Qué largo se le puede hacer el Tour a Aru

Fabio Aru es el íder del Tour

No son tiempos sencillos en el Astana, podríamos decir, incluso, que son días contradictorios en el equipo celeste. La felicidad que provoca tener el maillot amarillo, sobre la tricolore además, en las espaldas de Fabio Aru, se lastra por las bajas de dos corredores del valor de Jakob Fuglsang y Dario Cataldo y la eterna pena por la pérdida de Michelle Scarponi.

Cuando veía a Jakob Fuglsang perdía contacto casi recién iniciada la etapa hacia Foix, pensaba en eso que dice tanto de que el Tour es otra cosa, el Tour es otra vuelta de tuerca, una forma de exprimir personas y ponerlas al límite, en todos los sentidos.

¿Cuántos ganadores de Dauphiné se han estrellado en el Tour?

Fuglsang es el último de un listado que engrosan otros tantos, por ejemplo ahí vemos a Andrew Talanski, perdido en los grupos, cuando él, ganó una fantástica Dauphiné a Contador y Froome hace tres años, sólo hace tres años. ¿Os acordáis de Janez Brajkovic? ganador hace siete años “le petit Tour” por la Saboya, nunca más se supo de él.

Fuglsang era el mejor jugador número doce de la carrera. Cualquier pronóstico que se hiciera sobre Fabio Aru contemplaba la suerte del danés. Y lo estaba haciendo bien, era quinto, con opciones de hacer algo interesante -como estar con Mikel Landa- y poner en apuros el inviolable Tem Sky.

Pero una caída y el ritmo infernal de esta carrera han puesto a Fuglsang más allá del límite, y lo han sacado a empujones de la carrera. Fuglsang quedándose de un grupo donde Aru iba solo, auténticamente solo, frente un piara de rivales que en cuanto se descuide le van a dar hasta en el carnet.

Sin Fuglsang ni Cataldo, varios kazajos, más el ucranio Grivko, que fichara en este equipo en el ciclo de Contador, y el danés Valgren, son los activos que le quedan al líder del Tour para ir tirando en jornadas que, desde luego, requieren de compañía y ruedas amigas.

A diferencia de Tom Dumolin en el Giro, yo creo que Fabio Aru sí necesita un buen equipo alrededor, porque tiene varios ciclistas y muy buenos cerca de él, por debajo del minuto e incluso el Team Sky tiene dos en la pomada para buscarle las cosquillas.

Eso añadido a que hay elementos distorsionadores como Nairo y Contador que, en el borde de sus opciones en la general, van a dedicarse a hacer daño, todo para completar un cuadro muy complicado para el hoy portador del “maillot jaune”.

A Fabio Aru le van a hacer falta todas las lecciones que le quedaran de Vincenzo Nibali en la gestión de situaciones adversas y las bondades de las gestiones, y talonario, de Alexander Vinokourov, mánager y exciclista con probados manejos. Ya lo vimos con el equipo de Emirates, entrando al comando cuando no les iba la vida en ello, no obstante no cabe rasgarse las vestiduras.

Esto es ciclismo y las complicidades inesperadas son más antiguas que la zapata de freno. Ante la ausencia de compañeros celestes, Aru tendrá otras ruedas amigas, pero mientras éstas aparecen tened por seguro que no podrá dormir muy tranquilo.

Imagen tomada del FB de Astana Cycling Team

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Tour: A Froome háblale de resultados

Chris Froome en la presentación del Tour de Francia en Düsseldorf con su maillot blanco Castelli, la equitación del Team Sky para este Tour

Como decía aquel, háblame de finales felices y no de comienzos venturosos. Chris Froome está en terreno de lo desconocido, cerca de pisar lodos que sólo cuatro alcanzaron pero que consiguieron mejorar. Froome puede ganar su cuarto Tour de Francia, le quedan 22 etapas y una enorme vuelta por el hexágono para conseguirlo. De ser buena su estrategia descolgaría el grupeto de Bobet, Thys y Lemond para verle el dorsal a Indurain, Merckx, Hinault y Anquetil.

