pasaron los kilómetros volando, pájara y aguacero aparte, y enseguida llegamos a la entrada a Barcelona, donde de nuevo nos esperaba la Guàrdia Urbana para cruzar la ciudad.

Muy contento por haber finalizado mi primera marcha, ¡dentro del horario establecido!, por haber conocido a mucha gente, por el trofeo y recuerdos que nos dieron, marché a casa muy satisfecho y con sólo un pensamiento en la cabeza.

Al día siguiente, lunes, un muchacho entraba en la sede del Club Ciclista Gràcia y salía de ella con una sonrisa de oreja a oreja con su carnet de socio, su licencia cicloturista y con aquel maillot tan raro. Se le abría ante sí un nuevo horizonte: excursiones y marchas épicas, grandes compañeros y amigos, un nuevo y diferente estilo de vida.

Muchos miles de kilómetros más tarde, recuerdo aquel día aún con emoción y muy orgulloso de pertenecer a este nuestro pequeño y gran mundo cicloturista.

Por Jordi Escrihuela

Imagen tomada de LetSport

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En La Cerdanya Cycle Tour tienes la única prueba en España del Gran Fondo WT

Vuelta: El talento menguante del Quick Step

Yves Lampaert etapa y líder en la Vuelta

A las primeras de cambio Quick Step ya golpeó…

Dijo un día Rohan Dennis que querría atacar la general de una gran vuelta. Dijo que Bradley Wiggins un día se lo propuso y ya veis cómo le salió. Varias veces campeón olímpico de persecución y primer inglés en ganar un Tour de Francia. Incluso si nos apuráis, hay otro Bradley, Mc Gee, australiano, que un día dijo queerer brillar en una gran vuelta, y recuerdo que hizo top ten en un Giro de Italia.

El camino de “Bradley´s” no es sencillo de atajar. Exige sacrificio y muchas servidumbres, incluso implica renunciar a cualidades innatas, como las de rodador, cualidades que Dennis tiene en exceso. Como queda probado.

Primer líder de la carrera, maillot rojo, en la Arena de Nimes omitiendo, no sé, el beso del “azafato” Oscar Pereiro, quizá pensó en que esta Vuelta sería la primera piedra de toque para emprender esa nueva hoja de ruta. Al fin y al cabo, el primer podio en una grande de Wiggo fue en la Vuelta.

Dennis, que según cierta prensa vistió el maillot de Samuel, hay que joderse, ha perdido la prenda de líder a las primeras de cambio, no sé si fruto de una mala colocación o fruto de que se descuelga de la carrera en busca de algún triunfo parcial más adelante.

Sea como fuere perder la prenda de líder en un arranque de carrera con un Quick Step no es una tragedia. Los azules son especialistas en esto, en reventar carreras en finales nerviosos como el que acontecía alrededor de la inconclusa catedral de Narbonne y la preciosa abadía cisterciense de Font Froide.

Ha ganado Yves Lampaert porque Niki Terpstra hizo el corte y le fue perfecto. Lampaert es segunda línea en QS, es líder de la Vuelta y vigente ganador de A Través de Flandes. Un ciclista cuya dimensión y jerarquía da cuenta del potencial de los azules.

Un potencial que por cierto merma para el año que viene. No sé qué cifra habrá negociado Lefereve en la renovación pero no tendrá ni a Matteo Trentin, ni a David de la Cruz, ni a Marcel Kittel, ni a Daniel Martin, ahí es nada ganadores de etapa en las tres grandes, clasicómanos y excelentes “finishers”.

Veremos qué tal le va entonces, mientras sigue de dulce, con una temporada que, esta ve sí, es para enmarcar.

La Vuelta en @JoanSeguidor es gentileza de Endura

Imagen tomada de FB de Quick Step

#LeCahier El merecido de Boasson Hagen

Boasson Hagen gana en el Tour

Victorias muy caras. Qué complicado ha sido ganar en este Tour si no eras un top, por cierto Boasson Hagen lo es, si no estabas en la quiniela de velocistas o de los grandes de la general. Pocos Tours como éste en ese sentido, entre el multiganador Kittel, los dobletes del Sunweb, las llegadas en alto entre los mejores y alguna fuga que ha llegado, la de Calmejane y poco más, no ha habido más cera que la que arde.

Boasson Hagen lo merecía. El noruego es como el clima de su país, frío. Puede perder en una photo finish imposible con Marcel Kittel que no se le oye una palabra más alta que otra. El fair play guía su camino y la clase su postura sobre la bicicleta.

Prodigio precoz, ganador insaciable, el nórdico era un ciclista que parecía vivir del recuerdo, de los tiempos pasados, pero este Tour ha sido otra cosa, como aquel competidor que hace seis años estaba marcado por los rivales. Recuerdo aquel Tour, había dos noruegos en el pelotón y ambos ganaron sendas etapas. El otro era un tal Thor Hushovd, poseedor del arco iris.

Exigencia máxima. El final de Boasson Hagen es de enmarcar en las escuelas, para verlo una y otra vez. No es necesario ciclismo de altitudes y puertos imposibles para ver finales preciosos, como esos a los que nos acostumbraba Peter Sagan hace tan sólo un año. El segundo clasificado Nikias Arndt probó el castigo en sus carnes, el mal paso de jugársela contra Boason Hagen desmelenado. Qué forma de rodar, por Dios.

Una fuga excelente. Veinte tíos se metieron en el corte de la jornada, veinte tíos que sufrieron lo suyo para ponerse con ventaja y hacer hueco. Ojo a la nómina: Bakelants, quien despertaba morbo por si visitaba el podio, Bennati, Mollema, su mejor Tour sin el puesto por obsesión, Albasini, Keukeliere, Brambilla, Galloopin, Chavanel y De Gendt, de quien dijeron que llevaba un tercio de Tour escapado en Eurosport. Con esa relación podéis imaginaros el desenlace.

Las tareas del Team Sky. Nos llamó la atención el trabajo que, en una etapa presumiblemente llana han desarrollado, Mikel Nieve y Sergio Henao. No había otro motivo que el reparto de fuerzas, y que los dos rodadores del equipo -sin Geraint- Kiryienka y Kwiatkowski descansaran para, con Froome, atar el primer triunfo por equipos del Team Sky en la crono marsellesa.

#LaProchaine Llega la segunda crono tres semanas después de la primera. Marsella y su mítico estadio del Velodrome acogen una prueba en la que posiblemente Froome salga coronado del Tour, que no tenga imprevisto alguno, y se defina el podio. Uran tiene más números, pero una cronometrada a final del Tour es un libro en blanco.

Imagen tomada del FB de Team Dimension Data

INFO

Hasta el próximo 24 de septiembre rodará la Summer Cup de Bkool