La sola mención de estos nombres dimensiona los terrenos que está explorando Chris Froome, son pasillos de leyenda, atisbos de grandeza reservada a muy pocos, a poquitos de entre los mortales. Si el ciclismo tuviera un olímpo, esto sería lo más parecido. Si fuera un “hall of fame”, el busto del inglés podría estar en el vestíbulo.

Con Chris Froome cabe una certeza, al menos hasta la fecha, si ha de ganar lo sabremos rápido, si éste no es su Tour, también. Todos sus triunfos los resolvió en los primeros envites, dando el primero, que dicen dan más fuerte. El Tour que perdió, por contra, lo perdió rápido, entre las lluvias inglesas y las caídas en la antesala del pavé.

Chris Froome por eso quiere resultados, aunque llega a cero. Inquirido por la carencia de brillo en sus triunfos, quizá sobre todo la del año pasado, Froome vino a resumirlo fácil: “Lo que cuenta es ganar”. Y tiene razón, ganar te sitúa en la estadística y el número, pero trascender, no sé yo.

Por lo que sea hay una corriente extendida de que Chris Froome basa en exceso sus éxitos en el equipo, y eso no es malo, no, pero sí da la medida de cuánto influyen los recursos y la facilidad que tengas para fichar. Si el Team Sky había bebido de las mejores aguas de un equipo que también vestía de azul y era anglosajón, en lo táctico no confundamos, el año pasado los de negro, que irán de blanco para la ocasión, no dominaron, hicieron de la carrera su zaguán, un sitio donde pasar el rato, sestear y aburrir someramente a la afición.

Y es que recordamos el pasado Tour como uno de los peores de las ultimas ediciones, llegando a cuestionarnos si a efectos de imagen a Sky y el conglomerado que tiene detrás le sale a cuenta dominar de esta manera. En sus declaraciones Froome recuerda, con razón, que hubo dos momentos de carrera en los que brilló: ese abanico con Sagan, el descenso en los Pirineos,…

Como decimos, Froome llega con el casillero a cero al Tour, un efecto que dará por muy buen empleado si consigue ganar aquí, o incluso en la Vuelta, la carrera que es, curiosamente, su asignatura pendiente, pues al Giro no ha ido aún. Que Froome llegue de vacío creo que significa que va a estar como un tiro al final, que es cuando creo que espera se decida lo “gordo” de estas tres semanas.

Dice que el recorrido no le emociona, pero a los campeones el trazado no es más que el medio para el fin, ganar, y Froome, con esa polivalencia, poco o nada tiene que esperar sobre el diseño de la carrera. Yo creo que le va bien cualquier trazado, y es más, a veces cuando más incierto resulte, más lucida resulta su actuación.

Sobre el equipo qué decir, que se lleva lo bueno y mejor de cada casa, para amoldarlo y hacer de ello una ficha, una pieza que acoplada en el engranaje, da de sí uno de esos equipos que ocurren cada cierto tiempo. Cuando el segundo y tercero de tu bloque anda como tus rivales, destensiona la carrera, le quita nervio y te deja sin expectativas.

Ver en apuros al Sky es uno de los objetivos de los no pocos rivales que merodean el dorsal número uno, si una cosa no favorece a Froome es la carencia de una gran llegada en alto en la primera mitad de carrera y la ausencia de una crono de las de verdad. No llevarle en carroza será clave, porque si le arrimas vivo al terreno que le gusta, puedes darte por jodido.

Imagen del FB del Team Sky

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La Cerdanya Cycle Tour pone a disposición de sus participantes una equipación conmemorativa de máxima calidad, gracias a la colaboración con la prestigiosa marca de ropa deportiva INVERSE.

INVERSE ha diseñado un maillot ciclista de manga corta para la edición de este año 2017 de La Cerdanya Cycle Tour que tendrá lugar el próximo 3 de septiembre. El maillot es perfecto para la temporada de verano y para cualquier modalidad ciclista. Se ajusta al cuerpo y está diseñado para aumentar el confort y la aerodinámica.

¿Qué pasa con los Campeonatos de España?

Hubo un tiempo que ser campeon de España era preciado y perseguido. Es más, creo que ha sido casi siempre. Los primeros nombres se dejaban la piel en rutas inmundas. Nuestro primer campeón Mariano Carñardo corría cronos de 150 kilómetros que tendrían que restar años de vida, como nos recordaron el otro día desde El Tío del Mazo. Luego vinieron Loroño, Bahamontes, Poblet,… corredores que capitaneaban sus conjuntos en el también campeonato por regiones, el top. Luis Ocaña vistió el rojigualda con la marca Bic en el pecho. Carlitos Hernández recuerdo que lo ganó en más de una ocasión, hasta Miguel Indurain y Abraham Olano.

Qué tiempos cuando el Tour era la pasarela de maillots de campeón. Me viene a la mente Paco Mancebo hace trece años, con un diseño molón, aunque para entonces ya estuviéramos a puertas del dominio de “chez Unzue”, es decir la línea que iba de Caisse d´ Epargne a Movistar, como recuerda Fernando Llamas en Marca. Sólo Rubén Plaza se cuela en un palmarés que tiene a Valverde, Izagirre, Purito, Herrada, Gutiérrez y Rojas, quien necesita de todo alineado para engordar su palmarés.

Plaza corria en el Liberty luso, todo lo demás es azul, bueno y negro Caisse, no ha habido otra opción, ni colores y entre ellos sólo Purito y el mentado Plaza, que para más inri fichó por Caisse al año siguiente, han vestido maillots decentes, que hablaban de su condición de campeón nacional como pasa en cualquier otro país.

Porque el color de la bandera en el maillot, tengo entendido que es un tema de la federación. Es curioso que el Movistar, instalado en España, relegue la enseña de su país de origen como no ha hecho con el de UK de Alex Dowsett en su buzo de crono, o incluso en el de Jonathan Castroviejo en el maillot continental.

Pero colores a parte, porque este es un tema amortizado y descontado por Unzue, para quien ganar el campeonato es una putada por tener que conciliar en el maillot, lo que es curioso es que la RFEC se haya arrogado ahora la potestad de “obligar” a las estrellas a correr el Campeonato de España. lo va a hacer a partir del año que viene a advertimiento que no habrá mundial. Ojo porque como dice Llamas es una cita dura la que espera a los ciclistas en Innsbruck y muchos querrán ir.

No sé yo por eso si la idea de ir al Mundial seduce a Alberto Contador, ni al próximo, que no le va, ni al siguiente, que podría irle mejor, y no lo creo que porque hace tiempo que el madrileño camina por derroteros muy diferentes a los de la española. Si no fue a Ponferrada hace tres años cuando acababa de ganar la Vuelta y mantenía un tono digno. “No me convenía” dijo, pero tampoco le iba a otros pero hicieron servicio por el equipo, dígase Fabio Aru, que curró para los suyos. Como que el tiempo de defender a España ya caducó para el madrileño.

Es curioso, el Campeonato de España es una carrera que desvela en sub 23, porque si no asegura el paso, te lo acerca mucho, en caso de ganarlo, y en categorías inferiores es un sueño, pero llegados a cierto estatus, es hasta una putada. A mí por eso me da pena el lugar que invierte, cada año cuesta encontrarlo, porque paga una pasta y se ve desprovisto de estrellas, como primer aliciente, porque de la tele, mejor no hablemos.

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Anquetil vs Poulidor, la rivalidad que partió Francia

El antagonismo entre dos ciclistas ha sido la fórmula más atractiva para vender la rivalidad en este deporte. A veces, dicho enfrentamiento, deportivo, ha traspasado lo meramente terrenal y se ha instalado en las conciencias de la sociedad. En Francia, la década de los sesenta brindó el mítico duelo entre Anquetil y Poulidor, dos personajes que reflejaron a su vez las diferencias sociales de un país siempre en continua cuestión. Era la Francia rural, arraigada y terruño frente a la cosmopolita, conquistadora y coqueta.

#DiaD 13 de marzo de 1966

En las rutas de la París- Niza acontece lo nunca visto, Raymond Poulidor bate a Jacques Anquetil en una crono. Fue un test de 36 kilómetros y el líder de Mercier le endosó otros tantos segundos, a razón de uno por kilómetro. Enfurecido por perder en su terreno, Anquetil plantea una guerra abierta en el tramo final de la siguiente etapa. Sus gregarios enloquecen atacando uno a uno de forma acompasada hasta que una montonera corta al líder.

En ese momento Anqueil abre gas y llega a meta para ponerse el entonces maillot blanco que distinguía el mejor ciclista de la “carrera hacia el sol”. Poupou, cuya legendaria aureola de eterno segundón le dio casi más dinero que a “mâitre Jacques”, acertó a soltar cuatro palabras mal dichas: “Esto ha sido un complot contra mí, pero ya he visto quién es el patrón del pelotón”. Palabras que sonaron a casi mafia. Esos días el conflicto entre seguidores de uno y otro estaba al rojo vivo. Un país, dos corredores, dos mitades.

Imagen tomada de www.lefigaro.fr

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Las COLL EGG de 226ERS mantienen intactos los cartílagos

Mi camino hacia Tokio ha comenzado

Este bronce es el principio de un camino que emprendo para un objetivo claro: los Juegos Olímpicos de Tokio. Una vez no pude estar el año pasado en Rio, quiero volver a los Juegos. Entonces me senté y valoré dónde podría tener opciones y esa vi la prueba. Mi intención y mi oportunidad son apostar fuerte en el omnium. Conseguí ganar el Campeonato de Europa y desde entonces trabajé con la mente en el mundial.

Y me planté en Hong Kong con toda la ambición, pero no fue fácil. Cada prueba fue un mundo. El scratch se corre a 40 vueltas, todo el mundo esta fresco, porque es el inicio, todos quieren empezar bien el omnium y los rivales directos se vigilan mucho. Fue una carrera súper rápida dónde al final los corredores más fuertes pudieron ganar vuelta.

Luego vino el “Tempo Race»: para mi la carrera más dura y difícil de controlar. En este mundial hubo modificaciones: 20 puntos por doblar el pelotón, así que la táctica y las piernas juegan un papel determinante.

La eliminación supone un peligro constante, por suerte no me caí, pero es increíble la tensión que se vive en esta prueba. Y al final una puntuación, a sólo 100 vueltas, donde la ambición de cada corredor y las circunstancias de carrera determinan la posición final del omnium.

Si os he de ser sincero mis mejores momentos estuvieron en la primera mitad del programa, al ganar el scratch y ser segundo en el “Tempo Race”. Por contra, lo pasé mal por darle tanto margen al corredor de Nueva Zelanda, Aaron Gate, durante el primer cuarto de carrera de la puntuación, que después demostró hacer un carrerón.

De Hong Kong vengo con muchas lecciones aprendidas: ser más completo y sobretodo más rápido. Ahora bien, de este mundial me llevo un buen aprendizaje, concretamente en la puntuación y de cómo debo mejorar los tempos de carrera. Por ejemplo, en el Europeo y la Copa del Mundo no salí a correr los puntos siendo el líder del ómnium, así que puedes correr hacer otra táctica de carrera.

Si me pedís señalar rivales creo que aún es pronto… aunque está claro que Benjamin Thomas va a ser un rival muy duro, es joven y muy rápido. Ganar el Omnium y la Madison el mismo año describe el potencial que tiene.

Al ser una medalla en modalidad olímpica, tendré beca, pero si os soy sincero no pienso en ella. Lo que de verdad me motiva es conseguir a corto plazo el maillot arco iris y a largo plazo el oro olímpico.

Con todo creo que este formato es más dinámico, ya que no hay pruebas cronometradas, todas son de grupo y en un solo día. No hay mucho margen de error ni de mejora, es lo que hay, y para todos. La conclusión que saco de esta prueba es que es súper abierta y un fallo en una de las tres primeras pruebas pueden borrar tus opciones a medalla.

Pasado el mundial de pista, seguiré compaginando la pista con la carretera. En mi opinión, pienso que ambas son totalmente compatibles.

Ahora tengo dos escenarios: a corto plazo, hacer una buena temporada de ruta con el equipo Inteja. Y a largo plazo, como he dicho anteriormente es conseguir el oro en los JJOO de Tokio.

Por Albert Torres

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Sanremo Speedsuit de Castelli cuenta con diseño único de una sola pieza con la comodidad de maillot y culotte

El ciclismo no necesita los tontos del fútbol

Puesto que no forman parte de mi TL hay ciertos tweets que no veo porque directamente son usuarios que no acostumbro a seguir. Sin embargo, cuando pasan unas horas y empieza a emerger la porquería, te das cuenta de la dimensión de la polémica y la bola de tonterías que se arma al calor de ciertas etapas como la final de Niza.

Y es que se ve que corrieron las tonterías de mano en mano vía Twitter como pasa en las grandes ocasiones. Felicidades chicos: Twitter, esa red social queun día fue honorable, que poco a poco se está degenerando por culpa de personas que calman sus frustraciones en 140 caracteres.

Al parecer quemó y mucho ver a dos ciclistas, David de la Cruz y Marc Soler a rueda de Alberto Contador y al final privarle, de forma efectiva, pues De la Cruz se llevó la bonificación, de la victoria en la París-Niza. “Españoles jodiendo a españoles” fue el lema, una soflama tan golosa que prendió como la pólvora, mucho más que el excelente espectáculo visto.

Con todos los respetos, lo que menos necesita el ciclismo son los tontos del fútbol, aunténticos voceros que se visten de patriotismo rancio y cateto que no saben que esto va mucho más allá que de banderas e identidades, esto va de mercado, de equipos privados que suscriben contratos con sus estrellas para que defiendan la marca como si fuera su alma, y todo lo que salga de ahí es no entender nada.

Se criticó a David, se criticó a Marc y se crucificó a Movistar, el equipo que rara vez corre a pecho descubierto, pero que camino de Niza no hizo nada que no debiera hacer. Que si Movistar da asco, que qué manera de joder a Contador,… a los telefónicos debieron pitarles los oídos y sinceramente, no creo que hicieran nada que no les tocara hacer. Con la general fuera de su alcance, colaborar con Contador no era un tema de vida o muerte e incluso favorecía a un tercero, De la Cruz. Ayer hubo hasta tweets borrados donde se decían cosas muy desagradables sobre los azules, cosas firmadas por auténticos salvapatrias de peseta.

En la curiosa relación del madrileño con chez Unzue, hay de todo, desde la famosa etapa de Formigal el año pasado a la de Fuente De en la Vuelta de 2012, cuando los azules corrieron de forma rara y ambigua, en momentos en los que Contador estaba setenciando la carrera.

Por muchos motivos Alberto Contador es el más futbolero de los ciclistas patrios, quizá desde el Chaba no hubo otro que lo fuera tanto. El motivo creo que es obvio, gana como si sus rivales no corrieran y eso al apoltronado medio del fútbol le gusta, pues cree en el gen que da la superioridad física a todo aquel que nace por debajo de los Pirineos y convive con las teorías de la envidia y del asco que nos tienen por ahí fuera.

Pero nada más lejos de la realidad, Contador en el papel de sus compañeros de fuga haría exactamente lo mismo. A él nadie le ha regalado nada, pero él tampoco lo ha hecho, su canibalismo viene del día que puso un pie en el pelotón. Muchos pueden dar fe de ello, recuerdo aquella llegada en alto con Koldo Gil en una Vuelta a Castila y León con todo sentenciado y con ganas de seguir sumando. Como dijimos el otro día, el campeón no tiene por qué ser generoso, Contador lo entiende así, unos días le toca ganar, otros pringar, pero es que la vida del artista es así de dura.

Imagen tomada de Movistar Team

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Y tú, contemplas otras opciones al carbono???

La mejor virtud de Sagan es su insistencia

Un buen plan de domingo, de este último domingo en Fermo, era ir a hacer turismo a esta bella localidad de las Marcas, con el Adriático no lejos y disfrutar de una sobremesa de ciclismo por uno de esos muros empedrados que atraviesan una bella ciudad medieval que ha puesto marco a una bella, otra más, etapa de la Tirreno-Adriático.

Fermo fue una trampa que parte de los mejores ciclistas del mundo no escatimaron en probar, dándonos uno de esos días que a veces pone en solfa lo mejor de este deporte, mezclando un poco de todo, buenos ciclistas de vueltas por etapas con clasicómanos, dando por resultado un paisaje tan atractivo como singular.

Pasa, por otro lado, que generalmente en todos los paisajes está Sagan, Peter Sagan, el perejil de todas las salsas, desde hace año y medio el hombre del arco iris, desde hace mucho más un corredor que nació bendecido.

Escribir sobre Sagan significa correr el riesgo de ser redundante. Al eslovaco se trata de genio, de único, de divo, casi si me permitís, sin embargo queremos ser algo más originales, y entre todos los rasgos que definen al eslovaco queremos destacar uno que además tenemos por seña en la vida: Sagan es insistente y es en ese espíritu de permanencia donde se sobrepone cada paso. Cambiarlo todo para que todo siga igual.

Si miramos las últimas dos campañas enteras de Sagan, al cobijo del amigo Tinkov, y el inicio de ésta, veremos que las victorias aunque abundantes importantes quedan en un segundo plano si la estadística baja un peldaño y vamos a las segundas plazas y puestos de honor. Sagan es un auténtico grano en el culo, una piedra en el zapato, ganará o no, pero siempre está, siempre pervive.

En 2015 se pasó toda la campaña persiguiendo un triunfo grande que le llegó casi en el descuento en el mundial. Por el camino alimentó el ego de Matteo Trentin, de Caleb Ewan, de Van Avermaet,… y otros que tuvieron el privilegio de ganarle. Recuerdo aquella llegada en Gap, cuando ganó Rubén Plaza, Sagan de verde golpeándose el pecho, como expiando sus pecados ante tanta falta de acierto.

Si seguimos escrutando la estadística, veremos que Sagan sólo protagoniza tres abandonos en poco más de dos años de competición. Aquel desgraciado episodio de la Vuelta a España, cuando se fue amargado por el incidente con una moto y la Clásica de Bretaña. Hace unos días dejó la Strade Bianche, en un día en el que no se sentía bien, pero que de haber estado, con esas carreteras y la lluvia, podría haber sido un show verle correr.

Con todo, cuando vemos a los capos de la Tirreno, a Geraint, a Pinot y a un Nairo que va sin cadena, jugarse la suerte en Fermo y Sagan los gana a todos, con la autoridad que Valverde imprimió en Lieja hace dos años, nos preguntamos dónde estará el límite del “most valious player” del pelotón, porque cambiarán los rivales, influirán las circunstancias, pero Sagan seguirá insistiendo.

Imagen tomada del FB de Tirreno-Adriático

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El campeón ni quiere ni debe ser generoso

“Según respiro, ataco” dijo un día Bernard Hinault. En otro momento aseguró que él no corría para “complacer a nadie”. Finalmente soltó que “duermo como un niño, porque sé que al día siguiente voy a ganar”. Así se las gastaba el recién jubilado jefe de protocolo del Tour de Francia, puesto que en esta París-Niza, se ha atribuido a Stephen Roche. Eso lo decía Hinault, palabras de ese nivel exhibió también Eddy Merckx, incluso Lance Armstrong en sus años de nebulosa que todos se afanan de borrar de los almanaques.

No cabe duda que los campeones son de otra pasta. Desprender calor, como una luz, atrayente de las masas. Suponen el punto y a parte del deporte, la quinta esencia, son el faro, todos les miran, muchos les admiran, inspiran generaciones que crecen con ellos en la retina. El genio de Luis Ocaña, el hambre de Freddy Maertens, la mala hostia de Roger De Vlaeminck. Hoy ese tipo insaciable sería Mark Cavendish, también Peter Sagan. Se les conocen muchas victorias, también sonadas derrotas, pero son referencia por donde pasen.

Me hablaban el otro día que Alberto Contador es el ciclista más pestoso al que se había enfrentado. “Te lleva en el filo, sientes su aliento” me comentaron. Terrible, un campeón no te vende la piel, no se rinde. no quiere cejar en el empeño. Es un ejemplo de superación casi constante, porque a sus rivales de generación se les suman las nuevas, y los que ya estaban. Mirad Contador entre Alaphilippe y Yates, él que surgió frente a Andy Schelck, se ha batido con Froome, Valverde y Nibali y ahora teme por el progreso de Nairo.

El otro día hablamos de Rik Van Looy, uno de los grandes de siempre. El apellido ese tiene un qué, es prestigio, glamour, sí Nico, en efecto, transmite leyenda. Van Looy decía que a él ser generoso le hacía ser débil. Lo que dijo, generosidad equiparada a debilidad. Eso es cierto hasta un punto determinado, pero ¿cabe la generosidad en un campeón?

Yo creo que depende. A mí el corredor que es superior y además de demostrarlo, lo gesticula, no me parece digno de ser criticado. Cada uno es muy libre de hacerlo como le plazca, aunque consciente que donde las dan las toman. El año pasado en el Eneco Tour, Peter Sagan plañía amargamente porque nadie le ayudaba en las persecuciones. “He ganado yo solo todo lo que los que iban a mi rueda juntos” vino a decir. Hombre no era necesario.

Sea como fuere el campeón que no regala ni la meta volante es digno de admirar. Estar delante es agotador, acabar disputándolo todo, como hubo alguno, y encima ganarlo implica nadar en el milagro, pero no un milagro que viene solo, es un milagro que lleva tesón, lucha, fe y confianza.

Con esos ingredientes se hace el campeón, aunque también con suerte y con un equipo, porque el ciclismo sigue siendo un deporte colectivo y esa es su grandeza pues regala incertidumbre, para mí el mejor aliciente del ciclismo y el peor enemigo del campeón que prefiere control y todos a su cobijo.

Ser el mejor y demostrarlo, incluso adornarlo con gestos, no me parece mal, al contrario implica artificio y por tanto disfrute para quienes los vemos. Recuerdo las celebraciones de Peter Sagan que abrasaron la paciencia de Fabian Cancellara, pues que le hubiera ganado, Sagan esos días no corría, volaba y como todo le llegaba sumamente fácil, se emocionó. Ahora bien, le tocaría probar su propia medicina muchas veces.

Con todo, Miguel Indurain sólo hubo uno, porque sinceramente no vimos nada igual nunca más. El navarro era generoso, en apariencia, pero pondría la mano en el fuego que detrás habían favores devueltos, porque el ciclismo y la vida son así. No obstante que levante la mano el que no sueña con ganar machacando un día, somos humanos y débiles y lo que hizo Miguel fue especial, único, tanto que como decimos nunca más se supo de uno como él.

Imagen tomada de http://cyclingart.blogspot.com.es

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